Julián Cardinal Herranz Casado Julián Cardinal Herranz Casado
Function:
President of Interpretation of Legislative Texts, Roman Curia
Title:
Cardinal Deacon of St. Eugene
Birthdate:
Mar 31, 1930
Country:
Spain
Elevated:
Oct 21, 2003
More information:
www.catholic-hierarchy.org
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Spanish Entrevista al Cardenal Julián Herranz
Feb 22, 2007
La Gaceta de los Negocios.- “Los curas nos jubilamos cuando nos llama el Señor, y yo espero que me llame trabajando”

(revistaecclesia.com, 21-2-2007) Roma. “El sacerdote debe llegar a tocar las almas, le hace bien a la suya”. Me lo dice con esa poética sencillez, no un cura desconocido, sino todo un cardenal, Julián Herranz. Estrecho colaborador de Benedicto XVl, ha servido, desde 1960, a cinco papas, de Juan XXlll al actual Pontífice, a quien conocía desde los tiempos del Concilio Vaticano II.

El cardenal Ratzinger tenía su despacho en la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la plaza del Santo Oficio, a la izquierda de la columnata de Bernini, y monseñor Herranz, en el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, unos metros más allá, en la plaza Pío XII. Era muy frecuente, además, que se encontraran caminan-do por la Plaza de San Pedro, a dos pasos de sus respectivos domicilios.

El 31 de marzo, el cardenal Herranz, que nació en Baena, cumplirá 77 años. Como dic-ta la norma canónica, a los 75 había presentado su renuncia al cargo, que Benedicto XVI no aceptó hasta la semana pasada.

Coincidiendo casi con la aceptación de la renuncia, Herranz ha publicado un libro. No es una autobiografía, sino un volumen de memorias que lleva por título En las afueras de Jericó. Con una prosa atractiva, muy fácil de leer, cuenta sus vivencias. “Guardaba —nos dice— infinidad de apuntes de todos es-tos años y los iba ordenando y preparando en los vera-nos”. Y continúa: “Empecé a escribirlo hace una década. Me sentía en el deber de hacerlo, era como un deber de justicia dejar testimonio de lo que había vivido y trazar un panorama de la Iglesia contando las luces y las sombras”.

En el libro descubrimos personajes, lugares, situaciones que el cardenal evoca sin retórica. Son imágenes de gran eficacia, que atrapan de una manera sencilla. Por ejemplo, narra cómo Juan Pablo ll contempló la posibilidad de renunciar, pero no lo hizo por “no crear un peligro-so precedente para sus sucesores”. Don Julián fue consultado precisamente por el Santo Padre. A través de su fidelísimo secretario, don Stanislao, el cardenal respondió que “por motivos de edad no debía hacerlo”.

Cuando el cardenal hizo entrega a Benedicto XVl del libro, el Papa se lo agradeció sonriendo. Sin duda le vinieron a la memoria muchos acontecimientos que habían compartido al servicio de la Iglesia universal. “No creo, sin embargo, que el Santo Padre haya tenido tenido tiem-po de leerlo”.

Tras las palabras sobre el libro le digo: “Eminencia, después de tantísimos años de intenso trabajo, por fin podrá descansar un poco”. El cardenal es ahora quien son-ríe: “¿Descansar? Creo que ahora voy a tener más cosas que hacer. Algunos ya me lo anunciaron”.

Benedicto XVl ha decidido que debe continuar presidiendo la Comisión Disciplinar de la Curia Romana, “que gracias a Dios no me da mucho trabajo”, y participando en la Comisión Pontificia Ecclesia Dei para facilitar la reinserción de los seguidores de Lefebvre, además de ser juez del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica y seguir siendo miembro de las Congregaciones para la Doctrina de la Fe, del Culto Divino, de los Obispos, de la Evangelización o Propaganda Fides, entre otros.

“El jueves, el Papa aceptó mi renuncia y el lunes ya tu-ve que asistir a la plenaria de las Misiones, y me espera la reunión ordinaria de la Doctrina de la Fe, la de la Congregación de Obispos y… No tengo tiempo ni para respirar”. Llegado a este punto, sentencia: “A los curas no nos jubilan y cuando, según la norma, llegue a los 80 años, y no pueda entrar en el Cónclave, lo que llaman algunos la eutanasia vaticana, yo seguiré como sacerdote, cele-brando misas, confesando, ayudando en lo que pueda al párroco de una iglesia”. Y añadió: “Lo hago ahora, los fines de semana, en la Basílica de San Eugenio, de la que soy titular. Luego lo haré diariamente”. Pero “ya veremos” y recuerda: “Los sacerdotes nos jubilamos cuando el Señor nos llama, y yo espero que me llame trabajando”.
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