Argentine : Autoriser le mariage homosexuel n’est pas légal
Mar 10, 2010
L’archevêque de Buenos Aires demande au gouvernement d’intervenir
ROME, Mardi 2 Mars 2010 (ZENIT.org) - L'archevêque de Buenos Aires, le cardinal Jorge Bergoglio, rejette, dans un communiqué, la décision judiciaire qui autorise le mariage entre deux personnes du même sexe et demande au gouvernement de la capitale, dirigé par Mauricio Macri, de présenter un recours contre cette décision du juge Elena Liberatori.
« Dans la législation civile argentine, le mariage est considéré comme une entité civile constituée d'un homme et d'une femme, lit-on dans le communiqué du cardinal. La décision d'un juge dans le contentieux administratif qui permet à deux personnes du même sexe de s'unir en mariage est donc contraire à ladite législation ».
« Partant du fait que depuis des époques ancestrales le mariage se fonde sur l'union entre un homme et une femme, le réaffirmer n'a rien de discriminatoire », ajoute-t-il.
« Vu que le pouvoir exécutif de la ville autonome de Buenos Aires est le garant du droit dans la ville, le chef du gouvernement, à travers le ministère public, a le devoir de présenter un recours contre cette décision », conclut le cardinal.
Mauricio Macri avait déjà été mis en discussion par le cardinal Bergoglio en novembre dernier, quand le chef du gouvernement avait fait part publiquement, par le biais de Facebook, de son intention de ne pas présenter de recours face à la décision du juge Gabriela Seijas qui avait autorisé le mariage entre Alex Freyre et José María Di Bello.
Le mariage n'avait ensuite pu avoir lieu suite à une décision contraire de la Chambre nationale concernant les questions civiles. Toutefois il a fini par être prononcé à Ushuaia en Terre de feu, dans l'extrême sud du pays, le 28 décembre dernier.
Des membres de l'entourage de l'archevêque ont précisé au quotidien « La Nación » que leur attitude n'est pas « religieuse, discriminatoire ou fondamentaliste, mais purement juridique », estimant que « défendre l'application des lois pour que ne soit pas commis un acte d'injustice vis-à-vis d'autrui » fait partie de leur tâche pastorale.
AMÉRICA/ARGENTINA - “Vayan a anunciar a Jesús dando testimonio”: dijo el Cardenal Bergoglio en la clausura del XXVIII Curso Internacional de Misionología
Mar 02, 2010
Buenos Aires (Agencia Fides) – El responsable del área de comunicaciones de las Obras Misionales Pontificias (POM) de Argentina, Fabio Rosso, envió a la Agencia Fides una nota sobre la celebración de clausura del XXVIII Curso Internacional de Misionología en Argentina, organizado por las POM (ver Fides 3/02/2010). Este curso ha sido aprobado por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, con el apoyo de la Conferencia Episcopal Argentina, a través de la Comisión Episcopal para las Misiones. El Cardenal Primado de Argentina, Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, presidió en la Parroquia S. María de Betania, la Misa de clausura del Curso de Misionología, junto al P. Osvaldo Leone, Director nacional de las POM en Argentina.
En su homilía el Cardenal habló así a los estudiantes: “Ya han hecho el curso de Misionología, ahora deben ir como enviados, no para hacer proselitismo, sino a presentar a Jesús, esta es una propuesta que es válida sólo cuando uno se juega la vida dando testimonio no sólo con las palabras. Es necesario acercarse a aquellos a quienes les llevo mi propuesta y compartir su propio camino, que corre a veces en dirección distinta al mío”. Luego concluyó: “no han sido enviados a imponer, deben ser humildes y solidarios”. Los participantes al curso 2010 fueron 59: 7 sacerdotes, 10 religiosas, 4 hermanos, 4 seminaristas y 34 laicos. Además participaron 7 Directores diocesanos de las POM; 5 de ellos de Argentina: Corrientes, San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, Rafaela, Rio Gallegos y Orano; 1 de Paraguay: Encarnación, y 1 de Venezuela: Punto Fijo. (CE) (Agencia Fides, 22/02/2010 líneas 18, palabras 260)
Misa POR LAS VÍCTIMAS DE HAITÍ
Feb 24, 2010
Desgrabación del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la misa por las víctimas del terremoto de Haití (17 de enero de 2010)
Señor Embajador de la República de Haití, Excelentísimo Raymond Mathieu, queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio hoy nos pone frente al primer milagro de Jesús. En esta escena tan alegre, como es la de un casamiento, la gente está entretenida charlando, festejando, todo lo que se hace en una fiesta. Sin embargo, a escondidas había un problema. Nadie se daba cuenta pero faltaba el vino. Y ya las jarras se estaban acabando y no había con qué llenarlas. Qué papelón, qué problema.
La Virgen se acerca a Jesús y le dice: mirá el problema. Jesús primero le dice que no es el momento pero le hace caso. Creo que Ella lo había educado de chiquito a mirar la vida de los demás preparando así su corazón humano para ser el hombre que comprende, acompaña, consuela todo dolor y todo problema humano. Y Jesús mira dónde está el problema. Es curioso, después, a lo largo de su vida, siempre encontramos en el Evangelio que Jesús mira a la vera del camino a los que están al borde del camino, a los que se esconden por vergüenza o por miedo. Los que no se animan a estar con los demás porque tienen problemas o porque son leprosos o porque son ciegos o paralíticos, o son pecadores, son considerados como pecadores porque todos somos pecadores.
Y Jesús siempre mira al borde del camino y los llama. Es propio de Jesús esa actitud de mirar a aquellos que están en los extremos en los momentos más duros de la existencia, al borde del camino de la existencia y llamarlos.
Y los ayuda, los cura, los consuela, los fortalece, los hace discípulos suyos. Esa actitud de mirar y acercarse, porque es mirar y acercarse a quien está pasando por problemas, Él nos la enseña a nosotros. En aquella parábola del buen samaritano Jesús no alaba al sacerdote que pasó y dio un rodeo para no mirar el problema en que estaba una persona, no alaba al escriba que pasó y dio un rodeo para no mirar a la persona que estaba allí. Sino que alaba a quien se acerca a donde hay un problema y le dice a la gente que lo rodea: hagan ustedes lo mismo, acérquense donde hay un hermano necesitado, acérquense donde hay un problema. Como la Virgen le señaló dónde había un problema, en el casamiento lo hizo acercar.
¿Y qué nos dice la Virgen, que le dice la Virgen a los que servían la fiesta y a nosotros? “Hagan todo lo que Él les diga”. Y Jesús nos dice: “acercate”. Donde hay una necesidad ahí hay una presencia mía escondida. Soy yo el que estoy sufriendo en esa necesidad, así nos dice el Señor.
Y hoy en esta misa escuchamos que la Virgen nos dice “hagan lo que Él les diga” y Él nos dice “acercate”. No te distraigas, no te hagas el distraído. Mirá a ese pueblo que está sufriendo, a esos hombres y mujeres haitianos, a esos ancianos, a esos niños. Tantos muertos, tantos heridos, tantos que están sufriendo despojados por este tremendo terremoto.
No nos conformemos con leer las noticias del diario o ver por televisión alguna cosa. Acercá tu corazón allí. “Estoy de vacaciones, no puedo…” Un corazón cristiano nunca está de vacaciones. Siempre está abierto al servicio allí donde hay una necesidad, porque sabe que donde hay una necesidad hay un derecho y este pueblo, por ser hermano nuestro, tiene derecho a nuestra atención.
No sé, cada cual verá cómo acerca su corazón. Dejá alguna diversión, ponete en silencio en oración, hacé alguna penitencia para acompañar el dolor de tu pueblo, private de algo y dalo para que puedan tener alimento, medicina, lo que necesitan. Pero ese pueblo es nuestro hermano. Y mi hermano está allí al borde del camino de la existencia, mi hermano está sufriendo y no me puedo hacer el distraído.
Le pedimos a la Virgen que se meta en nuestro corazón y haga lo que hizo ese día con Jesús: “mirá, mirá el problema”. “Y a mí qué me va, yo no me meto”, parece que Jesús le decía y Ella lo empuja.
Que nos empuje a hacer algo: oración, penitencia, limosna, despojo de algo que nos guste, que tengamos en favor de los demás.
Con esa caridad que pasa por la mente, el corazón y toca el bolsillo. Miremos a la Virgen que nos mira a nosotros y nos dice “hagan todo lo que Él les dice”. ¿Y qué nos dice Jesús? No des un rodeo para no ver el problema, como hizo el sacerdote y el escriba de la parábola.
Acercate. Es el dolor de tu hermano, es la llaga de tu hermano. Compartila y llorá con él.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
5º ANIVERSARIO DE LA TRAGEDIA DE CROMAGNON
Feb 24, 2010
Desgrabación de la homilía pronunciada por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en ocasión de misa celebrada por 5º aniversario de la tragedia de Cromagnon (30 de diciembre de 2009)
Estos días que rodean la celebración de la Navidad el tono es precisamente el de esta mujer anciana, de 84 años. Le hablaba acerca del Niño a todos en Israel. Esta mujer movida por el Espíritu Santo, que había visto cosas en la vida. Que había visto triunfos y derrotas, noblezas e hipocresías. Esta mujer que sabía lo que era el dolor y el sufrimiento, sale de sí y reconoce que ese Niño es la promesa de su pueblo, que ese Niño es el que trae la paz, el consuelo, la fortaleza el triunfo definitivo.
Nosotros que hoy venimos a orar en el 5º aniversario de esta tragedia, necesitamos que se nos hable de lo único que puede dar sentido a un sinsentido como el que hemos vivido. Necesitamos de la sabiduría de tantos hombres y mujeres de nuestro pueblo que, como la profetisa Ana, nos digan “éste es el que te va a dar el sentido definitivo a tu sufrimiento, tu dolor”.
Venimos a llorar, llorar por más que esos 194. A llorar por nuestra ciudad que no llora todavía. Nuestra ciudad que no tiene lágrimas de madre para esos hijos que hoy recordamos y para tantos otros que ella abandonó.
Esta ciudad vanidosa, casquivana, orgullosa, coimera. Esta ciudad que maquilla las heridas de sus hijos para que no la hagan sufrir. No las cura, las maquilla. Esta ciudad que esconde a sus ancianos mal alimentados, los arrincona porque no quiere ver el sufrimiento de los que nos dieron la vida.
Ciudad que abandona a sus chicos, que elegantemente los llama “chicos en situación de calle”. Se desprende de ellos y los tira a la calle.
Esta ciudad no llora y porque esta ciudad no sabe llorar no es madre y nosotros hoy venimos aquí a llorar para que esta ciudad sea más madre. Para que esta ciudad en vez de matar, aprenda a parir. Para que esta ciudad sea promesa de vida. LLoramos recordando estos jóvenes que han muerto y le decimos a esta ciudad “mirá, la mayoría de ellos murieron entrando y saliendo para salvar a otros, no se escaparon para salvar el pellejo”. Le decimos a esta ciudad que sea madre solidaria como lo fueron estos chicos que dieron testimonio entrando y saliendo hasta no pudiendo salir más.
El dolor no se va, camina con nosotros. Lo peor que podemos hacer es la receta del espíritu mundano que es anestesiarlos con otras noticias, con otras atenciones, con otras distracciones. El dolor hay que asumirlo como ustedes lo asumen. Ustedes están más cercanos, nosotros los que estamos más lejos, también queremos asumir a aquellos que están muertos, lo tratamos de hacer. Hay que asumirlos y dejar que se añejen en nuestro corazón y se transformen en semilla de fecundidad.
Esta viejita de 84 años que decía “éste es, éste es” se lo decía delante de su madre a la cual un ratito antes le habían dicho que ese chico iba a ocasionarle un dolor muy grande, una espada le iba a traspasar el corazón.
Hoy les digo a ustedes: miremos al Niño. Es el único que puede hacer añejar el dolor en nuestro corazón y transformarlo en sabiduría. Y en el Niño miremos a nuestros niños, los que se fueron y a los adultos que los acompañaron. Y miremos a la Madre. Pidámosle a la Madre, que sabe lo que es sufrir, que haga madre a esta ciudad compadrita, superficial y que le cuesta dar vida.
Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Catedral Metropolitana, ciudad de Buenos Aires, 30 de diciembre de 2009
MIÉRCOLES DE CENIZA
Feb 24, 2010
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires en la misa del Miércoles de Ceniza
(17 de febrero de 2010)
Llama la atención la bondad con que la Iglesia hoy golpea nuestro corazón. La ternura de madre: Volvé a Dios, dejate reconciliar con Dios, no endurezcás tu corazón, escuchá la voz del Señor. Mostrate como sos en la presencia de Dios: pecador… y vaciá tu corazón, hacé lugar para que entre el Señor. Nos habla como madre la Iglesia y quiere que iniciemos este tiempo de Cuaresma con esa meta, caminar hacia el Señor. Al encuentro del Señor. Ese encuentro que se da en nuestro corazón. Y para eso nos dispone este tiempo: para limpiar nuestro corazón de todas esas cosas que distraigan a ese encuentro, que estorben a ese encuentro.
En el Evangelio Jesús nos dice: Miren, no se trata de maquillarse el alma sino de cambiarla… con la limosna… el ayuno… es decir, pensando en actitudes de servicio y de despojo… y con la oración, que es un pedido al Señor. Limosna, ayuno o penitencia y oración. Para hacer lugar en el alma y se produzca el encuentro con el Señor. Pero ojo! No hagan esto para aparentar porque el enemigo del cristiano es la hipocresía; Jesús nos quiere con el corazón abierto, El no puede encontrarse con actitudes hipócritas y por eso nos dice: -“Mirá, limpiá tu corazón de malezas” -Y como Señor? -“Con la oración, la penitencia y la limosna”. Ah… pero cuesta! Y sí… es como arrancar malezas. Así el corazón se prepara para ese encuentro con el Señor.
Vuelvan a Dios, déjense reconciliar con Dios. No endurezcan su corazón, escuchen la voz del Señor. Hagan sitio en el corazón por medio de la oración, la penitencia y la limosna para que venga el Señor. Esa es la invitación de la Iglesia de hoy, al comenzar la Cuaresma; y las cenizas que nos impone la Iglesia nos recuerda la vanidad de toda otra cosa que no sea Jesús, el Señor.
Y nos vamos a acercar a recibir las cenizas con este deseo grande de volver al Señor, de convertirnos al Señor, de no endurecer el corazón, de escuchar la voz del Señor, de hacer sitio en el corazón para encontrarnos al Señor.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, miércoles 17 de febrero de 2010.
Gesto cuaresmal solidario 2010
Feb 24, 2010
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, con motivo del inicio de la Cuaresma
(17 de febrero de 2010)
“Y porque somos sus colaboradores,
los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios”.
( 2 Cor 6,2)
Una de las cosas más desgastantes que nos puede suceder es caer en las garras del acostumbramiento. Tanto a lo bueno como a lo malo. Cuando el esposo o la esposa se acostumbra al cariño y a la familia, entonces se deja de valorar, de dar gracias y de cuidar delicadamente lo que se tiene. Cuando nos acostumbramos al regalo de la fe, la vida cristiana se hace rutina, repetición, no da sentido a la vida, deja de ser fermento. El acostumbramiento es un freno, un callo que aprisiona al corazón, vamos “tirando” y perdemos la capacidad de “mirar bien” y dar respuesta.
¡Estamos en riesgo!. Como sociedad poco a poco nos hemos acostumbrado a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de cada día; y lo que aún es peor, también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor sin que nos produzca nada o, a lo sumo, un comentario superficial y descomprometido. La llaga está en la calle, en el barrio, en nuestra casa, sin embargo, como ciegos y sordos convivimos con la violencia que mata, destruye familias y barrios, aviva guerras y conflictos en tantos lugares, y la miramos como una película más. El sufrimiento de tantos inocentes y pacíficos dejó de cachetearnos, el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos, la pobreza y la miseria, el imperio de la corrupción, de la droga asesina, de la prostitución obligada e infantil pasaron a ser moneda corriente, y pagamos sin pedir recibo aunque tarde o temprano se nos va a pasar la factura.
Todas estas realidades, y muchas más, no son mudas, nos gritan a cada uno de nosotros y nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad, de nuestro pecado… a pesar de que “nos hayamos acostumbrado”.
El acostumbramiento nos dice seductoramente que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que sin embargo sobrevivimos. Por el acostumbramiento, dejamos de resistirnos permitiendo que las cosas “sean lo que son”, o lo que algunos han decidido que “sean”.
La Cuaresma, providencialmente, viene a despabilarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, en nuestro andar por inercia. Las palabras de Joel son una clara invitación: vuelvan a Dios. ¿Por qué? Porque algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia, y necesitamos cambiar, dar un viraje, convertirnos. Sí es posible algo nuevo, sencillamente porque nuestro Dios fiel sigue siendo rico en bondad y misericordia y está siempre dispuesto a perdonar y empezar de nuevo.
Somos invitados a emprender un camino cuaresmal, un camino que incluye la cruz y la renuncia, camino de penitencia real y no superficial, de un ayuno de corazón y no por la ocasión - “Desgarren su corazón y no sus vestiduras” - (Joel 2, 12)
Un camino en el cual, desafiando el acostumbramiento abramos bien los ojos y los oídos, pero sobre todo el corazón para dejarnos “descolocar” por lo que sucede a nuestro alrededor. Cuando miramos con hondura y no nos damos respuestas prearmadas, la vida de nuestros hermanos con sus angustias y esperanzas nos va descolocando y nos pone en un lugar distinto no exento de riesgos. Pero sólo así, ahí, cuando su sufrimiento nos toque hiriéndonos y el sentimiento de impotencia se haga más profundo y nos duela, encontraremos nuestro camino real hacia la pascua. – “A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él”- (2 Cor 5,21)
Sólo como un signo de lo que debe ser nuestra actitud vital de discípulos a lo largo de todo el año se inscribe el gesto Solidario de Cuaresma que realizamos en la Arquidiócesis desde hace varios años. Entrenar el corazón para no mutilar nuestra capacidad de asombro y de dolor; para que la realidad no nos sea indiferente y podamos con gestos concretos experimentar que no “hemos recibido en vano la gracia de Dios”.
Así como lo dije en la Misa por las víctimas del terremoto en Haití, le pedimos a la Virgen que se meta en nuestro corazón, nos señale tantos dolores y nos empuje a hacer oración, penitencia, limosna, despojo de algo que nos guste o que tengamos en favor de Jesús en los demás.
Y recemos unos por otros para que el ejercicio del amor al prójimo nos haga crecer en el amor a Dios, a quien buscamos desde nuestro corazón, a quien adoramos y con quien queremos encontrarnos.
Afectuosamente
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Atribuirle a Mons. JB una influencia decisiva en los nombramientos episcopales desde 1998 sería desconocer el mecanismo por medio del cual se operan estas decisiones: fundamentalmente, la larga selección y las consultas discretas que, naturalmente, toman su tiempo. Sin embargo, no tardó mucho en ir ejerciendo una influencia creciente en la materia, cuyo objetivo, se puede comprobar a la distancia, era formar una curia arzobispal a la medida de sus ambiciones.
Un análisis de la situación eclesliástica argentina debe comenzar por la conformación de la Conferencia Episcopal (CEA), sus diferentes líneas, sus protagonistas y esencialmente los fautores de la arquitectura actual del organismo.
Como punto de partida temporal de nuestro análisis, se impone la asunción a la Sede Primada del actual titular, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, en adelante JB. Esto ocurrió el mes de febrero de 1998.
Piadosamente tímido y callado, austero y sin pompa ni boato, JB era el elegido de sus dos patrones: los cardenales Quarracino, a la sazón Primado de la Argentina y titular de Buenos Aires, cuyos devaneos ideológicos por izquierda y derecha son conocidos. Y el entonces retirado e influyente cardenal Primatesta, (apodado en los tiempos de Paulo VI como “Rojatesta”). Ambos lo pusieron en la carrera del trono archiepiscopal señalándolo para el cargo de “coadjutor con derecho de sucesión” en la sede capitalina.
Atribuirle a Mons. JB una influencia decisiva en los nombramientos episcopales desde 1998 sería desconocer el mecanismo por medio del cual se operan estas decisiones: fundamentalmente, la larga selección y las consultas discretas que, naturalmente, toman su tiempo. Sin embargo, no tardó mucho en ir ejerciendo una influencia creciente en la materia, cuyo objetivo, se puede comprobar a la distancia, era formar una curia arzobispal a la medida de sus ambiciones.
Así pues, se ocupó de “crear vacantes” en la Sede Arzobispal por medio del clásico expediente: “promoveatur ut removeatur”. Las víctimas beneficiadas por esta política fueron Mons. Mollaghan, Mons. Rossi y Mons. Rodríguez Melgarejo, quienes aterrizaron en las diócesis de San Miguel, Concepción (Tucumán) y San Martín, respectivamente.
Por otra parte, Mons Aguer llegó a Auxiliar con derecho de suceción de la Arquidiócesis de La Plata y el Vicario Zonal Mario José Serra (“Serrita”), que junto con Aguer cultivaban una línea más conservadora, en atención a su avanzada edad, se mantuvo en su cargo hasta la edad jubilatoria, a principios de 2002. La paciencia es esencial en los formadores de poder, y JB sabe esperar a sus adversarios.
Otro personaje, esta vez “nebuloso” que fue promovido –otrora poderoso secretario del Card. Quarracino- fue Mons. Toledo, que se vio envuelto en un affaire financiero de proporciones.
Así, pues, desde 1999 ya se puede rastrear la influencia de JB en los nombramientos de obispos auxiliares para la Arquidiócesis. El primer beneficiario fue el viejo párroco de la Inmaculada, en el barrio de Belgrano, Horacio Benítez Astoul, un progresista sin reserva. Esto, naturalmente, disparó los comentarios intra y extra muros. Se buscaba dar la impresión de que el candidato surgía de un clamor del clero diocesano, un acto de justicia. La realidad es que la línea de pensamiento de los auxiliares (salvo poquísimas excepciones) fue siempre la misma. El más rancio progresismo. El nombramiento de Mons. Gentico a continuación, hoy fallecido, confirmó esta sospecha. Todos los candidatos eran de hijos del tercermundismo.
Para sumar datos a lo ya dicho baste agregar que entre 2000 y 2001 obtuvieron su nombramiento personas insospechables de conservadurismo: En 2000, Mons. Lozano, quien luego adquiriera una mediática notoriedad por su “capellanía” del “santuario zapatillesco” de los muertos de Cromañón, luego obispo de Gualeguaychú, donde se unió a los piquetes ambientalistas contra las pasteras uruguayas y a la secretaría de Medio Ambiente de la Nación. El aprovechamiento político que hizo JB de la tragedia que costó casi 200 muertos y que causó la caída del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires es un caso de estudio para academia. Nos referiremos a él en la tercera parte de esta serie.
Otro nombramiento de esta época es el de Joaquín Sucunza, anterior párroco de Santa Rosa de Lima, actual Pro Vicario de la Curia que parece haber quedado auxiliar in aeternum. De él podemos decir que operó decididamente contra la misa tradicional en Buenos Aires. No contra las “versiones oficiales”, tan desconcertantes en horarios, rito y frecuencia, sino contra el crecimiento de las que espontáneamente se fueron dando por pedido de los fieles. Siempre con la táctica de la dilación y la consulta...
En 2001 algunos observadores de línea más tradicional creyeron ver en el nombramiento de Mons. Poli un cambio hacia las líneas moderadas. A poco andar, los hechos demostraron lo contrario. Hoy obispo de La Pampa, donde sucedió a un conservador, Mons. Rinaldo Bredice (esmerilado por varias operaciones clerigo-mediáticas al final de su mandato) desde sus primeras decisiones ha demostrado su voluntad de cambiar completamente la línea de su predecesor, alineándose con la sede primada, sus deseos y proyectos.
Así, la Arquidiócesis de Buenos Aires se ha convertido en un semillero de obispos fieles a JB que llegan a sus sedes según el siguiente procedimiento: nombramiento como obispo auxiliar (a sola propuesta de JB, con la facilitación de los trámites burocráticos y la superación de posibles escollos romanos), pronta promoción como residencial del candidato, nueva vacante y nuevo proceso.
Sin embargo, pensar que la influencia de JB en el nombramiento de obispos queda acotada a los límites de su Arquidiócesis sería desconocer la mecánica de las designaciones y la compleja trama de amistades más o menos condicionales (más o menos aliadas) que JB ha sabido ganarse en Roma. Aún proveniente de esta parte del mundo no particularmente prestigiada, un cardenal elector siempre es bien valorado en la Santa Sede. Y las pruebas de su efectiva influencia surgen de las estadísticas oficiales y públicas, no ya de especulaciones que sería lícito hacer teniendo en cuenta la importancia del poder visible por sobre la superficie: entre los años 1999 y 2009 se nombraron en la Argentina 48 obispos. La mayoría de ellos se encuentran alineados condicional o incondicionalmente con JB. Esto sin considerar las promociones de las segundas líneas, futuros obispos residenciales muchos de ellos.
La destrucción del Club de San Isidro
La Diócesis de San Isidro fue el centro de reunión de un grupo de obispos progresistas que prosperaron particularmente bajo la nunciatura apostólica en la Argentina del fallecido Pío Laghi. (1974-1980). Inclinados a una teología progresista, simpatizantes de las corrientes políticas de centroizquierda, aunque profundamente clasistas por su origen social, obispos como Cassaretto, Laguna, Bianchi di Carcano, Mejía, Franzini, Bargalló, Martínez, Santiago y Olivera fueron seducidos por la prédica concililar que hoy identificaríamos como “hermenéutica de la ruptura” del primer obispo diocesano y destructor material de la catedral sanisidrense, Mons. “Satán” Aguirre.
Durante el apogeo del Club de San Isidro, sus adeptos llegaron a soñar con la Arquidiócesis de Buenos Aires, y para ello promovieron un golpe de palacio que llevara a JB al exilio en alguna oficina vaticana, con más oropel que poderes. Alcides Jorge Pedro Cassaretto, verdadero numen y referente del grupo era el candidato a la Sede Primada. Pero no contaron en sus cálculos dos hechos:
Mons. Ubaldo Calabresi, nuncio apostólico sucesor de Pío Laghi, hombre político, amigo del poder y sin ideologías, culminó su mandato y fue reemplazado por Mons. Santos Abril y Castelló (2000-2003) quien tras haber llegado a estas costas a instancias del Card. Jorge Mejía, se aisló completamente de la CEA y reflejó en sus actos el deseo de pasar lo más rápido que fuera posible a otro destino.
El triunfo de la “Alianza”, frente político de escasa homogeneidad llegó a la presidencia de la Nación bajo la figura de Fernando de la Rúa. Y las principales referentes de esta componenda estaban estrechamente vinculados al Club de San Isidro. El estrepitóso derrumbe del gobierno de de la Rúa arrastró consigo los esfuerzos de la “Mesa del Diálogo Argentino”, instancia clérigo laical promovida por el Club de San Isidro para apoyar al gobierno y eventualmente posicionarse para el post gobierno aliancista.
El fracaso de Club fue el triunfo del JB. El tiempo hizo lo demás. Se llevó al retiro a personajes detestados por la feligresía, como el emérito de Morón, Justo Laguna, cuya figura fue objeto de imitaciones caricaturescas en los medios televisivos y radiales que lograron el aplauso popular. Bianchi di Carcano se extinguió en una diócesis provinciana, en medio de la amargura y el resentimiento. Cassaretto conservó Cáritas y los recursos sociales de la Iglesia, ahora en manos de su discípulo Bargalló, obispo de Merlo-Moreno, sin que diversos escándalos financieros hayan hecho mella en su poder coercitivo, pero privándolo de mayor vuelo.
Y como la venganza es un plato que se come frío, la abominación de la desolación ha caído sobre San Isidro, produciendo un coro de rasgados de camisas “clergi” de la casa Gamarelli. JB ha logrado poner un coadjutor con derecho a sucesión en San Isidro, naturalmente un hombre de su generoso riñón, quebrando así el espinazo de la asociación fundada por Satán Aguirre, el famoso “Club”, que lograba obtener nombramientos episcopales mientras jugaban al tenis con el nuncio Pío Laghi, y probablemente lo dejaban ganar...
Pero si el Club de San Isidro pretendió correr a JB por izquierda, un puñado mínimo de obispos que reconocieron el liderazgo del Arzobispo platense Héctor Aguer intentó acuciarlo por derecha. Los resultados fueron igualmente magros. Aguer logró el nombramiento de su auxiliar (sin derecho de sucesión) Mons. Marino (2003) y ha pretendido trasladarlo sin éxito a distintos destinos desde entonces. El más notorio fracaso fue el de San Miguel, que finalmente quedó en manos de un hombre del riñón de JB, Mons. Fenoy, quien cedió su cargo de Secretario General de la CEA (¿a cambio?) en favor de otro hijo dilecto de JB. Mons. Enrique Eguía Seguí, un hombre de apellido adecuado para San Isidro.
Se dice, y el tiempo lo confirmará, que Mons. Aguer, al ver la imposibilidad de derrotar a JB en su terreno ha decidido pactar las paces, cesar rivalidades y despejarse mutuamente el camino. JB destrabaría el ansiado cardenalato de Aguer, y éste dejaría de hostigar sus maniobras. Toda boda tiene un pato, y en este caso sería Mons. Marino y varios más...
Las nunciaturas y su papel en la historia reciente.
Desde que JB está al frente de la Iglesia argentina se han sucedido tres nuncios apostólicos de dispar valor personal y profesional. Calabresi, que luego de 20 años se retiró. Abril y Castelló, que pasó con pena y sin gloria, retirándose abochornado. Y actualmente, Mons. Adriano Bernardini quien a su llegada al país venía rodeado de un aura de esperanza.
Cierta mitología clerical le asignaba los poderes plenipotenciarios del entonces Secretario de Estado Vaticano, el Card. Sodano, hombre poderosísimo bajo el reinado de Juan Pablo II y aún después. Se decía que desde la Santa Sede se había decidido volcar el peso de la balanza hacia una línea de obispos más conservadora. Hasta es posible que Mons. Aguer haya hecho un gran sacrificio personal para sustentar la consolidación de esta tendencia, que sin duda existió, porque los nombramientos de Oscar Sarlinga (2003) sucediendo al patético Mons. Rey en Zárate-Campana y de Eduardo Taussig (2004) en San Rafael tras la fuga del increíble Mons. Garlatti, actual Arzobispo de Bahía Blanca, ponían en perspectiva una tendencia asupiciosa.
Pero, después de una movida que apoyó generosamente la prensa escrita, y que incluyó viajes a Roma y protestas con sordina, Mons. Bernardini hoy en día se limita a una función protocolar, y no osa interponer su influencia en nada que se oponga a los designios de JB.
Finalmente, los obispos orientales se encuentran alineados con JB, que es su Ordinario, es decir, su superior inmediato, aunque ellos tengan jurisdicción en todo el país. Píensese que de aquí solamente JB tiene la seguridad de cuatro votos cautivos.
Cómputo final
Una rápida mirada a las comisiones de la CEA nos pone al tanto de las verdaderas líneas internas que influyen con mayor o menor poder. Esquemáticamente se individualizan las de Buenos Aires- JB y sus diversos satélites, a la que se sumaría ahora La Plata si es que conjeturamos bien.
San Isidro, que mantiene su coto financiero por ahora, al menos hasta la caída de Cassaretto, pero no puede hacer nada más.
Y la línea Córdoba, donde el progresismo ha reunido la crema de los transfugas, bajo la protección de Mons. Ñañez, cuyas andanzas hemos reseñado largamente en Panorama Católico. En la última reunión del clero cordobés, Mons. Ñañez se deleitó con los devaneos psuedoteológicos del “cerebro” sanisidrense en la materia, el P. Marcelo González, cuyos ripios doctrinales forman ya antologías.
Finalmente, y para cerrar la variopinta estrategia de JB, están los obispos del Opus Dei, que al solo nombre de la Prelatura invitan a pensar en conservadurismo y lucen muy bien a la hora de mostrar pluralidad de pensamiento (como si esto fuese posible en materia de doctrina). Sin embargo, Mons. Juan Alfonso Delgado, de quien nos ocupamos ya en la primera parte de esta serie, promovido en el año 2000, ha sido un fiel intrumento de JB. No solo ha defendido los horrores del nuevo misal argentino (recordemos que la investidura del Opus Dei es una carta de presentación convincente allí donde se simpatiza con lo más conservador) sino que es actualmente activo promotor de la nueva ley de “libertad religiosa”, que dejaría a la Iglesia sujeta al arbitrio de una comisión interreligiosa, quitándole es status de religión protegida por el Estado. Lo más llamativo es que quienes promueven estas cosas son los propios católicos, con sus organizaciones como el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa, con el silencio o el apoyo expreso de muchísimos obispos.
El Club de San Isidro conserva el poder en la Comisión de Ministerios y Pastoral Social. La Plata y su línea “conservadora diluida” tiene la Comisión de Educación y JB maneja por completo la Comisión de la Universidad Católica Argentina y su multimillonario presupuesto (un poco menguado por la gestión de Mons. Zecca, hoy depuesto, pero a la espera de algún premio). Huelga decir que el Secretariado General cuenta con toda gente propia, desde Eghía Seguí hasta el P. Zanchetta.
Mons. Radrizzani, que llegó a la poderosa sede de Mercedes-Luján bajo el auspicio de JB, al negociar por las suyas con el gobierno nacional bajó de vicerpresidente de la CEA a apenas presidente de la Comisión de Comunicación Social. Evidentemente, no conviene enfrentarse con JB. Lección que ya tiene aprendida Mons. Aguer, a quien ahora el Gobierno Nacional busca para favorecer en contra del primado, haciendo gestiones por medio del ex intendente de La Plata, el “Turco” Alak.
El Cardenal Bergoglio, y la imagen de la Iglesia Argentina ante Roma
Jan 08, 2010
Nuestro informante habitual nos ha hecho llegar algunos datos que ameritan un estudio bien profundo de la realidad de la Iglesia Argentina. Nos dice que muchas cosas que para los católicos sufrientes de estas pampas son tan nítidas como la luz del mediodía, en Roma se presentan bajo otra luz, y muy bajo otra luz, de modo tal que parecen lo contrario.
Un Bergoglio “conservador”
Aparentemente, a los pasillos romanos llega siempre la imagen de un Cardenal preocupado por las cuestiones sociales, pero profundamente conservador en materia litúrgica y moral. Un hombre que pilotea la situación frente a un clero hostil y ante una Conferencia Episcopal disparada al infinito progresismo.
Veamos algunos temas: el Nuevo Misal, con sus infinitas imperfecciones y notables empeoramientos ha sido presentado ante Roma como una reforma en el sentido “conservador”. Se ha hecho creer –tal vez quienes tienen que tomar esto en serio sean muy crédulos- que toda la cuestión del “ustedes”, que corona la ya insufrible vulgarización del lenguaje litúrgico en uso en nuestro país, es un cambio “en sentido más tradicional”.
Según cierta hábil pirueta dialéctica, a la que no fue nada ajeno Mons. Delgado, Obispo de San Juan y presidente de la Comisión de Liturgia del Episcopado, la bendición primada a estos cambios y el extraño silencio de Mons. Aguer, hombre que estuvo a cargo de esta traducción durante un tiempo y que ahora parece tan solo conformarse con el “pro multis”, darían cuenta de cierta confluencia de intereses en los que cada uno llevaría su propio beneficio.
Mons. Bergoglio y Mons. Delgado se han entrevistado con el Papa "disfrazados de conservadores": le han dicho que el cambio del "vosotros" por el "ustedes" en el nuevo misal para nuestro país es más bien un giro conservador, ya que la palabra proviene de "vuestras mercedes" por lo tanto implica un trato más respetuoso y digno.
Le ha creído el bueno de Mons. Cañizares, español él, pero poco ducho en la jerga rioplatense y escasamente informado de lo que pasa en este lugar del Cono Sur.
Si hasta han podido engatusar el siempre alerta Mons. Ranjith Patabendige Don, ex secretario de Culto Divino y verdadero amigo de la liturgia tradicional por convicción. Pudieron convencerlo, no sabemos si sigue en el engaño, de que Mons. Delgado es un batallador por la dignidad de la liturgia, casi un tradicionalista...
Se ve que Sudamérica sigue siendo una incógnita envuelta en misterio para los romanos. Y se ve que los nuncios cumplen rigurosamente con su papel de permanecer sin mayores conflictos en sus destinos hasta que por envejecimiento les toque una sede más importante...
Undas non faciant
Mons. Delgado, que funge de conservador (pertenece al Opus Dei) tiene historia como perseguidor del IVE, Instituto del Verbo Encarnado, el cual es tenido –no significa que lo sea- por muy tradicional. Hombre de perfil poco conflictivo, suele transigir ante los poderosos a la hora de mantener una posición cómoda. Se dice que su verdadero lema episcopal sería “Undas non faciant”. Y, como en la pelís de mafiosos, cuando el que gobierna la famiglia y dispone de vida y bienes a discreción está en la plenitud de su poder, lo mejor en no hacer muchas olas. Es más saludable y prometedor.
Pero, existe una conferencia episcopal, una colegialidad, dirá en este punto el lector azorado. El Cardenal Bergoglio puede ser el Primado, sin embargo es uno inter pares. ¿Como podría ser tan poderoso? ¿No es este el mismo Bergoglio que viaja en subterráneo, se codea con la gente y pide que recen por él? ¿El hombre austero que se hace la comida y va a la peluquería del barrio? ¿El que declinó el honor del Sumo Pontificado en el último cónclave?
Sí. Ese es.
También es el manipulador, terrible manipulador, de personas e influencias. Existe la ingenua convicción de que lo único que tienta a los eclesiásticos es el dinero (o el vicio). La mayor tentación de un eclesiástico, de formación jersuítica y cuya carrera fue interrumpida tan misteriosamente como misteriosamente rehabilitada, pasando del ostracismo a la sucesión de la arquidiócesis primada en un par de años, la mayor tentación para un clérigo en estas circunstancias y con este perfil, es el poder...
Así, como su adversario político, el presidente MC. pero en ejercicio del poder, Néstor Kirchner, Bergoglio usa, con más fineza que aquel, por cierto, una estrategia de captación de todos los cargos de poder por medio de sus delegados, gente de su prolífico riñón, aliados tácticos o comprados por la sugerencia de sus encantos. De hecho, el objeto de este estudio es mostrar como se ha convertido en el “papa” de la Iglesia argentina, quien bajo formas muy democráticas en apariencia y el cultivo de un perfil de “hombre santo” normalmente obra con una certeza en la extensión de su poder sobre el cuerpo episcopal argentino que haría las delicias de Nicolás Maquiavelo.
Tan lejos de Roma, tan cerca de... los protestantes, rabinos y masones
Para entender a Bergoglio en su propia clave, hay que entender qué busca. Con cuatro años más de mandato, quizás prorrogables, su actual objetivo es aprovechar este período para sembrar en la estructura eclesiástica nacional, principalmente en la ocupación de diócesis, una pleyade de hombres que son su simiente. Nunca han podido tentarlo con un cargo en Roma. Para otros los oropeles. La Argentina es su coto personal, y es allí donde trabaja y aspira a mantener su poder, incluso desde un retiro que imaginamos bien activo.
Esto solo será posible si deja en los cargos a amigos que le deban la mitra. Amigos que normalmente selecciona de entre los más mediocres, porque Mons. Bergoglio utiliza para sus designios a hombres de poco vuelo. Los brillantes forman sombra y si no los puede alejar a vías pantanosas, los amartella hasta que se quiebran y se entregan, o se retiran, ora por la seducción de una porción de poder, ora por la promesa de no poner piedras en el camino de sus aspiraciones... siempre que estas no se crucen en su camino.
Según mi informante, el caso más notable y reciente sería la captatio benevolentiae de su archienemigo, el Arzobispo de La Plata. Hombre que siendo su subordinado, pero a todas luces de muy distinto pensamiento, le dio salida para una Arquidiócesis que con frecuencia sirve de trampolín para cargos mayores, seguramente en aras de un mal menor. Nadie ignora las aspiraciones de Aguer, aunque nadie tampoco puede discernir si se guarda para mejor batalla una vez que esté bajo la sombra del capello.
Mons. Aguer ha sido por lejos el más fuerte crítico de la corrupción generalizada que asuela a la Argentina, una crítica que ha sido más precisa y punzante que los discursos primados, frecuentemente necesitados de hermenéutica especializada. Sin embargo, el Primado es mimado por los medios de comunicación en general (excepción hecha quizás de quienes tienen por misión el eterno castigo de la dictadura militar). Porque, se sabe, el Cardenal ha tenido sus pecadillos y sus esfuerzos por llevar a los altares a madres de plaza de mayo y seminaristas guerrilleros tienen que ver con cierta “purificación de la memoria”.
Sin embargo, Mons. Aguer, es denostado diga lo que diga, inclusive cuando habla de la ilicitud de la deuda externa nacional, tema caro a la izquierda, en tanto que Mons. Bergoglio recibe un inusual centimetraje de prensa, ya sea que hable a los cartoneros, a los padres de familia o a los protestantes pentecostales en el Luna Park.
Hace tiempo Bergoglio cargó con el “Club de San Isidro”, otrora poderoso, le puso cerco a sus aspiraciones de poder y ahora parece haberle puesto sucesión a la Diócesis que le da nombre. Hoy todo indica que ha logrado un acuerdo con quien parecía irreductible, el arzobispo platense, a quien no puede derribar por razones de edad, cultura y por ser largamente uno de los pocos que en la Argentina tiene rango intelectual episcopal. Ha logrado neutralizar ciertas designaciones episcopales que venían con su aval y ahora, misteriosamente, ha hecho que acepte con extraña resignación el horroroso misal nacional, tema caro al corazón del titular de La Plata.
Así, las diócesis provistas por hombres de la confianza de Aguer que fueron la esperanza de los católicos avisados, hace tiempo que no aumentan. Y la suerte de su obispo auxiliar, Mons. Marino, que tuvo a su mano la Diócesis de San Miguel y se la arrebató un hombre de Bergoglio, será la prueba del nueve de la voluntad de pelea que resta en el culto prelado platense.
Creemos que bastará para esta entrega con lo dicho. Muchas diócesis argentinas han de ser provistas en corto y mediano plazo. La propia primada ya, con un coadjutor con derecho a sucesión. Esto ocupa intensamente las preocupaciones de Bergoglio, quien parece haber despejado el camino a un reparto realizado entre gente de su línea y riñón, como para asegurar su influencia decisiva en la próxima década y media como mínimo.
El cardenal Bergoglio y un día en la defensa de la familia
Nov 29, 2009
El Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, había solicitado al arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, una audiencia privada. Días atrás, Mauricio Macri tuvo la oportunidad apelar el fallo de la jueza que autorizó un "matrimonio" civil de personas del mismo sexo, y no lo hizo. Durante la reunión, el cardenal Bergoglio le reiteró a Macri que había faltado gravemente a su deber de gobernante y custodio de la ley. Esa misma tarde, el Cardenal participó de la presentación de un libro en el que jóvenes porteños ilustraron con su testimonio cómo viven y cómo hacen familia.
La reunión fue solicitada por el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, el mismo que días atrás había autorizado y avalado una decisión de una instancia judicial para que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio en la ciudad de Buenos Aires. Atendiendo a su pedido, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, lo recibió en audiencia privada a las 2 de la tarde.
"Durante la reunión, el Cardenal Bergoglio le reiteró que, al no apelar el fallo de la jueza en lo contencioso administrativo sobre el matrimonio de personas del mismo sexo, había faltado gravemente a su deber de gobernante y custodio de la ley", asegura un comunicado del Arzobispado de Buenos Aires. "La Constitución y los Códigos nacionales no pueden ser modificados por un juez de primera instancia. En tal caso corresponde al mandatario del Ejecutivo tomar todas las medidas para que haya certeza de la legalidad del acto, que en este caso no la hay, y de allí surge la obligación de apelar", concluye.
Esa misma tarde, desde las 19.30, en un acto paralelo sin relación pero que refleja la verdadera vocación de los porteños por la familia y por la vida, el cardenal Bergoglio participó de una multitudinaria presentación de un libro en el cine Atlas, de la popular avenida Santa Fe. Colmado con cientos de personas, jóvenes, familias, presentó el libro "Novios inquietos en camino", editado por el grupo Hacer Crecer, renovadora iniciativa eclesial de laicos encabezada por el padre Gustavo Antico, que acompaña el crecimiento de los jóvenes en la vivencia del amor humano.
Recordando algo que le comentaron el Cardenal Bergoglio afirmó que "Dios nos junta para que nos amemos y nos amasemos. Amarse y amasarse. Ayudarse el uno al otro a crecer". "Quizá la misión mas grande de un hombre y una mujer", expresó el Cardenal, es "la de hacerse mutuamente más hombre y más mujer". "Hacer Crecer es crecer en ese amor que nos va moldeando. Por eso el amor es artesanal", reflexionó ante un colmado auditorio, en una de las salas más grandes de Buenos Aires.
De haberse tomado una fotografía desde el techo de la sala, se hubiera advertido una audiencia de cientos de personas encadenadas entre sí. Es que no había pareja de novios o matrimonios que al escuchar las palabras de Bergoglio o de los testimonios matrimoniales no se tome de la mano emocionada, por ejemplo, por la espontaneidad de los niños que correteaban por el escenario o por el relato de la familia con 4 hijos que viaja 400 km sólo para compartir unas horas con jóvenes que recién están empezando a conocerse.
Hacer Crecer es una realidad eclesial nacida en Buenos Aires que propone a los jóvenes retiros para novios, ciclos de reflexión, acompañamiento, y desde ayer, "Novios inquietos en camino", editado por Paulinas Argentina. Hacer Crecer no es una respuesta a lo que ocurre en los tribunales de Buenos Aires y del mundo. Hacer Crecer es la propuesta natural y humana que nace de la vivencia y de la reflexión del amor humano, a la luz de la vivencia y la reflexión del Evangelio.
Misa de Apertura de la 98º Asamblea de la Conferencia Episcopal
Nov 16, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la misa de apertura de la 98º Asamblea de la Conferencia Episcopal
(9 de noviembre de 2009)
“El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. Entonces me dijo: ‘Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”. (Ez. 47:1-2, 8-9,12)
“Se acercaba la pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados en sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio”. Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo de tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: ¿Qué signo nos das para obrar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”. Los judíos le dijeron: “Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado”. (Jn. 2: 13-22)
1. La Iglesia, en esta conmemoración de la Catedral Primada, nos introduce en la contemplación del Templo como lugar de la presencia de Dios, fuente de bendiciones y fecundidad en la fe. En la primera lectura, utilizando la figura del agua que surge del Templo, nos habla de vida y de abundancia como efecto de la fuerza del Señor aceptada por su pueblo: “al borde del torrente, sobre sus orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio” (Ez. 47:12). El profeta Jeremías llamará bendito al hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza (17: 7) y dirá de él que “es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto” (17: 8). La misma bendición la encontramos en el Salmo 1 (v. 3) y está dirigida al “hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche” (vv. 1-2).
2. La bendición nos refiere al hombre que se abre a Dios, que sólo se planta decididamente en el agua vivificante que sale del Templo, la aceptación de la ley, y la custodia en su corazón; al hombre que confía en el Señor y por ello es liberado de temor e inquietud en la canícula y la sequía; al hombre que no necesita reaseguros de otro tipo, alejados de Dios, que lo llevan a confiar en el hombre y buscar su apoyo en la carne. La Palabra de Dios nos dice, sencillamente, que al contrario del primer tipo de personas, estas otras son “malditas”. Bendición y maldición en referencia a la relación que tengamos con el Templo, como lugar de la presencia de Dios, como sitio del encuentro con Dios. Jesús va a decir que es “casa de oración” (Mt. 21:13), es decir casa de diálogo con Dios, casa de encuentro con el Señor.
3. El camino del pueblo de Dios, en su relación con el Templo a lo largo de la historia, se ha movido entre estos dos polos de bendición y maldición. Los profetas denunciarán muchas veces el culto superficial y hasta supersticioso, gestos vacíos de rectitud de intención: “¿Qué me importa la multitud de sus sacrificios? Dice el Señor.” (Is. 1: 11) y se quejan de los malos sacerdotes que han bastardeado el servicio divino y profanado el Templo: “muchos pastores han arrasado mi viña, han pisoteado mi parcela” (Jer. 12:10). Es dura la palabra de Dios cuando describe la corrupción de sus sacerdotes en el servicio del Templo; los hijos de Elí son un ejemplo de tal estado de vida: “Los hijos de Elí eran unos canallas que no reconocían al Señor ni respetaban los deberes de los sacerdotes para con el pueblo” (1 Sam. 2: 12). Por el mal ministerio de ellos, el Templo del Señor se va profanando en toda clase de corruptelas que, en el fondo, constituyen idolatría. De ahí el llamado de la conciencia del israelita fiel para purificar el Templo, porque el Santuario estaba desolado, abandonado de la gloria del Señor.
4. Jesús, en el pasaje que nos anuncia el evangelio de hoy, se hace cargo de toda esta tradición de purificación del Templo y la asume en un gesto definitivo y profético. No se trata sólo de palabras sino de hechos concretos y hasta diría artesanales: “hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio” (Jn. 2: 15-16). Con su gesto y sus palabras proclama que la Casa de su Padre es lugar de encuentro de Dios con su pueblo y la limpia de todo tipo de comercio material y espiritual. En otros momentos condenará, con el adjetivo de hipócritas, a los ministros que adulteran sofisticadamente la pureza de la casa de Dios. A ellos les echará en cara que “cargan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente” (Mt. 23: 4-7). Les dirá claramente que son instrumento de desencuentro del pueblo con Dios porque “cierran a los hombres el Reino de los cielos. Ni entran Ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran” (Mt. 23: 13); “que pagan el diezmo de la menta y del comino y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad” (Mt. 23: 23). A latigazos Jesús los echa porque profanan el Templo e impiden, con su clerical hipocresía, el encuentro del pueblo con su Señor. No son hombres de Dios, sencillamente son mundanos.
5. A nosotros, pastores, se nos pide fomentar y custodiar este encuentro. Se nos pide ser hombres de oración y penitencia para que nuestro pueblo fiel pueda encontrarse con Dios; hombres de convocatoria con actitudes de humildad y servicio. Y hoy, al comenzar esta Asamblea, lo pedimos juntos unos por otros. Nuestro pueblo nos quiere pastores y dedicados a esta tarea de provocar y cuidar el encuentro con Dios y bien sabemos que, en este trabajo por el Reino, estamos asediados por tantas tentaciones de mundanidad. Me estremece, cada vez que la leo, la autocrítica de San Gregorio Magno hablando del ministerio pastoral: “Hay otra cosa, en la vida de los pastores, que me aflige mucho; pero a fin de que lo que voy a decir no parezca injurioso para algunos, empiezo por acusarme a mí mismo de que, aun sin desearlo, he caído en este defecto, arrastrado por el ambiente de este calamitoso tiempo en que vivimos. Me refiero a que nos vemos como arrastrados a vivir de una manera mundana, buscando el honor del ministerio episcopal y abandonando, en cambio, las obligaciones de este ministerio. Descuidamos fácilmente el ministerio de la predicación y, para vergüenza nuestra, nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio que da este nombre pero, en cambio, no poseemos la virtud que este nombre exige. Así, contemplamos plácidamente como los que están bajo nuestro cuidado abandonan a Dios, y nosotros no decimos nada; se hunden en el pecado, y nosotros nada hacemos para darle la mano y sacarlos del abismo” (Homilía 17, 14; PL 76, 1146). Cuando leemos esto, si el sayo nos cabe, tratamos de arrepentirnos y deseamos que no haya cerca ninguna soga con la que Jesús pueda hacer un látigo. Si bien todos nos sabemos pecadores, estamos sinceramente deseosos de servir al Señor y a su santo pueblo fiel. Somos débiles pero queremos, todos los días, abrir nuestro corazón a la misericordia del Señor para servir mejor y ayudar al encuentro de Dios con su pueblo, para esforzarnos por mantener abiertas las puertas del Templo del que fluye el agua vivificante y salvadora.
6. Aparecida nos pide que nos encontremos con Jesucristo Vivo y sirvamos a nuestro pueblo fiel en ese encuentro. Ésta ha de ser fundamentalmente nuestra conversión pastoral que nos lleva a alejar de nosotros actitudes caducas que impiden la entrada al Templo. Jesús nos llama a ser pastores de pueblo y, si se lo pedimos, nos librará de la tentación de convertirnos en mundanos, en clérigos de estado. Él camina con nosotros, entra al Templo con nosotros; en su compañía tenemos la certeza de que no nos va a echar. Y, junto a Él, está su madre. A ella le pedimos “que nos enseñe a salir de nosotros mismos en camino de sacrificio, amor y servicio, como lo hizo en la visitación a su prima Isabel, para que, peregrinos en el camino, cantemos las maravillas que Dios ha hecho en nosotros conforme a la promesa” (Aparecida 553). Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Misa Arquidiocesana de Niños 2009
Nov 02, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la Misa Arquidiocesana de Niños en el Parque Roca (24 de octubre de 2009)
Jesús le dijo a Dios, a su Padre, que estaba contento porque le había revelado las cosas lindas del cielo a los más pequeños. Y hoy Jesús nos quiere contar a nosotros lo que es la Fiesta del Cielo. Hemos visto aquí la alegría de todos los Santos, de los Ángeles, de todos los hombres y mujeres que están en el cielo. De todos aquellos que quizás en su momento se equivocaron, hicieron cosas malas, pero le pidieron perdón a Dios y Dios los perdonó.
Cuando llegó el momento los llevó al cielo, porque… Dios, ¿es malo?
(Responden los chicos) ¡No!
¡No escucho!
¿Dios es malo?
(Responden los chicos) ¡No!
¿Dios es bueno?
(Responden los chicos) ¡Sí!
Dios es bueno y Él quiere que todos nosotros entremos en la fiesta que nos tiene preparada.
Ah, padre, entonces, ¿me tengo que morir para ir a la fiesta o la puedo empezar acá? (Contestan los chicos) ¡Sí!
Lo de que hoy estamos haciendo, la Fiesta, ¿quién es el centro de la Fiesta?
(Contestan los chicos) ¡Jesús!
¡Más fuerte, estoy sordo hoy!
(Contestan los chicos) ¡Jesús!
Es el nombre de Jesús, nuestro hermano mayor.
Y Jesús, dentro de un rato, va a bajar al altar para estar aquí, porque cada vez que el Pan
se convierte en el Cuerpo de Jesús, un pedacito del Cielo baja a la tierra.
Y claro, la fiesta la tenemos que hacer entre todos. Imagínense ahora, si ustedes empiezan a decir: “¡¡Qué plomo este cura, qué bodrio, esto no va, esto es un aburrimiento, me voy!!” ¿Habría fiesta aquí?
(Contestan los chicos) ¡No!
Nos pondríamos tristes. Para que haya fiesta, tiene que haber alegría, pero algo más: para que haya fiesta en el corazón de cada uno, escuchen bien esto: Tenemos que dar alegría a los demás, tenemos que hacer que los demás estén alegres, que los demás estén con el corazón abierto a la Fiesta de Jesús. Y esto se puede hacer. Cada uno puede hacer que mi compañero, mi hermano, mi vecino, todos, familia, amigos, sean más felices.
Cada uno de ustedes, chicos y chicas, pueden hacer que sean más alegres sus amigos y sus familias, pueden hacer el bien a los demás.
Hoy Jesús, va a venir acá a compartir esta Fiesta con nosotros. Él la va a convertir en Fiesta. El ya está acá, va a venir realmente, realmente al altar. Y va a estar entre nosotros en la Fiesta. ¿Y cómo podemos hacer para que en nuestra casa, en la escuela, en el barrio, con mis amigos, mi familia, haya fiesta? Yo me pregunto: ¿donde hay odio puede haber Fiesta? No. Entonces donde hay odio, ¿qué tengo que poner?
(Contestan los chicos) ¡¡Amor!!
¡¡Más fuerte!!
(Contestan los chicos)¡¡¡Amor!!!
Amor, muy bien. ¿Y donde hay pelea, puede haber Fiesta?
(Contestan los chicos) ¡No!
Donde hay pelea, ¿qué tengo que poner?
(Contestan los chicos) ¡Amor!
¡Amor y paz! Díganme, si hay envidia, ¿puede haber alegría y fiesta?
(Contestan los chicos) ¡No!
Entonces, ¿se puede hablar mal de los demás?
(Contestan los chicos) ¡No!
¿Se puede sacar el cuero a los demás?
(Contestan los chicos) ¡No!
Nunca le saquen el cuero a nadie, chicos. Si ustedes le tienen que decir algo a alguien, se lo dicen en la cara.
Entonces así van a ser francos, alegres, transparentes.
Van a hacer Fiesta. El centro de la Fiesta es Jesús, Él va a venir ahora.
Nos preparamos de corazón y le vamos a prometer a Jesús que donde haya odio, vamos a poner Amor. Donde haya pelea, vamos a poner Paz y donde haya envidia, no vamos a hablar mal de los demas. Ahora, vamos a casa ¿y vamos a hablar mal de los demás?
(Contestan los chicos) ¡No!
Y entonces ahora, nos preparamos para que venga Jesús, venga al altar, venga a nuestro corazón y siga esta hermosa fiesta del Cielo que comienza aquí. Porque acá, entre nosotros, está el centro de la Fiesta. Y el centro de la Fiesta es: JESÚS.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
XXXV Peregrinación juvenil a Luján
Nov 02, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en el Santuario de Nuestra Señora de Luján al termino de la XXXV Peregrinación Juvenil a Pie (4 de octubre de 2009)
“Madre, tu mirada renueva nuestra esperanza”. Así se lo venimos repitiendo durante todo el camino; y ella, con su mirada, nos mira a todos nosotros como le prometió Jesús al discípulo cuando le dijo: “Ahí tenés a tu madre”. También a nosotros nos dice: “Ahí tenés a tu madre”. Es la madre que vela por los hijos, estos hijos que caminan por la vida muchas veces cansados, necesitados, pero queriendo que la luz de la esperanza no se apague. Eso es lo que queremos: que la luz de la esperanza no se apague. Por eso le decimos todos juntos: “Madre, tu mirada renueva nuestra esperanza”. Mira nuestra Madre, a este pueblo peregrino, pueblo querido por ella, pueblo sufrido, que viene a Luján haciendo silencio en el corazón aunque en el camino haya mucho ruido, conversaciones, distracciones pero es un pueblo solidario que viene cargado con la vida de otros hermanos; y en ese corazón silencioso lleva la vida de los otros hermanos. Un pueblo que camina trayendo esa ofrenda que es la oración, que van a poner ante su imagen por eso hace tanto bien tenerla así cerca. Los ojos se confunden en una mirada de fe y de confianza; y con sus ojos tiernos nuestra Madre mira a los hijos que después de pasar emocionados ante su altar, descansan y duermen en su casa para retornar después a sus casas, a sus trabajos, a sus familias. El momento del encuentro con la Madre se prolonga, es un encuentro que no tiene tiempo. Y a todos nosotros, tus hijos Madre querida, al sabernos mirados con tus ojos serenos, nos brota ese deseo de estar juntos como hijos, como hermanos; aquí solemos venir a descubrir que siendo mas hermanos vamos a fortalecer la esperanza y te pedimos la que renueves, no queremos perder este valor tan grande de la vida y acá lo venimos a renovar pero te pedimos que lo renueves vos.
Por eso te pedimos que nos ayudes a borrar del corazón todo lo que nos pueda llegar a confundir. Lo que ande trabando todo lo bueno de Dios y tuyo, y esto es lo que ninguno de nosotros tiene que tocar: ser hijos tuyos y ser hermanos entre nosotros. Madre: que tu mirada nos defienda para que no nos roben la esperanza. Nuestra Madre nos mira a todos sin exclusión pero se viene ocupando desde hace mucho tiempo de los hijos mas pobres; los hijos que en las sumas y en las restas de los cálculos van quedando al borde del camino. Los hijos del descarte, que los usaron o les probaron mal la vida. Esos hijos que tienen nombre: son los hijos de la Virgen. Mira Madre a tantos descartados, son tus hijos. Míralos y fortaléceles el corazón con la esperanza. Y aquí estamos Madre, tus hijos peregrinos: estamos aquí porque desde hace años en Luján nos proteges como hijos y como pueblo y cada año volvemos solos o con nuestras familias para que las mires también y las bendigas. Esta tu casa Madre, es el lugar donde nos encontramos y podemos decir que es tu mirada la que renueva nuestra esperanza por eso te pedimos Madre que nos protejas, que nos fortalezcas, para que no nos roben la esperanza y aquí en Lujan, los hijos de ésta querida Patria, tus hijos Madre, jóvenes que desde hace años peregrinan saben que no están solos: saben que vos estás aquí para recibirlos, para fortalecerlos, para renovarles la esperanza. Hasta aquí vienen peregrinando con muchos cansancios y no solo el cansancio de los pies… pero aquí nos recuperamos porque Luján, tu casa Madre, es la casa de todos.
Madre, fortalecenos la esperanza. Que no nos roben la esperanza. Madre querida: no nos sueltes de tu mano. Te lo pide todo éste tu pueblo: no nos sueltes de tu mano. Mira a tus hijos que caminan hasta vos: Miralos y acompañalos. Ayudalos a seguir los pasos de tu Hijo para que juntos podamos construir esta Patria de hermanos. Madre, ayúdanos. Todos estamos en tu mano. Que no nos roben la esperanza! Que tu mirada fortalezca la esperanza! Todos juntos:
“Madre, tu mirada renueva nuestra esperanza”.
“Madre, tu mirada renueva nuestra esperanza”.
“Madre, tu mirada renueva nuestra esperanza”.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Cardenal Bergoglio responde a Cristina Fernández
Oct 08, 2009
BUENOS AIRES, oct 5 --
En el marco de la 35 peregrinación juvenil a pie a Luján, el cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, respondió a las críticas de la presidenta Cristina Fernández sobre una supuesta inacción de la Iglesia ante la pobreza.
"(La Iglesia) mira a todos sin distinción, pero se viene ocupando desde hace mucho tiempo de los hermanos más pobres. Esos hijos que en las sumas y restas de los cálculos han quedado al borde del camino. Los hijos del descarte", sentenció el religioso que hace pocos días denunció el avance de la pobreza en el país.
Citó además el prelado a los obispos latinoamericanos que en 1992 señalaron a este respecto que "los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por condiciones de extrema pobreza y estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades".
El religioso aludió así a la permanente violación de los derechos fundamentales que se perpetra en Argentina, y que no es comprendida en su real dimensión, por cuanto en el imaginario se tiene a asociar a las violaciones a los derechos humanos sólo con aquellas perpetradas por los militares en la pasada dictadura
Fortalece corazón de tus hijos con esperanza, pide Cardenal Bergoglio a Virgen de Luján
Oct 08, 2009
BUENOS AIRES, 05 Oct. 09 / 02:03 pm (ACI)
Ante cientos de miles de fieles que llegaron hasta la Plaza Belgrano para participar ayer domingo en la Misa en honor a Nuestra Señora de Luján, el Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio pidió a la Madre de Dios que "fortalezca el corazón" de sus hijos "con la esperanza".
En su homilía el Purpurado señaló que "nuestra Madre nos mira a todos, a todos sin excepción, pero se viene ocupando desde hace mucho tiempo de los hijos más pobres, los hijos que en las sumas y en las restas de los cálculos van quedando al borde del camino, los hijos del descarte, que los usaron o probaron mal la vida, esos hijos que tienen nombre, son los hijos de la Virgen".
Mira, dijo a la Virgen de Luján el Cardenal, "Madre a tantos descartados, son tus hijos, míralos y fortaléceles el corazón con la esperanza". Ante los cientos de miles de fieles que participaron de la 35ª peregrinación a pie a Luján, el Arzobispo pidió a la Patrona de Argentina que "fortalezca el corazón con la esperanza" a quienes padecen situaciones de pobreza y exclusión, y exhortó a los jóvenes a "no dejarse robar la esperanza".
Tras convocar a que "juntos, ayudemos a construir una patria de hermanos", habló de un pueblo "cansado, pero no sólo del cansancio de los pies" y de un pueblo "sufrido", pero destacó el compromiso solidario de los argentinos que "vienen cargando con la vida de otros hermanos que sufren".
El Cardenal Bergoglio pidió también a la Virgen que "borre del corazón todo lo que pueda confundir", y repitió con la multitud tres veces el lema de la peregrinación: "Madre, que tu mirada renueve nuestra esperanza".
Compromiso por la vida
Integrantes del Foro por la Vida y la Familia (FVF), junto con la Asociación Civil Cultivida de Luján, Cultura de la Vida Itatí de Lomas de Zamora y Pro Vida de Bernal, también participaron de peregrinación y se hicieron notar entre la muchedumbre que escuchó la Misa del Cardenal Bergoglio en la Plaza Belgrano. "El aborto es genocidio", advertían a través de pancartas que fueron levantadas durante la celebración eucarística.
defender la Cultura de la Vida
Oct 07, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en el
Santuario de San Ramón Nonato
(31 de agosto de 2009)
En esta misa se reúnen los Mensajeros de la Vida, ustedes, que desde el santuario salen a llevar el mensaje de la vida. Que Dios quiere la vida. La hizo Él. La hizo linda. Dice la Biblia que cuando nos hizo a nosotros, nos hizo a imagen y semejanza de Él. Somos de la familia de Él, tenemos el rostro de Él, somos como Él. Y esa vida que nos dio, que nos sopló, es la que nosotros anunciamos, la que ustedes con esta imagen de San Ramón van llevando a las casas, van anunciando a la gente de la vida, el camino de la vida.
Y así vamos, a través del mensaje de ustedes, ayudando a que crezca eso que se llama la “Cultura de la Vida”, que es lo mas importante de la humanidad contra lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI denunciaron como la “Cultura de la Muerte”. Ustedes son los que salen a este mundo, donde hay tantos casos de la cultura de la muerte, a decir: “Miren, esto es mejor, esto es lo que hace feliz, esto es lo que a uno lo plenifica: la cultura de la vida, el mensaje de la vida”.
Que es el mensaje de la vida? Son cosas muy sencillas, son cosas prácticas. Decir que la vida vale la pena es decir que desde el primer momento en que un chico o una chica es concebido tiene vida y está el soplo de Dios ahí. Que los 9 meses que está en la sala de espera en la panza de la madre, hay que cuidar a la mamá y al chico porque ahí está la vida… Y cuando nace no hay que terminarla en la primer semana cuando vamos a saludar a la mamá y que después Dios te ayude, sino que hay que acompañar el crecimiento de ese chico para que crezca sano, para que tenga buena educación, que no falte comida, que tenga principios, valores morales y después acompañarlo durante toda su existencia. Y cuando se enferme, acompañarlo en su dolor y enfermedad. Que haya hospitales limpios, lindos donde no falte nada. Donde se lo atienda bien. Eso es vida. Eso es mensaje de vida.
Cuando esté viejito, cuidarlo con mucho amor. Los abuelos son la sabiduría de la vida. A veces, lamentablemente, se los aleja del mundo, sea por exigencias de trabajo o algo pero en cuanto se pueda, conviene tenerlos cerca; si los tengo que alejar, ir a verlos lo mas posible. Eso es cultura de la vida! Al cerrarles los ojos y entregarlos a la Vida! Esto es lo que hacen ustedes: meter todas estas cosas en la cabeza y en el corazón de la gente. Se animan a hacerlo? Pongan la cara! Esto es la cultura de la vida!
Todo lo contrario es la cultura de la muerte. Si ustedes ven que alguien falla en alguna de estas cosas, díganle que por ese camino no se va a ninguna parte; por ese camino se fracasa siempre. Hubo un escritor inglés que decía… no usaba la palabra “cultura de la muerte” porque en aquella no se había acuñado pero decía que en algunas familias o en algunos países o en algunos pueblos se practicaba la “filosofía del verdugo”: cabeza que sobra, cabeza que molesta, cabeza que vuela… Y claro, cuando uno piensa que la vida molesta…
La vida es linda pero la vida molesta. Siempre. El otro día me decía un papá que tiene su primera hija que tanto él como su mujer duermen dos horas por noche porque la criatura les salió gritona… la vida es bella pero molesta porque exige de mí un sacrificio. Cuando uno ve esas mujeres y hombres que tienen sus padres moribundos y se pasan sentados las noches tomándoles la mano para que sientan el cariño, y al día siguiente van a trabajar y así de nuevo… molesta pero eso es vida. No se puede transitar por el anuncio de la vida, por la cultura de la vida si no es como dijimos en el Salmo: si no es en la presencia del Señor.
No se puede llevar la cultura de la vida si no estamos entroncados con Jesús! Como los ramos de la uva, de la vid al tronco, en la fuerza de Jesús, que es el maestro de la vida. Él se definió así: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida… Soy la vida! Él nos tiene que contagiar este calor, este entusiasmo por anunciar la Verdad. Piensen ustedes que van a ser mensajeros de la vida! Cuanta felicidad están sembrando en aquellos corazones que aceptan el mensaje. Pero piensen también que eso no lo hacen ustedes solos sino que lo hace Él porque caminan agarrados a Jesús. Si yo voy a anunciar la vida y estoy toda la mañana anunciándola con una persona y a la salida me encuentro con la vecina y me pongo a sacarle el cuero a otra vecina, ya estoy anunciando la muerte… Entonces cuidado con las contradicciones. Si anunciamos la vida, vivamos como Jesús quiere: coherentemente, que todo sea vida.
Yo les agradezco todo lo que hacen: Sigan así y contagien vida. Ese es el mensaje que necesitamos. Es el mensaje de Dios. Vayan por las huellas de Jesús que no se van a equivocar porque son las huellas de la vida porque Él es la vida.
Que San Ramón los fortalezca en esta tarea tan hermosa que tienen. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
www.aica.org
“Con San Cayetano buscamos justicia, pan y trabajo
Oct 07, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en el Santuario
de San Cayetano de Liniers
(7 de agosto de 2009)
El lema de este año es “Con San Cayetano buscamos justicia, pan y trabajo”. Decimos “con” San Cayetano. Buscamos la justicia, el pan y el trabajo con el Santo. No buscamos solos. San Cayetano está con Jesús. Con el Niño Jesús en brazos. Y Jesús está con nosotros. Es el Dios con nosotros. Para buscar juntos la justicia, el pan y el trabajo estamos todos juntos, compartimos la vida, los sentimientos: “Tengan los sentimientos de Jesús”, nos dice la primera lectura.
En el evangelio escuchamos que Juan el Bautista mandó a sus discípulos a preguntarle personalmente a Jesús: “¿Sos Vos el que ha de venir a salvarnos o debemos esperar a otro?” Ellos salieron a buscar a Jesús y ¿dónde lo encontraron? Lo encontraron con la gente. Jesús no estaba en un lugar inaccesible, sino metido entre la gente, bendiciendo, curando, conversando, llamando a cada uno por su nombre… El está con todos, pero especialmente con los que están con los demás, como San Cayetano. Jesús está con los que son solidarios: donde hay un pesebre –donde alguien levanta una casillita humilde para estar con su familia- allí está Jesús; donde hay alguien acompañando al que carga con una cruz, una persona enferma o necesitada, allí está Jesús; donde hay alguien sirviendo a los demás, multiplicando el pan, compartiendo el abrigo, allí está Jesús; donde están la Virgen y los Santos, que nos juntan como pueblo para rezar, allí está Jesús.
El Señor y sus Santos están con nosotros. Y están de verdad. Quiero decir que se juegan por nosotros, que nos conocen. Jesús conoce el rostro de cada uno de los peregrinos y peregrinas que estamos aquí, buscando, con San Cayetano, justicia, pan y trabajo.
