Rosalio José Cardinal Castillo Lara, S.D.B. † Rosalio José Cardinal Castillo Lara, S.D.B. †
Function:
President Emeritus of Vatican City State, Roman Curia
Title:
Cardinal Priest of Nostra Signora di Coromoto in S. Giovanni di Dio
Birthdate:
Sept 04, 1922
Country:
Venezuela
Elevated:
May 25, 1985
More information:
www.catholic-hierarchy.org
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Spanish El gobierno "más nefasto que ha tenido Venezuela"
Jul 23, 2005
En el cardenal Rosalio Castillo Lara se resume, como nunca antes, aquel refrán de "a Dios rogando y con el mazo dando". Primero, dice él, la oración, "pedirle a Dios que nos libere de este flagelo".

(El Universal, 17.07.05) Luego un verbo directo, sin esguinces ni equívocos, "este es el más nefasto gobierno en la historia de Venezuela", y finalmente la acción, el desconocimiento del régimen mediante el artículo 350 de la Constitución.

Presto a la respuesta inmediata, el único cardenal venezolano, retirado en los campos de Güiripa, pero nunca callado, se somete encantado al interrogatorio y dice su verdad con tal desenvoltura que descalifica las elecciones organizadas por el CNE "como una pantomima en la cual nadie puede confiar".

El presidente Chávez dijo haberle advertido al nuncio apostólico, a propósito del documento emitido con motivo de la asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal, que los obispos venezolanos permanecen desconectados de la realidad y no la quieren aceptar.

La opinión según la cual no quieren aceptar la realidad la confirmo plenamente porque creo que la mayoría de los venezolanos pensantes se niega a aceptar esta realidad. En eso estamos de acuerdo. Ahora, esa opinión demuestra que él no leyó el mensaje de los obispos, muy bien escrito y articulado y cuya raíz está en un llamado a la reconciliación, a la paz y a la armonía. Pero para llegar a eso se deben reconocer todas las desviaciones que se han producido y que deben ser corregidas.

El llamado a la reconciliación no es óbice para señalar un alto número de eso que usted llama "desviaciones".

La reconciliación no puede convertirse en un hecho superficial y debe estar basada en el cambio de determinadas actitudes y comportamientos que son netamente antidemocráticos y violadores de los derechos humanos.

En el documento los obispos denuncian una "legalidad injusta" y advierten que "si llegáramos a poner como objeto de fidelidad, no el derecho y la ley, sino un determinado proyecto político, habríamos acabado con el Estado de Derecho". ¿Cree usted que hay Estado de Derecho en Venezuela a pesar de todo o ya dejó de existir?

Permítame que me ría porque desde hace mucho tiempo vengo diciendo que aquí ya no hay democracia ni Estado de Derecho. Lo que tenemos es un barniz de democracia. Esas leyes aprobadas por una débil mayoría, pero mayoría al fin y al cabo, contra la Constitución, según la cual las leyes orgánicas deben ser aprobadas con una mayoría cualificada, no representan ni la justicia ni el derecho, sino el modo de llegar a una finalidad opresiva. En ese sentido me viene a la memoria el salmo en el cual Jesús reprocha a quienes dictan injusticias en nombre de la ley. De manera que estamos ante unas leyes injustas.

Usted habla de "una finalidad opresiva". ¿Entendemos ese término como "dictadura"?

Ciertamente. Yo estoy convencido que aquí hay una dictadura. Antes de que Chávez fuera elegido yo le dije al presidente Caldera que era un hombre peligroso, un pichón de dictador. Y él, desde el principio, con su modo de expresarse y de actuar, dejó claro que en la raíz de su proyecto está la dictadura.

Pero en la historia hay muchos tipos de dictadura.

Hablo de dictadura como ejercicio despótico y arbitrario del poder concentrado en una sola persona.

Sin embargo, el Presidente le dijo al nuncio que "no ha habido gobierno en Venezuela que haya estado más cerca del mandato de Cristo redentor que el gobierno bolivariano".

