Jorge María Cardinal Mejía Jorge María Cardinal Mejía
Function:
Archivist Emeritus of Vatican Secret Archives, Roman Curia
Title:
Cardinal Deacon of San Girolamo della Carità
Birthdate:
Jan 31, 1923
Country:
Argentina
Elevated:
Feb 21, 2001
More information:
www.catholic-hierarchy.org
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Spanish Cardenal Mejía denuncia manipulaciones del lenguaje para atacar a la familia
Oct 13, 2006
El Cardenal Jorge Mejía, Archivista y Bibliotecario emérito de la Santa Iglesia Romana, lamentó que hoy en día las concepciones tradicionales sobre la familia resulten "cuestionadas" y "directamente negadas cuando no escarnecidas y objeto de burla y de desprecio".

Buenos Aires, 5 de octubre de 2006 (NE - eclesiales.org) Durante una conferencia en una jornada de estudio sobre la familia, en la Argentina, el Purpurado evidenció asimismo la manipulación del lenguaje que se suele realizar para promover políticas en contra de la familia.

Al respecto advirtió que muchas de estas afirmaciones "diseminadas y difundidas por los medios, no son solamente un programa personal de vida, lo cual sería ya bastante alarmante", porque "ahora, la misma serie se convierte, en varias legislaciones nacionales, votadas por parlamentos y otras instituciones semejantes, en reales posibilidades de conducta social, comparables si no superiores a las viejas afirmaciones tradicionales".

Para combatir esta situación, el Purpurado insistió en este sentido que "el primer camino es, entonces, el testimonio constante, cotidiano y todavía bastante universal, de las familias que viven como familias. El de ustedes aquí y en tantas partes", y el segundo, semejante al primero, es "no ceder a la tentación de los espejismos actuales, para no acabar negando con la vida lo que se afirma con las propias convicciones: lo que está mal está mal y no se puede convertir en bien".

"El tercer camino y en realidad el último y el definitivo -afirmó- es: recurrir a Aquel que es el autor de la familia (...) El Señor Dios en Jesucristo ha creado el hombre y la mujer para estar unidos y formar una familia: rogar a El que proteja su propia creación en nosotros y en todos, como El solo sabe hacerlo".
Spanish Lanzó fuertes advertencias al Gobierno
May 27, 2006
El cardenal argentino Jorge Mejía (foto) advirtió ayer que "si la coyuntura electoral domina el cuadro político, se niega a sí misma y deforma la perspectiva institucional", y consideró que el Estado debe procurar el bien común sin sacrificar ninguna ideología.

Buenos Aires, (La Calle, 27 de mayo del 2006) - El purpurado consideró que la desocupación "reducida pero siempre presente y angustiante", la salud pública y la educación deben ser prioridades en el país. "Hay que procurar, por los medios legítimos, mantener el orden y no pretender cabalgar la miseria o el desorden, para propio provecho, lo que equivaldría a un sacrilegio", subrayó Mejía en una entrevista al portal Valores Religiosos.

El ex bibliotecario del Vaticano y director de la revista argentina Criterio opinó que "la democracia, si quiere ser como se debe, es decir, verdadera participación de todos en la vida de la sociedad, no puede reducirse a la mera contraposición electoral".
Spanish "Esto es totalmente nuevo y estoy encantado"Agregar a mi carpeta
Jan 30, 2006
"Hasta ahora no hay ninguna encíclica con estos análisis sobre el amor. Esto es totalmente nuevo y estoy encantado. El Papa sale con esta cosa estupenda, desplazando a todos".

ROMA (La Nacion, 26 de enero de 2006).- El cardenal argentino Jorge Mejía, archivista y bibliotecario emérito de la Santa Sede, no oculta su entusiasmo al comentar ante LA NACION la primera encíclica del papa Benedicto XVI, "Deus caritas est".

-Cuál fue su primera reacción al leer la encíclica?

-Me gustó mucho, pero es difícil, sobre todo la primera parte. Hay que leerla dos veces, como hice, para seguir el pensamiento del Papa, que es complejo. La primera parte requiere más reflexión, más estudio. La segunda parte es más fácil, porque es el ejercicio de la caridad, que es lo que conocemos, lo que hacemos, o no hacemos... La primera parte es más filosófico-teológica y se ve que él la pensó antes, desde hace mucho: no es algo que elaboró en el verano, como dijo Joaquín Navarro Valls.

-Cuál es el corazón de la encíclica?

-El corazón es que hay un sólo amor, y eso es muy importante. La distinción clásica que viene de Platón entre eros y agape está bien, pero si se la extrema, se falsea el eros, y se falsea el agape. El eros, para ser humano, necesita purificación, meditación, ascetismo, renuncia. Una forma de eros se convierte en agape en el matrimonio. El agape es el amor plasmado a la fidelidad por la verdadera vocación humana, que va más allá del cuerpo y el sexo. El Papa ve continuidad entre eros humano y el amor de Dios. Y ahí entran las referencias a la Biblia, que son muy lindas: lo que conocemos de Dios, en la creación, en la historia de Israel, en Cristo y en la Eucaristía, es el eros convertido en el amor de Dios. Es difícil, pero es lo que él dice.

-Le sorprendió que el papa Ratzinger hablara del amor?

-Siendo él quien escribe no me extraña nada. La primera parte es él, y me encanta, porque siempre nos sorprende. Ultimamente el Papa ha insistido mucho en la verdad, y esta vez se dedica al tema del amor, que es algo notable. El no es sólo un intelectual que vive en las esferas de las ideas, sino que se da cuenta de la importancia del amor en el mundo, y lo hace a través de la reflexión filosófica y de la Biblia, mostrando gran coherencia.

-Se hubiera imaginado que el ex custodio de la ortodoxia católica también hablara de sexo?

-No, y es notable cuando, al respecto, en la encíclica evoca que el epicúreo Gassendi, bromeando, se dirigió a Descartes con el saludo "¡Oh alma!", y Descartes replicó "¡Oh carne!" Y así explica que ni la carne ni el espíritu aman, sino que es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma.
Spanish Una Identitad Desdibujada
Dec 15, 2005
Este interesantísimo ensayo comenta la autobiografía del Card. Jorge Mejía, "Historia de una Identidad". A lo largo de las páginas del libro, su Eminencia incurre en asombrosas omisiones y no menos sorprendentes atribuciones que el autor del estudio destaca con notable eficacia.

BIBLIOGRAFIA: Jorge Cardenal Mejía: "Historia de una identidad", Bs.As. Letemendía, 2005, 2l8 páginas..

(Confesiones de un prelado demi-mondain)

(Panorama Católico, 08 Dic 2005) He aquí una obrita aparentemente inofensiva por el tono coloquial, los recuerdos intrascendentes - incluso frívolos - y un tono careciente de autocrítica que nos presenta su autor, el recientemente erigido Cardenal de tan larga actuación en la Iglesia argentina (1952-1977) como en el Vaticano, de entonces a ahora.

Comienza por darnos traslado de una memoria familiar pero no sólo de la familia nuclear sino extendida a toda su larga y poco interesante parentela, gente "paqueta" de Buenos Aires, totalmente irrelevante.

De su experiencia religiosa comienza por relatarnos su vida en el colegio y en el seminario, sin lograr transmitir mayor pathos sacerdotal y, menos aún, contagio piadoso. Después de revelar la poca influencia que tuvieron sus maestros destaca sí la del Padre Hugo Achaval que le dió "una sana libertad interior", lo cual hay que entender en el contexto de una mediocridad intelectual como la que reinaba en el seminario de Villa Devoto, si bien podría esperarse algo más de un padre espiritual.

