Hay quienes viven de rodilla ante ídolos del dinero"
Apr 27, 2006
Miles de fieles católicos escucharon ayer el mensaje del cardenal Óscar Andrés Rodríguez.
(La Prensa, 14 de Abril de 2006) Tegucigalpa. El cardenal hondureño, Oscar Andrés Rodríguez, dijo hoy que hay "hermanos y hermanas que viven de rodillas ante los ídolos del dinero, del poder y del placer sin reglas morales".
Esos seres se preocupan por el "tener a toda costa, por el prestigio falso", subrayó Rodríguez durante el Vía Crucis del Viernes Santo en Tegucigalpa, en el que participaron miles de católicos.
Rodríguez abogó porque quienes gobiernan e imparten justicia no actúen por intereses políticos y económicos para favorecer a los poderosos, en perjuicio de los más débiles, sino por el bienestar del pueblo hondureño que sufre entre la pobreza y la injusticia.
Agregó que el pecado hace caer al ser humano y le "oprime y endurece el corazón".
El pecado, recalcó, "nos vuelve pesimistas y duros, sentimos hastío de la existencia, pero Dios no nos abandona, somos nosotros quienes le hemos dado la espalda, como consecuencia, vemos a diario noticias de asesinatos, robos, violaciones y suicidios".
"Para que nuestro corazón de piedra se transforme en un corazón de carne, tenemos que volver a Dios con sinceridad, y confiar en su infinita misericordia, Dios es un padre bueno que espera siempre el regreso de sus hijos", acotó.
El prelado también dijo que en el mundo hace falta solidaridad con los que sufren, y que hay quienes imponen a los demás su codicia, su soberbia y su egoísmo.
El sufrimiento de Jesús antes de morir, añadió, "debe animarnos a levantarnos de todas la caídas, a luchar para que todos tengamos vida en abundancia, sin rencores, sin divisiones".
"Estamos expuestos a caer una o dos veces, el asunto es no dejarnos derrotar por el desánimo, la cobardía, el engaño, la desilusión las amenazas, la pobreza, las injusticias de cada día, la enfermedad. Nada puede apartarnos del amor de Dios", subrayó.
El Vía Crucis se celebró en lo que se conoce como el casco histórico de Tegucigalpa, bajo un cielo despejado y un clima agradable que hizo más placentera la participación de feligreses católicos.
Rodríguez insistió en que se debe luchar para acabar con tantas injusticias; pasar del lamento a la compasión, de la compasión a la solidaridad y del remordimiento a la construcción de un mundo de hermandad en el que haya una verdadera justicia, armonía, respeto y dignidad.
Reiteró que se debe trabajar por los que más sufren en Honduras, para cambiar la situación de dolor e injusticia.
En sus oraciones, el cardenal también le pidió a Dios que le dé a los mandatarios hondureños "sabiduría para que trabajando con firmeza, no busquen su propio bienestar, sino que se esfuercen en buscar solución a los problemas que enfrentamos".
Además, abogó por los inmigrantes que sufren en su intento por llegar a EUA, por los desaparecidos, por los que fallecen en las cárceles, por todos los delincuentes y secuestradores, por los pandilleros y por los que pertenecen al crimen organizado, a quienes les pidió que no sigan cometiendo atrocidades. EFE
Nota del día
Gobernantes hablan de la paz, pero no fomentan la justicia
El cardenal Óscar Andrés Rodríguez, en la homilía del Jueves Santo, hizo un vehemente llamado a seguir los pasos del Señor, siendo sinceros y honestos.
En el acto que rememora la última cena de Jesucristo con sus discípulos, el máximo jerarca también lavó los pies de sus hermanos, como un acto de humildad y sencillez. El Cardenal ofreció un discurso y reproducimos algunos fragmentos.
Queridos hermanos: Este día es uno de los más entrañables de nuestro calendario litúrgico. Con la celebración de esta eucaristía, en que recordamos de manera especial el día en que fue instituida por el Señor, damos por concluida la Cuaresma e iniciamos el triduo pascual. Esta noche celebramos con gratitud y devoción las palabras, los gestos y los signos de Jesús en la última cena con sus discípulos, cena verdaderamente inmemorable. Nos acercamos con profunda reverencia a estos momentos intensos de la vida de nuestro señor Jesucristo cuando manifestó a sus discípulos sus fuertes sentimientos de amor y cuando escogió signos elocuentes de su entrega.
Eucaristía
Es oportuno recordar la afirmación del Concilio Vaticano II: “Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y fundamento en la celebración de la Eucaristía”.
Uno de los aspectos más hermosos de esta cena era aquélla en la que el padre de familia tenía la obligación de explicar el rito celebrado durante la comida y recordar las proezas realizadas por Dios a favor de su pueblo.
Esta cena de pascua, que hasta el día de hoy representa el momento más entrañable de la vida del pueblo judío, fue anticipo de la Eucaristía.
Rito de purificación
Aún sin comprenderlo del todo, los discípulos vislumbran la solemnidad del momento. Por eso es mayor la perplejidad de los discípulos ante el desconcertante gesto del maestro antes de cenar; toma una jarra con agua y una toalla y comienza a lavar los pies de sus discípulos, realiza una acción reservada solamente a los esclavos con los invitados a una cena.
Cuando Jesús concluyó, iluminó con su palabra el gesto realizado: “Si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros”. Tal vez la acción no duró más de 15 minutos. Pero en ellos Jesucristo resumió su vida: el servicio y la entrega a los demás. Nosotros debemos cuidar que nuestros gestos, expresiones y signos sean sinceros y no una simple costumbre: darle la mano a alguien en señal de amistad, saludar con respeto y cariño, etc., no podemos convertirnos en gestos vacíos o, en el peor de los casos, falsos.
Muchas veces escuchamos de los gobernantes discursos sobre la paz, pero no se preocupan de fomentar la justicia que es lo que origina la paz. Hablamos de honestidad y luego engañamos fácilmente para aprovecharnos de la buena voluntad de los otros.
Sonreímos y luego calumniamos. Venimos a misa, pero no estamos dispuestos a hacer la voluntad de Dios, sino que seguimos nuestras apetencias, nuestros gustos y caprichos.
Ser diferentes
El Señor nos enseña a ser diferentes. Nos ayuda a devolver a los gestos su veracidad. Y así sus gestos de perdón, consuelo, ayuda y amor, van creando una nueva realidad que va cobrando verdad en la existencia concreta a los creyentes que salen a su encuentro.
En este gesto-testamento, nos ha legado el sentido de su vida y de su misión: vivir para los demás. Un amor que le ha llevado hasta entregar su propia vida, a no reservarse nada para sí mismo.
El gesto no quiso ser un recuerdo bello para la historia, sino un mandato que ponía en pie una comunidad nueva: la de los que sirven humildemente a los demás, la de los que en el cuerpo y sangre de Jesús reciben fuera para amar y entregarse como su Maestro.