Mientras hacemos la cola recordamos los rostros de nuestros seres queridos, mientras vamos agradeciendo y pidiendo, es bueno que le preguntemos a Jesús: ¿Sos Vos, Señor, nuestro único Salvador o debemos esperar a otros? Lo que pasa es que vivimos situaciones de pobreza, de falta de trabajo…, o estas enfermedades que nos afectan masivamente, la gripe, el dengue…, y que pegan más duro por la falta de justicia. Todo esto nos lleva a que le preguntemos al Señor: “Señor, ¿estás de verdad en medio de tu pueblo? ¿ Es verdad que caminás con tu pueblo? Mirá que hay gente que opina que no se puede esperar nada de nadie. Hay gente que ni siquiera se pregunta, que ya tiró la toalla. Pero es bueno hacer estas preguntas. Fijando la mirada en San Cayetano, mirando a la gente que nos acompaña, es bueno preguntarle a Jesús.
Si leemos bien el evangelio nos damos cuenta de que Jesús no respondió inmediatamente a los enviados de Juan. Se tomó su tiempo; se puso a curar a mucha gente de sus dolencias del cuerpo y también de las enfermedades del alma. Jesús devolvió la vista a muchos ciegos y la fe a muchos que andaban medio desencantados. Recién entonces, después de atender personalmente a cada uno, les respondió a los enviados de Juan: “Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres”.
Como siempre, Jesús responde con hechos más que con palabras: “Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído”. ¿Y qué han visto y oído? Han visto y oído a la gente. Jesús les hace mirar Rostros: la cara de alivio de la gente que ha sido curada, los rostros alegres de los que han recibido su Palabra, los ojos admirados de los que recuperaron la vista, la mirada digna de los que se pusieron de pie… Esos rostros valen más que mil palabras. En el rostro de esa gente ya se vislumbra la respuesta a la pregunta de Quién es Jesús. “A Jesús lo vemos en el rostro de la gente que lo quiere y que da testimonio de que Él es el que la ha confortado y salvado” (Aparecida 14). A Jesús “lo encontramos de un modo especial” en el rostro de “los pobres, afligidos y enfermos (…), de nuestros hermanos queridos que nos dan testimonio de fe, de paciencia en el sufrimiento y de constante lucha para seguir viviendo. ¡Cuántas veces los más pobres y los que más sufren son realmente los que nos evangelizan!” (Aparecida 257). Cuando nos animamos a mirar bien a fondo el rostro de los que sufren se produce un milagro: aparece el Rostro de Jesús. Por eso les digo: ¡No tengan miedo de mirar los ojos de los que sufren!, verán el Rostro de Jesús y Él les transmitirá su fuerza y su paz, los confortará a ustedes al mismo tiempo que ustedes confortan a los demás; pero los rostros hay que verlos de cerca, estando con los otros. “Cuanto hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40)”. Mirando rostros el corazón se nos llena “de los sentimientos de Jesús”, como dice San Pablo. Y entonces comenzamos a buscar la justicia, el pan y el trabajo con hambre y sed de verdaderos cristianos. Porque el mundo de hoy es muy cruel: primero excluye borrando los rostros de la gente para luego no sentir nada cuando los desprecia y desecha como sobrantes (cfr. Aparecida 65). En nuestra ciudad hay gente que tiene sitio, que tiene cabida y gente que “sobra” ... y que son dejados de lado como “descarte” en verdaderos volquetes existenciales. El mundo de hoy borra los rostros reales haciendo que los veamos sólo por la TV. No es lo mismo. En la TV hay imágenes que pasan a mil. Uno ve todo y no ve a nadie. Uno ve pero no siente! Aquí en cambio, ¡qué distinto! Nos miramos a la cara. Nosotros pasamos delante de San Cayetano para que nos vea la cara. Nosotros queremos contemplar un momento su rostro y el del Niño. Esperamos horas y horas sólo para ver sus rostros y que ellos nos vean un instante a nosotros. Parece poco. Pero esta gracia nos basta. Con esta cercanía del Señor y de nuestro Santo Patrono salimos reconfortados.
Salimos llenos de fe, salimos a buscar, con San Cayetano, justicia, pan y trabajo. Salimos a buscarlo juntos y para todos. A buscarlo poniendo especial atención en aquellos “rostros sufrientes que nos duelen”, porque es una injusticia que, en nuestra Patria bendita, a tantos les falte el trabajo y el pan. No puede ser.
Quisiera que terminemos rezando aquella Oración tan linda que rezamos en la Novena del 2002:
Necesitamos ver tu rostro,
guardar las palabras de tu boca,
hablarte al oído.
Dejarnos mirar por tus ojos
y al besarte, Cristo, encontrar en ti los rasgos de tu Madre,
de tus Santos, de tu pueblo sufrido.
Queremos ver tu rostro
Dios amigo Compañero de camino.
Amén
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
www.aica.org
XII Jornada de Pastoral Social
Oct 07, 2009
Ponencia del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en las XII Jornadas de Pastoral Social de Buenos Aires en el Santuario de San Cayetano.
(19 de septiembre de 2009)
Una vez escuché al cardenal Quarracino decir que, en una reunión que había tenido con pensadores, uno de ellos (no recuerdo qué pensador argentino era) había dicho que “la Argentina era el país de las oportunidades perdidas”. Y me quedó eso. Los sociólogos, los politicólogos nos dirán si es así o no, pero la frase me vino para introducir otra con forma de interrogante. Pues me preocupa no saber responderme: la Argentina ¿es un país de desencuentros? Si hubiera un Premio Nobel al desencuentro, ¿lo ganamos? Esa pregunta no la sé responder y me lleva a la convicción de que urge construir e instalar la cultura del encuentro; urge recuperar la alteridad y liberarnos de los autismos que clausuran la memoria histórica, que clausuran el compromiso comunitario del presente y que clausuran la capacidad de utopías hacia el futuro. Esos autismos aprisionan y nos llevan a los desencuentros. ¿Somos el país de los desencuentros? Me gusta distinguir entre País, Nación y Patria: simplificando, el país es la configuración geográfica; la nación es toda la institución legal ya sea constitucional, jurídica; es decir, todo lo que da fuerza constitucional y legal, y la patria es el vivir la herencia de los padres. Patria viene de padres. Yo diría que no se nos pide ser tanto “paisistas” ni “nacionalistas” sino “patriotas”. El país, como tantos países de otros continentes, si sufre una amputación o pierde una guerra, es capaz de rehacerse. Una nación que pasa por crisis institucionales es capaz de reconstruirse, pero si se pierde la patria es muy difícil recuperarse. El compromiso de patriotas que nos exige recuperar la alteridad en esta cultura del encuentro apunta a no perder la herencia recibida de la patria.
Me voy a permitir leer una poesía de una autor norteño, nuestro. Se llama “Se nos murió la Patria”. Creo que la escribió hace unos 30 años.
Se nos murió la Patria, hace ya tiempo,
en la pequeña aldea,
Era una patria casi adolescente.
Era una niña apenas.
La velamos muy pocos: un grupito
De chicos de la escuela.
Para la mayoría de la gente
Era un día cualquiera.
Pusimos sobre el blanco guardapolvo
Las renegridas trenzas,
La Virgen de Luján y una redonda
Y azul escarapela
Unos hombres muy sabios opinaban:
“Fue mejor que muriera”
“Era solo una patria” nos decía
la gente de la aldea.
Pero estábamos tristes. Esa patria
Era la patria nuestra,
Es muy triste ser huérfano de patria.
Luego nos dimos cuenta.
Es muy triste ser huérfano de Patria. Y el proceso de esta orfandad no es coyuntural, no es de ahora. Es un proceso que lleva décadas y va minando esa capacidad de encontrarnos; nos va encapsulando en esta orfandad. De a poco vamos perdiendo la referencia de los padres que nos es dada para hacerla crecer y llevarla adelante en utopías nuevas.
Recuperar el encuentro. Y el instrumento quizás mas apto para esto es el diálogo. Despertar la capacidad de diálogo. Cuando uno recupera la alteridad en el encuentro, empieza a dialogar, y dialogar supone no solo oír sino escuchar. Recuperar esa capacidad de escucha. El otro, aunque ideológicamente, políticamente o socialmente esté en la vereda de enfrente, siempre tiene algo bueno que dar y yo algo bueno que darle. En ese encuentro que saco cosas buenas se construye una síntesis creativa y fecunda. El diálogo es fundamentalmente fecundidad. Los monólogos se pierden. Uno de los grandes pensadores que tiene la Argentina, a mi juicio de los mejores y lo voy a nombrar: Santiago Kovadloff, hablaba hace muy poco del peligro, del riesgo, de homogeneizar la palabra, pero detrás de eso está el peor riesgo, la peor enfermedad que es homogeneizar el pensamiento.
El autismo del intelecto. El autismo del sentimiento que me lleva a concebir las cosas dentro de una burbuja, por eso es fundamental recuperar la alteridad y el diálogo. En ese momento sin diálogo, vamos a terminar diciendo:”Es muy triste ser huérfano de Patria. Luego nos dimos cuenta” O quizá, tarde nos dimos cuenta. El diálogo es, en este momento, el instrumento privilegiado para romper todo aquello que nos abroquela; para romper las ideologías clausuradas y para abrir horizontes a través de la pequeña trascendencia que supone escuchar al otro y que el otro nos escuche. Dialogar es trascender la coyuntura hacia la historia, dialogar es poner cimientos de historia para el futuro; dialogar es tener capacidad de dejar herencia; dialogar, en última instancia, es imitar a Dios a que abrió su diálogo con nosotros enseñándonos el camino de la convivencia.
En el diálogo recuperamos la memoria de nuestros padres, el legado recibido, no para guardarlo en conserva; recibimos un legado para que crezca con nosotros, pero recuperamos esa memoria. Por el diálogo nos comprometemos con los desafíos del presente, juntos, haciendo que esa memoria se encarne en las realidades del presente y dé una respuesta a todo desafío del presente. Por el diálogo nos animamos porque ya no soy yo, somos muchos; cuando dialogamos, se da el coraje de lanzar esa herencia comprometida con el presente hacía las utopías del futuro y cumplir con nuestro deber de hacer crecer la herencia recibida a través de compromisos fecundos en utopías futuras.
¿País de desencuentros? No sé. ¿Cultura del encuentro? Urge, a través del instrumento del diálogo porque es muy triste ser huérfanos de Patria. No la perdamos. No la malversemos. No la tiremos a la marchanta. No desperdiciemos la herencia recibida ni la enterremos. Hagámosla crecer. Eso es la Patria. Si eso se pierde, vamos a estar muy tristes y tarde nos daremos cuenta. Sigan trabajando en esto! Y gracias por todo lo que han hecho y lo que van a hacer!
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
www.aica.org
por una sociedad sin esclavitud
Oct 07, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la Plaza
Constitución con para mujeres rescatadas de redes de
prostitución, víctimas de la explotación laboral, cartoneros y
costureras salidas de talleres clandestinos.
(4 de septiembre de 2009)
La Palabra de Dios es fuerte. Es Dios el que nos dice:“Grita con fuerza y sin miedo. Grita con fuerza y sin miedo. Levanta tu voz como trompeta y denuncia a mi pueblo sus maldades”. No tener miedo. No tener miedo a decirnos la Verdad aunque la Verdad duela. Aunque nos de vergüenza, hoy nos juntamos para reconocernos unos a otros. Para mirarnos a la cara y decirnos: “Vos tenés dignidad, y a vos te la quieren quitar”. Y gritar. Hoy nos juntamos para sentirnos mas fuertes porque en esta ciudad en la que vivimos nos quieren debilitar, nos quieren quitar la fuerza, nos quieren robar la dignidad.
El año pasado, en una misa similar a ésta que tuvimos en una iglesia de La Boca, me salió del corazón decir que en esta ciudad de Buenos Aires tan linda, tan nuestra, hay esclavos. Hoy lo voy a repetir de nuevo. Y hoy nos vinimos a mirar a la cara para decirnos mutuamente: “Si vos luchas, si yo lucho con vos, si nos miramos y luchamos juntos, habrá menos esclavos”. El año pasado yo les decía que en esta ciudad de Buenos Aires, con mucho dolor lo digo, están los que “caben” en este sistema que se hizo y los que “sobran”, los que no caben, para los que no hay trabajo, ni pan ni dignidad. Y esos que “sobran” son el material de descarte porque también en esta ciudad de Buenos Aires se “descarta” a las personas y estamos llenos de “volquetes existenciales”, de hombres y mujeres que son despreciados...
“Nada mas Padre tiene que decir?”... Sí. Algo peor todavía: estos hombres y mujeres, chicos y chicas, que no caben, que son material de descarte, que son despreciados, se los trata como mercadería. Son objeto de trata. Y hoy podemos decir que en esta ciudad los talleres clandestinos, con los cartoneros, en el mundo de la droga, en el mundo de la prostitución, existe la trata de personas. Por eso la Palabra de Dios nos dice:“Grita con fuerza y sin miedo” y yo hoy digo:”Gritemos con fuerza y sin miedo”. No a la esclavitud. No a los que sobran. No a los chicos, hombres y mujeres como material de descarte. Es nuestra carne la que está en juego! Es nuestra carne la que se vende! La misma carne que tengo yo, que tenés vos, está en venta! Y no te vas a conmover por la carne de tu hermano? “No, es que no es igual que yo”... Es tu hermano, es tu carne.
Hoy Dios nos dice lo mismo que le decía a Caín! “Caín: donde está tu hermano?” (lo había matado). Y Caín con un gran cinismo, le contesta: “Que se yo! Acaso soy yo el custodio de mi hermano?” Esta gran ciudad de Buenos Aires contesta así muchas veces! “Que me importa, acaso yo me tengo que ocupar de todo???” Es tu hermano, es tu carne, es tu sangre¡!!... Nos hemos endurecido, hemos perdido el corazón. Buenos Aires se olvidó de llorar porque vende a sus hijos, Buenos Aires se olvidó de llorar porque excluye a sus hijos, Buenos Aires se olvidó de llorar porque esclaviza a sus hijos... Y hoy nos miramos la cara. Alguno podrá decir: Bueno, el cura nos va a decir que recemos. Lo único que les digo hoy es mirémonos las caras, reconozcamos en nuestro hermano la dignidad y luchemos para que esa dignidad sobreviva. Y abramos el corazón al llanto, a ese llanto que pide perdón por ese crimen de la trata de personas. Y no estoy inventando cosas porque estuve escuchando lo que me han contado: los talleres clandestinos, sometimiento de menores en la prostitución, tráfico de drogas... Todo ese mundo de la coima que cubre y hace lícito que esto sea posible.
Entonces hermanos y hermanas, estemos juntos unos a otros. Todos tenemos algo que darnos unos a otros. Juntos luchemos para que esta ciudad reconozca donde ha caído... y llore, y se corrija ... y haya justicia. Juntos digámonos que vale la pena luchar para que en Buenos Aires no haya mas esclavitud... hay mucha esclavitud. Porque eso es lo que Dios nos pide hoy:“Grita con fuerza y sin miedo. Levanta tu voz como una trompeta”. Y echemos en cara a todo aquel que inventa esa infernal máquina de exclusión, esa infernal máquina de descarte de gente e imprequemosle su conducta y pidamos que Dios les cambie el corazón.
Y a quienes queremos luchar por esto, que Dios nos siga dando fuerza y valentía para que Buenos Aires llore su injusticia, llore su mundaneidad, llore el que se haya convertido en madre de esclavos. Que Dios nos conceda la gracia de esta conciencia y de la luz. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
www.aica.org
“Las Deudas Sociales"
Oct 07, 2009
Conferencia inaugural del cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j., arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado, en el Seminario sobre “Las Deudas Sociales”, organizado por EPOCA.
(30 de septiembre de 2009)
En esta exposición procuraré dar una visión de conjunto sobre la doctrina de la iglesia acerca de la “Deuda Social”.
Los obispos argentinos, en noviembre de 2008, afirmaban que la “deuda social” es la gran deuda de los argentinos. Nos interpela y saldarla no admite postergación.[1] . De ahí la necesidad de cultivar la conciencia de la deuda que tenemos con la sociedad en la que estamos insertos. Y por ello hacernos cargo de la insistencia de la Doctrina Social de la Iglesia sobre el tema de la deuda social.
No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es primariamente un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial. [2]
“La deuda social se compone de privaciones que ponen en grave riesgo el sostenimiento de la vida, la dignidad de las personas y las oportunidades de florecimiento humano”.[3]
La “deuda social” es también una deuda existencial de crisis del sentido de la vida. La conformación de un sentido de vida pleno va de la mano con el sentido de pertenencia que tenga el individuo con las actividades que realice en su día a día y con los grupos sociales en los cuales la realiza y comparta la vida con ellos; de ahí que el origen del vacío existencial remite, tal como el mismo Durkheim comentó [4] , a una desvinculación del individuo del medio social; es decir a una carencia de sentido de pertenencia, lo cual desfigura la identidad. “Tener identidad” entraña fundamentalmente el “pertenecer”.
Por eso para superar esta deuda social es necesario reconstruir el tejido social y los vínculos sociales.
El barómetro de la UCA define la “deuda social” como una acumulación de privaciones y carencias en distintas dimensiones que hacen a las necesidades del ser personal y social. En otros términos, como una violación al derecho a desarrollar una vida plena, activa y digna en un contexto de libertad, igualdad de oportunidades y progreso social.
El fundamento ético a partir del cual se ha de juzgar la deuda social como inmoral, injusta e ilegítima radica en el reconocimiento social que se tiene acerca del grave daño que sus consecuencias generan sobre la vida, el valor de la vida y –por tanto- sobre la dignidad humana.
“Su mayor inmoralidad, dicen los obispos argentinos, reside en el hecho de que ello ocurre en una nación que tiene condiciones objetivas para evitar o corregir tales daños, pero que lamentablemente pareciera optar por agravar aún más las desigualdades”.[5]
Esta deuda queda entablada entre quienes tienen la responsabilidad moral o política de tutelar y promover la dignidad de las personas y sus derechos, y aquellas partes de la sociedad que ven vulnerados sus derechos.
Los derechos humanos, como dice el Documento de Santo Domingo: “se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades”.[6]
La Deuda Social como Cuestión Antropológica
El principio fundamental que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos ofrece para reconocer esta deuda social es la inviolable dignidad de la persona y sus derechos. Dignidad de la que todos participamos y que reconocemos en los pobres y excluidos.[7]
De él deriva este otro principio que orienta la actividad humana: el hombre es el sujeto, principio y fin de toda la actividad política, económica, social[8]; cada hombre, todo el hombre y todos los hombres como nos dicen Pablo VI y Juan Pablo II
Por esto, no podemos responder con verdad al desafío de erradicar la exclusión y la pobreza, si los pobres siguen siendo objetos, destinatarios de la acción del Estado y de otras organizaciones en un sentido paternalista y asistencialista, y no sujetos, donde el Estado y la sociedad generan las condiciones sociales que promuevan y tutelen sus derechos y les permitan ser constructores de su propio destino.
En la encíclica Centesimus Annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de “abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos- como un fardo, o como molestos e inoportunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido”. “Los pobres –escribe- exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo. Creando así un mundo más justo y más próspero para todos”[9].
Siguiendo esta línea, hoy es preciso afirmar que la cuestión social –deuda social- se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica.[10]
Porque, por encima de la lógica de los intercambios a base de los parámetros y de sus formas justas en que se mueve el mercado, existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad. Este algo debido conlleva inseparablemente la posibilidad de sobrevivir y de participar activamente en el bien común de la humanidad [11]
En este sentido, “es un deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas. Además, es preciso que se ayude a estos hombres necesitados a conseguir los conocimientos, a entrar en el círculo de las interrelaciones, a desarrollar sus aptitudes para poder valorar mejor sus capacidades y recursos”.[12]
Causas del crecimiento de la pobreza y la exclusión
Con la exclusión social queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos –con quienes tenemos la deuda- no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables” [13]
La cultura actual [14]tiende a proponer estilos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano. El impacto dominante de los ídolos de poder, la riqueza y el placer efímero se ha transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social.
La crisis económico-social y el consiguiente aumento de la pobreza tiene sus causas en políticas inspiradas en formas de neoliberalismo que consideran las ganancias y las leyes de mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad de las personas y de los pueblos. En este contexto, reiteramos la convicción de que la pérdida del sentido de la justicia y la falta de respeto hacia los demás se han agudizado y nos han llevado a una situación de inequidad. [15]
La consecuencia de todo esto es la concentración de las riquezas físicas, monetarias y de información en manos de unos pocos, lo cual lleva al aumento de la desigualdad y a la exclusión. [16]
Al analizar más a fondo tal situación, descubrimos que esta pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque haya otras causas de la miseria [17]
Esta pobreza, nos decía Juan Pablo II, en nuestros países encuentra en muchos casos su origen y causas en mecanismos que, por encontrarse impregnadas no de un auténtico humanismo, sino de materialismo, producen, a nivel internacional, ricos más ricos a costa de pobres cada vez más pobres [18]
Esta realidad exige conversión personal y cambios profundos de las estructuras, que responden a las legítimas aspiraciones del pueblo hacia una verdadera justicia social [19]
Deuda Social y Justicia Social
El Concilio Vaticano II nos decía que “las excesivas desigualdades económicas y sociales que se dan entre miembros de nuestra sociedad, en nuestro pueblo, son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional”[20]
Desde la primera mitad del siglo XX, la noción de justicia social se fue instalando en la reflexión del Magisterio Social de la Iglesia. Afirma que ella (la justicia social) constituye un verdadero y propio desarrollo de la justicia general, en estrecha vinculación con la cuestión social y que concierne a los aspectos sociales, políticos, económicos y, sobre todo, a la dimensión estructural de los problemas y las soluciones correspondientes (cfr. CDSI, 201). Benedicto XVI, en Deus Caritas Est, afirma que “la justicia es el objeto y la medida intrínseca de toda política” [21]
La justicia social prohíbe que una clase excluya a la otra en la participación de los beneficios. Exige que las riquezas, que se van aumentando constantemente merced al desarrollo económico social, se distribuyan entre cada una de las personas y clases de hombres, de modo que quede a salvo esa común utilidad de todos, tan alabada por León XIII o, con otras palabras, que se conserve inmune al bien común de toda la sociedad [22]
La justicia social apunta al bien común el cual, en la actualidad, consiste principalmente en la defensa de los derechos humanos los cuales, según el CDSI, (388-398), constituyen una norma objetiva, fundamento del derecho positivo, y deben ser reconocidos, respetados y promovidos por la autoridad por cuanto son anteriores al Estado, son innatos a la persona humana. Y esto –teniendo como referencia al problema de la deuda social- apunta a la dimensión comunitaria: “La visión cristiana de la sociedad política otorga la máxima importancia al valor de la comunidad, ya sea como modelo organizativo de la convivencia, ya sea como estilo de vida cotidiana” (CDSI, 392)
Actividad político- económica, desarrollo integral y deuda social
La pobreza nos exige tomar conciencia de su “dimensión social y económica” [23] . Porque ante todo es un problema humano. Tiene nombres y apellidos, espíritus y rostros. Acostumbrarnos a vivir con excluidos y sin equidad social, es una grave falta moral que deteriora la dignidad del hombre y compromete la armonía y la paz social [24]
Existe una relación inversa entre desarrollo humano y deuda social. No se trata de una noción de desarrollo limitada a los aspectos económicos, sino de desarrollo integral que implica la expansión de todas las capacidades de la persona. A menos desarrollo más deuda social. Por tanto desarrollo y equidad deben encararse conjunta y no separadamente, y cuando la inequidad se convierte en lugar común o en atmósfera de vida política cotidiana entonces se aleja del campo político la lucha de igualdad de oportunidades, nivelando hacia abajo, hacia la mera lucha por la supervivencia.
La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios.
La Doctrina Social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano ni antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente[25]
El Papa Pablo VI refiriéndose al uso del capital invitaba a valorar seriamente el daño que la transferencia de capitales al extranjero, por puro provecho personal, puede ocasionar a la propia nación [26] Juan Pablo II advertía que dadas ciertas condiciones económicas y de estabilidad política absolutamente imprescindibles, la decisión de invertir, esto es, de ofrecer a un pueblo la ocasión de dar valor al propio trabajo, está asimismo determinada por una actitud de querer ayudar y por la confianza en la Providencia, lo cual muestra las cualidades humanas de quien decide.
El Papa Benedicto XVI en su Carta Social Caritas in Veritate reiteraba que todo esto mantiene su validez en nuestros días a pesar de que el mercado de capitales haya sido fuertemente liberalizado y la moderna mentalidad tecnológica pueda inducir a pensar que invertir es sólo un hecho técnico y no humano ni ético. No se puede negar que un cierto capital puede hacer el bien cuando se invierte en el extranjero en vez de en la propia patria. Pero deben quedar a salvo los vínculos de justicia, teniendo en cuenta también cómo se ha formado ese capital y los perjuicios que comporta para las personas el que no se emplee en los lugares donde se ha generado.
Se ha de evitar que el empleo de recursos financieros esté motivado por la especulación y ceda a la tentación de buscar únicamente un beneficio inmediato, en vez de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo, su propio servicio a la economía real y la promoción, en modo adecuado y oportuno, de iniciativas económicas también en los países necesitados de desarrollo.
Sin embargo, no es lícito deslocalizar únicamente para aprovechar particulares condiciones favorables, o peor aún, para explotar sin aportar a la sociedad local una verdadera contribución para el nacimiento de un sólido sistema productivo y social, factor imprescindible para un desarrollo estable[27]. El capital también tiene patria, podríamos decir.
“En este sentido, la necesidad de un Estado activo, transparente, eficaz y eficiente que promueva políticas públicas es una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos.
Ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres (DA, 396) que brota de nuestra fe en Jesucristo (Cf. DI, 3; DA, 393-394), «requiere que socorramos las necesidades urgentes y al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos e instituciones para organizar estructuras más justas. Igualmente se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia” [28]
Conclusión
La “deuda social” exige la realización de la justicia social. Juntas, nos interpelan a todos los actores sociales, en particular al Estado, a la dirigencia política, al capital financiero, los empresarios, agropecuarios e industriales, sindicatos, las Iglesias y demás organizaciones sociales.
Pensemos que, según distintas fuentes, hay aproximadamente ciento cincuenta mil millones de dólares de argentinos en el exterior, sin contar los que están en el país fuera del circuito financiero, y que además los medios de comunicación nos informan que se van del país aproximadamente dos mil millones de dólares más por mes.
Me pregunto, les pregunto: ¿qué podemos hacer para que estos recursos sean puestos al servicio del país en orden a saldar la “deuda social” y generar las condiciones para un desarrollo integral para todos?
En nuestro caso, la “deuda social” son millones de argentinas y argentinos, la mayoría niños y jóvenes, que exigen de nosotros una respuesta ética, cultural y solidaria. Esto nos obliga a trabajar para cambiar las causas estructurales y las actitudes personales o corporativas que generan esta situación; y a través del diálogo lograr los acuerdos que nos permitan transformar esta realidad dolorosa a la que nos referimos al hablar de la “deuda social”.
La Iglesia al reconocer y hablar de la “deuda Social”, pone de manifiesto una vez más su amor y opción preferencial por los pobres y marginados [29] con quienes Jesucristo se identificó especialmente (Mt. 25, 40). Lo hace a la luz del primado de la caridad, atestiguado por la tradición cristiana, comenzando por la Iglesia peregrina” (Cfr. Hech 4,32; 1 Co. 16,1; 2 Co. 8-9; Ga. 2,10) [30], y siguiendo la tradición profética (Is. 1, 11-17, Jer 7, 4-7; Am 5, 21-25).
Para la Iglesia es esencial tratar el problema de la deuda social porque el hombre, y en particular los pobres, son precisamente el camino de la Iglesia porque fue el camino de Jesucristo.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Notas
[1] Cf. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016) 5. Documento de los obispos al término la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, Pilar, 14/11/2008.
[2] H acia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016) 5. Documento de los obispos al término la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina , Pilar, 14/11/2008.
[3] Cf. Para profundizar la pastoral social 4. Carta del Episcopado en el marco de la 88ª Asamblea Plenaria, San Miguel, 11/11/2004.
[4] "[cuando el individuo] se individualiza más allá de cierto punto, si se separa demasiado radicalmente de los demás seres, hombres o cosas, se encuentra incomunicada con las fuentes mismas de las que normalmente debería alimentarse, ya no tiene nada a que poder aplicarse. Al hacer el vacío a su alrededor, ha hecho el vacío dentro de sí misma y no le queda nada más para reflexionar más que su propia miseria. Ya no tiene como objeto de meditación otra cosa que la nada que está en ella y la tristeza que es su consecuencia".[4] Una vida sin sentido implica una vida sin arraigo social. DURKHEIM, Emil, El Suicidio, Shapire Editor, Buenos Aires 1971, p 225
[5] Cf. Para profundizar la pastoral social 4. Carta del Episcopado en el marco de la 88ª Asamblea Plenaria, San Miguel, 11/11/2004.
[6] DSD 167. IV Conferencia general del Episcopado Latinoamericano. Documento de Santo Domingo. 12-28 de Octubre del 1992
[7] Cfr. CDSI 153 Pontificio Consejo «Justicia y Paz» Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. 2005
[8] MM 219. SS. Juan XXIII: Mater et Magistra. Carta encíclica sobre los recientes desarrollos de la cuestión social a la luz de la doctrina cristiana. 14/05/1961
[9] CA 28 SS. Juan Pablo II : “Centesimus Annus” Carta Encíclica en el centenario de la Rerum Novarum. 05/01/1991
[10] CV 75 SS. Benedicto XVI, Caritas in Veritate, Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. 29/06/09
[11] CA 34 SS. Juan Pablo II: “Centesimus Annus” Carta Encíclica en el centenario de la Rerum Novarum. 05/01/1991
[12] Ib.
[13] DA 65. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. DOCUMENTO CONCLUSIVO, Aparecida, 13 1l 31 de Mayo de 2007.
[14] (JP II, 16 nov. 1980)
[15] NMA,34. Navega mar Adentro . Documento de los obispos al término la 85ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, San Miguel, 31/5/2003)
[16] DA 22. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. DOCUMENTO CONCLUSIVO, Aparecida, 13 al 31 de Mayo de 2007.
[17] DP29. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. DOCUMENTO CONCLUSIVO, Puebla, 1979.
[18] DI III 4. SS. Juan Pablo II, Discurso Inaugural en el Seminario Palafoxiano de Puebla de los Ángeles, México. 28/01/1979
[19] DP29 Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. DOCUMENTO CONCLUSIVO, Puebla, 1979
[20] GS 29. Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes. Sobre La Iglesia en el mundo actual. 07/12/1965.
[21] DCE 28. SS BENEDICTO XVI, Deus caritas est, Carta encíclica sobre el amor cristiano . 25/12/2005.
[22] QA57. SS. PÍO XI, Quadragesimo anno, Carta encíclica sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica al celebrarse el 40º aniversario de la encíclica "Rerum novarum" de León XIII. 15/03/31
[23] Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016) 5. Documento de los obispos al término la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, Pilar, 14/11/ 2008.
[24] Afrontar con grandeza la situación actual 6b. Los Obispos de la Argentina, San Miguel, 11/11/2000.
[25] CV 36, a y c . SS. Benedicto XVI, Caritas in Veritate, Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. 29/06/09
[26] PP 24. SS. Pablo VI, Populorum Progressio Carta encíclica sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos. 26/03/1967
[27] Cf CV 40b
[28] Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016) 18b. Documento de los obispos al término la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, Pilar, 14 /11/2008.
[29] SS. Benedicto XVI, Combatir la pobreza, construir la paz. Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la paz. 01/01/2009.
[30] Ib.
Il Cardinal Bergoglio esorta a lottare contro “la cultura della morte”
Sept 13, 2009
Festa della vita a San Ramón Nonato
BUENOS AIRES, mercoledì, 2 settembre 2009 (ZENIT.org).- Il Cardinale Jorge Mario Bergoglio, Arcivescovo di Buenos Aires, ha esortato i credenti a lottare contro “la cultura della morte” celebrando questo lunedì la Messa nel santuario di San Ramón Nonato, che festeggia 70 anni.
Nell'omelia, rivolgendosi ai messaggeri della vita, il Cardinale ha chiesto di “mettere la faccia” per difendere la vita dal concepimento alla morte naturale.
Il primate d'Argentina ha dichiarato che “cultura della vita” è dire invece che “la vita vale la pena dal momento del concepimento”, ma anche accompagnare la crescita del bambino perché “cresca sano, abbia una buona istruzione e non gli manchi il cibo, abbia principi basati sui valori morali”.
“Bisogna metterci la faccia e dire: questa è cultura della vita, questa è vita, tutto il contrario rispetto alla cultura della morte; se qualcuno vede che una di queste cose manca, ditegli di no, dite che per quella via non si va da nessuna parte, che seguendo quel cammino si fallisce sempre”, ha esortato.
Il Cardinale ha insistito sulla necessità di accompagnare il bambino “durante tutta la sua esistenza”, anche “nel dolore, nella malattia, con ospedali puliti in cui non manchi nulla, dove il malato sia assistito bene. Questa è vita, questo è il messaggio della vita”.
Allo stesso modo, serve accompagnamento “quando si è anziani”, perché i nonni sono “la saggezza della vita”, ha ricordato, lamentando che a volte “vengono messi da parte” per motivi di lavoro o perché vivono lontano e non li si va a trovare spesso.
Benedizione dei messaggeri della vita
Il porporato ha quindi benedetto quanti portano l'immagine di San Ramón Nonato (1204-1240) casa per casa. Alcuni si sono impegnati ad essere “messaggeri della vita”, mentre altri hanno rinnovato il proprio impegno.
E' stata anche ascoltata la toccante testimonianza di una donna che, grazie alla preghiera e all'accompagnamento dei suoi familiari, ha portato avanti una gravidanza anche se questa comportava delle complicazioni ed è stata costretta a letto per i 9 mesi della gestazione.
Il santuario ha ricevuto per tutta la giornata una folla di fedeli, in particolare donne incinte o coppie che vogliono avere un figlio, che sono state benedette.
Sono state anche regalate scarpine e si è chiesto alle future mamme di portarne altre quando nasceranno i loro bambini, per le donne che si trovano nella stessa situazione.
Da parte sua, padre Alvaro Izurieta y Sea, cappellano dell'ospedale Enrique Tornú, ha presieduto una Messa in cui sono state benedette le mani delle levatrici e delle ostetriche.
Corpus Christi
Jun 22, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, a los jóvenes de la arquidiócesis de Buenos Aires en la Solemnidad de Corpus Christi
(13 de junio de 2009)
AICA Documentos - Cardenal Jorge Mario Bergoglio
La lectura del libro del Éxodo nos narra este diálogo litúrgico entre Moisés y el pueblo. Moisés lee la Ley de Dios y el pueblo va respondiendo y se compromete diciendo: “Estamos dispuestos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor”. Queda sellada la Alianza entre Dios y el pueblo.
Nosotros, en los Sacramentos, retomamos muchas veces este diálogo de Alianza, de compromiso verdadero. El día de nuestro Bautismo, el sacerdote le preguntó a nuestros padres: “¿Están dispuestos a educar a su hijo en la fe?”. Y ellos respondieron: “Sí, estamos dispuestos”. En el sacramento del Matrimonio se le preguntó a todos ustedes, esposos y esposas cristianos: “¿Están dispuestos a ser fieles?” Y ustedes respondieron: “Sí, estamos dispuestos”. En nuestra Ordenación se nos preguntó a nosotros sacerdotes “¿Están dispuestos a presidir fielmente la Eucaristía para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano?” y respondimos: “Sí, estamos dispuestos”.
Detrás de estos compromisos de Alianza reconocemos el estilo de Jesús que permaneció grabado en la memoria de la liturgia: esa manera tan suya de entrar en nuestra vida pidiendo permiso, preguntando si lo queremos recibir. El Señor siempre dice: “Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre, entraré y cenaremos juntos”. Jesús no invade nuestra vida, Él siempre pregunta: “¿Quieren andar conmigo”, “¿Están dispuestos a dar un paso más?”.
Frente a tantas realidades que o nos seducen “o nos amenazan”, Jesús apela siempre, una y otra vez, a nuestra libertad. Cuando a muchos les parecía duro su lenguaje sobre la Eucaristía, Jesús mismo le pregunta a sus amigos: “¿Y ustedes? ¿También ustedes quieren dejarme?”. Y Pedro en nombre de todos le dice “No. Señor. ¡A quién iremos!”
En la Eucaristía, que Jesús ha “deseado ardientemente” compartir con nosotros, este diálogo de Alianza cobra toda su fuerza en la humildad del ofrecimiento del Señor. Cuando escuchamos que dice: “Tomen y coman”, el tono es: “¿Quieren comer mi carne y beber mi sangre?”. Cuando dice: “Hagan esto en memoria mía”, nos está preguntando: “¿Están dispuestos a hacer esto en memoria mía?”. Este gesto tan sencillo de ofrecerse como Pan, es un gesto de amor sin condiciones. Un gesto que pide ser recibido humildemente por otro amor también sin condiciones.
De ahí que la Eucaristía, aunque a veces la dejemos de lado por un tiempo, renace siempre en los momentos importantes de nuestra vida. El Señor nos acompaña por el camino, aun sin darnos cuenta, y siempre hay un momento en el que, al partir el pan, se nos abren los ojos y recuperamos la memoria de su Amor. Eso es celebrar la Eucaristía: ¡recuperar la memoria de su Amor!
Jesús anticipó en la Eucaristía el Don de sí que iba a realizar en la Cruz. Anticipó y concentró en la Eucaristía todo su Amor. Por eso la Eucaristía tiene esta virtud de abrir los ojos, de hacernos “recordar”, de inundar de Amor la memoria de nuestro corazón. La Eucaristía nos vuelve contemporáneos con el misterio de la Cruz y de la Resurrección de Jesús, nos mantiene en Alianza de Amor con el Señor, hasta que vuelva.
Y hoy es un día muy especial para que renovemos nuestra Alianza, para que sintamos cómo el Señor mismo nos pregunta humildemente: “¿Están dispuestos a revivir una vez más la memoria de mi Amor?” y respondamos juntos de todo corazón: ¡Sí, estamos dispuestos! Hagámoslo de corazón
El Señor nos mandó que permanezcamos en su amor, y la memoria agradecida es una manera de permanecer en su amor. ¿Están dispuestos a no dejar que caiga en el olvido la memoria de este Amor, están dispuestos a permanecer en el Amor de Jesús?
¡Sí, estamos dispuestos!
El Señor nos mandó que nos perdonemos unos a otros, y compartir la Eucaristía implica perdonarnos y aceptarnos. ¿Están dispuestos a perdonar y a dejarse perdonar?
¡Sí, estamos dispuestos!
El Señor nos mandó que diéramos de comer al hambriento. Recibir el Cuerpo de Cristo supone el compromiso de extender este compartir el pan a todos los hermanos y en todas las dimensiones de la vida. ¿Están dispuestos a compartir?
¡Sí, estamos dispuestos!
El Señor, en el lavatorio de los pies, nos mandó que no le pusiéramos distancia a su misericordia. ¿Están dispuestos a dejar que el Señor se les acerque y los toque con su misericordia, les lave los pies y los purifique?
¡Sí, estamos dispuestos!
El Señor, por el camino de Emaús, les reprochó a los discípulos que anduvieran encerrados en sus pensamientos de tristeza, faltos de fe, con la conciencia aislada y separados de la Comunidad. ¿Están dispuestos a dejar que el Señor les encienda de nuevo la Esperanza en el corazón y les haga decir como un solo pueblo: “Jesucristo, Señor de la Historia, ¡te necesitamos!”?
¡Sí, estamos dispuestos!
¿Están dispuestos a no bajar los brazos y a remar mar adentro una vez más, cada mañana, y a echar las redes en su Nombre aunque hasta ahora parezca que no han pescado nada, seguros de que Él los espera en la orilla con las brasas encendidas y el pescado asado y el Pan calentito que confortan luego de la dura tarea?
¡Sí, estamos dispuestos!
Con estos deseos, con el tono consolador de este diálogo de amor y de Nueva Alianza, nos acercaremos hoy a comulgar con devoción. Dejemos que la memoria Viva del Señor nos gane el corazón, unja de agradecimiento y esperanza todos los rincones de nuestra vida, especialmente aquellos donde no nos animamos a que entre su luz y la calidez perdonadora de su misericordia.
Así alimentados por este pan bendito y ungidos por la sangre salvadora saldremos a ungir todos los lugares de nuestra ciudad. El nos envía como envió a los primeros setenta y dos misioneros y misioneras, de dos en dos, a los lugares a donde luego debía ir Él. Y vamos para anunciar que viene, para que lo precedamos y le preparemos sitio. El quiere comulgar con nuestra vida, tiene sed de todo lo nuestro, de todo lo humano, especialmente de nuestros pecados para perdonarlos. El tiene hambre de todo lo que nos pasa, hambre de nuestro amor. El Señor se hace Eucaristía porque quiere entrar en comunión con nosotros. Comunión de amor. Comunión de amistad.
No perdamos la memoria de esta Alianza; permanezcamos en la memoria del amor a Jesús, desestimando toda propuesta de resentimiento, odio, desunión, egoísmo y rencor. Permanezcamos en el Amor y digamos, desde el fondo de nuestro corazón, que preferimos este camino, que estamos dispuestos a caminar en esta alianza de amor. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
XXº Marcha Juvenil de Corpus Christi
Jun 22, 2009
Desgrabación de las palabras del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, a los jóvenes de la arquidiócesis de Buenos Aires con motivo de la XXº Marcha Juvenil de Corpus Christi
(13 de junio de 2009)
AICA Documentos - Cardenal Jorge Mario Bergoglio
Gracias por este gesto.
Gracias por este gesto de haber atravesado Buenos Aires desde cuatro lugares y haber mostrado a la gente que todavía en Buenos Aires se sueña.
Que todavía hay sueños en Buenos Aires.
Sueños capaces de hacer caminar a los jóvenes atravesando la ciudad.
Sueños capaces de meterse en la vida de la ciudad y decir: “esto puede cambiar”.
Sueños capaces de meterse en los corazones y decir: “reí, el Señor te ama. Amá vos también”.
Sueños capaces de proclamar que vale la pena jugarse la vida por Jesús.
Esto es lo que han hecho ustedes. Y yo les quiero decir que nosotros necesitamos de sus sueños.
Una sociedad donde los jóvenes no sueñan está muerta.
Necesitamos que todos siembren sus sueños en la sociedad.
Necesitamos de sus utopías. Que las planten en el tejido social y hagan reverdecer a aquellos que estamos viendo tan alicaídos.
Necesitamos que los sueños de todos se metan en todos los rincones de la ciudad, porque los sueños de ustedes no son solamente de ustedes: son de aquellos que se están jugando la vida.
Anímense a soñar.
No se duerman. Los jóvenes dormidos no sirven.
Anímense a soñar. Anímense a caminar y entonces sí a jugarse la vida por el Señor.
Jesús caminó con ustedes y va a seguir caminando hasta la Plaza.
Jesús tiene un mensaje que es el sueño más grande: que somos todos hermanos. El mensaje del amor. Ustedes lo pueden dar.
Anímense a sembrar esos sueños. No tengan miedo de soñar: si se les va la mano ya los van a bajar de un hondazo. No se preocupen, pero ¡sueñen, por favor! Necesitamos del sueño de ustedes. No pierdan el sueño y así como una vez les dije “ojo, que no les metan la mano en el bolsillo y les roben la esperanza”, hoy les digo: “que no les tiren un baldazo de agua y les apaguen los sueños”.
No se dejen robar los sueños. Por ninguna propuesta que parezca más fascinante en el momento y que termina a los 10 minutos.
No te dejés robar el sueño que tenés en tu corazón. Ese sueño te lo puso Dios para sembrarlo, para llegar a otros, para jugarse la vida por el Señor.
Ahora, soñando, estas cuadras que nos faltan vamos hasta la plaza y ahí nos vamos a encontrar con Jesús.
Cantando, llenos de vida con ganas de decirle: “Jesús, me quiero jugar la vida por vos”.
Y, créanme, que los mayores y toda la ciudad necesitamos que ustedes soñando se jueguen la vida por Jesús.
¡Adelante, entonces!
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Cardenal Bergoglio: El Espíritu Santo disipa la tiniebla de la mentira y la nebulosa de las pseudoverdades
May 24, 2009
El Arzobispo de Buenos Aires explicó que “la mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud antropocéntrica. Un humanismo sutil enemigo del Dios Viviente – y, en secreto, no menos enemigo del hombre- que puede instalarse en nosotros por mil subterfugios”. “Cuando un sacerdote negocia con esta actitud deja de ser pastor de pueblo para convertirse en clérigo de estado, en funcionario”, aseveró.
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, alentó ayer a los miembros de la Conferencia Episcopal Argentina a aceptar y recibir plenamente el Espíritu Santo en el corazón, a fin de que "nos dejemos introducir por Él en el Misterio y nos dejemos enviar por Él como testigos, de tal manera que no configuremos una Iglesia gnóstica o una Iglesia autorreferencial".
"Que por este camino lleguemos hasta el final sin quedarnos en atajos negociando con la 'prudencia' del mundo, prudencia nacida de compromisos con la riqueza, la vanidad y la soberbia. Nuestro pueblo fiel nos reclama pastores, testigos del Misterio, enviados a anunciar a Jesucristo", asegúro en la homilía de la misa de apertura de la 97 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, de la que da cuenta la Agencia AICA.
El cardenal primado del país sudamericano destacó que la presencia del Espíritu Santo “en nuestro corazón disipa la tiniebla de la mentira y la nebulosa de esas pseudoverdades, verdades a mitad de camino, expresiones de cumplimiento (cumplo y miento), expresiones de compromiso con el mundo, que ‘no lo puede recibir (al Espíritu Santo), porque no lo ve ni lo conoce’; expresiones generadas en el espíritu de mundanidad espiritual”.
"Si esta mundanidad espiritual invadiera la Iglesia y trabajara para corromperla atacándola en su mismo principio, sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral”, comentó el Arzobispo. “La mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud antropocéntrica... un humanismo sutil enemigo del Dios Viviente –y, en secreto, no menos enemigo del hombre– que puede instalarse en nosotros por mil subterfugios. Cuando un sacerdote negocia con esta actitud deja de ser pastor de pueblo para convertirse en clérigo de estado, en funcionario", aseveró.
"El Espíritu Santo nos sitúa más allá y nos rescata de este espíritu del mundo, del espíritu de ese “mundo” del cual es más peligroso ser amigo que enemigo. Nos libera de esta trampa que tiende a mundanizar nuestro Ministerio. Él desde dentro nuestro, nos conduce y nos impulsa en dos direcciones diferentes: una hacia dentro pues nos introduce en el Misterio y otra hacia afuera que nos da la fuerza del testimonio", rescató.
"La unción del Espíritu nos recuerda la doctrina y nos la sigue enseñando, develando, a lo largo de la Vida. Nos empuja hacia el Misterio, nos introduce en el Misterio", afirmó el Cardenal Bergoglio, aunque aclaró que "su trabajo en nosotros no es sólo éste sino también empujarnos al mundo, a ese mundo que no quiso recibir al Señor, ese mundo que odió al Señor y nos odiará también a nosotros. "No recibimos al Espíritu Santo para nosotros solos de manera que fomentemos una espiritualidad de autocomplacencia. No lo recibimos para que nuestras comunidades sólo posean y recuerden la Verdad. El Espíritu va más allá y nos envía, desde el Misterio en el que nos introdujo, hacia afuera. Nos salva de una Iglesia autorreferencial. Nos hace misioneros", consideró.
www.cope.es
MISA DE APERTURA de la 97ª ASAMBLEA PLENARIA
May 13, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la misa de apertura de la 97ª Asamblea Plenaria de la CEA (Viernes 8 de mayo de 2009)
1. En el clima de despedida que precede a la Pasión Jesús anuncia “la promesa del Padre” (Hech. 1: 4) “Yo les digo estas cosas mientras permanezco con Ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho” (Jo 14: 26); les promete “el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con Ustedes y estará con Ustedes” (Ju.14:17). Y antes de partir al cielo les recomienda no moverse de Jerusalén y esperar allí al Espíritu Santo, pues serán bautizados en Él y recibirán su fuerza que los hará testigos suyos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (cfr. Hech. 1: 4-8).
Estas palabras de Jesús las recibimos con corazón abierto y disponible. Queremos que nuestro Ministerio episcopal esté conducido por la unción del Espíritu Santo y esto lo pedimos unos por otros, de modo especial en esta Eucaristía.
2. Jesús llama al Espíritu Santo “Espíritu de Verdad”; su presencia en nuestro corazón disipa la tiniebla de la mentira y la nebulosa de esas pseudoverdades, verdades a mitad de camino, expresiones de cumplimiento (cumplo y miento), expresiones de compromiso con el mundo, que “no lo puede recibir (al Espíritu Santo), porque no lo ve ni lo conoce” (Ju. 14: 17); expresiones generadas en el espíritu de mundanidad espiritual, “el mayor peligro, la tentación más pérfida, la que siempre renace -insidiosamente- cuando todas las demás han sido vencidas y cobra nuevo vigor con estas mismas victorias... Si esta mundanidad espiritual invadiera la Iglesia y trabajara para corromperla atacándola en su mismo principio, sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral. Peor aún que aquella lepra infame que, en ciertos momentos de la historia, desfiguró tan cruelmente a la Esposa bienamada, cuando la religión parecía instalar el escándalo en el mismo santuario”. (cfr. De Lubac, Meditaciones sobre la Iglesia, Descléc, Pamplona 2ª ed. pg. 367-368).
“La mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud antropocéntrica... un humanismo sutil enemigo del Dios Viviente –y, en secreto, no menos enemigo del hombre– que puede instalarse en nosotros por mil subterfugios” (ibid). Cuando un sacerdote negocia con esta actitud deja de ser pastor de pueblo para convertirse en clérigo de estado, en funcionario.
El Espíritu Santo nos sitúa más allá y nos rescata de este espíritu del mundo, del espíritu de ese “mundo” del cual es más peligroso ser amigo que enemigo. Nos libera de esta trampa que tiende a mundanizar nuestro Ministerio. Él desde dentro nuestro, nos conduce y nos impulsa en dos direcciones diferentes: una hacia dentro pues nos introduce en el Misterio y otra hacia afuera que nos da la fuerza del testimonio.
3. Jesús nos envía desde el Padre el Espíritu de Verdad. Nos dice que él nos enseñará todo y nos recordará lo que el mismo Señor nos ha enseñado. Memoria y docencia. La unción del Espíritu nos recuerda la doctrina y nos la sigue enseñando, develando, a lo largo de la Vida. Nos empuja hacia el Misterio, nos introduce en el Misterio. No nos deja a mitad de camino, nos defiende de las confusiones, nos conduce hacia la plenitud y la madurez de la fe. De esta manera, como comunidad de creyentes, nos salva de pertenecer a una Iglesia gnóstica porque el conocimiento que nos infunde es sapiencial y preñado de amor, es un conocimiento que nos unge discípulos de Jesucristo y no meros conocedores de una filosofía o de una doctrina.
4. Pero su trabajo en nosotros no es sólo éste sino también empujarnos al mundo, a ese mundo que no quiso recibir al Señor, ese mundo que odió al Señor y nos odiará también a nosotros (cfr. Jo. 15: 18-19). Nos conduce allí para ser testigos de la resurrección de Jesús. No recibimos al Espíritu Santo para nosotros solos de manera que fomentemos una espiritualidad de autocomplacencia. No lo recibimos para que nuestras comunidades sólo posean y recuerden la Verdad. El Espíritu va más allá y nos envía, desde el Misterio en el que nos introdujo, hacia afuera. Nos salva de una Iglesia autorreferencial. Nos hace misioneros.
5. Jesús les pide a sus discípulos que no se muevan de Jerusalén hasta que venga el Don del Padre. A nosotros nos pide también que no nos movamos ni hacia el Misterio, que nos unge discípulos, ni hacia el mundo para llevar la Buena Noticia como testigos misioneros, si no es conducidos por la Unción del Espíritu Santo. Saber discernir los caminos por donde nos lleva el Espíritu y ser dóciles a ellos es una gracia que, cotidianamente, hemos de suplicar para nuestro servicio ministerial.
6. Nuestra Señora comprendió esto. sobre Ella había venido el Espíritu Santo (Lc. 1: 35) y a la luz de su unción conservaba y meditaba todos los acontecimientos en su corazón (Lc. 2: 19; 2: 33; 2:51); no perdió nunca la capacidad de admirarse con ese estupor que provoca la presencia del Espíritu, no se quedó a mitad camino y llegó, perseverando, hasta el final. Tampoco Pablo se quedó a mitad camino buscando una componenda con los licaonios de Listra, un compromiso que le permitiera aceptar el honor mundano y, a la vez, anunciar a Jesucristo. Llegó hasta el final porque lo impulsaba el Espíritu de la Verdad. Y si miramos a Juan Bautista encontramos la misma actitud: no negociar con la mundana vanagloria del momento. (Ju. 1: 19-27). Ellos, en su vida, nos dan testimonio de que el Espíritu impulsa y conduce hacia la plenitud y consumación de su obra. El mismo Jesús tuvo que soportar el zarandeo que le proponía una redención “a medida mundana” a través de la riqueza, la vanidad y el poder (cfr. Mt. 4: 1-11). Él, que fue ungido Señor de todos, nos marca el rumbo; quiso pasar por la tentación de la componenda y vencerla con la fuerza de la Palabra de Dios. Y esto lo hizo porque “fue llevado por el Espíritu” (Mt. 4: 1, Mc. 1:12), porque estaba “lleno del Espíritu Santo” y “fue conducido por el Espíritu (Lc. 4: 1)
7. Comenzamos esta Asamblea fortalecidos por la promesa de Jesús: “el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”. Y pedimos que esta presencia del Espíritu sea aceptada y acogida plenamente en nuestro corazón. Que nos dejemos introducir por Él en el Misterio y nos dejemos enviar por Él como testigos, de tal manera que no configuremos una Iglesia gnóstica o una Iglesia autorreferencial. Y que por este camino lleguemos hasta el final sin quedarnos en atajos negociando con la “prudencia” del mundo, prudencia nacida de compromisos con la riqueza, la vanidad y la soberbia. Nuestro pueblo fiel nos reclama pastores, testigos del Misterio, enviados a anunciar a Jesucristo.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 8 de mayo de 2009.
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MISA DE LA Educación
Apr 29, 2009
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, pronunciada en el atrio de la Catedral Metropolitana con motivo de la Misa por la Educación
(22 de abril de 2009)
En el pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar hay una frase muy sugestiva, cuando el Ángel le abre la prisión a los Apóstoles. Les dice: “Vayan al templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta vida nueva”. Anuncien esta propuesta, esta propuesta que vienen predicando. Un mandato que sigue a lo largo de los siglos y que no es otra cosa que el eco de Jesús: “Vayan, anuncien, enseñen, bauticen”. “Vayan al templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva vida”. Y qué es lo que se refiere a esta nueva vida? Muy sencillo. Que Dios nos amó tanto que entregó a su Hijo para salvarnos. Lo escuchamos en el Evangelio que se acaba de proclamar. Y Jesús, cuando explica esto, dice que “la luz vino al mundo, Dios envió la luz al mundo”.
Pero hay hombres que prefieren las tinieblas y el Señor marca esa división secular, no ya de buenos contra malos, de este color contra este otro color sino de una opción interior: yo prefiero la luz, yo prefiero las tinieblas… y esa opción sigue cobrando fuerzas en nuestros días. Y Jesús avanza en su explicación: porque todo el que obra mal “odia la luz y no se acerca a ella por temor de que sus obras sean descubiertas”. Todo el que tiene mala conciencia se esconde de la luz, se esconde de la evidencia, en las mil maneras de esconderse que hay, pero no se deja iluminar por esa luz mansa de la verdad; en cambio, sigue Jesús, el “que obra conforme a la Verdad se acerca a la luz para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas por Dios”. El que tiene la conciencia tranquila, el que siempre busca el bien se abre a la luz y por ahí la luz le hace ver que está equivocado acá y acá, y lo reconoce! Porque tiene buena intención. Este modo de vida que el Ángel nos manda a anunciar es que optemos por la luz.
En este día, en que damos oficialmente como inaugurado, así de manera espiritualmente, este año lectivo, en oración, nos viene bien recordar a quienes estamos encargados de educar, a todos los que trabajan en una comunidad educativa y a los padres también porque ellos trabajan en la comunidad educativa, nuestra única opción es llevar a los chicos y a las chicas por el camino de la luz.
Esto hoy no es fácil! Lo saben todos ustedes! Lo sabemos todos! Las propuestas de las tinieblas están al alcance de la mano… las tinieblas de la media verdad; la tiniebla gnóstica de la experimentación con los chicos… (experimentemos este método a ver como sale y el chico tiene una educación de probeta y si salió mal, pobrecito, fracasó!) Eso es tiniebla: con los chicos no se experimenta. La tiniebla del abandono: cuantos chicos y chicas “abandónicos” recibimos en nuestras aulas! Abandonados de cariño, diálogo, alegría y que no saben lo que es jugar con papá y mamá. La propuesta del atajo fácil, de la satisfacción al alcance de la mano, la propuesta del alcohol, la propuesta de la droga… y eso es tiniebla. La propuesta de la droga… no tienen idea de lo grave que es esta propuesta tenebrosa, esta corrupción que llega incluso a repartirse en las esquinas de las escuelas.
Una veintena de sacerdotes de esta Arquidiócesis acaba de hacer público una reflexión, un documento sobre este gravísimo problema: la droga. Pero esto no es una cuestión de estos sacerdotes; es cuestión de todos nosotros; es cuestión mía y de todos los obispos auxiliares que apoyamos esa declaración! Porque tenemos que defender la “cría” (perdonen la palabra) y a veces este mundo de las tinieblas nos hace olvidar de ese instinto de defender la cría.
Y como esas tinieblas son poderosas, en el día de ayer uno de los sacerdotes firmantes de ese comunicado fue amenazado. Sabemos que estas amenazas no son chaucha y palitos…. No sabemos en que van a terminar. Pero vos hablas! Denuncias una tiniebla que es ofrecida por los mercaderes de las tinieblas en las puertas mismas de los lugares donde están los chicos y te viene la amenaza! Todavía hay hombres y mujeres que se consocian para llevar adelante la tiniebla como felicidad fácil, como felicidad al alcance de la mano.
Hoy a ustedes que trabajan en Educación, rodeados de estos chicos y chicas sobre los cuales tenemos responsabilidad, les digo como el Ángel a los Apóstoles: “Salgan del encierro y vayan y anuncien este modo de vida”. Este modo de vida en que la luz es la que vence; este modo en que no se negocia la luz por un farolito así nomás que deja a su costado espacios de tiniebla. Anuncien este modo de vida en que la tiniebla no tiene lugar y luchen contra ese cansancio tan habitual que los caracteriza en su vocación para que cada chico y cada chica abra su corazón a la luz y no le tengan miedo a la luz aunque les pueda costar algunas dificultades.
A ustedes, chicas y chicos, simplemente les digo: Caminen por la luz, no se dejen seducir por los mercaderes de las tinieblas; abran su corazón a la luz aunque cueste. No se dejen encadenar por esas promesas que parecen de libertad y son de opresión; las promesas del gozo fatuo, las promesas de las tinieblas. Sigan adelante. El mundo es de ustedes. Vívanlo en la luz. Y vívanlo con alegría porque el que camina en la luz tiene un corazón alegre. Y esto es lo que les deseo a todos ustedes.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 22 de abril de 2009.
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VIGILIA PASCUAL
Apr 17, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la misa de la Vigilia Pascual
(11 de abril de 2009)
Estas buenas mujeres se levantaron tempranito para ir a ungir el cuerpo de Jesús muerto. Lo querían mucho. Estaban convencidas: está muerto. Se acabó. Se acabó la historia. Se acabó una linda ilusión. Pongamos rostro a la vida y sigamos como podamos… pero el amor las llevaba a eso. Y estaban ahí preocupadas sobre quien les iba a abrir el sepulcro: una piedra redonda que se hacía girar para tapar la puerta del sepulcro. Les preocupaba eso. Iban charlando… “¿Quién nos mueve esta piedra?” Escuchamos que el Evangelio dice: Era una piedra muy grande. Lo demás lo sabemos: encontraron la piedra removida, el anuncio del Ángel que Jesús estaba vivo y después salieron corriendo temblando, sin decir nada a nadie, porque estaban muertas de miedo.
Yo pensaba, cuando escuchaba el Evangelio, en los siglos de la historia que hoy hemos revivido aquí, con las lecturas de la historia de salvación, del pueblo judío, del pueblo de Dios… todos esos siglos de historia se estrellan y fracasan frente a una piedra que parece que nadie la puede mover. Todas las promesas de los profetas, las ilusiones, las esperanzas, terminan ahí, estrelladas en una piedra. Y pensaba que de siglos de historia podíamos pasar a nuestra vida. Nuestras vidas. Todos tenemos nuestra historia. No de siglos. Años y años de historias. Con sus pros y sus contras, sus buenas y sus malas pero todos tenemos la nuestra. Y todos tenemos la Fe en Jesús.
Pero me pregunto: ¿Cuántas veces nuestra vida cristiana, nuestra vida de seguimiento de Jesús, no es más que andar preocupándonos sobre quien nos va a mover una piedra? Y así pasamos la vida! Que si esto se puede, que si esto no se puede, que como puedo ser mas bueno, como puedo ser mejor, o como puedo arreglar este asunto o aquel otro… siempre frente a una piedra! Que me doy cuenta que yo no puedo mover! Y eso nos ata, nos quita libertad, no nos deja volar! No nos deja ser nosotros! Y hasta me atrevería a decir que nos “borronea” el nombre! … Cuantas veces horas, días, semanas, meses y años pensando en quien me va a remover la piedra… Eso es un fracaso.
Cuando nos dicen: “Mirá que la piedra está removida, mirá que lo que vos estás buscando está vivo al lado tuyo”… ahí nos agarra miedo y salimos disparando! Y preferimos la seguridad que nos da la cavilación nuestra sobre quien nos va a mover la piedra, preferimos eso, a la inseguridad de tenerlo vivo al lado! Que nos inspira en cada momento una cosa nueva, audaz, creativa! que nos inspira la vida del Resucitado.
Hoy, mirando la cavilación de estas mujeres, preguntémonos sobre las cavilaciones de nuestra vida. Preguntémonos si estamos convencidos de que a la piedra ya la rodaron y adentro no hay nadie. “Si Padre, estamos todos convencidos”, entonces ¿si estás convencido, decime, porque perder tiempo cavilando sobre quien te va a quitar la dificultad? Lo tenés vivo al lado! Él resucitó! Él está vivo! Él está con nosotros! Que en vez de sentir la tristeza de la cavilación sobre quien te va a mover la piedra de la dificultad, sientas el estupor del encuentro con Él, ese estupor que te transforma, ese estupor que te cambia la vida!
Y esta noche le pedimos a Jesús, cada uno por sí mismo y por todos los que estamos aquí: “Señor, que sienta el estupor del encuentro con vos, que no me enrede la vida en cuestiones secundarias, en que si esto, aquello, si podré si no podré… que sienta la alegría, la admiración, el gozo, el estupor, de saberte resucitado, vivo, al lado mío y esto no es una ficción.
Nos quedan dos caminos: o creemos en la piedra que está tapando el sepulcro y nos preguntamos quien me la va a mover o creemos que Él ya salió del sepulcro y nos está acompañando. Lo que celebramos hoy es esto segundo: Él está vivo. Que nos encontremos con Él. Que nos dejemos encontrar con Él para que así nos cambie la vida.
Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
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JUEVES SANTO
Apr 17, 2009
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, pronunciada en el Hospital Garrahan, con motivo del Lavatorio de Pies del Jueves Santo
(9 de abril de 2009)
Jesús, nos dice el Evangelio, tenía dos sentimientos: uno estaba frente al mal, al que lo había vendido y que lo iba a entregar esa noche… le estaban haciendo un mal. Y el otro sentimiento: el que El era poderoso. El sabía que iba al Padre, que venía del Padre y que tenía poder. Cual de estos dos sentimientos es el que Jesús elige para refugiar su corazón esta noche? Ninguno de los dos. Sino que mira la fragilidad de aquellos que lo rodean. Se olvida del odio que lo vendió y lo va a entregar; se olvida del poder que tiene y toma conciencia que vino para servir. Y nos deja, como legado en la Historia, esto: Hagan ustedes lo mismo que hice yo.
Hoy simbólicamente vamos a repetir el gesto de lavar los pies. Pero es un gesto simbólico! Para decir que todo aquel que quiere hacer algo por los demás, tiene que servir. Que el verdadero poder está en el servicio. Que la vocación mas grande que tienen una mujer y un hombre es la del servicio.
Yo elegí este hospital hoy, para venir a hacer esto, por dos razones: primero, para compadecerme con la inocencia que sufre, para acompañar a la inocencia que sufre… es inexplicable…. Yo no tengo explicación para el misterio de porque sufren los chicos. Lo dejo en el misterio de Dios. Segundo, para honrar (perdónenme la palabra rimbombante) para honrar el heroísmo cotidiano que hay aquí. Heroísmo anónimo que no sale en los diarios. Heroísmo de papás y mamás que se pasan días, meses por salvar… ahí… acompañar la vida de su hijo. Heroísmo de médicos y médicas. Heroísmo de enfermeros y enfermeras. Heroísmo de voluntarios. Heroísmo de tanta gente que trabaja acá por la inocencia que sufre.
Quise venir, a repetir este gesto de Jesús, para decirles a todos estos héroes anónimos, desconocidos, pero que son los que sostienen los verdaderos valores de la sociedad, que ese es el verdadero poder: el del servicio de todos los días. Servicio cansador; servicio muchas veces doloroso; pero servicio al fin.
Al rendirle un homenaje a ellos hoy, quiero de alguna manera exhortar a todos que pensemos como puedo servir mejor a la fragilidad de tantos hombres, mujeres y niños, porque ahí, en el servicio, está la grandeza, está el servicio, está la vocación.
Que Jesús, en esta tarde en que vamos a repetir el gesto de El con estos chicos… curioso, porque eran 12 pero son como 30 porque todos quieren ser apóstoles!! Y les vamos a lavar los pies a los 30 entonces!! Vamos a cumplir con ellos.
Que Dios, al ver este gesto, también nos meta a nosotros en el corazón las ganas de servir, y entrar en esa fila de héroes anónimos y cotidianos que son los que realmente llevan adelante la historia.
Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 9 de abril de 2009.
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Misa Crismal - AICA Documentos
Apr 13, 2009
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la Misa Crismal
(9 de abril de 2009)
1. El Señor entra una vez más en la Sinagoga de Nazareth y con el señorío sereno que lo caracteriza define la verdad de su misión: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Se presenta como ungido y enviado: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres ...” Ungido y enviado, ungido para ungir. Esta realeza ha querido participarla con nosotros y hoy celebramos la Eucaristía, la Memoria de su Pasión y Resurrección, reconociéndonos ungidos y enviados, ungidos para ungir.
En la Consagración del Crisma pediremos a Dios Padre Todopoderoso que se digne bendecir y santificar el ungüento –mezcla de aceite y perfume- para que aquellos cuyos cuerpos van a ser ungidos con él “sientan interiormente la unción de la bondad divina”.
2. La unción de la bondad divina... Cuando somos ungidos, en el Bautismo, en la Confirmación y en el Sacerdocio, lo que el Espíritu nos hace sentir y gustar en nuestra propia carne es la caricia de la bondad del Padre rico en Misericordia y de Jesucristo su Hijo, nuestro Buen Pastor y Amigo.
Al ser ungidos por esta Bondad nos convertimos en ungidores. Somos ungidos para ungir. Ungidos para ungir al pueblo fiel de Dios. Ungidos para hacer sentir la Bondad y la Ternura de Dios a toda persona que viene a este mundo, a todos los hombres que ama el Señor… Ya que el Padre no quiere que se pierda ─ que se quede sin sentir su Bondad ─ ni uno solo de sus pequeñitos.
La fuerza del Espíritu Santo, con la que fueron ungidos los sacerdotes, los reyes, los profetas y los mártires, no es otra fuerza que la de la Bondad. Bondad pobre en poder tal como lo concibe el mundo, pero todopoderosa para el que cree en la Cruz de Cristo, que es “una necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan - para nosotros - es fuerza de Dios” (1 Cor 1, 18).
3. Este bálsamo de la Bondad divina no es para que lo enterremos, como el que enterró su denario, ni para que lo guardemos enfrascado. Los frascos que serán bendecidos son para distribuirlos en todas las iglesias, en todos los crismeros de cada uno de los curas para salir a tocar la carne vulnerable del pueblo fiel de Dios, que necesita el bálsamo de la bondad divina para continuar su duro peregrinar por esta vida. Roto el frasco del óleo perfumado, como roto quedó el frasco de perfume de nardo con que María ungió los pies de Jesús, el perfume de la Bondad de Dios debe alcanzar con su caricia y su fragancia a todo el pueblo de Dios (que se llene “toda la casa con el olor del perfume” como dice Juan), comenzando por los más pequeños y frágiles, que tanto lo anhelan, hasta alcanzar a todos. Somos ungidos para ungir con esta bondad a nuestra ciudad, de las mil maneras que lo necesita, que lo exige y que lo anhela.
4. El espacio físico de nuestra ciudad necesita ser ungido como se ungen las Iglesias nuevas y los altares. Nuestra ciudad necesita ser ungida allí donde la bondad se vive naturalmente, en sus casas de familia, en sus escuelas, en los hospitales maternales, donde la vida nueva empieza y también en los que la vida sufre y termina. Necesita ser ungida para que esa bondad se consolide y se expanda en nuestra sociedad.
Nuestra ciudad también necesita ser ungida en los lugares donde la bondad está en lucha, en esos espacios que a veces son tierra de nadie y pasan a ser ocupados por el interés egoísta. Me refiero a los espacios de injusticia social y económica, en los que la bondad ─ el bien común ─ debe reinar. Este deseo lo tenemos todos, está escrito como ley natural en el corazón de todo hombre y de toda mujer.
Pero también y de manera especial, nuestra ciudad necesita ser ungida en los lugares donde se concentra el mal: la agresión y la violencia, el descontrol y la corrupción, la mentira y el robo.
Nuestra ciudad necesita ser ungida en todos sus habitantes. Signados nuestros niños con la pertenencia a Cristo, signados nuestros jóvenes con el sello del Espíritu, sello que anhelan inconscientemente en todos sus tatuajes, esas marcas que no sacian la sed de identidad profunda que ellos tienen. Nuestros jóvenes anhelan más que la vida ese sello del Espíritu que hace que se vuelva visible el Nombre de Cristo que está sellado en su corazón de carne y que busca mil maneras de manifestarse. Necesitan y reclaman a gritos que alguien los unja y les revele que pertenecen a Cristo, que sus dueños no son ni la marihuana, ni el paco, ni la cerveza, sino que es Cristo su Señor, el que los puede convocar y plenificar, misionar y acompañar.
5. Nuestro pueblo necesita sacerdotes ungidores, sacerdotes que sepan salir de su autocomplacencia y eficientismo y se den con simples gestos de bondad. Sacerdotes salidores que saben aproximarse al otro, acoger cordialmente, darse tiempo para hacer sentir a la gente que Dios tiene tiempo para ellos, ganas de atenderlos, de bendecirlos, de perdonarlos y de sanarlos.
Sacerdotes que ungen sin mesianismos ni funcionalismos. Sacerdotes que no guardan el frasco sin romper. Sacerdotes salidores y que están cerca del Sagrario, que vuelven al Sagrario para cargar de aceite sus lámparas antes de volver a salir.
6. ¿Cuál es la señal de que no se ha acabado el aceite, de que no se ha secado la unción que recibimos? El óleo con que fue ungido Jesús es óleo de alegría. La señal de que nuestro corazón reboza de aceite perfumado es la alegría espiritual. La alegría mansa que se experimenta luego de haberse desgastado con bondad y no por imagen (autocomplacencia) o por deber (el eficientismo del dios gestión). Esa alegría mezclada con el cansancio del Cristo de la paciencia, del Cristo bueno, que se compadece de sus ovejitas que andan sin pastor y se queda enseñándoles largo rato.