Rescata en algo al Padre Castellani, pero apenas por haberle despertado "un amplio horizonte literario" y deslumbrado por su familiaridad con la filosofía moderna de entonces (hoy ya pasada)". Pero ni una palabra de su profundidad religiosa que, obviamente, parece que no le motivaba. Ni la excepcional inteligencia y agudeza del juicio que tampoco lo conmovía entonces, ni tampoco después.

Peor aun, siendo deudor de la corrección de una traducción de la obra de Henri Gheon : "La gloria de Santo Tomás de Aquino" durante cuya labor debió de haber recibido invalorables enseñanzas, en estas memorias no hay el menor recuerdo , ni reconocimiento. (él que sólo era un estudiante imberbe junto a un maestro como no había otro en todo el Seminario).

Tampoco hace justicia con otro de sus mejores profesores como el Padre Hernán Benitez, del cual fue alumno cuando este todavía no había incursionado por los derroteros que lo perdieron intelectualmente y en la política barata del peronismo, y ciertamente era una buena cabeza. Pero opta por describirlo como "un fuego de paja, con más paja que fuego"; con especial desprecio de quién más allá de todos los avatares no defeccionó del sacerdocio como tantos amigos del Cardenal. Otro ignorado es el Padre Sepich, también en su mejor hora, del cual apenas dice que era "profesor riguroso y difícil de Historia de la Filosofía"lo que indica no haber sabido valorar el nivel académico que brillaba por su ausencia.

Total que a Castellani y a Sepich los descalifica, sobre todo porque "estaban bastante comprometidos políticamente con la derecha" (¡Vade retro Satan!) Pensado, sino dicho por quien podríamos llamar un pionero de lo políticamente correcto, de lo que hoy es no tener enemigos a la izquierda, como se verá más adelante.

En el año 1947, el Padre Castellani viajó a Roma en medio de las acusaciones que le hacían sus superiores y según cuenta, su ex -alumno se portó muy bien con su viejo maestro que pasaba tal trance dejando constancia de su agradecimiento más de una vez en su papeles (*). Por su parte Mejía no correspondió con el talante generoso del todavía jesuita.

En su "Catecismo" de 1975 Castellani refiere: "es posible que mi ex -alumno, el Asesor del Vaticano II hubiese ya comenzado (en 1949) a acusarme de hereje en informes secretos, con que sigue haciendo después de muchos años, para acopio de méritos"... y "en las clases del seminario decía que yo era milenarista y que eso era herejía y no había que leer mis libros, ni editarlos."

Por supuesto, nada de esto está consignado en las memorias que comentamos tal vez porque le consta que su consejo fracasó y los libros de Castellani invadieron el mercado editorial católico como ningún otro autor alcanzó a hacer, mientras él no publicó ni uno sólo, excepción hecha de este escrito que comentamos.

La duda queda si Mejía leyó "Los papeles de Benjamín Benavides" y descubrió que había inspirado al autor el personaje ridículo de Mungué Murray, un teólogo muy aferrado a las convenciones de la hora que, entre otras cosas no quería reconocer que dentro de la Iglesia quedaban muchos fariseos, y que acusaba a Benavides de milenarista sin ningún fundamento sólido, sólo para "quedar bien" él.

Y también, respecto de Castellani se permite relatar que, años después, se animó a escribirle una carta diciéndole que " su comentario sobre el Apocalipsis no estaba ciertamente a la altura de su propio pasado, ni como pensador ni como escritor". ¡El que nunca jamás publicó ningún libro a pesar de su patente de erudito y sabio profesor! El libro fue publicado en 1963 y contó con el Imprimatur de Monseñor Justo Laguna (dilecto amigo de Mejía) por lo que inferimos que no contenía ningún error y que había tenido la humildad de someterse a semejante juez.

Mientras retacea elogios a quienes los merecieron los derrama, entre sus compañeros de seminario, sobre el Padre Lucio Gera, al cual califica de "brillante teólogo", haciendo caso omiso a su marcado progresismo rayano en la herejía y su nefasta escuela de teólogos biblistas a la moda, con quienes no podría concordar si fuera fiel a las enseñanzas que recibió, ni al rigor de la Escuela Bíblica de Jerusalén, cualquiera sean sus desviaciones menores.

En momentos en que comenzaba ya la tragedia de la deserción sacerdotal no parece haber sufrido un ápice con la Iglesia pues refiere los casos de sus más amigos como Aduriz, Cafferata, Jaime Moreno, Jerónimo Podestá (el obispo relapso) y otros que no nombra con una frialdad tal como si se tratara de accidentes meteorológicos. Y así cuenta que " de los cuatro argentinos que vivieron con él en el Colegio del Anima, sólo uno mantuvo su fidelidad al sacerdocio

Omisiones ominosas

Con detalles, eso sí, relata como inició su ascender en su carrera eclesiástica en Roma. Comenzando por la relación que estableció con Monseñor Zanini en Tierra Santa en 1962-3 donde intimaron a tal punto que el prelado italiano llegó a decirle ."Io ti faccio véscovo" en prueba de simpatía. Ante tal afirmación venida de alguien con vara alta en la Santa Sede, Mejía dice que no se conmovió demasiado pero ¿quién puede creerle? ¡Obispo a un cura de menos de 40 años!

Es posible que allí se le despertara el apetito por hacer carrera en la Curia romana.

Pero quiso la mala suerte de que Monseñor Zanini fuese designado Nuncio papal en la Argentina y tuviese ocasión de oir muchas opiniones sobre Mejía.. El caso es que, sorprendido, Mejía declara que allí "cambió completamente de actitud". (¿Acaso leyendo Criterio?) Lo peor del cuento es que confiesa que hubo "un extraño informe sobre mí" y que, como si fuera una consecuencia deseada de todo aquello Monseñor Zanini "acabó mal en Argentina y fue su último cargo como nuncio".

A continuación recuerda: "más tarde vino el terrorismo", de nuevo como un evento meteorológico que le era totalmente ajeno, aunque no tanto. Declara "Más de uno (¿quiénes? ¿los curas guerrilleros?) pagó con su vida" y, más explícito afirma: "No puedo no recordar a Carlos Mugica..cuando lo velaban en una villa miseria ... quise ir a rezar ... fui con mi prima ... que no era ciertamente la única persona del Barrio Norte que vi esa noche allí".

¿Qué es esto? ¿acaso no sabía en las que andaba Mujica? ¿Es que hizo algo para hacerlo volver al redil? ¿O como tantos que miraban de lejos especulaba para qué lado y de qué manera se inclinaría la balanza?

Mientras tanto Mejía sostiene que CRITERIO "mantuvo una sóla línea...de absoluta libertad". Curiosa afirmación y engañosa porque la libertad, precisamente, permite elegir entre muchas líneas...según venga la mano: a veces defendiendo la Iglesia de siempre, otras poniéndose à la page.

Así pues llegó a publicar un artículo en que se permitía dudar de a infalibilidad papal, lo que le valió hasta acusaciones de Roma. Y lo confiesa tranquilamente, agregando que lo defendieron Zaspe, Iriarte y de Nevares como si su juicio tuviese valor exculpatorio.

La estrategia de Mejía fue siempre manejar las omisiones hábilmente. Y esto lo repite en el libro, ominosamente, en el que debe admitir su relación con la revista CONCILIUM, "publicación oficial de progresismo erudito" como la califica Carlos A. Sacheri en "La Iglesia Clandestina".

