Jorge María Cardinal Mejía Jorge María Cardinal Mejía
Function:
Archivist Emeritus of Vatican Secret Archives, Roman Curia
Title:
Cardinal Deacon of San Girolamo della Carità
Birthdate:
Jan 31, 1923
Country:
Argentina
Elevated:
Feb 21, 2001
More information:
www.catholic-hierarchy.org
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Spanish “Todos estamos llamados a ser santos”
Jun 25, 2005
Un hombre se emociona en la evocación de una persona querida, el cardenal Mejía lo comprueba cuando se le menciona a Juan Pablo II, con quien compartió una amistad desde la juventud.

(elsigloweb.com, 19 de Junio de 2005) -¿Qué le sucede en su interior cuando se le menciona el nombre de Juan Pablo II? -Veo pasar toda la vida. Teníamos 24 años cuando nos conocimos y después trabajé casi 27 años con él, durante todo su pontificado. Fue un ejemplo para todos y lo seguirá siendo.

Las expresiones pertenecen al prelado que tuvo bajo su responsabilidad durante seis años la Biblioteca de El Vaticano. Fue amigo personal de Juan Pablo II antes y durante su largo pontificado.

Una cuestión particular lo trajo a nuestra provincia -casará a dos jóvenes-, pero no es cuestión de desaprovechar una presencia tan importante como la del cardenal Jorge María Mejía, quien tuvo una dilatada trayectoria en la Santa Sede, en donde se desempeñó como bibliotecario responsable de más de un millón de volúmenes y tesoros que hacen a la historia de la Iglesia y el Cristianismo.
Su presencia no se hizo esperar en distintos lugares y lo tuvo en un ámbito que no le es ajeno, una biblioteca. Esta vez fue la del Colegio San Pablo Apóstol, en donde bendijo las nuevas instalaciones.

Posteriormente dialogó con los alumnos del establecimiento, con quienes mantuvo un fructífero diálogo.

En esa charla con los más pequeños, a imitación de Cristo que afirmó: “Dejad que los niños vengan a mí...”, escuchó lo que ellos tenían para decirle y se solazó con cada ocurrencia, que también generó una sana hilaridad entre los adultos que se encontraban allí.

Por supuesto, no abandonó un tema constante en los últimos tiempos, la declaración de santidad para el padre Augusto Etchecopar -curiosamente pariente de uno de los jóvenes que vino a casar-, quien está muy cerca de la beatificación. Los chicos estaban al tanto de algunos detalles y reconocían la imagen del religioso porque habían visto la estampita con su imagen y recibieron alguna información sobre su vida.

Monseñor Mejía profundizó en esos datos y se refirió a otros santos, varios de los cuales fueron aportados por los propios pequeños.

La pregunta en torno a si alguno de los niños era santo, dio pie a la expresión que luego repetiría en el diálogo con EL SIGLO: “Todos estamos llamados a ser santos”.

El religioso agregó: “Los chicos me impresionaron bien. Sabían muchas cosas. Ojalá todos los pequeños con los que uno tiene que tratar contestaran a las preguntas como lo han hecho estos chicos. Muy bien por los padres, los maestros y el colegio”.

En tanto, que retomando el tema de la santidad, afirmó que “Cualquiera puede ser santo, hasta el último pecador. Allí tiene el ejemplo de San Pablo, que de ser el más ferviente perseguidor de la Iglesia y gran pecador, se transformó en un ejemplo para todos”.

En la charla que se desarrolló en un aula, con la presencia del reponsable del colegio, Máximo Avellaneda, autoridades del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), padres y profesores, el cardenal, que supo transitar los pasillos de El Vaticano señaló, dirigiéndose a los niños: “portándose bien, ayudando a la familia y rezando, como acaban de decir ustedes mismos, se puede comenzar un camino de santidad”.

Una clase participativa con chicos tucumanos

El contacto con los alumnos fue uno de los momentos más emotivos, porque se dio una charla muy natural con ellos. Los chicos abordaron temas diversos que hacen a la fe católica, pero también problemas que tienen que ver con su formación desde la familia.
Monseñor Mejía les señaló los peligros que afronta esta institución social a causa de los constantes ataques que recibe desde el exterior.
Instó a rezar en el seno familiar y a comprenderse mutuamente.
También les preguntó a los niños lo que significaba ser religioso, sobre los sacramentos y mandamientos, entre otros temas.

En todo momento hizo gala de su buen humor y resaltó las virtudes de los santos a los que aludió. Además explicó la abreviación del proceso que derivará en la beatificación y posterior canonización de Juan Pablo II, su gran amigo.

Un obsequio

En la parte final de la visita, el cardenal recibió un obsequio de parte de las autoridades. En ese momento invitó a un niño y una niña para que abrieran el presente.

Cuando descubrieron un denario de tiento y metal, el religioso hizo gala de su buen humor y sacó un rosario de madera, que compró en Jerusalén, para contar que no utilizaba elementos de metal porque en un aeropuerto norteamericano hizo sonar la alarma de detector de metales. Sin embargo, agradeció el presente.

Guardián de libros y tesoros inimaginables

La llegada del cardenal Jorge María Mejía al Colegio San Pablo Apóstol, lo llevó de inmediato a una concurrida biblioteca que esperaba la bendición. El nombre de esa instalación destinada al saber no era una casualidad: “Biblioteca Padre Augusto Etchecopar”.

Monseñor Mejía hizo un paralelismo con su actividad en la Santa Sede para destacar el valor de los libros y de su utilización.

En diálogo con EL SIGLO evocó esa actividad al afirmar: “Estuve seis años como responsable de la Biblioteca de El Vaticano. Tuve que guardar la palabra escrita y muchas cosas más, hay verdaderos tesoros allí, lo que es una doble responsabilidad no sólo por el contenido de las cosas, sino porque la gente debe tener acceso a ellas”.

Acotó al respecto que la Biblioteca Vaticana recibe a cien personas por día. Sobre su trabajo, manifestó: “publicábamos cosas que descubríamos y se lo sigue haciendo. Tratábamos, en la medida de lo posible, que algunas de las cosas que teníamos fueran a exposiciones en todo el mundo, para ser conocidas de cerca.

Eso era peligroso por los viajes y los costos de seguridad y de transporte que eran carísimos”, recordó el prelado en una charla sin desperdicio.

“Villalba fue mi alumno, pero ahora debo aprender de él”

En una parte de la charla desarrollada en el establecimiento educativo de Yerba Buena, moseñor Mejía preguntó quién era el arzobispo de Tucumán.
Al responderle los pequeños que se trataba de Luis Villalba, reconoció: “fue mi alumno, pero ahora debo aprender de él”.

Posteriormente fue recibido en el Arzobispado y más tarde ofició una misa conjunta con monseñor Villalba en la Catedral.

En el sermón, el guía espiritual de los tucumanos abogó por la beatificación de Augusto Etchecopar y recordó de manera elogiosa haber sido alumno del cardenal visitante.
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