Cardenal Bergoglio: El Espíritu Santo disipa la tiniebla de la mentira y la nebulosa de las pseudoverdades
May 24, 2009
El Arzobispo de Buenos Aires explicó que “la mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud antropocéntrica. Un humanismo sutil enemigo del Dios Viviente – y, en secreto, no menos enemigo del hombre- que puede instalarse en nosotros por mil subterfugios”. “Cuando un sacerdote negocia con esta actitud deja de ser pastor de pueblo para convertirse en clérigo de estado, en funcionario”, aseveró.
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, alentó ayer a los miembros de la Conferencia Episcopal Argentina a aceptar y recibir plenamente el Espíritu Santo en el corazón, a fin de que "nos dejemos introducir por Él en el Misterio y nos dejemos enviar por Él como testigos, de tal manera que no configuremos una Iglesia gnóstica o una Iglesia autorreferencial".
"Que por este camino lleguemos hasta el final sin quedarnos en atajos negociando con la 'prudencia' del mundo, prudencia nacida de compromisos con la riqueza, la vanidad y la soberbia. Nuestro pueblo fiel nos reclama pastores, testigos del Misterio, enviados a anunciar a Jesucristo", asegúro en la homilía de la misa de apertura de la 97 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, de la que da cuenta la Agencia AICA.
El cardenal primado del país sudamericano destacó que la presencia del Espíritu Santo “en nuestro corazón disipa la tiniebla de la mentira y la nebulosa de esas pseudoverdades, verdades a mitad de camino, expresiones de cumplimiento (cumplo y miento), expresiones de compromiso con el mundo, que ‘no lo puede recibir (al Espíritu Santo), porque no lo ve ni lo conoce’; expresiones generadas en el espíritu de mundanidad espiritual”.
"Si esta mundanidad espiritual invadiera la Iglesia y trabajara para corromperla atacándola en su mismo principio, sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral”, comentó el Arzobispo. “La mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud antropocéntrica... un humanismo sutil enemigo del Dios Viviente –y, en secreto, no menos enemigo del hombre– que puede instalarse en nosotros por mil subterfugios. Cuando un sacerdote negocia con esta actitud deja de ser pastor de pueblo para convertirse en clérigo de estado, en funcionario", aseveró.
"El Espíritu Santo nos sitúa más allá y nos rescata de este espíritu del mundo, del espíritu de ese “mundo” del cual es más peligroso ser amigo que enemigo. Nos libera de esta trampa que tiende a mundanizar nuestro Ministerio. Él desde dentro nuestro, nos conduce y nos impulsa en dos direcciones diferentes: una hacia dentro pues nos introduce en el Misterio y otra hacia afuera que nos da la fuerza del testimonio", rescató.
"La unción del Espíritu nos recuerda la doctrina y nos la sigue enseñando, develando, a lo largo de la Vida. Nos empuja hacia el Misterio, nos introduce en el Misterio", afirmó el Cardenal Bergoglio, aunque aclaró que "su trabajo en nosotros no es sólo éste sino también empujarnos al mundo, a ese mundo que no quiso recibir al Señor, ese mundo que odió al Señor y nos odiará también a nosotros. "No recibimos al Espíritu Santo para nosotros solos de manera que fomentemos una espiritualidad de autocomplacencia. No lo recibimos para que nuestras comunidades sólo posean y recuerden la Verdad. El Espíritu va más allá y nos envía, desde el Misterio en el que nos introdujo, hacia afuera. Nos salva de una Iglesia autorreferencial. Nos hace misioneros", consideró.