En efecto, recuerda que llegó a integrar el comité de redacción por invitación del Padre Henri de Lubac, puntal de la "nouvelle thèologíe" preconciliar que tantas consecuencias dañosas tuvo. Lo curioso es que de Lubac, cuando Karl Rahner publica su tesis sobre los "católicos anónimos" (por la cual no hacen falta los sacramentos ni obedecer al Papa, ni nada, para salvarse) decide abandonar la revista. Cosa que no hace Mejía, implícitamente de acuerdo con Rahner (aunque vergonzantemente) y, en cambio decide "valientemente" (Sic) seguir por varios años de ascenso del progresismo colaborando con CONCILIUM cuando, justamente lo valiente era denunciar lo que predicaba. Y que lo diga Monseñor Lefebvre sino. Y entre nosotros Meinvielle y tantos otros excluidos del "establishment" episcopal, por "ser de derecha, hubiera dicho Mejía.

¿Acaso era valentía colaborar con Schillbeck, con Congar, con Hans Kung y otras figuras centrales del progresismo cuando estaban en la cresta de la ola?

Pero lo que no cuenta Mejía - y esto es mucho más serio - es su afiliación ha IDO-C el emporio internacional felizmente desaparecido de revistas progresistas al cual sumó CRITERIO - muerto ya Monseñor Franceschi - y donde figuraba THE TABLET, la revista inglesa que tuvo roces con la Congregación para la doctrina de la Fe cuando dependía de Monseñor Ratzinger (Ver "Catholic Family News, 22.05.05) que sin duda se acuerda muy bien qué era IDO-C, aunque ahora Mejía no querría recordárselo, estando en plan de simpatizar con el nuevo Papa.

La sigla IDO-C correspondía a "Centro de Información y Documentación sobre la Iglesia Conciliar" (¿no Católica?). cuya función específica era "reunir y distribuir la documentación sobre las consecuencias teológica y espirituales de los decretos y del espíritu del Concilio Vaticano II " declarando paradójicamente ser "independiente de toda religión" (acaso coherente con el sentir de algunos padres conciliares).

Pero si su afiliación ha IDOC-C revela su inmersión en el progresismo sin reservas, mucho más grave es que lo oculte en este libro que se supone es una versión fiel de su vida. O que hipócritamente se queje de los excesos cometidos invocando el Concilio cuando él mismo se hallaba en el centro de la "intelligentsia" progresista mundial instigadora de todas las desviaciones.

Muy suelto de cuerpo no informa, además, que CONCILIUM convocó a un Congreso Teológico en 1970 invitando"sobre todo a jóvenes, no todos familiarizados con la teología católica", según él mismo admite y luego se lamenta de que dicho Congreso "Terminara con un plenario donde se votara por mayoría las proposiciones "comentando luego que allí "fui víctima de la democracia total". Pero ¿qué esperaba?

Sin embargo todavía falta lo peor, muy cuidadosamente silenciado en el libro: la íntima vinculación que existió entre IDO-C y el movimiento polaco PAX, organismo encubierto de la policía secreta del gobierno comunista de Polonia, animadores del diálogo entre cristianos y marxistas tan de moda en el momento para consumo de católicos fronterizos e idiotas útiles, especialmente reclutados en la democracia cristiana de Occidente.

Se comprende que Mejía oculte este rastro escabroso de su biografía máxime cuando el Papa que vendría sería un polaco y PAX se habría opuesto abiertamente al Cardenal Wyszinski que no se engañaba respecto de las maniobas secretas del gobierno polaco y que, a continuación, la Santa Sede misma descubriera la maniobra del Partido Comunista polaco aprovechando la colaboración implícita de los católicos progresistas occidentales.

Téngase presente que Mejía durante todo el pontificado de Juan Pablo II hizo todo lo posible por estar presente y recordar que el Papa Woytila había sido su compañero de estudios (aunque sólo durante uno o dos años) lo que reitera una y otra vez.

Así, como ahora, no pierde la ocasión de recordar sus contactos con Monseñor Ratzinger - contactos más bien burocráticos que de ninguna manera destacan su afinidad intelectual ni religiosa.

Hay, en cambio, muchas omisiones menores pero sintomáticas a lo largo del libro. Una consiste en recordar su primer viaje a Tierra Santa acompañado por Fray Antonio Vallejo, Juan Carlos Goyeneche y Alfredo Aldao Unzué, mencionando a este último solamente, pues el franciscano no simpatizaba con los curas de clergyman gris perla - como el que se mandó hacer para el viaje - mientras él fue con su hábito y su relación con Goyeneche podr interpretarse como cierta familiaridad con la "derecha", habida cuenta de que para él eso sería denigrante, mientras no tenía enemigos a la izquierda La otra omisión es mucho más pintoresca y lo retrata de cuerpo entero. Sucedió que a un buen amigo de él, el Dr. Marcelo Canevari, buen pintor aficionado, en ocasión de ser consagrado obispo le pidió un cuadro importante, con todos los atuendos del caso. Ocurrió que cuando Mejía en uno de sus viajes a Buenos Aires pudo verlo terminado le recriminó al pintor:"¿Cómo no me has retratado como cardenal?" a lo que Canevari le contestó:"simplemente porque no sos cardenal". "¡Pero pronto de van a nombrar¡"Parece que fue la respuesta airada de quien ya antes de alcanzar esa dignidad presumía con certeza que lo sería. Total que una amistad de años con Canevari se rompió estúpidamente por la vanidad de Mejía pues nunca más se hablaron.

Carrera ascendente

Su primera incursión en la Curia Romana, que sin duda le atraía, fue la de acudir al Concilio como periodista acreditado de CRITERIO. De allí en más, pasito a pasito, fue escalando posiciones hasta culminar con el Cardenalato con tan mala suerte que cumplió 80 años justo antes del último Cónclave no pudiendo votar.

Ya en la segunda sesión del Concilio logró hacerse nombrar perito a pesar de "no gozar yo de particular estima ni del nuncio en Argentina -Monseñor Mozzoni -ni del cardenal Caggiano." ¿Cómo entonces? Esto no lo revela.

Peor aun, Caggiano, según lo confiesa él mismo, lo recibió fríamente cuando se presentó para anunciarle que lo habían designado perito y, por el contrario, le pidió que se reuniera con los obispos argentinos (ninguno del grupo más progre como los de San Miguel). Admite luego que "ninguno tuvo un juicio del todo favorable. "El que me trató mejor fue el entonces arzobispo de Tucumán Monseñor Aramburu" pero "uno, no diré quién, pronunció sobre mí esta memorable sentencia: lo mejor que puede hacer Usted es desaparecer" (Sic) Ataque ante el cual no se defendió. Por algo será.

¿Qué había ocurrido? El mismo lo cuenta. "Antes de ser perito, durante la primera sesión, yo había contribuido a redactar un breve texto crítico del documento sobre medios de comunicación". Y agrega: "era quizá un acto imprudente. Más imprudente fue quizá distribuirlo a la salida del aula..." y a continuación confiesa sin vergüenza: "quizá de parte mía había un resabio de despecho porque todavía no estaba adentro" (como perito, se entiende). De donde no es difícil colegir que el entonces Padrecito Mejía - con su cara de angel - se dedicaba a panfletear a los Padres Conciliares. ¡Y después se sorprendía de tener enemigos!

