El prólogo del cardenal Bergoglio
Jul 09, 2008
Por Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j.
(La Nación, 8 de julio de 2008) En su ensayo Argentina ciudadana, con textos bíblicos, el rabino Sergio Bergman intenta una tipología bíblica que inspire la base de nuestro accionar cívico y, a partir de ella, elabora los fundamentos de lo que él denomina "espiritualidad cívica". La invitación, además de original, resulta movilizadora de reflexiones con miras al cotidiano trabajo para transformarnos de habitantes en ciudadanos.
El autor describe la espiritualidad cívica como ese estado de maduración alcanzado por una sociedad que logra vivir como verdadera comunidad y despliega, a través de determinados valores, un proyecto de Nación. Tal espiritualidad es creadora del espíritu cívico: esa energía potencial del individuo que nace en un país como simple habitante y se hace ciudadano ejerciendo ?poniendo en práctica con vocación y devoción espiritual ? los ideales y valores comunes de la sociedad proyectada y soñada por todos. El "espíritu cívico" no configura una teoría, un sentimiento o simplemente un plan de acción. Posee todas esas dimensiones y las trasciende en una tensión mutua que las determina y armoniza, pues el espíritu cívico termina expresándose en el triple lenguaje mancomunado de la mente, del corazón y de las manos. Se trata de pensar lo que se siente y se hace, de sentir lo que se piensa y se hace, de hacer lo que se siente y se piensa. La palabra, el sentimiento y la acción resultan una misma cosa, real e indivisa y, a la vez, una actitud que no abandona ni el ejercicio de la libertad ni la responsabilidad del orden social.
Para reflexionar sobre este espíritu cívico, el autor se introduce en la Biblia y rescata una rica tipología: la Creación, Caín y Abel, los jefes de Israel, el Éxodo, el Levítico, el Deuteronomio, etc. De tal tipología, rigurosamente presentada, va deduciendo realidades y actitudes que nos dicen mucho a los argentinos en lo que respecta a la comprensión de nuestra historia y al camino a seguir: la tierra, el fratricidio argentino, los próceres y su recuerdo (muchas veces reducidos a un fin de semana largo), la capacidad de enfrentar la realidad opresiva, la humildad y el servicio como virtudes del líder, la idolatría argentina, la relación entre espacio y tiempo, la elección de valores más que de personas.
Entre estas realidades y actitudes que el autor enumera hay tres que merecen una singular atención: saber y no saber percibir el misterio, la incapacidad de consensuar y el perdón como reconciliación. Respecto de esta última, Bergman hace una profunda reflexión acerca de dos paradigmas bíblicos sobre la capacidad de reconocimiento y darse a conocer, Caín y José: "El abrazo amoroso de José es la antítesis del brazo de Caín que se levantó en violencia fratricida. Es un fluir distinto de emociones, valores, sabores y colores de lo que significa realmente ser humano en esta gran obra de arte en la que nos deberíamos transformar". Señalo de modo especial estos dos paradigmas porque se han entrelazado profundamente en la historia de nuestra patria. Siempre añoramos el abrazo de José..., pero ¡cuántas veces se interpuso el abrazo fratricida de Caín! El encuentro de José y sus hermano, esculpido en el frontispicio de la Catedral de Buenos Aires, sigue siendo un deseo ?tantas veces obnubilado, pero deseo al fin? de ese encuentro, verdadera columna vertebral sobre el que se construirá la espiritualidad cívica.
La elaboración tipológica del autor es teológicamente rigurosa y seria: en ella confluyen la erudición, el pensamiento, la oración y el silencio reflexivo. Por ello resulta tan inspiradora para nuestro ser y quehacer de habitantes que anhelan ser ciudadanos, de hombres y mujeres llamados a plasmar un pueblo. En última instancia, la revelación divina no fue sino un llamado y la manifestación de un amor fiel para configurar un pueblo. Sobre esa realidad y para concluir su obra, Bergman ensaya un "Decálogo de valores para el ciudadano argentino", una suerte de resumen programático de las ricas y profundas reflexiones anteriores.
La lectura de esta obra me hizo bien al alma. Tiene la cualidad de aportar fundamento sólido, riqueza espiritual y siembre de grandes deseos en la construcción de la patria, sin negar ni las raíces ni la promesa y afirmando la necesidad de ser fieles a una alianza.