Carlos Cardinal Amigo Vallejo, O.F.M. Carlos Cardinal Amigo Vallejo, O.F.M.
Function:
Archbishop of Sevilla, Spain
Title:
Cardinal Priest of St. Mary of Monserrat of the Spanish
Birthdate:
Aug 23, 1934
Country:
Spain
Elevated:
Oct 21, 2003
More information:
www.catholic-hierarchy.org
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Spanish Un emocionado cardenal Amigo comprobó cómo Sevilla se siente orgullosa de su Pontificado
Jul 01, 2007
Sencilla, humilde, sin alharacas... franciscana fue la homilía con la que monseñor Carlos Amigo Vallejo, cardenal arzobispo de Sevilla, conmemoró ayer en la Catedral los veinticinco años de su Pontificado en la Diócesis hispalense.

(ABC.es, 1 de julio de 2007) Y es que no podía ser de otra forma, conociendo a quien hace un cuarto de siglo llegó desde Tánger, procedente de la honda Castilla de Medina de Rioseco, y comenzó a empaparse de esta ciudad y, a la vez, a sentar las bases de lo que sería, veinticinco años después, un Pontificado que sigue mirando al futuro, como el propio prelado señaló en su homilía. Por ello puso como ejemplo a San Pedro y San Pablo, y su homilía recorrió esa sencillez de las cosas teniendo siempre como bandera el amor a Jesucristo, la misericordia, la caridad y el amor. «La medida del amor es un amor sin medida. Por eso, en caso de duda, siempre, siempre, siempre, misericordia»; o recordando las palabras de San Francisco: «Tú haz siempre lo que más le gusta a Dios.»
Esta sencillez contrastó, empero, con el boato que cubrió tal efemérides. Porque en el Templo Metropolitano hispalense se llenó por completo para festejar este día, solemnidad de San Pedro y San Pablo. Extraordinario el altar del Jubileo, donde se celebró la eucaristía, que estuvo presidida por la imagen de Nuestra Señora de los Reyes —que supuso una sorpresa para el prelado— y otra, en una esquina del altar, de San Francisco.
La misa la concelebró el cardenal arzobispo de Sevilla con el presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez; el obispo de Mérida-Badajoz, Antonio Montero; el arzobispo de Barcelona, Luis Martínez Sistach, y el arzobispo de Tánger, también franciscano, Santiago Agrelo Martínez. Igualmente, estuvieron en el altar mayor el ministro general de la Orden Franciscana, Rodríguez Carballo; el obispo de Málaga, Antonio Dorado; el obispo emérito de Huelva, Ignacio Noguer Carmona; los obispos de Cádiz, Jaén, Guadix-Baza, Córdoba y Jerez, Antonio Ceballos, Adolfo González Montes, Juan García, José Asenjo y Juan del Río. respectivamente. También estuvieron el secretario de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, así como distintos sacerdotes del pueblo natal del cardenal, Medina de Rioseco. Por cierto, que estuvieron presentes el alcalde de la localidad, Artemio Domínguez González, así como los hermanos y muchos familiares de monseñor Amigo Vallejo, a los que se abrazó justo antes de subir al altar mayor.
También hay que destacar la presencia de las Hermandades y Cofradías de Sevilla, a cuyo frente estuvo el presidente del Consejo, Manuel Román Silva, que realizó la segunda lectura.
Tres torres para una sede
Cabe destacar que la sede en la que el prelado hispalense presidió la eucaristía de ayer fue un regalo de la Orden Franciscana de la Cruz Blanca —a la que pertenece el hermano Pablo, secretario personal de fray Carlos—, y en cuyo respaldar están labradas las tres torres de las tres ciudades que forman parte de su vida sacerdotal: la torre de la iglesia de Medina de Rioseco, la Giralda y la torre de la Catedral de Tánger, de donde llegó a Sevilla.
Antes de comenzar la ceremonia el vicario general de la Archidiócesis, Francisco Ortiz Gómez, tomó la palabra. «Los diocesanos le felicitamos hoy y damos gracias a Dios por estos veinticinco. Oramos por usted, por su servicio a la Iglesia, por los testimonios que nos ha dejado hasta ahora de palabra y en escritos. Todo nos estimula para seguir adelante.»
Un hombre libre
Igualmente, Ortiz Gómez dijo que «muchas son las facetas que hay que resaltar de nuestro obispo. Un hombre libre, sincero y trabajador, que aborda los desafíos con valentía. Hombre de fe y gobierno, persona que hace honor a su escudo. Tenemos ante nosotros a un hombre de paz».
«San Francisco siempre, con Santa Ángela de la Cruz, constituyen el fundamento de su existencia. Siempre dispuesto a dar. Es amplio su magisterio, porque en el obispo vemos todos al maestro, al que va guiando a su rebaño, lo que ha constituido un ministerio de buen maestro y buen pastor. La Archidiócesis celebra con gozo este día, el día de un buen pastor y servidor de la esperanza.»
No podía ocultar la emoción en el rostro monseñor Amigo, aunque intentaba disimularla. Pero su sencillez y humildad se comprobaron cuando, una vez leído el Evangelio, tomó la palabra. «No sabéis cuánta es la alegría que siento al compartir con todos vosotros esta ceremonia. Ese servir a Dios y a la Iglesia que tenemos todos —dijo dirigiéndose a los sacerdotes—. Y cuánto os debo a ustedes —precisó a las autoridades civiles y militares De su comprensión y ayuda. Al fin y al cabo, todos servimos a la misma causa. En este pueblo de Dios, cada uno tiene que cumplir su misión.»
Tuvo recuerdo también para las monjas de clausura, para los enfermos, los ancianos, los que no pudieron estar en la Catedral. «Y quiero saludar al alcalde de mi pueblo y a mi familia», dijo con emoción difícil de contener.
Y como señalábamos al principio, puso como ejemplo a San Pedro y a San Pablo. De este último, comparando como cuando hace veinticinco años llegó, recordó: «Pues yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no llegué con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios, pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado. Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso. La confianza estaba en el Señor y en su Palabra.» Y junto a ello, el amor, la caridad, la misericordia y seguir mirando hacia adelante, como la propia Iglesia, que «mira con serenidad al pasado y no tiene miedo del futuro. Y no tanto recontar lo que hicimos, sino pensar en lo mucho que nos queda por hacer».
Emociones a flor de piel en el prelado, que agradeció la iniciativa de que la Virgen de los Reyes presidiese el altar del Jubileo. «No sabéis como me emociona que Ella esté aquí, en este altar.»
Veinticinco años de un Pontificado que ayer se condensaron en la emoción de un hombre, monseñor Amigo Vallejo, que sigue siendo norte y guía de la Diócesis hispalense.
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