Ello no obstante, nada impidió que ascendiera en la Curia para lo que sus contactos con el progresismo tuvieron harta utilidad. Por ejemplo del Cardenal Bea, pieza importante del giro a la izquierda del Concilio dice cándidamente que era "un prodigio de equilibrio" sabiendo en conciencia que no era así pues era el Deus ex machina del Catecismo holandés y otros desaguisados.

En 1977, continúa el relato: es llamado por la Curia para comunicarle su designación como secretario de la "Comisión de la Santa Sede para las relaciones con el judaísmo", como premio por sus gestiones pro -judías ya iniciadas en Buenos Aires, comentando que "la parte judía había recibido con aplauso la comunicación". Por algo sería que tuviera oposición en "la parte" católica pero no en "la parte judía".

Como sea que fuera ya no volvió a vivir en Buenos Aires y dejó la dirección de CRITERIO pero no disminuyó su influencia. En su nuevo trabajo Mejía, entre otras cosas, aceptó como interlocutores a los miembros de B’nai B’rith como si fuesen religiosos cuando en verdad, como se sabe se trata de una especie de sociedad secreta, con toques masónicos, especializada - según propia confesión - en perseguir, políticamente, al antisemitismo.

Sin embargo, en toda la literatura de la Comisión se habla de "la religión judía" incurriendo en un deliberado malentendido pues debieron haber dicho: "la tradición o la cultura judía" que es lo que la mayor parte de ellos reivindica, habida cuenta del alto porcentaje de descreídos que involucra. Para no mencionar el sesgo ideológico de izquierda siempre listo para atacar a la derecha endilgándoles el mote de antisemitas con razón o sin ella.

Durante su gestión se jacta de haber convencido al Papa Paulo VI, cuando se preparaba para visitar en Los Angeles la sinagoga local, de que primero debía visitar la Gran Sinagoga en su propia diócesis, o sea la de Roma. Aceptada la propuesta se ocupó de concertar la visita con el Gran Rabino de Roma Elías Toaff de quien expresa que era "un venerable personaje", ciertamente mucho menos venerable que su antecesor el rabino Israel Zolli - cuya conversión al catolicismo en tiempos de Pio XII ni menciona (para ilustración del lector) acaso porque resultaría irritativo siquiera recordarlo habida cuenta de la tónica de apaciguamiento con los judíos introducida por el progresismo.

Otro dato de su obsecuencia pro-judía lo delata pues, según recuerda se ocupó presurosamente de que en la fachada de la pequeña iglesia de San Gregorio ai Quattro Capi, vecina a la sinagoga, "se recubriera o suprimiera la lápida de mármol con el texto de Isaías 65,2 (en hebreo y en latín) pues pocos hoy, y entonces, hubieran sido capaces de leerla pero que está citado por San Pablo (Rom.19,21) que dice: "Tendía mis manos incesantemente al pueblo rebelde, que va por mal camino..." "alusión que a los judíos que pasaban y aun pasan por allí todos los días les hubiera resultado clara y ofensiva". O sea que por no quedar mal con el Gran Rabino, o quizá bañándose en salud, pues es probable que al rabino le importara un pito, prefería enmendarle la palabra al Apóstol. Todo un indicio de su "estrategia" en su gestión diplomática entreguista.

Otro acto del cual se jacta, no por casualidad se relaciona también con los judíos pero no como religiosos sino como políticos, e incluso corrosivos como fue el caso de Jacobo Timerman . En efecto, no puede dejar de mencionar que este fue liberado el día siguiente que tuviese una audiencia con el Presidente Gral. Videla para interesarse por la suerte del periodista sin enemigos en la guerrilla subversiva. Y director del boletín oficioso de los Montoneros, su diario "La Opinión".

Lógicamente Mejía ignora que en realidad la liberación fue el producto de una carta - interceptada por la SIDE y circulada en su momento en esferas del gobierno militar - de su primo el embajador en los EEUU, Jorge Aja Espil en la que lo instaba a soltar a Timerman pues la presión de las asociaciones judías en los EEUU le resultaban insoportables. O sea que ,Mejía, sin saber, (¿O sabiéndolo?) colaboraba solícitamente - y no casualmente - con el judaísmo internacional.

Pero ¿qué tenía que hacer un prelado en estos menesteres? ¿Acaso Timerman representaba a los judíos religiosos de la Argentina? ¡ Todo lo contrario! pues era repudiado por el sector ortodoxo aquí y en Israel a donde huyó y de donde tuvo que exiliarse.

Dime con quien andas

Para su consagración como obispo el Presidente Alfonsín, quien sin duda le tenía simpatía - en todo caso mucho más que con Monseñor Medina al cual le arrebató el púlpito - se adelantó a excusarse por no poder asistir a la ceremonia pero le ofreció dos pasajes para que escogiera a dos obispos amigos, que resultaron ser Laguna y Bianchi di Cárcano, para que lo representasen. (Dios los cría).

Laguna, antes de partir solicitó al presidente de la Comisión Episcopal, de entonces que era Monseñor Primatesta, ser su representante en esta ordenación. "El Cardenal le contestó negativamente" dice Mejía que interpreta que su elevación al episcopado no era grata a algunos obispos argentinos. Y agrega que AICA al dar la noticia y publicar su currículum vitae concluye afirmando que Monseñor Mejía, a pesar de todo ( la negativa anterior que él atribuye a lo que escribía en CRITERIO) "ha mantenido su fidelidad a la Iglesia". (¡Bueno fuera!).

Más adelante entra a integrar el Consejo Justicia y Paz bajo la férula suave del Cardenal Echegaray (el que cediera la catedral de Argel para que se convirtiera en mezquita) del que lamenta que más tarde no hubiese sido designado Secretario de Estado (¿en lugar de Sodano?).

En dicho Consejo su primera tarea sería organizar la gran Jornada de "Oración por la Paz" en la que participaron "todas las iglesias cristianas y comunidades eclesiales que lo quisieran y, además, las grandes religiones del mundo". Mejía comenta, sin lamentarlo, que esto fue lo que colmó la copa del desagrado de Monseñor Lefebvre, pues entre esas "grandes religiones del mundo" llegó a incluir a los animistas.

Por si faltaran pruebas de la progresiva secularización de Mejía hay que leer los párrafos que dedica a "un encuentro que abrió las puertas para una más continua y fecunda relación entre la Santa Sede y el Banco Mundial y su institución gemela, el Fondo Monetario Internacional". Afirmando como conclusión: "me parece honesto referir estas experiencias positivas mías" (¿Estará hablando en serio o nos toma el pelo?).

Y luego están los viajes, cada vez más frecuentes como corresponde a un monseñor mundano.

Su paso por la Congregación para los obispos dio pábulo a más viajes fascinantes.

Y así llegamos a 1998 al cumplir la edad de retiro de los obispos en que el Papa lo mandó ocuparse del Archivo y Biblioteca Vaticana que, se apresura a informarnos, no fue una capiti diminutio pues entre sus predecesores estaba nada menos que el Cardenal Rampolla del Tíndaro, aquel que fue enterrado con los atributos masónicos confirmando las buenas razones que tuvo el Emperador Franz Joseph de Austria para vetar su candidatura, felizmente remplazada por la de Pio X-. Pero ¿Mejía ignora esto o se hace el tonto?

Uno de los capítulos finales del libro se titula "Amistades" donde ocupa un sitio preferencial Pironio junto con la módica escritora Carmen Gándara, por la que revela debilidad, y Victoria Ocampo a la que califica como "notable mujer", sin dar cuenta de qué virtudes cristianas habla, habida cuenta de su indiferencia, sino indisposición hacia la Iglesia, excepto algún que otro cura snob que la visitara.