La bondad cansa pero no agota, cansa porque es trabajadora y requiere repetición de gestos personales, esos que pide con insistencia nuestro pueblo fiel: que le bauticemos a sus bebés, que le unjamos a sus enfermos, que le demos la bendición a sus cosas, a sus estampitas y a sus botellitas de agua, que visitemos sus casas y escuchemos sus confesiones, que les demos la comunión… La unción hace que los pequeños gestos de bondad sacerdotal estén cargados de alegría y de eficacia apostólica. Al fin y al cabo, el poder y la fuerza salvadora de Jesús se encarnó y arraigó en gestos de bondad muy sencillos: bendecir el pan, imponer las manos y tocar a los enfermos, enseñarle a los humildes las parábolas de la bondad del Padre misericordioso…
7. En este día renovamos nuestra unción sacerdotal. Sintamos sobre nosotros la mano del Señor que nos unge una vez más. Sintamos la fuerza y la ternura de su mirada que nuevamente nos llama a seguirlo de cerca. Y, como niños, le pedimos a nuestra Madre, la Virgen, que nos dé la gracia de reconocernos ungidos como ella, por la mirada bondadosa del Padre, mirados en nuestra pequeñez, para poder ver también y ungir con bondad y misericordia a los pequeños de nuestro pueblo fiel.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
visita ad limina
Mar 30, 2009
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, a Su Santidad Benedicto XVI, con motivo de la visita ad limina del primer grupo de los obispos argentinos (14 de marzo de 2009)
Santidad:
Este primer grupo de Obispos Argentinos con gozo viene a su “Visita ad Limina”. Gracias por recibirnos, escuchar nuestras inquietudes y problemas, compartir nuestros proyectos pastorales y –sobre todo- gracias por confirmarnos en la fe y en el servicio pastoral.
Nuestra patria es grande en extensión y en corazón. Posee un rico patrimonio cultural y espiritual. Tiene un alma creyente. En nombre de los fieles de nuestras Diócesis le expresamos los sentimientos de respeto y amor filial como asimismo la gratitud por su magisterio que afirma nuestra fe y nuestra pertenencia a la Iglesia. Nos estamos preparando para celebrar el bicentenario de nuestra independencia (2010-2016) y queremos que esta fecha sea ocasión de renovación espiritual y fortalecimiento de nuestro patrimonio cultural y católico.
En nuestra acción pastoral procuramos seguir los lineamientos “Navega mar adentro” elaborados por la Conferencia Episcopal y aprobados en la Asamblea del 31 de mayo de 2003 y también los del Documento de la 5ª Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida. “Con oído atento y sensibilidad pastoral queremos mirar desde la fe la compleja realidad del mundo que nos toca vivir para discernir los signos de los tiempos como reclamos de evangelización” (NMA, 21)
Somos conscientes de que el drama de nuestro tiempo es la ruptura entre Evangelio y cultura. Las familias, las instituciones y la sociedad en general, no encuentran nuevos cauces para sostenerse y creer. En nuestro país la pérdida de los valores que fundan la identidad como pueblo nos sitúa ante el riesgo de la descomposición del tejido social (cfr. NMA 24-25).
El desafío radical que hemos de asumir en Argentina es precisamente esta profunda crisis de valores de la cultura en la que toman fuerza otros graves problemas: el escándalo de la pobreza y la exclusión social, la crisis del matrimonio y la familia, la necesidad de mayor comunión. En la raíz misma del estado actual de la sociedad percibimos la fragmentación que cuestiona y debilita los vínculos del hombre con Dios, con la familia, con la sociedad y con la Iglesia (cfr. NMA 23).
Sin embargo, con la esperanza que nos infunde el Espíritu Santo, vemos en esta crisis una ocasión providencial para escuchar la llamada de Jesús a crecer como Nación. A pesar del desgaste social, en nuestra patria subsisten reservas de valores fundamentales: la lucha por la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la defensa de la dignidad humana, el aprecio por la libertad, la constancia y preocupación por los reclamos ante la justicia, el esfuerzo por educar bien a los hijos, el aprecio por la familia, la amistad y los afectos, el sentido de la fiesta y el ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente situaciones difíciles en la vida cotidiana (cfr. NMA, 28). Todos estos son signos de esperanza que nos alientan al anuncio de Jesucristo, a la búsqueda de nuevos modos en la transmisión de la fe transmisión tan vapuleada y hasta resquebrajada por la crisis arriba descriptas. Nuestro pueblo ama a la Virgen María y la venera en sus múltiples advocaciones, peregrina a sus Santuarios, reza el Rosario y habitualmente lleva al cuello una medalla con su imagen. Nuestras Iglesias particulares se sienten llamadas a renovarse en el camino de la santidad comunitaria y misionera que anime la actividad pastoral ordinaria en forma más creativa y orgánica (cfr. NMA 81). Queremos que nuestras Iglesias particulares sean casa y escuela de comunión y promover una espiritualidad de comunión entre nosotros obispos y con nuestros fieles (cfr. NMA 83-84), que nos haga crecer en el sentido de pertenencia a la Iglesia universal.
Santo Padre, con estas reflexiones y sentimientos nos acercamos hoy, filial y fraternalmente, y una vez más le pedimos a V. S. Que nos confirme en la fe y en el servicio al santo pueblo fiel de Dios.
Referencia
NMA: Navega Mar Adentro
Ciudad del Vaticano, 14 de marzo de 2009
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Ante el Papa, Bergoglio cuestionó la pobreza en la Argentina
Mar 19, 2009
El cardenal fue recibido por Benedicto XVI junto a otros 30 obispos argentinos. El Sumo Pontifice evitó hacer referencias a temas sociales o coyunturales del país, aunque el arzobispo porteño advirtió sobre el riesgo de "descomposición del tejido social"
El cardenal Jorge Bergoglio advirtió sobre el riesgo de "descomposición del tejido social" y sobre el "escándalo" de la pobreza y la exclusión en el país, al ser recibido junto con 30 obispos argentinos por el papa Benedicto XVI.
En tanto, el Pontífice instó a los prelados connacionales a contribuir a la unidad de la Iglesia y a acrecentar la fe de los argentinos mediante una "adecuada formación espiritual y doctrinal" de los fieles.
Al recibir en una audiencia conjunta a los 31 obispos que participan de la visita "ad límina" al Vaticano, el Papa evitó hacer referencias a temas sociales o coyunturales de país, y prefirió circunscribir su mensaje a cuestiones intraeclesiales.
En cambio, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina hizo hincapié en la "profunda" crisis de valores que afecta los cimientos de la sociedad y que a su entender ponen al país "frente al peligro de la descomposición del tejido social".
"En esta profunda crisis de valores de la cultura, cobran fuerza otros graves problemas como el escándalo de la pobreza y la exclusión social, la crisis del matrimonio y de la familia, la necesidad de mayor comunicación", aseveró el primado.
Desafíos, que según dijo Bergoglio en su discurso ante el Papa, el Episcopado argentino intenta responder subrayando "valores fundamentales".
Por su parte, Benedicto XVI recalcó la necesidad de la unidad de la Iglesia, tras las críticas que recibió, aunque no de prelados locales, por la remisión de la excomunión a cuatro obispos lefebvristas, entre ellos el polémico Richard Williamson que el gobierno echó de Argentina por negar el holocausto judío.
El Pontífice recordó que a los obispos les cabe la tarea de "impulsar y defender la integridad de la fe y la disciplina común de todo la Iglesia, enseñando además a los fieles a amar a todos sus hermanos".
Tras reconocer "la voluntad decidida" de los prelados argentinos para "mantener y afianzar la unidad en el seno de la Conferencia Episcopal", les manifestó su "apoyo, oración diaria y cercanía espiritual" en esta tarea que, reconoció, reporta "fatigas y desvelos".
En ese camino hacia la unidad eclesial, Benedicto XVI les sugirió "valorar y estimular" la participación de las congregaciones religiosas en las diócesis, muchas veces marginadas de la tarea evangelizadora.
También expresó su "firme esperanza" en el progreso y la renovación espiritual de los argentinos, y exhortó a los obispos a "un gran esfuerzo" para promover las vocaciones sacerdotales.
En este sentido, Benedicto XVI les exigió "una eficaz y exigente labor de discernimiento" de los candidatos que ingresan a los seminarios, para evitar nuevos escándalos por abusos sexuales.
Asimismo, les recomendó proyectar una pastoral matrimonial y familiar "más incisiva" y una pastoral juvenil "más audaz" para incrementar el ingreso de estos a las casa de formación sacerdotal.
El Papa reclamó a los obispos argentinos que conduzcan a los fieles por "una experiencia más viva de Jesucristo", e insistió en que para lograr que los cristianos crezcan y celebren su fe su pertenencia a la Iglesia se requiere "una intensa vida de oración y una adecuada formación espiritual y doctrinal".
"AYUNAR ES AMAR" Gesto Solidario de Cuaresma 2009
Mar 09, 2009
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, con motivo del inicio de la Cuaresma
Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos. El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona. Algo así puede pasarnos con el triste paisaje que asoma cada vez con más fuerza en nuestras calles. Nos acostumbramos a ver hombre y mujeres de toda edad pidiendo o revolviendo la basura, a muchos ancianos durmiendo en las esquinas o en los umbrales de los negocios, a muchos chicos durante el invierno acostados sobre las rejillas de los tragaluces de los subtes para que les suba algo de calor. Con el acostumbramiento viene la indiferencia: no nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder seguir de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él.
A este corazón acostumbrado viene a despertarlo y rescatarlo del mal de la indiferencia “la trompeta que invita a hacer sonar el profeta” con la que se inicia este tiempo de cuaresma. Y a palabra del Dios que ama con desmesura a todos sus hijos nos dice con ternura “Vuelve a mí de todo tu corazón”. Ese es el deseo de Dios: que nosotros, que a veces nos encontramos y vivimos lejos de él, volvamos no por obligación, no de mala gana, no por miedo…sino de “todo corazón”.
Es lo esencial de este tiempo que iniciamos: aceptar la invitación a entrar más y más en la intimidad del Señor. Es una palabra de amor a nosotros, hombres que tenemos la tendencia de poner siempre el acento en los “cumplimientos”. Por eso Dios continúa diciéndonos: “Desgarren sus corazones, y no sus vestidos”. Nuestros gestos, nuestras mortificaciones, nuestros sacrificios, sólo tienen valor si proceden del corazón, si expresan un amor.
Uno de los pilares de nuestro camino de preparación cuaresmal es el ayuno; pero éste debe partir del amor y llevarnos a un amor más grande. El ayuno que Dios quiere sigue siendo “partir nuestro pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no dar la espalda al hermano”.
Ayunar desde la solidaridad. Hoy sólo se puede ayunar trabajando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor y la impotencia de millones de hambrientos.
Quien no ayuna por el pobre engaña a Dios. Ayunar es amar. Nuestro ayuno voluntario debe ayudar a impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.
Este miércoles de Ceniza iniciamos, como Iglesia en Buenos Aires, una vez más “El Gesto solidario de cuaresma”. Y deseamos que sea la respuesta de una comunidad de discípulos que se preparan a seguir un camino de conversión para “hacer ayuno” de verdad. Un ayuno que sea signo de solidaridad con los que ayunan involuntariamente, un signo de justicia en un mundo cruel donde a unos se le hincha el estómago de comer y a otros el vientre de no comer; un ayuno que es no una imposición, sino la necesidad de manifestar la gratitud por el amor entregado de Jesús que nos dio la Vida, y continúa dándola.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
25 de febrero de 2008 - Miércoles de ceniza
Cardenal Bergoglio: El fin pastoral de toda la formación
Feb 26, 2009
IUDAD DEL VATICANO, sábado, 21 febrero 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció el 18 de febrero el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, durante la Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina sobre el significado e importancia de una formación académica sólida, sobre todo de aquellos que tienen que comunicar la doctrina.
Fin pastoral de toda la formación: a imagen del Buen Pastor
El número cuatro de la Optatam Totius nos da el fin desde el cual, conjunta y armónicamente, debe ordenarse toda la formación sacerdotal:
"Todos los aspectos de la formación, el espiritual, el intelectual y el disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a este fin pastoral ("consociata actione ad hunc finem pastoralem ordinentur"): a que se formen verdaderos pastores de almas, a imagen de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor (Optatam Totius 4).
En el mismo sentido nos dice Aparecida:
"Es necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los seminaristas un verdadero proceso integral: humano, espiritual, intelectual y pastoral, centrado en Jesucristo Buen Pastor" (Ap 319).
La imagen del Buen Pastor es, pues, el analogatum princeps de toda la formación. Al hablar del fin pastoral como fin último, tanto el Concilio como Aparecida están entendiendo "pastoral" en sentido eminente, no en cuanto se distingue de otros aspectos de la formación sino en cuanto los incluye a todos. Los incluye en la Caridad del Buen Pastor, dado que la Caridad "es la forma de todas las virtudes", como dice Santo Tomás siguiendo a San Ambrosio.
En sentido fuerte, pues, "formación" implica "que Cristo sea formado en nosotros", que recibamos la forma de la Caridad de Cristo. Esto supone una formación permanente, en la que siempre somos discípulos misioneros ya, que al mismo tiempo que nos configuramos con Cristo Buen Pastor como discípulos, nos volvemos capaces de ir comunicando esa forma como misioneros. Este sentido fuerte de formación es el que expresa Pablo cuando dice: "Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en ustedes" (Gal 4, 19).
Formación para la vida plena
Toda la formación se ordena, pues, a formar buenos pastores que comuniquen la Vida Plena de Jesucristo a nuestros pueblos, como quiere Aparecida:
"El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; de presbíteros-misioneros; movidos por la caridad pastoral: que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; de presbíteros-servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar el sacramento de la reconciliación" (Ap 199).
Aparecida formula estas características de la identidad sacerdotal con un estilo literario que apela a los "reclamos del pueblo de Dios a sus presbíteros". Nuestro pueblo fiel desea "pastores de pueblo" y no "clérigos de estado", "maestros de vida" que dan doctrina sólida que salva y no "diletantes" ocupados por defender su propia fama discutiendo cuestiones secundarias. Para poder ser buenos pastores y maestros, que comuniquen vida, se requiere desde el comienzo de la formación una "sólida espiritualidad de comunión con Cristo Pastor y docilidad a la acción del Espíritu".
La formación de pastores maestros
Apacentar en comunión con Cristo Pastor no sólo es cuidar y conducir sino también nutrir y alimentar, corregir y curar. Por eso es que el título de Pastor incluye al de Maestro, que nutre a su rebaño enseñándole el camino verdadero de la vida y corrigiéndolo de sus errores. El Maestro Bueno (Mt 19, 16) no enseña desde la lejanía de la cátedra sino que enseña como quien pastorea: estando cerca, haciéndose prójimo, nutriendo de manera tal que selecciona lo que alimenta y descarta lo nocivo mientras va de camino compartiendo la vida con su rebaño.
Lo pastoral pone su sello también a lo académico
En el lenguaje del Concilio y de Aparecida, "pastoral" no se opone a "doctrinal" sino que lo incluye. Tampoco es lo pastoral una mera "aplicación práctica contingente de la teología". Por el contrario, la Revelación misma -y por ende toda la teología- es pastoral, en el sentido de que es Palabra de salvación, Palabra de Dios para la Vida del mundo. Como dice Crispino Valenziano: "No se trata de ajustar una pastoral a la doctrina sino que se trata de no arruinar de la doctrina el constitutivo sello pastoral de origen . El ‘giro antropológico' que hay que seguir en teología sin dudas o perplejidad es aquel que va paralelo a la doctrina ‘pastoral': los hombres recibimos la revelación y la salvación percibiendo el conocimiento que Dios tiene de nuestra naturaleza y su condescendencia de Pastor con cada una de sus ovejitas".
Esta concepción integradora de doctrina y pastoral (que llevó a llamar ‘Constitución' -documento en el que se da una doctrina permanente- no sólo a la dogmática Lumen Gentium sino también a la pastoral Gaudium et Spes), se refleja muy claramente en el Decreto sobre la formación sacerdotal. El Decreto insiste en la importancia de formar pastores de almas. Pastores que, unidos al único Pastor Bueno y Hermoso (hermoso en cuanto que conduce atrayendo, no imponiendo), "apacienten sus ovejas" (cfr. Jn 21, 15-17).
Formación académica sólida
En cuanto a lo específico de la formación académica, quisiera detenerme a reflexionar un momento en torno a una característica que siempre sale al hablar de formación: la solidez.
La Optatam Totius hace hincapié en la solidez de la formación en general y en cada una de sus dimensiones. Pero de manera especial habla de la doctrina sólida que deben tener y comunicar los formadores que:
"Han de elegirse de entre los mejores y han de prepararse diligentemente con doctrina sólida, conveniente experiencia pastoral y una singular formación espiritual y pedagógica (OT 5).
Aparecida cita a "Pastores dabo vobis" donde Juan Pablo II hace alusión a la "seriedad y solidez de la formación". Solidez que lleva a los presbíteros a "comprender y vivir la singular riqueza del "don" de Dios -el sacerdocio- y a "desarrollar sus potencialidades" insertándose en la comunión presbiteral".
La solidez de la que se habla es la de la doctrina sólida del Buen Pastor, que alimenta a sus ovejas con manjar sólido, con Palabras de Vida eterna.
La solidez como propiedad de la Verdad
Lo que no siempre se advierte en su debida profundidad es que la solidez es una propiedad trascendental de la verdad. Dentro de la mentalidad hebrea, la verdad es "emeth", que significa ser sólido, seguro, fiel, digno de fe. La verdad de Cristo no gira en primer lugar en torno a la "revelación" o "desocultamiento" intelectual, más propio de la mentalidad griega. Este desocultamiento será pleno cuando "lo veamos tal cual es" (1Jn 3, 2), ya que ahora "vemos como en un espejo, en enigma" (1 Cor 13, 12). La verdad de Cristo gira más bien en torno a la adhesión de la fe; una adhesión que implica todo nuestro ser -corazón, mente y alma-. Esta adhesión es adhesión a la Persona de Jesucristo, "el Amén, el Testigo fiel y veraz" (Apoc 3, 14), en quien nos podemos confiar y apoyar porque nos da su Espíritu, que nos guía a la "Verdad completa" y nos permite discernir entre el bien y el mal. Como dice la Carta a los Hebreos:
"Aunque ya es tiempo de que sean maestros, ustedes necesitan que se les enseñen nuevamente los rudimentos de la Palabra de Dios: han vuelto a tener necesidad de leche, en lugar de comida sólida. Ahora bien, el que se alimenta de leche no puede entender la doctrina de la justicia porque no es más que un niño. El alimento sólido es propio de los adultos, de aquellos que, por la práctica tienen la sensibilidad adiestrada para discernir entre el bien y el mal" (Hb 5, 12-14).
La solidez de la que hablamos es, pues, participación en el Sacerdocio de Jesucristo "Quien debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo" (Hb 2, 17).
Por ello, si al escuchar hablar de doctrina sólida alguno piensa en formulaciones abstractas o en silogismos irrebatibles, está pensando dentro de un paradigma racionalista distinto de la solidez de la Verdad de Cristo, que es la de la Misericordia y la de la Fidelidad que salvan.
Solidez como apertura al misterio de Cristo
Si leemos bien la Optatam Totius vemos que al hablar de doctrina sólida se dice que hay que "coordinar" las disciplinas filosóficas y teológicas en orden a que las mentes "se abran al misterio de Cristo":
"En la revisión de los estudios eclesiásticos se ha de atender, sobre todo, a coordinar más adecuadamente las disciplinas filosóficas y teológicas, para que concurran armoniosamente a abrir más y más las mentes de los alumnos al Misterio de Cristo , que se refiere a toda la historia del género humano, influye constantemente en la Iglesia y opera, sobre todo, mediante el ministerio sacerdotal (OT 14).
Solidez dice, pues, a apertura: una sólida apertura, una apertura fiel y firme, estable y permanente, al misterio íntegro de Cristo. Apertura de la mente para que fluya la Vida plena: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3).
No se trata, pues, para nada de cierta rigidez doctrinal que parece cerrar filas sólo para defenderse a sí misma y puede terminar excluyendo a los hombres de la vida. Es lo que el Señor les reprocha a los fariseos cuando les dice: "Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas (...) guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello" (Mt 23, 23-24). Muy por el contrario, la solidez que buscamos para nuestros sacerdotes es una solidez humana y cristiana que abra las mentes a Dios y a los hombres.
Una característica de la verdad sólida es que siempre abre a más verdad, siempre abre a la Verdad trascendente de manera más amplia y profunda y sabe luego traducirla pastoralmente de manera que se establezca el diálogo con cada hombre y cada cultura.
Solidez que se arriesga para poner en juego la Palabra
El corazón de esta solidez gira en torno a la Palabra de Dios, ya que "la Sagrada Escritura debe ser como el alma de toda la teología" (OT 16):
"Prepárense, por consiguiente, para el ministerio de la palabra: que entiendan cada vez mejor la palabra revelada de Dios, que la posean con la meditación y la expresen en su lenguaje y sus costumbres (OT 4).
Rápidamente vemos cómo la formación en torno a la Palabra no se limita a su comprensión intelectual. El Concilio hace hincapié al mismo tiempo en la meditación -ya que es Palabra viva que debe ser contemplada con espíritu de alabanza y adoración- y en la expresión de la Palabra, tanto por medio del lenguaje como por medio del testimonio de vida.
La solidez de la Palabra proviene del juego constante que se da en el corazón del discípulo misionero entre la interiorización y la puesta en práctica de lo revelado. Si no se pone en práctica la palabra no se consolida -es como casa edificada sobre arena-. Lo paradójico es que la solidez se juega en el riesgo, en negociar el talento, en el salir de sí hacia las periferias existenciales... No es la solidez del museo ni de la auto-preservación. Por ello es que resulta imprescindible que la formación académica tenga la dimensión de bajada, de siembra y de fermento de la realidad y que suba desde ella con la cosecha de todo lo humano que puede ser elevado y perfeccionado por la gracia.
Solidez de la formación humanística y filosófica
Es quizás en este punto donde se encuentra el nudo del problema de la formación actual: el contacto con la realidad, como evangelización de la cultura e inculturación del evangelio, requiere un trabajo de discernimiento sólido.
Es necesario que los futuros pastores entren en contacto con el corazón de las culturas de los pueblos a los que van a servir, y no con la mera superficie o con fragmentos de una realidad mediada y modificada por las ciencias positivas. Estas ciencias se fundan en paradigmas operativos que no buscan llegar al ser profundo de las cosas sino que trabajan sobre su modo de operar. La imagen que ofrecen de la realidad es proyección de un deseo de dominio fragmentario y multiplicado.
En cambio, para entrar en contacto con la realidad viva del corazón de los hombres y de los pueblos es necesaria una sólida formación en las ciencias humanas, haciendo especial hincapié en todo lo que permite una visión histórica, simbólica y ética, que enmarque las dimensiones más analíticas del saber científico.
En lo humanístico me animaría a decir que la piedra de toque está en que el formando se vaya convirtiendo en un pastor que aprecia cada vez más la sabiduría de los pueblos, allí donde ésta se conecta, simbólica y místicamente, con la unidad de la naturaleza y con el misterio trascendente de Dios, expresado en el respeto por la sagrado y en la devoción por lo Santo y por los santos. Este camino de inculturación del Evangelio y de evangelización de la cultura implica un caminar junto con el pueblo fiel, aprendiendo de él a rezar y a amar al Dios Vivo y Verdadero. Es camino de discipulado en comunión siempre más incluyente; todo lo contrario de esas búsquedas intelectuales de círculos elitistas y auto-referenciales, que se complacen en discutir "cuestiones disputadas" en vez de alimentar al rebaño con comida sólida.
Al mismo tiempo, para que las ciencias enriquezcan la formación y puedan aportar sus saberes específicos -que hoy en día han crecido y se han especializado tanto- es necesaria una sólida formación filosófica, que abra las mentes al misterio del Ser y de sus propiedades trascendentales.
Solidez filosófica como apertura al misterio del ser
Así como la solidez de la apertura a la Revelación tiene como objeto el Misterio de Cristo, que nos abre al Misterio del Dios Trino y Uno, así, la solidez de la apertura filosófica tiene como objeto el misterio del ser y de cada una de sus propiedades trascendentales. Por eso, en lo filosófico es necesaria una formación que abra a los formandos a las propiedades trascendentales del ser, allí donde la verdad, el bien y la belleza, en su unidad, están siempre abiertas al Bien, a la Verdad y a la Belleza divinas. Es necesario buscar el fundamento trascendente de la realidad, allí donde las preguntas últimas del hombre no chocan en la oposición de los distintos sistemas categoriales, siempre en pugna unos con otros, sino que permiten el diálogo fecundo con todos los pensamientos que buscan auténticamente la verdad. A esto se refiere la Optatam Totius cuando habla de un "conocimiento sólido del hombre, del mundo y de Dios".
Como dice Von Balthasar:
"Se puede decir en general, que la relación habitual entre filosofía y teología, considerada durante mucho tiempo en la Iglesia católica como preparación para la teología, se ha modificado últimamente luego de un vasto declinar de la filosofía escolástica. En la actualidad, la teología busca más bien enraizarse, de modos variados, en alguna de las teologías así llamadas "fundamentales". O si no, presupone las "ciencias humanas", muchas de las cuales, sin embargo, carecen por completo de medios para introducir a la teología. (...) De aquí resulta un positivismo (teológico) difuso, que alcanza también, un poco por todos lados, a la pastoral. Se ofrece, entonces, al pueblo fiel consideraciones de origen sociológico que son en realidad de un nivel inferior a su piedad "no iluminada", mientras que los predicadores "iluminados" piensan que han superado desde hace mucho tiempo esas "viejas ideologías" y naturalmente no pueden reprimirse y no meter su nueva sabiduría en la catequesis de los jóvenes y también de los adultos".
Para abrirse a la totalidad del misterio de Cristo es necesario superar ese positivismo difuso que campea muchas veces en la teología (y que en ALyC a veces está incluso desfasado en el tiempo, ya que se reeditan ideologías ya superados en otras partes como si fueran una gran novedad). Para ello es necesario "volver a ganar una filosofía cristiana a partir de la teología".
Solidez como discreción
La solidez no sólo es la de un cuerpo doctrinal íntegro, que incluye la revelación entera en diálogo con la sabiduría de todos los hombres de todas las culturas, sino que es también la solidez de la espada bien templada: esa espada de doble filo que discierne la verdad. Por eso, contra la tentación del mundo actual de "sincretismos" de todo tipo, que se van por las ramas en cuestiones disputadas estériles o mezclan saberes inmezclables, la solidez de la formación de los pastores debe apuntar a la "discreción" espiritual, que sabe probar todo y quedarse con lo bueno.
"Discretio" vs "sincretismo", como dice E. Przywara: allí donde el "syn" del sincretismo es confusión de elementos incompatibles e irreconciliables, el "dis" de la discreción pone separación y claridad".
Como dice San Antonio: "la discreción es la madre, guardiana y maestra de todas las virtudes".
Formación sólida dice pues a "caridad discreta", a la discreción del Buen Pastor que sabe llevar a sus ovejas a los pastos abundantes y a las fuentes de agua viva al mismo tiempo que las defiende del lobo y de los falsos pastores, de los mercenarios.
Argentinien: „Das Gemeinwohl stärken!“
Dec 28, 2008
Der Erzbischof von Buenos Aires, Kardinal Jorge Mario Bergoglio, hat in der Christmette zu mehr Solidarität in Chile und Argentinien aufgerufen. In einer Zeit wachsender Unsicherheiten sei die Weihnachtsbotschaft besonders wertvoll. Die Menschen müssten sich von der Hoffnung berühren und von den Wundern des Herrn überraschen lassen, so der Erzbischof während der Feier in der Kathedrale von Buenos Aires. Die Politik müsse dringend Verantwortung für das Wohlergehen der Menschen übernehmen. Aber auch untereinander müssten die Menschen füreinander eintreten, so Bergoglio.
MISA DE APERTURA DE LA 96ª ASAMBLEA PLENARIA
Nov 16, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina,
en la misa de apertura de la 96ª Asamblea Plenaria
(10 de noviembre de 2008)
“Carta de Pablo, servidor de Dios y Apóstol de Dios y Apóstol de Jesucristo para conducir a los elegidos de Dios a la fe y al conocimiento de la verdadera piedad, con la esperanza de la Vida eterna. Esta vida que ha sido prometida antes de todos los siglos por el Dios que no miente, y a su debido tiempo, él manifestó su Palabra, mediante la proclamación de un mensaje que me fue confiado por mandato de Dios, nuestro Salvador. A Tito, mi verdadero hijo en nuestra fe común, le deseo la gracia y la paz que proceden de Dios, el Padre, y de Cristo Jesús nuestro Salvador.
Te he dejado en Creta, para que terminaras de organizarlo todo y establecieras presbíteros en cada ciudad de acuerdo con mis instrucciones. Todos ellos deben ser irreprochables, no haberse casado sino una sola vez y tener hijos creyentes, a los que no se pueda acusar de mala conducta o rebeldía. Porque el que preside la comunidad, en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí. También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.”(Tit. 1: 1-9)
Después dijo a sus discípulos: “Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Por lo tanto, ¡tengan cuidado!
Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo”.
Los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. Él respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería. (Lc. 17: 1-6).
1.- La primera lectura es una correspondencia entre pastores. San Pablo, que dejó a Tito en Creta “para organizarlo todo y establecer presbíteros en cada ciudad” (v.5), le recuerda cuál ha de ser el perfil del pastor, de aquel que está puesto para presidir una comunidad, no a la manera de referente o jefe sino “en calidad de administrador de Dios” (v.7). Desde le inicio de su carta quiere dejar bien claro que el pastor administra en nombre de Dios, administra las cosas de Dios. Porque no se trata de una gestión meramente humana: presidir una comunidad es una acción íntimamente ligada a Dios. Es Él quien elige y quien envía, es Él quien determina las pautas del trabajo. Cada uno de los miembros de la comunidad entra en relación con el pastor como con alguien venido de Dios y puesto en las cosas que atañen a Dios. La reverencia y el respeto que el santo pueblo fiel de Dios siente hacia el pastor lo trasciende a él mismo y se dirige al Señor, que es quien congrega a su Iglesia. De ahí que la sana y verdadera relación entre el pastor y su pueblo no pueda prescindir de este ámbito religioso que, sin afectar la normal relación humana, refiere siempre al Señor de todos, que convoca a todos y envía a todos.
2. Al pastor, San Pablo le pide que sea “irreprochable”. En esta palabra se condensa no sólo la ausencia de culpabilidad sino también la presencia de virtudes que hacen al modo original que el Señor quiso en la conducción de su Iglesia. En concreto le dice que ha de ser “hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí” (v.8). En pocas palabras le señala a Tito un modo de comportarse y de encarar la conducción pastoral que se enraiza en esa gran virtud que sólo se comprende desde la contemplación de la persona del Señor (cfr. Mt. 11:29): la mansedumbre sacerdotal. Actitud que congrega, que se hace acogedora, que atrae, pacifica, armoniza, deja crecer, sabe esperar los tiempos de Dios para cada uno. Actitud que se expresa en gestos de misericordia, en convicción de misericordia y se encarna en hombres con entrañas de misericordia. Actitud que sólo puede originarse y crecer en el corazón humilde, ése que es consciente de que fue y es salvado gratis por la sola misericordia del Señor.
3.- La mansedumbre que le pide San Pablo al sacerdote no se confunde con una permisividad indolente que se transforma en laissez-faire soberano; no es la búsqueda de la paz a cualquier precio, pues el corazón irenista que procede así está lleno de ansiedades y miedos, es cobarde; tampoco se trata de timidez natural o temperamental que se acoquina en un aura de “beatitud psicológica” no haciéndose cargo de las tormentas que debe enfrentar para defender y hacer crecer el rebaño. Al contrario, la mansedumbre sacerdotal es fuerte, no negocia la verdad, no mistifica el corazón del pastor, es valiente y entrañablemente conductora. El pastor conduce con y a través de su mansedumbre, y –precisamente desde esta virtud- también fortalece la doctrina y corrige los errores, porque la mansedumbre lo custodia “firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen” (v.9).
4.- La mansedumbre sacerdotal se forja y se manifiesta, fundamentalmente, en las contradicciones que debe soportar y sufrir el pastor y en la constancia con que las sobrelleva. Allí aparece su grandeza y fortaleza de alma pues, con su corazón en tensión por las persecuciones de fuera y las angustias por dentro, descubre que cuando es débil entonces es fuerte (cfr. 2 Cor. 12:10). Pablo explicita ampliamente esta experiencia de tensión interior y manifestación de la mansedumbre sacerdotal “para que no se desprestigie nuestro ministerio” (2 Cor. 6: 3) y dice: “Siempre nos comportamos como corresponde a ministros de Dios, con una gran constancia: en las tribulaciones, en las adversidades, en las angustias, al soportar los golpes, en la cárcel, en las revueltas, en las fatigas, en la falta de sueño, en el hambre. Nosotros obramos con integridad, con inteligencia, con paciencia, con benignidad, con docilidad al Espíritu Santo, con un amor sincero, con la palabra de verdad, con el poder de Dios...” (2 Cor. 6: 4-7).
5.- La mansedumbre sacerdotal expresa y acentúa aún más el trabajo de mediador propio del sacerdote. Hay algo, en la figura del mediador, que llama la atención: siempre pierde. En esto se diferencia del intermediario, que siempre gana o procura ganar. El intermediario medra a costilla de las partes: es un “minorista” que gana con la transferencia de bienes, un comisionista. En cambio el mediador se entrega a sí mismo, se desgasta a sí mismo, para unir a las partes, para consolidar el cuerpo de la Iglesia.
Y, porque es mediador, se hace intercesor: reedita en sí la figura de aquellos grandes Patriarcas intercesores, juega su fe en la certeza de que el grano de mostaza será un arbusto grande, y soporta sobre sus espaldas ese cansancio (hypomoné) propio de la intercesión. El pastor manso acrisola su existencia en la intercesión. Sabe de tener las manos alzadas en alto mientras dura la batalla de su pueblo y no tiene vergüenza de llorar en la presencia del Señor por la salvación de su gente. Porque sabe de lágrimas y dolores en la soledad de la intercesión, puede agigantarse en esa mansedumbre que comprende, recibe, espera.
6.- En las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización de 1990 este Episcopado subrayaba una actitud pastoral de profunda mansedumbre: la acogida cordial. Allí convergen humildad, despojo, mediación, intercesión, valentía, hospitalidad, piedad, dominio de sí (cfr. v. 9). Se nos pedía a los pastores esta apertura de corazón despojante y servidora... y esto nos refiere a la primera actitud de acogida cordial del Nuevo Testamento: la de María respecto al Verbo de Dios. Lo recibe sin condiciones, sin precios, en medio de una tensión interior que no sabe cómo se va a resolver... pero lo recibe mansamente y, por el Espíritu Santo, es ungida madre. Allí comienza su fecundidad que llega hasta nuestros días. Nosotros hemos sido ungidos pastores, con lo que ello conlleva de paternidad. Apostamos a ser fecundos desde y con nuestra acogida cordial, nuestra mansedumbre pastoral, apacentando el rebaño de Dios que nos ha sido confiado; velando por él, no forzada sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que nos han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño (cfr. 1 Petr. 5; 2-3).
7.- En estas Asambleas del Episcopado nos encontramos para comunicarnos algún don del Espíritu que nos fortalezca y reconfortarnos unos a otros por la fe que tenemos en común (cfr. Rom. 1: 11-12). Hoy la Iglesia, al proponernos la figura de San León Magno, nos hace reflexionar sobre este pasaje de la carta de Pablo a Tito. Ellos se reconfortaban y fortalecían en la comunicación de la común fe. En esta celebración eucarística intercedamos unos por otros para que arraigue en nuestro corazón sacerdotal la humilde mansedumbre que nos unge padres, nos hace fecundos, pacientes y despojados intercesores, con las manos en alto orando por nuestro pueblo y el corazón abierto para la acogida cordial.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 10 de noviembre de 2008.
Bergoglio llamó a los obispos a actuar con "mansedumbre"
Nov 12, 2008
El arzobispo de Buenos Aires presidíó en Pilar la misa de apertura de la Asamblea Plenaria con un mensaje de escaso contenido político. El cardenal sería reelegido al frente de la Conferencia Episcopal Argentina
A pocas horas de ser reelecto al frente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), el cardenal Jorge Bergoglio exhortó a los obispos a actuar con "mansedumbre sacerdotal" y recordó que esta actitud "atrae, pacifica y armoniza".
Al presidir la misa de apertura de la 96 Asamblea Plenaria de Obispos, el cardenal primado de la Argentina dio un mensaje con escaso contenido político, en línea con sus últimas apariciones públicas.
En ese marco, sostuvo que "la mansedumbre que le pide San Pablo al sacerdote no se confunde con una permisividad indolente que se transforma en laissez-faire soberano y no es la búsqueda de la paz a cualquier precio". Por el contrario, el purpurado precisó que "la mansedumbre sacerdotal es fuerte, no negocia la verdad, no mistifica el corazón del pastor, es valiente y entrañablemente conductora".
"La mansedumbre sacerdotal se forja y se manifiesta en las contradicciones que debe soportar y sufrir el pastor y en la constancia con que las sobrelleva", e indicó que esa virtud se "expresa y se acentúa aún más el trabajo de mediador propio del sacerdote".
Los casi cien obispos reunidos en Asamblea Plenaria en la casa de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, de Pilar, renovarán todas las autoridades de la CEA, las que tendrán mandato hasta 2011.
En ese contexto el arzobispo de Luján-Mercedes, Agustín Radrizzani, pasaría de la vicepresidencia segunda a la primera.
En la Comisión Ejecutiva pueden ser reelectos todos sus miembros, pero se presupone que cambiará el secretario general dado que el monseñor Sergio Fenoy asumió cuando era obispo auxiliar de Rosario y hoy tiene mayores responsabilidades pastorales como obispo de San Miguel, según precisó la agencia AICA.
El cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires; monseñor Luis Villalba, el arzobispo de Mercedes-Luján, actuales presidente y vicepresidentes, están habilitados estatutariamente para continuar en el cargo un nuevo trienio.
No obstante, el vicepresidente primero podría no presentarse para ser reelecto porque el año próximo cumple 75 años, límite de edad para ejercer ese cargo, pero aún no sabe si su jubilación será aceptada en el corto plazo. En el resto de las comisiones episcopales no se prevén cambios sustanciales, dado que la mayoría pueden renovar mandato, pero puede haber movimientos entre quienes las integren como miembros. Tras el intercambio pastoral sobre la realidad del país y de la Iglesia, se comenzará con la elección de la Comisión Ejecutiva, las respectivas comisiones, consejos y delegaciones episcopales.
Cardenal Bergoglio celebra Misa por el día del "canillita" en Buenos Aires
Nov 04, 2008
BUENOS AIRES, 02 Nov. 08 / 11:07 pm (ACI).- El Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, presidirá la Misa por el Día del Canillita el martes 4 de noviembre próximo. La Eucaristía se llevará a cabo en la Parroquia San Carlos Borromeo a las 7:30 de la tarde y coincidirá con las fiestas patronales de la misma.
El Día del Canillita, comenzó a celebrarse el 7 de noviembre de 1947, en conmemoración a la fecha de la muerte de Florencio Sánchez, dramaturgo y periodista uruguayo quien dio origen a esta denominación en su obra "Canillita" en la que designa así a un chico de piernitas flacas que vendía diarios.
La Misa por el "Día del Canillita" se instauró por la señora Sara Emma Vallejos, nacida en 1926 y más conocida como "Sarita", quien se convirtió en "canillita" del barrio de Nuñez (Buenos Aires) a sus 82 años de edad y que "es el orgullo y ejemplo de todos los canillitas de la ciudad", según informó el Arzobispado de Buenos Aires.
Foro de Padres y Encuentro de las familias con el cardenal Bergoglio
Nov 01, 2008
El Colegio Calasanz (avenida Directorio 29, Buenos Aires) será sede de la VI Jornada del Foro de Padres y del Encuentro Anual del cardenal Jorge Bergoglio arzobispo de Buenos Aires con las Familias, que se llevará a cabo el sábado 8 de noviembre a las 16.
El purpurado entregará un mensaje a los representantes de cada comunidad educativa y a continuación expondrán especialistas en la formación de padres.
“Hoy, nuestros hijos, ante las más cambiantes realidades a las que se enfrentan, están necesitando más que nunca que nos preparemos para poder guiarlos y ayudarlos a crecer y formarse en forma íntegra. Para poder dar respuesta a estos requerimientos es importante que no dejemos de aprovechar estos espacios que se crean para ayudarnos a afrontar esta difícil, pero ‘tan hermosa tarea de ser padres’”, expresa la convocatoria.
Educación de la sexualidad, comunicación, violencia, Internet, autoridad, salud, adicciones, inseguridad, el sentido de la vida y la culpa y los límites son los temas sobre los que se reflexionará en el encuentro que organizan en conjunto la Comisión Arquidiocesana de Padres y la Vicaría Episcopal de Educación.
Peregrinación Juvenil a pie a Luján
Oct 13, 2008
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, con motivo de la XXXIV Peregrinación Juvenil a Pie a Luján
(5 de octubre de 2008)
Este pasaje del Evangelio que siempre leemos, que siempre escuchamos, nos resulta, a la vez, cada vez nuevo. Una escena tan sencilla y tan llena de amor. Jesús le dice algo a la Virgen y ella lo miraba; ella podría haber estado encerrada en sí misma, en su dolor y sin embargo escuchaba y escuchó que le dijo: “Ahí tenés a tu Hijo”…Hoy, de nuevo ella, escucha que Jesús, señalándole esta plaza le dice: “Ahí tenés a tus hijos” y ella, al escuchar, nos mira como madre. Ella aprendió a escuchar a Jesús. Lo había llevado en su vientre, lo había seguido durante toda su vida. Fue la primera discípula de Jesús, la que lo siguió mas de cerca, la que lo imitó mejor y eso porque lo supo escuchar. Nunca cerró su corazón a la palabra de Jesús. María, la mujer que supo escuchar… y escuchando, cada día, fue aprendiendo a escuchar más y escuchando a Jesus aprendió también cómo escuchar a sus hijos.
Y entre nosotros podemos decir: “Que difícil que es aprender a escuchar”, no es cierto? Es difícil. Cuántos de nosotros a veces vivimos momentos que necesitamos que alguien nos escuche y no lo encontramos. A todos nos ha pasado, no es cierto? Andar carenciados de “oreja”, que alguien nos ponga “la oreja”, o cuántos otros se acercan a nosotros pidiendo que le pongamos “la oreja” y por ahí estamos ocupados, en mil cosas y no nos damos cuenta. Escuchar y ser escuchados… como la Virgen. Por eso el lema de este año, de esta peregrinación es: “Madre, enseñanos a escuchar”.
Que ella nos enseñe como se escucha. Como se escucha a Dios, como se escucha al prójimo. Que ella nos meta en esta ciencia tan difícil de saber escuchar; por eso nos hace bien venir aquí y creer realmente que ella nos escucha. Sentirlo y después… cuántas veces después de mirarla pasamos y, en un confesionario, le pedimos prestado al cura el oído de Jesús para que Jesús nos escuche y descargar nuestra conciencia, y qué bien nos sentimos cuando somos escuchados por alguien que nos recibe con cariño.
Cuántos problemas se nos ahorrarían en la vida si aprendemos a escuchar, si aprendemos a escucharnos. Porque escuchar a otro es detenerme un poquito en su vida, en su corazón y no pasar de lado como si no me interesase. Y la vida nos va acostumbrando a pasar de largo, a no interesarnos en la vida del otro, en lo que el otro me quiere decir o a contestarle antes de que termine de hablar. Si en los ambientes en que vivimos aprendiéramos a escuchar… como cambiarían las cosas, como cambiarían las cosas en la familia si marido, mujer, padres, hijos, hermanos aprendieran a escucharse… pero enseguida tendemos a contestar antes de saber qué me quiere decir el otro. ¿Tenemos miedo a escuchar? Cuántas cosas cambiarían en el trabajo si nos escucháramos. Cuántas cosas cambiarían en el barrio. Cuántas cosas cambiarían en nuestra Patria si aprendiéramos como pueblo a escucharnos.
Que es lo que nos impide escuchar? Es querer imponer lo que yo siento, lo que yo creo, lo que yo quiero. Es querer como… dominar a otro o prescindir del otro o, simplemente, estar tan centrado en uno mismo que no me interesa el otro, y entonces vamos como borrando al otro de mi panorama y el mundo termina en nuestra piel. No dejamos entrar a otro.
Madre, enseñanos a escuchar. Somos un pueblo que necesita aprender a escuchar y somos un pueblo que necesita ser escuchado. Madre, enseñanos a escuchar. Y ella nos enseña a escuchar. Si hoy se lo pedimos nos va a enseñar. Ella, calladita al pie de la cruz, escuchó lo mas importante de su vida: “Ahí tenés a tu hijo”…. “Acá tenés a tus hijos”! Y de ahí en más empezó a cuidar del Pueblo de Dios. A escuchar al Pueblo de Dios. Ella guardaba todas las cosas en su corazón, las cosas que escuchaba y así nos fue juntando como pueblo, como cristianos, como hermanos. Era una maestra la Virgen, una maestra en este arte de aprender a escuchar! Que nos enseña a escuchar!. Que nos enseña a escuchar desde el corazón. Por eso Madre, hoy aquí todos juntos, te pedimos que nos ayudes a querer escuchar, primero, y después a escuchar.
Madre, te pedimos que podamos vencer dentro de nosotros lo que no ayuda a que sintamos lo que sienten los demás. Madre, te pedimos que nos enseñes a callarnos para poder recibir a los que necesitan contarnos sus vidas, muchas veces llenas de dolor. Madre, te pedimos que como tu Hijo seamos pacientes, seamos compasivos, al escuchar las vidas que pasan entre nosotros. Madre, éste tu pueblo, al que vos quisiste, al que vos viniste a cuidar, en medio del cual te quisiste quedar, hoy te pide que le enseñes a escuchar. Madre, enseñá al pueblo argentino a escuchar. Que nos escuchemos unos a otros. Y se lo vamos a decir tres veces, todos juntos, “Madre, enseñanos a escuchar”:
…“Madre, enseñanos a escuchar”
…“Madre, enseñanos a escuchar”
…“Madre, enseñanos a escuchar”
Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Clausura de la XX exposición del libro católico
Oct 05, 2008
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en la clausura de la XX Exposición del Libro Católico (14 de septiembre de 2008).
Qué linda esta última frase del Evangelio que acabamos de escuchar en este pasaje: “Dios envió a su Hijo, no para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve”... para salvarlo.
Jesús nos vino a salvar, nos salvó, él pagó por nosotros y si hoy podemos levantar los ojos al padre y podemos sentir esa libertad interior grande que solamente da la presencia del Espíritu Santo es porque él murió por nosotros, él nos salvó.
Más adelante, el pasaje decía refiriéndose a la escena de Moisés, que escuchamos en la primera lectura: Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado en alto para que todo el que los creen en Él tengan la vida eterna, Jesús levantado en al cruz para salvarnos, nos salvó en la Cruz
La cruz solo tiene sentido para aquellos que creemos en la vida eterna.
El que no cree en la vida eterna y cree que sólo es que termina acá y crea de acá, pero vive como si fuera así, la cruz no tiene sentido, no la entiende, nomás es un adorno sólo para colgarse porque está de moda pero no es otra cosa, no es el triunfo de la salvación de Dios entre nosotros.
No se nos escapa que estamos viviendo una época pagana, para no hablar de las cosas que no conocemos, esta ciudad cada día está más pagana, los hombres nos hemos fabricado ídolos, con esos ídolos: el consumismo, el hedonismo, el bienestar, la ambición de poder, el odio, el robo, los ídolos que tenemos nosotros para parecer importante, esos ídolos nos satisfacen, creemos que con eso nos basta, ese es nuestro paraíso no aquél, en aquél no se nos ocurre esperar, la cruz para este paraíso no tiene sentido, la cruz es la puerta, es el gozne del alma, puerta hacia la eternidad.
Jesús en la cruz nos abre la eternidad, pero nos vino a buscar y por eso la cruz es el signo de amor más grande. Hoy en la ciudad de Salta se canta el himno al Señor de los Milagros y hay una frase que dice con tu amor buscando el amor de un pueblo.
La cruz es la búsqueda del amor de Dios que sale de sí para llamarnos a nosotros a que lo amemos: amor con amor.
Y al mirar la cruz y tener esa proyección hacia vida eterna, y mirar la cruz y decir no estos ídolos no son definitivos, estos ídolos van a terminar conmigo, estos ídolos no tienen sentido trascendente a la otra vida, preguntémonos si me dejo buscar por el amor de Dios.
Con tu amor buscando el amor de un pueblo. Y al preguntarme si me dejo buscar quebrantemos el corazón nuestro, que se abra, que salga ese amor para encontrarse con ese amor que nos busca. Esa es la lección de hoy, que nos dejemos buscar por el amor de Dios, que nos dejemos encontrar por ese amor, en todo caso el signo de esa búsqueda y ese encuentro es la Cruz.
Quiero pedirle a ella que estuvo al pie de la cruz que no la dejó por madre, que nos haga comprender que la cruz es un lugar de encuentro, de amor con amor, es lugar de salvación es lugar de referencia a la vida eterna, nos salva de todos los ídolos, que nos conceda ella esta gracia.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
El mensaje de Aparecida a los Presbíteros
Sept 14, 2008
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en el V Encuentro Nacional de Sacerdotes (Villa Cura Brochero, 11 de septiembre de 2008)
Nota preliminar
El siguiente escrito no es un artículo sino una guía de exposición de diversos aspectos sobre el tema “La concepción del presbítero que presenta Aparecida”. Además de las cosas explícitas que el Documento dice sobre el presbítero se recurre, para explicarlo mejor, a categorías válidas para todos los discípulos misioneros.
1. Dentro de una comunidad de discípulos y misioneros (203, 316, 324) Aparecida busca lo específico (200-285) de la espiritualidad sacerdotal en orden a la vida en J.C. para nuestros pueblos (vida desafiada en su identidad, en su cultura, en sus estructuras, en sus procesos de formación y vínculos cfr. 192-195; 197). No deja de llamar la atención esta referencia a los desafíos, que desarrolla ampliamente; significa que lo específico del presbítero “está en tensión”. En otras palabras, Aparecida renuncia a una descripción estática de la especificidad presbiteral. Esta existencia tensionada excluye desde el vamos cualquier concepción del presbiterado como “carrera eclesiástica” con sus pautas de progreso, escalafón, retribuciones etc.
2. Sobre este trasfondo define la IDENTIDAD del PRESBÍTERO respecto a la comunidad con dos rasgos. En primer lugar como don (193,326) en contraposición a delegado o representante (193). En segundo lugar destaca la fidelidad en la invitación del Maestro contraponiéndola a la gestión (372). La iniciativa viene siempre de Dios: la unción del Espíritu Santo, la especial unión con Cristo cabeza, invitación a la imitación del Maestro. El hecho de subrayar la iniciativa divina coloca al presbítero en la dimensión de elegido-enviado, es decir dentro de un horizonte, permítaseme la palabra, “pasivo”, en el cual el protagonista principal es el Señor. En este sentido también se condiciona tanto la autonomía personal como su actividad pues, al ser un elegido-enviado, su identidad en la actividad será la de un “pastor conducido” o, dicho de un modo más plástico, la de un “conductor conducido”.
3. Conviene no olvidar que IDENTIDAD dice a PERTENENCIA; se es en la medida en que se pertenece. El presbítero pertenece al pueblo de Dios, del que fue sacado y al que es enviado y del que forma parte. Aparecida subraya esta pertenencia eclesial para todos los discípulos misioneros en el n. 156, que es clave en este sentido: se habla de CON-VOCACIÓN a la comunión en la Iglesia, y se afirma que “la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica”. Y señala la situación existencial de quien no entra en esta pertenencia comunional: el aislamiento del yo. La conciencia aislada de la marcha del pueblo de Dios es uno de los mayores daños a la persona del presbítero porque afecta a su identidad en cuanto está disminuida parcial o selectivamente su pertenencia a ese pueblo. Se podrían buscar, en el texto de Aparecida, ejemplos de situaciones de conciencia aislada que, en los hechos, niegan la afirmación comunional del n. 156, pero aquí la clave es: “una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de loa apóstoles y con el Papa”. Nótese que dice “comunidad concreta”, es decir Iglesia particular o comunidades más acotadas dentro de la Iglesia particular (p.ej. la parroquia) y no una comunidad “espiritualizada” sin raigambre concreto. Lo que en definitiva le confiere identidad al presbítero es su pertenencia al pueblo de Dios concreto, y lo que le quita o confunde su identidad es precisamente el aislamiento de su conciencia respecto de ese pueblo y su pertenencia a cualquier convocatoria de tipo gnóstico o abstracto, es decir la tentación de ser cristiano sin Iglesia. “El ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical forma comunitaria” (195)
4. Al hablar del celibato también el Documento de Aparecida se refiere a esta dimensión comunitaria en la base misma: “el celibato pide asumir con madurez la propia afectividad y sexualidad, viviéndolas con serenidad y alegría en un camino comunitario” (196, y cfr. también 195).
5. El realizador de esta comunión y, por tanto, de esta pertenencia comunional del presbítero al pueblo de Dios es el Espíritu Santo. Dado que él “impregna y motiva todas las áreas de la existencia, entonces también penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas (285). Es decir, el Espíritu Santo es el autor de las diferencias en la Iglesia, y la vida presbiteral es una de las realidades de esta variedad... pero no se trata de una variedad estática porque es el mismo Espíritu quien impulsa y armoniza todo: él no nos cierra “en una intimidad cómoda sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero” (285) Y va más allá todavía la acción del Espíritu: “nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo” (285). Resumiendo: la comunión eclesial de la que participa el presbítero está realizada por el Espíritu Santo quien, por su parte, crea las diferencias y, por otra las “vocaciona”, i.e. las pone en movimiento al servicio del anuncio misionero, las sensibiliza y compromete a los reclamos de la realidad. El Espíritu diferencia y armoniza, en esta armonía se da la vocación presbiteral, la identidad presbiteral (armonía de diferencias, pero armonía comunional). Nada que ver con la conciencia aislada de la autopertenencia solitaria o de grupos selectivos (la “intimidad cómoda” la llama el Documento) (285). El Espíritu Santo, además nos introduce en el Misterio (cfr. Ju. 16:13) y será también quien impulse a la misión (cfr. Hech. 2: 1-36). En este sentido protege la integridad de la Iglesia y la salva de dos caricaturas. Sin el Espíritu Santo corremos el riesgo de desorientarnos en la comprensión de la fe y termina en una propuesta gnóstica; y también corremos el riesgo de no ser “enviados” sino de “salir por las nuestras” y terminar desorientados en mil y una formas de autorreferencialidad. Al introducirnos en el Misterio, Él nos salva de una Iglesia gnóstica; al enviarnos en misión nos salva de una Iglesia autorreferencial.
La imagen del Buen Pastor
6. En la identidad del presbítero el Documento de Aparecida subraya la imagen del Buen Pastor. Refiriéndose al párroco y a los sacerdotes que están al servicio de las parroquias les pide “actitudes nuevas” (201). “ La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque solo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (201). Aquí aparece nuevamente la antinomia don-gestión: al concebir el ministerio como un don se supera el planteo del funcionalismo, exitista o no, y se concibe el trabajo apostólico, en este caso la parroquia, desde la óptica discípulo- misionero.
7. De esta proposición tomo solamente dos aspectos: la imagen del Buen Pastor ad intra implica discípulos enamorados y ad extra apunta a ardorosos misioneros (201), servidores de la vida (199).
- Discípulos enamorados: se destaca la fidelidad (dentro de una vida espiritual centrada en la escucha de la Palabra de Dios, en la celebración diaria de la Eucaristía: mi Misa es mi vida y mi vida es una Misa prolongada” (S. Alberto Hurtado) (191).
Para configurarse con el Maestro (199) es necesario asumir la centralidad del mandamiento del amor (138). “En el seguimiento de Jesucristo aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida” (139). (Recuerdo que la fidelidad sacerdotal está subrayada también en el Mensaje final y en el Discurso del Papa al final del rezo del Rosario, punto 3).
-Ardorosos misioneros (201) servidores de la vida (199). Ya se mencionó el n. 195 y la plenitud de vida afectiva en la caridad pastoral que expresa. Este aspecto de ardoroso misionero comprende nutrir a las ovejas por medio de la Eucaristía (176-177), la Palabra y la formación. Al respecto nótese que la formación es concebida como acompañamiento de los discípulos (cfr. 6.2.2.4). Sobre esta categoría de acompañamiento habría que volver más adelante. Además de nutrir las ovejas se habla de curarlas: la reconciliación (177), misericordia y caridad pastoral especialmente con la vida vulnerable y vulnerada; violencia e inseguridad (197).
Ardorosos misioneros
8. Continuando con este aspecto (el ardor misionero) los adjetivos que califican la misión son fuertes: “ardorosos misioneros” (199), “entrega apasionada a su misión pastoral” (195) “sacerdote enamorado del Señor” (2001). Evidentemente que se quiere subrayar algo más que un buen trabajo de anuncio. Hay un compromiso afectivo- existencial en esta misión, que lleva a “cuidar” del rebaño a ellos confiado” (199). La acción de cuidar implica dedicación esforzada y ternura; también entraña una valoración personal y situacional del rebaño: se cuida lo que es frágil, lo que es valioso, lo que puede estar en peligro... Y el origen de este cuidar ardoroso y apasionado nace y echa raíces en la misma “conciencia de pertenencia a Cristo” (145). Cuando ésta crece “en razón de la gratitud y alegría que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese encuentro. La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad y de la Iglesia a todos los continentes del mundo” (145)
9. Ligado al tema del sacerdote ardoroso misionero Aparecida invita a “la conversión pastoral” la cual “exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (370) Por razones de tiempo no voy a extenderme más en el tema de la conversión pastoral aunque en el Documento de Aparecida tenga una importancia capital. Baste aquí señalar que la conversión pastoral está íntimamente unida al ardor misionero, al celo apostólico.
10. Este ardor misionero es obra del Espíritu Santo; “se basa en la docilidad al impulso del Espíritu, a su potencia de vida que moviliza y transfigura todas las dimensiones de la existencia. No es una experiencia que se limita a los espacios privados de la devoción, sino que busca penetrarlo todo con su fuego y su vida. El discípulo y misionero, movido por el impulso y el ardor que proviene del Espíritu, aprende a expresarlo en el trabajo, en el diálogo, en el servicio, en la misión cotidiana” (284) Ya, en el umbral de la exhortación final, el Documento vuelve a señalar el protagonismo misionero del Espíritu Santo: “Llevemos nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas” (551).
11. Para concluir este punto del ardor misionero quiero referirme a la exhortación final (552). Llama la atención que, en su redacción, Aparecida allí pegue un salto treinta años atrás hacia uno de los más bellos y vigorosos Documentos del Magisterio: la Evangelii Nuntiandi, y su última frase sea “Recobremos el valor y la audacia apostólicos”. En la cita de Evangelii Nuntiandi se destacan dos cosas: 1) la descripción del fervor espiritual como dulce y confortadora alegría de evangelizar, como ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir y 2) la idiosincrasia del apóstol en sentido negativo y positivo: “no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”. La connotación negativa en la personalidad del apóstol se refiere a lo que, en el inicio del mismo número 80 de la Evangelii Nuntiandi, Pablo VI señalaba como “obstáculos” a la Evangelización que perduran en nuestro tiempo: “la falta de fervor tanto más grave cuanto que viene de dentro. Dicha falta de fervor se manifiesta en la fatiga y desilusión, en la acomodación al ambiente y en el desinterés, y sobre todo en la falta de alegría y esperanza”.
Servidores y llenos de misericordia
12. La actitud de servicio es una de las características que Aparecida pide a los sacerdotes. Nace de la doble dimensión: discípulos enamorados y ardorosos misioneros, y -de manera especial– se subraya para con los más débiles y necesitados. Cuando, en el n. 199, dice que el Pueblo de Dios siente necesidad presbíteros-discípulos configurados con el corazón del Buen Pastor y de presbíteros-misioneros, señala el principal trabajo de estos presbíteros: “cuidar del rebaño a ellos confiados y buscar a los más alejados”; pide que sean “presbíteros-servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la esfera de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para celebrar el sacramento de la reconciliación”.
13. Que la opción por los pobres es “preferencial” significa que “debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales” (396). Iglesia “compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio” (396). Se invita a hacerse amigos de los pobres” (257), a una “cercanía que nos hace amigos” (398), ya que hoy “defendemos demasiado nuestros espacios de privacidad y disfrute, y nos dejamos contagiar fácilmente por el consumo individualista. Por eso, nuestra opción por los pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo sin verdadera incidencia en nuestros compartimientos y en nuestras decisiones” (397). Con sano realismo Aparecida reclama “dedicar tiempo a los pobres” (397). Así se dibuja el perfil de un sacerdote que “sale” hacia las periferias abandonadas reconociendo en cada persona “una dignidad infinita” (388). Esta opción por volverse cercano no tiene el sentido de “procurar éxitos pastorales, sino de la fidelidad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida en cada rincón de la tierra” (372)
14. Junto a este acercarse a y comprometerse con los pobres en todas las periferias de la existencia, Aparecida señala la experiencia espiritual de la misericordia como necesaria en el presbítero. La misericordia del Dios de la Alianza rico en misericordia (23). “Nos reconocemos como comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios...” (100 h) y necesitados de abrirnos a “la misericordia del Padre” (249). Esta conciencia de pecador es fundamental en el discípulo y más si es presbítero. Nos salva de ese peligroso deslizarse hacia una habitual (y hasta diría normal) situación de pecado, aceptada, acomodada al ambiente, que no es otra cosa sino corrupción. Presbítero pecador sí, corrupto no.
15. Al considerarse vivencialmente como pecador el presbítero se hace, “a imagen del Buen Pastor,... hombre de la misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos” (198): crece en “el amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia” (384). Aparecida le pide al presbítero “una espiritualidad de la gratitud, de la misericordia, de la solidaridad fraterna” (517) y que tenga, como Jesús, una particular misericordia con los pecadores (451) y entrañas de misericordia en la administración del sacramento de la reconciliación (177). La postura del sacerdote en este sacramento y en general ante la persona pecadora ha de ser precisamente ésta: la de entrañas de misericordia. Suele suceder que muchas veces nuestros fieles, en la confesión, se encuentran con sacerdotes laxistas o sacerdotes rigoristas. Ninguno de los dos logra ser testigo del amor de misericordia que nos enseñó y nos pide el Señor porque ninguno de los dos se hace cargo de la persona; ambos –elegantemente- se los sacan de encima. El rigorista lo remite a la frialdad de la ley, el laxista no lo toma en serio y procura adormecer la conciencia de pecado. Sólo el misericordioso se hace cargo de la persona, se le hace prójimo, cercano, y lo acompaña en el camino de la reconciliación. Los otros no saben de projimidad y prefieren sacarle el cuerpo a la situación, como lo hicieron el sacerdote y el levita con el apaleado por los ladrones en el camino de Jerusalén a Jericó.
Sacerdotes enamorados del Señor
16. En el párrafo 7 decía que la imagen del Buen Pastor suponía, para Aparecida, dos dimensiones: una ad intra, la de los discípulos enamorados del Señor y otra ad extra, la de ardorosos misioneros. Si bien ambas van juntas, desde el punto de vista lógico la dimensión misionera nace de la experiencia interior del amor a Jesucristo. Retomo, pues, esta dimensión de discípulos enamorados que solamente había esbozado en el n. 7. En la base de la experiencia de discípulo misionero aparece, como indispensable, el encuentro con Jesucristo: “Hoy, también el encuentro de los discípulos con Jesús en la intimidad es indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad misionera” (154). La categoría de encuentro (n.21,28) es probablemente la categoría antropológica más utilizada y referenciada en Aparecida (cfr. indice temático, p.261). Ser cristiano no es el fruto de una idea sino del encuentro con una persona viva. Ya en el discurso inaugural del Papa aparece fuertemente y señala una real prioridad sobre la misión: “Ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida “en Él” supone estar profundamente enraizados en Él...”, y se cuestiona: “Ante la prioridad de la fe en Cristo y de la vida ‘en él’, formulada en el título de esta V Conferencia, podría también surgir otra cuestión: Esta prioridad, ¿no podría ser acaso una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales, políticos de América Latina y del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual?” (n.3). Luego de una enjundiosa explicación, concluye: “Discipulado y misión” son como dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva (cfr. Hch. 4:12). En efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro” (ibid).
17. El presbítero, como discípulo, se “encuentra” con Jesucristo, da testimonio de que “no sigue a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas” (Benedicto XVI, Discurso inaugural, 4). El presbítero, en sí mismo, es un receptor del kerigma y –por ello- tiene “una profunda experiencia de Dios” (199) y en su vida “el kerigma es el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo (278 a), un proceso que lleva al presbítero a “cultivar una vida espiritual que estimula a los demás presbíteros” (191), a “ser un hombre de oración, maduro en su elección de vida por Dios, que hace uso de los medios de perseverancia, como el Sacramento de la confesión, la devoción a la Santísima Virgen, la mortificación y la entrega apasionada a su misión pastoral” (195).
Desafíos al presbítero y reclamos del pueblo de Dios
18. Como dije en el n. 1, Aparecida se refiere a situaciones que afectan y desafían la vida y el ministerio de nuestros presbíteros (192). Entre otras, menciona la identidad teológica del ministerio presbiteral, su inserción en la cultura actual y situaciones que inciden en su existencia. Las desarrolla en los párrafos anteriores. Las podemos leer allí. Aquí quiero detenerme en los reclamos del pueblo de Dios a sus presbíteros tal como los enumera el n. 199. Son 5 rasgos: a) que tengan profunda experiencia de Dios configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración b) que sean misioneros movidos por la caridad pastoral que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados... c) en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos, d) servidores de la vida, que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad, e) llenos de misericordia, disponibles para administrar el Sacramento de la reconciliación. Para conservar y hacer crecer esta identidad presbiteral se pide “una pastoral presbiteral que privilegie la espiritualidad específica y la formación permanente e integral de los sacerdotes” (200).
19. Detrás de estos reclamos explícitos está el ansia implícita que tiene nuestro pueblo fiel: nos quiere pastores de pueblo y no clérigos de Estado, funcionarios. Hombres que no se olviden que los sacaron de “detrás del rebaño”, que no se olviden “de su madre y de su abuela” (2Tim. 1:5), que se defiendan de la herrumbre de la “mundanidad espiritual” que constituye “el mayor peligro, la tentación más pérfida, la que siempre renace –insidiosamente- cuando todas las demás han sido vencidas y cobra nuevo vigor con estas mismas victorias...” “Si esta mundanidad espiritual invadiera la Iglesia y trabajara para corromperla atacándola en su mismo principio, sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral. Peor aun que aquella lepra infame que, en ciertos momentos de la historia, desfiguró tan cruelmente a la Esposa bienamada, cuando la religión parecía instalar el escándalo en el mismo santuario y, representada por un Papa libertino, ocultaba la faz de Jesucristo bajo piedras preciosas, afeites y espías... La mundanidad espiritual “es aquello que prácticamente se presenta como un desprendimiento de la otra mundanidad, pero cuyo ideal moral, y aun espiritual, sería en lugar de la gloria del Señor, el hombre y su perfeccionamiento. La mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud antropocéntrica... Un humanismo sutil enemigo del Dios Viviente –y, en secreto, no menos enemigo del hombre- puede instalarse en nosotros por mil subterfugios” (De Lubac, Meditaciones sobre la Iglesia, Desclée, Pamplona 2ª. ed., pp.367-368).
20. El pueblo fiel de Dios, al que pertenecemos, del que nos sacaron y al que nos enviaron tiene un especial olfato originado en el sensus fidei para detectar cuando un pastor de pueblo se va convirtiendo en clérigo de Estado, en funcionario. No es lo mismo que el caso del presbítero pecador: todos lo somos y seguimos en el rebaño. En cambio el presbítero mundano entra en un proceso distinto, un proceso –permítaseme la palabra- de corrupción espiritual que atenta contra su misma naturaleza de pastor, lo desnaturaliza, y le da un status diferenciado del santo pueblo de Dios. Tanto el Profeta Ezequiel como San Agustín en su “De Pastoribus” lo describe en la figura del que se aprovecha del rebaño: usufructúa su leche y su lana. Aparecida en todo su mensaje a los presbíteros, apunta a esa identidad genuina de “pastor de pueblo” y no a la adulterada de “clérigo de Estado”.
Brochero, 11 de septiembre de 2008.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Fiesta de San Ramón Nonato
Sept 14, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la Fiesta de San Ramón Nonato (31 de agosto de 2008).
Jesús estaba con los apóstoles y acababa de ungir a Pedro como el jefe. Después Jesús les dice: “Anden con cuidado, para que sepan la que me espera: yo voy a ir a Jerusalén, me van a insultar, me van a poner preso, me van a torturar, me van a crucificar, y me voy a morir, y al tercer día voy a resucitar.” Y Pedro, que se le habían subido los humos a la cabeza porque había sido elegido jefe, lo llamó aparte, dice el evangelio, y le dijo: “No señor, por aquí no va el camino” y Jesús lo saca corriendo. Le dice: “Apartate de mi Satanás, porque lo que estás diciendo no es de Dios”. Y después Jesús dice, “Mi camino, es el de la predicación de la Buena Noticia, predicación de la verdad, y hay gente a la que no le gusta eso, igual voy a ser insultado por eso. El que quiera ir detrás de mí, sepa que le puede pasar lo mismo, y si alguien quiere cuidarse tanto, como vos Pedro ahora, que no querés arriesgar el pellejo, tu vida no sirve para nada. El que cuida de su vida la pierde, en cambio el que entrega su vida anunciando la verdad del Evangelio, la gana”.
Cuando escuchaba el Evangelio, pensaba en estos quince años del Santuario. Fiesta de quince hoy ¡eh! Quince años de Santuario luchando por la vida. En un mundo donde no se quiere oír hablar de vida, o al menos hasta ahí nomás. Hay países donde no nacen chicos, donde tienen el 1% de natalidad, de vida nueva, entonces van envejeciendo, envejeciendo.
Los chicos molestan ¿o no? ¿Cuántas veces tenés que levantarte vos de noche para darle de comer?, ¡mejor dormir!. Y sin embargo… ¡qué lindos que son los chicos! Los chicos cuando crecen un poco arman lío, y a uno lo sacan de las casillas, pero ¡qué lindo es el lío de los chicos! Los apóstoles cuando los chicos hacían lío alrededor de Jesús, los sacaban y Jesús dijo: “No, déjenlos que vengan”. Jesús quería la vida de los chicos. La gente que tiene la mentalidad cómoda no quiere chicos, los chicos molestan: “Yo quiero vivir bien, quiero dormir bien, pasar mis vacaciones bien, pasarla bien, no tener preocupaciones”.
Hay en todo el mundo mucha gente que excluye a los chicos, no entran en su proyecto de vida, y este Santuario hace 15 años que está luchando por los chicos. Nosotros estamos en este Santuario, luchando por estas mamás, por estos papás, que quieren tener un chico y no pueden, no viene, no viene y no viene. Y cuando están viniendo, los acompaña, para que el chico venga bien. Están luchando para cuidar.
Hoy cuando venía en el colectivo, había un matrimonio y la abuela, sería del bebé, me mostraba los escarpines: Era una insignia de victoria, Un escarpín es una manera de victoria, porque es decir: “quiero chicos”.