(Risas) Ante todo él apunta hacia su objetivo, que no es favorecer a los pobres sino la concentración de poder. Está claro que los más necesitados no se benefician con las misiones porque darles una limosna es mantener, perpetuar, la pobreza. De manera que él parte de un equivocadísimo concepto al pregonar su obediencia al mandato de Cristo. Al contrario, creo que el suyo es el gobierno más nefasto que ha tenido Venezuela desde que existe como república.

¿Cree usted que esa situación en que mantiene a los pobres, tomando en cuenta que su discurso los reivindica, es a propósito? ¿Pretende el Presidente mantener a la gente en la pobreza y la ignorancia para someterla o simplemente se trata de un problema de incapacidad e ineficiencia a la hora de gobernar?

No me atrevería a adelantar un juicio sobre una tesis o la otra. Las dos son posibles. Pero ciertamente que esta llamada revolución, al principio veladamente, luego cada vez más abiertamente, ha tendido hacia la concentración de poder en el Presidente. Se pre tende así eliminar todo lo que pueda ser oposición en Venezuela y mantener una situación que le permita gobernar indefinidamente.

¿Cuando usted dice que el Presidente pretende eliminar a la oposición, incluye en esa categoría a la Iglesia?

En cuanto disienta de esos principios, sí. Desde que llegó al poder, Chávez comenzó a tratar de dividir a la Iglesia en la jerarquía, entre los obispos y sacerdotes. Dividirla concediéndole beneficios a algunos, pero sólo a algunos, por debajo de la mesa, mientras que a los otros se los niega. Sólo que ha fracasado en su intento, porque todos los obispos, y subrayo, todos, están unidos en el mismo pensamiento. En la forma de expresarse puede haber una diversidad, pero en conjunto todos están de acuerdo.

Esa opinión que usted ha expresado sobre la naturaleza dictatorial de este régimen, ¿puede considerarse la posición oficial de la Iglesia?

Eso no puedo decirlo porque, aunque soy cardenal, actualmente estoy retirado en el sentido de que no ejerzo directamente y observo las cosas desde adentro en cuanto a cardenal, pero sin poder hablar en nombre de la Iglesia. Quizás es muy prematuro todavía.

¿Prematuro porque en cualquier momento estaría en posición de hacerlo, además de que hay unanimidad, como usted dice, entre los obispos?

Sí, sí. Ciertamente.

Si, de acuerdo con usted, ya vivimos en dictadura, ¿tendremos que resignarnos a permanecer así indefinidamente?, ¿habrá una rebelión popular o es posible participar en las elecciones para lograr el cambio político?

Las preguntas suyas son sumamente importantes y me resulta difícil responder a todas porque requeriría hacerlo por separado. Pero la actitud de los venezolanos debe estar acorde con el artículo 350 de la Constitución. Es decir, el pueblo venezolano fiel a su tradición republicana y a la lucha por la paz, la libertad y la independencia, desconocerá (es decir, considerará que no existe, no aceptará) cualquier legislación, régimen o autoridad que contraríe los valores, principios y postulados democráticos y menoscabe los derechos humanos. Ahora, la actuación del Gobierno está llena de todo eso. Estamos en dictadura porque se han contrariado principios constitucionales y se han burlado las leyes para constituir el CNE y designar los jueces del TSJ. Se trata de graves violaciones que exigirían un desconocimiento.

¿Cómo debería operar ese desconocimiento?

Yo no soy la persona autorizada, competente, para decir cómo se debe actuar, pero habría que hacerlo. Rechazar este gobierno. Desconocerlo. Claro, esto es difícil porque el otro tiene el poder y aquí no están sino las ideas.

¿No cree usted que las elecciones pueden constituirse en una salida política eficaz?

Las elecciones deberían ser el vehículo democrático para poder resolver estas situaciones, pero eso requiere una institución, encargada de celebrar las elecciones, que sea confiable y el CNE absolutamente no lo es. Todo lo contrario, ha sido fraudulento desde que comenzó su actividad, violatoria de la Ley Or gánica del Sufragio. Aquí es tamos ante la expresión de una falsa mayoría creada para el referendo y en ese sentido no habrá elecciones sino una pantomima organizada por el Estado porque, ¿quién puede tener confianza en un CNE como ese? Aun cuando expresa el temor de que en Venezuela nos estemos aproximando al modelo cubano, Castillo Lara sostiene que la Iglesia venezolana no se rendirá ni se plegará al diktat de quien considera un imitador de Fidel Castro.