Dos huéspedes (¿únicos?) en el Palacio de San Calixto, donde vive, merecen mención: uno es Alejandro Bunge y el otro Luis Duacastella (más conocido por "Lucho"por los lectores de Panorama Católico).

Todo un apéndice documental de fotos y textos de cartas cierra el libro no sin antes dedicar a Su Santidad Benedicto XVI redundantes elogios con mucho de lugar común.

* Cfr. Diario del P. Castellani 09.04.47 en Sebastian Randle: CASTELLANI, Bs-Ss., 2003.
Spanish Fue testigo privilegiado del pontificado de Juan Pablo II
Oct 03, 2005
No debe de ser poca cosa que cuando eran compañeros en una universidad romana, recién ordenados sacerdotes, el Papa Juan Pablo II le haya dicho que sabía menos de filosofía que él.

(El Clarin, 01.10.2005) Máxime cuando, pasado casi un cuarto de siglo de aquel inesperado reconocimiento, el único testigo, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, se convirtió en Benedicto XVI.

El destinatario del singular elogio fue el actual cardenal argentino Jorge Mejía, de 82 años, un testigo privilegiado del último medio siglo de la historia de la Iglesia y, en particular, del pontificado de Juan Pablo II. Recientemente retirado, luego de una descollante carrera en El Vaticano, Mejía acaba de presentar en Buenos Aires sus memorias, llenas de vivencias jugosas, por momentos fascinantes.

En las casi 300 páginas de "Historia de una identidad" (Ed. Letemendia), Mejía va mechando en el relato de su vida las más diversas situaciones, que tienen como telón de fondo las luces y sombras de la Iglesia. Y que revelan, también para los eclesiásticos, que no siempre se es "profeta en su tierra".

De entrada queda claro que su progresismo moderado no fue digerido por un Episcopado en su momento era mayoritariamente muy conservador. En rigor, la dirección que durante 22 años ejerció de la prestigiosa revista Criterio, enrolada en el vanguardismo católico, le trajo más de un dolor de cabeza con la superioridad. Pocos meses después del golpe de 1976, una amenaza de muerte inició la cuenta regresiva para su partida del país.

Un providencial nombramiento como secretario de la comisión de Relaciones con el Judaísmo del Vaticano, en 1977, llevó a Mejía a iniciar su promisoria carrera en El Vaticano.

Fue el último argentino que vio a Juan Pablo II. La mañana del sábado 2 de abril, un impulso interior lo llevó a querer ver al Papa agonizante. Tenía pocas esperanzas de lograrlo. Pero lo consiguió. Pesó su larga relación con él. Al entrar en el dormitorio, se arrodilló junto a la cama, y le tomó el brazo derecho fuerte.

—Jorge—, alcanzó a decirle Juan Pablo II abriendo los ojos.

—Santo Padre, ¡la vida por usted!—, le dijo Mejía.

A las 7 de la tarde, Juan Pablo II perdía el conocimiento. Dos horas después, moría.
Spanish Cardenal Mejía celebra 60 años de sacerdocio
Sept 28, 2005
El próximo domingo 25 de septiembre, el Cardenal Jorge María Mejía celebrará sus 60 años de sacerdocio con una Misa en la catedral de San Isidro.

BUENOS AIRES, 13 Sep. 05 (ACI).- El Cardenal Mejía nació en Buenos Aires, el 31 de enero de 1923 y recibió la ordenación sacerdotal el 22 de septiembre de 1945 en el Seminario Metropolitano de esta ciudad.

Nombrado Obispo Titular de Apolonia el 8 de marzo de 1986, recibió la ordenación episcopal el 12 de abril de 1986. Posteriormente, el 4 de marzo de 1994 fue elevado a Arzobispo.

El Cardenal Mejía desempeñó su ministerio sacerdotal en Buenos Aires y otras diócesis argentinas; fue también profesor de la Universidad Católica Argentina y dirigió la revista Criterio. En 1967, fue designado Secretario del Departamento de Ecumenismo del CELAM.

Trasladado al Vaticano en 1977, ocupó diversos cargos en la Curia, entre ellos, Secretario de la Comisión Pontificia para los Asuntos Religiosos con el Judaísmo, Vicepresidente de la Comisión Pontificia Justicia y Paz, Secretario de la Congregación para los Obispos, y Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana.

Fue creado Cardenal por el Papa Juan Pablo II en el consistorio del 21 de febrero de 2001.
Spanish “Todos estamos llamados a ser santos”
Jun 25, 2005
Un hombre se emociona en la evocación de una persona querida, el cardenal Mejía lo comprueba cuando se le menciona a Juan Pablo II, con quien compartió una amistad desde la juventud.

(elsigloweb.com, 19 de Junio de 2005) -¿Qué le sucede en su interior cuando se le menciona el nombre de Juan Pablo II? -Veo pasar toda la vida. Teníamos 24 años cuando nos conocimos y después trabajé casi 27 años con él, durante todo su pontificado. Fue un ejemplo para todos y lo seguirá siendo.

Las expresiones pertenecen al prelado que tuvo bajo su responsabilidad durante seis años la Biblioteca de El Vaticano. Fue amigo personal de Juan Pablo II antes y durante su largo pontificado.

Una cuestión particular lo trajo a nuestra provincia -casará a dos jóvenes-, pero no es cuestión de desaprovechar una presencia tan importante como la del cardenal Jorge María Mejía, quien tuvo una dilatada trayectoria en la Santa Sede, en donde se desempeñó como bibliotecario responsable de más de un millón de volúmenes y tesoros que hacen a la historia de la Iglesia y el Cristianismo.
Su presencia no se hizo esperar en distintos lugares y lo tuvo en un ámbito que no le es ajeno, una biblioteca. Esta vez fue la del Colegio San Pablo Apóstol, en donde bendijo las nuevas instalaciones.

Posteriormente dialogó con los alumnos del establecimiento, con quienes mantuvo un fructífero diálogo.

En esa charla con los más pequeños, a imitación de Cristo que afirmó: “Dejad que los niños vengan a mí...”, escuchó lo que ellos tenían para decirle y se solazó con cada ocurrencia, que también generó una sana hilaridad entre los adultos que se encontraban allí.

Por supuesto, no abandonó un tema constante en los últimos tiempos, la declaración de santidad para el padre Augusto Etchecopar -curiosamente pariente de uno de los jóvenes que vino a casar-, quien está muy cerca de la beatificación. Los chicos estaban al tanto de algunos detalles y reconocían la imagen del religioso porque habían visto la estampita con su imagen y recibieron alguna información sobre su vida.

Monseñor Mejía profundizó en esos datos y se refirió a otros santos, varios de los cuales fueron aportados por los propios pequeños.

La pregunta en torno a si alguno de los niños era santo, dio pie a la expresión que luego repetiría en el diálogo con EL SIGLO: “Todos estamos llamados a ser santos”.

El religioso agregó: “Los chicos me impresionaron bien. Sabían muchas cosas. Ojalá todos los pequeños con los que uno tiene que tratar contestaran a las preguntas como lo han hecho estos chicos. Muy bien por los padres, los maestros y el colegio”.

En tanto, que retomando el tema de la santidad, afirmó que “Cualquiera puede ser santo, hasta el último pecador. Allí tiene el ejemplo de San Pablo, que de ser el más ferviente perseguidor de la Iglesia y gran pecador, se transformó en un ejemplo para todos”.