Bueno, hay un grupo de gente en todo el mundo que no quiere chicos, pero hay otro grupo peor aún: los usa, los esclaviza. Hay chicos esclavos en el mundo, chicos esclavos por la droga, los usan de “mulitas” para llevar droga, chicos esclavos en los talleres clandestinos que trabajan por un sandwich de mortadela. No hace mucho encontraron uno cerca de aquí, y hace unos seis meses… ¿Se acuerdan esos seis chicos esclavos que murieron en un taller clandestino en Caballito? Porque mientras los papás trabajaban los bebés estaban como en una jaula, y ahí murieron en el incendio. Chicos esclavos que los hacen tirar de un carro con cartones, que son explotados por la mafia de los cartoneros. En Buenos Aires está prohibida la tracción a sangre: Si van en un carrito con cartones tirado por un caballo o mula, lo decomisan, pero eso no ocurre cuando el carrito lo tira un chico, un chico de diez, once años…. Lo he visto muchas veces en el centro. Chicos usados por las pandillas de arrebatadores que los preparan para arrebatar y salir corriendo. ¿Quién va a agarrar a un chico de 8 años corriendo? Chicos esclavos, chicos que caen en la trampa de la prostitución, que son objetos de abuso, de uso. Y dicen también: “chicos vendidos para transplantes”.
Y como si esto fuera poco, hay gente que en vez de ocuparse en todo el mundo de solucionar esta trata de chicos, esta trata de la vida, todavía piensan cómo hacer nuevas disposiciones, nuevas leyes para que los chicos no vengan sino que los matemos mientras están en el seno de la madre. Esto está pasando hoy en día. Y si uno grita le dicen “anticuado”. Y hace quince años que estamos gritando, hace quince años que este Santuario tiene la tentación, quizás la que tuvo Pedro: “Bueno, no hagamos mucho lío, no sea que nos traiga problemas”, o la que tuvo Jeremías, cuando le dice al Señor en la primera lectura: “Me sedujiste Señor. ¡qué bien estar con vos!, pero tengo un fuego adentro que me obliga a gritar”. Hace quince años que queremos contagiarnos, ustedes a nosotros, nosotros, los que estamos en el altar a ustedes, contagiarnos mutuamente por el amor a la vida, el amor a los chicos.
El año pasado hablé de las dos puntas de la vida ¿se acuerdan? de los chicos y los ancianos. Hoy quiero hablar de los chicos, los chicos que están usados. Se experimenta con los chicos. ¡Se experimenta hasta en planes de educación! a ver como sale o como no sale… si salió mal serás un inútil toda tu vida. Chicos que no tienen las proteínas suficientes los dos primeros años de su vida y quedan subdesarrollados, y para lo único que sirven cuando sean grandes será para llevar un ladrillo de acá para allá.
Hoy cumplimos 15 años luchando por la vida, todos, todos, todos los que venimos acá, todos. Los que venimos acá, todos felicitémonos. ¡Vale la pena! ¡no es perder el tiempo!, es luchar por lo mejor que Dios nos dio, es luchar por aquellos que Jesús dijo que tenemos que imitar para entrar al Reino de los Cielos, “si no se hacen como uno de esos chicos no van a entrar en el Reino de los Cielos”, es luchar para tener el alma de niño, alma abierta. Es clamar a Dios por todos esos chicos explotados, esclavizados, usados.
Hoy en la misa tengamos los dos sentimientos: el sentimiento de alegría porque estamos luchando por la vida. Felicitémonos mutuamente porque estamos en esta causa pero también el sentimiento de dolor y de tristeza. ¡Y ojalá se nos caiga alguna lágrima al pensar en tantos chicos explotados, en tantos chicos usados, en tantos chicos esclavos!
Jesús lo escuchó a Pedro y lo sacó corriendo por que Pedro no quería lío en la vida. Sepamos que si luchamos por la vida y los chicos vamos a tener lío. Nos van a decir “anticuado”, “santurrón”, “chupacirios”, les van a de decir de todo, pero el premio es ese: tener un chico en los brazos, la ternura de Dios hecha persona. Con sólo contemplar un papá o una mamá con un chico en brazos nos de ánimo a seguir luchando por esta vida quince años más. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
A los catequistas
Sept 14, 2008
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a los catequistas (21 de agosto de 2008).
“Servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol,
y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios” (Rom. 1,1).
Querido Catequista:
Cada año, con ocasión de la fiesta de San Pío X suelo escribir a todos los catequistas de la Diócesis, dando gracias a Dios por la entrega de sus vidas y por el don de este Ministerio eclesial.
Hoy lo hago nuevamente, pero de modo más breve y en singular. Es que esta vez quisiera acercarme a vos, muy concretamente, catequista de esta Iglesia de Buenos Aires; a vos que en más de una oportunidad has experimentado la fatiga del corazón, pero no has renunciado a buscar, con tus hermanos, el modo de ser Iglesia hoy en esta gran ciudad.
A vos catequista que en tu encuentro semanal con tantos rostros, que en tu experiencia cercana con tantas realidades cambiantes, le habrás pedido al Señor, muchas veces, luz para encontrar los caminos más adecuados para ser instrumento fiel en este tiempo de cambio epocal. A vos catequista que, como yo y como Iglesia pobre y renovada por el don de Aparecida, nos reconocemos jaqueados por las dificultades que afrontamos hoy para transmitir la fe de generación en generación.
Pero es justamente en nuestra debilidad donde una vez más se hace presente la grandeza del Señor. Es en nuestra pobreza donde la gracia se hace caricia y desafío. Y esto, lo pudimos apreciar todos los que vivimos el “acontecimiento de gracia” de Aparecida. Fuimos conducidos al “Santuario”, para que la experiencia de la fe de nuestro pueblo, fortaleciera nuestras rodillas vacilantes, para que la crisis de nuestras respuestas y recetas ayudasen a forjar el auténtico discípulo que, conciente de no tener las respuestas, se acerca con mirada humilde al único Maestro y escucha con atención sus palabras.
Por eso te invito a que sigamos santuarizando nuestras comunidades. Necesitamos de la experiencia fundante de una fe sencilla, que se hace vida y cultura. Tenemos, que habituarnos al infatigable esfuerzo del discernimiento comunitario que nos ayude a despojarnos de todo aquello que haga lento, viejo y pesado nuestro ser discípulos misioneros.
De ahí que te comparta aquello que escribí con motivo de la primera reunión del Consejo Presbiteral de este año. Recibilo con sencillez, como fue pensado, y que nos ayude para ir transitando nuestro camino diocesano.
Que María, nuestra Madre, nos cobije en su manto que asegura la comunión y que el Apóstol Pablo nos ayude a no achicarnos para que podamos hacerle frente a esta encrucijada de la historia con la misma audacia y fervor misionero de aquél que anunció el evangelio como necesidad imperiosa, no para gloria suya, sino como fruto de una misión que se le había confiado (I Cor 9,16-17).
Te pido que reces por mí. Con todo afecto, que Jesús te bendiga.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 21 de agosto de 2008
El camino recorrido
Hace cinco años el encuentro con la realidad particular de nuestra ciudad y sus exigencias, nos interpeló a buscar “cómo ser hoy Iglesia en Buenos Aires”. La Asamblea se presentó como momento eclesial de encuentro en el Señor; un espacio de afirmación de nuestra identidad y de toma de conciencia de nuestra misión en un ámbito de comunión y participación . La vivencia de la Asamblea tenía que reflejar la realidad de la Iglesia en Buenos Aires para ponerla en común y, juntos, encontrar los caminos para seguir andando el sendero iniciado con el Plan de Pastoral Orgánico Arquidiocesano, descubriendo nuevas expresiones de evangelización (1).
Esperábamos y buscábamos, en lo que luego se llamó el estado de asamblea (2), un tiempo para decidir y planificar. Sin embargo el Señor nos fue llevando con su Espíritu a posar nuestra mirada sobre el santo pueblo de Dios: y ahí reconocimos experiencialmente sus heridas y fragilidades (3) que son también son las nuestras. En la medida que nos involucramos con la vida de nuestro pueblo fiel y sentimos el hondón de sus heridas pudimos mirar el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar y discernir lo que necesita. No buscando soluciones rápidas y prearmadas, sino dejándonos iluminar y trasformar por la oración y la confrontación con los otros, permitiendo que sea Dios el que hable y no las recetas ya experimentadas.
Por las heridas y fragilidades Dios nos habló pidiéndonos la ternura del Padre que sólo podemos brindar en la medida que se renueva y crece nuestro fervor apostólico (4) siendo testimonio vivo del amor de Aquel “que nos amó y nos salvó”.
La pluralidad de exigencias nos llamó y nos llama a reforzar una identidad eclesial que brote de una mayor comunión que se haga palpable en un estilo común (5), “sean uno para que el mundo crea”, procurando el modo de acoger a todos haciendo de nuestras parroquias, geografías pastorales, y muy especialmente de las “periferias existenciales nuestra ciudad (6), santuarios (7) donde se experimenta la presencia de Dios que es ternura (8) que vino a nosotros, nos amó y nos salvó (9) y continúa pasando por nuestra vida y derramando su bendición (10).
La mano providente de Dios quiso que este camino que fuimos haciendo como Iglesia en Buenos Aires nos fuera preparando el corazón para que la respuesta a esa pregunta madrugadora: -¿Cómo ser iglesia en nuestra ciudad?, que en definitiva es descubrir cómo responder a nuestra misión de bautizados, de hijos de Dios- viniera también de la mano de la Iglesia en Aparecida. Nuestro lugar y nuestra tarea son los de discípulos misioneros.
En las inquietudes y búsquedas de Aparecida nos encontramos totalmente identificados, en sintonía y confirmados en el camino.
La luz que nos trajo Aparecida
La Iglesia Latinoamericana que se reúne en Aparecida es una Iglesia consciente de que tiene muchos problemas. Muchos de ellos se repiten y lo descubrimos en nuestra realidad pastoral cotidiana: el crecimiento de los bautizados no acompaña el crecimiento demográfico, año a año muchos fieles abandonan la Iglesia, muchos se van a otros grupos religiosos, nuestras comunidades están lejos de los pobres, hay pocos cristianos en los lugares donde se toman las decisiones que marcan la vida de nuestros países, empobrecimiento y exclusión.
Cambio de época
Es un tiempo de cambios (11) que tienen un alcance global (12) con consecuencias en todas las dimensiones de la vida de nuestros pueblos: lo cultural, lo socio-político, lo económico, las ciencias, la educación… y naturalmente también lo religioso.
Muchas veces al hablar de “época de cambios” decíamos que vivíamos cambios: algunos fuertes, en algunas esferas de la vida de las personas y de los pueblos, pero la matriz social y cultural, los puntos de referencia, permanecían.
En Aparecida la Iglesia toma conciencia de lo que se venía anunciando desde hace varios años. Lo que estamos viviendo es un “cambio epocal”, lo que está aconteciendo es que cambia precisamente esa matriz. Los cambios “no se refieren a los múltiples sentidos parciales que cada uno puede encontrar en las acciones cotidianas que realiza, sino al sentido que da unidad a todo lo que existe (13).
Lo propio del “cambio de época” es que ya las cosas no están en su sitio. Lo que antes servía para explicar el mundo, las relaciones, el bien y el mal, ya parece que no funciona más. La manera de ubicarnos en la historia cambió. Cosas que pensamos que nunca iban a pasar, o que por lo menos no las íbamos a ver, las estamos viviendo y delante del futuro no nos animamos ni siquiera a pensar. Probablemente lo que nos parecía normal de la familia, la Iglesia, la sociedad y el mundo, parecería que ya no volverá a ser de ese modo. Lo que vivimos no es algo que ilusoriamente tenemos que esperar que pase para que las cosas vuelvan a ser como siempre fueron.
Con gran dolor se constata que la fe, que por más de cinco siglos ha animado la Iglesia en Latinoamérica, ha erosionado (14). Ya no se transmite de generación en generación con la misma fluidez (15). Pero lejos del lamento o la condena de la situación, Aparecida reconoce que no tiene las respuestas a los problemas y por eso es una invitación a discernir con la luz del Espíritu Santo de que manera ponerse al servicio del Reino en esta realidad (16). Es un acto de profunda humildad el reconocimiento público de no saber qué es con precisión lo que hay que hacer.
La respuesta de Aparecida
Aparecida no nos trae recetas sino unas claves, unos criterios, unas pequeñas grandes certezas para iluminar y sobre todo “encender” el deseo profundo de quitarnos todo ropaje innecesario y volver a las raíces, a lo esencial, a esa actitud que plantó la fe en los comienzos de la Iglesia y después hizo de nuestro continente la tierra de la esperanza. Ante la pregunta: ¿qué es lo que hay que hacer? Aparecida responde: Ser discípulos misioneros en el hoy de nuestro continente. Eso es, en definitiva, el gran objetivo de Aparecida, y lo que nuestro mundo necesita de nosotros. Lo propio del discípulo: la “mirada humilde” y aprendedora (17), la escucha silenciosa y atenta (18). El discípulo no es Maestro por eso no sabe lo que tiene que hacer, no tiene respuestas. (19) La Iglesia de Aparecida es comunidad de discípulos misioneros que quieren escuchar al Señor y escuchar la realidad con humildad para discernir qué es lo que hay que ser y hacer: “necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su seguimiento, la dignidad y la plenitud de la vida”.
Y necesitamos al mismo tiempo que arda en nosotros el celo apostólico para llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo “aquel sentido unitario y completo de la vida humana” que sólo Cristo puede dar (20) .
La escucha del Señor también se hace en la escucha de la realidad con espíritu profético. Ello significa “poner luz sobre modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y dignidad del hombre” y “presentar la persona humana como el centro de toda la vida social y cultural”: En nuestros días, hacer este anuncio integralmente exige espíritu profético y coraje.
La realidad se presenta complicada y desconcertante, pero los cristianos tenemos que vivirla como discípulos del Maestro. No podemos ser observadores asépticos e imparciales, sino hombres y mujeres apasionados por el Reino, deseosos de impregnar todas las estructuras de la sociedad de una Vida, un Amor que hemos conocido.
Ese Amor nos hace vivir abundantemente, como dijo el Papa en el Discurso Inaugural: es “lo mejor que nos pasó en la vida”, es lo que tenemos para ofrecer al mundo y contrarrestar la cultura de muerte con la cultura cristiana de la vida y la solidaridad (21). Por eso, no podemos mirar la realidad más que en términos de misión.
La Misión como propuesta y desafío
La misión vocación, definitiva de la Iglesia de Jesucristo, es el corazón de Aparecida. “No podemos quedarnos en espera pasiva en nuestros templos” (22).
Benedicto XVI reafirmó reiteradas veces esta comprensión de la misión como luz de la pastoral ordinaria diciendo que “los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del Pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones”(23). “…los Apóstoles, transformados interiormente el día de Pentecostés por la fuerza del Espíritu Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado. Desde entonces, la Iglesia prosigue esa misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente. Por consiguiente, toda comunidad cristiana está llamada a dar a conocer a Dios, que es Amor (24).” “ Se trata efectivamente de no ahorrar esfuerzos en la búsqueda de los católicos apartados y de aquellos que poco o nada conocen sobre Jesucristo, a través de una pastoral de acogida” (25).
Al abordar el tema de la Misión permanente y la Misión continental debemos evitar caer en un reduccionismo que lleve a la realización de una Misión programática en la que se concentran durante un tiempo determinado todos los esfuerzos y los mejores recursos en una salida misionera, de modo que cuando concluye todo vuelve a ser igual.
La propuesta de Aparecida es más audaz, va más allá de una misión programática aunque no la excluye. La Misión que propone Aparecida no está limitada en el tiempo, sino pensada de forma tal que después que se inicie siga sola, que sea una misión permanente. No se trata de programar una serie de acciones, aunque no lo descarta, sino el comienzo de algo con proyección indeterminada. Podemos entonces, hablar de la Misión permanente y la Misión continental que propone Aparecida como una “Misión paradigmática”. Esto significa tener la misión como una clave de interpretación de toda la acción pastoral, es impulsar fuertemente un proceso pastoral que tiene como característica la dimensión misionera en los ámbitos de la pastoral ordinaria. No es acción misionera ad extra sino ad intra y ad extra continua y permanente.
La misión se convierte en el paradigma de toda acción evangelizadora. “La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, sacerdotes, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos, y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta”. (26)
El párroco “debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (27). El amor de Cristo, de hecho, viene comunicado a los hermanos con ejemplos y palabras; con toda la vida. “La vocación especial de los misioneros ad vitam conserva toda su validez: representa el paradigma del compromiso misionero de la Iglesia, que siempre necesita donaciones radicales y totales, impulsos nuevos y valientes” (28).
Esta clave de interpretación, por ejemplo, hace que no se piense solamente en misionar para que se acerquen más personas a la catequesis o a los sacramentos sino que nos desafía a repensar la realidad catequística y sacramental desde una perspectiva misionera.
En el espíritu de Aparecida implicará también encaminar todo el quehacer evangelizador de nuestra Iglesia en el marco de una Pastoral de Conjunto donde obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, organismos y asociaciones trabajemos corresponsablemente en la formación de comunidades discipulares misioneras y servidoras comprometidas a llevar con pasión el anuncio del Evangelio a todos los hombres.
La propuesta de una pastoral en clave Misionera surge de la necesidad de una nueva relación con los que están "fuera", es decir, los no creyentes, los alejados, los no practicantes, las nuevas culturas, etc. que constituyen el lugar prioritario de la misión. Hombres y mujeres que muchas veces comparten las mismas celebraciones, viven en un mismo barrio, trabajan en un mismo lugar y caminan por una misma ciudad.
Esta realidad designa no sólo a los no bautizados o a aquellos que no han recibido todavía el misterio del Reino, sino que incluye, de hecho, a todos aquellos para los que los misterios del Reino de Dios y la Iglesia son todavía algo exterior, en los que no se participa desde dentro, con los que no se identifica hasta el punto de que todo parece lejano, desconocido o sin valor, “caminar juntos, contar persona a persona, cuerpo a cuerpo, con la voz, con las manos y con el corazón, que Jesucristo es el Señor” (29).
Una pastoral en clave de Misión pretende sencillamente abandonar el cómodo criterio pastoral del "siempre se ha hecho así ", salir de la repetición mecánica, superar la improvisación y la rutina, dejar de dar respuestas estereotipadas a preguntas que nadie se hace, construir un proyecto válido de misión permanente, ordenando en función de este proyecto las actividades de los agentes de pastoral, partiendo de la realidad, valorando los recursos humanos y materiales y teniendo muy en cuenta la medida del tiempo para proponerse objetivos concretos a corto, mediano y largo plazo.
Por lo tanto, el sentido misionero deberá animar todas las programaciones pastorales y acciones de la pastoral ordinaria intentando seriamente llegar a todos en sus propios lugares y en su estilo de vida.
Conversión pastoral
Para promover una pastoral en clave misionera es necesario estar dispuestos a una conversión pastoral que implica un cambio de mentalidad, de actitudes y de conductas; para lo cual es necesaria una perseverante docilidad al Espíritu que transforma los corazones y convierte a las comunidades en signos elocuentes de una forma diferente de pensar y de vivir. “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera […] haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (30).
El complejo fenómeno de la globalización, los cambios culturales acelerados, la gran influencia de los medios de comunicación y los múltiples retos que afronta la sociedad en todos los ámbitos, son un desafío a su creatividad pastoral, a su sensibilidad de creyentes y a su espíritu misionero. Por eso se siente la urgencia de un giro decidido hacia una nueva orientación pastoral, animada por una verdadera conversión pastoral.
La experiencia de conversión está en el centro de la vida y espiritualidad cristiana. Es una experiencia: teórica que compromete nuestra inteligencia, relacional porque involucra nuestra vida afectiva, práctica porque nos da una fisonomía moral determinada y espiritual porque hace a nuestra relación con Jesucristo. Una transformación de la acción pastoral y una consecuente acción pastoral transformadora sólo podrá producirse cuando haya sido mediada por la transformación interior de los agentes de pastoral y miembros de la comunidad que la componen.
La conversión pastoral se vive cuando las “transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales.” (31). Todas las estructuras de comunión de la Iglesia requieren esa conversión, desde las pequeñas comunidades y las parroquias a las diócesis y sus estructuras pastorales. Y además todos los lugares donde se puede dar el encuentro con el Señor: familias, movimientos, colegios y universidades. “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe. (32)”.
La conversión pastoral es un proceso pascual de muerte y resurrección, de fe incondicional y esperanza inquebrantable en el Dios de Vida. Donde hay conversión podemos tener la certeza que Espíritu está animando la marcha de la Iglesia que, con audacia, se hace capaz de cambiar su rumbo para ir asumiendo las opciones que permiten una experiencia y vivencia cada vez más profunda del Reino de Dios. “Para convertirnos en una Iglesia llena de ímpetu y audacia evangelizadora, tenemos que ser de nuevo evangelizados y fieles discípulos […] No hemos de dar nada por presupuesto y descontado. Todos los bautizados estamos llamados a ‘recomenzar desde Cristo’, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos” (33). Porque “el seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena” (34).
Que todos nos sintamos fascinados, atraídos y apremiados por el amor de Cristo (35) y podamos decir con San Pablo ¡”Ay de mí si no evangelizo”! (36). La Madre del Señor, que experimentó la peculiar fatiga del corazón (37), nos acompañe y sostenga en nuestras fatigas cotidianas y nos obtenga la gracia de la audacia evangelizadora, el fervor apostólico y la constancia misionera.
Notas:
(1) Año 2004
(2) Año 2005
(3) Año 2003
(4) Año 2004
(5) Año 2006
(6) Año 2006
(7) Año 2006
(8) Años 2005/06/07
(9) Años 2006/07/08
(10) Año 2008
(11) DA 33
(12) DA 34
(13) DA 37
(14) DA 38
(15) DA 39
(16) DA 33
(17) DA 36
(18) DA 36
(19) hay que dejar que la realidad surja del pueblo fiel de Dios, tanto en la preparación como en la elección del método no habrá condicionamientos previos. Se irán recogiendo los diversos aportes que inspire el Espíritu a las personas, a los diversos grupos parroquiales, movimientos apostólicos, y bautizados que no pertenecen a ninguna institución. Y el servicio del obispo consistirá en armonizar esos aportes. Armonizar con la fuerza del Espíritu Santo, no con pre-concepciones funcionales, sino con el Espíritu, puesto que “Ipse est harmonia” J. Bergoglio 2004
(20) DA 41
(21) DA 480
(22) DA 548
(23) Benedicto XVI, Discurso a las Obras Misionales Pontificias del 05/05/2007.
(24) Mensaje del S.S. Benedicto XVI para la jornada mundial de las misiones. "La caridad, alma de la misión”
(25) Encuentro del Pontífice con la comunidad católica de Brasil.
(26) DA 366
(27) DA 201
(28) Redemptoris missio, 66
(29) J. Bergoglio: Jornada preasamblea Junio 2005
(30) DA 370
(31) DA 367
(32) DA 365
(33) DA 549
(34) DA 277
(35) 2 Cor. 5, 14
(36) 1 Cor. 9, 16
(37) Redempt. Mater. 17
Apéndice
Algunas pistas que podemos tener en cuenta
”Una Iglesia en clave misionera vive una constante conversión pastoral que lleva a asumir nuevas actitudes y formas de evangelización.
*
Vive la pasión por el Reino como centro de la vida y acción eclesial.
*
Evangeliza y es evangelizada constantemente desde el anuncio del Kerigma.
*
Se sostiene por Palabra y apunta al encuentro con Jesús que lleva al cambio personal y a la creación de certezas profundas que iluminan tanto la vida personal como social.
*
Anuncia de modo directo y directo a Jesús
*
Reformula las estructuras eclesiales y los planes pastorales de acuerdo a esta nueva clave de interpretación.
*
Ofrece antes de exigir, no condiciona sino que presenta creativamente nuevas posibilidades y opciones.
*
Discierne los signos de los tiempos y no da nada por supuesto.
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Supera la desesperanza del “siempre se hizo así” y del “no se puede hacer nada”.
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Asume la realidad tal como se presenta sin pruritos ni prejuicios.
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Vive la acción pastoral con corazón samaritano que va al encuentro del hermano necesitado, del que se ha ido, del que no está.
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Crea servicios que lleguen a los excluidos para hacer de la Iglesia “Casa y escuela de Comunión”.
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Tiende por todos los medios a una ser un Iglesia de puertas abiertas.
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La identidad de sus miembros se verifica con el discipulado y la misión.
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Realiza un proceso que lleva a la parroquia a ubicarse como comunidad de comunidades y porción de una Iglesia más amplia.
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Experimenta la Misión como tarea de todos y expresión viva de la fe.
Esta nueva perspectiva supone una mística, certezas y opciones
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Evangelizar es “hacer discípulos” no adherentes.
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El discípulo vive una relación profunda con el Maestro, no sólo formal.
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Esta relación lleva a seguir a Jesús haciendo nuestro su estilo de vida.
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La escucha orante de la Palabra alimenta el seguimiento de Jesús.
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La oración es el lugar de la intimidad con Jesús y de encuentro intercesor por los hermanos.
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La Misión es la razón de ser del discípulo.
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La parroquia es “casa y escuela de comunión, de participación y solidaridad”.
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La parroquia se convierte en lugar de misión que afecta a toda la vida social de barrio.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 15 de abril de 2008
Fiesta de San Cayetano
Sept 14, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires en la Fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2008).
Primera Lectura
“El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados.
El arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre las naciones. Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor.
Y se dirá en aquel día: “Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!”. (Is. 25, 6-9)
Evangelio
Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio,; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos y la sala nupcial se llenó de convidados. (Mt. 22, 1-10)
1. Con San Cayetano buscamos construir “un lugar” para todos es el lema que nos convoca este año; nos ilumina el corazón porque orienta nuestras búsquedas: “Construir juntos, con San Cayetano, un lugar para todos”.
¿Y cómo se construye un lugar para todos? No es un trabajo fácil. Sin embargo, el Santuario mismo de San Cayetano nos da la clave: un lugar para todos es un lugar como el de este Santuario y el de tantos otros. Es un lugar de peregrinación, porque uno pasa y el que viene atrás nos moviliza, sin apuros pero sin pausa. Y cuando uno entra en este lugar santo se siente en casa; algo de nosotros se queda –en la ofrenda que dejamos- y algo de aquí uno se lo lleva dentro, espiritualmente –el corazón ensanchado, para hacer lugar al prójimo-.
El Santuario es lugar para todos porque es Casa de Dios y aquí todos nos sentimos en casa como hijos y hermanos.
2. En la primera lectura Isaías expresa este sentimiento, de que el lugar de Dios es para todos sus hijos, con una imagen hermosísima: la de la invitación al banquete que Dios hace a todos los pueblos en su monte santo. Isaías utiliza dos palabras muy nuestras para describir este sentirnos todos en Casa: “Ahí tienen”. Los que se acercan al Monte Santo de Dios se dicen entre sí: “Ahí tienen a nuestro Dios, éste es el Señor en quien esperábamos. Nos alegramos y regocijamos por su salvación”.
Cuando uno viene a San Cayetano y empieza a ver a toda la gente; cuando uno se va acercando al santo y llega ante su imagen bendita, uno siente ese “Ahí tenés”. Ahí lo tenés. Es tuyo y de todos. Uno siente que en Jesús, Dios se ha hecho nuestro, cercano. Está a nuestra disposición, deja que lo tengamos si lo queremos invocar. Y uno renueva la fe y la esperanza una vez más. ¿Vos creías que estabas lejos? ¿Vos dudabas de si había lugar para vos? Nada de eso: entrá; ahí lo tenés. Estás en tu casa. Junto con todos sos parte del pueblo fiel de Dios. Tomá gracia de San Cayetano. Volcá en él tus penas, contale tus sueños, encomendale tu familia, tu pan y tu trabajo, rogá por todos, confesale tu amor, pedile perdón, dale gracias… Ahí lo tenés. Aquí estás en Casa.
3. En el Evangelio Jesús cuenta la parábola del Rey que invitó al casamiento de su hijo. Es la parábola de la Fiesta en la que hubo lugar para todos –buenos y malos-se anima a decir Mateo. Algunos tenían lugar reservado, una invitación especial, y no quisieron ir… Pusieron excusas: tenían cosas más importantes que hacer aquel día. Y además insultaron, les pegaron y mataron a los mensajeros que llevaban la invitación. ¿Cuál fue la conclusión? ¿Se arruinó la fiesta de casamiento? ¿Se cerró la Casa? No señor, de ninguna manera! “La fiesta está preparada y se hace igual” –dijo el Rey-. Los invitados que se excluyeron solos, que no aceptaron la invitación de Dios a participar de su alegría y de su fiesta, no eran dignos. Entonces el Rey manda a sus servidores a que salgan a los caminos e inviten a todos los que encuentren. “Y los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales”.
Y no les pagaron para que fueran e hicieran número. Fueron porque querían. Fijémonos que en la fiesta les daban también el vestido nuevo –signo de alegría sincera- y al que no se lo quiso poner el Rey lo echó. Es decir: la fiesta era para los que de verdad querían festejar y participar de la alegría de los novios. El ejemplo de Jesús está bien elegido porque las fiestas de casamiento son especiales. Los novios están contentos igual, con o sin fiesta, porque se quieren entre ellos, y se van antes que termine la fiesta… La fiesta es un regalo para los invitados, y se les manda la participación, como se llama: queremos que participen de nuestra alegría. Así es nuestro Dios: quiere que todos sus hijos participemos todos de su alegría
4. En las fiestas humanas siempre hay algo de compromiso, de obligación, de quedar bien… Pero en las fiestas de Dios no. Se incluye a todo el que quiere si es que quiere estar de corazón. Dios es lo único gratuito. Gratuito de verdad. Por eso es el único que puede convocar a construir un lugar para todos. Aquí, en San Cayetano, se demuestra, como también, en Luján y en nuestros santuarios marianos. Estas son Casa de todos. Lugar sagrado en el que, al mismo tiempo que estamos todos juntos, cada uno está haciendo su alianza a solas con el Señor. Y San Cayetano hace de intercesor, de ayudante de Jesús que es el que recibe todas las peticiones y hace la gran intercesión ante el Padre, intercesión que es la Eucaristía.
5. Aquí hay lugar para todos. Un lugar construido con la fe. Con las piedras vivas de la fe sencilla de cada uno de nosotros.
Aquí hay lugar para todos. Un lugar construido con la mirada limpia, sin egoísmo, mirada de esperanza sólo puesta en Dios.
Éste es un lugar para todos. Un lugar construido con el trabajo lleno de amor de todos los trabajadores y trabajadoras de nuestra patria, los que se levantan cada día y trabajan; los que no roban sino que trabajan; los que no se pasan de vivos y viven de lo que produce el trabajo de otros, sino que trabajan.
Éste es un lugar para todos. Un lugar que se construye compartiendo, en el que se comparte el pan y con el pan se comparte la vida. Aquí, en este terrenito pequeño del Santuario, en este terrenito que extiende sus brazos a la calle, hacia las filas de fieles que vienen, nuestra patria es “lugar para todos”: sin exclusiones ni discusiones.
6. Aquí confesamos que necesitamos a Dios. Necesitamos a Dios porque sólo en torno a él se puede construir un lugar para todos. Si lo excluimos a él, el único gratuito, todo lo demás se convierte en objeto de compraventa. Sin Dios ni aun la patria es lugar para todos. En cambio con él todo se transforma en Casa, en lugar para todos. Queremos que nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra patria sea un lugar de todos, un lugar para todos. Por eso aquí, con San Cayetano, rezamos juntos:
“Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos…
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 7 de agosto de 2008.
Sin Dios, la patria no es de todos, dice Cardenal Bergoglio en fiesta de San Cayetano
Aug 13, 2008
Durante la emotiva y multitudinaria Misa en honor a San Cayetano, Patrono del Pan y del Trabajo, el Arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina, Cardenal Jorge Bergoglio, señaló que sin Dios, la patria deja de ser una casa para todos.
(ACIDIGITAL, IBLNEWS, 09/08/2008) Como todos los años, el Santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, recibió desde la medianoche a decenas de miles de peregrinos que realizaron largas colas para orar ante la imagen del santo patrono de la providencia.
Durante la homilía de la Misa principal, celebrada a las 11:00 a.m., el Purpurado recordó a los fieles que la patria se construye "compartiendo", por lo que instó a "construirla sin exclusiones ni discusiones".
"Necesitamos a Dios porque sólo en torno a Él se puede construir un lugar para todos. Si lo excluimos a él, el único gratuito, todo lo demás se convierte en objeto de compraventa. Sin Dios ni aun la patria es lugar para todos", agregó el Cardenal.
El Arzobispo señaló que con Dios "todo se transforma en casa, en lugar para todos", y reiteró la invitación a que "nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra patria sea un lugar de todos, un lugar para todos", previo a convocar a rezar la Oración por la Patria, redactada por la Conferencia Episcopal Argentina.
El Primado argentino explicó que el Santuario de San Cayetano fue construido "con la fe y con la mirada limpia, sin egoísmo"; y aseguró que como tal es "un lugar para todos, construido con el trabajo lleno de amor de todos los trabajadores y trabajadoras de la patria".
"Esos que se levantan cada día y trabajan, esos que vienen a pedir la gracia de tenerlo, que no roban sino que trabajan. Los que no se pasan de vivos y viven de lo que produce el trabajo de otros, sino que trabajan ellos", agregó.
El Cardenal Bergoglio preguntó luego a los devotos si la Iglesia era un lugar para todos, tanto buenos y malos, y ante el "sí" rotundo de los presentes, agregó: "Acá no se echa a nadie por ser malo, todo lo contrario se lo recibe con más cariño".
Al finalizar la Misa, el Arzobispo bendijo a los fieles y recorrió las largas filas de peregrinos que, a lo largo de casi 20 cuadras esperaban acercarse hasta la imagen de San Cayetano.
Aniversario de la convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y de sus familias
Jul 13, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, celebrada en la parroquia Nuestra Señora, Madre de los Emigrantes el 1 de julio de 2008.
En la primera lectura escuchamos como Moisés estaba trabajando, cuidando las ovejas, era pastor. Tendría unos 80 años y… tenía un gran sentido de la justicia porque cuando estaba en Egipto, más joven y vio como un egipcio maltrataba a un hombre en su pueblo, a un israelita, directamente lo mató. No toleró. Y por eso tuvo que escapar de Egipto y vivó tanto años allí, cuidando ovejas.
Probablemente… …la distancia desfigura la realidad, entonces cuando uno toma distancia, no se acerca, los problemas se desdibujan…
Bueno pero volvamos a Moisés. Moisés esta ahí cuidando y ve que hay un yuyo, una zarza que empieza a arder, arder, arder y no se consume… Entonces curioso se acerca y es Dios que esta ahí y que le dice. Cuando le dice que es Dios se tapa la cara por respeto a Dios, es un gesto que tenían los judíos por respeto a Dios, taparse la cara.
Le dice: “He visto la tribulación de mi pueblo. He visto como los fenicios maltratan a mi pueblo” -que era un pueblo migrante… los judíos migraron de la Mesopotamia a Egipto- y quiero liberarlos”. Me ha conmovido las entrañas por el maltrato a mi pueblo. Y realmente que, cuando uno lee las cosas que le hacían los egipcios a los judíos, uno dice gracias a Dios que esto no sucede más. Los hacían trabajar…, les daban casi nada de comer. Si tenían un chico varón se los mataban, por eso los chicos los tenían a escondidas: Moisés era uno de esos chicos que la madre lo salvó escondiéndolo en el río. Y entonces uno esta tentado de decir: bueno son cosas de la barbarie antigua, parece que eso no sucede más.
Yo diría de acá en Buenos Aires, en la gran ciudad, en esta ciudad cada día más avanzada, también hay hermanos nuestros migrantes que los tienen trabajando 20 horas por día, 18 horas por día, les pagan una miseria y un sándwich de mortadela; que aquí también no le importa a estos egipcios modernos -no tengo nada contra los egipcios de ahora, a estos que hacen el papel de lo egipcios de aquella época- estos tratantes modernos, no les importa que se mueran los chicos: pensemos los que se murieron en Caballito quemados en ese taller clandestino porque estaban enrejados.
Nadie hablo, nadie habló… se olvidó porque esto señores poderosos saben como untar ciertas manos.
Pero ¿cómo, todavía suceden estas cosas? Y suceden. Y Dios dice: Yo he visto como maltratan a mi Pueblo. Moisés se tapa la cara ante Dios y Dios les dijo a Moisés “Yo miré”. Y lo está empujando a que mire. Mira, mira como esta tu pueblo.
Dios, nos reunimos aquí para mirar. Pero no para mirar desde una mirada puramente social, desde una mirada puramente política, lo cual es lícito, sino para mirar desde la zarza ardiendo, para mirar desde Dios, desde nuestra oración y desde nuestra compasión cristiana. Y para llorar con Dios, por que Dios llora, se conmueve… Pero esto que sucede, sucede aquí en nuestra ciudad, para llorar por los que ya no tienen lágrimas, para llorar porque ya las han gastado todas.
Una vez recordaba que en la escuela cuando nos enseñaban que la Asamblea de 1813 había abolido la esclavitud: …cuantos chicos… hoy hay más esclavos que los negros esclavos de aquella época. Nuestra sociedad protege de alguna manera, cada uno verá la manera si la descubre, protege la trata de personas.
La otra noche venía de la Parroquia San Pablo Apóstol y vi un carro cargado de cartones. Busqué, a ver el caballo que lo tiraba, y dije: “No. Está prohibido en Buenos Aires la tracción a sangre”. Entonces si vemos un mulo o un caballo inmediatamente tiene que estar confiscado porque hay una ley, una ordenanza, que prohíbe la tracción a sangre. Pero mire bien ese carro y lo tiraban dos chicos que no tenía más de 12 años. Eso ¿no es tracción a sangre? Es tracción a dignidad… y a engaño.
Se le muestra una ciudad floreciente. Acá vas a tener de todo: vas a tener trabajo, vení, yo te doy a esto, esto, esto… ¿cuántos chicos sometidos? ¿cuántas mujeres sometidas? ¿cuántos talleres clandestinos?, ¿cuántos prostíbulos? Cuánta cosa que huele y es esclavitud. Y Dios hoy nos dice: “mire la humillación de mi pueblo”. Nosotros nos tapamos la cara ante Dios pero El nos pide que nos destapemos los ojos ante esta realidad. Porque nos dice Jesús: el día del juicio te voy a juzgar por lo que hiciste por estos pequeños, y lo que hiciste por un migrante sometido a la trata del trabajo, la trata del cartón, la trata de la prostitución, a cualquier tipo de trata humana me lo hiciste a mí… …Si no tenemos el coraje de mirar a Jesús, de ver a Jesús, en estos hermanos nuevos esclavos, no entraremos en el Reino de los Cielos.
Somos cristianos que hemos clausurado nuestra conciencia y en vez de vivir en un barrio cerrado, vivimos con un corazón cerrado. ¡Qué lujo que es vivir con un corazón cerrado!
El Evangelio nos narra la historia de esos hombres que traían al paralítico y como lo querían poder delante de Jesús, había mucha gente y no podían, levantaron las tejas del techo y lo pasaron por arriba para que Jesús lo viera. Trabajaron, lo organizaron, buscaron la escalera, de todo, para que ese hombre, esa mujer -era hombre- fuera curado.
Bueno hoy estamos aquí porque muchos de ustedes encabezados por Gustavo, por Juan, han levantado el techo y nos han metido acá en la presencia de Dios en la presencia de la comunidad a tantos hermanos… …que no están, que están en los prostíbulos, que están tirando el carro con cartones, en tantos prostíbulos clandestinos.
Hará quince días en los diarios salió ese hombre que con una balsa cruzaba del Paraguay con 6 chicas menores engañadas para hacerlas trabajar en prostíbulos.
Hoy también se nos pide que abramos el techo de nuestra sociedad, el techo de nuestra conciencia y nos animemos a bajar y a poner delante de Jesús a todos nuestros hermanos y a ponerlo con trabajo.
Quizás el problema no se solucione, ni este año, ni el que viene, ni en diez años. Simona me decía recién, hace un rato, pero por lo menos para nuestros hijos, Padre. Sembrar para el futuro la libertad de los esclavos. Esa libertad que no tienen, esa libertad que nos han hecho creer que teníamos desde el año 1813.
Nuestro país alberga tratantes de esclavos: Hombres y mujeres que venden y compran personas. Hombres y mujeres que hacen lo mismo que aquellos capataces egipcios con los israelitas: les pegan, los obligan a trabajar más, les sacan los documentos para que no puedan moverse. Todo eso que ustedes saben.
Eso lo queremos mirar desde Dios hoy. Y clamar a nuestro Dios: Señor mira a tu pueblo, Señor mira estos hombres y mujeres esclavizados.
Como somos cristianos también le pedimos a Dios tocar el corazón de estos hombres y mujeres que esclavizan porque ellos también son esclavos. Esclavos de otra cosa: de la codicia, de la soberbia, de la suficiencia, de la maldad. También te pido por ellos pero por sobre todo te vengo a pedir por nuestros hermanos humildes… …que son sometidos a esa esclavitud.
Mirando la zarza ardiente que es Dios, nos ponemos solo en la presencia de Dios y escuchamos que nos dice lo mismo que a Moisés: “He visto la humillación de mi pueblo y he escuchado sus gritos cuando los maltrataban sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos… …y he escuchado sus lamentos y por esta razón estoy bajando para liberarlos del poder de los egipcios. Y para ayudarte y hacerlo subir a un país grande y fértil”.
Señor bajá para liberar a tu Pueblo del poder de la oscuridad.
Te pedimos Señor… …Que levantemos techos, que abramos puertas, que gritemos esta realidad. Y que lloremos. A nuestro pueblo le falta llorar.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ
El prólogo del cardenal Bergoglio
Jul 09, 2008
Por Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j.
(La Nación, 8 de julio de 2008) En su ensayo Argentina ciudadana, con textos bíblicos, el rabino Sergio Bergman intenta una tipología bíblica que inspire la base de nuestro accionar cívico y, a partir de ella, elabora los fundamentos de lo que él denomina "espiritualidad cívica". La invitación, además de original, resulta movilizadora de reflexiones con miras al cotidiano trabajo para transformarnos de habitantes en ciudadanos.
El autor describe la espiritualidad cívica como ese estado de maduración alcanzado por una sociedad que logra vivir como verdadera comunidad y despliega, a través de determinados valores, un proyecto de Nación. Tal espiritualidad es creadora del espíritu cívico: esa energía potencial del individuo que nace en un país como simple habitante y se hace ciudadano ejerciendo ?poniendo en práctica con vocación y devoción espiritual ? los ideales y valores comunes de la sociedad proyectada y soñada por todos. El "espíritu cívico" no configura una teoría, un sentimiento o simplemente un plan de acción. Posee todas esas dimensiones y las trasciende en una tensión mutua que las determina y armoniza, pues el espíritu cívico termina expresándose en el triple lenguaje mancomunado de la mente, del corazón y de las manos. Se trata de pensar lo que se siente y se hace, de sentir lo que se piensa y se hace, de hacer lo que se siente y se piensa. La palabra, el sentimiento y la acción resultan una misma cosa, real e indivisa y, a la vez, una actitud que no abandona ni el ejercicio de la libertad ni la responsabilidad del orden social.
Para reflexionar sobre este espíritu cívico, el autor se introduce en la Biblia y rescata una rica tipología: la Creación, Caín y Abel, los jefes de Israel, el Éxodo, el Levítico, el Deuteronomio, etc. De tal tipología, rigurosamente presentada, va deduciendo realidades y actitudes que nos dicen mucho a los argentinos en lo que respecta a la comprensión de nuestra historia y al camino a seguir: la tierra, el fratricidio argentino, los próceres y su recuerdo (muchas veces reducidos a un fin de semana largo), la capacidad de enfrentar la realidad opresiva, la humildad y el servicio como virtudes del líder, la idolatría argentina, la relación entre espacio y tiempo, la elección de valores más que de personas.
Entre estas realidades y actitudes que el autor enumera hay tres que merecen una singular atención: saber y no saber percibir el misterio, la incapacidad de consensuar y el perdón como reconciliación. Respecto de esta última, Bergman hace una profunda reflexión acerca de dos paradigmas bíblicos sobre la capacidad de reconocimiento y darse a conocer, Caín y José: "El abrazo amoroso de José es la antítesis del brazo de Caín que se levantó en violencia fratricida. Es un fluir distinto de emociones, valores, sabores y colores de lo que significa realmente ser humano en esta gran obra de arte en la que nos deberíamos transformar". Señalo de modo especial estos dos paradigmas porque se han entrelazado profundamente en la historia de nuestra patria. Siempre añoramos el abrazo de José..., pero ¡cuántas veces se interpuso el abrazo fratricida de Caín! El encuentro de José y sus hermano, esculpido en el frontispicio de la Catedral de Buenos Aires, sigue siendo un deseo ?tantas veces obnubilado, pero deseo al fin? de ese encuentro, verdadera columna vertebral sobre el que se construirá la espiritualidad cívica.
La elaboración tipológica del autor es teológicamente rigurosa y seria: en ella confluyen la erudición, el pensamiento, la oración y el silencio reflexivo. Por ello resulta tan inspiradora para nuestro ser y quehacer de habitantes que anhelan ser ciudadanos, de hombres y mujeres llamados a plasmar un pueblo. En última instancia, la revelación divina no fue sino un llamado y la manifestación de un amor fiel para configurar un pueblo. Sobre esa realidad y para concluir su obra, Bergman ensaya un "Decálogo de valores para el ciudadano argentino", una suerte de resumen programático de las ricas y profundas reflexiones anteriores.
La lectura de esta obra me hizo bien al alma. Tiene la cualidad de aportar fundamento sólido, riqueza espiritual y siembre de grandes deseos en la construcción de la patria, sin negar ni las raíces ni la promesa y afirmando la necesidad de ser fieles a una alianza.
Cardenal Bergoglio recuerda en CEI que Eucaristía debe traducirse en espiritualidad
Jun 20, 2008
El Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Bergoglio, recordó que "la Eucaristía, como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, se tiene que traducir en espiritualidad, en vida según el Espíritu", al ofrecer una catequesis sobre "La Eucaristía y la Iglesia, misterio de la alianza" durante el 49º Congreso Eucarístico Internacional, que se celebra en Québec, Canadá.
QUÉBEC, 19 Jun. 08 / 04:32 am (ACI).- Según informó la agencia AICA, el Purpurado señaló que el Papa Benedicto XVI exhorta a los cristianos, en su encíclica Sacramentum Caritatis, a "ofrecernos eucarísticamente a todos, junto con el Señor, ya que la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo. La Eucaristía, pues, don y tarea, don de vida que se recibe y don de vida que se da a todos", sostuvo que también "late en el corazón del Documento de Aparecida, con tono de alabanza agradecida y con fervor misionero".
Tras explicar que "la Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad: El que me coma vivirá por mí", precisó que "en el medio, entre el don y la misión, la Iglesia es el motivo central de esta catequesis de hoy: La Eucaristía y la Iglesia, misterio de la alianza".
El Cardenal Bergoglio consideró que "las conclusiones para la vida espiritual personal creo que cada uno debe elegirlas de entre aquellas en las que encuentre más gusto, como dice San Ignacio en los Ejercicios Espirituales", y estimó que "unir la Eucaristía y la comunión sacramental con María es algo que intuitivamente hacemos, y profundizar en esto a todos nos hace bien. Por ello podemos pedir la gracia de recibir la Comunión como María recibió al Verbo y dejar que se haga carne nuevamente en mí".
Refiriéndose a las consecuencias eclesiales, el Arzobispo indicó que "la Iglesia como realidad ‘santificada’ plenamente y capaz de recibir y de comunicar -sin errores ni carencias, desde su propia pobreza y aun con sus pecados- toda la santidad de Dios, no es un ‘complemento’ o un ‘agregado institucional’ a Jesucristo, sino participación plena de su Encarnación, de su Vida, de su Pasión, muerte y Resurrección. Sin estos "odres nuevos" que son la Iglesia y María – en una universalidad concreta sin parangón, cuya relación es paradigma de todo lo demás- la venida del Verbo eterno al mundo y a la carne, su Palabra en nuestros oídos y su Vida en nuestra historia, no podrían ser recibidos adecuadamente".
La Eucaristía y la Iglesia, misterio de la alianza
Jun 18, 2008
Catequesis del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo
de Buenos Aires en el 49º Congreso Eucarístico Internacional (Quebec, 18 de junio de 2008).
“La Eucaristía: don de Dios para la vida del mundo". El tema elegido por el Papa para este 49º Congreso Eucarístico internacional proviene del evangelio de Juan, del pasaje en que Jesús nuestro Señor proclama: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo (…). El pan que yo les voy a dar, es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51).
La Eucaristía, don de Dios que quiere dar vida a todos, es un tema central de la Encíclica “Sacramentum Caritatis”. En la primera parte –“Eucaristía, misterio que se ha de creer”-, el Papa nos exhorta a la adoración de la Eucaristía como “Don gratuito de la Santísima Trinidad para la vida del mundo”(1). Y, al final, en la tercera parte –“Eucaristía, misterio que se ha de vivir”-, nos exhorta a ofrecernos eucarísticamente a todos, junto con el Señor, ya que “la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo”(2). La Eucaristía, pues, don y tarea, don de vida que se recibe y don de vida que se da a todos.
Esta vida en Jesucristo, “para que nuestros pueblos en El tengan vida”, es también lo que late en el corazón del Documento de Aparecida, con tono de alabanza agradecida y con fervor misionero, ya que: “La vida es regalo de Dios, don y tarea…”(3).
“La Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad: “El que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). En ese banquete feliz participamos de la vida eterna y, así, nuestra existencia cotidiana se convierte en una Misa prolongada”(4) (como decía San Alberto Hurtado).
En el medio, entre el don y la misión, la Iglesia es el motivo central de esta catequesis de hoy: La Eucaristía y la Iglesia, misterio de la alianza.
De manera sencilla, les propongo tres pasos para hacer esta catequesis como una “lectio divina”. El primer paso es una breve meditación sobre la Alianza. El segundo paso deseo que sea una síntesis contemplativa en la que nos quedemos mirando y gustando con los ojos del corazón algunas imágenes de la Virgen, nuestra Señora, “mujer eucarística”. Y el tercer paso consistirá en sacar algunas conclusiones pastorales que nos ayuden en nuestra vida personal y en nuestra vida eclesial.
1. La dimensión eclesial y nupcial de la Eucaristía
“La Eucaristía y la Iglesia, misterio de la alianza”. Con la palabra “alianza” se quiere poner de relieve la dimensión eclesial y nupcial del don de la Eucaristía, don con el cual el Señor quiere llegar a todos los hombres. La Eucaristía es pan vivo entregado para la vida del mundo y sangre de la alianza derramada para el perdón de los pecados de todos los hombres. Teniendo, pues, firme el corazón en la gratuidad del don y en su dinamismo misionero universal(5), nos detenemos en el misterio de Alianza.
La Alianza que nada ni nadie puede romper
“¡Quien podrá separarnos del amor de Cristo!” (Rm 8, 35)(6). Lo primero que nos conmueve de la Eucaristía es que se trata de una Alianza “nueva y eterna”, como dijo el Señor en la última cena. Lo expresa muy bien la Liturgia en la Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación: “Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza, pero tú, en vez de abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, un pacto tan sólido, que ya nada lo podrá romper”.
El anhelo de una Alianza que nada ni nadie pueda romper, el Señor lo fue amasando a lo largo de siglos en el corazón de Israel(7), y Jesús colma este deseo y lo perfecciona de manera tal que no deja resquicio para ninguna ruptura.
En esta solidez de la Alianza juega un papel central su institución antes de la Pasión. Al adelantar su entrega en la ultima cena, el Señor transforma el momento y el lugar en que las alianzas se rompen (el momento de la traición de Judas) en el kairós –de tiempo y espacio santos- donde esta Alianza nueva se sella para siempre.
La anticipación eucarística
Para meditar en este misterio tomemos como guía algunas intuiciones de Juan Pablo II que nos ayudarán a ver la importancia de esta “anticipación” Eucarística. Decía Juan Pablo que el deseo más vivo de su Encíclica “La Iglesia vive de la Eucaristía” era suscitar “el asombro eucarístico”(8). Y que el Señor haya instituido la Eucaristía antes de la Pasión era y es motivo principal de asombro. Leemos algunas líneas “con los ojos del alma”, como dice Juan Pablo:
“Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial (…). Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia. Y, mientras lo hacemos en la celebración eucarística, los ojos del alma se dirigen al Triduo pascual: a lo que ocurrió la tarde del Jueves Santo, durante la Última Cena y después de ella. La institución de la Eucaristía, en efecto, anticipaba sacramentalmente los acontecimientos que tendrían lugar poco más tarde, a partir de la agonía en Getsemaní. Vemos a Jesús que sale del Cenáculo, baja con los discípulos, atraviesa el arroyo Cedrón y llega al Huerto de los Olivos. En aquel huerto quedan aún hoy algunos árboles de olivo muy antiguos. Tal vez fueron testigos de lo que ocurrió a su sombra aquella tarde, cuando Cristo en oración experimentó una angustia mortal y «su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra» (Lc 22, 44). La sangre, que poco antes había entregado a la Iglesia como bebida de salvación en el Sacramento eucarístico, comenzó a ser derramada; su efusión se completaría después en el Gólgota, convirtiéndose en instrumento de nuestra redención(9).
Un poco más adelante, Juan Pablo nos revela de dónde surgió el título de esta encíclica:
“‘¡Mysterium fidei! – ¡Misterio de la fe!’. Cuando el sacerdote pronuncia o canta estas palabras, los presentes aclaman: ‘Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!’. Con éstas o parecidas palabras, la Iglesia, a la vez que se refiere a Cristo en el misterio de su Pasión, revela también su propio misterio: Ecclesia de Eucharistia”(10).
Y pone aquí tres características espacio-temporales que hacen de la Eucaristía el núcleo más íntimo de la vida (como don y tarea) de la Iglesia:
“Si con el don del Espíritu Santo en Pentecostés la Iglesia nace y se encamina por las vías del mundo, un momento decisivo de su formación es ciertamente la institución de la Eucaristía en el Cenáculo. Su fundamento y su hontanar es todo el Triduum paschale, pero éste está como incluido, anticipado, y «concentrado» para siempre en el don eucarístico. En este don, Jesucristo entregaba a la Iglesia la actualización perenne del misterio pascual. Con él instituyó una misteriosa «contemporaneidad» entre aquel Triduum y el transcurrir de todos los siglos”(11).
El fundamento y la fuente de la Iglesia está “incluido, anticipado y concentrado” en la Eucaristía, y con este don el Señor “instituyó una misteriosa ‘contemporaneidad’ entre aquel Triduum y el transcurrir de todos los siglos”.
Juan Pablo finaliza este parágrafo asombrándose y asombrándonos con la “capacidad redentora” (en la que entra “toda la historia”, es decir: toda la vida del mundo) de este acontecimiento:
“Este pensamiento nos lleva a sentimientos de gran asombro y gratitud. El acontecimiento pascual y la Eucaristía que lo actualiza a lo largo de los siglos tienen una «capacidad» verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria de la gracia de la redención” (12).
Incluido-anticipado-concentrado
La intuición de Juan Pablo II es muy original y la formulación consiste en una síntesis apretada. ¿Cómo sacar provecho sin depotenciarla? Se me ocurre que podemos ir por el lado pedagógico. El Señor muestra una intención pedagógica en el lavatorio de los pies, cuando dice: “Si yo que soy el Señor y Maestro (…) les he dado ejemplo…” (Jn 13, 13-15). Por tanto, podemos preguntarnos ¿qué valor pedagógico contiene esta “inclusión-anticipación y concentración” del Triduo Pascual en el Don Eucarístico? Me animaría a decir que la intención del Señor apunta a disponer y acondicionar el “recipiente” del Don: el corazón de los discípulos en su dimensión personal y eclesial.
Al anticipar su entrega incluyendo a sus amigos en la comunión de la última cena y concentrando todo su amor en el don Eucarístico, el Señor logra que, cuando se vayan dando cuenta (cada uno a su tiempo) de lo que Él ofreció en la Pasión, caigan también en la cuenta de que ya lo habían recibido, de que ya habían sido hechos partícipes de ese sacrificio redentor. El deseo de Alianza del Señor, su entregarse sin reservas al expirar en la Cruz, se les vuelve manifiesto no como hecho aislado y terminal, sino inundando la memoria de los que lo contemplan –de María, de Juan y de las santas mujeres, y luego de toda la Iglesia- con todos y cada uno de los gestos de entrega del Señor (que pasó haciendo el bien) y de manera especialísima, llenando la memoria de los creyentes con su entrega eucarística en la última Cena. De no ser así, el gesto final nos lo hubiera alejado. Hubiera sido un gesto total pero unilateral de Dios, sin que hubiera recipiente capaz de recibirlo. El vino nuevo hubiera roto los odres viejos…
Pero no, el gesto de entrega total del Señor en la Cruz cae en el odre nuevo de los corazones que ya lo han recibido y pregustado en la Eucaristía. Una Eucaristía que “concentra” la Pasión dándole una “proporción adecuada” a nuestra capacidad, si puede hablarse así. Por eso toda la pasión pudo y puede ser contemplada como salvadora, porque los que la contemplan ya están “incluidos”, en comunión con el amor salvador que late en el Señor que la padece. En esta dirección podemos contemplar el lavatorio de los pies como gesto de purificación en lo pequeño que hace de contrapeso a la efusión de sangre redentora en la Cruz. La tensión entre lo pequeño y lo grande, entre lo cotidiano y lo excepcional concentra el Amor del Señor y lo pone a disposición de nuestra fe, evitando que su comprensión se fugue hacia lo demasiado extraordinario o se diluya en lo muy ordinario.
Hay una similitud profunda con esto en la fórmula del sacramento del matrimonio cristiano, en el que los esposos se entregan mutuamente y se prometen fidelidad abrazando –incluyendo, anticipando y concentrando en su sí- todo lo que ocurrirá en la vida: salud y enfermedad, prosperidad y adversidad. A imagen de la Alianza de Cristo que se adelanta en la Eucaristía, los esposos adelantan su amor y lo hacen extensivo a todo, de manera tal que la Alianza sea irrompible.
Odres nuevos
Dios es Don. Y para poder darse, el Señor va conformando el recipiente adecuado al don, el recipiente que no se rompa, el odre nuevo. Recipiente que es fruto de una alianza entre gracia y libertad. Desde esta perspectiva del “recipiente” contemplamos también “el misterio de la alianza entre la Eucaristía y Iglesia”.
Fijamos nuestra atención en este punto: en la Eucaristía nos transformamos en lo que comemos, como dice Lumen Gentium citando a San León Magno: 'La participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos'(13). Al comer el Cuerpo de Cristo el Señor, aunque se hace a nuestra medida no se “reduce”. El milagro de la Eucaristía consiste en que el recipiente “de barro” se va asimilando al “tesoro”, al revés de lo que sucede en la naturaleza. Al recibir la Eucaristía, somos nosotros los asimilados a Cristo. De esta manera, mediante su darse a comer como Pan de vida, el Señor va haciendo a la Iglesia. La va transformando en su Cuerpo –en un proceso de asimilación misterioso y escondido como el que se da en todo proceso de alimentación-. Y al mismo tiempo, en cuanto que este proceso cuenta con el sí libre de la Iglesia, que asiente en la fe a la Alianza que le ofrece su Esposo, la transforma en su Esposa.
2. Imágenes de María, mujer Eucarística
Para contemplar bien este misterio de la Alianza nos tenemos que centrar en María. De nuevo nos ayudamos con la mirada de Juan Pablo II, que nos invita a entrar “En la Escuela de María, mujer Eucarística”:
“Si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia (…) Efectivamente, María puede guiarnos hacia este Santísimo Sacramento porque tiene una relación profunda con él”(14).
A la manera de las muñecas rusas en las que la imagen mayor incluye en sí otras más pequeñas pero esencialmente idénticas, vamos a ir directo a la “más pequeñita”, a nuestra Señora, para ver cómo lo que se da en ella –el misterio de la alianza que hace que el Don de Dios sea aceptado y comunicado para la vida del mundo- se da en la Iglesia universal y en cada alma. Seguimos esa regla de los Padres según la cual, con distintos matices, “lo que se dice universalmente de la Iglesia, se dice de modo especial de María e individualmente de cada alma fiel”(15).
En la relación de María con la Eucaristía contemplamos tres imágenes que nos revelan características de la Alianza que podemos luego aplicar a la Iglesia universal y a nuestra alma en particular.
La Alianza como compañía
La primera imagen Eucarística de María nos la muestra “incluida” en la Iglesia, a la que sin embargo, misteriosamente, ella incluye en su pequeñez. El Papa hace notar la “participación” de María en las Eucaristías de la primera comunidad:
“Estaba junto con los Apóstoles, «concordes en la oración» (cf. Hch 1, 14), en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Esta presencia suya no pudo faltar ciertamente en las celebraciones eucarísticas de los fieles de la primera generación cristiana, asiduos «en la fracción del pan» (Hch 2, 42)”(16).
La comunidad de los Apóstoles persevera en la oración con un mismo espíritu “en compañía” de María:
“Y cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas de Santiago. Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1, 13-14).
El misterio de la Alianza entre Dios y los hombres es misterio de “compañía”, de compartir el pan, de “estar con” los otros, en familia, a la mesa, misterio de projimidad continuado. Esta compañía es propia de la pedagogía del Señor, que va transformando a cada persona como hizo con los discípulos de Emaús, mientras los acompaña por el camino.
La Alianza como confianza
La segunda imagen eucarística de María nos la muestra como la Esposa que pone toda su confianza en su Esposo. Juan Pablo II acentúa la “actitud eucarística interior” con que María vive toda su vida(17), actitud que define como de “abandono a la Palabra”(18). María concentra en sí todo “hacer” con respecto a la Palabra. El abandono implica un “dejar hacer”, propio de quien se dispone para recibir plenamente un don –el “hágase en mí según tu Palabra”-. El abandono implica también un “hacer”, propio de quien se dona sin cálculos ni medida y exhorta a los otros a donarse de igual manera –“hagan todo lo que Él les diga”-. Para la Iglesia y para cada uno de nosotros:
“Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don. Significa tomar con nosotros –a ejemplo de Juan– a quien una vez nos fue entregada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por ella”(19).
La confianza total y la obediencia de la fe hacen que el Corazón de María sea el recipiente perfecto para que la Palabra se encarne y la transforme a su medida plenamente.
La Alianza como esperanza
La tercera imagen eucarística de María nos muestra algo muy propio de la alianza que consiste en vivir por anticipado –en esperanza- lo que es promesa. Juan Pablo hace referencia al misterio de la “anticipación”, cuando dice:
“Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de «Eucaristía anticipada» se podría decir, una «comunión espiritual» de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período pospascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como «memorial» de la pasión”(20).
Deseo y ofrecimiento son las dos actitudes anticipatorias que convierten también a la Iglesia y a cada alma fiel en “odres nuevos”. Por el deseo y el ofrecimiento nos convertimos como María en recipientes disponibles para que la Palabra se haga carne en nosotros. La presencia humilde y oculta del Señor en María, en la Iglesia y en cada alma, irradia luz y esperanza al mundo. Juan Pablo lo expresa bellamente, hablando de la Visitación:
“’Feliz la que ha creído’ (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en «tabernáculo» –el primer «tabernáculo» de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como «irradiando» su luz a través de los ojos y la voz de María”(21).
María, pues, modelo de la Alianza, entre el Señor y su Esposa la Iglesia, entre Dios y cada hombre. Modelo de una Alianza que es compañía de amor, abandono confiado y fecundo y esperanza plena que irradia alegría. Todas estas virtudes se convierten en canto en el Magnificat del cual Juan Pablo II nos regala una hermosa visión eucarística:
“En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la «pobreza» de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se «derriba del trono a los poderosos» y se «enaltece a los humildes» (cf. Lc 1, 52). María canta el «cielo nuevo» y la «tierra nueva» que se anticipan en la Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su "diseño" programático. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!”(22).
Juan Pablo nos invitó a entrar en “la escuela de María, mujer Eucarística”. Ahora nos muestra cómo en el Magnificat está activo y presente el “fin” o programa de esta escuela. Fin que se anticipa –esta es la alegre buena nueva- en la Eucaristía, vivida como un canto de glorificación y agradecimiento. Así como María “anticipa” el “programa de Dios” para la historia, su plan de salvación, y lo vive como presente profético en el gozo que inunda su visión de fe; así también la Eucaristía anticipa “en su pobreza”, dice Juan Pablo, la creación de la nueva historia.
Esto mismo lo ha expresado profundísimamente Benedicto XVI en su Encíclica sobre la Esperanza, cuando hace ver que la esperanza cristiana nos “da” algo sustancial(23) en nuestro presente, nos anticipa la salvación no sólo proporcionando información sobre el futuro sino “performando” nuestra vida presente:
“Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente. De este modo, podemos decir ahora: el cristianismo no era solamente una “buena noticia”, una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida(24). La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva”(25).
Lo que la Eucaristía realiza –en la pobreza sacramental- María lo canta en el Magnificat y al cantarlo la Iglesia –y cada uno de nosotros en ella- nos volvemos “contemporáneos” con nuestra Señora y vivimos de su espiritualidad, que es vida en el Espíritu:
La Eucaristía, como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, se tiene que traducir en espiritualidad, en vida ‘según el Espíritu’ (cf. Rm 8,4 s.; Ga 5,16. 25)”(26).
Termino con una cita de la homilía de Juan Pablo II con ocasión de los 150 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada en la cual califica a María como “Icono escatológico de la Iglesia”, como la que pronuncia el primer “sí” de la Alianza entre Dios y la humanidad y precede al pueblo de Dios en su camino al cielo y la Iglesia ve en ella “anticipada” su salvación:
“Ella, la primera redimida por su Hijo, participa en plenitud de su santidad, ya es lo que toda la Iglesia desea y espera ser. Es el icono escatológico de la Iglesia. Por eso la Inmaculada, que es "comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura" (Prefacio), precede siempre al pueblo de Dios en la peregrinación de la fe hacia el reino de los cielos(27). En la concepción inmaculada de María la Iglesia ve proyectarse, anticipada en su miembro más noble, la gracia salvadora de la Pascua. En el acontecimiento de la Encarnación encuentra indisolublemente unidos al Hijo y a la Madre: ‘Al que es su Señor y su Cabeza y a la que, pronunciando el primer "fiat" de la nueva alianza(28), prefigura su condición de esposa y madre’”(29).
3. Consecuencias pastorales concretas
Consecuencias personales
En el transcurso mismo de esta catequesis, al contemplar el misterio de la Alianza en María, se nos han ido revelando las riquezas de la Eucaristía y de la Iglesia. En nuestra Madre todo se vuelve concreto y “posible”. En su escuela los misterios inefables de Dios toman rostro y tono de voz maternos y se hacen comprensibles para la fe llena de amor que, como pueblo fiel de Dios, profesamos a María. Las conclusiones para la vida espiritual personal creo que cada uno debe elegirlas de entre aquellas en las que encuentre más gusto, como dice San Ignacio en los Ejercicios Espirituales. Unir la Eucaristía y la comunión sacramental con María es algo que intuitivamente hacemos, y profundizar en esto a todos nos hace bien. Por ello podemos pedir la gracia de recibir la Comunión como María recibió al Verbo y dejar que se haga carne nuevamente en mí; la gracia recibir la Eucaristía de manos de la Iglesia poniendo las nuestras como patena (que quiere decir pesebre), sintiendo que es nuestra Señora la que lo recuesta allí y nos lo confía; la gracia de cantar con María el Magnificat en ese momento de silencio que sucede a la comunión; la gracia de anticipar en la Eucaristía todo lo que será nuestro día o semana, con todo lo bueno y positivo, ofrecido junto con el pan, y todo lo que sea sufrimiento y pasión ofrecido junto con el vino; la gracia de creer y poner con amor toda nuestra esperanza en esa primicia y prenda de salvación que tenemos ya en cada Eucaristía, para luego conformar nuestra vida a imagen de lo que recibimos. Así, cada uno puede ir sacando provecho a lo que hemos meditado.
Consecuencias Eclesiales
Sin embargo, puede hacernos bien sacar también algunas conclusiones, a la luz de la riqueza que hemos contemplado, que nos ayuden en nuestra vida eclesial. El cariño y la veneración que todos sentimos casi “espontáneamente” por la Virgen y ante la Eucaristía debemos cultivarlo para con la Iglesia. Deben ser los mismos, ya que como hemos visto, María e Iglesia son “recipientes” transformados íntegramente por aquel que quiso “habitar” en ellas. El efecto de tal encarnación proviene de que estos “odres” se transformen plenamente en la realidad más alta que los asume. Así como el Verbo al tomar la carne de María la santifica totalmente (incluso lo hace anticipadamente a la Eucaristía, en la Inmaculada Concepción), así también la Iglesia es toda santa y santificante por la Alianza que el Señor quiso hacer con ella. Por eso el cristiano al mirar a la Iglesia, la ve toda santa, limpia y sin arruga, como a María, Esposa y Madre. El cristiano ve a la Iglesia como Cuerpo de Cristo, como el recipiente que guarda íntegro el depósito de la fe, como la Esposa fiel que comunica sin mengua ni falta todo lo que Cristo le dejó como encargo. En los Sacramentos la Iglesia nos comunica la Vida plena que vino a traer el Señor. Aunque sus hijos a veces rompamos nuestra alianza con el Señor a nivel individual, la Iglesia es el lugar donde esa Alianza –que se nos dio para siempre en el Bautismo- permanece intacta y podemos recuperarla con la reconciliación.
De esta mirada integral –católica en sentido pleno (“universal concreta”)-, que considera a la Iglesia como recipiente cuya calidad y magnitud se conmensuran desde Aquel que la inhabita y mantiene incólume su Alianza con ella, brotan luego las otras miradas, que pueden intentar mejorar, corregir o expresar explicitamente aspectos parciales, coyunturales, históricos y culturales de la Iglesia. Pero siempre con este espíritu de Alianza que no se rompe, como en un buen matrimonio en el que todo se puede dialogar y mejorar con tal que vaya en la dirección vital del amor que mantiene la Alianza.
Confesar a Cristo venido en carne es confesar que toda la realidad humana quedó “salvada” y santificada en Cristo. Por ello el Señor hasta quiso estar muerto tres días y, más aún, descender a los infiernos, al lugar más apartado de Dios al que la existencia humana pueda llegar. La Iglesia como realidad “santificada” plenamente y capaz de recibir y de comunicar -sin errores ni carencias, desde su propia pobreza y aun con sus pecados- toda la santidad de Dios, no es un “complemento” o un “agregado institucional” a Jesucristo, sino participación plena de su Encarnación, de su Vida, de su Pasión, muerte y Resurrección. Sin estos “odres nuevos” que son la Iglesia y María – en una universalidad concreta sin parangón, cuya relación es paradigma de todo lo demás- la venida del Verbo eterno al mundo y a la carne, su Palabra en nuestros oídos y su Vida en nuestra historia, no podrían ser recibidos adecuadamente.
De ahí que para contemplar el misterio de la alianza entre Dios y la humanidad –alianza que viene del Antiguo Testamento y que se quiere extender a todos los hombres de buena voluntad-, lo primero es situar en el medio este misterio de la Iglesia contemplada como “recipiente todo santificado y santificante”, igual que María, de donde brota el Don de Dios para la vida del mundo. Como dice el Papa, citando al Concilio Vaticano II(30).
Contemplemos, pues, a la lglesia-María que tienen su centro en la Eucaristía: la Iglesia-María que vive de la Eucaristía y nos hace vivir gracias a la Eucaristía.
Contemplemos a la Iglesia-María que reciben de su Esposo la totalidad del Don del Pan de vida junto con la misión de distribuirlo a todos, para la vida del mundo.
En ellas la Alianza de Dios con la humanidad se da y es recibida y comunicada sin fisuras ni carencias. La entrega hasta el fin del Esposo hace a la Esposa –María-Iglesia- toda santa, la purifica y la recrea siempre nuevamente en la fe y en la caridad y las puertas del infierno no prevalecen contra ella.
Termino diciendo que este aseguramiento de la santidad de la Iglesia, no es una cuestión de privilegio personal o social sino que está ordenada al servicio. Me explico. Como la Iglesia siempre defiende su integridad –y como siempre hubo y hay quien se aprovecha mal de la fortaleza de una institución (lo cual es patético por lo reductivo de usar algo tan benéfico como la Vida eterna para goces de vida pasajera), al mundo le da la impresión de que la Iglesia siempre defiende su poder. Y esto no es así. Al defender su pureza, su indefectibilidad, su santidad de Esposa, la Iglesia está defendiendo el “lugar” por donde pasa el Don la Vida de Dios al mundo y el don de la vida del mundo a Dios. Este don –cuya expresión más plena es la Eucaristía- no es un don más entre otros(31) sino del don total de la Vida más íntima de la Trinidad que se derrama para la vida del mundo y la vida del mundo asumida por el Hijo que se ofrece al Padre(32).
