«Qué buena, Señor, la música, que nos acerca «Siempre Así» a tu verdad»
Feb 04, 2008
Miles de fieles, cientos de familias, ayer por la mañana en la Catedral de Sevilla para celebrar, y disfrutar, la «Misa de la Alegría» del grupo sevillano «Siempre Así».
(ABC.es, 3 de febrero de 2008) Un estreno arropado por muchísima gente que hizo que el Templo Metropolitano registrase una extraordinaria entrada, llenándose por completo las distintas naves que confluían en el Altar del Jubileo.
Un torrente de emociones y sentimientos a lo largo de las 15 canciones que componen este nuevo trabajo de «Siempre Así» y que supone, como el propio Rafael Almarcha precisó después de la celebración, «un antes y un después en la carrera de este grupo. Música de cuerda, de percusión; la Escolanía Salesiana María Auxiliadora de Sevilla y el coro infantil de la Hermandad del Rocío de Triana, amén de los propios componentes de Siempre Así, deleitaron y emocionaron a todos los presentes -el cardenal monseñor Amigo el primero- con las canciones que conforman esta «Misa de la Alegría» y que, como su propio nombre indica, es motivo precisamente de eso, de alegría. Y también de esperanza por un futuro mejor para todos, para la Humanidad. Letras que irradiaron mensajes de paz, de igualdad; mensajes de fe de los católicos en el convencimiento que a través de la música, y sobre todo de la palabra, es posible un mundo mejor.
Una Catedral absolutamente llena de mayores y niños; padres y madres, abuelos, niños que correteaban por las naves mientras una tras otra iban incrustándose en los «nervios» del Templo Metropolitano; palabras de compresión, perdón, amistad, amor... más de 50 artistas dispuestos a dar lo mejor de sí mismos.
Cóctel de fe
Y a fe que lo consiguieron. Porque canciones como «Gloria bendita», «Al enemigo agua», «Yo sí creo en ti», «El sentido de la vida», «Caridá» o «Entra en mi cuerpo», por citar sólo algunos de los 15 títulos que componen esta «Misa de la Alegría», hicieron que la Eucaristía fuese un cóctel de ritmos, sensaciones y, por encima de todo, de fe, que aglutinaron y unieron a distintas razas y condiciones sociales. «No importa quien seas/ ni de donde seas/da igual como seas/ si quieres entrar/la puerta está abierta/la vida de espera/hay sitio en la mesa/si quieres pasar», parecía resumir ese canto al amor que Jesucristo propició e infundió entre todos los seres humanos.
Un amor, y una sonrisa, que se desprendían del propio cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, que se mostró plenamente satisfecho del desarrollo de esta misa, que ha servido, como el propio prelado declaró a ABC de Sevilla al término de la eucaristía, como «señal de una Iglesia abierta y que acoge a todos con los brazos abiertos».
Porque el propio cardenal, al final de eucaristía, y dirigiéndose a los componentes del grupo Siempre Así y a todos los músicos colaboradores, dijo que «ya no nos podemos aguantar más», iniciando una ovación que fue seguida por toda la Catedral por espacio de varios minutos.
Y es que monseñor Amigo, en su homilía, quiso que prevaleciese la alegría en sus palabras y en su mensaje. «¿Cómo pueden ser felices los que sufren? Con Cristo, todo es nuevo, distinto. Nuevo es el Testamento, nuevos son los Mandamientos. Antes, se decía que al que te odiaba, había que matarlo. Pero llegó Jesucristo propugnando olvido, perdón, poner la otra mejilla... dichosos los que ponen su vida al servicio de los demás, los que buscan la paz para los derechos de todos».
Cantar siempre
Ese perdón y amor viene también de la mano de la música: «cantad un cántico nuevo. «Siempre así», porque la música es buena; siempre así, con esperanza, alegría, bondad; mirando al cielo. No te pido, Señor, que me mandes una estrella azul. Sólo te pido que mi camino lo llenes de tu luz», recordando igualmente que hay que cantar al Señor «con María y al final cantaremos al amor de los amores. Qué buena, Señor, es la música, que nos acerca «Siempre Así» a tu verdad».
Por eso, al final de la misa y antes de dar su bendición, monseñor Carlos Amigo Vallejo, sonriente siempre y en muchos momentos emocionado, se dirigió a todos, y en especial a los componentes de «Siempre Así», señaló que «la música es buena y nos ayuda a ser buenos», para luego darles las gracias «por haber elegido para presentar esta Misa de la Alegría la Catedral de Sevilla».
Sevilla fue testigo en la mañana de ayer de cómo la alegría puede contagiarse de manera mucho más rápida por medio de la música. Una Misa de la Alegría que ya está en el corazón de todos los católicos.
Anuncios