En la charla que se desarrolló en un aula, con la presencia del reponsable del colegio, Máximo Avellaneda, autoridades del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), padres y profesores, el cardenal, que supo transitar los pasillos de El Vaticano señaló, dirigiéndose a los niños: “portándose bien, ayudando a la familia y rezando, como acaban de decir ustedes mismos, se puede comenzar un camino de santidad”.

Una clase participativa con chicos tucumanos

El contacto con los alumnos fue uno de los momentos más emotivos, porque se dio una charla muy natural con ellos. Los chicos abordaron temas diversos que hacen a la fe católica, pero también problemas que tienen que ver con su formación desde la familia.
Monseñor Mejía les señaló los peligros que afronta esta institución social a causa de los constantes ataques que recibe desde el exterior.
Instó a rezar en el seno familiar y a comprenderse mutuamente.
También les preguntó a los niños lo que significaba ser religioso, sobre los sacramentos y mandamientos, entre otros temas.

En todo momento hizo gala de su buen humor y resaltó las virtudes de los santos a los que aludió. Además explicó la abreviación del proceso que derivará en la beatificación y posterior canonización de Juan Pablo II, su gran amigo.

Un obsequio

En la parte final de la visita, el cardenal recibió un obsequio de parte de las autoridades. En ese momento invitó a un niño y una niña para que abrieran el presente.

Cuando descubrieron un denario de tiento y metal, el religioso hizo gala de su buen humor y sacó un rosario de madera, que compró en Jerusalén, para contar que no utilizaba elementos de metal porque en un aeropuerto norteamericano hizo sonar la alarma de detector de metales. Sin embargo, agradeció el presente.

Guardián de libros y tesoros inimaginables

La llegada del cardenal Jorge María Mejía al Colegio San Pablo Apóstol, lo llevó de inmediato a una concurrida biblioteca que esperaba la bendición. El nombre de esa instalación destinada al saber no era una casualidad: “Biblioteca Padre Augusto Etchecopar”.

Monseñor Mejía hizo un paralelismo con su actividad en la Santa Sede para destacar el valor de los libros y de su utilización.

En diálogo con EL SIGLO evocó esa actividad al afirmar: “Estuve seis años como responsable de la Biblioteca de El Vaticano. Tuve que guardar la palabra escrita y muchas cosas más, hay verdaderos tesoros allí, lo que es una doble responsabilidad no sólo por el contenido de las cosas, sino porque la gente debe tener acceso a ellas”.

Acotó al respecto que la Biblioteca Vaticana recibe a cien personas por día. Sobre su trabajo, manifestó: “publicábamos cosas que descubríamos y se lo sigue haciendo. Tratábamos, en la medida de lo posible, que algunas de las cosas que teníamos fueran a exposiciones en todo el mundo, para ser conocidas de cerca.

Eso era peligroso por los viajes y los costos de seguridad y de transporte que eran carísimos”, recordó el prelado en una charla sin desperdicio.

“Villalba fue mi alumno, pero ahora debo aprender de él”

En una parte de la charla desarrollada en el establecimiento educativo de Yerba Buena, moseñor Mejía preguntó quién era el arzobispo de Tucumán.
Al responderle los pequeños que se trataba de Luis Villalba, reconoció: “fue mi alumno, pero ahora debo aprender de él”.

Posteriormente fue recibido en el Arzobispado y más tarde ofició una misa conjunta con monseñor Villalba en la Catedral.

En el sermón, el guía espiritual de los tucumanos abogó por la beatificación de Augusto Etchecopar y recordó de manera elogiosa haber sido alumno del cardenal visitante.
Spanish El cardenal Jorge Mejía visitará la provincia y concelebrará una misa
Jun 17, 2005
El cardenal argentino Jorge Mejía arribará a Tucumán, procedente de Roma, el próximo viernes 17 del corriente.

(elsigloweb.com, 15 de Junio de 2005) En su estada en el país, visitará a familiares y ha accedido a celebrar una misa en la iglesia Catedral de nuestra ciudad, el mismo viernes a las 20.30, en forma cocelebrada con el Arzobispo Monseñor Luis Villalba, en la que se rogará por la pronta canonización del Siervo Dios, Padre Augusto Etchecopar.

Amigo personal, durante muchos años del Papa Juan Pablo II, monseñor Mejía nació en 1936 y se ordenó sacerdote en 1945. Estuvo al frente de la Biblioteca del Vaticano, hasta hace dos años, cuando se retiró para jubilarse a los 80 años.
En su prestigioso currículum como sacerdote, obispo y cardenal, Mejía fue: -Profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina.

-Secretario de la Sección Ecumenismo del Concejo Episcopal Latinoamericano.
-Perito en el Concilio Vaticano II.
-Secretario de la Comisión de la Santa Sede para las relaciones religiosas con el Judaísmo en el secretariado para la unión de los cristianos.
-Vicepresidente del Pontificio Concejo Justicia y Paz designado por el Papa Juan Pablo II.
-Secretario de la Congregación para los Obispos y Secretario del Colegio Cardenalicio.

El cardenal Mejía presidirá la conferencia de prensa en los salones del Garden Park, de avenida Soldati al 300, el próximo sábado 18 del corriente, a las 11.30, junto a la Comisión de la Causa de Canonización del Siervo de Dios, Augusto Etchecopar.
Spanish “No creo que haya guerras de religión, ni que vaya a haberlas”
Apr 13, 2005
A pesar de los graves conflictos que existen entre lo occidental y lo oriental, el cardenal Jorge Mejía desestima que el mundo se encamine hacia una guerra religiosa. Entrevista al cardenal Jorge Mejía.

(La Nación, 12/1/2005) ROMA.– Nacido en Buenos Aires en 1923, Mejía ha sido profesor y director de la revista Criterio y participó en el Concilio Vaticano II. Fue secretario del Departamento de Ecumenismo del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) hasta que fue nombrado secretario de la comisión para las relaciones religiosas con los judíos. También fue vicepresidente de la comisión Justicia y Paz a partir de 1986. Desde 1998 hasta su jubilación fue director de la Biblioteca Apostólica y del archivo secreto vaticano

El cardenal Mejía fue compañero de estudios de Juan Pablo II, con el que mantiene una relación personal. Con casi 82 años, conserva una memoria y una agilidad mental envidiables que, unidas a su cultura y un sutil sentido del humor, vuelven estimulante todaconversación con él.

–La Iglesia tiene una tradición de mediar ante la perspectiva de conflictos. En el reciente caso de Irak, hasta último momento Juan Pablo II intentó evitar la guerra. Parecía que el viaje del cardenal Etchegaray iba a dar resultado pero fue en vano. ¿A qué lo atribuye?

–El Papa no mandó sólo a Etchegaray a hablar con Saddam Hussein. También mandó a Laghi a hablar con Bush. Y no fue una mediación porque la mediación es una cosa muy concreta, jurídicamente, sino un empeño por la paz. La Iglesia trata de que los conflictos entre las naciones no se resuelvan con las armas sino que prevalezcan medios más adecuados. No había una guerra entre Irak y los Estados Unidos sino un proyecto del Bush de cambiar la situación de un país con la violencia. Una situa ción que ellos habían construido, porque ahora está claro, y lo estaba desde el principio, que las famosas armas de destrucción masiva no existían.

–¿Por qué la Iglesia no tuvo éxito?