Como dice Balthasar:
“El acto de donación, por el que el Padre derrama al Hijo a través de todo el espacio y tiempo de la creación, es la apertura definitiva del acto trinitario en que las “Personas” son “relaciones” de Dios, formas, podemos decir, de donación y entrega absoluta y de fluidez amorosa”(33).
Es la inconmensurabilidad sin vuelta atrás del don que se nos transmite lo que obliga al Señor a santificar de manera indefectible a la Iglesia, como hizo con su Madre, de manera tal que quede asegurado el que este don pueda recibirse y transmitirse “para la vida del mundo”. El misterio de la Alianza que hace toda santa a la Iglesia es un misterio de servicio y de Vida.
Nunca debe de dejar de asombrarnos que esta apertura definitiva de la vida trinitaria misma se entregue y se derrame no sólo para algunos sino para la vida del mundo. Esto es así aunque no todos lo sepan ni todos lo aprovechen. Es fruto de la Libertad incomprensible del Dios Uno y Trino el que su donación sea total y para todos(34).
“Al unirse a Cristo, en vez de encerrarse en sí mismo, el Pueblo de la nueva Alianza se convierte en «sacramento» para la humanidad,(35) signo e instrumento de la salvación, en obra de Cristo, en luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5, 13-16), para la redención de todos(36). La misión de la Iglesia continúa la de Cristo: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21). Por tanto, la Iglesia recibe la fuerza espiritual necesaria para cumplir su misión perpetuando en la Eucaristía el sacrificio de la Cruz y comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. Así, la Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo”(37).
Notas:
(1) Sacramentum Caritatis (SC) 7 y 8.
(2) Sacramentum Caritatis (S C) 88.
(3) Aparecida (Ap) 464. Cfr. también 251.
(4) Ap 354. Cfr. Ap 191: ‘¡Mi Misa es mi vida y mi vida es una Misa prolongada!’ (Hurtado, Alberto, Un fuego que enciende otros fuegos, pp. 69-70).
(5) “La Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión: ‘Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera’. Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a todos. Además, la institución misma de la Eucaristía anticipa lo que es el centro de la misión de Jesús: Él es el enviado del Padre para la redención del mundo (cf. Jn 3,16-17; Rm 8,32). En la última Cena Jesús confía a sus discípulos el Sacramento que actualiza el sacrificio que Él ha hecho de sí mismo en obediencia al Padre para la salvación de todos nosotros. No podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. Así pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana” (S C 84).
(6) La doctrina de Pablo en el cap. 11 de su Carta a los Romanos, nos muestra que “los dones y la vocación de Dios son irrevocables” “el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la totalidad de los gentiles” (Rm 11, 25-29).
(7) “Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti, de generación en generación: una alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad (…) de modo que mi alianza esté en vuestra carne como alianza eterna” (Gn 17, 7-13). “Voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David” (Is 55, 3). “Les pactaré alianza eterna - que no revocaré después de ellos - de hacerles bien, y pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto a mí; me dedicaré a hacerles bien, y los plantaré en esta tierra firmemente, con todo mi corazón y con toda mi alma” (Jr 32, 40).
(8) Ecclesia de Eucharistia (EdE) 6.
(9) EdE 3.
(10) EdE 5.
(11) EdE 5.
(12) EdE 5.
(13) Lumen Gentium (L G) 26. Cfr. San León Magno, Sermón 63, 7; San Agustín, Sermón 57, 7 y Confesiones, 7, 10: “…tú te convertirás en mí”.
(14) EdE 53.
(15) Cfr. Beato Isaac de Stella, Sermón 51 (PL 194, 1862-1863. 1865). “Por eso en las Escrituras divinamente inspiradas, lo que se entiende en general de la iglesia, virgen y madre, se entiende en particular de la virgen María, y lo que se entiende de modo especial de María, virgen y madre, se entiende de modo general de la Iglesia… También se puede decir que cada alma fiel es esposa del Verbo de Dios, madre de Cristo, hija y hermana, virgen y madre fecunda. Todo lo cual la misma Sabiduría de Dios, que es la Palabra del Padre, lo dice universalmente de la Iglesia, de modo especial de la virgen María, e individualmente de cada alma fiel”.
(16) EdE 53.
(17) EdE 53.
(18) EdE 54.
(19) EdE 57.
(20) EdE 56.
(21) EdE 55.
(22) EdE 58.
(23) “La fe es la “sustancia” de lo que se espera; prueba de lo que no se ve. Tomás de Aquino, usando la terminología de la tradición filosófica en la que se hallaba, explica esto de la siguiente manera: la fe es un habitus, es decir, una constante disposición del ánimo, gracias a la cual comienza en nosotros la vida eterna y la razón se siente inclinada a aceptar lo que ella misma no ve. Así pues, el concepto de “sustancia” queda modificado en el sentido de que por la fe, de manera incipiente, podríamos decir “en germen” –por tanto según la “sustancia”– ya están presentes en nosotros las realidades que se esperan: el todo, la vida verdadera. Y precisamente porque la realidad misma ya está presente, esta presencia de lo que vendrá genera también certeza: esta “realidad” que ha de venir no es visible aún en el mundo externo (no “aparece”), pero debido a que, como realidad inicial y dinámica, la llevamos dentro de nosotros, nace ya ahora una cierta percepción de la misma” (Spe Salvi (SS) 7).
(24) “Lo que Jesús había traído, habiendo muerto Él mismo en la cruz, era algo totalmente diverso: el encuentro con el Señor de todos los señores, el encuentro con el Dios vivo y, así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello transforma desde dentro la vida y el mundo” (S S 4).
(25) S S 2.
(26) S C 77.
(27) Cfr. L G 58; Redemptoris Mater, 2.
(28) Cfr. Redemptoris Mater 1.
(29) Juan Pablo II, Homilía en el 150º aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, Miércoles 8 de diciembre de 2004.
(30) “Mediante la comunión del cuerpo de Cristo, la Iglesia alcanza cada vez más profundamente su ser «en Cristo como sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1)” (EdE 24).
(31) “La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación” (EdE 11).
(32) “El don de su amor y de su obediencia hasta el extremo de dar la vida (cf. Jn 10, 17-18), es en primer lugar un don a su Padre. Ciertamente es un don en favor nuestro, más aún, de toda la humanidad (cf. Mt 26, 28; Mc 14, 24; Lc 22, 20; Jn 10, 15), pero don ante todo al Padre: «sacrificio que el Padre aceptó, correspondiendo a esta donación total de su Hijo que se hizo “obediente hasta la muerte” (Fl 2, 8) con su entrega paternal, es decir, con el don de la vida nueva e inmortal en la resurrección»” (EdE 13).
(33) Hans Urs von Balthasar, El misterio de la Eucaristía, en: Puntos centrales de la fe, BAC, Madrid, 1985 pág. 150.
(34) “El don de Cristo y de su Espíritu que recibimos en la comunión eucarística colma con sobrada plenitud los anhelos de unidad fraterna que alberga el corazón humano y, al mismo tiempo, eleva la experiencia de fraternidad, propia de la participación común en la misma mesa eucarística, a niveles que están muy por encima de la simple experiencia convival humana. Mediante la comunión del cuerpo de Cristo, la Iglesia alcanza cada vez más profundamente su ser «en Cristo como sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano»” (EdE 24).
(35) L G 1.
(36) L G 9.
(37) EdE 22.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ
Québec, 18 de junio de 2008.
Solemnidad de Corpus Christi
Jun 18, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la Solemnidad del Corpus Christi (24 de mayo de 2008).
En la Solemnidad del Corpus Christi, renovamos el deseo más hondo de Jesús para con sus discípulos: “Permanezcan en mi amor”. Este deseo de Jesús es fuente de Vida, porque así como Él tiene vida por el Padre, de la misma manera el que permanece en su amor. Jesús quiere que todos tengamos vida en Él. Por eso se hace Pan Vivo, Pan que vivifica, Pan de Vida.
Renovamos también el deseo de Moisés para con su Pueblo. Moisés exhortaba al Pueblo a tener buena memoria del Amor de Dios. Con cariño de padre le decía: “Acuérdate del largo camino que el Señor tu Dios te hizo recorrer por el desierto durante todos estos años. No te olvides del Señor tu Dios que te dio de beber y te alimentó en el desierto”.
La memoria, esa facultad tan linda que Dios nos ha regalado, nos permite permanecer en el amor, traer cerca a los que amamos, re-cordar, es decir, sentirnos en comunión con ellos en nuestro corazón. A la Eucaristía la llamamos “el Memorial de la pasión y resurrección del Señor”; la memoria se fija en los gestos (estamos hablando de una memoria amorosa, no de cosas abstractas), y el acto supremo del amor de Jesús, su entrega, quedó fijado para siempre en la memoria de nuestro corazón. En el gesto de partir el pan nos acordamos de la cruz y en el gesto de compartirlo y comulgar, nos acordamos de su resurrección. Al saborear el pan de la Eucaristía el Espíritu Santo nos hace recordar todas las Palabras y gestos de Jesús, que son fuente de vida, fuente de amor.
Y como la vida no está quieta hay que caminarla. Para permanecer en el amor de Jesús, salimos a caminar las calles de nuestra ciudad, sacamos la Eucaristía a la calle, haciendo memoria de todo el largo camino que el Señor ha hecho en medio de nosotros. Salimos a caminar para recordar cómo Jesús nos ha cuidado. Salimos a caminar con la certeza alegre de que Él camina a nuestro lado y con la Esperanza humilde del encuentro.
La procesión del Corpus es una memoria viva y caminante que la Iglesia, pueblo fiel de Dios, realiza con todo el corazón: caminando adoramos a Jesucristo y recordamos los pasos del amor del Señor por nuestra vida. Nosotros somos su pueblo y queremos permanecer en él, queremos –le decimos - “experimentar siempre en nosotros los frutos de su redención”. Y él nos responde diciendo: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.
Permanecer, recordar, caminar… Como vemos, las lecturas de hoy nos hablan de amor. De un amor para permanecer en el cual hace falta recordar sus gestos mientras caminamos. Nos ponemos en camino pero sabiendo de dónde venimos y a dónde vamos: caminar en memoria, caminar recordando . Porque a veces nos puede pasar que no caminamos sino que “andamos” de aquí para allá, corriendo sin saber a dónde vamos, desvinculados, ensimismados… solitarios, fragmentados. La memoria del amor del Señor, en cambio, nos hace caminar juntos como peregrinos , con el corazón rebosante de alegría, sintiéndonos pueblo fiel de Dios; vinculados con los demás, atentos al que necesita, llenos de proyectos creativos y fecundos para el bien de la familia y de la patria.
Así caminaba María: ella, apenas recibido el anuncio del Ángel, se levantó y se puso en camino para ir a servir a su prima. Ella, la que guardaba todas las cosas de Jesús en su corazón. Ella, la que acompañó a su Hijo en el camino de la Cruz y acompaña a la Iglesia peregrina hacia la casa del Padre. Ella la que permanece en el amor, la memoriosa de las gestas de Dios, la que siempre se pone en camino. Jesús mismo es el que le enseñó a ella y nos enseña a nosotros a caminar así, Él nos envía a caminar en el Amor. Él es el Amor y por eso siempre está en camino, Él anda por la calle, en medio de la gente, metido en la vida cotidiana; de ahí que, para encontrárselo, hay que ponerse en camino; para poder estar con él, hay que salir a la calle. La Eucaristía es viático, (de “vía”, “camino”): pan para el camino, pan de caminantes.
A medida que uno camina, que sale de sí hacia los demás, se le abren los ojos y su corazón se re-conecta con las maravillas de Dios. No podemos hacer memoria de Jesús quedándonos instalados en nuestro propio yo, encerrados en nuestro mundito particular, en nuestros mezquinos intereses. El cristiano es peregrino, caminante, callejero. Jesús nos dijo que Él es el Camino y para permanecer en un Camino hay que caminarlo. No “se permanece” estando quieto. Pero tampoco yendo a mil, chocando y atropellando. Jesús no nos quiere ni quietos ni atropelladores, ni “dormidos sobre los laureles” ni crispados... Nos quiere mansos, con esa mansedumbre con que nos unge la “esperanza que no defrauda”. Nos quiere pacíficamente laboriosos en el camino. Él nos marca el ritmo. Jesús es un Camino por el que vamos juntos, como en la procesión. Vamos despacito, sintiendo la presencia de los demás, cantando, mirando a los de adelante, mirando al cielo, rezando por los que no están… Como lo hace Jesús, que es el amor y por eso se acuerda de los que ama y está siempre intercediendo por nosotros ante el Padre.
¡Qué lindo es caminar así por Buenos Aires! Qué distinta se siente nuestra Ciudad, esta misma avenida, que en la semana adquiere un ritmo febril. Queremos marcar nuestros pasos en el asfalto para que se pacifique toda persona que luego pase por aquí. Queremos dejar grabadas nuestras huellas, las de los pies hermosos de los mensajeros de la paz.
Como Abraham, que caminó como si fuera un extranjero por la tierra prometida, así nosotros cotidianamente caminamos como extranjeros por nuestra misma ciudad. Hoy en cambio la caminamos como ciudadanos del Reino. Con la presencia real del Señor en la Eucaristía estas calles suman un nombre nuevo, son calles del Reino, camino Real de la Ciudad Santa. Y caminándolas así establecemos vínculos nuevos, hacemos memoria de nuestros mayores, que las caminaron en la esperanza de que nosotros fuéramos mejores. Y miramos hacia delante y las caminamos avizorando a nuestros hijos y nietos, deseando que las transiten en paz y justicia, en fraternidad y solidaridad. Caminamos con sentido del tiempo cristiano, que es tiempo de amor, tiempo que vincula, tiempo que no levanta muros sino que tiende puentes entre las generaciones y entre los corazones, tiempo en el que se privilegia la unidad al conflicto. Caminamos en compañía del Señor, que al caminar con sus hermanos se siente a gusto, ya que él tomó nuestra carne y puso su tienda de campaña entre nosotros. Caminar así, haciendo memoria prolija del Amor del Señor, nos vuelve fecundos, creativos. La memoria del Amor de Jesús se hace comulgando con su carne y con su sangre. Yendo a comulgar y volviendo de comulgar. Y al estar saboreando este amor, mientras masticamos el Pan de vida, se nos abren los ojos y vemos distinta la realidad. Entonces las calles se transfiguran y se vuelven lugar de projimidad, lugar de encuentro, lugar de solidaridad. Ésta es la memoria que une, el camino que aglutina a un pueblo que quiere permanecer sin disgregarse, que quiere permanecer en el amor y no despreciarse mutuamente. Ne dissolvamini, manducate vinculum vestrum; ne vobis viles videamini, bibite pretium vestrum (In Sollemnitate Sanctissimi Corporis et Sanguinis Christi, ad Officium lectionis)
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 24 de mayo de 2008.
Bergoglio analizó en el Vaticano los roces de la Iglesia y el Gobierno
May 30, 2008
El "primer ministro" del Papa, cardenal Tarcisio Bertone, recibió ayer a la mañana en su despacho en el Palacio Apostólico a la mesa ejecutiva de la Conferencia Episcopal argentina, encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio. Bertone los convocó la semana pasada a Roma para consultas que adquieren un relieve especial porque el domingo llegará aquí Cristina Kirchner, que se encontrará con Bertone.
(Clarin.com, 28 Mayo 2008) La difícil situación política argentina a raíz del duro enfrentamiento entre el gobierno y los sectores del campo fue uno de los temas conversados en la agenda. La línea de la Iglesia argentina, que comparte Bertone, es la que señaló el cardenal Bergoglio en su homilía del sábado durante la misa de Corpus Christie. "El desafío en esta hora es no disgregarse ni dispersarse, privilegiar la unidad por encima de los conflictos, terminar con la crispación". La Iglesia está firmemente en favor de un acuerdo entre el gobierno y el campo.
En la conversación se habló de problemas internos de la Iglesia, en particular de uno que preocupa: la politización de algunos sectores. En la agenda no faltaron los dos temas más ásperos que han deteriorado la relación entre los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y la Iglesia, pero que son de neta jurisdicción del Vaticano. En primer lugar, el gobierno argentino no respondió al pedido de acuerdo del Vaticano para que el actual obispo de Chascomús, monseñor Carlos Malfa, sea sucesor como ordinario castrense de monseñor Antonio Baseotto. Baseotto fue destituido por el gobierno de su cargo oficial tras haber sugerido con una cita bíblica poner una piedra al cuello del ministro de Salud por su presunta vocación abortista. El Papa se negó a quitarlo como obispo. Desde allí, se inició una controversia que no ha concluido con la renuncia de Baseotto.
El Vaticano teme que el gobierno argentino quiera en realidad liquidar la institución del obispado castrense o reformarla.
Por otro lado, el gobierno nombró al ex ministro de Justicia, Alberto Iribarne, como nuevo embajador ante la Santa Sede, sin percatarse que su condición de divorciado era un impedimento fatal para que el Vaticano concediera el placet. Desde diciembre Iribarne espera la aprobación vaticana, que no llegará jamás.
Los episcopales que acompañan al cardenal Bergoglio son el vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Villalba; el vicepresidente segundo, monseñor Agustín Radrizzani, y el secretario general, monseñor Sergio Fenoy. Ellos tres, pero no Bergoglio, saludarán hoy al Papa en la audiencia general.
El cardenal Bergoglio dijo que el "desafío de la hora" es evitar la "disgregación"
May 25, 2008
El arzobispo de Buenos Aires dijo en la homilía por la celebración del Corpus Christi que "el pueblo no debe ni disgregarse ni despreciarse". Enfatizó que se debe terminar con acciones "atropelladoras y crispadas"
(infobae.com, 24 de Mayo) El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, abogó esta tarde por la pronta resolución del conflicto que se mantiene entre el Gobierno nacional y el sector agropecuario, y convocó a los distintos sectores del país a no perder "la unidad" y terminar con las actitudes "atropelladoras".
"Nos sentimos heridos y agobiados, queremos ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el comprosmio por el bien común, amar a todos sin excluir a nadie", pidió Bergoglio al elevar una oración por la patria.
"Somos un pueblo que quiere permanecer sin disgregarse, sin despreciarse nuevamente, permanecer en el amor", enfatizó el cardenal, al presidir en Plaza de Mayo la ceremonia del Corpus Christi.
Horas antes, en Plaza Once había instado a los jóvenes a "preservar la libertad por sobre todas las cosas".
El cardenal les pidió a los fieles -que se congregaban en Plaza Miserere- que no se dejen llevar por el facilismo, porque "la vida es para jugarla en serio, no es para jugarla en broma".
Mensaje a las comunidades educativas
Apr 28, 2008
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a las Comunidades Educativas (23 de abril de 2008)
Queridos educadores:
Como todos los años, me dirijo a ustedes para alentarlos en esta tarea grande, a la que han sido llamados y convocados. Mis palabras de pastor intentan acompañarlos, animarlos en su quehacer cotidiano, y fortalecer todo brote de vida proyectado como crecimiento para este año 2008 que comienza.
Educar es una de las artes más apasionantes de la existencia, y requiere permanentemente ampliar horizontes, recomenzar y ponerse en camino de modo renovado. Además nos cuestionan todos los días las necesidades de un mundo cambiante y acelerado. Hay que vencer el cansancio, superar malestares, medir las fuerzas ante el desgaste del trabajo. Necesitamos el bálsamo de la esperanza para continuar; y la unción de la sabiduría, para restaurarnos en una novedad que asuma lo mejor de nuestra tradición, y para saber reconocer aquello que hay que cambiar, que merece ser criticado o abandonado.
El tiempo nos hace humildes, pero también sabios, si nos abrimos al don de integrar pasado, presente y futuro en un servicio común a nuestros chicos. Espero, yo también, que estas palabras cumplan con ese objetivo.
I. SE ASUME EL CAMINO AL ANDAR
Homo viator
La humanidad siempre concibió la vida como un camino; al hombre como un caminante que, cuando nace se pone en marcha y, a lo largo de su existencia, se encuentra con personas o situaciones que lo vuelven a poner en camino (a veces con una misión, otras con una crisis). En la Biblia esta realidad es constante: Abraham es llamado a permanecer en el camino “sin saber adonde iba”; el pueblo de Dios se pone en camino para liberarse de los egipcios. Así también en la historia o la mitología de otros pueblos: Eneas, ante la destrucción de Troya, supera la tentación de quedarse a reconstruir la ciudad y, tomando a su padre a babuchas, emprende la subida al monte cuyo fin será la fundación de Roma. Otros relatos mitológicos muestran el camino humano como el retorno al hogar, a la pertenencia primigenia. Así el caso de Ulises o lo expresado tan poéticamente por Hölderlin en su Oda sobre el retorno al hogar. Tolkien, en la literatura contemporánea, retoma en Bilbo y en Frodo la imagen del hombre que es llamado a caminar y sus héroes conocen y actúan, caminando, el drama que se libra entre el bien y el mal. El “hombre en camino” conlleva una dimensión de esperanza; “entrar” en esperanza. En toda historia y mitología humana se subraya el hecho de que el hombre no es un ser quieto, estancado, sino “en camino”, llamado, “vocado” -de aquí el término vocación- y cuando no entra en esta dinámica entonces se anula como persona o se corrompe. Más aún, el ponerse en camino se enraiza en una inquietud interior que impulsa al hombre a “salir de sí”, a experimentar el “éxodo de sí mismo”. Hay algo fuera de y en nosotros que nos llama a realizar el camino. Salir, andar, llevar a cabo, aceptar la intemperie y renunciar al cobijo… éste es el camino.
Caminar es ya, de alguna manera, “entrar” en una esperanza viva. Así como la verdad, la esperanza es algo en lo que debemos aprender a hospedarnos, un don que nos mueve a caminar, y que más allá de todo desaliento ante tanto mal en el mundo, nos invita a creer que cada día traerá el pan necesario para la subsistencia.
Caminar en esperanza es tener certeza de que el Padre nos dará lo necesario. Es la confianza en el don, más allá de toda calamidad o desgracia. Jesús, en la oración del Padre Nuestro, expresa esta confianza primordial, que encuentra su representación en los lirios del campo y en los pájaros del cielo. Caminar y esperar se convierten así, de algún modo, en sinónimos. Podemos caminar porque tenemos esperanza. El hacer camino se vuelve la imagen visible del hombre que ha aprendido a esperar en su corazón. Caminar, sin detenerse o extraviarse, es el fruto tangible de la esperanza. No por nada el Papa nos invita, en su última encíclica Spe Salvi, a colocarnos de nuevo ante la pregunta ¿Qué podemos esperar? y esto, según nos advierte Benedicto, “hace necesaria una autocrítica de la edad moderna en el diálogo con el cristianismo y con su concepción de la esperanza. En este diálogo, los cristianos, en el contexto de sus conocimientos y experiencias, tienen que aprender de nuevo en qué consiste realmente su esperanza, qué tienen que ofrecer al mundo y qué es, por el contrario, lo que no pueden ofrecer” (cf. 22).
La tentación es una invitación a detener la marcha, a des-esperar. ¿Cómo no caer, cuando ya han caído tantas y tantas utopías en este postmoderno comenzar de un siglo de más guerra y más desigualdad? La tentación es seria, y su posibilidad real la conoce todo aquel que valientemente ha volcado su corazón y emprendido un actuar decidido en la búsqueda de una verdad o de una justicia. Sólo éste sabe lo arduo y profundamente problemático de su anhelo y conoce el tristemente dulce y persistente canto de las sirenas del desaliento, que invitan a la huída cobarde de nuestra responsabilidad histórica. Todo educador, muchas veces siente que debe enfrentar cada día una doble desautorización: la de una sociedad que no lo respalda ni lo jerarquiza socialmente –negándole, muchas veces por falta de insumos o por dilapidar lo con esfuerzo construye en el aula, la posibilidad real de educar-, y la de unos padres que no le otorgan el debido aval ni reconocimiento a su tarea primordial –llegando a desautorizarlo frente a los hijos-, todo educador, repito, está particularmente tentado a desesperar.
Por eso los invito nuevamente, queridos docentes, como ya lo hice en el año 2000, a permanecer firmes en la esperanza a la que han sido llamados en su tarea educativa fundamental y fundante. En aquel momento les recordaba la preeminencia y urgencia del tema. Los invitaba a reflexionar sobre la esperanza, “pero no sobre una esperanza “light” o desvitalizada, separada del drama de la existencia humana”. “Interroguemos a la esperanza” –les decía- “a partir de los problemas más hondos que nos aquejan y que constituyen nuestra lucha cotidiana, en nuestra tarea educativa, en nuestra convivencia y en nuestra misma interioridad”. Hoy, ocho años después, estoy todavía más convencido de que es ella, “la pequeña esperanza”, la que nos aportará “sentido y sustancia a nuestros compromisos y emprendimientos para afrontar la responsabilidad de educar a las jóvenes generaciones, y de asumir aun aquello que llevamos con dificultad, casi como una cruz”.
II. CON EL CORAZÓN INQUIETO
En la experiencia pedagógica cotidiana constatamos que los “chicos son inquietos”. Esta expresión entraña diversos significados. En un plano más superficial la asimilamos a lo disciplinar: los chicos hacen lío y entonces pensamos en medidas que encorseten la espontaneidad vital de los alumnos. Hay que poner límites, todos estamos de acuerdo, pero que no sean impedimento para el desarrollo de aquella otra inquietud que pone en camino, ahogando la esperanza.
Lo disciplinar es un medio, un re-medio necesario al servicio de la educación integral, pero no puede convertirse en una mutilación del deseo, así como lo entiende San Agustín, no como tendencia a la posesión, sino como el que “hace espacio”. El deseo se contrapone a la necesidad. Ésta cesa al ser colmada la carencia; el deseo –en cambio- es presencia de un bien positivo y siempre se acrecienta, se instrumenta, pone en movimiento a “más”. El deseo de la verdad procede “de encuentro en encuentro”, lo disciplinar no debe cortar las alas de la imaginación, de la sana fantasía o de la creatividad. Planteo el problema: ¿Cómo integrar disciplina con inquietud interior? ¿Cómo hacer para que la disciplina sea límite constructivo del camino que tiene que emprender un niño y no un muro que lo anule o una dimensión de la educación que lo castre? Queremos chicos “quietos” puede decir un educador behavorista… pero yo los quiero “inquietos” en su ansia, en sus planteos, responderá un humanista. Un chico “inquieto” en este último sentido es un chico sensible a los estímulos del mundo y de la sociedad, uno que se abre a las crisis a las que la vida lo va sometiendo, uno que se rebela contra los límites pero, por otro lado, los reclama y los acepta (no sin dolor) si son justos. Uno no conformista con los clichés culturales que le propone la sociedad mundana; un chico que quiere aprender a discutir… y así podríamos seguir.
Queridos educadores, para que la disciplina adquiera este sello de la libertad es necesario un docente que sepa leer la inquietud como lenguaje, desde la búsqueda que implica el movimiento físico, el no estarse nunca quieto, pasando por la del preguntar permanente, hasta la del adolescente que todo lo cuestiona y replica, inquieto por otra respuesta.
Este hecho pedagógico nos hace volver al planteo original: el hombre en camino, esperanzado y amasando su destino, y el drama del hombre quieto, el “instalado”. Es interesante pensar que esta palabra deriva del latín “stabulum”, establo, lugar donde están los animales. Los sistemas mundanos buscan “aquietar” al hombre, anestesiarle el ansia de ponerse en camino, con propuestas de posesión y consumo; un consumo abierto permanentemente a últimas novedades que parecen indispensables y, de esta manera, lo aliena de la posibilidad de reconocer y orientarse por el ansia más fontal del corazón. Llama la atención la gran cantidad de “alibis” que re-elaboran el ansia interior de ponerse en marcha y ofrecen una paz aparente. La tradición cristiana, desde los primeros siglos, describe estos “alibi” como estados del alma que privan de la libertad, que esclavizan, y los denomina “pecados capitales”: gula, lujuria, avaricia, ira, envidia, tristeza, acedia, vanagloria, soberbia. Se trata de cepos del alma que impiden caminar hacia horizontes de libertad, que someten al corazón y le ofrecen un cierto bienestar quietista, tranquilo o, a veces, de intranquilidad controlable. Cuando estos “alibi” se enraízan en el corazón le van quitando libertad, lo hacen conformista o lo enredan en problemáticas existenciales de superficie. Son trabas a la búsqueda interior. Tales “alibi” supletorios, que se repiten y multiplican de manera tan persistente, ciertamente son una coartada, un refugio que esconde otra cosa: el miedo a la libertad, el miedo a perseverar en el camino. En esta realidad de los “alibi” me llama la atención cómo, a lo largo de la historia y también actualmente, se multiplican los fundamentalismos. En el fondo se trata de sistemas de pensamiento y de conducta bien ensamblados, que sirven de refugio. El fundamentalismo se organiza por la rigidez de un pensamiento único, en el que la persona queda protegida de planteos desestabilizadores (y de crisis) a cambio de cierto quietismo existencial. El fundamentalismo no admite matices o replanteos simplemente porque tiene miedo, y –en concreto- tiene miedo a la verdad. Quien se refugia en el fundamentalismo es una persona que tiene miedo de ponerse en camino para buscar la verdad. Ya “tiene” la verdad, ya la adquirió y la instrumentaliza como defensa, pues llega a vivir cualquier cuestionamiento como agresión a su persona.
Nuestra relación con la verdad no es estática pues la Verdad Suma es infinita y siempre se la puede conocer más, siempre hemos de adentrarnos en ella. A los cristianos, el Apóstol Pedro nos pide que sepamos “dar razón” de nuestra esperanza; es que la verdad en la que andamos nuestra existencia debe abrirse al diálogo, a la recepción de las dificultades que, sobre ella, tengan los demás o nos planteen las circunstancias. La verdad siempre es “razonable” aunque yo no lo sea, y el desafío consiste en mantenerse abierto al punto de vista del otro, y a no hacer del nuestro afincada totalidad. Diálogo no significa relativismo sino que es un “logos” que se comparte, es razón que se sirve en el amor, para juntos construir una realidad cada vez más liberadora. En este círculo enriquecedor, el diálogo devela la verdad, y la verdad se nutre del diálogo. La escucha atenta, el silencio respetuoso, la empatía sincera, la auténtica puesta a disposición de lo extraño y ajeno, son virtudes esenciales a desarrollar y transmitir en el mundo de hoy. Dios mismo nos invita al diálogo, nos llama y convoca a través de su Palabra, ésa que abandonó todo nido y guarida, al hacerse hombre.
Aparecen aquí tres dimensiones que se interrelacionan, una dialogal entre la persona y Dios –ésa que los cristianos llamamos oración-, otra con las personas y las circunstancias y una tercera, dialogal con nosotros mismos. A través de estas tres dimensiones la verdad crece, se consolida y se dilata en el tiempo. Entrar en este proceso implica no tener miedo a buscar la verdad.
Frente a tantos cobertizos y refugios sociales y culturales que cobijan y paralizan en la búsqueda de la Verdad y camuflan el temor a buscar la verdad en un “modus vivendi”, uno pregunta: ¿Cómo enseñar a nuestros alumnos a no temer la búsqueda de la verdad? ¿cómo educarlos en la libertad, a veces dolorosa, del camino de la humanidad que busca la Verdad y, encomendarles, desde allí, seguir caminando para seguir buscándola? ¿Cómo formar hombres y mujeres libres en el camino de la existencia, que no terminen atrapados en las mil y una formas de conformismos paralizantes, o cautivados por predicadores de pensamientos cerrados, únicos, propios del fundamentalismo? ¿Cómo lograr que nuestros chicos “inquietos” en la indisciplina terminen siendo “inquietos” en la búsqueda? ¿Cómo ayudarlos a entrar en la esperanza y, sobre todo, a permanecer en ella?.
III LA VERDAD LOS HARÁ LIBRES
Y es aquí donde debemos preguntarnos: ¿Qué entendemos por verdad? Buscar la verdad difiere de encontrar formulaciones que pueda poseer y manejar a mi antojo. En este camino de búsqueda se empeña toda la personalidad, la existencia; es un camino que fundamentalmente entraña humildad. En el convencimiento de que uno no se basta a sí mismo y que resulta deshumanizante usar a los demás para bastarse, la búsqueda de la verdad emprende ese laborioso camino, tantas veces artesanal, del corazón humilde que no acepta saciar su sed con aguas estancadas. La “posesión” de la verdad de tipo fundamentalista carece de humildad: pretende imponerse a los demás en un gesto que, en sí mismo, es autodefensivo. La búsqueda de la verdad no aplaca la sed que despierta. La conciencia de la “sabia ignorancia” va recomenzando continuamente el camino. “Sabia ignorancia” que, con la experiencia de la vida, se volverá “docta”. Podemos afirmar a esta altura sin temor que a la verdad no se la tiene, no se la posee… se la encuentra. Para poder ser aquella que anhela, la deseada, debe dejar de ser aquella que se puede poseer. La verdad se abre, se devela a quien –a su vez- se abre a ella. Verdad, precisamente, en su acepción griega, -aletheia- tiene que ver con lo que se manifiesta, lo que se devela, lo que se hace patente por su aparición milagrosa y gratuita. La acepción hebrea, por el contrario, con su vocablo “emet”, une el sentido de lo verdadero con lo cierto, lo firme, lo que no engaña ni defrauda. La verdad, entonces, tiene ese doble componente, es la manifestación de la esencia de las cosas y las personas, que al abrir su intimidad nos regalan la certeza de su verdad, la confiable evidencia que nos invita a creer en ellas. Esta certidumbre es humilde, porque simplemente “deja ser” al otro en su manifestación, y no lo somete a propias exigencias o imposiciones. Esta es la primera justicia que debemos a los demás y a nosotros mismos, aceptar la verdad de lo que somos, decir la verdad de lo que pensamos. Y, además, es un acto de amor. Nada se construye sobre el silenciamiento o la negación de la verdad. Nuestra dolorosa historia política ha pretendido muchas veces este acallamiento. El uso de eufemismos verbales muchas veces nos ha anestesiado o adormecido frente a ella. Pero ya es tiempo de volver a hermanar, de religar una verdad que debe ser proféticamente proclamada con una justicia auténticamente restablecida. La justicia sólo amanece cuando se ha puesto nombre, a aquellos hechos en los cuales nos hemos engañado y traicionado en nuestro destino histórico. Y al hacerlo legamos uno de los principales servicios de responsabilidad para con las próximas generaciones.
Tengamos en cuenta que a la verdad no se la encuentra sola. Junto a ella están la bondad y la belleza. O mejor dicho, la Verdad es buena y bella. “Una verdad no del todo buena esconde siempre una bondad no verdadera” decía un pensador argentino. Insisto en que las tres van juntas y no es posible buscarlas ni encontrarlas a la una sin las otras. Realidad bien distinta de la suficiente “posesión de la verdad” pretendida por los fundamentalismos: allí valen las formulaciones por sí mismas, vacías de bondad y belleza, que incluso llegan a imponerse a los demás con agresividad y violencia, haciendo daño y conspirando contra la vida misma. ¿Cómo hacer que nuestros alumnos busquen y encuentren la Verdad en la Bondad y la Belleza? ¿Cómo fundar la esperanza en el bien que el conocimiento de la verdad nos acarrea, sabiendo que hay verdades que convocan al hombre entero, no sólo a su intelecto? ¿Cómo enseñar a percibir la belleza, a hacer experiencias auténticamente estéticas, ésas que marcan hitos revelando sentido en nuestra vida? ¿Cómo enseñar a recibir la bondad que el ser derrocha sin miedo y a descubrir el amor en su gratuidad?
La ilusión enciclopedista puede, todavía, jugarnos una mala pasada, cuando confundimos la búsqueda de la Verdad con el esfuerzo por “saber cosas”. La simple información roza apenas la superficie de las cosas y la del alma. Es parecida a ese “alibi” que los primeros cristianos describían como la parte activa de la pereza: mucho movimiento en la superficie pero no se mueve ni conmueve la profundidad del pensamiento. En esta ilusión enciclopedista radica la dimensión funcionalista de la acción que, en vez de transformar las estructuras, se conforma con ordenarlas. Es la fantasía de los solos organigramas. Recuerdo la repetida historia de nuestras reformas educativas que nunca se preguntan por lo esencial y en consecuencia, nada cambian. La realidad, desde esta perspectiva, a lo más, sufre ser ordenada. La bondad y la belleza entonces sólo se expresan en el diseño de la funcionalidad. El equilibrio gnóstico subyacente es fascinante, a veces sólo un equilibrio conceptual, otras, también formal. El enciclopedismo cree que basta con construir y explicar los contenidos, los conceptos y las disciplinas, es cultor de considerar a éstos como suficientes en su desenvolvimiento y en su autointerpretación, cae en la ingenuidad de soñar con una hermenéutica aséptica. Y ésta no existe. El “contenido” de un concepto está en íntima relación con la expresión que lo contiene, con el “continente”. Ya aquí hay hermenéutica.
Así como verdad, bondad y belleza van juntas y nuestro encuentro con ellas siempre será insuficiente e inaugural, lo mismo sucede en el proceso educativo: no bastan los contenidos solos sino que han de ser asimilados junto con valoraciones y hábitos, junto al deslumbramiento ante ciertas experiencias. En el diálogo con el educando el contenido resplandece y así provoca o transmite un valor y finalmente crea un hábito. Por ello, caminar en la búsqueda de la verdad supone una armonía relacional de contenidos, hábitos, valoraciones, percepciones, que van más allá del mero “acumular información” o, si desplazamos el eje central, más allá de la absolutización del solo valor o de la reducción al hábito (en estos últimos casos podría darse lugar a las diversas formas de esteticismos o conductismos).
La belleza –no como lo lindo o lo simplemente atractivo, sino como aquello que en su figura sensible nos entrega un fondo maravilloso en su misterio- presta aquí un servicio inigualable. Al resplandecer en la belleza, la verdad nos regala en esta luz su claridad lógica. El bien que aparece como bello trae aparejado consigo la evidencia de su deber ser realizado. ¡Cuántos racionalismos abstractos, y moralismos extrinsecistas verían aquí la posibilidad de su curación si se abrieran a pensar la realidad primero como bella, y sólo después como buena y verdadera! No me canso de advertir lo que ya les dije más arriba: las tres van juntas, y separarlas solo ha traído como consecuencia una falta de unidad entre los contenidos, actitudes y procedimientos en los cuales muchas veces nos perdemos.
IV. TESTIGOS DE LA VERDAD
Educar en la búsqueda de la verdad, entonces, exige un esfuerzo de armonización entre contenidos, hábitos, y valoraciones; un entramado que crece y se condiciona juntamente, dando forma a la propia vida. Para lograr tal armonía no basta la información o la explicación. Lo meramente descriptivo o explicativo aquí no lo dice todo, si está solo se esfuma. Es necesario ofrecer, mostrar, una síntesis vital de ellos… Y eso sólo lo hace el testimonio. Entramos así en una de las dimensiones más hondas y bellas del educador: la testimonial. El testimonio es lo que unge “maestro” al educador y lo hace compañero de camino en la búsqueda de la verdad. El testigo, que con su ejemplo nos desafía, anima, acompaña, deja caminar, equivocarse y aun repetir el error, para crecer.
Educar en la búsqueda de la verdad exigirá de ustedes, queridos docentes, aquella actitud a la que me referí más arriba: “saber dar razón”, pero no sólo con explicaciones conceptuales, con contenidos, sino conjuntamente con hábitos y valoraciones encarnadas. Será maestro quien pueda sostener con su propia vida las palabras dichas. Esta dimensión de alguna manera estética de la transmisión de la verdad, -estética y no superficialmente esteticista-, transforma al maestro en un ícono viviente de la verdad que enseña. Aquí belleza y verdad convergen. Todo se vuelve interesante, atractivo, y suenan por fin las campanas que despiertan la sana “inquietud” en el corazón de los chicos.
El caso paradigmático del maestro-testigo lo constituye el mismo Jesús. Él es el “Testigo fiel” por excelencia (Ap 1,5; 3,14), aquél que vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18,37). Da testimonio de lo que ha “visto y oído” al lado del Padre (Jn 3,11.32s). Y da testimonio de lo que Él mismo es (Jn 8,13). Su confesión delante de Pilato es un “testimonio supremo” (1 Tim 6,13) que pone de manifiesto el plan divino de salvación. Este testimonio de Jesús, que hay que aceptar para no transformar a Dios en mentiroso (1 Jn 5,9), lo convierte en el maestro autorizado para enseñarnos acerca de Dios (Mt 7,29). De aquí que Jesús se dé a sí mismo (Jn 13, 13-14), y le den reiteradamente, el título de “Rabbí”, maestro (Jn 3, 2; Mt 8,19, etc.). Por eso, por ejemplo, puede decirnos con autoridad: “ustedes, pues, recen así…” (Mt 6,9), de esta manera y no de otra.
Es notable y maravilloso, descubrir cómo toda la enseñanza de Jesús nunca divide contenidos de percepciones, ni de valoraciones y hábitos. Como buen maestro, Jesús le habla al hombre entero y sus palabras nunca son meramente explicativas. No viene a traernos una nueva versión de la ley, o una explicación novedosa -por genial que esta pueda ser- de la misma. No, lo absolutamente novedoso de la pretensión de Jesús es ser él mismo la Palabra, el Logos del Padre, así como lo testimonia Juan en su Prólogo. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, y por eso sólo Él devuelve al hombre la unidad perdida por causa del pecado, y restaura su integridad. Veamos un ejemplo. Cuando Jesús nos quiere transmitir su actitud íntima ante la oración, la actitud filial, la describe así: “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque el que pide recibe; el que busca encuentra; y se abrirá la puerta al que llama” (Mt 7,7-8).
Para el mundo bíblico, lejos de las abstracciones de la antigua Grecia, el hombre estaba constituido por tres aspectos concretos y dinámicos: el corazón, principio de la vida psíquica profunda, que designa todo el ámbito del deseo humano, y la intimidad del hombre que es el lugar de sus decisiones libres –unido muchas veces en dupla con los ojos-; la lengua, que designa el órgano de la boca, pero también y sobre todo el lenguaje humano, todo el mundo del pensamiento, con sus posibilidades de verdad y mentira, muchas veces unida en la Escritura complementariamente a los oídos; y las manos, que sintetizan en su concreción todos los gestos de la acción humana, funcionales o simbólicos, muchas veces unidas a los pies, que representan la dirección de la acción humana. El hombre aparece expresado unitariamente, en tres aspectos que siempre mencionan al hombre entero, y que desde su concreción se implican y se referencian mutuamente. Podemos sintetizar la tríada así: Corazón-ojos (todo el mundo del desear humano); Lengua- oídos (todo el mundo de la “ortodoxia”, del habla y del logos humano); y Manos- pies (todo el universo de la “ortopraxis”, como actuar significativo por el cual el hombre busca transformar el mundo). Volvamos ahora al texto antes citado. Allí el hombre entero, es aludido por Jesús, e invitado a entrar como totalidad en el diálogo con Dios. “Pidan” hace referencia al reino del hablar, del decir, la ortodoxia; “Busquen” habla más bien acerca del corazón, que es el que se abre o no para realizar tal búsqueda; “llamen” dice de las manos que tocan a la puerta, del actuar humano que en su ortopraxis general siempre tiende hacia un sentido. La invitación es a pedir al Padre con todo nuestro ser, la de rezar con toda nuestra persona, unificando todos nuestros deseos, pensamientos, acciones, en pos de la confianza básica del niño con su padre, de que le dará todo lo necesario. Sólo cuando alcanzamos esta integración, nuestra oración se hace auténtica, y cumple la voluntad del Maestro: que toda nuestra persona, sin reservas, se entregue en la oración. Que nada en el hombre quede fuera del encuentro con Dios, que se unan los más profundos deseos con el pedir de nuestros labios, y que todos nuestros actos apunten en la misma dirección. ¡Cuánta sabiduría la del Maestro, que con una sencilla frase es capaz de dar toda una imagen del hombre tal como lo pensó Dios, su Padre! Aquí no queda espacio para contenidos vacíos, para valoraciones distorsionadas o malos hábitos. Todo brilla en la simplicidad de su Persona, que es una con lo que dice, que lleva su testimonio hasta el extremo, amándonos hasta la muerte, y sella con esa entrega el signo de la autenticidad de toda su vida. Y el Padre refrendará esta palabra al resucitarlo al tercer día. De esto somos testigos, y allí radica nuestra esperanza, la que queremos anunciar al mundo para su salvación.
El educador, al acompañar en la búsqueda, ofrece un marco de contención que, sin quitar la libertad, despeja el miedo y alienta en el camino. Él también, como Jesús, debe unir la verdad que enseña, cualquiera sea el ámbito en que se mueva, con el testimonio de su vida, en íntima relación al saber que enseña. Sólo así el discípulo puede aprender a escuchar, ponderar, valorar, responder… aprender la difícil ciencia y sabiduría del diálogo. Dialogar es cosa de los caminantes. El quieto no dialoga. Dialogar es cosa de valientes. Dialogar es cosa de magnánimos. En el diálogo se confronta pero no se agrede, se propone y no se impone. Dialogar es compartir el camino de búsqueda de la verdad. Supone entrar en el crisol del tiempo que purifica, ilumina, sapiencializa. ¡Cuántos fracasos y guerras por falta de diálogo, por no buscar juntos la verdad! El diálogo acerca. Una cosa es una simple entrevista y otra hacer camino juntos. Lo que se le pide a un educador es que haga camino con el educando, y en este largo hacer camino se fragua la cercanía, la proximidad. Ésta es otra dimensión fundamental en la búsqueda de la verdad: no temer la cercanía, tan distante de la distancia cortés y de la promiscuidad. La distancia deforma las pupilas porque nos vuelve miopes en la captación de la realidad. Sólo la cercanía es portadora de esa objetividad que se abre a una mayor y mejor comprensión. En el trato personal la cercanía es proximidad: la persona que está al lado es “prójimo” y pide que nos hagamos “prójimo”. El educador que “enseña” a no tener miedo en la búsqueda de la verdad es, en definitiva, un maestro, testigo de cómo se camina, compañero de ruta, cercano, alguien que se hace prójimo.
En este camino de búsqueda de la verdad hay que guardarse de creer que todo es un tiro al infinito, un incesante andar y que todo es camino. No es tal. Se trata de un camino que progresa en etapas, se consolida en encuentros que, de alguna manera, van pautando la ruta. La experiencia del encuentro con la verdad en el camino es total y parcial a la vez. Parcial porque aún tenemos que seguir caminando; total, porque en las realidades auténticamente humanas y divinas, en cada parte está el todo. Por ello ese doble sentimiento de “plenitud inacabada” que conlleva todo encuentro. Hacer gustar el encuentro es una de las dimensiones de este camino de búsqueda de la verdad, que armoniza contenidos, hábitos, valoraciones, experiencias. Hacer aceptar lo incompleto del mismo nos hace maduros, y dilata la esperanza hacia el más allá de lo eterno. El resplandor del encuentro produce ese “estupor” metafísico propio de la revelación humana y divina.
Varias veces me referí al temor de iniciar el camino de búsqueda de la verdad. Podemos preguntarnos ¿Por qué temor? Simplemente porque es uno de los sentimientos primarios que se dan en la experiencia del éxodo de sí mismo. Salir de sí, ponerse en camino, implica una dimensión de inseguridad, y eso da miedo. De ahí ese natural aferrarnos a los lugares existenciales de estancamiento, a los “alibi” confortantes y engañosos, para no seguir adelante. Algunos místicos hablan de afincarse en las posadas y no seguir el camino. Da cierto miedo seguir andando, y el miedo ensordece la inquietud, detiene la marcha de la esperanza.
Hace unos meses el Papa no pudo hablar en una Universidad porque un grupo ínfimo de profesores y alumnos así lo impusieron violentamente. Esto me hizo pensar en lo que un autor del siglo II le dice a Herodes acerca de su violencia: obras así “quia te necat timor in corde” (porque a ti te mata el temor en el corazón). Toda cerrazón, agresión, violencia constituye un andamiaje externo que soporta un temor del alma. Es una coartada. Nuestros chicos ¿son intolerantes? ¿Los educamos para que se abran a compartir el camino de la existencia desde una identidad cristiana que sepa descargar el peso de la intolerancia? Se nos plantea así un verdadero desafío: educar para que no teman, educar en la apertura del diálogo, buscar la verdad.
Pero este camino no será fácil de transitar ni estará libre de escollos; el miedo al otro, la xenofobia de lo diferente, es el principal enemigo del diálogo. Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra, ya que se parte de la sospecha de sus intenciones, tornando las relaciones en algo inseguro, amenazante. ¿Cómo dialogar en un mundo donde nos tememos los unos a los otros? ¿Cómo exorcizar el miedo y permitir el paso a una confianza no ingenua pero sí lúcida y abierta? ¿Cómo educar en el diálogo cuando simultáneamente tenemos un lenguaje cultural cargado de discriminaciones inconscientes y segregantes? Hay muchas maneras de ser fundamentalistas, aunque no nos inscribamos en sectas o ideologías de tipo clausurado.
Los invito a reflexionar juntos y hacernos uno en la idea de que sólo quien enseña con pasión puede esperar que sus alumnos aprendan con placer. Sólo quien se muestra deslumbrado ante la belleza puede iniciar a sus alumnos en el contemplar. Sólo quien cree en la verdad que enseña puede pedir interpretaciones veraces. Sólo quien vive en el bien –que es justicia, paciencia, respeto por la diferencia en el quehacer docente- puede aspirar a modelar el corazón de las personas que le han sido confiadas. El encuentro con la belleza, el bien, la verdad, plenifican y producen un cierto éxtasis en sí mismo. Lo que fascina nos expropia y arrebata. La verdad así encontrada, o que más bien nos sale al encuentro, nos hace libres.
V. CAMINAR EN ESPERANZA
Para no caer en abstracciones y poder asistir a esa verdad que nos encaminará inexorablemente a la libertad, debemos hallar la “dracma perdida”, el tesoro oculto que nos permita liberar el rayo de luz ante tanto dolor del mundo, ante tantas heridas abiertas, ante la torpe deformación del rostro de la verdad que nos llega de la mano de fundamentalismos, liberalismos individualistas o nihilismos muchas veces bestiales e indiferentes.
Por ello busco, y los invito a buscar conmigo, nuevamente, aquel bien ausente y necesario como el pan y el vino, aquel bien que nos hace recomenzar cada mañana con un aliento nuevo, y que nos permite entrever que la vida es bella, sí, bella a pesar de todo -de tanto horror y de tanto mal-, y que merece la pena ser vivida. Busco aquella esperanza que nos una nuevamente como pueblo, y que bajo la tutela de su estrella nos empuje de nuevo a caminar.
Es a ustedes, queridos educadores, a quienes invito de modo apremiante y renovado a volver el rostro a la “niña esperanza”, a esa pequeña virtud que parece arrastrar hacia adelante, en su humilde persistencia y en su actuar casi como una “nada”, a sus hermanas mayores, la fe y la caridad. La pequeña esperanza avanza entre sus dos hermanas mayores y no se la toma en cuenta. Pero sólo ella es la que siempre comienza, porque es infatigable como los niños, esos alumnos que día a día nos encontramos, infatigables como la niña esperanza.
Educar es en sí mismo un acto de esperanza, no sólo porque se educa para construir un futuro, apostando a él, sino porque el hecho mismo de educar está atravesado por ella. Los maestros deberían tener siempre presente el enorme aporte que hacen a la sociedad en este sentido -al entregarnos todos los días en su quehacer con nuestros niños adolescentes y jóvenes argentinos- esta indicación fundamental, esta señal redentora y salvadora, la de la esperanza, con la que, todos los días, reparten el pan de la verdad, invitándonos a todos a seguir la marcha, a retomar el camino.
Precisamente esta imagen, la del camino, fue la contraseña que nos permitió adentrarnos en el terreno de la belleza perseguida desinteresadamente, de la gratuidad de la bondad, y del carácter sinfónico de una verdad que sólo florece en el diálogo. La humildad que nos da el sabernos caminantes, comprendernos como tales, nos libera de todo fundamentalismo y de todo intento de hacer de la verdad un arma para autoafirmarnos o para defendernos. Queridos educadores, en este tiempo pascual les deseo que la inquietud, imagen del deseo que mueve la existencia toda del hombre, se abra y se dilate en aquella esperanza que no defrauda. Y que, como educadores se transformen en testigos auténticos, cercanos en su projimidad a todos, en especial a los más postergados, a los que más sufren. María, Madre y Educadora de Jesús, se digne ser para nosotros la Estrella de la Esperanza, para que podamos dejar atrás toda división y todo desaliento.
Quiera Dios que como maestros, podamos cumplir nuestra tarea en el espíritu de lo expresado por San Juan: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos, acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna” (1 de Jn 1, 1-2). Aquí vuelve a aparecer la tríada antes enunciada en el ver, oír, tocar. Es que la tarea docente nos reclama enteros, tan alta es su dignidad. Quizás así en la educación de nuestros chicos podamos lograr que ellos, ante la Verdad puedan exclamar como Job: “antes te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”. Esa será la mejor satisfacción que tendremos como educadores.
En la Pascua del Señor de 2008
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Misa de apertura de la 95ª Asamblea plenaria
Apr 08, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en la misa de apertura de la 95ª Asamblea Plenaria (7 de abril de 2008)
“Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo. Algunos miembros de la sinagoga llamada “de los Libertos”, como también otros originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que le dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: “Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés”. En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.” (Hech 6: 8-15).
“Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿Cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos sino porque han comido pan hasta saciarse
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece
hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: ¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús le respondió: “La obra de Dios es que Ustedes crean en aquel que él ha enviado”. (Jn. 6: 22-29).
Lunes de la 3ª Semana de Pascua.
1. En medio de una crónica prieta Juan sitúa un diálogo entre Jesús y su pueblo. Con pinceladas rápidas recuerda que el Señor alimentó a cinco mil hombres, que sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua, que al día siguiente la multitud se percata que Jesús no había partido con sus discípulos, que –mientras tanto- unas barcas de Tiberíades atracan en el lugar de la multiplicación de los panes y –al constatar que Jesús no está allí- vuelven a embarcar y van a Cafarnaun a buscar a Jesús y allí lo encuentran. Tal es la crónica. Y, en este marco, el diálogo con Jesús: “Maestro, ¿Cuándo llegaste?”, “les aseguro que Ustedes me buscan no porque vieron signos sino porque han comido pan hasta saciarse” (Jn.6:25-26).
2. Jesús hace notar un cambio de actitud en el corazón de ese pueblo que, antes del milagro de los panes, lo seguía “al ver los signos que hacía curando a los enfermos” (Jn.6:2) y luego se maravilla por el signo de alimentar a la multitud y confiesa con fe y entusiasmo: “Este es verdaderamente el Profeta que debe venir al mundo” (Jn. 6: 14). Finalmente quiere apoderarse de él para hacerlo Rey (Jn. 6:15). Los sentimientos del corazón de esa gente se deslizan imperceptiblemente de la confesión mesiánica al deseo de fundar el reino temporal. De ahí todo ese movimiento y la pregunta, casi reproche, al Señor en el momento del encuentro: “Maestro, ¿cuándo llegaste?” (Jn. 6:25). El cambio de actitud de la gente no es algo nuevo ni será ésta la última ocasión que pase. Había sucedido en la Sinagoga de Nazareth (Lc. 4: 16-30) y se repetirá luego en forma de desilusión o temor o cansancio o debilidad (Jn. 6: 66-67). Después del Domingo de Ramos sucederá el Viernes Santo ante Pilato: el “Hosanna” se convierte en “Crucifícalo”. Sus mismos discípulos, tan adheridos a él, en el momento de la prueba huyen espantados y la mañana de la Resurrección tienden a optar por la seguridad del escepticismo, la duda, y hasta tomar distancia de Jerusalén.
3. Existe un momento en la experiencia de la relación con Jesús, en el cual el estupor que produce el encuentro con Él, todo encuentro con Él, hace tambalear la seguridad humana, y el corazón teme dilatarse en el gozo de ese encuentro, se asusta y retrocede refugiándose en lo que podríamos llamar el autocontrol, el tomar las riendas de la relación con el Señor, acomodándola a los parámetros de cierta sensatez y sentido común meramente humanos. Lucas describe genialmente esta experiencia en la aparición del Señor Resucitado a los discípulos: “Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer” (Lc. 24: 41). Miedo a la alegría, miedo a la autodonación de sí que supone el encuentro con Jesucristo, miedo a dejarse conducir por el Espíritu.
4. Sucede entonces algo así como una reacción de nuestra autonomía. El señorío que nos fue dado en la creación (Gen. 1: 28) reclama sus derechos: el hombre quiere conducir y controlar él la relación con Dios, pero se olvida que su señorío está herido por el pecado. De ahí el reduccionismo de la experiencia religiosa al ámbito de lo controlable. En esta dirección apunta la advertencia de Jesús a sus interlocutores: “Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque es a él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello” (Jn. 6: 27). Jesús siembra una nueva levadura en este señorío herido, y nos recuerda que la tarea consiste en realizar las obras de Dios que es creer en Aquél que él ha enviado (cfr. Jn. 6: 28-29). En medio de esa vacilación de querer refugiarnos en nuestro señorío enfermo el Señor planta la bandera de la fe, como lo hizo la mañana de la Resurrección (cfr. Lc. 24: 39-40). Juan, años más tarde y en medio de las persecuciones, glosará estas palabras del Señor: “La victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (I Jn. 5: 4-5)
5. Nuestra vida de hombres, de cristianos y de pastores estará siempre tironeada en esta tensión. Por una parte ejercer nuestro señorío humano con las cualidades y medios que el Señor nos da y, por otra, no caer en la seducción de quedarnos allí, en los emprendimientos y las realizaciones, satisfechos sólo con “ese pan”. El Espíritu nos empuja a buscar más allá de los logros y satisfacciones inmanentes; nos llama al encuentro con Jesucristo a “quien Dios, el Padre, marcó con su sello” (Jn. 6: 27); a tender a ese encuentro que nos descoloca y nos unge con la fuerza de Dios, ese encuentro al que no podemos controlar en la experiencia del estupor y la alegría. El Espíritu nos conduce a vivir no para nosotros mismos sino para el Señor, a pertenecer al Señor (cfr. Rom. 14: 7-8). Las propuestas mundanas o inmanentes –en cambio- nos colman a medias y nos dejan a mitad de camino en el seguimiento de Jesucristo. Las tentaciones contra la libertad y el gozo del encuentro con el Señor serán siempre las mismas: ese reduccionismo de todo al ámbito de nuestro mundo humano (cfr. Hech. 1: 6), ese querer domesticar al Señor con alternativas clausuradas en el límite de lo que Jesús llama “el alimento perecedero” (Jn. 6: 27) como lo pretendió Pedro (Mt. 16:22 ss.) o el mismo Satanás en el desierto (Mt. 4: 1-11); también puede darse la tentación de idolatría en la pretensión de reducir el ministerio a mera gestión, o la tentación de superficialidad que nos ofrece el refugio “prêt à porter” de teologías o espiritualidades gnósticas que despojan al Señor de su soberanía y satisfacen sólo a medias y por un tiempo; y también la tentación de pretender o buscar en nuestra tarea una Iglesia similar a la mujer encorvada del Evangelio (cfr. Lc. 13: 11), Iglesia autoreferencial que, a la larga, no puede salir de sí hacia el anuncio y, en su psicología clausurada, pierde el gozo de ser la Esposa fiel y fecunda en hijos de Dios.
6. En medio de esta tensión que cada uno de nosotros experimenta tantas veces, la Iglesia hoy nos propone el ejemplo de Esteban, su opción por el alimento de la vida eterna, su opción por la obra de Dios, la fe en aquél que el Padre ha enviado, Jesucristo, (cfr. Jn..6:29) opción hasta el martirio. Esteban no vivió para sí ni murió para sí, sino para el Señor. Tanto en la vida como en la muerte perteneció al Señor (cfr. Rom. 14: 7-8). Asumió su momento histórico y lo hizo en un acto de confesión de la soberanía y señorío supremo de Jesucristo sobre su personal señorío humano; entregó su espíritu en adoración a Jesucristo y servicio a él en la persona de los demás dando testimonio y pidiendo perdón por ellos. Contemplando su rostro transfigurado dejemos plantar la bandera de la fe en nuestra vida de todos los días, adoremos en esta Misa a Jesucristo y dispongamos nuestro corazón sacerdotal al servicio del prójimo. Y pienso que, mirando a nuestro pueblo, nos hará bien recordar el llamado de Pablo a los Romanos: “Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: éste es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que agrada, lo perfecto” (Rom. 12: 1-2). Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 7 de abril de 2008.
Aniversario de la guerra de las Malvinas
Apr 08, 2008
Mensaje del Cardenal Jorge Mario Bergoglio con motivo de un nuevo aniversario de la guerra de las Malvinas (2 de abril de 2008).
En un nuevo aniversario, los recuerdos de esa guerra que le costó la vida a centenares de jóvenes vuelven a revivirse en cada rincón de la patria, en el corazón de cada madre, de cada hermano, cada novia, cada amigo de aquellos que fueron protagonistas de ese acontecimiento.
La historia de Malvinas ya está escrita, es una historia triste, una parte oscura de la historia argentina que sólo adquiere luz desde el coraje y la valentía de los que lucharon allí, tanto los que descansan en tierras y aguas propias como los que volvieron.
Hay una herida abierta que sigue sangrando en el dolor de las madres y otros familiares que comparten con orgullo la gloria de los que ofrendaron su vida. Esos 649 hombres y muchachos muertos en Malvinas no saben de olvidos, ni derrotas. Allá quedaron para siempre con su coraje, con sus miedos e ilusiones, ganas de vivir y proyectos de vida.
La herida está abierta, no termina de cicatrizar y no creo que pueda hacerlo porque todavía se halla en carne viva en muchos ex combatientes. El drama de los que lucharon y volvieron de Malvinas es nuestro drama, porque nos pone también delante de nuestra indiferencia y desamor. Nuestro estilo de vida existista rechaza el fracaso, lo desvaloriza o lo esconde; no se deja enseñar por él.
Hoy es un deber patriótico y de caridad honrar a los muertos de la Guerra de Malvinas, a todos y cada uno de ellos; homenaje que para no quedar reducido al recuerdo tiene que hacerse vivo y operante en los sobrevivientes. Es de buen argentino reconocer la valentía tanto de los que cayeron en esa guerra, como de los que murieron después a causa del silencio y la indolencia de la sociedad, o de los que sobrevivieron y hoy son los testigos vivos de esa gesta.
Existe una "Deuda de la historia" que sólo será saldada cuando cada 2 de abril el conmemorar el "Día de Veteranos de Guerra y los caídos de Malvinas" sea motivo de reflexión, de afirmación de la identidad nacional y de trabajo por la paz; sólo así la sangre de los 649 caídos no habrá sido derramada en vano.
Existe también una “Deuda social” en la que todos debemos sentirnos corresponsables y que es la deuda con los sobrevivientes. Cuando la guerra en el campo de batalla concluye, comienza el enfrentamiento con la vida de todos los días con las heridas y secuelas que quedan. Estas tienen un valor: de reconocimiento al coraje y de resarcimiento económico. El daño que la guerra produjo tuvo un costo, frente al cual el Estado y la sociedad somos deudores y a la vez los reguladores del precio de las secuelas. A pesar de esto, entre las heridas de la guerra y los beneficios económicos de una remuneración, resta siempre un saldo imposible de cancelar.
Las enfermedades tanto físicas como síquicas, las dificultades para la reinserción, los problemas de pareja, la falta de trabajo, vivienda o educación para sus hijos, ha conducido a situaciones extremas que en la post guerra siguen cobrando vidas.
Aunque parezcan lejanos y secos, aquellos laureles y olivos del domingo de Ramos del 82 se acercan y reverdecen cada 2 de Abril. Roguemos a Dios que estos años transcurridos, a pesar de los esfuerzos de muchos para “desmalvinizar" la historia y la realidad, hayan servido para madurar silenciosamente la conciencia de muchos argentinos a lo largo y a lo ancho del país en un amor más auténtico por la Patria, en sentido de justicia, y en capacidad de sacrificio anónimo, que son la escondida pero fecunda savia que nos hará vivir en todos los órdenes de la vida la tan ansiada libertad.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
2 de Abril de 2008
Vigilia Pascual
Mar 30, 2008
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires durante la Vigilia Pascual (22 de marzo de 2008).
1. En las penumbras del Templo hemos seguido los hitos de un largo camino. Dios escoge a un pueblo y lo pone en camino. Comienza con Abram: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te mostraré, y yo haré de ti una gran nación” (Gen 12:1-2). Abram partió, y fue padre de un pueblo que hizo historia en el camino, un pueblo caminante hacia la promesa. También nosotros recién hacíamos camino escuchando esta historia de andar a través de tierras y siglos, con los ojos fijos en el Cirio pascual, la Promesa definitiva hecha realidad, Cristo Vivo, vencedor de la muerte, resucitado. La vida en Dios no es quieta, es una vida en camino... y hasta el mismo Dios quiso ponerse en camino, en búsqueda del hombre... y se hizo hombre. En esta noche hemos recorrido los dos caminos: el del pueblo, el del hombre, a Dios y el de Dios al hombre, ambos caminos para dar lugar al encuentro. El ansia hacia Dios sembrada en nuestro corazón humano, esa ansia de Dios entregada como promesa a Abram y, por otra parte, el ansia del corazón de Dios, su amor desmesurado por nosotros, se encuentran hoy aquí, ante este cirio pascual, figura de Cristo Resucitado que resuelve en sí las búsquedas y las ansias, los deseos y los amores; Cristo Resucitado meta y triunfo de ambos caminos que se encuentran. Ésta es la noche del encuentro... del “Encuentro” con mayúscula.
2. Llama la atención cómo el Evangelio que acabamos de escuchar describe el Encuentro de Jesucristo Victorioso con las mujeres. Nadie está quieto... todos están en movimiento, en camino: se habla de que las mujeres fueron, de que la tierra tiembla fuertemente; el Ángel bajó del cielo, hizo rodar la piedra, los guardias tiemblan. Luego la invitación: Él irá a Galilea, que todos vayan a Galilea. Las mujeres, con esa mezcla de temor y de alegría -es decir, con el corazón en movimiento- se alejan rápidamente y corren a dar la noticia. Se encuentran con Jesús y se acercan a Él y le abrazan sus pies. Movimiento de las mujeres hacia Cristo, movimiento de Cristo hacia ellas. En este movimiento se da el encuentro.
3. El anuncio evangélico no queda relegado a una historia lejana que sucedió hace dos mil años... es una realidad que se sigue dando cada vez que nos ponemos en camino hacia Dios y nos dejamos encontrar por Él. El Evangelio plasma un hecho de encuentro, de encuentro victorioso entre Dios fiel, apasionado por su pueblo, y nosotros, pecadores, pero sedientos de amor y de búsqueda, que hemos aceptado ponernos en camino... ponernos en camino para encontrarlo... para dejarnos encontrar por Él. En ese instante, existencial y temporal, experimentamos lo de las mujeres: temor y alegría a la vez; experimentamos ese estupor del encuentro con Jesucristo que colma nuestros deseos pero que nunca dice “quédense”, sino “vayan”. El encuentro nos remansa, nos fortalece la identidad y nos reenvía; nos vuelve a poner en camino para que, de encuentro en encuentro, lleguemos al encuentro definitivo.
4. Señalaba recién que, en medio de las penumbras, nuestras miradas se centraban en el Cirio Pascual, Cristo, realidad y esperanza a la vez; realidad de un encuentro hoy y esperanza del gran encuentro final. Esto nos hace bien porque diariamente respiramos desencuentros; nos hemos acostumbrado a vivir en la cultura del desencuentro, en la que nuestras pasiones, nuestras desorientaciones, enemistades y conflictos nos enfrentan, nos deshermanan, nos aíslan, nos cristalizan en ese individualismo estéril que se nos propone como camino de vida todos los días. Las mujeres, esa mañana, eran víctimas de un doloroso desencuentro: le habían quitado a su Señor. Se hallaban en soledad delante de un sepulcro. Así nos quiere la propuesta cultural del paganismo actual en el mundo y en nuestra ciudad: solos, quietos, al final de un camino de ilusión que se transforma en sepulcro, muertos en nuestra frustración y egoísmo estériles. Hoy necesitamos que la fuerza de Dios nos conmueva, que haya un gran temblor de tierra, que un Ángel haga rodar la piedra en nuestro corazón, esa piedra que impide el camino, que haya relámpago y mucha luz. Hoy necesitamos que nos sacudan el alma, que nos digan que la idolatría del quietismo culturoso y posesivo no da vida. Hoy necesitamos que, después de ser sacudidos por tantas frustraciones, lo volvamos a encontrar a Él y nos diga “No teman”, pónganse de nuevo en camino, vuelvan a la Galilea del primer amor. Necesitamos reanudar la marcha que comenzó nuestro padre Abraham y que nos señala este Cirio Pascual. Hoy necesitamos encontrarnos con Él; que lo encontremos y Él nos encuentre. Hermanos, las “felices pascuas” que les deseo es que hoy algún Ángel haga rodar la piedra y nos dejemos encontrar con Él. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 22 de marzo de 2008
Miércoles de ceniza
Feb 21, 2008
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la misa del Miércoles de Ceniza, celebrada en la catedral metropolitana (6 de febrero de 2008).
La Iglesia nos pone en camino, un camino hacia el encuentro con Jesucristo, el único camino que tiene consistencia, el único válido que de alguna manera me lleva a encontrarme con mi Señor, el que da sentido a la vida. Y al comenzar hoy este camino nos hace participar de un gesto, de una palabra y de un consejo.
Un gesto: todos vamos a recibir ceniza en la cabeza para indicar lo que somos. Años mas, años menos todos terminamos así: siendo ceniza. Y, sin embargo, una voz interior nos dice a todos: “vos naciste para otra cosa y no para lo que se va a convertir en ceniza”. Vos naciste para un encuentro, para una plenitud de corazón que es el encuentro con Jesucristo. Y hoy al recibir la ceniza, con esta significación, cada uno de nosotros se pregunta: “Qué busco yo en la vida?” Qué busco? Busco el encuentro con Jesucristo que me va a hacer pleno, que me va a dar la única felicidad que no se puede perder? ¿O ando en la pavada? En la superficialidad? Padre, es que todo el mundo está así en la sociedad. Uno no puede ir a contracorriente… Es verdad, a veces el medio ambiente te tira abajo. No hace mucho leí una fábula escrita por un monje. Dice que unos chicos estaban subiendo una montaña y encontraron un huevo de águila y se lo llevaron a la casa. Cuando bajaron vieron que en el gallinero de la casa había una pava que estaba incubando y entonces le metieron el huevo de águila debajo de la pava con los huevos que ella tenia de sus futuros chicos. Y bueno, nacieron los pichoncitos todos iguales pero a medida que crecían se fueron diferenciando. Hasta que ya empezaron a tener cierta autonomía y los de la pava jugaban con el agua y el pichón de águila no lo sabía hacer pero estaba ahí, entre ellos; y cada vez que veía un águila volar sentía algo adentro que le tiraba para arriba pero no podía… Estaba entre los pavos…. Estaba en la pavada… Vos como estás? Vos que tenés vocación de águila, de encuentro con Jesucristo… para que vivís? Para la mundanidad? Para la apariencia? Pensémoslo todos, es un mensaje para todos. La ceniza nos pone esta pregunta: ¿Querés volar al mensaje de Jesucristo, ya desde ahora viviendo en plenitud o querés vivir en la pavada, en la superficialidad? Ese es el gesto.
