El Cardenal Castillo Lara
Oct 29, 2007
Parà Vicente Carrillo-Batalla L.
(eluniversal.com, 2007/10/29) Fue un ardiente defensor de la virtud y moral cristianas, dispuesto a prodigar bondad
Muchos al percibir tan natural sencillez, aunada a su carácter jovial y dilatada cultura, no atinaban sin embargo descubrir en aquel pastor de almas nacido en Güiripa, la gigantesca figura de acrisolados méritos y proyección universal que fue el Cardenal Castillo Lara. Su reconocida humildad se expresaba en aquella actitud tan suya de poner a un lado cualquier exaltación a sus grandes merecimientos. Fue un ardiente defensor de la virtud y moral cristianas, siempre dispuesto a prodigar su infinita bondad en beneficio de los más necesitados.
Encuentro afortunado
Nos conocimos en la antesala de nuestro común amigo y también Príncipe de la Iglesia, John Cardinal O'´Connor, a quien ambos solíamos recordar con sincero afecto y compartida admiración por su excelsa labor pastoral. Fue aquel un encuentro afortunado al que también acudió monseñor Ignacio Velasco, de grata memoria y para entonces arzobispo de Caracas, quien por iniciativa nuestra donaba una hermosísima imagen de la Virgen de Coromoto a la Arquidiócesis de Nueva York. Es Ud. -dirá O'´Connor a Castillo Lara- una de las grandes figuras de la Curia Vaticana, a lo cual responderá el Cardenal: nada de eso, Eminencia. Sin duda no fue aquel un gesto de falsa modestia.
No erraba O'´Connor, pues Castillo Lara había ocupado posiciones de elevada responsabilidad al lado de los papas Paulo VI y Juan Pablo II, entre las cuales destacaremos la Secretaría de la Pontificia Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico y la Presidencia de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, ambas ejercidas con brillo según el testimonio de voceros calificados de la Sede Apostólica.
Con acierto y energía
A finales de los 90, cuando abordábamos temas venezolanos, Castillo Lara se mostraba excesivamente prudente. He vivido muchos años fuera de Venezuela -solía decirnos- y por tanto no debo opinar. Pero las circunstancias le obligarán más adelante a pronunciarse con acierto, energía y sobre todo gran coraje en defensa de la verdad, la democracia y los derechos humanos, dejando así un testimonio más de amor por Venezuela y su Iglesia Católica.
Tuvimos pues la inmensa fortuna de conocerlo y tratarlo en la intimidad familiar, en ocasiones y circunstancias que dejaron honda huella en nuestros corazones. Y así el ejemplo que nos deja su apego a la causa del Evangelio y su extraordinario desempeño ministerial, mantendrán en nosotros el vivo recuerdo de su venerable imagen y del privilegio de su amistad.