Destacan coraje de Juan Pablo II para los viajes
May 15, 2005
Juan Pablo II demostró "mucho coraje" al viajar a Nicaragua durante el régimen sandinista, así como al ir a rezar ante la tumba del arzobispo salvadoreño Oscar Romero o al sugerir al dictador chileno, general Augusto Pinochet, que devolviese el poder a las autoridades civiles, dijo el cardenal Roberto Tucci, organizador de los viajes del difunto Papa.
CIUDAD DEL VATICANO, 07-05-05 (ANSA). En un artículo escrito para "Civilta Cattolica", la revista de los jesuitas italianos, el octogenario purpurado relató algunos episodios ocurridos durante los numerosos viajes que hizo Karol Wojtyla durante su pontificado.
Entre los periplos efectuados, el cardenal Tucci evocó los efectuados a México, Chile, Nicaragua y El Salvador.
"Cuando, al inicio del pontificado, eligió México como meta de su primer viaje internacional, el Papa sabía que se trataba de un país laico, es más, laicista e incluso anticlerical, al menos en la esfera gubernamental", escribió.
El purpurado recordó que "en aquella época en México los sacerdotes no podían lucir el hábito religioso" y hasta a él le aconsejaron no alejarse del séquito papal porque si le sorprendían con el cuello romano podía recibir una multa.
"Aunque las autoridades habían autorizado la visita del Papa, hacía falta valor para afrontar una situación tan difícil en aquel momento, hasta el punto de que no hubo ningún encuentro oficial con el presidente de la República, quien fingió encontrarse de casualidad cerca del aeropuerto y se limitó a estrechar la mano al Papa", afirmó Tucci.
En cuanto a Chile, el cardenal aseguró saber que, durante el encuentro privado que Juan Pablo II mantuvo con Pinochet, el Papa "le sugirió que había llegado el momento de devolver el poder a las autoridades civiles".
"Además, tomó una iniciativa que no gustó nada a la Junta militar -y tampoco a algunos sectores católicos favorables al régimen- al aceptar reunirse en un lugar muy cercano a la Nunciatura con todos los líderes de los diversos partidos, que entonces no tenían ninguna legitimidad", evocó.
A estos Juan Pablo II "dirigió un discurso sobre cómo debía reconstruirse el país, sobre la reconciliación que había que favorecer, y sobre la promoción de los derechos humanos y el respeto de las minorías", añadió.
Tucci organizó todos los viajes apostólicos de Juan Pablo II desde 1982 hasta junio de 2002, cuando fue a Ucrania.
"Hacía falta coraje para ir a Polonia cuando aún había el régimen comunista, y hacía falta coraje para ir a Nicaragua cuando había el régimen sandinista", indicó el cardenal.
"A propósito de Nicaragua, yo mismo, después de haber hecho dos visitas al país, me convencí de que se trataba de un viaje muy arriesgado porque una parte del clero, sobre todo entre los religiosos, estaba de parte de los sandinistas a favor de una Iglesia popular diversa y contrapuesta a la Iglesia jerárquica", recordó.
"El Papa conocía esta situación muy difícil y sabía que el gobierno apoyaba a la Iglesia popular, pero me dijo: "Tenemos que ir, aunque no sea un gran éxito y encuentre muchas dificultades; tenemos que ir porque esta Iglesia necesita ser reforzada ahora que vive un momento muy crítico", indicó.
En cuanto al viaje que comprendía varios países de lengua española de América Central, "algunos obispos latinoamericanos le sugirieron al Papa que no fuese a la tumba de monseñor Romero, por ellos considerado una figura muy comprometida políticamente", recordó Tucci.
El cardenal afirmó que "raramente" vio a Juan Pablo II "reaccionar con tanta fuerza": "No, el Papa debe ir; se trata de un obispo que fue atacado precisamente en el corazón de su ministerio pastoral", dijo Wojtyla.
"El sucesor de Romero, monseñor Rivera y Damas, cuando llegamos al lugar, ante la catedral donde se encuentra la tumba de Romero, dijo que el Gobierno había prohibido la visita -y, de hecho, la puerta estaba cerrada-, pero el Papa fue irremovible", recordó Tucci.
"Pidió que se buscase la llave para poder abrir; esperamos un rato, y cuando al final pudimos entrar, el Papa rezó sobre la tumba de Romero y dijo algunas palabras muy bellas sobre el ministerio de este obispo que fue martirizado mientras celebraba la misa", escribió.