También la Iglesia nos pone delante una palabra. San Pablo, en la Segunda Lectura dice: “por eso les suplico en nombre de Cristo (que bonito… pide por favor) déjense reconciliar con Dios”. Cada uno de nosotros tenemos que encontrarnos más con el Señor, todos somos pecadores. Por favor, si hay alguno que no es pecador que levante la mano porque así le damos un premio. Todos somos pecadores. Todos. Y necesitamos reconciliarnos con Jesús de aquello que cada uno de nosotros sabe que tiene que dejarse reconciliar: una injusticia, un odio, una envidia, una agresión, una ruptura… uno sabe, Dios sabe. Pero San Pablo, como de rodillas nos pide:”Mirá, si sos cristiano dejate reconciliar con Dios!”. Y éste es el tiempo favorable para dejarnos reconciliar con Dios! Este tiempo de este camino en que vamos hacia el encuentro de Jesucristo que va a terminar acá la noche de Pascua cuando cantemos ese Aleluya lleno de felicidad. Porque ahí está nuestro triunfo. Dejate reconciliar con Dios. Esa es la Palabra. El gesto es la ceniza y la Palabra es “dejémonos reconciliar con Dios”.
Y el consejo? El consejo es el que da Jesús en el Evangelio: “Mirá, no seas hipócrita, viví como lo que sos”. Si sos pecador, nos dice el Señor, hacé lo que hace todo pecador para quebrantar su corazón y convertirse. Reza más, hacé penitencia, (se priva de alguna cosa que le gusta o superflua), ayudá a los demás, hacé limosnas, hacé obras de caridad. No vivas para vos, porque fíjense que el pecado, en el fondo, se centra en el egoísmo. Y si vivimos en esa situación de pecado, vivimos centrados en nosotros mismos. Y configuramos ese tipo de hombre y mujer que en vez de llamarse Juan, Pedro, María, Antonia se llama yo-me-mi-conmigo-para mí. Y eso es lo que nos enseña el mundo, a ser yo-me-mi-conmigo-para mí. Vivir centrado en mí mismo, el egoísmo para mí y Jesús dice: “No. Rezá. Abrí tu corazón a Dios. Abrí tu corazón a los hermanos y da limosnas. Private para dar limosna. Gastá tu tiempo visitando a tu hermano enfermo, acompañando a alguien que necesita en su soledad. No vivas para vos”.
Hoy empezamos este camino con un gesto, una palabra y un consejo. La ceniza es el gesto; déjense reconciliar por Dios es la palabra y el consejo es más oración y más penitencia. Más servicio a los demás. Abramos nuestro corazón al servicio de los demás.
Le pido a la Virgen que nos acompañe a todos nosotros en este camino; en este camino de reconciliación con Jesucristo y de encuentro con Jesucristo, que es lo más maravilloso que nos pasa en la vida. Cuando nos encontramos con el Señor nuestro corazón se ensancha, se hace grande, se hace generoso y es capaz de dar a los demás en vez de cosechar para si mismo.
Que la Virgen nos ayude a entender que el egoísmo no lleva a ninguna parte. Que la vanidad y la apariencia no llevan a ninguna parte y termina en ceniza. Y si nos hace grandes el servicio a los demás y la adoración a Dios, nos abren el camino a ese encuentro con Jesucristo, cosa que pido para ustedes y para mí en este comienzo de la Cuaresma. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Catedral metropolitana, 6 febrero de 2008
Miércoles de Ceniza
Mensaje de Cuaresima
Feb 21, 2008
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, con motivo de la Cuaresma (6 de febrero de 2008, Miércoles de Ceniza).
“Si compartimos los bienes del cielo.
¿Por qué no vamos a compartir los de la tierra?”
Como pueblo de Dios comenzamos la Cuaresma, tiempo en el que tratamos de unirnos más a Cristo para compartir el misterio de su pasión y resurrección.
Paradójicamente hay muchos, y muy cerca nuestro, que parecen forzados a vivirla todo el año sin posibilidad de vislumbrar la Pascua. Ya forma parte del paisaje cotidiano ver chicos y grandes revolviendo la basura y buscando algo para apalear el hambre o el frío. El egoísmo, la deshonestidad y la indiferencia condenan a muchos a vivir todo el año un ayuno involuntario y una penitencia obligatoria. Estamos convencidos que ése no es el Proyecto de Dios para sus hijos. El Padre de Jesucristo no quiere el dolor, no quiere el sufrimiento ni la muerte de tantas personas por hambre o desamparo. El sueño de Dios es que todos vivamos en comunión y solidaridad. El proyecto de Dios es que todos podamos compartir los bienes de la tierra, que nadie se quede sin comer, que nadie muera porque no puede llegar hasta un médico, que nadie soporte situaciones infrahumanas; pero lamentablemente el pecado personal y estructural no permite que ese sueño de Dios se haga realidad hoy.
Para los que podemos vivir bien todo el año y podemos experimentar horizontes de pascua, la cuaresma es gracia de Dios que nos llama a mirar nuestros corazones y descubrir si se nos han filtrado actitudes que nos alejan de Dios o nos llevan a un estilo de vida aislado, individualista, injusto o superficial frente a la vida de los hermanos. Es un tiempo para asegurarnos no estar cayendo en el pecado de la mundanidad, de la indiferencia, de la conformidad, o en el de pensar que todo está bien mientras yo esté bien. Un tiempo para adorar a Dios, para ser más solidarios, más honestos, más misericordiosos, más comprometidos con los que lloran y sufren, con los que viven en la soledad y se sienten excluidos. Es un tiempo de gracia para cambiar nuestras actitudes y comprometernos a trabajar sin cansarnos para que llegue el día en que nadie sobre esta tierra tenga que vivir la cuaresma todo el año.
Es un tiempo para orar, ayunar y vivir la solidaridad de tal manera que la cruz se haga más liviana para los otros. Es tiempo para Dios y, desde Él que es Padre, para nuestros hermanos.
El miércoles de ceniza, el evangelio de Mateo (6, 1-6. 16-18) nos plantea tres caminos a seguir: el camino de la caridad que nos habla de “dar limosnas”; que no es dar paternalistamente unas monedas para descansar la conciencia sino saber descubrir al que sufre, al que se siente solo y está desheredado por la vida. Es acoger y ser solidarios con aquel que necesita de nuestro tiempo, de nuestra amistad y de nuestra ayuda. Esta caridad es distintivo cristiano. Toda la vida de Jesús fue una vida de servicio en bien de los más necesitados.
El segundo camino es el de la penitencia: el texto nos habla de “ayunar”. Unos ayunan para adelgazar y estar en forma y otros porque por necesidad no tienen más alternativa que ayunar todos los días. El ayuno es un gesto profético que nos recuerda que los bienes materiales no pueden ser la única meta del cristiano.
Elayuno que a Dios le agrada es el que nos lleva a un mayor compromiso con los valores del Reino de Dios: la justicia, el amor, la paz y la solidaridad. (Isaías 58). La penitencia, además de reparar por nuestros pecados, es una manera concreta de hacernos solidarios con los que más sufren. Renunciar por unas horas al “pan humano” y sentir hambre nos recuerda que el “Pan” verdadero es Cristo y su Palabra. Nos enseña a sentir en nosotros mismos la debilidad de los que se ven obligados a ayunar todo el año sin remedio. El ayuno nos tiene que hacer más sensibles al dolor ajeno, más misericordiosos y por lo tanto más comprometidos.
El tercer camino es el de la oración: La oración que agrada a Dios es aquella que pasa del encuentro personal con Él a una vida consagrada al servicio de los demás. La oración es expresión de apertura, de confianza y de tener necesidad de Dios. El que se siente autosuficiente, no ora, se autocomplace. La oración auténtica exige la transparencia, la coherencia y la autenticidad.
Cada cuaresma es un tiempo de gracia y de poda de todo lo que esteriliza nuestra vida y no nos permite anunciar de modo testimonial un mensaje de esperanza a tanta gente, que desesperanzada, no puede levantar la mirada hacia la pascua.
Como lo venimos haciendo desde hace varios años, el “Gesto solidario de Cuaresma” de nuestra Iglesia en Buenos Aires es una invitación a encarnar el proyecto de Dios en nuestra vida personal y comunitaria desde una actitud visible. El mal se vence a fuerza bien, el dolor a fuerza de amor, la necesidad a fuerza de solidaridad.
Que podamos vivir una semana santa con Jesús en el discipulado de la caridad, la entrega y el sacrificio expresados en la solidaridad efectiva hecha de gestos pequeños de cada día, donde podremos descubrir la discreta y misteriosa presencia del Resucitado, siempre cercano, invitándonos “a la fracción del pan”...con todos.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 6 febrero de 2008
Miércoles de Ceniza
"El signo de Dios en este mundo es la humildad, la pobreza y la sencillez"
Jan 27, 2008
Así, lo expresó el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, en la tradicional misa de gallo celebrada anoche.
(www.lanacion.com.ar, 25 de diciembre de 2007) El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, afirmó que humildad, pobreza y sencillez, son "signos de Dios" y lamentó que, por el contrario, el mundo sólo reconozca "la soberbia y el aplastarle la cabeza a los otros".
"El signo de Dios en este mundo es la humildad, la pobreza y la sencillez, mientras que el mundo sólo reconoce la soberbia y el aplastarle la cabeza a los otros", subrayó anoche, a última hora, en la tradicional misa de gallo en la Catedral metropolitana.
El purpurado porteño centró su homilía -que comenzó alrededor de las 23- en el Evangelio según San Mateo, que se leyó previamente, y llamó a ser "testigos de la esperanza" en medio de las dificultades.
"Jesús habló de reconocer los signos del Cielo y les reprochó que no sabían reconocer los signos de los tiempos", recordó.
Numerosos fieles participaron de la misa de Nochebuena en la Catedral metropolitana, presidida por el cardenal Bergoglio y concelebrada por los obispos auxiliares de Buenos Aires.
La celebración eucarística contó con la participación del Coro Pacem in Terris.
Si bien desde hace tiempo se sigue con expectativa cualquier intervención pública de Bergoglio, por lo que fueron sus recurrentes cuestionamientos al gobierno del ahora ex presidente Néstor Kirchner, se sabe también que tanto Navidad como Pascuas son fechas en las que el cardenal elude politizar sus palabras y protagonizar enfrentamiento alguno.
No obstante, a diferencia de otros años, la relación entre la Iglesia y el Poder Ejecutivo nacional ha cambiado levemente y presenta un panorama alentador.
Ocurre que sólo una semana atrás, la presidenta Cristina Fernández recibió en la Casa Rosada a la cúpula eclesiástica, encabezada por Bergoglio.
El encuentro fue solicitado por la Iglesia el lunes, y dos días después de concretó el esperado encuentro.
Es que hacía tres años que el Ejecutivo no tenía un contacto formal con el Episcopado, lo que derivó en una escalada de cruces entre el gobierno nacional y Bergoglio.
Empero, algunos gestos enviados por Cristina Fernández, con declaraciones que no avalaban ni el aborto ni el matrimonio homosexual, generaron un clima distinto que finalmente permitió, la realización de la reunión.
Si bien la presidenta y el cardenal no fijaron ningún cronograma de reuniones, el diálogo pareció cimentar una nueva relación.
Bergoglio: "No se lloró lo suficiente la tragedia "
Jan 27, 2008
El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, reiteró que Buenos Aires "no lloró lo suficiente la tragedia de Cromagnon" y deseó que "la llaga, con la purificación de la justicia y del llanto, se convierta en cicatriz memoriosa".
(www.lanacion.com.ar, 31 de diciembre de 2007) "Buenos Aires necesita paz, pero no la paz del cosmético que tapa todo, sino la paz de la justicia, la paz de la cicatriz, que nos trae memoria para no caer en el mismo error", advirtió, en una misa en la Catedral, repleta de gente, entre la cual se contó a la vicejefa del gobierno porteño, Gabriela Michetti. Un momento especialmente emotivo se vivió cuando los familiares de los muertos acercaron 194 velas encendidas al altar, entre lágrimas y abrazándose con los sacerdotes.
Bergoglio lamentó que "el llanto de los padres no se contagió a la ciudad por falta de solidaridad y sensibilidad" y calificó a Buenos Aires de "indómita y egoísta". Mencionó "los intereses escondidos, cómplices de esta tragedia"; llamó a "luchar por la justicia" y precisó que "el camino de la violencia no es un buen camino".
"Las vidas que hoy no están, y las vidas doloridas y sufrientes que están" tienen un mensaje que "invita a caminar con transparencia, con honestidad, sin ambiciones desmedidas, sin luchas por el poder que sometan a los más inocentes y a los más débiles", dijo. También se solidarizó Bergoglio con los empleados del Casino que acampan en la Plaza de Mayo: "Acá enfrente 112 chicos y chicas hace diez días que están siendo literalmente apaleados por el egoísmo del dinero y del poder".
Al final, pidió que "la ausencia y la presencia sean siempre el germen de la esperanza" y saludó uno por uno a los familiares de las víctimas.
Carta a los sacerdotes
Dec 07, 2007
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a los sacerdotes, consagrados y consagradas de la arquidiócesis, sobre la oración (29 de julio de 2007).
Queridos hermanos y hermanas:
La meditación de las lecturas de este domingo me movieron a escribirles esta carta. No sé bien el por qué pero sentí un fuerte impulso a hacerlo. Al comienzo fue una pregunta: ¿rezo? que se extendió luego: los sacerdotes, los consagrados y las consagradas de la Arquidiócesis ¿rezamos?, ¿rezamos lo suficiente, lo necesario? Tuve que darme la respuesta sobre mi mismo. Al ofrecerles ahora la pregunta mi deseo es que cada uno de Ustedes también pueda responderse desde el fondo del corazón.
La cantidad y calidad de los problemas con que nos enfrentamos cada día nos llevan a la acción: aportar soluciones, idear caminos, construir... Esto nos colma gran parte del día. Somos trabajadores, operarios del Reino y llegamos a la noche cansados por la actividad desplegada. Creo que, con objetividad, podemos afirmar que no somos vagos. En la Arquidiócesis se trabaja mucho. La sucesión de reclamos, la urgencia de los servicios que debemos prestar, nos desgastan y así vamos desovillando nuestra vida en el servicio al Señor en la Iglesia. Por otra parte también sentimos el peso, cuando no la angustia, de una civilización pagana que pregona sus principios y sus sedicentes “valores” con tal desfachatez y seguridad de sí misma que nos hace tambalear en nuestras convicciones, en la constancia apostólica y hasta en nuestra real y concreta fe en el Señor viviente y actuante en medio de la historia de los hombres, en medio de la Iglesia. Al final de día algunas veces solemos llegar maltrechos y, sin darnos cuenta, se nos filtra en el corazón un cierto pesimismo difuso que nos abroquela en “cuarteles de retirada” y nos unge con una psicología de derrotados que nos reduce a un repliegue defensivo. Allí se nos arruga el alma y asoma la pusilanimidad.
Y así, entre el intenso y desgastante trabajo apostólico por un lado y la cultura agresivamente pagana por otro, nuestro corazón se encoge en esa impotencia práctica que nos conduce a una actitud minimalista de sobrevivir en el intento de conservar la fe. Sin embargo no somos tontos y nos damos cuenta de que algo falta en este planteo, que el horizonte se acercó demasiado hasta convertirse en cerco, que algo hace que nuestra agresividad apostólica en la proclamación del Reino quede acotada. ¿No será que pretendemos hacer nosotros solos todas las cosas y nos sentimos desenfocadamente responsables de las soluciones a aportar? Sabemos que solos no podemos. Aquí cabe la pregunta: ¿le damos espacio al Señor? ¿le dejo tiempo en mi jornada para que Él actúe?, ¿o estoy tan ocupado en hacer yo las cosas que no me acuerdo de dejarlo entrar?
Me imagino que el pobre Abraham se asustó mucho cuando Dios le dijo que iba a destruir a Sodoma. Pensó en sus parientes de allí por cierto, pero fue más allá: ¿no cabría la posibilidad de salvar a esa pobre gente? Y comienza el regateo. Pese al santo temor religioso que le producía estar en presencia de Dios, a Abraham se le impuso la responsabilidad. Se sintió responsable. No se queda tranquilo con un pedido, siente que debe interceder para salvar la situación, percibe que ha de luchar con Dios, entrar en una pulseada palmo a palmo. Ya no le interesan sólo sus parientes sino todo ese pueblo... y se juega en la intercesión. Se involucra en ese mano a mano con Dios. Podría haberse quedado tranquilo con su conciencia después del primer intento gozando de la promesa del hijo que se le acababa de hacer (Gen. 18:9) pero sigue y sigue. Quizás inconscientemente ya sienta a ese pueblo pecador como hijo suyo, no sé, pero decide jugarse por él. Su intercesión es corajuda aun a riesgo de irritar al Señor. Es el coraje de la verdadera intercesión.
Varias veces hablé de la parresía, del coraje y fervor en nuestra acción apostólica. La misma actitud ha de darse en la oración: orar con parresía. No quedarnos tranquilos con haber pedido una vez; la intercesión cristiana carga con toda nuestra insistencia hasta el límite. Así oraba David cuando pedía por el hijo moribundo (2 Sam. 12:15-18), así oró Moisés por el pueblo rebelde (Ex. 32:11-14; Num. 4:10-19; Deut. 9:18-20) dejando de lado su comodidad y provecho personal y la posibilidad de convertirse en líder de una gran nación (Ex.32:10): no cambió de “partido”, no negoció a su pueblo sino que la peleó hasta el final. Nuestra conciencia de ser elegidos por el Señor para la consagración o el ministerio nos debe alejar de toda indiferencia, de cualquier comodidad o interés personal en la lucha en favor de ese pueblo del que nos sacaron y al que somos enviados a servir. Como Abraham hemos de regatearle a Dios su salvación con verdadero coraje... y esto cansa como se cansaban los brazos de Moisés cuando oraba en medio de la batalla (cfr. Ex.17:11-13). La intercesión no es para flojos. No rezamos para “cumplir” y quedar bien con nuestra conciencia o para gozar de una armonía interior meramente estética. Cuando oramos estamos luchando por nuestro pueblo. ¿Así oro yo? ¿O me canso, me aburro y procuro no meterme en ese lío y que mis cosas anden tranquilas? ¿Soy como Abraham en el coraje de la intercesión o termino en aquella mezquindad de Jonás lamentándome de una gotera en el techo y no de esos hombres y mujeres “que no saben distinguir el bien del mal” (Jon.4:11), víctimas de una cultura pagana?
En el Evangelio Jesús es claro: “pidan y se les dará”, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” y, para que entendamos bien, nos pone el ejemplo de ese hombre pegado al timbre del vecino a medianoche para que le dé tres panes, sin importarle pasar por maleducado: sólo le interesaba conseguir la comida para su huésped. Y si de inoportunidad se trata miremos a aquella cananea (Mt.15:21-28) que se arriesga a que la saquen corriendo los discípulos (v.23) y a que le digan “perra” (v.27) con tal de lograr lo que quiere: la curación de su hija. Esa mujer sí que sabía pelear corajudamente en la oración.
A esta constancia e insistencia en la oración el Señor promete la certeza del éxito: “Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá”; y nos explica el por qué del éxito: Dios es Padre. “¿Hay entre Ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si Ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos ¿cuánto más el Padre del Cielo dará al Espíritu Santo a aquéllos que se lo pidan!” La promesa del Señor a la confianza y constancia en nuestra oración va mucho más allá de lo que imaginamos: además de lo que pedimos nos dará al Espíritu Santo. Cuando Jesús nos exhorta a orar con insistencia nos lanza al seno mismo de la Trinidad y, a través de su santa humanidad, nos conduce al Padre y promete el Espíritu Santo.
Vuelvo a la imagen de Abraham y a la ciudad que quería salvar. Todos somos conscientes de la dimensión pagana de la cultura que vivimos, una cosmovisión que debilita nuestras certezas y nuestra fe. Diariamente somos testigos del intento de los poderes de este mundo para desterrar al Dios Vivo y suplirlo con los ídolos de moda. Vemos cómo la abundancia de vida que nos ofrece el Padre en la creación y Jesucristo en la redención (cfr.2ª. lectura) es suplida por la justamente llamada “cultura de la muerte”. Constatamos también como se deforma y manipula la imagen de la Iglesia por la desinformación, la difamación y la calumnia y cómo a los pecados y falencias de sus hijos se los ventila con preferencia en los medios de comunicación como prueba de que Ella nada bueno tiene que ofrecer. Para los medios de comunicación la santidad no es noticia, sí –en cambio- el escándalo y el pecado. ¿Quién puede pelear de igual a igual con esto? ¿Alguno de nosotros puede ilusionarse que con medios meramente humanos, con la armadura de Saúl, podrá hacer algo? (cfr.1 Sam.17:38-39).
Cuidado: nuestra lucha no es contra poderes humanos sino contra el poder de las tinieblas (cfr. Ef.6:12). Como pasó con Jesús (cfr. Mt.4:1-11) Satanás buscará seducirnos, desorientarnos, ofrecer “alternativas viables” No podemos darnos el lujo de ser confiados o suficientes. Es verdad, debemos dialogar con todas las personas, pero con la tentación no se dialoga. Allí sólo nos queda refugiarnos en la fuerza de la Palabra de Dios como el Señor en el desierto y recurrir a la mendicidad de la oración: la oración del niño, del pobre y del sencillo; de quien sabiéndose hijo pide auxilio al Padre; la oración del humilde, del pobre sin recursos. Los humildes no tienen nada que perder; más aún, a ellos se le revela el camino (Mt. 11:25-26). Nos hará bien decirnos que no es tiempo de censo, de triunfo y de cosecha, que en nuestra cultura el enemigo sembró cizaña junto al trigo del Señor y que ambos crecen juntos. Es hora no de acostumbrarnos a esto sino de agacharse y recoger las cinco piedras para la honda de David (cfr.1Sam.17:40). Es hora de oración.
A alguno se le podrá ocurrir que este obispo se volvió apocalíptico o le agarró un ataque de maniqueísmo. Lo del Apocalipsis lo aceptaría porque es el libro de la vida cotidiana de la Iglesia y en cada actitud nuestra se va plasmando la escatología. Lo de maniqueo no lo veo porque estoy convencido de que no es tarea nuestra andar separando el trigo de la cizaña (eso lo harán los ángeles el día de la cosecha) sí discernirlos para que no nos confundamos y poder así defender el trigo. Pienso en María ¿cómo viviría las contradicciones cotidianas y como oraría sobre ellas? ¿Qué pasaba por su corazón cuando regresaba de Ain Karim y ya eran evidentes los signos de su maternidad? ¿Qué le iba a decir a José? O ¿cómo hablaría con Dios en el viaje de Nazareth a Belén o en la huída a Egipto, o cuando Simeón y Ana espontáneamente armaron esa liturgia de alabanza, o aquel día en que su hijo se quedó en el Templo, o al pie de la Cruz? Ante estas contradicciones y tantas otras ella oraba y su corazón se fatigaba en la presencia del Padre pidiendo poder leer y entender los signos de los tiempos y poder cuidar el trigo. Hablando de esta actitud Juan Pablo II dice que a María le sobrevenía cierta “peculiar fatiga del corazón” (Redempt. Mater n.17). Esta fatiga de la oración nada tiene que ver con el cansancio y aburrimiento al que me referí más arriba.
Así también podemos decir que la oración, si bien nos da paz y confianza, también nos fatiga el corazón. Se trata de la fatiga de quien no se engaña a sí mismo, de quien maduramente se hace cargo de su responsabilidad pastoral, de quien se sabe minoría en “esta generación perversa y adúltera”, de quien acepta luchar día a día con Dios para que salve a su pueblo. Cabe aquí la pregunta: ¿tengo yo el corazón fatigado en el coraje de la intercesión y –a la vez- siento en medio de tanta lucha la serena paz de alma de quien se mueve en la familiaridad con Dios? Fatiga y paz van juntas en el corazón que ora. ¿Pude experimentar lo que significa tomar en serio y hacerme cargo de tantas situaciones del quehacer pastoral y –mientras hago todo lo humanamente posible para ayudar- intercedo por ellas en la oración? ¿He podido saborear la sencilla experiencia de poder arrojar las preocupaciones en el Señor (cfr. Salmo 54:23) en la oración? Qué bueno sería si lográramos entender y seguir el consejo de San Pablo: “No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús” (Filip. 4:6-7).
Estas son más o menos las cosas que sentí al meditar las tres lecturas de este domingo y también siento que debo compartirlas con Ustedes, con quienes trabajo en el cuidado del pueblo fiel de Dios. Pido al Señor que nos haga más orantes como lo era Él cuando vivía entre nosotros; que nos haga insistentemente pedigüeños ante el Padre. Pido al Espíritu Santo que nos introduzca en el Misterio del Dios Vivo y que ore en nuestros corazones. Tenemos ya el triunfo, como nos lo proclama la segunda lectura. Bien parados allí, afirmados en esta victoria, les pido que sigamos adelante (cfr.Hebr. 10:39) en nuestro trabajo apostólico adentrándonos más y más en esa familiaridad con Dios que vivimos en la oración. Les pido que hagamos crecer la parresía tanto en la acción como en la oración. Hombres y mujeres adultos en Cristo y niños en nuestro abandono. Hombres y mujeres trabajadores hasta el límite y, a la vez, con el corazón fatigado en la oración. Así nos quiere Jesús que nos llamó. Que Él nos conceda la gracia de comprender que nuestro trabajo apostólico, nuestras dificultades, nuestras luchas no son cosas meramente humanas que comienzan y terminan en nosotros. No se trata de una pelea nuestra sino que es “guerra de Dios” (2 Cron. 20:15); y esto nos mueva a dar diariamente más tiempo a la oración.
Y, por favor, no dejen de rezar por mí pues lo necesito. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Afectuosa y fraternalmente,
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Carta a los catequistas
Dec 07, 2007
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a los catequistas (21 de agosto de 2007).
“El llama a cada una por su nombre,
y las hace salir...”
(Jn 10, 3)
Queridos Catequistas:
Como todos los años la Fiesta de San Pío X es ocasión para que juntos demos gracias a Dios por este hermoso ministerio eclesial en el que la Palabra se vuelve comprensible y significativa para la vida de tantos niños, jóvenes y adultos. Lo hago en el marco siempre actual del camino que estamos recorriendo como Iglesia diocesana en estado de asamblea, a fin de encontrar las actitudes propias que hagan posible una evangelización orientada hacia las periferias para que todos y no simplemente algunos tengan vida en plenitud.
Les escribo consciente de las enormes dificultades que presenta la tarea de ustedes. La transmisión de la fe nunca ha sido labor sencilla pero en estos tiempos de cambios epocales el desafío todavía es mayor: “... Nuestras tradiciones culturales ya no se transmiten de una generación a otra con la misma fluidez que en el pasado. Ello afecta, incluso, a ese núcleo más profundo de cada cultura, constituido por la experiencia religiosa, que resulta ahora igualmente difícil de transmitir a través de la educación y de la belleza de las expresiones culturales, alcanzando aun hasta la misma familia que, como lugar del diálogo y de la solidaridad intergeneracional, había sido uno de los vehículos más importantes de la transmisión de la fe” (Aparecida, 39). De ahí que necesitamos “...recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido” (Aparecida, 41). Sólo poniendo la mirada en el Señor podremos cumplir su misión y adoptar sus actitudes.
Uno de los aportes más lúcidos de la reciente Asamblea de Aparecida ha sido tomar conciencia de que quizás el peligro mayor de la Iglesia no haya que buscarlo afuera sino dentro mismo de sus hijos; en la eterna y sutil tentación del abroquelamiento y encierro para estar protegidos y seguros:
La Iglesia“... no puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu.
No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”(1). A todos nos toca “recomenzar desde Cristo”(2), reconociendo que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”(3). (Aparecida, 11-12)
Este centrarnos en Cristo paradójicamente nos tiene que descentralizar. Porque donde hay verdadera vida en Cristo hay salida en nombre de Cristo. ¡Esto es auténticamente recomenzar en Cristo! Es reconocernos llamados por Él a estar con Él, a ser sus discípulos pero para experimentar la gracia del envío, para salir a anunciar, para ir al encuentro del otro (Cf. Mc 3, 14). Recomenzar desde Cristo es mirar al Maestro Bueno que nos invita a salirnos de nuestro camino habitual para hacer de lo que acontece junto al camino, al borde, en la periferia, experiencia de projimidad y verdadero encuentro con el amor que nos hace libres y plenos.
Recuerdo lo que compartía con ustedes en el uno de los primeros EAC, hace muchos años atrás: “...Una cosa que hay que tener en cuenta para orientar la catequesis es que lo recibido debe ser anunciado (cf.1 Cor, 15:3). El corazón del catequista se somete a este doble movimiento: centrípeto y centrífugo (recibir y dar). Centrípeto en cuanto "recibe" el kerigma como don, lo acoge en el centro de su corazón. Centrífugo, en cuanto lo anuncia con una necesidad existencial (”ay de mí si no evangelizo"). El regalo del kerigma es misionante: en esta tensión se mueve el corazón del catequista. Se trata de un corazón eclesial que "escucha religiosamente la Palabra de Dios y la proclama con coraje" (VAT II, Dei Verbum),3.
Permítanme que insista sobre esto con ustedes quienes, por ser catequistas, por acompañar el proceso de crecimiento de la fe, por estar comprometidos en la enseñanza, puede el “tentador” hacerles creer que su ámbito de acción se reduce a lo intraeclesial, y los lleve a estar demasiado en torno al templo y al atrio. Eso suele acontecer... Cuando nuestras palabras, nuestro horizonte, tienen la perspectiva del encierro y del pequeño mundo, no ha de asombrarnos que nuestra catequesis pierda la fuerza del Kerigma y se trasforme en enseñanza insípida de doctrina, en transmisión frustrante de normas morales, en experiencia agotadora de estar sembrando inutilmente.
Por eso, “recomenzar desde Cristo” es concretamente imitar al Maestro Bueno, al único que tiene Palabra de Vida Eterna y salir una y mil veces a los caminos, en busca de la persona en sus más diversas situaciones.
“Recomenzar desde Cristo” es mirar al Maestro Bueno; al que supo diferenciarse de los rabinos de su tiempo porque su enseñanza y su ministerio no quedaban localizados en la explanada del templo sino que fue capaz de “hacerse camino”, porque salió al encuentro de la vida de su pueblo para hacerlos partícipes de las primicias del Reino. (Lc 9, 57, 62).
“Recomenzar desde Cristo” es cuidar la oración en medio de una cultura agresivamente pagana, para que el alma no se arrugue, el corazón no pierda su calor y la acción no se deje invadir por la pusilanimidad.
“Recomenzar desde Cristo” es sentirse interpelados por su palabra, por su envío y no ceder a la tentación minimalista de contentarse con sólo conservar la fe, y darse por satisfecho de que alguno siga viniendo a la catequesis.
“Recomenzar desde Cristo” entraña emprender continuamente la peregrinación hacia la periferia. Como Abraham, modelo del peregrino incansable, lleno de libertad, sin miedo, porque confiaba en Señor. Él era su fuerza y su seguridad, por eso supo no detenerse en su caminar, porque lo hacía en la presencia del Señor (Cf. Gn 17, 1).
Además en la vida de todo cristiano de todo discípulo, de todo catequista, no falta la experiencia del desierto, de la purificación interior, de la noche oscura, de la obediencia de la fe, como la que vivió nuestro padre Abraham. Pero ahí también está la raíz del discipulado. Los cansancios del camino no pueden acobardar y detener nuestros pasos porque equivaldría a paralizar la vida. Recomenzar desde Cristo es dejarse desinstalar para no aferrarse a lo ya adquirido, a lo seguro, a lo de siempre. Y porque sólo en Dios descansa mi alma, por eso salgo al encuentro de las almas.
“Recomenzar desde Cristo” supone no tenerle miedo a la periferia. Aprendamos de Jonás a quien hemos mirado en más de una oportunidad en este año. Su figura es paradigmática en este tiempo de tantos cambios e incertidumbre. Es un hombre piadoso, que tiene una vida tranquila y ordenada. Pero justamente, como a veces este tipo de espiritualidad puede traernos tanto orden, tanta claridad en el modo de vivir la religión, lo lleva a encuadrar rígidamente los lugares de su misión, a dejarse tentar por la seguridad de lo que “siempre se había hecho”. Y para el asustadizo Jonás el envío a Nínive trajo crisis, desconcierto, miedo. Resultaba una invitación a asomarse a lo desconocido, a lo que no tiene respuesta, a la periferia de su mundo eclesial. Y por eso el discípulo quiso escapar de la misión, prefirió huir...
Las huidas no son buenas. Muchas esconden traiciones, renuncias. Y suelen tener semblantes tristes y conversaciones amargas (Cf. Lc 24, 17-18). En la vida de todo cristiano, de todo discípulo, de todo catequista tendrá que estar el animarse a la periferia, el salir de sus esquemas; de lo contrario no podrá hoy ser testigo del Maestro; es más, seguramente se convertirá en piedra y escándalo para los demás (Cf. Mt 16,23).
“Recomenzar desde Cristo” es tener en todo momento la experiencia de que Él es nuestro único pastor, nuestro único centro. Por eso centrarnos en Cristo significa “salir con Cristo”. Y así, nuestra salida a la periferia no será alejarnos del centro, sino permanecer en la vid y dar de esta manera verdadero fruto en su amor (Jn 15, 4). La paradoja cristiana exige que el itinerario del corazón del discípulo necesite salir para poder permanecer, cambiar para poder ser fiel.
Por ello, desde aquella bendita madrugada del domingo de la historia, resuenan en el tiempo y el espacio las palabras del ángel que acompaña el anuncio de la resurrección: “Vayan, digan a sus discípulos y a Pedro, que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán” (Mc 16, 7). El Maestro siempre nos precede, Él va adelante (Lc 19,28) y, por eso, nos pone en camino, nos enseña a no quedarnos quietos, Si hay algo más opuesto al acontecimiento pascual es el decir: «estamos aquí, que vengan». El verdadero discípulo sabe y cuida un mandato que le da identidad, sentido y belleza a su creer: “Vayan...” (Mt, 28,19). Entonces sí el anuncio será kerygma; la religión, vida plena; el discípulo, auténtico cristiano.
Sin embargo la tentación del encierro, del miedo paralizante acompañó también los primeros pasos de los seguidores de Jesús: “... estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos por temor...” (Jn 20, 19-20). Hoy como ayer podemos tener miedo. Hoy también muchas veces estamos con las puertas cerradas. Reconozcamos que estamos en deuda.
Hoy, al darte gracias por toda tu entrega, querido catequista, me animo una vez más a pedirte: salí, dejá la cueva, abrí puertas, animate a transitar caminos nuevos. La fidelidad no es repetición. Buenos Aires necesita que no dejes de pedir al Señor la creatividad y audacia para atravesar murallas y esquemas que posibiliten, como en aquella gesta de Pablo y Bernabé, la alegría de muchos hermanos (Cf. Hc 15.3).
Te invito a que una vez más volvamos nuestra mirada y oración a la Virgen de Luján. Pidámosle que transforme nuestro corazón vacilante y temeroso para que como San Pablo hagamos realidad una Iglesia fiel, que conoce de heridas, peligros y sufrimientos por haber descubierto que, cuando el amor nos apremia, todo es poco para que suene en la periferia la Buena Noticia de Jesús (Cf. 2 Co 11,26).
Te pido, por favor, que reces por mí para que sea un buen catequista. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Afectuosamente,
Notas:
(1) RATZINGER, J., Situación actual de la fe y la teología, Conferencia pronunciada en el encuentro de Presidentes de Comisiones Episcopales de América Latina para la Doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara, México (1996), Publicado en L’Osservatore Romano, el 1 de noviembre de 1996.
(2) Cf. NMI 28-29.
(3) DCE 1.
Buenos Aires, 21 de agosto de 2007
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Fiesta de san Cayetano
Dec 07, 2007
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires en la Fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2007).
Ez. 37: 1-14; Jn. 21: 4-14
1. A San Cayetano, como familia le pedimos paz, reconocimiento de nuestra dignidad y trabajo… En el centro del lema de este año se encuentra la palabra “dignidad”. La pronunciamos con veneración y respeto porque es una palabra hermosa y de valor absoluto. Los huesos secos que Dios hace revivir con su Espíritu son una hermosa imagen de la dignidad; y cuando nosotros mismos reconocemos nuestra dignidad es como que renacemos. Basta reconocerle a alguien su dignidad para que reviva, si está caído. Eso es lo que hacía y hace Jesús con cada persona, especialmente con los pecadores y también con los excluidos de la sociedad: los miraba de tal manera que se sentían reconocidos en su dignidad y se convertían, se sanaban, quedaban incluidos y se transformaban en sus discípulos. Como ellos:
“Los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido. Necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su seguimiento, la dignidad y plenitud de la vida” (Aparecida 41).
2. Si un hombre o un pueblo cuida y cultiva su dignidad, todo lo que le acontece, todo lo que hace y produce, incluso todo lo que padece y sufre, tiene sentido. En cambio cuando una persona o un pueblo vende su dignidad, o la negocia, o permite que sea menoscabada, todo lo demás pierde consistencia, deja de tener valor. La dignidad se dice de las cosas absolutas porque dignidad significa que alguien o algo es valioso por sí mismo, más allá de sus funciones o de su utilidad para otras cosas. De allí que hablemos de la dignidad de la persona, de cada persona, más allá de que su vida física sea apenas un frágil comienzo o esté a punto de apagarse como una velita. Por eso hablamos de la dignidad de la persona en todas las etapas y dimensiones de su vida. La persona, cuánto más frágiles y vulnerables sean sus condiciones de vida, es más digna de ser reconocida como valiosa. Y ha de ser ayudada, querida, defendida y promovida en su dignidad. Y esto no se negocia.
La dignidad de tener un valor absoluto como personas nos la dio Dios junto con la vida misma. Por eso no le pedimos que nos dé dignidad –ya hemos sido hechos dignos por la Sangre de Cristo- sino que “Bendecimos a Dios porque nos creó a su imagen y semejanza” y nos hizo hijos en su Hijo. Y le pedimos, eso sí, la gracia de que este Don se convierta en Tarea: la tarea de todos de “proteger, cultivar y promover la dignidad que nuestro Padre nos regaló” (cfr. Aparecida 104).
3. La dignidad de la persona es lo mismo que su vida plena: por eso la sentimos tan unida a la familia, a la paz y al trabajo.
La familia es condición necesaria para que una persona tome conciencia y valore su dignidad: en nuestra familia se nos trajo a la vida, se nos aceptó como valiosos por nosotros mismos, en la familia se nos quiere como somos, se valora nuestra felicidad y vocación personal más allá de todo interés. Sin la familia, que reconoce la dignidad de la persona por sí misma, la sociedad no logra “percibir” este valor en las situaciones límites. Sólo una mamá y un papá pueden decir con alegría, con orgullo y responsabilidad: vamos a ser padres, hemos concebido a nuestro hijo. La ciencia mira esto como desde afuera y hace disquisiciones acerca de la persona que no parten del centro: de su dignidad. La mirada cristiana, en cambio, mira el corazón de las cosas.
4. La paz también hace a la dignidad, porque supone que la unidad es superior al conflicto. Mantenerse en paz y mantener la paz en medio de las situaciones tensas y problemáticas de la vida significa apostar a las personas por sobre las situaciones y las cosas. Sólo quien reconoce la infinita dignidad del otro es capaz de dar la vida en vez de quitarla. Ése es el evangelio de Jesús, la buena noticia de la dignidad humana. Tan valiosos somos a los ojos de Dios que fue capaz de enviarnos a su Hijo y que diera su vida a cambio de la nuestra. Por eso bendecimos a Dios:
“Lo bendecimos por hacernos hijas e hijos suyos en Cristo, por habernos redimido con el precio de su sangre y por la relación permanente que establece con nosotros, que es fuente de nuestra dignidad absoluta, innegociable e inviolable. Si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en el hombre y ha herido su condición, la buena nueva, que es Cristo lo ha redimido y restablecido en la gracia (cf. Rm 5, 12-21)” (Aparecida 104).
[Diálogo con los fieles]
5. El trabajo, como afirma Juan Pablo II, “garantiza la dignidad y la libertad del hombre”, y por eso es “la clave esencial de toda la cuestión social” (Laborem Excercens 3). El trabajo es lo que nos permite realizarnos como personas y ganarnos la vida, mantenernos dignamente y mantener a nuestra familia. Cuando una sociedad basa el reparto de los bienes no en el trabajo sino en la dádiva o en los privilegios pierde el sentido de su dignidad y rápidamente se vuelve injusta la distribución de los bienes, y las personas en vez de ser dignas, son transformadas en esclavos o en clientes.
6. El evangelio que acabamos de escuchar es una escena de trabajo. De trabajo conjunto entre Jesús y los apóstoles. Esta aparición del Señor resucitado acontece en ambiente de trabajo. Así, sin decirlo, el Señor dignifica el mundo del trabajo, haciéndose presente y colaborando con sus amigos, compartiendo la pesca y el pan con ellos.
La escena es reconfortante. Nos habla de un grupo de amigos que, habiendo experimentado la más alta dignidad a que puede aspirar el ser humano -ser discípulos de Cristo, el Camino verdadero que nos lleva a la vida-, vuelven a meterse en el mundo cotidiano del trabajo, en el lago de Tiberíades donde el Señor los llamó y en medio del cual navegó con ellos en sus barcas.
El evangelio nos habla también de la fatiga del trabajo, del sudor y los disgustos cuando los esfuerzos parecen estériles, nos habla del compañerismo que se gesta en esos momentos de dureza compartida.
La intuición de hacerle caso a esa voz amiga que les dice dónde echar las redes y esa mirada que sabe reconocer al Señor como el Valioso y Digno de amor y seguimiento incondicional, en medio de la pesca milagrosa, nos hablan también de qué es lo que estos pescadores habían aprendido a valorar junto al Maestro. La persona de Jesús por encima de todas las cosas es lo que los une y motiva. Y tanto en el trabajo como en la comida fraterna que goza de sus frutos, los ojos de los discípulos están fijos en Jesús el “Cristo, Señor de la vida, en quien se realiza la más alta dignidad de nuestra vocación humana” (Aparecida 43).
En la imagen de San Cayetano, en la mirada que se cruzan el Niño y el Santo, vemos expresados los valores acerca de los cuales hoy hemos reflexionado: el cariño de familia, la espiga en las manos del Niño, fruto del trabajo, la paz del amor que ambos se demuestran. Como pueblo fiel de Dios nos sentimos representados en esta imagen bendita. También nosotros, como nuestro Santo Patrono, queremos tener a Jesús en nuestros brazos, queremos reconocerlo y que nos reconozca, queremos que él tenga en sus manos la espiga, el fruto de nuestros trabajos. Y en esto de tener a Jesús en brazos, le pedimos a nuestra Madre que nos enseñe y ayude a tenerlo bien y a no soltarnos de su mano. A Ella, que “ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra común condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante nuestras diferencias” (Aparecida 37), le pedimos que con San Cayetano, como familia, nos conceda de su Hijo paz, reconocimiento de nuestra dignidad y trabajo.
Buenos Aires, 7 de agosto de 2007
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
San Ramón Nonato
Dec 06, 2007
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la misa en honor del santo protector de las embarazadas, San Ramón Nonato (31 de agosto de 2007).
Jesús guiaba y vio que la gente que estaba invitada a la fiesta, en cuanto se abrió la puerta del salón, a los codazos entraba para ver quién ocupaba el mejor lugar. Y Jesús se entristece por eso. Por eso: que quien aparentaba, que quieren ocupar el primer lugar, que quieren estar por sobre los demás, que se sienten más importantes que los demás. Entonces Jesús hace esta reflexión que acabamos de escuchar; y pensaban acá los padres de la Parroquia una cosa muy linda que me gustó: “Todos somos invitados a éste banquete de la vida.” Dios nos invita a la Vida: nos trajo acá, nos ha invitado. Ninguno de nosotros somos los dueños de la casa de la Vida, nadie tiene la llave y Él nos invita porque Él es la Vida. Él nos hace participar de su grandeza, de su belleza, de su bondad, de su Verdad que es la Vida.
Todos somos invitados. Por eso si alguna vez alguno de nosotros se cree dueño de la Vida ahí perdió, se equivocó. No sos dueño: sos un invitado. Estás porque te invitaron a estar y cuando a uno lo invitan a un lugar tiene que saber que está invitado, que no es el dueño de casa. Está invitado. El dueño de casa es el Señor; el autor de la Vida que nos ha venido a invitar a todos; o sea, no creernos dueños y tampoco andar acaparando lugares. Todo es de nosotros porque todos… todos…somos invitados; desde el más grande al más pequeño, el que tiene más sabiduría al que tiene menos, el que tiene más dinero al que tiene menos, el que tiene más poder al que tiene menos… Todos somos invitados.
A todos se nos da eso tan lindo que es la Vida, el gozo de vivir, el gozo de poder cantar, hablar, pensar, gozar, sufrir también. Es un regalo. Todos somos invitados. Y la primera lectura, esa frase que le dice Dios a través de la Biblia a aquellas personas que por ahí la vida los ha hecho mas ricos o mas poderosos: “Cuanto más grande seas más humilde tenés que ser.” Porqué dice esto? Porque el poder, el dinero, las alturas son como la ginebra en ayunas… A ver abuelo, abuela: ¿tomó ginebra en ayunas? Y van a ver como todo le empieza a dar vueltas, no??… Es decir, marean. Las alturas marean. Entonces, cuanto mas grande seas, cuanto mas poder, mas dinero, lo que sea tengas, mas humilde tenés que ser para que no te marees porque el que está mareado dice pavadas, dice cosas que no están en su sitio. Cuanto más grande seas más humilde tenés que ser.
Y lo otro que dice a aquellos que se creen dueños de la vida, aquellos que se creen los que tienen que ocupar el mejor lugar dice: “Gran mal es el del orgulloso.” No tiene remedio. El orgullo es una raíz mala que prendió en el corazón. Las dos cosas, no es cierto?. Tenés que ser humilde porque sos un invitado a la vida, no sos el dueño de la vida, no podés acaparar los lugares como estos invitados querían acaparar los mejores lugares; y tené cuidado del orgullo: no te creas mejor que nadie porque el orgullo es una raíz mala que se mete en el corazón. Y fíjense leyendo los diarios, escuchando la radio, viendo la televisión que aquellos que se sienten dueños de la vida, aquellos que dicen: “Yo hago lo que quiero en la vida”, los dueños… Todos son orgullosos. Ningún humilde se cree dueño de la vida. En cambio, algunos vemos a esas personas que dedican toda su existencia a trabajar por la vida, por la vida de los demás, las abuelas que tejen los escarpines de nietos o tataranietos que van a venir, no?? Que ustedes por ahí no conocen, de estos tantos chicos que acá están esperando las mamás los escarpincitos que les vamos a dar… Ustedes se sienten con sencillez… Con humildad dando la vida… Es la sencillez, la humildad de aquellos que se sienten invitados.
Desde ya el Evangelio es muy sencillo. Acordémonos de la fotografía que nos pone el Evangelio, esa fotografía de entrada, la entrada al salón del banquete y a los codazos para ver quién ocupa el mejor lugar. Ellos son orgullosos, los que quieren el mejor pedazo de la vida, los que se creen dueños de la vida, que pueden decir: “Este vive, éste no vive…” Son orgullosos. Y Jesús nos dice: “Vos no sos dueño de la vida, ni sos un acaparador de los lugares de la vida.” Sos uno mas en el camino de los que estamos andando en la vida, sé humilde y si la vida te pone en un lugar donde aparecés un poquito mas arriba de los demás por dinero, por poder, por trabajo, por lo que sea… sé más humilde todavía para que no te prenda el orgullo, eso que hace que la gente viva con la nariz parada. No vieron esa gente que mira por sobre el hombro?? Que como aquel fariseo del Evangelio entró a la Iglesia y se puso aquí adelante, bien delante de todo. Empezó a mirarlo a Dios y con las manos en alto para que lo oyera todo el mundo decía: “Te doy gracias Señor porque no soy como los demás”, y ahí nos señalaba a todos nosotros que estábamos detrás. Ese hombre era un invitado a la vida?? Se creía dueño, no podía convivir con nadie porque despreciaba a todos los demás; los que se creen dueños de la vida no pueden convivir en la sociedad, no saben… tienen que pisar, siempre pisar a otro. Imagínense una señora cualquiera que cuando está en su casa dice “Bueno, yo le tengo que dar gracias a Dios porque no soy como fulana, mengana, sultana” Nooo! Nooo… Está mal eso!. Nunca se crean superiores al otro. Para convivir, todos somos invitados, todos somos iguales.
Padre: Y cómo sé yo que me estoy comportando como un invitado a la Vida y no como un dueño de la Vida? Mirá: hay tres palabras. Tres palabras que dice el que se siente invitado a la vida, que se siente humilde. "Permiso", "Por favor" la primer palabra. Nunca viene de prepo. Yo en mi vida, en mi actitud, pido por favor las cosas? Pido con permiso las cosas? O soy un prepotente? Un orgulloso? La segunda palabra: "Gracias". Vieron que hay gente que nunca agradece? Se creen los dueños de todo. No tienen gratitud en el alma. Y la gratitud es una flor que sólo prende en los corazones nobles. Y la tercera palabra que es tan difícil decir… "Perdón". Porque todos metemos la pata… todos tenemos fallas, entonces cuando descubrimos que hemos metido la pata…. "Perdón".
"PERMISO…POR FAVOR…GRACIAS…PERDON". Una persona que desde el corazón vive diciendo esas palabras, esa persona nunca se siente dueño de la vida, se siente un invitado. Permiso para entrar a la vida, para estar en la vida; gracias por el don de la vida; y perdón por las veces que no estuve a la altura de la vida…. Eso es vivir con humildad; y esa es la humildad que Jesús nos enseñó, que siendo Dios quiso vivir como nosotros, siendo grande se hizo pequeño, siendo rico se hizo pobre.
Vamos a pedir a San Ramón hoy, la gracia de que sepamos convivir en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la sociedad, como invitados al banquete de la vida. Que nunca nos creamos los dueños; que nunca andemos prepoteando para ocupar un lugar y que vivamos con el corazón, como cantando, como diciendo esas tres palabras: "PERMISO, POR FAVOR, GRACIAS, PERDÓN."
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Discurso en la Sinagoga Bnei Tikvá Slijot
Dec 06, 2007
Discurso de del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la Sinagoga Bnei Tikvá Slijot (8 de setiembre de 2007).
1. “El Señor dijo a Abram: Deja tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te mostraré" '" y "Abram partió, como el Señor se lo había ordenado" (Gén. 12: 1 -3). Así comenzó el camino de la promesa ... y siguió durante siglos a través de pueblos, ciudades, naciones y desiertos. El camino de un hombre elegido que dejó que el Señor le escribiera la historia e hiciera de él una gran nación (cfr.' Gén. 12:2), un pueblo; el camino de un hombre y un pueblo que, sabiéndose elegidos, iban en pos de una promesa e hicieron alianza con su Dios. "Camina en mi presencia y sé irreprochable" (Gén. 17:1) fue el mandato. Caminar bajo la mirada del Señor, en su presencia, con la voluntad de cumplir su mandato.
2. Hoy, aquí en esta Sinagoga, tomamos nuevamente conciencia de ser pueblo en camino y nos ponemos en presencia de Dios. Es un alto en el andar para mirarlo a Él y dejamos mirar por Él; para examinar nuestro corazón en Su presencia y preguntar si caminamos siendo irreprochables. También yo lo hago, como caminante, junto a Ustedes mis hermanos mayores. La interpelación que nos hacemos es doble: ¿Camino en presencia de Dios? ¿Qué tengo que reprocharme? Son muchas las maneras de no caminar o no querer caminar, o de hacerlo no en la presencia de Dios, es decir idolátricamente ... aquel "andar rengueando de las dos piernas" (lRey. 18:26) que el profeta Elías echaba en cara a su pueblo. Y, en este rengueo, ¡Cuántas cosas nos hacen reprochables a los ojos del Señor! Nos detenemos un instante y nos examinamos. Esto entraña un juicio. Le pedimos al Señor que nos mire, que diga su palabra acerca de mi andar o mi estarme quedo, acerca de si .estoy habitualmente en .su presencia pretendo esconderme como Adán (cfr: Gén. 3:8), acerca de lo reprochable de mi vivir cotidiano ... Y nos dejamos mirar por Él.
3. Esa mirada hará su juicio y nos hará sentir en el corazón cómo hemos andado, qué tipo de renguera es la nuestra, cuáles son y cómo se llaman nuestros baales…. ésos que debemos destruir o, mejor dicho, pedirle a Él que los destruya porque solos no podemos. Siempre someterse a un juicio acarrea temor. El corazón comienza a preguntarse. ¿Cómo es el Señor? ¿me castigará mucho? Aquí podemos equivocamos y confundirlo con Un Dios cruel, un ídolo a la medida de nuestros sentimientos mezquinos o egoístas. Pero, así y todo, la pregunta es válida: ¿Cómo es Dios ante el que ahora me pongo en presencia abriendo mi corazón y la conciencia de mis propias miserias?
4. “El Señor es un Dios compasivo, lento para enojarse y pródigo en amor y fidelidad” (Ex. 34: 6), así se le manifiesta a Moisés que cae de rodillas y se postra. Se trata de la manifestación de su bondad, de su fidelidad. El Señor ante quien estamos hoy es fundamentalmente fiel. Tal fidelidad, que es firmeza, nos sostiene, nos da consistencia y -un en medio de nuestros pecados- nos ofrece confianza porque el amor de Dios es un amor invariable que permanece firme siempre incluso cuando las personas se muestran indignas de tal amor. Esta fidelidad está unida a la Alianza es la garantía que tiene el pueblo de que Él cumplirá todo lo prometido: “El Señor se acuerda siempre de su alianza, de lo que pactó con Abraham, del juramento que hizo a Isaac” (Salm. 105:8-9; ICor. 16: 15-16). Sin embargo no se trata de una fidelidad externa puramente legal, del mero mantener la palabra empeñada .... No. La fidelidad del Señor es entrañable, es su modo de ser más hondo. Isaías nos lo señala bellamente: “Sión decía: “El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí” ¿Se olvida una madre de su criatura? ¿No se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré" (Is. 49: 14-15; cfr. Salmo 27:10) Su fidelidad es ternura.
5. Por ello, al ponemos hoy en la presencia de Dios, al sometemos a su juicio, lo hacemos confiados en ese Señor de honda ternura, que es fiel y se nos presenta como el que “te amé con un amor eterno y por eso te atraje con fidelidad" (Jerem. 31: 3) oo. Sí, el Señor nos atrae hacia sí con fidelidad, “con lazos de amor” (Oseas, 11: 4). Sólo nos pide que nos dejemos tomar en brazos por Él, que dejemos que Él nos enseñe a caminar (cfr. Oseas 11:3); nos pide que reconozcamos que Él es nuestro Dios, "es el verdadero Dios, el Dios fiel, que a lo largo de mil generaciones, mantiene su alianza y su fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos (DL 7 :9).
6. “Camina en mi presencia y sé irreprochable" (Gen. 17: 1). Ése es el mandato. Hoy seguramente encontraremos cosas que reprocharnos y situaciones en las que no hemos caminado en su presencia. Se nos pide lealtad para reconocerlas, para aceptar que eso es así, pero fundamentalmente se nos pide que toda esa falencia, esa mezquindad, ese pecado no lo escondamos en la inmanencia oscura de la culpa sino lo pongamos ante la mirada del Dios fiel, de ese Señor que es perdonador y paciente. Y esto lo hagamos con coraje y confianza sabiendo que Su fidelidad conlleva una infinita ternura, conscientes de que es Él quien nos invita a acercamos para derramar esa fidelidad-ternura en abundante misericordia: "Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la como la nieve: nos promete; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana" (Is. 1: 18). Que así sea.
Buenos Aires, 8 de septiembre de 2007
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Homilía en la Misa de Apertura de la 94ª Asamblea Plenaria
Dec 06, 2007
Rom. 11: 29-36; Lc. 14: 1,12-14.
1. La primera lectura comienza con una afirmación contundente, un
verdadero dogma de fe, “los dones y el llamado de Dios son irrevocables” (v.29), afirmación que nos adentra en lo íntimo del ser de Dios: su firmeza que es fidelidad aun en medio de nuestros vaivenes, debilidades y pecados: “si somos infieles él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo” (2 Tim. 2: 13). Dios fiel en el amor, Dios fiel en la promesa. Esta fidelidad, en el texto que acabamos de escuchar, se expresa en términos de misericordia. En sólo 3 versículos repite cuatro veces la palabra y la coloca en medio del conflictivo comportarse humano ante la promesa de Dios. Para demostrar su profundo ser fiel Dios actúa con misericordia, en misericordia.
2. La misericordia de Dios no puede concebirse como un atributo más de su comportamiento para con nosotros sino que constituye el ámbito mismo de su encuentro con cada uno, con todos nosotros, con su pueblo. Es el modo más genuino en que se expresa su fidelidad y la mayor manifestación de su poder, como nos lo recuerda la Iglesia: “Dios, que manifiestas tu poder sobre todo en la misericordia y el perdón”[1], un poder aun más
grande que el de la creación porque esa misericordia lo llevará a
hacerse creatura a sí mismo, al abajamiento y anonadamiento máximo, (cfr. Filip. 2: 6-11), para dar lugar al encuentro de amor con su pueblo, con cada uno de sus hijos.
3. No resulta fácil comprender en teoría en qué consista tal fidelidad amorosa que se expresa en misericordia, este “designio misericordioso” (Ef. 1:9); más aún: es imposible “¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor?” (Rom.11:33). No podremos entenderla con la fortaleza de nuestro entendimiento. Sólo se la puede contemplar en la flaqueza de la carne,
porque esta fidelidad amorosa precisamente es venida en carne para poder aflorar en misericordia. “No presuman de ustedes mismos” Se nos dice unos versículos más arriba (v. 25). A la misericordia más que entenderla se la encuentra desde nuestra propia nada, nuestras miserias, nuestros pecados. Pablo es elocuente al respecto: “Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia...” (Tim. 1: 12-13). Desde su hedionda bajeza siente que es tratado con misericordia, se siente acariciado por la fidelidad de Dios
que lo busca, lo espera y hace fiesta en su encuentro.
4. Sí, en el evangelio Dios se manifiesta haciendo fiesta precisamente en el encuentro con lo que estaba perdido, apartado, con aquel que se había autoexcluído: la oveja, la dracma, el hijo (cfr. Lc. 15). Allí es él mismo, desde su corazón fiel, quien organiza el festejo en la figura del hombre que abre un vinito para festejar con sus amigos el encuentro de la oveja, en la figura de la señora que llama a las vecinas, no para sacarle el cuero a la ausente, sino para contarles que –después de revolver la casa- encontró la moneda, en la figura del padre que a su hijo “lo vio venir de lejos” precisamente porque a cada rato se subía a la terraza a esperarlo, ese padre que con un abrazo le hace callar el libreto con que el hijo venía preparado: nada de palabras, sólo la ternura y la fiesta de Dios. Cuando Pablo nos dice “fui tratado con misericordia” se refiere a todo este desborde de amor y fidelidad festivos que se dan en el encuentro del Señor con nuestro pecado. El corazón de María entiende esto y proclama la grandeza de la fidelidad de Dios que “miró con bondad la pequeñez de su servidora” (Lc. 1: 48). La que no supo de pecado se hace muy pequeña y con candor de niño escudriña el misterio y nos anuncia que “Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen” (Lc. 1:50).
5. En la oración mencionada más arriba la Iglesia proclama que Dios manifiesta su poder más en el perdón y la misericordia que en la creación. La Biblia nos dice que en la creación Dios nos amasó con sus manos desde el barro de la tierra; en el perdón –en cambio- nos amasa desde el barro de nuestros pecados y lo hace con su corazón fiel al amor que no puede desdecirse porque precisamente tiene hipotecado su corazón en la fidelidad. Se manifiesta más poderoso en redimir que en crear. En su perdón podemos atisbar otro aspecto de su misericordia que no siempre tenemos en cuenta: su paciencia. Como al hijo de la parábola Dios nos espera con paciencia renovadamente cotidiana . Y es también San Pablo quien nos revela este misterio: “Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia...” (1 Tim. 15: 15-16). La paciencia de Dios esperando el encuentro, atrayéndonos “con lazos de amor” (Os. 11:4), amasando nuestro ser desde el barro de nuestros pecados, dándonos forma y nombre desde allí con la fuerza de su misericordia: creándonos de nuevo y, si es permitido forzar el idioma, misericordiándonos (miserando).
6. Así, misericordiando, miró el Señor a Mateo, a Zaqueo, al leproso, al ciego, al paralítico de la piscina (38 años lo esperó con paciencia), a la Samaritana, a Pedro después de la triple negación. Así es la misericordia de Dios que se hace paciencia, se hace carne en Cristo y en él se manifiesta finalmente en mansedumbre, pues el idioma eminentemente pastoral de la misericordia y la paciencia de Dios es la mansedumbre.
7. Durante estos días tendremos ratos de diálogo y ratos de oración; buscaremos la Voluntad de Dios para nuestro actuar como pastores. Pienso que nos hará bien a nosotros, obispos pecadores, adentrarnos en este misterio de la fidelidad divina; nos hará bien confesar al Padre nuestra propia debilidad, pecado, miserias y –desde allí- atisbar el derroche creador de su misericordia (cfr. Ef. 1: 7-8), los siglos de paciencia condensados sobre cada uno de nosotros. Nos hará bien dejarnos amasar, re-formar, por su misericordia; dejarnos “misericordiar” por su ternura fiel. Nos hará bien cargar nuestros ojos de contemplación ante la mansedumbre silenciosa de su Hijo en medio de la burla, la
desinformación, el ultraje y la calumnia (cfr. Mt. 26:63; Mc. 15:16; Lc. 23:9; Ju. 19:8). La imagen del “Señor de la Paciencia” conlleva en sí toda la misericordia divina y se hace mansedumbre pastoral para con nosotros y –en nosotros- para con nuestros fieles. Que en la contemplación de este “Señor de la Paciencia” comprendamos qué significa “Misericordia quiero y no sacrificio” (Os. 6: 6) y nos animemos a que todo nuestro pastoreo episcopal encarne un “cantar eternamente las misericordias del Señor” (Sal. 89:1).
Pilar, 5 de noviembre de 2007.
Jorge Mario Bergoglio s.j.
[1] Deus, qui omnipotentiam tuam parcendo máxime et miserando
manifestas (colecta del domingo 26 per annum).
El grave estado de salud del Cardenal Bergoglio
Nov 29, 2007
El religioso se encuentra en una silla de ruedas desde que se ve aquejado por un pinzamiento lumbar. Las explicaciones del Arzobispado.
(infobae.com, 29 de noviembre) En exclusiva, C5N dio a conocer que el religioso se encuentra en silla de ruedas, muy dolorido, a raíz de un problema que lo aqueja en la zona lumbar y el cual lo deja totalmente sin posibilidades de realizar su actividad normal.
Muy llamativo fue cuando se supo que el Cardenal no asistiría al nombramiento papal de religiosos argentinos. Según fuentes confiables, Bergoglio no podría soportar un viaje y mucho menos, al exterior del país.
En las últimas horas, la oficina de prensa del Arzobispado de Buenos Aires aclaró versiones sobre el estado de salud del cardenal Jorge Bergoglio a través de un comunicado.
El texto del comunicado es el siguiente: "Ante versiones periodísticas que informan sobre un serio problema de salud del Sr. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, esta Oficina de Prensa aclara: "El Sr. Cardenal Jorge Mario Bergoglio se ve aquejado por un cuadro de inflamación del nervio ciático, lo que le retrasó su regreso al país por consejo médico".
"Cualquier otra información referida al estado de salud del Sr. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, es exclusiva responsabilidad del medio que la difunda".
El cardenal Bergoglio anticipó una etapa de diálogo
Nov 05, 2007
El religioso exhortó a sus pares a dejarse contemplar por Dios "en medio de la burla, la desinformación, el ultraje y la calumnia". Se esperan comentarios sobre la realidad política tras las elecciones.
(infobae.com, 6 de noviembre) La asamblea plenaria de obispos comenzó en Pilar su último encuentro del año, con un llamado del titular del Episcopado y cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, a sus pares a dejarse contemplar por Dios "en medio de la burla, la desinformación, el ultraje y la calumnia".
"Durante estos días tendremos ratos de diálogo y ratos de oración; buscaremos la Voluntad de Dios para nuestro actuar como pastores", dijo Bergoglio.
"Pienso que nos hará bien a nosotros, obispos pecadores, adentrarnos en este misterio de la fidelidad divina; nos hará bien confesar al Padre nuestra propia debilidad, pecado, miserias y atisbar el derroche creador de su misericordia, los siglos de paciencia condensados sobre cada uno de nosotros", expresó.
Al hablar ante el centenar de obispos reunidos en la casa de retiros "El Cenáculo" de Pilar, el cardenal, en su homilía, les dijo a sus pares que "nos hará bien dejarnos amasar, re-formar, por su misericordia; dejarnos `misericordia’ por su ternura fiel".
"Nos hará bien cargar nuestros ojos de contemplación ante la mansedumbre silenciosa de su Hijo en medio de la burla, la desinformación, el ultraje y la calumnia", señaló.
Durante el encuentro, está previsto que los prelados analicen temas estrictamente religiosos -el tema central de la asamblea es la vida consagrada- pero no se descarta que en el habitual intercambio pastoral debatan sobre la realidad del país tras las elecciones presidenciales del 28 de octubre, el nuevo escenario y su relación con el futuro gobierno de Cristina Fernández.
En su homilía de este lunes, Bergoglio rondó su mensaje sobre los términos "misericordia", "perdón", y "paciencia" y, en un lenguaje netamente pastoral, remarcó "la misericordia de Dios que se hace paciencia, se hace carne en Cristo y en él se manifiesta finalmente en mansedumbre, pues el idioma eminentemente pastoral de la misericordia y la paciencia de Dios es la mansedumbre".
Jorge Bergoglio : la politique en chaire
Oct 29, 2007
C'est la fête, ce soir-là, dans l'humble chapelle Notre-Dame de l'Incarnation, à Caballito, un quartier de la classe moyenne à Buenos Aires.
(LE MONDE, 25.10.07) Sur le trottoir, un grand feu illumine la nuit, avec des saucisses alignées, prêtes pour l'asado, le traditionnel barbecue argentin. Des dizaines de fidèles se pressent. Un micro à la main, le curé s'époumone pour annoncer l'arrivée de celui que tout le monde attend : "Monseigneur Jorge Bergoglio, archevêque de Buenos Aires et primat d'Argentine." Au son des guitares, le cardinal, âgé de 71 ans, avance vers l'autel, le visage austère.
Il a failli être pape. Timide et effacé, Mgr Bergoglio est le premier jésuite à avoir été nommé primat d'Argentine. Engagé dans le combat contre la pauvreté, mais hostile à la théologie de la libération, il avait représenté, en avril 2005, une alternative au choix du conservateur cardinal Ratzinger. Au fur et à mesure que les suffrages en sa faveur augmentaient "son visage blêmissait", avait révélé à Rome, au lendemain du conclave, un cardinal électeur, sous couvert d'anonymat. Mgr Bergoglio se serait montré si effrayé par la perspective de devenir pape que ses soutiens se seraient effondrés.
A la veille de l'élection présidentielle du 28 octobre, la presse argentine le présente comme "un des pires adversaires" de Nestor Kirchner. Le président péroniste a désigné sa femme, Cristina Kirchner, pour être candidate et éventuellement lui succéder. Elle est donnée favorite face à une opposition divisée.
En mai 2003, l'épiscopat avait mis l'accent sur les espoirs suscités par l'arrivée au pouvoir de M. Kirchner. Depuis, les relations se sont détériorées. Mgr Bergoglio et M. Kirchner ne se parlent plus depuis trois ans. Le président argentin, qui revendique son passé de militant de la gauche péroniste des années 1970, reproche à l'Eglise sa complicité avec la dictature militaire (1976-1983). Il l'accuse de se comporter "comme un parti politique" et d'être dans l'opposition.
La nomination de Jorge Bergoglio, en 1998, à la tête de l'archevêché a marqué une rupture de style. Son prédécesseur, le cardinal Antonio Quarracino, était étroitement lié au pouvoir politique. Fuyant toute vie mondaine, Mgr Bergoglio accorde des audiences aux politiciens, aux hommes d'affaires ou aux militaires. Il ne va jamais les voir dans leurs bureaux.
A l'église, les fidèles l'applaudissent. Ses homélies l'ont rendu populaire dans un pays où les politiques ont perdu leur crédibilité. Il fustige le néolibéralisme, le clientélisme politique, la corruption et les inégalités sociales. "La cathédrale est la maison de Dieu, elle est ouverte à tous", a lancé Mgr Bergoglio en célébrant une messe, fin août, à l'intention des groupes de piqueteros, ces chômeurs qui coupent les routes pour demander du travail.
"Bergoglio faisait les mêmes critiques sous les gouvernements précédents, mais M. Kirchner ne dialogue pas, il cultive le conflit", remarque Adolfo Perez Esquivel, défenseur des droits de l'homme. Le Prix Nobel de la paix décrit Mgr Bergoglio comme "une personne attentive et ouverte" et juge positif qu'il "sorte de la sacristie et s'occupe du social".
Malgré une ascension fulgurante, l'archevêque de Buenos Aires est "un homme très humble qui mène une vie discrète", témoigne son porte-parole, le Père Guillermo Marco. Fils d'Italiens de la classe moyenne - son père était cheminot -, Mgr Bergoglio utilise les transports en commun. Il a refusé d'habiter le somptueux petit hôtel de l'archevêché de Buenos Aires. C'est aussi un intellectuel, grand lecteur de Dostoïevski et amateur d'opéra. Ingénieur chimiste, il est également licencié en philosophie et en théologie.
Suivant la tradition des disciples d'Ignace de Loyola en Amérique latine, c'est un homme de terrain. Malgré une santé fragile - il vit avec un seul poumon depuis l'âge de 20 ans -, Mgr Bergoglio visite sans relâche les bidonvilles, les hôpitaux et les prisons. Selon une rumeur, il aurait participé aux cacerolazos (concerts de casseroles), organisés par la classe moyenne pour demander la démission des hommes politiques pendant la débâcle financière de 2001.
"C'est un personnage énigmatique, fascinant et polémique", note la journaliste Olga Wornat. Conservateur au niveau de la doctrine, il s'oppose à la légalisation de l'avortement, au contrôle des naissances et à l'ordination de femmes. Mais il est progressiste en matière sociale. "C'est le seul évêque qui soit venu voir mon mari à l'hôpital, peu avant sa mort en 2000", confie avec émotion Clelia Luro, la veuve de Mgr Jeronimo Podesta. Surnommé "l'évêque rouge" d'Avellaneda, un faubourg pauvre de Buenos Aires, Mgr Podesta, qui dénonçait les injustices sociales dans les années 1960, avait été suspendu de ses fonctions pour s'être marié avec sa secrétaire.
Mgr Bergoglio vient souvent voir Clelia, qui milite en faveur du célibat optionnel des prêtres. Le 9 octobre 1999, il était le seul représentant de l'épiscopat à assister au transfert de la dépouille mortelle du Père Carlos Mugica jusqu'à la Villa 31, un bidonville de la capitale où travaillait le charismatique prêtre ouvrier, tué par des paramilitaires en 1974. "C'est grâce à lui que Carlos repose parmi ceux qu'il aimait", souligne Marta, la soeur du Père Mugica.
Le rôle de Jorge Bergoglio pendant les années de la dictature militaire est sujet à controverse. Pour certains, le prélat s'est battu pour conserver l'unité d'un mouvement jésuite taraudé par la théologie de la libération. L'avocate Alicia Oliveira, qui fut responsable d'un organisme de défense des citoyens de la capitale, assure qu'il l'a sauvée des militaires. Mais d'autres, jusque dans les rangs des défenseurs des droits de l'homme, l'accusent de complicité avec la junte, comme le reste de l'Eglise catholique argentine.
