El cardenal Egan bendecirá la clausura de la cita republicana
Sept 10, 2004
El cardenal Edward Egan retoma la tradición de los grandes prelados norteamericanos muy involucrados en la vida pública del país. En la foto, durante la celebración del 12 de Octubre en las calles de Manhattan.
(elsemanal digital.com, 09 de septiembre de 2004) Tras el típico discurso apoteósico de aceptación de la candidatura por George Bush, sólo habrá una intervención: la de Edward Egan para impartir una bendición episcopal a los asistentes.
1 de septiembre. Es tan sencillo de decir como habría sido difícil de creer hace sólo unos años: la convención republicana que se celebra esta semana en el Madison Square Garden de Nueva York no la clausurará el virtual candidato del GOP (Great Old Party) a la Presidencia de los Estados Unidos, George W. Bush, sino el arzobispo católico de la diócesis neoyorkina.
Según el programa oficial de la convención, el jueves 2 de septiembre se producirán una serie de intervenciones que irán preparando el discurso oficial de aceptación de la candidatura por parte del actual inquilino de la Casa Blanca. Pero tras la apoteosis de Bush, que es metodista, los asistentes no se disolverán, como ocurriría en cualquier acto similar de un partido político europeo: todos juntos recibirán la bendición del cardenal Edward Egan. Y no será una más junto a actos religiosos de otras confesiones, sino el colofón único de estos cuatro días de despegue electoral de la plataforma Bush-Cheney.
La creciente cercanía de Bush a la Iglesia católica
Egan, de 72 años, fue elevado al cardenalato por Juan Pablo II en el consistorio de febrero de 2001, menos de un año después de sustituir al cardenal John O´Connor, tras su fallecimiento en mayo de 2000. La invitación a participar en el principal evento republicano que tendrá lugar antes de las elecciones de noviembre vino del mismo partido del elefante (el animal que le sirve de logotipo), y dada su trascendencia ha tenido que contar con el visto bueno directo de George W. Bush.
Lo cierto es que al presidente norteamericano cada vez le agrada más figurar en congresos y celebraciones católicas. A principios de agosto asistió en Dallas (Texas) a la convención anual de los Caballeros de Colón, una de las organizaciones católicas de mayor relieve en el país y a la que pertenece su hermano, el gobernador de la Florida, Jeb Bush. Ante los 2500 congresistas mencionó su reciente visita a Juan Pablo II: "Estar en su presencia es una experiencia impresionante", dijo. Asimismo, recordó que su Gobierno ha prohibido el aborto en avanzado estado de gestación y "defenderá enérgicamente" esta medida, y que dictó leyes que penalizan como delitos diferentes los cometidos contra una mujer embarazada y contra su hijo, si éste sufre daños durante la agresión a la madre. Y en otro orden de cosas, concluyó: "Considero que el Gobierno debe situarse junto a los grupos basados en la fe, no contra ellos".
Más convicción que votos
Como político en campaña, Bush desea con estas afirmaciones seducir al votante católico. Sin embargo, una encuesta dada a conocer el lunes señala que sólo un 49% de los católicos que se inclinarán por Bush consideran "muy importante" el tema del aborto, por debajo de la guerra de Irak, el terrorismo, los valores morales en general y la economía. No es, por tanto, un cálculo electoral el que mueve al presidente, sino el resultado de una convicción profunda.
¿Cómo olvidar, además, los graves problemas padecidos por la Iglesia en Estados Unidos durante 2001-2002 a causa de los casos de pederastia de ciertos sacerdotes, y lo mucho que esos desgraciados delitos han minado su prestigio? El ofrecimiento de Bush al cardenal de Nueva York es toda una mano tendida para ayudar a la jerarquía católica al reencuentro con la opinión pública norteamericana.
La proximidad de Bush a la Iglesia católica es tanto más llamativa cuanto que su partido responde a una tradición protestante. Pero los tiempos cambian. Contribuye también la cada vez mayor presencia hispana en Texas, donde el hoy presidente fue el único gobernador reelegido en muchos años, y mantenía una buena relación con las comunidades mexican y mexican-american.
Ahora bien, que el mismísimo cardenal de Nueva York sea quien despida la convención republicana "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (o incluso si tiene lugar algún recorte ecuménico en atención a la diversidad de los presentes) es, como diría el castizo, para frotarse los ojos.