En los años 60 y 70 hubo en América Latina una suerte de eclosión por una parte del clero que se identificaba con las tesis marxistas y revolucionarias. Esta corriente, conocida como la Teología de la Liberación, fue rápidamente sofocada por el papa Juan Pablo II. ¿No está surgiendo ahora una nueva corriente en la Iglesia por parte de un clero que se identifica, si no con determinadas tesis ideológicas, sí con unos muy sentidos ideales de la humanidad como lo son los democráticos?

La Teología de la Liberación fue condenada por el Papa a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe porque eso era pretender aplicar principios evangélicos para sostener una lucha que en el fondo era política. Y la Iglesia no puede aceptar esa deformación del Evangelio porque aquello no tenía ningún sentido. Hubo algunos sacerdotes que movidos por la situación de pobreza en que se encontraban grandes cantidades de personas pensaron que la lucha armada podía ser una solución. Pero eso es absurdo y la condenación de la Iglesia, así como el fracaso que vino como consecuencia, así lo demostraron. Hoy algunos persisten, pero eso no tienen ningún fundamento porque los principios marxistas en que se apoyaba carecen de toda validez.

Sin embargo, el temor es que estemos marchando hacia una cubanización y que por lo tanto la Iglesia venezolana sufra la misma suerte de la cubana, perseguida y reducida a su mínima expresión.

Tiene razón. Ese es el temor y más que eso un peligro muy cercano porque esa dictadura que gobierna a Venezuela está orientada directamente a establecer aquí una cubanización. De manera que esa dependencia actual hacia Cuba se haría más grande en una imitación, porque lo que se quiere es establecer el mismo régimen que impera en Cuba.

¿Se sometería la Iglesia mansamente a ese destino?

No. Hay tiempos de martirio para la Iglesia. En la URSS y países satélite la Iglesia fue duramente perseguida, reprimida y sin embargo no se sometió ni murió. Tampoco tomará las armas porque no es ese su camino. Pero no se va a plegar a nada ni a nadie.

Si no goza de un apoyo mayoritario, Chávez tiene un importante respaldo popular, pero la inmensa mayoría de los venezolano es católica. ¿No hay allí una contradicción?

La mayor parte de quienes apoyan al Presidente está movida por razones muy secundarias o sentimentales. Porque recibe una limosna o cree que se ocupa de ellos. No andan ellos pendientes de si se está actuando en contra de la fe. Pero puede que lo hagan en un momento dado si la cosa llega a extremos de persecución.
¿Hasta dónde puede llegar la Iglesia en defensa de la dignidad?

Los límites ante los cuales la Iglesia puede detenerse o sobrepasar, tomando en cuenta su papel en la defensa de los derechos humanos, la dignidad del hombre y la reivindicación de los pobres, resultan a veces difusos porque su mandato no es secular sino de carácter espiritual. ¿Hasta dónde se puede llegar en la lucha contra la injusticia por parte de una institución que gobierna las mentes antes que los espíritus?

Se ha expresado usted muy bien y tocó el punto exacto. Ciertamente la Iglesia no puede pasar de una denuncia o de una instrucción. Su papel es expresar lo que debe ser y denunciar lo que está mal hecho y es contrario a principios fundamentales. De ahí no puede pasar. Una acción de congregar, reunir, incitar a determinadas posiciones, no le corresponde a la Iglesia. No puede hacerlo la jerarquía. Eso es potestad de los fieles católicos, que son Iglesia, cuando toman conciencia de sus deberes.

¿No hay una disposición permanente en el Gobierno de retar a la Iglesia en todos los terrenos y es así como ahora pretende despenalizar el aborto mediante la reforma al Código Penal?

No creo que la despenalización del aborto tenga esa intención. Se trata de una corriente relativista que trata de ignorar el asesinato que se comete en defensa de unos pretendidos derechos de la mujer que aborta. Ahora, el reto permanente a la Iglesia es propio de este régimen, que siembra el odio y no puede vivir sin una lucha.
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