El cardenal tiene quien le escriba
Apr 13, 2005
El Lunes de Pascua, en el barrio de Santa Cruz, había ese ambiente de las tardes de primavera en Sevilla cuando ya ha pasado la Semana Santa. A pesar de la enfermedad del Papa, nadie podía pensar que en menos de una semana tendría lugar su agravamiento y su muerte. Ayer la archidiócesis de Sevilla organizaba el funeral oficial por el Pontífice. El cardenal, Carlos Amigo Vallejo, ha regresado de Roma, donde asistió al entierro de Juan Pablo II. Y volverá para un acontecimiento decisivo en la historia de la Iglesia: el cónclave.
(Diario de Sevilla, 10 de abril de 2005) Monseñor Amigo entrará como cardenal y, probablemente, saldrá igual que entró. Aunque aparece en las listas, y nunca se sabe. En cualquier caso, habrá sido uno de los partícipes en la elección del Papa. Estas circunstancias devuelven a la actualidad aquel Lunes de Pascua, cuando se presentaba en sociedad el libro Cardenal Amigo, perfil y pensamiento, que han escrito Carlos Navarro Antolín y Alfonso Pedrosa Elbal, con fotografías de Manuel Ruesga Bono, todos ellos periodistas de Diario de Sevilla. Y lo presentó, delante del señor cardenal, el maestro Antonio Burgos, que siempre ha tenido ángel (y demonio) cuando ha escrito de monseñor Amigo, desde que lo recibió a porta gayola con el inolvidable recuadro del báculo Magefesa que publicó en ABC de Sevilla. Así que no podía haber más morbo: un cardenal, canónigos, catedráticos de Universidad, políticos, capillitas y periodistas en un totum revolutum.
El cardenal tiene quien le escriba, a diferencia del coronel de García Márquez. En estos tiempos descreídos –en que un Papa es alabado en la muerte incluso por quienes le criticaron en vida–, este cardenal ha tenido dos periodistas que se han sentado con él horas y horas para que sevillanos y foráneos puedan conocer cómo es y cómo piensa. Lo que dice y hace interesa, como lo demuestra la expectación que creó, las significativas presencias y las no menos curiosas ausencias en su presentación, en la que había una consejera de la Junta y dos concejales del PSOE en Sevilla por ningún cargo público del PP. Antonio Burgos, que fue a por todas, dejó caer que hay quienes aprecian en monseñor Amigo cierta tendencia al rosa socialdemócrata, cuando no al rojo de la púrpura. El cardenal respondió después, con finura,alegando que sus colores son los del arco iris, que es la enseña de la paz (colores que colgaron en muchos balcones europeos cuando la guerra de Iraq).
Como el arco iris aparece después de tormentas y presagiando bonanzas, hay que quedarse con otra frase de Burgos, tomada de su esposa, Isabel: "¡Qué peazo de Papa!" "¡Qué peazo de Papa se puede perder el Vaticano!" En estos momentos no está de más recordarlo desde el respeto. En efecto, Papa no habrá más que uno. Pero el cardenal Amigo ha conseguido ya un prestigio que otros no tienen, porque dice lo que piensa, y también se calla (con silencios de Sevilla, siempre elocuentes) cuando algunos pretenden que la Iglesia haga el trabajo sucio de ariete de la derecha más desfasada. El arco iris está en la Biblia, y al cardenal Amigo no se le ha olvidado.