Le journaliste politique Horacio Verbitsky, proche du gouvernement Kirchner, avance qu'il a livré aux militaires deux jeunes prêtres jésuites qui travaillaient dans des bidonvilles - ils avaient été relâchés six mois plus tard sous la pression internationale. "C'est une calomnie, s'écrie Clelia Luro, Bergoglio a cherché à les protéger en les avertissant du danger." Elle regrette qu'il n'en parle pas. Mgr Bergoglio lui a confessé que "le silence est la meilleure réponse".
Il n'accorde jamais d'interview. Lorsqu'on lui en fait la demande, il propose sans plus que l'on vienne écouter son homélie. Il fait alors passer un bref message en regrettant que "la presse présente l'Eglise comme ennemie du gouvernement". Et si, malgré tout, on l'interroge à la sortie de la messe sur ses relations avec le président Kirchner, l'archevêque de Buenos Aires murmure : "Priez pour moi."
Jorge Bergoglio : la politique en chaire
Oct 29, 2007
C'est la fête, ce soir-là, dans l'humble chapelle Notre-Dame de l'Incarnation, à Caballito, un quartier de la classe moyenne à Buenos Aires.
(LE MONDE, 25.10.07) Sur le trottoir, un grand feu illumine la nuit, avec des saucisses alignées, prêtes pour l'asado, le traditionnel barbecue argentin. Des dizaines de fidèles se pressent. Un micro à la main, le curé s'époumone pour annoncer l'arrivée de celui que tout le monde attend : "Monseigneur Jorge Bergoglio, archevêque de Buenos Aires et primat d'Argentine." Au son des guitares, le cardinal, âgé de 71 ans, avance vers l'autel, le visage austère.
Il a failli être pape. Timide et effacé, Mgr Bergoglio est le premier jésuite à avoir été nommé primat d'Argentine. Engagé dans le combat contre la pauvreté, mais hostile à la théologie de la libération, il avait représenté, en avril 2005, une alternative au choix du conservateur cardinal Ratzinger. Au fur et à mesure que les suffrages en sa faveur augmentaient "son visage blêmissait", avait révélé à Rome, au lendemain du conclave, un cardinal électeur, sous couvert d'anonymat. Mgr Bergoglio se serait montré si effrayé par la perspective de devenir pape que ses soutiens se seraient effondrés.
A la veille de l'élection présidentielle du 28 octobre, la presse argentine le présente comme "un des pires adversaires" de Nestor Kirchner. Le président péroniste a désigné sa femme, Cristina Kirchner, pour être candidate et éventuellement lui succéder. Elle est donnée favorite face à une opposition divisée.
En mai 2003, l'épiscopat avait mis l'accent sur les espoirs suscités par l'arrivée au pouvoir de M. Kirchner. Depuis, les relations se sont détériorées. Mgr Bergoglio et M. Kirchner ne se parlent plus depuis trois ans. Le président argentin, qui revendique son passé de militant de la gauche péroniste des années 1970, reproche à l'Eglise sa complicité avec la dictature militaire (1976-1983). Il l'accuse de se comporter "comme un parti politique" et d'être dans l'opposition.
La nomination de Jorge Bergoglio, en 1998, à la tête de l'archevêché a marqué une rupture de style. Son prédécesseur, le cardinal Antonio Quarracino, était étroitement lié au pouvoir politique. Fuyant toute vie mondaine, Mgr Bergoglio accorde des audiences aux politiciens, aux hommes d'affaires ou aux militaires. Il ne va jamais les voir dans leurs bureaux.
A l'église, les fidèles l'applaudissent. Ses homélies l'ont rendu populaire dans un pays où les politiques ont perdu leur crédibilité. Il fustige le néolibéralisme, le clientélisme politique, la corruption et les inégalités sociales. "La cathédrale est la maison de Dieu, elle est ouverte à tous", a lancé Mgr Bergoglio en célébrant une messe, fin août, à l'intention des groupes de piqueteros, ces chômeurs qui coupent les routes pour demander du travail.
"Bergoglio faisait les mêmes critiques sous les gouvernements précédents, mais M. Kirchner ne dialogue pas, il cultive le conflit", remarque Adolfo Perez Esquivel, défenseur des droits de l'homme. Le Prix Nobel de la paix décrit Mgr Bergoglio comme "une personne attentive et ouverte" et juge positif qu'il "sorte de la sacristie et s'occupe du social".
Malgré une ascension fulgurante, l'archevêque de Buenos Aires est "un homme très humble qui mène une vie discrète", témoigne son porte-parole, le Père Guillermo Marco. Fils d'Italiens de la classe moyenne - son père était cheminot -, Mgr Bergoglio utilise les transports en commun. Il a refusé d'habiter le somptueux petit hôtel de l'archevêché de Buenos Aires. C'est aussi un intellectuel, grand lecteur de Dostoïevski et amateur d'opéra. Ingénieur chimiste, il est également licencié en philosophie et en théologie.
Suivant la tradition des disciples d'Ignace de Loyola en Amérique latine, c'est un homme de terrain. Malgré une santé fragile - il vit avec un seul poumon depuis l'âge de 20 ans -, Mgr Bergoglio visite sans relâche les bidonvilles, les hôpitaux et les prisons. Selon une rumeur, il aurait participé aux cacerolazos (concerts de casseroles), organisés par la classe moyenne pour demander la démission des hommes politiques pendant la débâcle financière de 2001.
"C'est un personnage énigmatique, fascinant et polémique", note la journaliste Olga Wornat. Conservateur au niveau de la doctrine, il s'oppose à la légalisation de l'avortement, au contrôle des naissances et à l'ordination de femmes. Mais il est progressiste en matière sociale. "C'est le seul évêque qui soit venu voir mon mari à l'hôpital, peu avant sa mort en 2000", confie avec émotion Clelia Luro, la veuve de Mgr Jeronimo Podesta. Surnommé "l'évêque rouge" d'Avellaneda, un faubourg pauvre de Buenos Aires, Mgr Podesta, qui dénonçait les injustices sociales dans les années 1960, avait été suspendu de ses fonctions pour s'être marié avec sa secrétaire.
Mgr Bergoglio vient souvent voir Clelia, qui milite en faveur du célibat optionnel des prêtres. Le 9 octobre 1999, il était le seul représentant de l'épiscopat à assister au transfert de la dépouille mortelle du Père Carlos Mugica jusqu'à la Villa 31, un bidonville de la capitale où travaillait le charismatique prêtre ouvrier, tué par des paramilitaires en 1974. "C'est grâce à lui que Carlos repose parmi ceux qu'il aimait", souligne Marta, la soeur du Père Mugica.
Le rôle de Jorge Bergoglio pendant les années de la dictature militaire est sujet à controverse. Pour certains, le prélat s'est battu pour conserver l'unité d'un mouvement jésuite taraudé par la théologie de la libération. L'avocate Alicia Oliveira, qui fut responsable d'un organisme de défense des citoyens de la capitale, assure qu'il l'a sauvée des militaires. Mais d'autres, jusque dans les rangs des défenseurs des droits de l'homme, l'accusent de complicité avec la junte, comme le reste de l'Eglise catholique argentine.
Le journaliste politique Horacio Verbitsky, proche du gouvernement Kirchner, avance qu'il a livré aux militaires deux jeunes prêtres jésuites qui travaillaient dans des bidonvilles - ils avaient été relâchés six mois plus tard sous la pression internationale. "C'est une calomnie, s'écrie Clelia Luro, Bergoglio a cherché à les protéger en les avertissant du danger." Elle regrette qu'il n'en parle pas. Mgr Bergoglio lui a confessé que "le silence est la meilleure réponse".
Il n'accorde jamais d'interview. Lorsqu'on lui en fait la demande, il propose sans plus que l'on vienne écouter son homélie. Il fait alors passer un bref message en regrettant que "la presse présente l'Eglise comme ennemie du gouvernement". Et si, malgré tout, on l'interroge à la sortie de la messe sur ses relations avec le président Kirchner, l'archevêque de Buenos Aires murmure : "Priez pour moi."
Le cardinal de Buenos Aires se fâche pour la vie
Oct 11, 2007
Le cardinal-archevêque de Buenos Aires, président de la Conférence épiscopale argentine, Jorge Bergoglio, a dénoncé « l'application de la peine de mort » en Argentine à travers l'avortement et « l'euthanasie clandestine » des vieux qui souffrent de l'abandon et de la maltraitance.
(chretiente.info, 11 octobre 2007) « Les œuvres sociales paient jusqu'à une certaine limite : si tu la dépasses, “ meurs donc, au bout du compte, tu est vieux”. Aujourd'hui on se débarrasse des vieux alors qu'en réalité, ils sont le siège de la sagesse du peuple. »
Le cardinal, qui présentait le “Document d'Aparecida” à la suite de la rencontre des épiscopats latino-américains au Brésil en mai, a établi un parallèle entre la culture de mort qui rejette les vieux et l'exploitation et la prostitution des jeunes par milliers.
« Nous disons que nous ne sommes pas d'accord avec la peine de mort, qu'elle est une injustice, mais en Argentine nous avons la peine de mort. On peut condamner à mort un enfant conçu à la suite du viol d'une femme retardée mentale. Soyons conscients que nous ne pourrons pas occulter la culture du rejet avec des euphémismes », a encore déclaré le cardinal, qui réagissait à la récente décision qui a abouti à un avortement pratiqué par ordre de la justice sur une femme souffrant d'une maladie de l'intelligence.
El diabolo promete y no paga
Oct 09, 2007
Los pañuelos blancos de las Madres recibieron a los peregrinos, desde las rejas de la Basílica.
(novedadesweb.com.ar, ) Ante una multitud reunida frente a la Basílica Nacional de Luján, el cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, alertó acerca de “la confusión de la mentira” y advirtió que “el diablo nos promete y no nos paga”.
Bajo el lema “Madre, ayúdanos a vivir en la verdad” centenares de miles de personas - la mayoría de ellas jóvenes- llegan desde anoche a la ciudad de Luján. Participan de la 33ª Peregrinación Juvenil a esta ciudad, por la que caminan a pie desde el santuario de San Cayetano, en Liniers.
La afluencia masiva de peregrinos comenzó cerca de las 23 de anoche, alcanzando su pico en la madrugada de hoy. De acuerdo a estimaciones de periodistas radiales (AM 740) que transmitieron en vivo durante la noche, pasaron por la ciudad cerca de un millón y medio de fieles. Aunque personal de seguridad, inspectores municipales y asistentes sanitarios coincidieron en señalar que su trabajo había sido menos intenso que otros años.
La misa central comenzó al tiempo que el sol se asomaba tras los comercios de la calle 9 de Julio, en la remozada plaza Belgrano. Fue oficiada en un palco montado frente a la Basílica.
Frente a los sacerdotes, miles de jóvenes se sumaban al acto religioso, algunos con banderas que identificaban a sus parroquias. Mas se destacaban entras las pancartas las del grupo Cultivida, de Luján, con inscripciones como “Aborto es genocidio” y crudas imágenes de un feto humano.
A espaldas de Bergoglio, en las rejas del frente de la Basílica, centenares de pañuelos blancos anudados recordaron que hacer treinta años, por primera vez y durante una Peregrinación Juvenil, las Madres de Plaza de Mayo comenzaron a usar el distintivo con el que se las identifica en todo el mundo.
“Nos vamos a casa con la seguridad de que no vamos a ser confundidos por las artimañas del demonio”, aseguró el arzobispo porteño.
Cardinal Archbishop of Buenos Aires Rages Against the "Death Sentence" of Abortion
Oct 06, 2007
Called the related abuse of children "demographic terrorism".
BUENOS AIRES, October 5, 2007 (LifeSiteNews.com) - In the wake of a clandestine abortion performed on a retarded woman with the help of the nation's health minister, Cardinal Jorge Bergoglio and other Catholic authorities have let loose a torrent of criticism against the promoters of the "death sentence" for unborn children in Argentina, as well as other anti-life policies and customs.
In a speech given to a gathering of priests and laity on October 2nd, the cardinal pointed out that people say that "we aren't in agreement with the death penalty," but "in Argentina we have the death penalty. A child conceived by the rape of a mentally ill or retarded woman can be condemned to death."
The cardinal made the remarks while presenting the final version of the "Aparecida Document", a joint statement of the bishops of Latin America regarding the situation of the Church in their countries. The document, approved by Pope Benedict XVI in July of this year, makes a very clear statement regarding the consequences of supporting abortion, disallowing holy communion for anyone who facilitates an abortion, including politicians.
The text states in paragraph 436 that "we should commit ourselves to 'eucharistic coherence', that is, we should be conscious that people cannot receive holy communion and at the same time act or speak against the commandments, in particular when abortion, euthanasia, and other serious crimes against life and family are facilitated. This responsibility applies particularly to legislators, governors, and health professionals."
Bergoglio noted that "the most mentioned word in the Aparecida Document is 'life', because the Church is very conscious of the fact that the cheapest thing in Latin America, the thing with the lowest price, is life."
The cardinal called the abuse of children "demographic terrorism," and blasted Argentine society for tolerating their exploitation. "Children are mistreated, and are not educated or fed. Many are made into prostitutes and exploited," he said. "And this happens here in Buenos Aires, in the great city of the south. Child prostitution is offered in some five star hotels: it is included in the entertainment menu, under the heading 'Other'."
The prelate also denounced a "culture of discarding" regarding the elderly, which treats them as if they are disposable and worthless due to their advanced age.
"In Argentina there is clandestine euthanasia. Social services pay up to a certain point; if you pass it, 'die, you are very old'. Today, elderly people are discarded when, in reality, they are the seat of wisdom of the society," he said, and observed that "the right to life means allowing people to live and not killing, allowing them to grow, to eat, to be educated, to be healed, and to be permitted to die with dignity."
The Kirchner administration, which provided free transportation to facilitate the recent abortion when local doctors refused to do it, denounced the association made by the cardinal between abortion and child abuse, stating that "the diagnosis of the Church in relation to social problems in Argentina is correct, but to mix that with abortion and euthanasia, is at least a clear example of ideological malfeasance."
Bergoglio denuncia que en la Argentina hay "eutanasia"
Oct 03, 2007
El cardenal presidente del Episcopado argentino aseguró que en el país viene la "cultura del descarte" y que ya "tenemos pena de muerte". "Lo más barato, lo que menos se cotiza en América latina es la vida", manifestó.
(infobae.com, 3 de octubre) El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, encabezó este lunes la presentación del "Documentos de Aparecida", que realizaron mancomunadamente los obispos latinoamericanos reunidos en la ciudad brasileña –que tienen el mismo nombre- durante el último mes de mayo.
Allí, el cardenal primado tuvo más que duras críticas. Entre las que más sobresalieron, sostuvo que el aborto, el uso de preservativos o las uniones civiles de homosexuales "no entran en el eje fundamental" del derecho a la vida por el que reclama la Iglesia sino que se tratan de "casos específicos que en una mentalidad pluralista pueden tener sus más y sus menos".
"El derecho a la vida es dejar vivir y no matar, dejar crecer, alimentar, educar, curar y dejar morir con dignidad. No interferir manipuladamente", dijo. "No pongamos todo en la misma bolsa y no me obliguen a ser más explícito por razones de buen gusto", ahondó el presidente del Episcopado argentino, según publica hoy el diario La Nación.
Cabe aclarar que esta disertación de Bergoglio fue ante más de 200 personalidad, entre sacerdotes, religiosas y laicos. Allí también resaltó que la palabra "vida" es la más mencionada dentro del documento que presentaba.
Dijo entonces que esto se trataba de esta forma porque la Iglesia es consciente que "lo más barato, lo que menos se cotiza en América latina es la vida". Y remarcó que en la región lo que prima en la actualidad es la "cultura del descarte de todo lo que no sea funcional", ya sean niños o ancianos, lo cual calificó como un verdadero "terrorismo demográfico".
Asimismo, el cardenal primado aseguró que "en la Argentina hay eutanasia encubierta. Las obras sociales pagan hasta cierto límite; si te pasás 'morite total sos viejo'. Hoy se descarta a los viejos cuando, en realidad, son la sede de la sabiduría del pueblo".
La Iglesia mostró la misma concepción para con los niños. "A los chicos se los maltrata; no se los educa ni alimenta. Muchos son prostituidos y explotados", resaltó el purpurado.
"Y esto pasa acá, en Buenos Aires, en la gran ciudad del Sur, En algunos hoteles de cincos estrellas se ofrece prostitución infantil: figura en el menú de entretenimientos, bajo el título 'Otros'", denunció Bergoglio.
Cardenal Bergoglio pidió que haya trabajo para no ser "cliente de nadie"
Aug 09, 2007
El cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, aseguró que "con trabajo" no hay
"clientes" ni "esclavos" durante una homilía en la Catedral metropolitana, donde lo escuchaban el piquetero Raúl Castells y la vicejefa de Gobierno porteña electa, Gabriela Michetti.
(26noticias.com.ar, 09 de Agosto) Bergoglio basó su mensaje en la importancia de la dignidad, de la que advirtió que "no se negocia", y exhortó a "trabajar" para que haya más empleo digno en el país, al presidir una nueva misa en homenaje a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo.
"Con trabajo, no somos cliente de nadie, ni esclavo de nadie. Ustedes han venido aquí para proclamar la dignidad contra toda esclavitud y clientelismo, y para reconocer el valor de la familia y de la paz social", sostuvo el purpurado.
Muy cerca del altar lo escuchaba Michetti, mientras que Castells y varios militantes del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIDJ) se ubicaron en la nave central del templo.
Bergoglio insistió en que, además de pedir trabajo, es "importante trabajar para que haya trabajo" en el país, durante un discurso en el que repitió varios de los conceptos que utilizó este martes en Liniers para criticar la dádiva, los privilegios y el injusto reparto de los bienes en tiempos electorales.
Así, reiteró que "cuando una sociedad basa el reparto de los bienes no en el trabajo sino en la dádiva o en los privilegios pierde el sentido de dignidad y rápidamente se vuelve injusta la distribución de los bienes".
"Las personas en vez de ser dignas son transformadas en esclavos o clientes", puntualizó el arzobispo.
Además, invitó a pedirle a Dios "la gracia de que se reconozca nuestra dignidad, de vivir en paz, de cuidar a la familia y de que haya trabajo", y expresó su deseo de que "no falte trabajo".
Esa frase motivó el aplauso de los presentes, luego de lo cual Bergoglio recordó que "cada uno de los habitantes de la ciudad tiene derecho a estar en esta casa, porque es la casa del Padre".
"Yo soy sólo el cuidador de esta casa, que es la casa de Dios", aseguró el prelado, quien con sus homilías por San Cayetano irrumpió nuevamente con un mensaje de fuerte contenido doctrinario, que tuvo su costado político y resonó en plena campaña electoral hacia las elecciones de octubre.
En ese marco, y al finalizar la Misa, Bergoglio saludo a Castells y sus seguidores, a quienes les pidió que recen por él.
Monseñor Bergoglio cargó contra el "clientelismo"
Jul 01, 2007
El arzobispo de Buenos Aires pidió a los gremios dejar atrás la "queja" y volver a la cultura del trabajo. Advirtió que "asistimos a la segunda generación de niños que nunca vieron a sus padres trabajar"
(infobae.com, 1 de julio) El primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, exhortó este sábado a privilegiar la lucha por sobre la queja para lograr que los argentinos puedan pasar de habitantes a ciudadanos, al participar de las jornadas sociales en esta ciudad.
En tanto, el líder de la CGT, Hugo Moyano, reivindicó la tarea de la Iglesia católica en favor del diálogo, en el momento de mayor tensión entre el Gobierno y el Episcopado argentino que conduce el purpurado.
"Desde la queja no se construye, sino desde la lucha", subrayó Bergoglio, al citar una frase dicha minutos antes en un panel gremial por la dirigente sindical Silvia López (Viajantes).
El arzobispo de Buenos Aires también le transmitió esa consigna a Moyano, con quien se saludó en el hall del Hotel 13 de Julio, de esta ciudad balnearia, donde hasta este sábado se desarrollan las jornadas sobre "Ser ciudadanos" organizadas por la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Tras aclarar que su disertación no era "una plataforma electoral, sino doctrina social de la Iglesia", Bergoglio reiteró sus críticas al "clientelismo y la dádiva" por considerarlas contrarias a "la cultura del trabajo y del esfuerzo".
"Esta hostilidad se manifiesta en el hecho de que estamos asistiendo al nacimiento de la segunda generación de niños que no han visto trabajar a sus padres", advirtió el titular del Episcopado.
Bergoglio consideró "particularmente grave" que los niños concurran a la escuela para poder comer y alertó sobre la problemática de la prostitución infantil y la drogadicción.
A pesar de que dijo "no tener recetas" para solucionarlas, estimó que "el primer paso es inquietarse, tomar conciencia de que se trata de algo grave".
El arzobispo de Buenos Aires recordó a una platea heterogénea -sindicalistas, empresarios, políticos y laicos- que para crecer en ciudadanía es necesario convencerse de que "el todo es superior a la parte, el tiempo superior al espacio, la realidad es superior a la idea y la unidad es superior al conflicto".
Moyano, quien disertó en un panel anterior y no se quedó a escuchar a Bergoglio, opinó que "si no logramos la convivencia o la integración el país no tiene futuro. El país lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie".
"La CGT está dispuesta a acompañar con su estructura la tarea social y de diálogo que desarrolla la Iglesia, porque es noble, justa y necesaria", subrayó.
A pesar de que evitó la gestión del gobierno de Néstor Kirchner, a quien dijo apoyar si continúa con su política "nacional y popular", consideró que "ahora hay que saldar la deuda interna".
Moyano agradeció a Bergolio que "haya escuchado a los trabajadores", pero le reprochó que no le convidara un mate, que tomaba entremezclado en el auditorio, mientras la mayoría de los secretarios generales de los gremios se ubicaron en las primeras filas.
Bergoglio llamó "traidores" a los que condenan el pasado
Jun 11, 2007
El arzobispo de Buenos Aires se pronunció así durante la misa de Corpus Christi celebrada en la Plaza de Mayo. "El que maldice para atrás es porque seguramente está planeando sacar una ventaja en el presente", señaló.
(infobae.com, 11 de junio) "Nos hace falta también bendecir el presente, hablar bien unos de otros, no para adularnos, sino buscando lo que construye, lo que une, lo bueno que compartimos y que supera las distintas perspectivas y es bien común", subrayó el cardenal Jorge Bergoglio en la misa de Corpus Christi, que se desarrolla en la Plaza de Mayo.
En tanto, el arzobispo de Buenos Aires pidió no maldecir "para atrás" y advirtió que quienes lo hacen buscan "sacar provecho en el presente o en el futuro".
"El que maldice para atrás es porque seguramente está planeando sacar provecho en el presente o en el futuro. Sería una traición al pueblo", advirtió el prelado durante la misa.
"Lo que fue pecado e injusticia, no se asusten con esto que digo, también necesita ser bendecido por el perdón y la reparación", sostuvo.
Además, Bergoglio consideró: "Nos hace falta bendecir, decirnos bien las cosas buenas, porque no decimos bien las cosas en público". Nos cuesta el diálogo público y tener un buen diálogo institucional".
Por otra parte, el purpurado porteño reiteró sus críticas hacia la situación social de la Argentina y afirmó que en el país son muchos los "sobrantes".
"Antes teníamos categorías de opresores y oprimidos. Después hablamos de incluidos y excluidos. Hoy tenemos que hablar de los que caben y de los que sobran. Y los sobrantes en el país y en el mundo son muchos", advirtió el primado.
De esta forma, Bergoglio presidió la celebración del Corpus Christi bajo el lema "Soy la vida", luego de que los jóvenes de la Arquidiócesis de Buenos Aires dieran inicio a la fiesta eucarística con la XVIII Marcha Juvenil.
Ponencia del Sr. Arzobispo en la V Conferencia del C.E.L.A.M
May 23, 2007
Aparecida 2007
Argentina: una mirada general
El marco social
Lo primero que cabe señalar es que nuestro país y por lo tanto nuestra Iglesia entra, en mayor o en menor medida, dentro de las generales de la ley de lo que vive nuestro continente latinoamericano. Estamos dejando atrás una época y comenzando una nueva en la historia de la humanidad. Este cambio epocal se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus aplicaciones muy rápidas y variadas en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información. Quien posea y maneje estos dos elementos es dueño del poder.
Esta nueva realidad de las ciencias y tecnologías de información e intercomunicación cibernética favorece el desarrollo globalizado del universo financiero, de la economía, de la producción y del mercado, principalmente dentro del nuevo orden económico mundial, de perfil neoliberal, de mercado libre y abierto. Esta globalización, como ideología económica y social, ha afectado negativamente a nuestros sectores más pobres. Las injusticias y desigualdades son cada vez mayores y más profundas. Todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, en el que el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas.
Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son “explotados” sino “sobrantes”.
Se ha generado una cultura dualista donde lo que parece más moderno y progresista convive al lado de lo más antiguo y miserable. Esta cultura tiene como horizonte una visión individualista y un afán consumista en el que predomina una preocupación económica. Por consiguiente, somos testigos de una profunda crisis de valores y de las instituciones tradicionales. Esto trae como consecuencia el hecho de que en estos últimos años observamos un fortalecimiento de algunas expresiones de sub-culturas minoritarias que, copiando modelos del primer mundo, reclaman públicamente el reconocimiento de sus derechos.
En la cultura predominante de corte neoliberal, lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial ocupan el primer lugar y lo real cede el lugar a la apariencia.
La globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de las tendencias pertenecientes a otros ethos culturales manifestada en el tipo de música, negocios de comida, centros comerciales, medios de comunicación, etc.
Por todo esto, con dolor no dejamos de preguntarnos si de verdad aún existe una identidad y solidaridad como pueblo que vaya más allá de ciertas ideologías “ocasionalistas”.
También resulta preocupante la ausencia de ideas, ya que se busca más bien una asimilación de lo ya establecido globalmente y ajeno a la propia idiosincrasia para superar la falta de creatividad y de visiones.
La situación de la Iglesia en nuestro país
El substrato católico de nuestra cultura es una realidad viva. Encontramos en amplios sectores de nuestro pueblo, sobre todo en los más necesitados, una reserva moral que guarda valores de auténtico humanismo manifestados en la solidaridad, la reciprocidad, la participación ofreciendo verdaderos espacios de vida comunitaria. No podemos sin embargo desconocer también sus debilidades: el machismo, el alcoholismo, el excesivo temor al castigo divino, la superstición, la creencia en la mala suerte y en el fatalismo que incluso hace recurrir a la brujería.
La tradición católica de nuestro pueblo se enfrenta hoy con el desafío del pluralismo religioso y de la proliferación de movimientos religiosos. La multiplicación de estos movimientos es, por una parte el resultado de una reacción del sentimiento religioso frente a la sociedad materialista, consumista e individualista; y por otra parte un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, de aquellos que se encuentran en medio de dolores humanos grandes y buscan soluciones inmediatas para estas necesidades. Estos movimientos religiosos se caracterizan por su sutil penetración viniendo a llenar, dentro del individualismo imperante, un vacío dejado por el racionalismo secularista. Esta “espiritualidad” está centrada en la búsqueda de un bienestar individual, que niega el sufrimiento como parte de la vida, recurre a la autoayuda o al seudo milagro para alcanzar sus metas, sin un ulterior compromiso con la sociedad.
Es necesario que reconozcamos que si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia se debe, en muchos casos, a una evangelización superficial de gran parte de la población, un catolicismo de tradición sin catequesis ni vida sacramental; y también por la existencia de estructuras y clima poco acogedor en algunas de nuestras parroquias y comunidades; y, en algunos sitios, de una liturgia eminentemente intelectual y verbal y una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas complejos de la vida de los hombres de nuestro pueblo.
La secularización
El proceso de secularización tiende a reducir a la fe y a la Iglesia Católica al ámbito de lo privado y de lo íntimo. El secularismo, al negar toda trascendencia ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido de pecado personal y social, un progresivo aumento del relativismo moral que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y juventud tan vulnerable a los cambios.
Los obispos en el año 1990 en el documento “Líneas pastorales para la nueva Evangelización” señalábamos dos grandes desafíos: “el secularismo como un fenómeno que “afecta directamente a la fe y a la religión al dejar de lado a Dios” y “una justicia largamente esperada”. Esto tiene una consecuencia para la vida social: “Al prescindir de Dios se despoja al hombre de su referente último y los valores pierden su carácter de tales, convirtiéndose en ídolos que terminan degradándolo y esclavizándolo”. En el segundo, el tema central era la justicia: “a los argentinos se nos presenta el desafío de superar la injusticia, construyendo una patria de hermanos mediante la solidaridad y el sacrificio compartidos”.
Trece años después la situación se tornó más grave y los obispos presentamos en el documento “Navega mar adentro” un solo desafío: la crisis de la civilización y la cultura. De éste se siguen otros cuatro relacionados con dicha crisis: “la búsqueda de Dios”, “el escándalo de la pobreza y la exclusión social”, “la crisis del matrimonio y la familia” y “la necesidad de una mayor comunión”.
Para los obispos esto no significa que los desafíos anteriores hayan desaparecido. En efecto, “el secularismo” está planteado en el punto “la búsqueda de Dios”; y la “justicia largamente esperada” está presente en “el escándalo de la pobreza y la exclusión”. El desafío radical y englobante que se nos presenta es la profunda crisis de valores de la cultura”.
A pesar de toda esta corriente secularista en nuestra patria, la Iglesia Católica goza ante la opinión pública de ser una institución creíble, confiable en lo que respecta al ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados de todo tipo.
Son esperanzadoras las experiencias de dialogo y labor ecuménicas con las Iglesias históricas y las comunidades evangélicas serias, en vistas al sostén y acompañamiento del pueblo en momentos críticos que, partiendo del plano económico, han tenido repercusiones en el social y en la convivencia ciudadana. Durante la crisis que afectó al país a partir del año 2001 la Iglesia Católica tuvo gran importancia como creadora y moderadora del dialogo ciudadano. Esto pone de manifiesto la confiabilidad que muestra, fruto de la libertad frente a todo tipo de partidismo o ideología.
En los últimos años se han implementado mayores estructuras de comunión y participación mediante los planes pastorales de conjunto, asambleas pastorales y sínodos diocesanos. A pesar de la irreligiosidad reinante las parroquias, las capillas en las zonas periféricas, las comunidades eclesiales de base atendidas por diáconos permanentes, religiosas y religiosos o laicos siguen manteniéndose como espacio de comunión, participación, socialización, auténtica evangelización y catequesis, y práctica de los ministerios laicales.
Los laicos
Sin lugar a dudas ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la misión, la catequesis y el apostolado. Pero, la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que arranca del bautismo no se manifiesta de la misma manera en todas partes; en algunos casos porque no se encuentran debidamente preparados para asumir responsabilidades; en otros porque no encuentran espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones y de una participación más activa.
Si bien es cierto que hay una mayor participación de muchos laicos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico, sino que se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la vida y transformación de la sociedad.
La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un verdadero desafío pastoral prioritario y urgente. La evangelización de los nuevos grupos emergentes de la modernidad y en situación urbana presentan un contexto novedoso porque la gran parte de ellos no han cambiado ni abandonado a la Iglesia sino nacieron fuera de ella.
La pastoral juvenil
La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a llevarla adelante ha sufrido el embate de los cambios sociales, y los jóvenes, en las estructuras habituales, muchas veces no encuentran respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemática y heridas. La proliferación y crecimiento de asociaciones y movimientos con características predominantemente juveniles pueden ser interpretados como una acción del Espíritu que abre caminos nuevos acordes a sus expectativas y búsquedas de espiritualidad profunda y de sentido de pertenencia más concreto. Se hace necesario, sin embargo, ahondar en la participación de éstos en la pastoral de conjunto de la Iglesia, así como a una mayor comunión entre ellos y una mayor coordinación de la acción.
Si bien es difícil abordar a los jóvenes, se está creciendo en dos aspectos: la conciencia de que es toda la comunidad la que los evangeliza y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor que les permita valorar y descubrir el sentido de sus vidas.
Prueba de ello es la participación que tienen los jóvenes en grupos de servicio y de misión y en diversas experiencias misioneras en las diócesis propias como también de colaboración con otras diócesis.
Las vocaciones
Las vocaciones sacerdotales han decrecido y las que hay son, a veces, síntoma de una sociedad cambiante y superficial. También influye la falta de espacio interior de muchos jóvenes para buscar la propia vocación por la necesidad de encontrar salidas inmediatas que los lleven a solucionar problemas económicos apremiantes. En otros casos la ausencia de fervor apostólico en las comunidades no siempre entusiasman para suscitar vocaciones.
Pero, a pesar de la escasez vocacional, se tiene más clara conciencia de la necesidad de una mejor selección de los candidatos al sacerdocio. Se han creado instancias eclesiales para la promoción, acompañamiento y formación de las vocaciones, como así también para el sostenimiento espiritual y la formación permanente durante los primero años del ministerio. En las últimas generaciones se comprueba una fragilidad y una falta de consistencia, que lleva en algunos casos a la deserción del ministerio al poco tiempo de ordenados.
El clero diocesano y los religiosos
En la formación sacerdotal inicial, y en la permanente, se está haciendo mayor hincapié en el campo afectivo para que, con la madurez humana y cristiana, se viva con equilibrio, alegría y con un sentido de donación el celibato sacerdotal. Advertimos como una luz en esta realidad, entre los miembros del clero diocesano y de la vida religiosa, el deseo de vivir una espiritualidad más radical en el servicio pastoral, y también generosidad para la inserción y la elección de trabajos en situaciones pobres o difíciles.
La escasez de ministros ordenados en amplias zonas de nuestro país pone de manifiesto la generosidad y el trabajo arduo y abnegado de muchos sacerdotes y religiosos.
Es de valorar el celo evangelizador, caracterizado por la creatividad pastoral, el espíritu misionero y la cercanía a los más alejados. Se crece en la valoración de la fraternidad sacerdotal, de la vida en austeridad y la preocupación por los más pobres. A diferencia de otros momentos de nuestra historia, no hay excesivas acentuaciones ideológicas ya sea de izquierda como de derecha y existe un extendido respeto y fidelidad al Magisterio de la Iglesia.
Las sombras se manifiestan en el aislamiento en el que muchos se envuelven, en la búsqueda de realizaciones personales a través de la Iglesia y en el sedentarismo y aburguesamiento de otros. Si bien no es lo más general, en algunos lugares hay pocos que hacen mucho y muchos que hacen poco.
La inestabilidad y falta de permanencia de muchos religiosos y religiosas tiende a constituir un problema pastoral. También se ve la necesidad de una mejor articulación con los institutos y congregaciones dedicados a la educación en el trabajo pastoral diocesano.
Esto nos llama a seguir trabajando para lograr la colaboración de todos en la pastoral de conjunto que supere protagonismos, individualismos y los efectos de la falta de estabilidad. El diaconado permanente es una realidad en constante expansión en algunas diócesis y se estima su significativa contribución, aunque se reconocen todavía algunas dificultades para una adecuada y equilibrada ubicación pastoral en el quehacer de la Iglesia.
La conferencia Episcopal
Con una extensión territorial tan vasta como la que posee la Argentina con tipos culturales tan diversos no resulta fácil la implementación de políticas pastorales que concilien lo diverso. Sin embargo la Conferencia Episcopal ha ido creciendo como referente real y promotora concreta de la pastoral a nivel nacional a través de grandes líneas evangelizadoras. También ha acentuado su presencia desde una labor de iluminación y orientación en los problemas sociales y morales por los que atraviesa nuestra sociedad. En repetidas ocasiones ha servido de mediadora en favor de la solución de problemas que afectan la paz, la concordia, la tierra, la defensa de la vida, los derechos humanos, los derechos cívicos etc..
La parroquia
La parroquia, sigue siendo la referencia pastoral concreta y actual. Se descubre su necesidad de organicidad y comunión en la labor pastoral junto con otras instancias pastorales. En las parroquias se observa una búsqueda de la vivencia del sentido comunitario de la Iglesia. La organización de las regiones pastorales, vicarías, decanatos han ayudado mucho para llevar adelante planes orgánicos de pastoral. Pero no se puede dejar de reconocer que, en algunos casos en el ámbito parroquial, se sigue dando el predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como la sacramentalización sin evangelización.
Pastoral familiar
La familia atraviesa una crisis profunda y la respuesta de la pastoral familiar, conyugal y prematrimonial, resulta insuficiente. En la sociedad el matrimonio como sacramento ha perdido mucho valor. Un desafío para los pastores y los agentes de pastoral es el de algunas situaciones matrimoniales impedidas de recibir el sacramento del matrimonio y de la Eucaristía: ayudarlos participar de la vida de la Iglesia. Otras veces, que pudiendo recibirlo y no lo han recibido, animarlos y acogerlos en la parroquia para que puedan hacerlo. La catequesis familiar ha sido un aporte muy importante en la vinculación de las familias a la vida de la Iglesia, pero está en crisis.
Catequesis
La pastoral de catequesis sigue siendo un medio privilegiado para transmitir y vigorizar la fe de la comunidad. La catequesis en nuestro país es uno de los pilares de la acción pastoral y se experimenta como momento esencial del proceso evangelizador. Los intentos y trabajos de los últimos años tratan de no limitarse a fomentar el modelo tradicional del «buen cristiano» o del «fiel practicante», sino que van en la búsqueda de la promoción de verdaderos creyentes, de fe personalizada, suscitando la opción por el Evangelio, evangelizados y evangelizadores. En este proceso se le ha dado a la acción y vinculación con la familia un lugar preponderante. Hoy se tiende a una catequesis que esté vitalmente inserta en la globalidad del proyecto pastoral de la comunidad cristiana.
Se notan esfuerzos por una catequesis más bíblica, vivencial y comprometida, aunque hace falta mejor y mayor preparación bíblica y teológica tanto en los agentes de pastoral como en los catequistas.
La pastoral bíblica está abriendo espacios para una amplia formación y crecimiento espiritual del pueblo de Dios.
La pastoral social
Muchos cristianos viven aún una separación entre fe y vida que se manifiesta particularmente en la falta de un claro testimonio de los valores evangélicos en su vida personal, familiar y social. Si bien en la misma sociedad y entre los fieles de la Iglesia existe una brecha grande entre pobres y ricos que tiende a aumentar, hay que notar el crecimiento de la solidaridad y de la conciencia del deber de la caridad. Esto queda de manifiesto en que, si bien en muchos ámbitos ha crecido la pobreza y la miseria, también se han multiplicado las iniciativas, muchas de ellas laicales, de solidaridad y ayuda generosa.
La pastoral social se encuentra en todo el contexto eclesial como animadora de una dimensión de la fe que no es solamente un servicio asistencial, que siempre será necesario, sino también en acciones de promoción y en la formación de una conciencia solidaria. En los últimos años han crecido en variedad e intensidad gestos y signos solidarios concretos.
En algunos colegios católicos se da un franco descuido de la formación de la fe y su incidencia en lo social.
Piedad popular
La piedad popular está arraigada en el corazón y en la vida del pueblo, a tal punto que muchas de las tradiciones religiosas que perviven dan identidad al pueblo en sitios y situaciones concretas. Los Santuarios en nuestro país además de ser los grandes lugares de expresión de la fe popular se han convertido en lugares privilegiados de conversión y evangelización. También es cierto que muchas veces el acento se ha puesto más en las formas exteriores de tradiciones y devociones que en los contenidos de la fe de las mismas. Descubrimos en esta piedad popular un punto de anclaje que necesitamos comprender, respetar y evangelizar. Si bien por una parte aparece a veces un cristianismo de devociones, junto a una vivencia individual de la fe, sentimental; también encontramos valores que pueden ser el punto fuerte para construir una sociedad más justa: la solidaridad con la persona que sufre, la sensibilidad social por el necesitado, el querer ayudar a quien no tiene, la fortaleza de la fe que se expresa sobre todo en los momentos de crisis y de desesperación recurriendo a Dios para encontrar consuelo y esperanza, la acogida al extraño, y la capacidad de compartir. Es urgente una fuerte catequesis en la piedad popular.
Conclusión
Iniciado en el documento del episcopado argentino mencionado al comienzo: “Líneas pastorales para la nueva evangelización” del año 1990 y continuando en el documento “Navega Mar adentro” nuestra Iglesia en Argentina se encuentra transitando un camino de conversión pastoral en clave evangelizadora que implica una dinámica profundamente eclesial, misionera e inculturada con el intento de llegar a los bautizados alejados y no bautizados. La dimensión misionera hoy no se concibe como una actividad al margen o paralela a las otras actividades pastorales, sino que está en el corazón de su misma vitalidad evangelizadora.
Haciendo un apretado resumen desde la óptica del Documento de Síntesis podemos decir: Los tres macrodesafíos que se interpenetran recíprocamente, asumen de forma sintética los cambios epocales descriptos en la Síntesis de Aportes recibidos (DSIN 49-79) y los cinco desafíos que la Conferencia Episcopal Argentina expresó en “Navega mar adentro” (NMA 21-48). El primero se refiere a la relación de la persona y del pueblo de Dios en la Iglesia (religión); el segundo a la relación de los hombres entre sí en la sociedad (justicia); el tercero afecta de forma transversal a las distintas comunidades sociales y los diversos órdenes de la cultura (comunión)
1. En el orden religioso: la ruptura en la trasmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Afirmamos la vigencia de la piedad popular católica como forma viva de la inculturación y la comunicación de la fe, pero en la últimas décadas notamos un cierta desidentificación con la tradición católica, la falta de su trasmisión a las nuevas generaciones y el éxodo hacia otras comunidades (en los más pobres hacia el evangelismo pentecostal y algunas sectas nuevas) y experiencias (en las clases medias y altas hacia vivencias espirituales alternativas) ajenas al sentido de la Iglesia y su compromiso social. Algunas causas son la crisis del dialogo familiar, la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo del mercado, la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural: Se agrava el diagnóstico de Puebla: la fe y la religión popular están en una “situación de urgencia” sometidas a una “crisis decisiva” (DP 460). Hay que generar un mayor fervor discipular y apostólico que asuma nuestra sensibilidad religiosa y encuentre nuevos caminos para comunicar la fe.
2. En la dimensión social: Una inequidad escandalosa que lesiona la dignidad personal y la justicia social. Participamos en general de la situación de América Latina. Entre los años 2002 y 2006 en Argentina crecieron al 8,7 % los índices de medición de la indigencia; hay un 26,9 % en el nivel de la pobreza y estamos en la región aparentemente más desigual de mundo, la que más creció y menos redujo la miseria. Persiste la injusta distribución de los bienes, lo cual configura una situación de pecado social que clama al cielo y que excluye de las posibilidades de una vida más plena a muchos hermanos. Poderes políticos y planes económicos de diversos signos no dan muestras de producir modificaciones significativas para “eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial” (Bnedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático, 8/1/2207). En Argentina urge animar una conducta justa, coherente con la fe que promueva la dignidad humana, el bien común, la inclusión integral, la ciudadanía plena y los derechos de los pobres.
3. En toda la cultura: La crisis de los vínculos familiares y sociales fundantes de los pueblos. Hay una reserva de valores religiosos, éticos y culturales de nuestro pueblo pero el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas que forman comunidades y las comunidades formadas por personas. Se notan en los conflictos de la familia, los desgarramientos de la Nación y la desintegración del continente.
La acción pastoral debe mostrar que la relación con nuestro Padre exige el desarrollo de la unión entre los hermanos. En esta línea el núcleo del contenido evangelizador (NMA 50-51) busca fortalecer una mayor comunión con la Trinidad en el Espíritu de Cristo que sane, promueva y afiance los vínculos personales en las nuevas expresiones de amor, amistad y comunión a nivel familiar, social y eclesial. Aquí se sitúan tanto la necesidad de una intensa comunión eclesial ad intra que aliente la renovada pastoral orgánica diocesana y nacional, como la exigencia de un servicio ad extra para que la comunión de la Iglesia anime una mayor integración latinoamericana.
Aparecida, mayo 2007.
Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
Misa inaugural de la 93a asamblea plenario de la CEA
Apr 28, 2007
Homilía deL Cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, al comienzo de la 93ª Asamblea Plenaria
Pilar, lunes 23 de abril de 2007.
“Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo. Algunos miembros de la sinagoga llamada “de los Libertos”, como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. Entonces presentaron falsos testigos que declararon: “Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha trasmitido Moisés”. En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.
Hech. 6: 8-15. Texto correspondiente al 23 de abril,
lunes de la 3ª Semana de Pascua.
1. San Lucas describe el asesinato de Esteban sobre las huellas del de Jesús. Se evidencia su intencionalidad de señalar, en este primer mártir, el camino del creyente. “El discípulo no es más que su maestro” (Mt. 10:24) había dicho Jesús; el camino del discípulo es el de su Señor; sería impensable un discipulado que no se ajustase al más fiel seguimiento. En esta realidad se enraiza la dimensión martirial de la existencia cristiana, ese “dar testimonio” como lo dio el Señor, y estar dispuesto a afrontar las consecuencias que exija la fidelidad al llamado.
2. Los apóstoles abandonaron al Maestro (Mt. 26:56), Pedro lo negó por miedo (Mt. 26: 69-75) ... todavía no habían sido confirmados por la Resurrección y la fuerza del Espíritu Santo. En Esteban, en cambio, se muestra ya el discípulo maduro, configurado por esa confirmación; en él la Palabra de Dios nos muestra el perfil acabado del discípulo que da testimonio, del discípulo que “lleno de gracia y poder hacía grandes prodigios y signos en medio del pueblo” (Hech. 6:8). Esteban no era un milagrero ambulante. La fuerza le venía de la gracia, del poder del Espíritu Santo... y esto molestaba.
3. La escena se enmarca en una disputa. Los miembros de la sinagoga de los Libertos “se presentaron para discutir con él” (Hech. 6:9), evocación de tantas discusiones de Jesús con fariseos, saduceos, esenios y zelotes, alternativas humanas a la radicalidad del Reino. Sin embargo, la contundencia de la historia del pueblo elegido y la fuerza de las Bienaventuranzas se imponía a toda argumentación y casuística. Se trataba del choque entre la Verdad y el sofisma ilustrado, ese equilibrismo nominalista para aceptar una formulación de la verdad negando su real incidencia en la vida. Estos sofistas “no encontraban argumentos frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra” (Hech. 6:10). Entonces recurren a diversas formas de violencia: al soborno (Hech. 6:11) como otrora los fariseos con los soldados testigos de la Resurrección (Mt. 28: 11-15), como el Sanedrín para con el mismo Jesús... y del soborno a “excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas” (Hech. 6:12) al igual que hicieron con Jesús (Mt. 27:20); y también como a Jesús llegan de improviso, lo arrestan y llevan ante el Sanedrín (ibid) y presentan testigos falsos (cfr. Mt. 26: 59-61). Los mismos métodos, el mismo camino recorrido hasta la muerte. Un último detalle: en el momento de su sacrificio el discípulo repetirá las palabras de perdón del Maestro (Hech. 7:59-60) y dará signos de su entrada triunfal en la vida: “En ese momento los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel” (Hech. 6:15 y 7:55-56).
4. Así se consuma la vida del que la Iglesia nos propone como el primer discípulo mártir y, en su persona, nos señala el camino a seguir: dar testimonio hasta el fin. A lo largo de los siglos el discipulado cristiano brilló con innumerables hombres y mujeres que no escondieron la fe que guardaban en sus corazones; a ellos el Espíritu Santo les dictaba lo que tenían que decir en los tribunales (cfr. Mc. 13:11) e iban valerosos y transfigurados al martirio: el fuerte Policarpo que permaneció firme en el poste sin querer ser clavado y cuyo cuerpo se transfiguró, en medio de la hoguera, como si fuera pan cocido en el velamen de un barco. Felicitas, valiente con sus hijos. Águeda que “contenta y alegre se dirigía a la cárcel, como invitada a bodas, y encomendaba al Señor su combate”. Los veintiséis japoneses en la colina de Nagasaki, orando, cantando salmos, animándose mutuamente. La serenidad de Maximiliano Kolbe al tomar el sitio de otro; el abandono en el Señor de Edith Stein quien repetía litánicamente: “no sé qué tiene dispuesto hacer Dios conmigo, pero no tengo porque preocuparme de ello”. Y así tantos otros, aun en tiempos cercanos. Todos ellos siguen el camino testimonial de Esteban y reeditan en su martirio también la transformación de su rostro que parecía el de un ángel. Ellos habían asumido en su corazón la Bienaventuranza del Señor. “¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!” (Lc. 6:22). Hombres y mujeres que no se avergonzaron de Jesucristo e, imitándolo en la cruz, llevaron adelante la vida de la Iglesia.
5. Porque la Iglesia fue, es y será perseguida. El Señor ya nos lo advirtió (cfr. Mt. 24:4-14; Mc. 13:9-13; Lc. 21:12-19) para que estuviésemos preparados. Será perseguida no precisamente en sus hijos mediocres que pactan con el mundo como lo hicieron aquellos renegados de los que nos habla el libro de los Macabeos (cfr. 1Mac. 1:11-15): ésos nunca son perseguidos; sino en los otros hijos que, en medio de la nube de tantos testigos, optan por tener los ojos fijos en Jesús (cfr. Hebr. 12: 1-2) y seguir sus pasos cualquiera sea el precio. La Iglesia será perseguida en la medida en que mantenga su fidelidad al Evangelio. El testimonio de esta fidelidad molesta al mundo, lo enfurece y le rechinan los dientes (cfr. Hech. 7:54), mata y destruye, como sucedió con Esteban. La persecución es un acontecimiento eclesial de fidelidad; a veces es frontal y directa; otras veces hay que saberla reconocer en medio de las envolturas “culturosas” con que se presenta en cada época, escondida en la mundana “racionalidad” de un cierto autodefinido “sentido común” de normalidad y civilidad. Las formas son muchas y variadas pero aquello que siempre provoca la persecución es la locura del Evangelio, el escándalo de la Cruz de Cristo, el fermento de la Bienaventuranzas. Luego, como en el caso de Jesús, de Esteban y de esa gran “nube de testigos”, los métodos fueron y son los mismos: la desinformación, la difamación, la calumnia... para convencer, poner en marcha y –como toda obra del Demonio- hacer que la persecución crezca, se contagie y se justifique (parezca razonable y no precisamente persecución).
6. En cambio la tentación para la Iglesia fue y será siempre la misma: eludir la cruz (cfr. Mt. 16:22), negociar la verdad, atenuar la fuerza redentora de la Cruz de Cristo para evitar la la persecución. ¡Pobre la Iglesia tibia que rehuye y evita la cruz! No será fecunda, se “sociabilizará educadamente” en su esterilidad con ribetes de cultura aceptable. Éste es, en definitiva, el precio que se paga, y lo paga el pueblo de Dios, por avergonzarse del Evangelio, por ceder al miedo de dar testimonio.
7. Al comenzar esta Asamblea podemos pedirle al discípulo del Señor, este primer hermano nuestro que dio testimonio de Jesucristo y del Evangelio, nos conceda la gracia de no avergonzarnos de la Cruz de Cristo, de no ceder a la tentación de que, por miedo, conveniencia o comodidad, negociemos la estrategia del Reino que entraña pobreza, humillaciones y humildad; y pedirle también la gracia de recordar todos los días las palabras de San Pablo: “No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios”. (2 Tim. 1:8).
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina
Pilar, 23 de abril de 2007.
Vigilia pascual
Apr 28, 2007
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires en la en la Vigilia Pascual (7 de abril de 2007).
1. Este relato que acabamos de escuchar se repetía todos los domingos en las primeras comunidades cristianas. Los creyentes se recordaban mutuamente la historia de esa mañana de Pascua. Una mañana movida, con idas y venidas, con sentimientos encontrados. Una mañana estremecedora: se conmovió la tierra (Mt. 28:2) y se conmovieron los corazones con el desconcierto, el temor, la duda, la perplejidad. Las mujeres que fueron al sepulcro tuvieron miedo; los discípulos, zozobra. Dos de ellos, porque no querían más líos, se escaparon a Emaús. En medio de este bochinche interior y exterior, de idas y venidas, aparece Jesús, vivo, resucitado, y todo adquiere un aire de paz, de gozo y de alegría. El Señor “no está aquí, ha resucitado” le habían dicho los ángeles a las mujeres... y finalmente lo vieron.
2. ¿Qué pasaba por el corazón de estas mujeres y de los discípulos? Quisiera detenerme en un detalle que acabamos de escuchar: “Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro y, al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido”. No se quedó en medio de los comentarios y las dudas; decidido, fue corriendo a ver lo que pasaba... y se admiró. Su corazón presintió y comenzó a saborear el estupor característico del encuentro con el Señor, ese sentimiento mezcla de admiración, gozo y adoración, con que Dios nos regala cuando se acerca. Pedro se deja llevar por el anuncio y se abre a lo que todavía no entiende. Tenía las muchas otras posibilidades de situarse ante los hechos de esa mañana, pero elige el camino directo, objetivo: ir a ver. No se deja entrampar por el microclima que se armó cuando llegaron las mujeres. Se anunciaba la Vida... y él corre hasta las periferias de la muerte, pero no se queda allí, encerrado en el ambiente sepulcral, sino que admirado, con estupor, regresa. Con su actitud cumplimenta la advertencia de los ángeles a las mujeres: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” No se deja aprisionar por la vaciedad del sepulcro.
3. “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” En medio de todas las circunstancias y los sentimientos de esa mañana la frase marca un hito en la historia, se proyecta hacia la Iglesia de todos los tiempos y señala una división entre las personas: los que optan por el sepulcro, los que siguen buscando allí, y los que –como Pedro- abren el corazón a la vida en medio de la Vida. Y cuántas veces, en nuestro andar cotidiano, necesitamos que se nos sacuda y se nos diga “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” ¡Cuántas veces necesitamos que esta frase nos rescate del ámbito de la desesperanza y de la muerte!
4. Necesitamos que se nos grite esto cada vez que, recluídos en cualquier forma de egoísmo, pretendemos saciarnos con el agua estancada de la autosatisfacción. Necesitamos que se nos grite esto cuando, seducidos por el poder terrenal que se nos ofrece claudicando de los valores humanos y cristianos, nos embriagamos con el vino de la idolatría de nosotros mismos que sólo puede prometernos un futuro sepulcral. Necesitamos que se nos grite esto en los momentos en que ponemos nuestra esperanza en las vanidades mundanas, en el dinero, en la fama y nos vestimos con el fatuo resplandor del orgullo. Necesitamos que se nos grite esto hoy, en medio de nuestro pueblo y de nuestra cultura para que nos abramos al Único que da vida, al Único que puede provocar en nosotros el estupor esperanzado del encuentro, al Único que no distorsiona realidades, que no vende mentiras sino que regala verdades. ¿Cuántas veces tenemos necesidad de que la ternura maternal de María nos susurre, como preparando el camino, esta frase victoriosa y de profunda estrategia cristiana: Hijo, ¡no busques entre los muertos al que está vivo!
Hoy noche de Pascua, necesitamos que se nos anuncie fuertemente esta palabra y que nuestro corazón débil y pecador se abra a la admiración y al estupor del encuentro y podamos escuchar de los labios de Él la reconfortante palabra: “No temas, soy yo”.
Card. Jorge Mario Bergoglio, SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 7 de Abril de 2007
Vuelve la disputa política entre Kirchner y obispo que parece dirigente partidario
Apr 27, 2007
Se avecina un mes de nuevas andanadas dialécticas entre el jefe de la iglesia católica y el presidente. Las críticas que se dispensaron, sin nombrarse, tuvieron que ver con el rol de armador opositor de Jorge Bergoglio en la elección de Capital.
(LA ARENA, 26/04/2007) No es un secreto que el cardenal primado de la Argentina y el jefe de Estado se detestan política y quizás personalmente. Las líneas marcadas por cada uno de ellos han divergido públicamente y así se plasmaron en hechos a la vista de todos, como cuando el gobierno trasladó a Santiago del Estero el tédeum del 25 de mayo de 2005. Néstor Kirchner no quería levantarle tribuna a su crítico terrenal en la catedral de Buenos Aires.
El origen partidario de los dos personajes influye en la actual falta de sintonía. En los ´70 Bergoglio simpatizaba con la derecha peronista de “Guardia de Hierro” y Kirchner con la Juventud Universitaria Peronista de La Plata.
Se dirá que muchos líderes vienen de lugares contrapuestos y pudieron confluir en otra etapa histórica. No es el caso, evidentemente.
Es que el presidente, asumido en mayo de 2003, retomó la bandera de los derechos humanos y cuestionó la represión ilegal, mencionando varias veces el rol cómplice de la cúpula eclesial de entonces.
Y el astuto cardenal, que arrastra cuestionamientos por su relación con el almirante Emilio E. Massera y la derecha peronista mencionada, es un adalid de la “reconciliación”, aún a costa de la justicia. El habló por primera vez de “Memoria Completa”, eslogan tan caro a los defensores de los genocidas. Los derechos humanos no resaltan entre los temas más meneados en sus homilías.
Es probable que ese desapego por la cuestión humanitaria avasallada por la dictadura militar se la haya transmitido su mentor Antonio Quarracino, quien en 1992 lo ubicó como obispo auxiliar de Buenos Aires y posteriormente como su sucesor. Quarracino abogaba por ghettos para gays y lesbianas, extremando los puntos de vista episcopales más reaccionarios.
En 2004 Bergoglio aún no era el presidente de la Conferencia Episcopal, cargo al que accedería en noviembre del año siguiente. Pero ya disparaba con munición gruesa desde el púlpito capitalino y denostaba a los políticos que actuaban como “progresistas adolescentes”. El gobierno había hecho el acto del 24 de marzo en la ESMA y decidido su transferencia a Museo de la Memoria.
K recogió el guante y dijo que prefería ser adolescente antes que cambiar sus convicciones. La polémica quedó instalada inicialmente en el tema de los derechos humanos. Huelga decir quién era el progresista y quién el retrógrado.
El “Guardián” se sintió reforzado cuando la 90º Asamblea de la Conferencia del Episcopado lo eligió titular en reemplazo de Eduardo Mirás. Fue una democracia restringida pues solamente podían votar 72 obispos; otros 33, beneméritos o retirados, tenían voz pero no voto.
El estallido
Si 2004 fue un round de “estudio”, como dicen los relatores de boxeo, 2005 fue piñas entre los dos pesos pesados. A las diferencias planteadas con antelación se sumó el desacuerdo institucional disparado por el obispo castrense. En febrero de ese año Antonio Baseotto escribió una carta al ministro de Salud, Ginés González García, con una parábola bíblica que le deseaba una muerte horrible. Fue una forma de expresar el dogma religioso contra el uso de preservativos y la interrupción de embarazos no deseados que GGG había defendido en los medios.
Como el gobierno bien interpretó que se había hecho una alusión a los “vuelos de la muerte” utilizados por la aviación naval durante la dictadura, pidió la remoción del obispo en marzo de 2005. El secretario del Vaticano Angelo Sodano rechazó tal pedido y apoyó al cuestionado obispo.
Esa última postura fue avalada por Bergoglio, quien declaró que “el único que designa obispos es el Papa”. Lo dijo al regreso de Roma, donde había intervenido en el Sínodo de obispos que nombró a Benedicto XVI. Venía agrandadísimo porque -según versiones no confirmadas-, en la tercera votación había colectado 40 votos, diez o quince menos que el cardenal Joseph Ratzinger, finalmente triunfador. Dicho sea de paso, esas magnitudes fueron otra prueba de la democracia vaticana, restringida y machista.
Baseotto, que cobraba sueldo de secretario de Estado pagado por el erario público, está alineado con la ultraderecha expresada por el obispo de La Plata, Héctor Aguer. Supuestamente Bergoglio está ubicado más al centro. Sin embargo, en la práctica el caso Baseotto los encontró a casi todos unidos en respaldar al apologista de la violencia.
Un obispo también del “centro”, Carmelo Giachinta, de Resistencia, propuso que se leyera en todas las iglesias del país el párrafo más cuestionado de la misiva, donde se le espetaba al ministro de Salud: “es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasione! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar antes que escandalizar a uno de estos pequeños”.
En parte por las vacilaciones de Kirchner y la cancillería, y en parte por la oposición de Bergoglio, lo cierto es que el obispo castrense se salió con la suya. Siguió en el cargo hasta hoy, habiendo renunciado el 4 de abril de 2007, “ni un día antes ni un día después”, al cumplir 75 años de edad y luego de recibir felicitaciones en una carta personal del Papa.
Al defender a Baseotto, la cúpula de obispos no solamente quiso impedir una decisión soberana del Estado –mucho más lo haría ante cualquier intento de separación de Estado e Iglesia- sino también rechazar otras políticas. Por caso, las campañas oficiales por la procreación responsable, la planificación familiar, la educación sexual, el uso de forros, etc. La jerarquía instruyó a sus laicos sin sotana para accionar contra el derecho de mujeres violadas a interrumpir sus embarazos, pese a asistirles derechos legales.
¿Es un partido?
A Bergoglio le molestó que el gobierno siguiera aceptando las demandas de los organismos de derechos humanos y que esté por ir a juicio el ex capellán de la policía bonaerense, cura Christian Von Wernich, un secuaz de Ramón Camps. Este juicio va a impactar en la iglesia, de un modo u otro.
Creció el resentimiento eclesial ante la ley que permite a los médicos hacer ligaduras de trompas y vasectomías sin autorización judicial. Otro tanto con el impulso de Daniel Filmus a la ley de educación que prevé impartir educación sexual como contenido de la escuela primaria. Y con la la ratificación parlamentaria del Protocolo Facultativo de la Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (Cedaw), considerando que en la misma hay resquicios para la legalización del aborto.
Con estas facturas en su portafolio, Bergoglio no sólo criticó abiertamente al gobierno en junio de 2005, leyendo el discurso de 28 páginas que tenía previsto para el tedeum frustado del mes anterior. Juzgó que “las pugnas políticas son la gran enfermedad de los argentinos” y llamó a oponerse al pensamiento único, lo que fue interpretado por Elisa Carrió como un aval a su caracterización del gobierno como “fascista”.
Otras frases que sonaron como disparadas al plexo del oficialismo fueron: “no buscar el aplauso de las masas” y no quedarse con “el relativo juicio de las encuestas”.
El martes de esta semana el “Guardián” volvió a pontificar desde la 93º Asamblea del Episcopado, donde dijo que la Iglesia siempre es perseguida y difamada. Otra vez fue aplaudido por Carrió, quien expresó que se siente “maravillosamente representada por Bergoglio”.
Se sabe que el PEN ha decidido mover la sede del tedeum del 25 de mayo a Mendoza, para inmovilizar la lengua viperina del cardenal. Pero no hay escapatorias geográficas a un conflicto político: Bergoglio hallará otro lugar y momento de decir lo suyo, que tendrá un eco amplificado. Sobre todo luego de haber intervenido como armador electoral de la oposición. Lo hizo primero en Misiones y es vox populi que fue el consejero de Carrió para que pactara una lista común con Jorge Telerman. Del otro lado, excomulgados, quedaron Filmus, su candidato a legislador Ginés González García y el que va en el mismo sitio, pero en otra lista kirchnerista, Aníbal Ibarra.
Después de esta jugada, los que sostengan que la Iglesia Católica no es un partido político tendrán que buscar buenos argumentos para probarlo. Es que éste tiene doctrina, programa, consignas, plata, medios, locales, estatutos, asambleas, internas, actos y candidatos, además de alianzas para apuntar al poder político.
El cardenal se metió en la campaña
Apr 19, 2007
Su gesto de ayer no parece casual y lo ven como el motor del pacto Telerman-Carrió.
(La Prensa de Nicaragua, 19/4/2007) Es habitual que el cardenal Jorge Bergoglio haga trabajar a sus hermeneutas a destajo. En la Misa por la Educación de ayer recordó a los jóvenes que murieron en Cromagnon. Mencionó el gran dolor que inundó a la juventud y dijo: "No hemos llorado lo suficiente". La fórmula fue una repetición casi exacta de la que utilizó en la celebración de Corpus Christi de 2005 y que se interpretó como una imputación oblicua contra Aníbal Ibarra, por entonces jefe de gobierno y ausente en la ceremonia, como ayer.
Bergoglio habló como arzobispo de Buenos Aires. Es decir, como pastor católico de la ciudad en la que se produjo aquella tragedia. Pero sus críticos entenderán esta explicación como una coartada. La Capital será escenario de una pelea electoral muy ajustada, con un desenlace provisional el 3 de junio.
Uno de los protagonistas de esa campaña es Ibarra, cuyo apellido forma con Cromagnon la misma familia de palabras. El ex jefe de gobierno lidera una de las listas del Gobierno para la Legislatura porteña. La otra la preside Ginés González García, que, para espanto de la feligresía, se lanzó envuelto en la bandera de la despenalización del aborto.
Ibarra y González García irán a las urnas adheridos a la boleta de Daniel Filmus. Es el ministro de Educación y, por eso, el gran ausente de la misa de ayer. Se entiende: sus relaciones con Bergoglio quedaron suspendidas cuando la ley federal de educación cobijó, contra lo pactado con el Episcopado, un programa contra la discriminación de la mujer que incluye un reclamo para que el aborto no sea considerado delito. Si se sigue repasando la lista queda claro por qué el único oficialista que asistió ayer al templo fue Carlos Heller. Este banquero carece de agravios con el obispo, aunque no huele a incienso: es, como Filmus e Ibarra, otro miembro de la escuadra de ex comunistas que representan a Kirchner en el distrito, grupo al que, de manera cariñosa, llaman en la Casa Rosada "El circo de Moscú".
El pronunciamiento del prelado de ayer selló el destino del tedeum del próximo 25 de mayo: se realizará en Mendoza, sede de José Arancibia, a pesar de que la revolución fue porteña. El Presidente no está de ánimo para que nueve días antes de los comicios porteños le hagan recordar sus culpas en el reclinatorio.
Los agravios preexistentes y las desavenencias ideológicas de Bergoglio con los candidatos del Gobierno no justifican a quienes creen que la homilía de ayer sea vista como una intromisión en la lucha electoral que agita a la diócesis. Pero los que quieran verla así podrían auxiliarse en otro dato: los esfuerzos del arzobispo por configurar, en torno de Elisa Carrió, Jorge Telerman y Enrique Olivera, una oferta opositora exitosa.
La gravitación del cardenal sobre Carrió es inocultable. Lo mismo que su simpatía por Telerman, a quien, al poco tiempo de asumir como jefe de gobierno, visitó en su despacho. Olivera es un católico ferviente y pertenece a una familia de religiosos: su hermano Bernardo, sin ir más lejos, es el abad general de los trapenses en Roma. No debería sorprender que para Carrió esta urdimbre en torno de Bergoglio sea la mejor garantía de que su acuerdo con Telerman no degenerará en una adhesión transitiva a la Casa Rosada una vez consumada la disputa municipal. Quienes vieron a Carrió, Telerman y Olivera en la Catedral el 2 del actual, cuando se celebró la misa por los caídos en Malvinas, piensan así. Creen que el jefe de la Iglesia metropolitana no se limita a acercar a dirigentes con alguna comunidad de valores, sino que pretende reproducir en Buenos Aires el fenómeno de Misiones de octubre pasado.
Nadie describió con más simpatía el talento de los jesuitas para moverse en el terreno de las alusiones como Tomasi Di Lampedusa en El gatopardo , al retratar al capellán del príncipe de Salina. Bergoglio pertenece a esa escuela. Para él, la ambigüedad no tiene secretos. Es un problema para muchos de sus hermanos obispos, que disienten de la estrategia de distancia y frialdad del cardenal respecto del Gobierno. Ese debate tal vez se abra desde el lunes, cuando sesione por primera vez en el año la Asamblea Episcopal. Primero habrá un tradicional intercambio de ideas sobre la realidad nacional.
Acaso ese diálogo ya comenzó, a través de la prensa: el vicepresidente segundo de la Conferencia y obispo de Lomas de Zamora, Agustín Radrizzani, dijo ayer que la Comisión Ejecutiva del Episcopado, que encabeza Bergoglio, debería pedir una reunión con Kirchner. Agregó que la falta de diálogo daña a la Iglesia y a la administración.
Bergoglio ya fue presionado, en la última reunión de la asamblea, en noviembre pasado, para que reclamara una reunión con las autoridades. Ahora podría refutar a quienes lo aconsejan de ese modo. En diciembre solicitó audiencias al presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Balestrini, y al del Senado, Daniel Scioli. No tuvieron la delicadeza de contestarle. Ni siquiera Scioli, que dio tanta muestra de fervor religioso en el Vaticano.
"Yo no juego a las visitas" dice ahora el cardenal, desairado. Pero sus hermanos insisten y abren así un interrogante: ¿hasta qué punto la estrategia de Bergoglio es la de todo el Episcopado? Hay muchos obispos que aconsejan dar una respuesta más coloquial a la indiferencia o agresividad de Kirchner. Es cierto, ninguno de ellos es cardenal en un momento en que la Iglesia argentina cuenta con un solo prelado de esa jerarquía. Sin embargo, esos obispos son numerosos: Arancibia, Arancedo, Villalba y Casaretto son algunos. Con matices, ellos piensan que la Argentina no está sometida a la dictadura del polaco Jaruzelsky y que no hay necesidad de prestar los templos para organizar a la oposición. Al menos todavía.
A estas voces críticas Bergoglio les podría responder que su acción no excede lo pastoral, que está lejos de postularse a un cargo electivo y que, en todo caso, puede impulsar la acción que considere más prudente en su arquidiócesis.
Podrían responderle que, a pesar de que no lo sea, su figura es vista como la del jefe de la Iglesia. Y que Carrió tal vez esté destinada en octubre a ser la principal rival de algún Kirchner. Los alineamientos municipales se proyectarían, entonces, sobre los nacionales. Por eso los obispos que tienen reparos hacia la estrategia de Bergoglio temen caer, víctimas de un malentendido, derrotados.
"Educar, un compromiso compartido"
Apr 18, 2007
Mensaje del Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, a las Comunidades Educativas
(18 de abril de 2007)
Queridos educadores:
La Pascua de Resurrección nos pone en situación de plenitud para reflexionar acerca de nuestra identidad, tarea y misión y nos ofrece la oportunidad para compartir las inquietudes y esperanzas que la tarea educativa despierta en todos nosotros. Educar, es un compromiso compartido.
La educación de los chicos y jóvenes constituye una realidad muy delicada en lo que hace a su constitución como sujetos libres y responsables, a su formación como personas. Hace a la afirmación de su dignidad, don inalienable que brota de nuestra misma realidad originaria como imagen de Dios. Y porque hace al verdadero desarrollo humano, es preocupación y tarea de la Iglesia, llamada a servir al hombre desde el corazón de Dios y en orden a un destino trascendente que ninguna condición histórica puede ni podrá ensombrecer.
I. CARÁCTER PASCUAL DE LA TAREA EDUCADORA
En toda la historia de la salvación se manifiesta esa insistencia misericordiosa de Dios en ofrecer su gracia a una humanidad que desde el comienzo experimentó la confusión respecto a la medida y calidad de su destino. Ya el libro del Génesis, al presentarnos de un modo poético las primeras pinceladas de este inmenso cuadro, sitúa el conflicto fundamental de la historia humana en la acogida o rechazo, por parte de Adán y Eva, de la filiación divina y su directas implicancias: vivir la propia humanidad como un don, al cual hay que responder con una tarea sobre sí mismos; y esto en un clima de diálogo y escucha de la Palabra de Dios que señala rumbos y advierte contra posibles o efectivos desvíos.
Semejante alternativa cruza la historia humana desde el vértice pascual que consuma la definitiva obediencia del hombre en la Cruz y su destino en la Resurrección, hasta cada uno de los momentos en que ponemos en juego nuestra libertad personal y colectiva. En toda la historia se va realizando el plan de salvación, la vida humana camina hacia su más plena perspectiva entre la oferta de la gracia y la seducción del pecado.
La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en esa encrucijada con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin retaceos que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don infinito sólo comparable a la inefable medida de su destino trascendente.
Esto es lo que está en juego cuando ustedes van todos los días a sus colegios y encaran ahí sus tareas cotidianas. Nada más ni nada menos, aunque a veces el cansancio y las dificultades les instilen dudas y tentaciones, aunque por momentos el esfuerzo parezca insuficiente ante las colosales dificultades de todo orden que se interponen en el camino. Ante esas dudas y tentaciones, ante esas piedras, hay una voz que nos dice, una y otra vez, “no teman”.