–Había una decisión ya tomada de resolver esa situación con la fuerza. El Papa no fracasó, sino que no consiguió detener semejante proyecto, a pesar de que con él había una serie de naciones. Francia se opuso a la guerra, Alemania también…

–Durante el conflicto del Beagle la mediación papal sí dio buenos resultados.

–La Santa Sede siempre prefirió excluir el término "mediación". Fue simplemente una manera de obtener que las dos partes negociaran directamente.

–¿Usted cree que fue porque ambos países eran católicos o porque hace 20 años la Iglesia tenía mayor influencia política?

–La razón es que, en aquel momento y en aquel lugar, América latina, la Santa Sede gozaba de enorme autoridad. Cuando el nuncio Pío Laghi, que estaba en Buenos Aires, le sugirió al nuncio en Chile que interviniera la Santa Sede, éste habló con el gobierno chileno y estuvieron de acuerdo. No hubo que convencer a nadie. El éxito se debió al respeto del cual gozaba, y creo que del que goza todavía, la Santa Sede en esa parte del mundo. Mucho más del que goza en los Estados Unidos y, me temo, en Europa, a pesar del enorme prestigio personal del Papa.

–En los últimos años, algunas comunidades de inspiración católica han tomado un papel más activo en la mediación internacional. Es el caso de la Comunidad de Sant’Egidio. ¿Esos éxitos se deben al corte católico de estas comunidades o a la habilidad individual de sus miembros?

–A las dos cosas. La comunidad de Sant’Egidio nace por otros motivos, pero a raíz de las relaciones que hicieron en las grandes reuniones que organizan se dieron cuenta de que podían intervenir en algunas cuestiones. El primer ensayo fue el de Mozambique, que salió bien. Otros no han salido bien, como el de Argelia, pero eso no los ha paralizado.

–Durante muchos años usted ha sido secretario de la comisión de la Santa Sede para las relaciones religiosas con los judíos y ha vivido y viajado extensamente por Medio Oriente. ¿Qué soluciones ve para la cuestión de Israel y los palestinos?

–La única vía posible es una negociación bilateral en la cual cada una de las partes esté dispuesta a renunciar a algo, como sucede en toda negociación. Las renuncias, en este caso, son sumamente duras y difíciles.

–La idea de un Estado palestino ha sido rechazada por Israel. ¿Palestina tendría que renunciar a ser un Estado?

–Eso es imposible ¿Qué hacen si no tienen un Estado?

–¿Se convertirían en ciudadanos de segunda categoría?

–Exacto. Creo que los israelíes están cada vez más convencidos de que hay que encontrar una salida para que ese grupo humano tenga un estatuto internacional garantizado, o sea, un Estado. He oído decir a amigos judíos que eso es inevitable. Al gobierno le gustará o no, pero hay que encontrar una manera de que se realice. La cuestión es cuáles serán los límites, hasta dónde va a renunciar Israel a las colonias.

–Después del 11 de septiembre del 2001 se avivó el peligro de un choque de civilizaciones. ¿Cómo evitar que esta lucha sea vista como una guerra de religión?

–Yo no hablaría de un conflicto de civilizaciones, porque el estado en que el mundo se ve a sí mismo tiene demasiados puntos en común para que ésa sea la razón de un conflicto. Hay una reacción en quienes no quieren ser nivelados totalmente con lo que podemos llamar occidental, pero que yo llamaría más bien consumista, secular y ajeno a toda dimensión religiosa. Por eso uno de los eslóganes de la "otra parte del mundo", si lo dividimos así, es que Occidente está totalmente corrompido. Por su lado, la parte, digamos, norteamericana llama Satanás a la otra. No habiendo, me parece, la perspectiva inmediata de una guerra de civilizaciones, hay, sin embargo, momentos muy serios de conflicto. ¿Cómo entraron las religiones en esto? En el lado oriental, si usamos ese término aunque sea inadecuado, lo religioso importa mucho más que en la otra parte. A pesar de que todo el mundo esté muy secularizado, basta ir a China, a Japón o a la India para ver que la realidad religiosa tiene una presencia pública y social que lo cristiano tiene cada vez menos en Occidente. Esto último hace difícil una guerra de religión. Dicho esto, no cabe duda de que hay elementos religiosos en el conflicto. Del lado occidental, por suerte no se está usando la frase: "Defendemos una civilización cristiana" o, por lo menos, yo no la he escuchado. Esto se oía en la Argentina durante los gobiernos militares, que decían: "Nosotros somos el Occidente cristiano", cosa que siempre he criticado. De modo que no, guerras de religión como tales, como las que hubo en Europa después de la Reforma, hasta la Paz de Westfalia, no hay, ni creo que vaya a haber. Ni tampoco creo que el islam decida, en nombre del Profeta, invadir Occidente.

–Entonces usted no considera que la Iglesia esté bajo un ataque del islam.

–No. Con todo, no se puede olvidar que el primer ataque contra el Papa, un ataque terrorista, vino de esa parte del mundo.

–Llevado a cabo por un turco…

–El señor Agca es musulmán. Qué hubo detrás no se sabrá nunca con precisión. Yo creo que el Papa lo sabe, y posiblemente lo va a dejar escrito.

–En la Constitución de la Unión Europea, tras muchos esfuerzos de la Santa Sede, se decidió no incluir la mención de las "comunes raíces cristianas" del continente.

–Muchos en la convención hubieran querido una referencia a las raíces cristianas. De hecho, se progresó, porque primero no había nada; luego hubo una referencia a los acuerdos que los diferentes países tienen con las instituciones religiosas y se nombraron las iglesias cristianas. Después hubo otro progreso: que se hablara en general de "los orígenes culturales y religiosos", aunque sin llegar a lo cristiano. De modo que no se trataba de una neta oposición en todo. ¿Por qué no salió lo cristiano? Entre otras cosas, porque algunos no lo consideraban importante y no veían por qué tenía que haber una referencia especial. Otro punto es que la mención de las raíces cristianas podría haber sido vista como un límite a la libertad de los organismos decisivos para resolver cosas que el cristianismo, y sobre todo el catolicismo, no aceptan. Las uniones homosexuales, por ejemplo, o la libertad absoluta en la intervención en la procreación, con la consecuente muerte de los embriones, o la cuestión del aborto. Yo mismo pensaba que, de haberse nombrado las raíces cristianas, pero con todas estas posibilidades abiertas, se hubiera creado una situación equívoca, por no decir hipócrita.

–A la vez, se le está abriendo el camino a la entrada de Turquía en la UE…

–También eso podría crear un problema, aunque Turquía está construida sobre la civilización bizantina, de la cual quedan rastros.

–A partir de los años 70 la Iglesia incorporó también comunidades y grupos de "izquierda católica"…

–¿Incorporar? Podemos decir que surgieron, pero fueron muy resistidos.

–Lo que quiero decir es que hoy en día parecen estar tomando pie las agrupaciones más conservadoras, como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.

–El Opus Dei, ahora y desde hace ya bastante tiempo, no tiene prejuicios excluyentes.

–¿Y los Legionarios de Cristo?

–Son una cosa muy especial, y sobre todo los daña el nombre, porque da la impresión de una cosa militante. Ahora bien: hay que entender de dónde viene este nombre. Conozco al fundador, pues fuimos compañeros acá cuando éramos estudiantes. Ellos vienen de la guerra contra la Iglesia en México, que se volvió muy militante, hasta el punto de que algunas personas pensaron que se exageraba. Me refiero a los famosos cristeros. Ahora, que se los pueda considerar del todo conservadores, ¿qué significa eso? Yo diría que están muy convencidos de su importancia, no sin motivos, pues tienen muchísima gente y muchísimas instituciones. Algunos dicen que lo que les importa es el poder, pero creo que se exagera.

