Mensaje de Cuaresima
Feb 21, 2008
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, con motivo de la Cuaresma (6 de febrero de 2008, Miércoles de Ceniza).
“Si compartimos los bienes del cielo.
¿Por qué no vamos a compartir los de la tierra?”
Como pueblo de Dios comenzamos la Cuaresma, tiempo en el que tratamos de unirnos más a Cristo para compartir el misterio de su pasión y resurrección.
Paradójicamente hay muchos, y muy cerca nuestro, que parecen forzados a vivirla todo el año sin posibilidad de vislumbrar la Pascua. Ya forma parte del paisaje cotidiano ver chicos y grandes revolviendo la basura y buscando algo para apalear el hambre o el frío. El egoísmo, la deshonestidad y la indiferencia condenan a muchos a vivir todo el año un ayuno involuntario y una penitencia obligatoria. Estamos convencidos que ése no es el Proyecto de Dios para sus hijos. El Padre de Jesucristo no quiere el dolor, no quiere el sufrimiento ni la muerte de tantas personas por hambre o desamparo. El sueño de Dios es que todos vivamos en comunión y solidaridad. El proyecto de Dios es que todos podamos compartir los bienes de la tierra, que nadie se quede sin comer, que nadie muera porque no puede llegar hasta un médico, que nadie soporte situaciones infrahumanas; pero lamentablemente el pecado personal y estructural no permite que ese sueño de Dios se haga realidad hoy.
Para los que podemos vivir bien todo el año y podemos experimentar horizontes de pascua, la cuaresma es gracia de Dios que nos llama a mirar nuestros corazones y descubrir si se nos han filtrado actitudes que nos alejan de Dios o nos llevan a un estilo de vida aislado, individualista, injusto o superficial frente a la vida de los hermanos. Es un tiempo para asegurarnos no estar cayendo en el pecado de la mundanidad, de la indiferencia, de la conformidad, o en el de pensar que todo está bien mientras yo esté bien. Un tiempo para adorar a Dios, para ser más solidarios, más honestos, más misericordiosos, más comprometidos con los que lloran y sufren, con los que viven en la soledad y se sienten excluidos. Es un tiempo de gracia para cambiar nuestras actitudes y comprometernos a trabajar sin cansarnos para que llegue el día en que nadie sobre esta tierra tenga que vivir la cuaresma todo el año.
Es un tiempo para orar, ayunar y vivir la solidaridad de tal manera que la cruz se haga más liviana para los otros. Es tiempo para Dios y, desde Él que es Padre, para nuestros hermanos.
El miércoles de ceniza, el evangelio de Mateo (6, 1-6. 16-18) nos plantea tres caminos a seguir: el camino de la caridad que nos habla de “dar limosnas”; que no es dar paternalistamente unas monedas para descansar la conciencia sino saber descubrir al que sufre, al que se siente solo y está desheredado por la vida. Es acoger y ser solidarios con aquel que necesita de nuestro tiempo, de nuestra amistad y de nuestra ayuda. Esta caridad es distintivo cristiano. Toda la vida de Jesús fue una vida de servicio en bien de los más necesitados.
El segundo camino es el de la penitencia: el texto nos habla de “ayunar”. Unos ayunan para adelgazar y estar en forma y otros porque por necesidad no tienen más alternativa que ayunar todos los días. El ayuno es un gesto profético que nos recuerda que los bienes materiales no pueden ser la única meta del cristiano.
Elayuno que a Dios le agrada es el que nos lleva a un mayor compromiso con los valores del Reino de Dios: la justicia, el amor, la paz y la solidaridad. (Isaías 58). La penitencia, además de reparar por nuestros pecados, es una manera concreta de hacernos solidarios con los que más sufren. Renunciar por unas horas al “pan humano” y sentir hambre nos recuerda que el “Pan” verdadero es Cristo y su Palabra. Nos enseña a sentir en nosotros mismos la debilidad de los que se ven obligados a ayunar todo el año sin remedio. El ayuno nos tiene que hacer más sensibles al dolor ajeno, más misericordiosos y por lo tanto más comprometidos.
El tercer camino es el de la oración: La oración que agrada a Dios es aquella que pasa del encuentro personal con Él a una vida consagrada al servicio de los demás. La oración es expresión de apertura, de confianza y de tener necesidad de Dios. El que se siente autosuficiente, no ora, se autocomplace. La oración auténtica exige la transparencia, la coherencia y la autenticidad.
Cada cuaresma es un tiempo de gracia y de poda de todo lo que esteriliza nuestra vida y no nos permite anunciar de modo testimonial un mensaje de esperanza a tanta gente, que desesperanzada, no puede levantar la mirada hacia la pascua.
Como lo venimos haciendo desde hace varios años, el “Gesto solidario de Cuaresma” de nuestra Iglesia en Buenos Aires es una invitación a encarnar el proyecto de Dios en nuestra vida personal y comunitaria desde una actitud visible. El mal se vence a fuerza bien, el dolor a fuerza de amor, la necesidad a fuerza de solidaridad.
Que podamos vivir una semana santa con Jesús en el discipulado de la caridad, la entrega y el sacrificio expresados en la solidaridad efectiva hecha de gestos pequeños de cada día, donde podremos descubrir la discreta y misteriosa presencia del Resucitado, siempre cercano, invitándonos “a la fracción del pan”...con todos.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 6 febrero de 2008
Miércoles de Ceniza