–¿No cree que esto podría alejar de la Iglesia a los católicos más moderados?

–Puede crear dificultades, pero alejarlos no. Además, se puede decir que si algunos se alejan, otros se acercan. Por ejemplo, ahora el Opus Dei acaba de organizar en su facultad de medicina de Roma un diálogo nada menos que con los hombres de ciencia israelíes sobre los temas más delicados, o sea, sobre la intervención en la procreación, sobre el aborto y sobre la eutanasia. Y la cosa ha salido bien.

–En el pasado, los jesuitas eran los educadores por excelencia de la Iglesia. Hoy, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo parecen estar tomando ese papel. ¿Esto podría llevar a una Iglesia mucho más conservadora que la de hoy?

–Yo preguntaría qué significa una "Iglesia conservadora", qué conceptos se esconden detrás de ese término…

–Un catolicismo menos abierto…

–¿Abierto a qué? ¿Abierto al mundo? Cuando los jesuitas educaban al mundo, el tema era la Reforma protestante, y los temas que ésta había traído a Europa, pero sobre todo a América latina. Eso hizo bien. Educaron a gente que sería más o menos "cerrada", si usamos esa expresión, pero que eran cristianos de veras. Por lo menos, hasta un cierto momento. El Opus Dei y los Legionarios tienen universidades de muy buen nivel. Que creen gente menos abierta es un peligro que existe, pero siempre hay que ver qué significa eso…

–A mucha gente, organizaciones como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo le inspiran cierta desconfianza. Según el libro "Voto de silencio" (J. Berry y G. Renner), los legionarios hacen la promesa de no criticar a su orden y denunciar a los que lo hacen. ¿No le parece que este tipo de obligaciones pueden inducir a pensar mal?

–Lo primero es ver si eso es verdad. Canónicamente sería muy difícil admitir un voto de ese tipo.

–No sería un voto, sino una promesa.

–Una promesa es más posible, pero aun así… Toda comunidad trata de defender su propia identidad, eso es bastante lógico, ¿no? Pero hay que ver cuáles son los límites. Y si eso, en ciertas circunstancias, no es útil u oportuno. No digo necesario. Pero cuando la Iglesia es atacada, tiende a asentar sus defensas. Lo que me parece más importante en todo esto es que todas esas nuevas comunidades tienen un primer principio, que es la fidelidad al Papa. La personalidad del Papa es de extraordinaria apertura, y eso hace que ninguna de estas comunidades admita, o pueda admitir como principio, un "nosotros eso lo excluimos".

–Hace instantes usted mencionó la ciencia. La Iglesia tiene posiciones opuestas a la comunidad científica internacional: la investigación genética, el uso de embriones... ¿Cuánto puede la Iglesia seguir diciendo no a un progreso que sigue adelante?

–La Iglesia no le dice no al progreso. Le dice no a un cierto tipo de aplicación de la ciencia, y no al estudio. Esa aplicación es la que no tiene en cuenta la estructura natural y constitutiva del ser humano y sus actividades. Ese es el problema, y ahí no se va a decir nunca que sí, porque no se puede negar lo que es la defensa del hombre mismo. Si la Iglesia se opone al aborto es porque se opone a que se mate gente. Se puede decir: "¿Quién sabe si el feto es un ser humano?". En eso, la ciencia dirá que sí o que no, y la cosa está muy discutida. Pero matando un feto se mata a un ser futuro, o a un ser actual. Y a eso nunca se le va a decir que sí, porque está el quinto mandamiento en contra. Lo mismo pasa con la eutanasia: a nadie le corresponde decidir la muerte de las personas, porque la vida de las personas depende de Dios y de la persona misma, conforme a la ley de Dios, no conforme a su propio gusto y decisión. El límite no es la ciencia y su progreso; el límite es otra cosa, superior a la ciencia y que está más allá de la ciencia. En eso nunca se va a volver atrás, ni se ha vuelto atrás, que yo sepa...

–Pero ¿no cree que así la Iglesia se va a alejar del mundo real y va a terminar perdiendo influencia sobre las personas?

–¿Por qué no lo decimos al revés: que es el mundo real el que se aleja de la verdad que la Iglesia representa, que eso aleja a las personas? Aleja a algunas personas, pero le da la posibilidad a otras de reconocerse como lo que son.

–Muchas personas se definen hoy como cristianas, pero no comparten ciertos artículos de fe, como el infierno, la vida eterna o, en lo más práctico, la necesidad de una anulación para volver a casarse. ¿Cómo definiría usted a estos neocristianos ?

–O se es cristiano o no se es. Ese es el primer principio. Si se es cristiano, se aceptan una fe, una disciplina y unos sacramentos determinados, no porque sean una imposición, sino porque esto pertenece a la propia decisión interior. Con todo, la Iglesia tiene una vocación necesaria y constitutiva de misericordia y no echa a la gente si no cuando no hay más remedio.

–Durante su gestión como bibliotecario apostólico y jefe del archivo secreto vaticano usted le dio mucha importancia a la incorporación y uso de la tecnología y de Internet. ¿Cree positivo el hecho de que más y más personas tengan acceso a tanta información sin restricciones?

–No hay ningún medio para impedirlo. En Internet sale cualquier cosa. No hay que creer que la infusión masiva de conocimientos e información vuelva a la gente necesariamente mejor. Esa es una ilusión iluminista, aunque tiene un elemento verdadero, o sea que es mejor que la gente no sea ignorante. Creo que hoy la gente está indigestada de información y ya no es capaz de discernir qué está bien y qué está mal en la información que se le da.

–Están de moda las novelas de suspenso inspiradas en temas esotéricos y sociedades secretas, como "El código Da Vinci" y otros. ¿A qué atribuye este interés?

–Ese libro es una sucesión de cuentos chinos y, posiblemente, además, un mediocre plagio. Por eso no pienso perder mi tiempo leyéndolo. Ahora, ¿por qué a la gente le interesa lo esotérico? Porque el ser humano tiene una cierta curiosidad, que se puede calificar de malsana, por todo lo que es extraño, fuera del horizonte normal, y que a la vez teme, aunque le atrae. Esta es una actitud psicológica conocida, que creo que está presente desde que empieza este mundo. Lo que pasa en el pecado original es exactamente eso, un "vamos a ver qué es esto que se nos prohíbe".

–Muchos consideran que hoy la Argentina tiene un gobierno de izquierda. ¿Está de acuerdo al respecto?

–Sé muy poco de todo eso. Que hay una cierta tendencia favorable a lo que se llama la izquierda es verdad, por lo menos todo el mundo lo dice. Hablo de la Argentina siempre con temor, porque no vivo ahí y la conozco poco. Por un lado está la miseria, que es terrible. Y después hay una especie de aflojamiento, eso sí, de lo que son los criterios de una convivencia social normal. Eso, en la Argentina, tuvo importancia. La religión era un elemento, pero no era todo. Y eso es lo que me parece que ahora falla. Además, se ha establecido una cierta tolerancia para cierto tipo de cosas. Lo oigo decir de los piqueteros o con relación a los secuestros. Hay una cierta tolerancia o complicidad por parte de instituciones que deberían impedir, controlar y remediar los excesos.
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