“No teman” porque hay una piedra que ha sido quitada de una vez y para siempre: la piedra que cerraba el sepulcro de Cristo confinando la fe y la esperanza de sus discípulos a un mero recuerdo nostálgico de lo que pudo haber sido y no fue. Esa piedra que pretendía desmentir el anuncio del Reino que tan categóricamente había constituido el eje y núcleo de la predicación del Maestro y reducir la novedad del Dios-con-nosotros a otro (fallido) buen intento más. Esa piedra que convertía la prioridad de la vida sobre la muerte, del hombre sobre el sábado, del amor sobre el egoísmo y de la palabra sobre la mera fuerza, en una irrisoria cantinela propia de débiles e ilusos. Esa piedra aniquiladora de esperanza ya ha sido quitada por el mismo Dios. La hizo pedazos de una vez para siempre.
“No teman”, les dijo el ángel a las mujeres que fueron al sepulcro. Y esas dos palabras resonaron en lo hondo de la memoria, despertaron la voz amada que tantas veces las había instado a dejar de lado toda duda y temor; y también reavivó la esperanza que enseguida se tornó fe y alegría desbordante en el encuentro con el Resucitado que les ofrecía el don infinito de recordar todo para esperarlo todo. “No teman: yo estoy con ustedes siempre”, habrá repetido más de una vez el Señor a su pequeño grupo de seguidores, y seguirá repitiéndoselo cuando ese pequeño grupo acepte el desafío de ser luz de los pueblos, primicia de un mundo nuevo. “No teman”, nos dice hoy a quienes nos enfrentamos a una tarea que parece tan difícil, en un contexto que nos retacea certezas y ante una realidad social y cultural que parece condenar todas nuestras iniciativas a una especie de fracaso a priori, pues no es otra cosa el desaliento y la desconfianza.
“No teman”. La tarea de ustedes, educadores cristianos, más allá de dónde se realice, participa de la novedad y la fuerza de la Resurrección de Cristo. Carácter pascual que no le quita nada de su autonomía como servicio al hombre y a la comunidad nacional y local, pero le aporta un sentido y una motivación trascendentes y una fuerza que no brota de ninguna consideración pragmática, sino de la fuente divina del llamado y la misión que hemos decidido asumir.
II. UN SERVICIO AL HOMBRE QUE PROMUEVE SU AUTÉNTICA DIGNIDAD
Ustedes son educadores; ser educador es comprometerse a trabajar en una de las formas más importantes de promoción de la persona humana y su dignidad. Y ser educador cristiano es hacerlo desde una concepción del ser humano que tiene algunas características que la distinguen de otras perspectivas.
Por supuesto que no se trata de dividir y confrontar. Al dedicar parte de su esfuerzo, personas e infraestructura a la educación, la Iglesia participa de una tarea que compete a la sociedad toda y debe ser garantizada por el Estado. Lo hace no para diferenciarse con mezquindad proselitista, para competir con otros grupos o con el mismo Estado por el “alma” y la “mente” de las personas, sino para aportar lo que considera un tesoro del que es depositaria para compartirlo, una luz que recibió para hacerla resplandecer en lo abierto. El único motivo por el cual tenemos algo que hacer en el campo de la educación es la esperanza en una humanidad nueva, según el designio divino; es la esperanza que brota de la sabiduría cristiana, que en Jesús Resucitado nos revela la estatura divina a la cual estamos llamados.
Porque no olvidemos que el Misterio de Cristo “revela plenamente el hombre al mismo hombre”, como decía Juan Pablo II en su primera encíclica. Hay una verdad sobre el hombre que no es propiedad ni patrimonio de la Iglesia, sino de la humanidad entera, pero que la Iglesia tiene como misión contribuir a revelar y promover. Éste es terreno propio de ustedes, educadores cristianos. ¿Cómo no llenarse de orgullo, es más, de emoción y reverencia, ante la delicada y fundamental tarea a la cual han sido llamados?
Para apoyarlos en esta especie de avanzada humanizadora en la cual están comprometidos, comparto con ustedes algunas reflexiones acerca de la concepción cristiana del hombre y su destino.
III. LA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA: UNA ANTROPOLOGÍA DE LA TRASCENDENCIA
En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año Benedicto XVI nos propuso volver a considerar el valor de la persona humana y su dignidad. Quisiera tomar una de las afirmaciones que allí se despliegan para sumarla a esta meditación eclesial.
El Papa habla de una dignidad trascendente, expresada en una suerte de “gramática” natural que se desprende del proyecto divino de la creación. Quizás ese carácter trascendente sea la nota más característica de toda concepción religiosa del hombre. La verdadera medida de lo que somos no se calcula solamente en relación con un orden dado por factores naturales, biológicos, ecológicos, hasta sociales; sino en el lazo misterioso que, sin liberarnos de nuestra solidaridad con la creación de la cual formamos parte, nos emparenta con el Creador para no ser simplemente “parte” del mundo sino “culminación” del mismo. La Creación “se trasciende” en el hombre, imagen y semejanza de Dios. Porque el hombre no es sólo Adán; es ante todo Cristo, en quien fueron creadas todas la cosas, primero en el designio divino.
Y fíjense que esto da lugar, en el cristianismo, a una concepción bastante peculiar de lo que es “trascendencia”. ¡Una trascendencia que no está “afuera” del mundo! Situarnos plenamente en nuestra dimensión trascendente no tiene nada que ver con separarnos de las cosas creadas, con “elevarnos” por sobre este mundo. Consiste en reconocer y vivir la verdadera “profundidad” de lo creado. El misterio de la Encarnación es el que marca la línea divisoria entre la trascendencia cristiana y cualquier forma de espiritualismo o trascendentalismo gnóstico.
En ese sentido, lo contrario a una concepción trascendente del hombre no sería sólo una visión “inmanente” del mismo, sino una “intrascendente”. Esto puede parecer un juego de palabras. Porque “intrascendente” significa, en el lenguaje común y corriente, algo sin importancia, fugaz, que “no nos deja nada”, algo de lo cual podríamos prescindir sin perdernos nada. Pero no nos confundamos: ese “juego de palabras” no es él mismo intrascendente. Revela una verdad esencial. Cuando el hombre pierde su fundamento divino, su vida y toda su existencia empieza a desdibujarse, a diluirse, a volverse “intrascendente”. Cae por tierra aquello que lo hace único, imprescindible. Pierde su fundamento todo lo que hace de su dignidad algo inviolable. Y a partir de ahí, un hombre vuelto “intrascendente” pasa a ser una pieza más en cualquier rompecabezas, un peón más en el ajedrez, un insumo más en todo tipo de cadena de producción, un número más. Nada trascendente, sólo uno más de muchos elementos todos ellos intrascendentes, todos ellos in-significantes en sí mismos. Todos ellos intercambiables.
Este modo intrascendente de concebir a las personas lo hemos visto y lo vemos todos los días. Niños que viven, se enferman y mueren en las calles y a nadie le importa. Un “cabecita” más o menos, o peor aún, un “pibe chorro” menos (como pude escuchar horrorizado de labios de un “comunicador” en la televisión), ¿qué importancia tiene? Una chica secuestrada de su casa y esclavizada ignominiosamente en los circuitos de prostitución que impunemente proliferan en nuestro país, ¿por qué habría de quitarnos el sueño? Es sólo una más... Un niño al cual no se le permite nacer, una madre a la cual nadie da una mano para que pueda hacerse cargo de la vida que brota de ella, un padre al que la amargura de no poder brindar a sus hijos lo que a ellos les correspondería lo lleva a la desesperación o a la indiferencia... ¿qué importancia tiene todo esto si no afecta a los números y estadísticas con que nos consolamos y tranquilizamos?
No hay peor antropología que una antropología de la intrascendencia para la cual no hay diferencias: con la misma vara con que se mide cualquier objeto, se puede medir a una persona. Se calculan “gastos”, “daños colaterales”, “costos”... que solamente empiezan a “trascender” en las decisiones cuando los números abultan: demasiados desocupados, demasiados muertos, demasiados pobres, demasiados desescolarizados... Frente a esto ¿qué pasa si caemos en la cuenta de que una antropología de la trascendencia se ríe de esos números mezquinos y sostiene, sin que le tiemble el pulso, que cada uno de esos pequeños tiene una dignidad infinita? Que cada uno de ellos es infinitamente trascendente: lo que se haga o se deje de hacer con cada uno de ellos, se lo hace con el mismo Cristo... ¡con el mismo Dios!
A esta luz, comprendemos de un modo nuevo aquella sentencia del Señor según la cual “no se puede servir a Dios y al Dinero”. No se trata sólo de una cuestión de ascesis personal, de un ítem junto a otros para el examen de conciencia. El dinero es la “medida universal de todas las cosas”, en el mundo moderno. Todo tiene un precio. El valor intrínseco de cada cosa se uniforma en un signo numérico. ¿Recuerdan que hace ya varios años se decía que desde el punto de vista económico era lo mismo producir tanques o caramelos, mientras los números fueran iguales? Del mismo modo, sería lo mismo vender drogas o libros, si los números cierran. Si la medida del valor es un número, todo da lo mismo mientras el número no varíe. La medida de cada ser humano es Dios, no el Dinero. Eso es lo que quiere decir “dignidad trascendente”. Las personas no se pueden “contar” ni “contabilizar”. No hay reducción posible de la persona a un denominador común (numérico o como se quiera) entre sí y con otras cosas del mundo.
Cada uno es único. Todos importan totalmente y singularmente. Todos nos deben importar. Ni una sola violación a la dignidad de una mujer o un hombre puede justificarse en nombre de ninguna cosa o idea. De ninguna.
¿Hace falta decir que tomarse en serio esto sería el inicio de una completa revolución en la cultura, en la sociedad, en la economía, en la política, en la misma religión? ¿Hace falta nombrar algunas de las prácticas normalmente aceptadas en las sociedades modernas que quedarían privadas de toda justificación si realmente se pusiera la dignidad trascendente de la persona por encima de cualquier otra consideración?
IV. DIGNIDAD TRASCENDENTE: EL HOMBRE COMO PARTE Y CULMEN DE LA CREACIÓN
En primer lugar, la trascendencia de la persona humana se da con respecto a la naturaleza.
¿Qué significa esto?
Las personas tenemos una relación compleja con el mundo en que vivimos, precisamente por nuestra doble condición de hijos de la tierra e hijos de Dios. Somos parte de la naturaleza; nos atraviesan los mismos dinamismos físicos, químicos, biológicos, que a los demás seres que comparten el mundo con nosotros. Aunque se trate de una afirmación banalizada y tantas veces mal entendida, “somos parte del todo”, un elemento del admirable equilibrio de la Creación.
La tierra es nuestra casa. La tierra es nuestro cuerpo. También nosotros somos la tierra. Sin embargo, para la civilización moderna, el hombre está disociado armónicamente del mundo. La naturaleza ha terminado convirtiéndose en una mera cantera para el dominio, para la explotación económica. Y así nuestra casa, nuestro cuerpo, algo de nosotros, se degrada. La civilización moderna conlleva en sí una dimensión biodegradable.
¿A qué se debe esto? En línea de lo que venimos meditando, esta ruptura (que sin duda nos va a costar y ya nos está costando mucho sufrimiento, poniendo incluso un signo de pregunta sobre nuestra misma supervivencia) esta ruptura, digo, puede entenderse como una suerte de “trascendencia desnaturalizada”. Como si la trascendencia del hombre respecto de la naturaleza y del mundo implicara separación. Nos pusimos frente a la naturaleza, nos enfrentamos a ella, y en ello ciframos nuestra trascendencia, nuestra humanidad. Y así nos fue.
Porque trascendencia respecto de la naturaleza no significa que podamos romper gratuitamente con su dinámica. Que seamos libres y que podamos investigar, comprender y modificar el mundo en que vivimos no significa que todo valga. No hemos puesto nosotros sus “leyes”, ni las vamos a ignorar sin serias consecuencias. Esto es válido también para las leyes intrínsecas que rigen nuestro propio ser en el mundo. Los humanos podemos levantar nuestra cabeza por encima de los determinismos naturales... pero para comprender su riqueza y su sentido y liberarlos de sus falencias, no para ignorarlos; para reducir el azar, no para pisotear las finalidades que se fueron ajustando durante cientos de miles de años. Esa es la función de la ciencia y la técnica, que no pueden tener lugar disociadas de las profundas corrientes de la vida. Libres, pero no disociados de la naturaleza que nos fue dada. La ciencia y la técnica se mueven en una dimensión creativa: desde la primera incultura primordial y por medio de la inteligencia y el trabajo, crean cultura. La primera forma de incultura se transforma en cultura. Pero si no se respetan las leyes que la naturaleza lleva en sí, entonces la actividad humana es destructiva, produce caos; es decir se da una segunda forma de incultura, un nuevo caos capaz de destruir al mundo y a la humanidad.
Cito al Papa hablándoles a los participantes de un Congreso hace sólo dos meses: “no todo lo que es científicamente factible es también éticamente lícito. ...Fiarse ciegamente de la técnica como única garante de progreso, sin ofrecer al mismo tiempo un código ético que hunda sus raíces en la misma realidad que se estudia y desarrolla, equivaldría a hacer violencia a la naturaleza humana, con consecuencias devastadoras para todos”.
Precisamente porque no somos sólo “naturaleza” en el sentido moderno del término, porque no somos sólo física, química, biología, es que podemos interrogarnos por el sentido y estructura de nuestro ser natural y ubicarnos en continuidad con ello. Es decir, con sabiduría, y no con arbitrariedad, creando “cosmos” y no “caos”.
Pensemos las múltiples ramificaciones que tiene esta idea. Como educadores, tendrán que asumir el desafío de contribuir a una nueva sabiduría ecológica que entienda el lugar del hombre en el mundo y que respete al mismo hombre que es parte del mundo. El sentido de la ciencia y la técnica, de la producción y el consumo, del cuerpo y de la sexualidad, de los medios por los cuales somos partícipes de la creación y transformación del mundo dado por Dios, merece una rigurosa meditación en nuestras comunidades y en nuestras aulas; meditación que no excluye una conversión de la mente y el corazón para ir más allá de la dictadura del consumismo, de la imagen y de la irresponsabilidad. Y conste que no me estoy refiriendo a acciones espectaculares: ¿por qué, por ejemplo, no hacer de nuestras escuelas el lugar donde se pueda lleva a cabo un replanteo de nuestros hábitos de consumo? ¿No podríamos ponernos a imaginar, junto con las familias de nuestras comunidades educativas, nuevas y mejores formas de alimentarnos, de festejar, de descansar, de elegir los objetos que acompañarán nuestros pasos en el mundo? Revalorizar lo gratuito en vez de lo que sólo vale si cuesta, revalorizar lo que implica tiempo y trabajo compartido en vez de lo “ya hecho” para el rápido descarte. Revalorizar asimismo la belleza plural y diversa de las personas en vez de someternos a la dictadura de los cuerpos estandarizados o de las diferencias entendidas como motivos de discriminación.
Un humanismo trascendente nos invita, entonces, a replantear el modo en que somos parte de la “naturaleza” sin reducirnos a ella. Pero hay más.
V. DIGNIDAD TRASCENDENTE: LA TRASCENDENCIA DEL AMOR
La dignidad trascendente de la persona también implica la trascendencia respecto del propio egoísmo, la apertura constitutiva hacia el otro.
La concepción cristiana de “persona humana” no tiene mucho que ver con la posmoderna entronización del individuo como único sujeto de la vida social. Algunos autores han denominado “individualismo competitivo” a la ideología que, luego de la “caída de las certezas de la modernidad”, se ha adueñado de las sociedades occidentales. La vida social y sus instituciones tendrían como única finalidad la consecución de un campo lo más ilimitado posible para la libertad de los individuos.
Pero, como les decía en un mensaje anterior, la libertad no es un fin en sí mismo, un agujero negro detrás del cual no hay nada, sino que se ordena a la vida más plena de la persona, de todo el hombre y todos los hombres. Ahora bien: una vida más plena es una vida más feliz. Todo lo que podamos imaginar como parte de una “vida feliz” incluye a mis semejantes. No hay humanismo realista y verdadero si no incluye la afirmación plena del amor como vínculo entre los seres humanos; en las distintas formas en que ese vínculo se realiza: interpersonales, íntimas, sociales, políticas, intelectuales, etc.
Esta afirmación podría parecer obvia. ¡Pero no lo es! La relación primordial del hombre con su semejante ha sido formulada de otras maneras en la historia del pensamiento y de la política. Recordemos algunas definiciones: “el hombre es lobo para hombre”; “antes de toda regulación estatal la sociedad es una guerra de todos contra todos”; “el lucro es el motor principal de toda actividad humana…” Desde algunas de esas perspectivas, el hombre (el individuo humano) es libre sobre todo para adueñarse de los bienes de la tierra y así satisfacer sus deseos. Como cae de maduro, considerará al otro (que también quiere esos bienes) como un límite para su libertad. Ya conocemos la máxima: “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Es decir: “si los demás no estuvieran, vos serías más libre”… Es la exaltación del individuo “contra” los demás; la herencia de Caín: si es de él, no es mío; si es mío no puede ser de él.
Esta definición “negativa” de la libertad termina siendo la única posible si partimos del absolutismo del individuo; pero no lo es si consideramos que todo ser humano está esencialmente referido a su semejante y a su comunidad. En efecto: si es verdad que la palabra, uno de los rasgos principales distintivos de la persona, no nace exclusivamente en nuestro interior sino que se amasa en las palabras que me han sido transmitidas y me han convertido en lo que soy (la “lengua materna”, lengua y madre); si es verdad que no hay humanidad sin historia y sin comunidad (porque nadie “se hizo solo”, como les gusta farfullar a las ideologías de la depredación y la competencia); si nuestro hablar siempre es respuesta a una voz que nos habló primero (y, en última instancia, a la Voz que nos puso en el ser), ¿qué otro sentido puede tener la libertad que no sea abrirme la posibilidad de “ser con otros”? ¿Para qué quiero ser libre si no tengo ni un perro que me ladre? ¿Para qué quiero construir un mundo si en él voy a estar solo en una cárcel de lujo? La libertad, desde este punto de vista, no “termina”, sino que “empieza” donde empieza la de los demás. Como todo bien espiritual, es mayor cuanto más compartida sea.
Pero vivir esta libertad “positiva” implica también, como se señala más arriba, una completa “revolución” de características imprevisibles, otra forma de entender la persona y la sociedad. Una forma que no se centre en objetos a poseer, sino en personas a quienes promover y amar.
Porque suceden ciertas cosas que deberían provocarnos alarma: por ejemplo ¿qué clase de locura es aquélla por la cual un adulto puede llegar a denunciar a la Justicia a un niño de cinco años porque le sacó un juguete a su hijo en el jardín, como efectivamente pasó entre nosotros hace un par de años? Ni más ni menos que la locura en que estamos sumergidos todos, en mayor o menor medida: la locura de juzgar toda nuestra vida, personal y social, por los objetos que poseemos o no poseemos. La lógica según la cual un hombre vale lo que tiene o lo que puede llegar a tener. La lógica de lo que me puede dar (siempre hablando materialmente) o, si queremos ser más crueles, lo que le puedo arrebatar. La lógica basada en la idea de que la vida humana, personal y social, no se rige por la condición de persona de cada uno de nosotros, por nuestra dignidad y a través de nuestra responsabilidad (nuestra capacidad de responder a la palabra que nos convoca), sino por relaciones centradas en objetos inertes. Es decir, ¡la intrascendencia de la persona respecto a la mera pulsión de apoderarse de cosas! Fíjense cómo, por otro camino, llegamos a la misma idea con que empezó esta reflexión.
Esta antropología de la intrascendencia encuentra su excusa y su caldo de cultivo en la hiperinflación que en las últimas décadas ha tenido el concepto de “Mercado”. Insistencia (en muchos casos, prácticamente absolutización) que desde una perspectiva cristiana no se ha dudado en denominar idolatría.
Aclaremos un poco las cosas. No estamos demonizando el Mercado como una cierta forma de organizar nuestros intercambios y pensar el mundo de la economía. Pero el problema es que la idea de “Mercado”, casi en su origen, no alude a otra cosa que a muchísima gente comprando y vendiendo. Todo lo que no sea comprar o vender, no forma parte de él. El problema radica en que no todo se compra ni todo se vende. Algunas cosas, porque “no tienen precio”, por ejemplo, los bienes que llamamos “espirituales”: el amor, la alegría, la compasión, la verdad, la paciencia, el coraje, etc.; pero otras, simplemente porque el que debería comprarlas para su utilidad y necesidad no puede hacerlo, porque no tiene dinero, capacidad, salud, etc.
Esto aporta toda una nueva serie de problemas, a los cuales no es la primera vez que me refiero: como por ejemplo para “ser alguien” (es decir, para “existir” en el mundo como Mercado) hay que “tener” cosas, si yo no puedo tenerlas “por las buenas” (es decir, por poseer algo que el Mercado considere valioso para ofrecer), no me quedará otra que aceptar que “no existo”, que no hay para mí ningún lugar, ni siquiera el último... o intentar tenerlas “por las malas”. Y como el mundo de la economía no se rige tanto por las necesidades reales sino por lo que es más rentable (aunque sea superfluo), habrá muchísimos que “no tienen” pero querrán “seguir siendo”. De modo que los que “sí tienen” deberán redoblar sus cuidados y multiplicar sus rejas a fin de que aquellos que fueron expulsados no traten de entrar por las ventanas…las de la sociedad... y también las de sus casas. ¿Historia conocida? Exclusión por un lado, autoreclusión por el otro, son las consecuencias de la lógica interna del reduccionismo economicista. ¿Aceptaremos que estos son “los tristes laureles que supimos conseguir”? ¿O nos decidiremos a sacudirnos el lastre de intrascendencia e individualismo que se nos ha ido acumulando, para imaginar y poner en práctica otra antropología?
¿Cuál será la clave para esta otra antropología? Conciencia de ciudadanos, dirán algunos. Solidaridad. Conciencia de pueblo. ¿Por qué no reconducirla hacia su fuente, aunque parezca débil o romántica, y llamarla amor? Porque ésa, verdaderamente, es una de las claves de la dignidad trascendente de la persona.
VI. DIGNIDAD TRASCENDENTE DE LOS HIJOS DE DIOS
Llegamos así a la dimensión última de la trascendencia humana. No basta con reconocer y vivir una nueva conciencia ecológica que supere toda reducción determinista a lo natural-biológico, y una nueva conciencia humanística y solidaria que se oponga a la bruma del egoísmo individualista y economicista. Las mujeres y hombres que vivimos en la tierra soñamos con un mundo nuevo que en su plenitud probablemente no veremos con nuestros ojos, pero lo queremos, lo buscamos, lo soñamos. Un escritor latinoamericano decía que tenemos dos ojos: uno de carne y otro de vidrio. Con el de carne miramos lo que vemos, con el de vidrio miramos lo que soñamos. Pobre una mujer o un hombre, pobre un pueblo, que clausura la posibilidad de soñar, que se cierra a las utopías. Por ello, es parte de la dignidad trascendente del hombre su apertura a la esperanza.
Hace algunos años les decía que la esperanza no es un “consuelo espiritual”, una distracción de las tareas serias que requieren nuestra atención, sino una dinámica que nos hace libres de todo determinismo y de todo obstáculo para construir un mundo de libertad, para liberar a esta historia de las consabidas cadenas de egoísmo, inercia e injusticia en las cuales tiende a caer con tanta facilidad. Es una determinación de apertura al futuro. Nos dice que siempre hay un futuro posible. Nos permite descubrir que las derrotas de hoy no son completas ni definitivas, liberándonos así del desaliento; y que los éxitos que podemos obtener tampoco lo son, salvándonos de la esclerosis y el conformismo. Nos revela nuestra condición de seres no terminados, siempre abiertos a algo más, en camino. Y nos agrega la conciencia creyente, la certeza de un Dios que se mete en nuestra vida y nos auxilia en ese camino.
Esta conciencia de trascendencia como apertura es imprescindible para ustedes, queridos educadores. Sabemos que educar es apostar al futuro. Y el futuro es regido por la esperanza.
Pero la antropología cristiana no se queda ahí. Esa apertura no es, para el creyente, solamente una especie de indeterminación difusa respecto de los fines y sentidos de la historia personal y colectiva. Porque también es posible y sumamente peligroso superar el desánimo y el conformismo... para caer en una especie de relativismo que pierde toda capacidad de evaluar, preferir y optar. No se trata sólo de construir sin garantías ni raíces memoriosas. Se trata de poder fundar esa construcción en un sentido que no quede librado al azar de las inspiraciones momentáneas o de los resultados, a la suerte de las coincidencias o, finalmente, a la voz que logra gritar más fuerte e imponerse sobre las demás.
La trascendencia que nos revela la fe nos dice además, que esta historia tiene un sentido y un término. La acción de Dios que comenzó con una Creación en cuya cima está la creatura que podía responderle como imagen y semejanza suya, con la cual él entabla una relación de amor y que alcanzó su punto maduro con la Encarnación del Hijo, tiene que culminar en una plena realización de esa comunión de un modo universal. Todo lo creado debe ingresar en esa comunión definitiva con Dios iniciada en Cristo Resucitado. Es decir: caminamos hacia un término que es cumplimiento, acabamiento positivo de la obra amorosa de Dios. Un término que no es resultado inmediato o directo de la acción humana, sino que es una acción salvadora de Dios, el broche final de la obra de arte que él mismo inició y en la cual quiso asociarnos como colaboradores libres; y el último sentido de nuestra existencia se resuelve en el encuentro personal y comunitario con el Dios-Amor, más allá incluso de la muerte.
Los cristianos creemos que no todo es lo mismo. No vamos a cualquier lado. No estamos solos en el universo. Y esto, que a primera vista puede parecer tan “espiritual”, puede también ser absolutamente decisivo y dar lugar a un vuelco radical en nuestra forma de vivir, en los proyectos que imaginamos y tratamos de desarrollar, en los sentidos y valores que sostenemos y transmitimos.
Es verdad que no todos comparten nuestras creencias acerca del sentido teológico de la historia humana. Pero eso no tiene por qué cambiar un milímetro el significado que aporta a nuestra acción. Aún cuando muchos hermanos nuestros no profesen nuestro Credo, sigue siendo fundamental que nosotros sí lo hagamos. Fundamental para nosotros y también para ellos, aunque no puedan verlo, en la condición de que por ese camino, estaremos colaborando en la llegada del Reino para todos, aun para los que no han podido reconocerlo en los signos eclesiales.
La certeza en la acción escatológica de Dios que instaurará su Reino en el fin de los tiempos tiene un efecto directo sobre nuestra forma de vivir y de actuar en medio de la sociedad. Nos prohíbe cualquier tipo de conformismo, nos quita excusas para las medias tintas, deja sin justificación toda componenda o “agachada”. Sabemos que hay un Juicio, y ese Juicio es el triunfo de la justicia, el amor, la fraternidad y la dignidad de cada uno de los seres humanos, empezando por los más pequeños y humillados; entonces no tenemos forma de hacernos los distraídos. Sabemos de qué lado tenemos que estar entre las alternativas que se nos plantean, entre cumplir las leyes o esquivarlas con viveza criolla, entre decir la verdad o manipularla para nuestra conveniencia, entre dar respuesta al necesitado que encontramos en la vida o cerrarle la puerta en la cara, entre buscar y ocupar el lugar que nos corresponde en la lucha por la justicia y el bien común según la posibilidades y competencias de cada uno o “borrarnos olímpicamente” construyéndonos nuestra propia burbuja, entre una y otra opción en cada encrucijada cotidiana, sabemos de qué lado tenemos que estar. Y esto, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
VII. UNA NUEVA HUMANIDAD QUE PUEDE EMPEZAR EN CADA ESCUELA
Profesar una creencia y sostener una determinada manera de ver a la persona y de querer ser seres humanos no es una actitud con mucha prensa en estos tiempos de relativismo y caída de las certezas. A río revuelto ganancia de pescadores: cuanto menos certezas, más lugar para que nos convenzan de que lo único sólido y cierto es lo que los eslóganes del consumo y la imagen nos proponen.
Pero lo último que debemos hacer es atrincherarnos defensivamente y lamentarnos amargamente por el estado del mundo. No nos es lícito convertirnos en unos desconfiadores a priori (que no es lo mismo que tener pensamiento crítico, sino su versión obtusa) y felicitarnos entre nosotros, en nuestro mundillo clausurado, por nuestra claridad doctrinal y nuestra insobornable defensa de las verdades... defensas que sólo terminan sirviendo para nuestra propia satisfacción. Se trata de otra cosa: de hacer aportes positivos. Se trata de anunciar, de empezar a vivir en plenitud de otra manera, convirtiéndonos en testigos y constructores de otra forma de ser humanos, lo cual no va a darse, convenzámonos, con miradas hoscas y temples de criticones. Se trata de implementar nuestra vocación más profunda no enterrando el denario, sino de salir convencido no sólo de que las cosas se pueden cambiar sino que hay que cambiarlas y que las podemos cambiar.
Jonás es una figura de la Biblia que nos puede inspirar en tiempos de cambio e incertidumbre; es un personaje que puede estar espejando actitudes de nosotros, en muchos casos educadores con experiencia acumulada, con estilos y formas aquilatadas de proceder. Él vivía tranquilo y ordenado, con ideas muy claras sobre el bien y el mal, sobre cómo actúa Dios y qué es lo que quiere en cada momento; sobre quiénes son fieles a la alianza y quiénes no. Tanto orden lo llevó a encuadrar con demasiada rigidez los lugares donde había que desplegar su misión de profetizar. Jonás tenía la receta y las condiciones para ser un buen profeta y continuar la tradición profética en la línea de “lo que siempre se había hecho”.
De pronto, Dios desbarató su orden irrumpiendo en su vida como un torrente, quitándole todo tipo de seguridades y comodidades para enviarlo a la gran ciudad a proclamar lo que Él mismo le dirá. Era una invitación a asomarse más allá del borde de sus límites, ir a la periferia. Lo envía a Nínive, «la gran ciudad», símbolo de todos los separados, alejados y perdidos. Jonás experimentó que se le confiaba la misión de recordar a toda aquella gente, tan perdida, que los brazos de Dios estaban abiertos y esperando que volvieran para curarlos con su perdón y alimentarlos con su ternura. Pero esto casi no entraba en todo lo que Jonás podía comprender, y se escapó. Dios lo mandaba a Nínive, y él se marchó en dirección contraria, a Tarsis, para el lado de España.
Las huidas nunca son buenas. El apuro nos hace no estar demasiado atentos y todo puede volverse un obstáculo. Embarcado hacia Tarsis se produce una tempestad y los marineros lo tiran al agua porque confiesa que él tiene la culpa. Estando en el agua un pez se lo traga. Jonás, que siempre había sido tan claro, tan cumplidor y ordenado, no había tenido en cuenta que el Dios de la alianza no se retracta de lo que juró, y es machaconamente insistidor cuando se trata del bien de sus hijos. Por eso, cuando a nosotros se nos acaba la paciencia, Él comienza a esperar haciendo resonar muy suavemente su palabra entrañable de Padre.
Lo mismo que Jonás, podemos escuchar una llamada persistente que vuelve a invitarnos a correr la aventura de Nínive, a aceptar el riesgo de protagonizar una nueva educación, fruto del encuentro con Dios que siempre es novedad y que nos empuja a romper, partir y desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras, allí donde está la humanidad más herida y donde los chicos y chicas, por debajo de la apariencia de la superficialidad y conformismo, siguen buscando la repuesta a la pregunta por el sentido de la vida. En la ayuda para que nuestros hermanos encuentren una respuesta también nosotros encontraremos renovadamente el sentido de toda nuestra acción y el gozo de nuestra vocación, el lugar de toda nuestra oración y el valor de toda nuestra entrega.
Permítanme terminar mi mensaje, como otros años, con algunas propuestas que junto a otras que a Ustedes se les ocurran, puede que ayuden a llevar adelante estos deseos y propósitos. Lo haré en forma de preguntas:
* ¿Por qué no intentamos vivir y transmitir la prioridad de los valores no cuantificables: la amistad (¡tan cara, esta vez en el mejor sentido de la palabra, a nuestros adolescentes!), la capacidad de festejar y disfrutar simplemente de los buenos momentos (¡aunque unas cuantas hormigas cuchicheen contra el violín de la cigarra!), la sinceridad, ésa que produce paz y confianza y la confianza que alienta la sinceridad? Fácil decirlo, tan poético como suena... pero sumamente exigente vivirlo, ya que implica arrancarnos de mucho tiempo de eficientismo y materialismo enquistado en nuestras más arraigadas creencias...arrancamos del sometimiento y adoración al dios “gestión exitosa”.
* ¿Por qué no inventamos nuevas formas de encuentro entre nosotros, sin segundas intenciones? ¿Por qué no buscamos la forma de que el espacio del que disponemos en nuestros colegios pueda multiplicar sus potencialidades, imaginando formas de recibir colaboración e ideas de muchos, haciendo de nuestras casas lugares de inclusión y encuentro de las familias, los jóvenes, las personas mayores y los niños? No será fácil: exige tener en cuenta y resolver multitud de cuestiones prácticas. Pero tener que resolverlas es eso: resolverlas, no renunciar a tratar de hacerlo.
* ¿Por qué no nos atrevemos a incorporar en nuestras clases más testimonios de cristianos y personas de buena voluntad que han soñado con una humanidad distinta, sin pretender una exhaustiva correspondencia con alguna norma preestablecida, cualquiera fuera? Sabemos que ese tipo de figuras tienen una fuerza enorme como símbolos de la utopía y la esperanza, más que como modelos para seguir a la letra. ¿Por qué no alegrarnos de que la humanidad haya dado hijos suyos que permitieron mantener la cabeza en alto a generaciones enteras? Recordar y celebrar, según el estilo, la cultura y la historia de cada comunidad, a mujeres y hombres que han brillado no por sus millones o por las luces “truchas” con que los han iluminado, sino por la fuerza misma de su virtud y su alegría, por la calidad desbordante de su dignidad trascendente... Claro, venimos de una historia de desconfianzas, exclusiones, sospechas mutuas, descalificaciones... ¿No será ya hora de darnos cuenta de que lo peor que nos puede pasar no es despertar sueños y esperanzas que luego podrán ser maduradas y sostenidas, sino quedarnos en una chatura mortal en la cual nada tiene relevancia, nada tiene trascendencia; quedarnos en la cultura de la pavada?
* Por último, ¿por qué no ponernos a buscar la forma de que cada persona recupere y ya no pierda aquello que le es más propio, aquello que es el signo por excelencia de su espíritu, aquello que arraiga en su ser mundano pero lo trasciende hasta el punto de ubicarlo en posición de dialogar con su Creador? No hace falta aclararlo demasiado: me refiero al don de la palabra. Don que exige muchas cosas de nuestra parte: responsabilidad, creatividad, coherencia... Exigencias que no nos eximen de animarnos a tomar la palabra y sobre todo, queridos educadores, de darla. Tomar y dar la palabra generando el espacio para que esa palabra, en labios de nuestros chicos y jóvenes, crezca, se fortalezca, eche raíces, se eleve. Acogiendo esa palabra, que a veces podrá ser molesta, cuestionadora, quizás alguna vez hasta hiriente, pero también creativa, purificadora, nueva...
Palabra humana que adquiere tal relevancia cuando se hace diálogo con el mismo Dios, que nos hace grandes en nuestra pequeñez, que nos hace libres frente a cualquier poder porque nos torna habitual el trato con Él que es quien más puede, que desarrolla en nosotros una sensibilidad especial a la vez que ensancha horizontes, que nos deslumbra y enamora. Esa posibilidad entrañable de orar, es un derecho que cada chico y cada joven está en condiciones de ejercer. Y entonces, ¿si oramos? ¿si enseñamos a orar a nuestros chicos y jóvenes?
Ensayemos estos y otros intentos. Veremos que una nueva humanidad se irá manifestando, más allá de los reduccionismos que achicaron el tamaño de nuestra esperanza. No basta con constatar lo que falta, lo que se perdió: es preciso que aprendamos a construir lo que la cultura no da por sí misma, que nos animemos a encarnarlo, aunque sea a tientas y sin plenas seguridades. Eso es lo que debe poder encontrase en nuestras escuelas católicas ¿Pedimos milagros? ¿Y por qué no?
En la Pascua del Señor de 2007
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Mensaje de Cuaresma
Feb 24, 2007
Mensaje del cardenal jorge Mario Bergoglio,
arzobispo de Buenos Aires, a los sacerdotes, consagrados, consagradas y fieles laicos de la arquidiócesis(Buenos Aires 21 de febrero de 2007, Miércoles de Ceniza)
Queridos hermanos:
Comenzamos el camino hacia la Pascua. Nuestro peregrinar se hace más intenso contemplando, desde ahora, el Misterio que nos restauró la Vida, el Misterio de nuestra reconciliación con Dios por medio de Cristo Jesús, que padeció, murió y resucitó por nuestros pecados.
Nos preparamos andando, y todo andar implica una partida, una salida. Como la de Abraham, como la de los profetas, como la de cualquiera de aquellos que un día, allá en Galilea, se pusieron en marcha para seguir a Jesús. La historia del pueblo de Dios y de la Iglesia está marcada desde su origen por la ruptura, la partida y los desplazamientos: Abrahán, Moisés, Elías, Jonás, Ruth, San Pablo, Antonio, el gran padre de los monjes, Domingo y Francisco, Ignacio, Teresa de Jesús y tantos otros. La intuición, respuesta a la gracia de estos grandes, hizo fecundas sus vidas y alimentó con su espíritu el andar de la Iglesia durante muchos siglos.
Esta característica, no simplemente geográfica, tiene mucho de simbólico: es una invitación descubrir en el trance de la itinerancia el movimiento del corazón que, paradójicamente, necesita salir para poder permanecer, cambiar para poder ser fiel. En esta tensión, sin embargo, nuestro corazón no deja de sentir las consecuencias del miedo.
Sin lugar a dudas que los tiempos cambian y las situaciones no se vuelven a repetir, pero los modos de afrontar la vida tienen rasgos muy comunes, y eso puede convertirse, para nosotros, en fuente constante de inspiración y sabiduría para afrontar nuestro momento.
Quisiera pedirles que vivamos intensamente como Iglesia orante, reflexiva, penitente y adoradora este tiempo de Cuaresma para que la gracia de la Pascua se derrame abundantemente sobre todos nosotros y todo el pueblo santo de Dios. Necesitamos responder con mayor fidelidad evangelizadora al desafío que esta ciudad de Buenos Aires y su gente nos presenta. Fidelidad que vamos tratando de descubrir desde lo que se llamó desde hace unos años “Estado de Asamblea”.
En este andar hacia la Pascua pienso ahora en Jonás; es un ícono profético pascual que el mismo Jesús utilizó para anunciar su muerte y su resurrección. Creo que la figura de este profeta escapista, desconforme, quejumbroso pero finalmente fiel puede ayudarnos en nuestro peregrinar cuaresmal-pascual.
Con el profeta descubrimos dos elementos que están presentes en el dinamismo de cada desplazamiento: la ruptura y la vinculación. El libro se abre con un mandato de “salida” dirigido por Dios a su profeta: “Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella que su maldad ha llegado hasta mí”.
Jonás vivía tranquilo y ordenado, con ideas muy claras sobre el bien y el mal, sobre cómo actúa Dios y qué es lo que quiere en cada momento; sobre quiénes son fieles a la alianza y quiénes no. Tanto orden lo llevó a encuadrar con demasiada rigidez los lugares donde había que profetizar. Jonás tenía la receta y las condiciones para ser un buen profeta y continuar la tradición profética en la línea de “lo que siempre se había hecho”.
De pronto, Dios desbarató su orden irrumpiendo en su vida como un torrente, quitándole todo tipo de seguridades y comodidades para enviarlo a la gran ciudad a proclamar lo que El mismo le dirá. Era una invitación a asomarse más allá del borde de sus límites, ir a la periferia: Nínive, «la gran ciudad», era símbolo de todos los separados, alejados y perdidos. Jonás experimentó que se le confiaba la misión de recordar a toda aquella gente, tan perdida, que los brazos de Dios estaban abiertos y esperando que volvieran para curarlos con su perdón y alimentarlos con su ternura. Pero esto casi no entraba en todo lo que Jonás podía comprender, y se escapó. Dios lo mandaba a Nínive, y él se marchó en dirección contraria, a Tarsis, para el lado de España.
Las huidas nunca son buenas. El apuro nos hace no estar demasiado atentos y todo puede volverse un obstáculo. Embarcado hacia Tarsis se produce una tempestad y los marineros lo tiran al agua porque confiesa que él tiene la culpa. Estando en el agua un pez se lo traga. Jonás, que siempre había sido tan claro, tan cumplidor y ordenado, no había tenido en cuenta que el Dios de la alianza no se retracta de lo que juró, y es machaconamente insistidor cuando se trata del bien de sus hijos. Por eso, cuando a nosotros se nos acaba la paciencia, Él comienza a esperar haciendo resonar muy suavemente su palabra entrañable de Padre.
Y por segunda vez, con la misma frescura de la primera, le fue dirigida la palabra del Señor a Jonás en estos términos: “Vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama lo que yo te diga”. Jonás, ahora sí, va a Nínive y allí predica. Cuando Nínive se convierte, Jonás extrañamente, en lugar de alegrarse, presenta su queja a Dios: “¡Ay, Yahvé!... bien sabía yo que tú eres un Dios entrañable y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal...” Jonás se resistía dejar atrás todas sus ideas sobre Dios, para poder así revincularse con Él, que lo conduciría más allá de lo que conocía y creía que podía. Jonás no le temía a Nínive, a quien temía era a Dios y a su amor desconcertante y desmesurado.
Jonás era un testarudo. Había cercado su alma con el alambrado de esas certezas y convicciones que, en vez de dar libertad con Dios y abrir horizontes de mayor servicio a los demás, terminan por aprisionar el espíritu y ensordecer el corazón. Su pertinacia lo hacía prisionero de sí mismo, de sus puntos de vista, de sus valoraciones y sus métodos. Le costaba descubrir la voz de Dios. En ese microclima existencial había aislado su conciencia de la marcha del pueblo de Dios. No sabía de la intervención de Dios en medio de su gente, de la capacidad de conducir a su pueblo con su corazón de Padre. Para él ya estaba todo dicho y las cosas eran así y nada más. ¡Cómo endurece el corazón la conciencia aislada! Desconoce la alegría, el gozo del Espíritu Santo que sostiene la esperanza. La presión interior de su aislamiento habitualmente encuentra un camino de salida: la queja. Quien aísla su conciencia es quejumbroso de alma. Parece que, como los chicos de la parábola (Lc. 7,32), nada le viene bien. Santa Teresa advertía de esto a sus monjas: “Ay de la que dice: hiciéronme sinrazón”. Los coleccionistas de injusticias, los insatisfechos constantes, los que no saben de la felicidad de abrir su corazón al Señor que siempre está viniendo (el Erjómenos) suelen ser personas de conciencia aislada.
Ojalá podamos identificarnos con Jonás en mucho de lo que hoy vivimos en la Iglesia, y muy especialmente en nuestra Iglesia arquidiocesana en este desconcertante “Estado de Asamblea”. El encuentro con la realidad particular de nuestra ciudad y sus exigencias, con sano interés, nos interpeló a buscar “cómo ser hoy Iglesia en Buenos Aires”. Pero también, acudiendo a una memoria repetidora, esperábamos y buscábamos en el estado de asamblea un tiempo para decidir y planificar. Sin embargo el Señor nos pateó el tablero y nos fue llevando con su Espíritu a posar nuestra mirada sobre la gente: para no ver lo que queremos ver, sino aquello que es. Así reconocimos experiencialmente las heridas y las fragilidades de nuestro pueblo que también son las nuestras. Porque, en la medida que nos involucramos con la vida de nuestro pueblo fiel y la sentimos en sus heridas más hondas podemos ponernos, a la luz del Evangelio, a pensar y discernir lo que necesita. Un pensar y discernir distinto: no el del que, a modo funcionalista, busca soluciones rápidas y prearmadas, sino el de aquel que desde la rumia en un corazón que busca dejarse iluminar y trasformar por la oración, y desde la confrontación con los otros, permite que sea Dios el que hable y no los viejos conocimientos, las recetas mágicas o las mañas bautizadas.
Por las heridas y fragilidades Dios nos habló pidiéndonos el bálsamo de la gracia que cura, la fuerza del Evangelio que se hace Buena Noticia que anima y presencia fraterna que sostiene. El pueblo fiel de Dios nos pidió la ternura del Padre que sólo podemos acercarle en la medida en que renovamos nuestro fervor apostólico siendo osados testigos del amor de Aquel “que nos amó primero”.
Igual que a Jonás, la realidad hacia la que somos enviados se nos presenta difícil y avasallante. Aparecen nuevas exigencias que nos piden repuestas inéditas. Mientras antes nos podíamos arreglar muy bien solos haciendo las cosas a nuestra manera, la fragmentación que vive nuestra sociedad nos pone frente a la exigencia evangelizadora de una identidad eclesial que brote de una mayor comunión. Este espíritu de comunión fortalecerá nuestra unidad con la armonía del Espíritu Santo y también nos defenderá del vértigo con que somos tentados al ver que se nos tambaleen las seguridades y que incluso el sistema de trabajo pastoral que hemos probado mucho tiempo y sentimos como inamovible puede tener que adquirir una nueva forma.
En nuestro andar eclesial hemos hecho y seguimos haciendo enormes esfuerzos por distintos caminos, hemos sostenido y sostenemos diversas formas de pastoreo, hemos afrontado y seguimos afrontando crisis y sacudones, vimos y vemos cómo muchos de los proyectos a los que dedicamos tiempo y esfuerzo se nos revelan incapaces de sostener nuestros anhelos y buenas expectativas evangelizadoras, a medida que mucha gente se nos queda por el camino.
Sin embargo, una y otra vez volvemos a empezar después de cada tormenta. Pero cuando creemos estar tranquilos en el vientre de la ballena nos sorprende la evidencia de que todo lo realizado no ha sido más que una etapa, y que ahora la ballena nos ha vomitado en la Nínive de un mundo en el que Dios parece estar más ausente que un rato antes y al que nosotros, con las palabras que decimos, no le interesamos y los valores que tratamos de anunciar le resultan sin importancia y pasados de moda. Esta realidad nos llamó, como Iglesia arquidiocesana, a procurar el modo de acoger a todos nuevamente haciendo de nuestras parroquias y geografías pastorales santuarios donde se experimente la presencia de Dios que nos ama, nos une y nos salva.
Nuestra identidad y valoración se sienten amenazadas; no ejercemos como antes el liderazgo moral ni tenemos un lugar social de relevancia; se nos presentan problemas para los que aparentemente no tenemos la respuesta. Somos minoría y nos resistimos a ser uno dentro de tantos. Sigue siempre latente la tentación de huir a una "Tarsis" que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya fijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas...
Desde la queja por los problemas que tenemos: (faltan laicos comprometidos, la gente no entiende –el obispo tampoco-, la gente viene a usarnos –el obispo también-, no se puede todo, nadie se da cuenta de lo que pasa, nadie se preocupa) tal vez nos estamos resistiendo a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las mismas dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de forzarnos a regresar de nuestros evasivos “Tarsis”, para acercarnos a Nínive y, sobre todo, perderle el miedo a ese Dios que es ternura y viene a nosotros para cercarnos con su gracia y llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.
Lo mismo que Jonás, podemos escuchar una llamada persistente que vuelve a invitarnos a correr la aventura de Nínive, a aceptar el riesgo de protagonizar una nueva evangelización, fruto del encuentro con Dios que siempre es novedad y que nos empuja a romper, partir y desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras, allí donde está la humanidad más herida y donde los hombres, por debajo de la apariencia de la superficialidad y conformismo, siguen buscando la repuesta a la pregunta por el sentido de la vida. En la ayuda para que nuestros hermanos encuentren una respuesta también nosotros encontraremos renovadamente el sentido de toda nuestra acción, el lugar de toda nuestra oración y el valor de toda nuestra entrega.
Tratemos de caminar este año levantando la mirada para ver bien lejos y después encontrar, bien adentro de nosotros, lo que tenemos que ir dejando para que Jesús como maestro evangelice; para llegar a dónde llegó nuestra mirada desde el Espíritu. Desplacémonos sin miedo a toda periferia, a todo borde, unidos en la Iglesia, Asamblea unida y sostenida por el Dios de la Vida. Que este andar sea discernidor de lo que se necesita; y cada paso nuevo, provocador del que tendremos que dar, sin previsibilidades ni recetas mágicas sino con apertura generosa al Espíritu que va conduciendo la historia por los camino de Dios.
Les pido, por favor, que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Afectuosamente.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Misión Vaticano
Dec 31, 2006
Por Guillermo Villarreal (DyN).
(La Capital, 30.12.06) La cúpula del Episcopado que encabeza el cardenal Jorge Bergoglio viajará al Vaticano con la misión de recomponer la relación con la Curia romana, tras el malestar por el nombramiento de obispos sin consultar a Buenos Aires y el cambio de funcionarios clave.
La incursión vaticana tiene como objetivo de máxima –confiaron a DyN fuentes religiosas– concretar una audiencia con el papa Benedicto XVI, que a pesar de solicitarse no tuvo respuesta favorable hasta el momento.
Se trata de un escollo administrativo que es fruto de las características "inéditas" que se le atribuye en ambientes eclesiásticos a este viaje, por no formar parte del protocolo quinquenal de visitas "ad límina" a los dicasterios romanos que deben cumplimentar los obispos y sí incluyen un encuentro con el Papa.
Integran el grupo –que partirá en clase económica en vísperas de Reyes– el cardenal Bergoglio como presidente, los vicepresidentes Luis Villalba (Tucumán) y Agustín Radrizzani (Lomas de Zamora), y el secretario general Sergio Fenoy (electo de San Miguel).
El primer paso será un contacto con el cardenal Tarcisio Bertone, mano derecha del Pontífice, cuya llegada a la Secretaría de Estado hace pensar a los obispos que las relaciones con la Santa Sede volverán a su cauce natural, después de años de sospechas de interferencia por parte de grupos políticos locales.
La salida del cardenal Angelo Sodano, por tres lustros "número dos" del Vaticano, trajo alivio a un sector de la Iglesia en Argentina, que le atribuye al purpurado fogonear la designación de obispos conservadores por su "vínculo cercano" con Esteban Caselli, otrora embajador ante la Santa Sede de la administración menemista y secretario de Culto de la gestión duhaldista.
"En estos años nos hemos sentido punteados", reconoció a DyN una calificada fuente episcopal.
La comitiva intentará compatibilizar criterios pastorales con el cardenal Bertone, sobre todo con miras a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, prevista para mayo de 2007 en el santuario brasileño de Aparecida. Entre otros puntos, deberá acordar la nómina de nueve delegados que la Argentina enviará a esa cumbre continental. En tanto, con el cardenal paulista Claudio Hummes, flamante presidente de la Congregación para los Obispos, buscará establecer criterios para la elección de futuros prelados argentinos, tras los chisporroteos que la "influencia de pasillo" generó en las últimas nominaciones.
El detonante fue la elección en diciembre de 2005 de monseñor José Luis Mollaghan como arzobispo de Rosario, quien –según fuentes religiosas– no integraba la terna que el Episcopado argentino elevó a la Santa Sede.
A pesar de las diferencias, la nueva conducción curial –que en parte asumió en setiembre– ya dio una señal de cambio al promover como obispo de San Miguel a monseñor Fenoy. Una movida que se interpretó como un "triunfo" del cardenal Bergoglio, quien –trascendió– logró imponer su candidato de "línea moderada".
Tampoco se descarta que el contacto de la Comisión Ejecutiva con el purpurado brasileño permita avanzar en el caso del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, a quien el presidente Néstor Kirchner pidió su remoción a la Santa Sede en marzo de 2005 pero aún sigue en el cargo.
Navidad 2006
Dec 22, 2006
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio, SJ, arzobispo de Buenos Aires para la Navidad 2006.
A los Sacerdotes, consagrados, consagradas y fieles de la Arquidiócesis:
“María dio a luz a su Hijo primogénito,
lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre,
porque no había lugar para ellos en la posada”
El texto de Lucas nos presenta con sencillez y sobriedad una cálida crónica del acontecimiento que celebramos en cada Navidad. Cautelosamente van apareciendo los diversos personajes de esta historia que recrean nuestros pesebres y que han quedado inmortalizados por el genio de tantos pintores y poetas. La sencillez de la escena nos introduce en la novedad siempre sorprendente de Dios y su manera de manifestarse al mundo.
A pesar de revivirlo cada año necesitamos volver a sorprendernos por un Dios que elige “la periferia” de la ciudad de Belén y la “periferia existencial” de los pobres y marginados del pueblo de ese momento para manifestarse al mundo. Y junto con ellos, nos acercamos al pesebre y, allí, vemos a María, la mujer creyente y de trabajo que tuvo el coraje de confiar en Dios. Junto a ella está José, el hombre justo y bueno que prefirió creerle a Dios antes que a sus dudas. Así Dios se nos revela en el amor y abnegación de una sencilla pareja creyente, en lugar del aparente esplendor de los que confían en sus propias fuerzas.
Dejemos que nos invada la sorpresa al descubrir que Dios se nos manifiesta a nosotros como a aquel grupo de pobres pastores que vivían al desamparo de los hombres y no a los escrupulosos guardianes de las leyes y las costumbres.
Las ovejas, el burro, el buey, a esas sencillas criaturas también se manifestó Dios y no al mañoso Herodes que luego buscaba al niño para matarlo.
Sin embargo, la sorpresa más grande es que Dios se manifiesta en un niño pequeño, pobre y frágil. Así es Dios que se manifiesta en Jesús: Dios que escoge lo pequeño para confundir a los fuertes.
Sorpresa que también se hace noticia buena: Dios está al alcance de todos los que se dejan desinstalar por la pedagogía del pesebre y acogerla como camino transformador de vida.
El relato nos cuenta que los pastores contaron “lo que les habían dicho acerca de ese niño”. Tenían algo grande para contar sobre ese niño y lo que a ellos les había ocurrido.
Éste es el llamado que la Navidad nos hace. También nosotros tenemos algo para contar sobre ese niño, nuestra fe tiene algo que decirle a un mundo “que camina en tinieblas y sombras de muerte”.
También nosotros, pueblo de Dios que peregrina en Buenos Aires, durante estos años descubrimos que necesitamos “cuidar nuestras fragilidades” (1) y, para ello, pedimos que el Espíritu Santo nos ayude “renovar nuestro fervor apostólico” (2) y a caminar “en estado Asamblea” (3) creando “un estilo común” (4) que haga de nuestra ciudad “un gran santuario” (5). Este año, particularmente, quisimos encontrarnos como familia y acercarnos a esa porción del pueblo de Dios que llega a nuestras comunidades en momentos especiales para compartir con ellos, en la oración y la petición confiada, las angustias y esperanzas que nos mueven el corazón.
Ahora, siguiendo la pedagogía del Señor de la historia, queremos que los más alejados, aquellos que como los pastores viven y experimentan la “periferia de la vida”, encuentren en nuestra cercanía una presencia que les hable de Dios que nos ama, de Dios que es ternura y viene a nosotros, a todos, a cada uno, para darnos vida y vida en abundancia, para hacernos felices, para que vivamos en justicia, verdad y paz. Acercándonos a todos, especialmente a los que más necesitan iremos descubriendo, no sin sorpresa y de un modo vital, cómo ser iglesia en Buenos Aires, testigos de una esperanza que es “alegría para todo el pueblo”.
Que el Señor nos bendiga, nos de la paz y la Virgen madre nos enseñe a cuidar a Jesús que vive en nosotros.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
El cardenal Bergoglio desplazó a su vocero
Dec 13, 2006
Se trata del presbítero Guillermo Marcó. Fuentes eclesiásticas aseguraron que la medida se debe a una "reestructuración del área de prensa" del arzobispado porteño. El religioso había sostenido en octubre una dura polémica con el presidente Kirchner. Su lugar será ocupado por Gustavo Boquín, actual párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro.
(El Clarín, 13 DIC 2006) El cardenal Jorge Bergoglio desplazó de su cargo al vocero del arzobispado porteño, Guillermo Marcó. De acuerdo a fuentes eclesiásticas, la salida del presbítero -quien mantuvo en octubre una dura polémica con el presidente Kirchner- forma parte de una "reestructuración del área de prensa".
La medida fue confirmada por el propio Marcó. "Es cierto, ya no soy el vocero de Bergoglio, pero continuaré en funciones de prensa vinculadas al arzobispado de Buenos Aires", afirmó en declaraciones a la agencia DyN. Su lugar será ocupado por Gustavo Boquín, actual párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro y experto en Teología.
Fuentes eclesiásticas afirmaron que el desplazamiento del vocero "no se debió a presiones del Gobierno", con el cual Marcó mantuvo una dura polémica en octubre, sino que forma parte de una "reestructuración del área de prensa" del arzobispado de Buenos Aires, en busca de "optimizar la relación con los medios de comunicación".
Precisamente, Marcó había presentado en octubre su renuncia, tras una confrontación pública con el presidente Kirchner. Sin embargo, fue rechazada por el cardenal Bergoglio, aunque desde ese momento las versiones sobre el alejamiento de Marcó no dejaron de recorrer los pasillos del arzobispado porteño.
En medio de la polémica por la participación del obispo Joaquín Piña en las elecciones para convencionales constituyentes de Misiones, Marcó acusó a Kirchner de "alentar odios" y consideró que "si un presidente fomenta alguna cierta división, termina siendo peligroso para todos".
Si bien la curia porteña desautorizó sus dichos, al afirmar que eran "estrictamente personales", la réplica oficial no tardó en llegar. "Nuestro Dios es de todos, pero cuidado, el diablo también llega a todos, a los que usamos pantalones y a los que usan sotanas", afirmó el Presidente durante un acto en Tres de Febrero, mientras que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, calificó las declaraciones del presbítero como "un exabrupto".
Marcó será reemplazado por Gustavo Boquín, actual párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro. Según difundió en su sitio Web la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA), el sacerdote fue ordenado en diciembre de 1991 y es profesor de Teología en la Universidad Católica, y profesor asistente en las facultades de Derecho y de Psicología y Ciencias de la Educación en la misma universidad.
Cardenal Bergoglio ordenó 14 nuevos sacerdotes porteños
Nov 21, 2006
En una Eucaristía presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, y concelebrada por varios obispos y sacerdotes, fueron ordenados 14 nuevos sacerdotes en la Catedral Metropolitana.
BUENOS AIRES, 20 Nov. 06 (ACI).- Entre los nuevos presbíteros formados en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto figuran: Marcelo Oscar Andrada, Lucas Javier Arguimbau, Lisandro Boyle, Daniel Alejandro Cutri, Alejandro García Tello, Fernando Jamschon Mac Garry, Eduardo Javier Lopardo, Marcelo Alejandro Mirabelli, Fabián Ariel Mondini, Alejandro Daniel Pardo, Facundo Sebastián Risso, Santiago Javier Ramos, Roberto Sosa González y José María Zivano.
Durante su homilía, el Cardenal Bergoglio instó a los nuevos sacerdotes a “asemejarse a Cristo en el servicio a todos los hombres y a proclamar el Evangelio, apacentando al Pueblo de Dios, bautizando y anunciando la Palabra de Dios que recibieron".
Asimismo, les impuso las manos y rezó la plegaria de ordenación, mediante la cual se confiere a los seminaristas el Don del Espíritu Santo para su función presbiteral.
Acto seguido, los nuevos sacerdotes manifestaron su voluntad de cumplir el ministerio encomendado según los deseos de Cristo y de la Iglesia bajo la autoridad del Obispo.
La Eucaristía fue concelebrada por el Obispo de Venado Tuerto, Mons. Gustavo Help y los obispos auxiliares de Buenos Aires; Mons.Horacio Benites, Mons. Joaquín Sucunza, Mons. Mario Poli, Mons. Eduardo García, Mons.Raúl Martín y Mons. Oscar Ojea.
Bergoglio llamó a contagiar la actitud de servicio
Nov 08, 2006
"Al comenzar estos días pidamos al Señor que nos contagie esta actitud de servicio anonadado que no busca el propio interés. La misma que también asumió nuestra Madre como primera discípula. Actitud que nos dará la 'ternura' paternal y la 'compasión' fraterna para exhortar a nuestro pueblo y exhortarnos a nosotros mismos a hacer perfecta nuestra alegría 'permaneciendo bien unidos'", dijo el arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, en la misa de apertura de la 92ª Asamblea Plenaria, que hasta el sábado deliberará en la casa de ejercicios El Cenáculo - La Montonera de Pilar.
(Agencia Informativa Católica Argentina, 8 Noviembre 2006) Las sesiones comenzaron con un intercambio pastoral, que continuará hoy, tras el cual el plenario dedicará dos jornadas a la actividad que Cáritas Argentina desarrolla en el país, mediante un informe que presentará el titular del organismo caritativo, monseñor Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno.
Homilía del cardenal Bergoglio
Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia y vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. (Filip. 2: 1-4).
Después dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”. (Lc. 14: 12-14).
1. No deja de conmover el tono con que el Apóstol habla a la comunidad cristiana: el nombre de Cristo, el consuelo que brota del amor, la comunión en el Espíritu, ternura y compasión... un tono que conforma el marco de diálogo entre el pastor y su pueblo (Filip.2: 1). Un lenguaje que surge desde las entrañas mismas del pastor en quien la respuesta de su pueblo hará perfecta su alegría. ¡Cuántas veces el Señor ha permitido, por pura gracia suya, que todos nosotros tuviéramos esta experiencia! Experiencia fraguada en el silencio de la oración, en el abandono confiado, en el llamado de Jesucristo (esa certeza de saber de quién nos hemos fiado, cfr. 2Tim. 1: 12), en la escucha paciente de los hermanos que fueron confiados a nuestro cuidado, en la tribulación y la cruz, en la esperanza firme de la definitiva contemplación del rostro maravilloso de Jesús.
2. Así es, el diálogo entre el pastor y su pueblo está encuadrado de esta manera y camina hacia el logro de lo que el mismo Pablo expresa: la unidad de la Iglesia, “permaneciendo bien unidos” (Filip. 2: 2), a que todos permanezcan bien unidos. Él en sus cartas es audaz en las expresiones: “Amen con sinceridad... Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos” (Rom. 12: 10)... Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes...” (Rom. 12: 16) y, en varias ocasiones, habla de engendrar, dar a luz, seguir dando a luz (cfr. 1Cor. 4:15; Gal. 4:19), es decir, continuar dando vida y unidad al pueblo de Dios, estrechando la unidad con ese pueblo del que fue sacado, del que forma parte y al que fue enviado. Y tal unidad se entreteje cotidianamente con las directrices que él mismo les señala: tener un mismo amor, un mismo corazón... no hacer nada por espíritu de discordia o de vanidad... que la humildad nos lleve a estimar a los otros como superiores... que cada uno busque no solamente su propio interés sino el de los demás (cfr. Filip. 2: 3-4). Se manifiesta aquí el temple del pastor que, fatigosamente, desea y cincela la unidad custodiada por esos parámetros que configuran un determinado espacio espiritual.
3. Por otra parte, en el pasaje evangélico que acabamos de escuchar hay una consigna del Señor que, de alguna manera, apunta a este espacio pastoral, el único apto para amasar la unidad del pueblo fiel de Dios y entre nosotros: “Cuando des un banquete invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos...” (Lc. 14: 12-14). Se trata de un ámbito espiritual procurado por el desinterés y hasta por el despojo personal. Jesús nos llama la atención sobre el sutil engaño que existe en hacer algo por provecho propio y tener allí nuestra recompensa; nos indica, a la vez, el lugar seguro donde el egoísmo que anida en nuestro corazón no nos juegue una mala pasada: la projimidad y la acogida de aquellos que no tienen cómo retribuirnos. Una vez más aparece implícitamente aquel leit-motiv tan reiterativo de la misión del Ungido (cfr. Lc. 4: 18-19).
4. El pastor procura y amasa la unidad de su pueblo desde el despojo de sí mismo en el cotidiano desovillarse del servicio, buscando los intereses de Cristo Jesús y no los propios. La unidad en la Iglesia es una gracia, pura gracia, pero una gracia que hay que saberla recibir, deseándola entrañablemente, haciéndole espacio, haciendo cada vez más cóncavo nuestro corazón despojándolo de todo interés mundano. Por ello San Pablo, en la 1ª lectura, nos explicita los contornos de esos espacios de receptividad a la gracia a los que me referí recién: el mismo amor, el mismo sentir, no a la discordia o a la vanidad, sí a considerar superiores a los demás. Y, para despejar toda duda, el Evangelio nos trae la imagen de aquellos que no pueden retribuir como para resaltar la enjundiosa gratuidad de la fiesta.
5. Y, porque de gratuidad se trata, la verdadera unidad en la Iglesia, la verdadera unidad entre nosotros sólo se logra gratis, por puro don del Señor, siempre que estemos dispuestos a recibirla andando por el camino que Él hizo. La primera lectura constituye precisamente una introducción para finalmente presentárnoslo: siendo de condición divina... tomó condición de servidor... se anonadó... se humilló... (cfr. Filip. 2: 6-11). Y Pablo rubrica “tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Filip. 2: 5). Ése es el camino a seguir, ése el lugar teológico para recibir la gracia de la unidad. Ésa es la cavidad existencial que nos hace capaces de tal gracia. Ése es el deseo que va abriendo el espacio necesario en nuestro corazón. El anonadamiento se hace servicio y, desde allí, se amasa la unidad de la Iglesia, allí puede obrar el Espíritu. Sólo desde allí podemos ser receptores y hacedores de unidad... es decir, dejar que el Espíritu Santo haga la unidad y conforme la armonía de la Iglesia. Los Santos Padre decían de Él: “Ipse harmonia est”.
6. Al comenzar estos días de Asamblea pidamos al Señor que nos contagie esta actitud de servicio anonadado que no busca el propio interés. La misma que también asumió nuestra Madre como primera discípula. Actitud que nos dará la “ternura” paternal y la “compasión” fraterna para exhortar a nuestro pueblo y exhortarnos a nosotros mismos a hacer perfecta nuestra alegría “permaneciendo bien unidos” (Filip. 2: 2). Que así sea.+
La hermana del Cardenal Bergoglio es una chica K
Nov 06, 2006
Sin embargo, su hermano, el Cardenal Primado de la República Argentina, Jorge Bergoglio, es considerado por Néstor Kirchner como uno de sus principales opositores.
(perfil.com, 05.11.2006) Ser la hermana del referente número uno de la iglesia católica no debe ser fácil. “Mi hermano, Jorge, es un hombre como cualquier otro”, le dijo esta semana a PERFIL, en la puerta de su casa. María Elena fue Consejera Escolar del partido de Ituzaingó y tiene una muy buena relación con Alberto Descalzo, el intendente K, que la tentó para formar parte de la boleta que acompañó a Eduardo Duhalde en las elecciones legislativas del 2001.
María Elena ganó e ingresó al Consejo Escolar. Sin tener experiencia en educación, sin ser docente y sólo por portación de apellido, la hermana del cardenal se mantuvo al frente del Consejo Escolar hasta el 2005.
María le dio dos sobrinos al Cardenal, Jorge y José. Los dos, muy lejos de seguir los caminos de la fe, construyeron sus vidas en otros ambientes. Jorge, el mayor, se casó y se fue a vivir a Brasil y José habría entrado el año pasado en la planta permanente de la municipalidad de Ituzaingó.
Los hermanos Bergoglio son cinco. María Elena se dedicó al ambiente político, sin embargo, Marta, la hermana mayor, siguió los caminos que abrió el líder del episcopado y fue presidenta de Caritas, en Ituzaingó. Marta formó una familia y Bergoglio fue tío cuatro veces más. José Luis, el mayor, siguió los pasos de su tío. Es sacerdote e integra la congregación jesuita. Su hermana intentó ser novicia, pero desistió y Pablo, el más chico, se convirtió en el cuadro preferido del Cardenal.
Pablo Narvaja es Licenciado en Ciencias de la Educación. Formó parte del Consejo de Educación de Morón, en la época de Rousselot y formó el grupo Martín Fierro. El grupo Martín Fierro era un exponente de la derecha católica peronista y era liderado por Mario Oporto. Su tío lo premió con una beca a Alemania y terminó un master en educación. Después fue subsecretario de evaluación educativa y director nacional de Educación Técnico Profesional y Ocupacional bajo los gobiernos de Carlos Menem y Eduardo Duhalde. Hoy, Narvaja es secretario de docencia y postgrado de la Universidad del Salvador.
A los catequistas
Sept 16, 2006
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a los Catequistas (agosto de 2006)
Vigila tus pasos cuando vayas a la casa de Dios. Acércate dispuesto a escuchar (Ecl. 4,17)
La festividad de San Pío X y la celebración del día del Catequista son una ocasión propicia para hacerte llegar mi sentimiento de gratitud por tu entrega silenciosa y comprometida en el ministerio de la Catequesis.
Ministerio que tiene a tantos niños, jóvenes y adultos como destinatarios, y es una de las formas en que la Iglesia hace hoy realidad el mandato del Señor: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación...” (Mc 16,15)
Ministerio de la Palabra que tendrá mucho de anuncio, de enseñanza, de educación en la fe, de discipulado, de iniciación cristiana.
Ministerio de la Iglesia Servidora que desea hacer presente y cercano al Único Maestro, que tiene “palabras de Vida eterna” (Jn 6, 66).
Ministerio que nos necesita orantes (Lc 22,46), gustosos de estar con Él (Mc 3,14). Para que, desde la experiencia siempre renovadora y liberadora del encuentro con el Mesías, puedan ser más testigos que maestros. Porque el anuncio se simplifica y adquiere fuerza de Buena Noticia cuando en el centro de la catequesis y de toda la vida de la Iglesia hay una persona y un acontecimiento: Cristo, su Pascua, su Amor....
Sólo así, podrá tener autoridad el ministerio, brindando en estos tiempos de tanta disgregación el servicio invalorable de hacer presente y cercano al Maestro Bueno que enseña con autoridad. Claro que no con una autoridad como muchas veces la concibe el mundo, más cercana a la elocuencia, al poder o a los títulos ilustrados; sino con aquella autoridad que producía el asombro y la admiración de los hombres sencillos, contemporáneos de Jesús. Autoridad y sabiduría que nada tienen de esa ilustración que engorda y ensimisma, sino del sentido que etimológicamente nos refiere el vocablo autoridad “el que nutre y hace crecer (Autoritas, de augere). Estás llamado, como catequista a acompañar, a conducir a las aguas tranquilas para que el encuentro se haga fuente, fiesta, abrigo.
Para eso se te exigirá que sepas escuchar y enseñes a escuchar tal como lo hizo Jesús. Y no simplemente como una actitud que facilita el encuentro entre las personas sino, fundamentalmente, como un elemento esencial del mensaje revelado. En efecto, toda la Biblia se ve atravesada por una invitación recurrente: ¡Escucha!
Por ello será parte de tu ministerio catequista no sólo saber escuchar y ayudar a aprender a escuchar, sino principalmente mostrar a Dios que sabe y quiere escuchar.
Fue justamente esta idea, la que todos hicimos oración hace pocos días en ocasión de la festividad de San Cayetano. “La lectura del Éxodo nos dice algo muy simple y a la vez muy hermoso, muy consolador: Que Dios nos escucha. Que Dios, nuestro Padre, escucha el clamor de su pueblo. Este clamor silencioso de la fila interminable que pasa delante de San Cayetano. Nuestro Padre del Cielo escucha el rumor de nuestros pasos, la oración que vamos musitando en nuestro corazón, a medida que nos acercamos.
Nuestro Padre escucha los sentimientos que nos conmueven, al recordar a nuestros seres queridos, al ver la fe de los otros y sus necesidades, al acordarnos de cosas lindas y cosas tristes que nos han pasado este año… Dios nos escucha.
Él no es como los ídolos, que tienen oídos pero no escuchan. No es como los poderosos, que escuchan lo que les conviene. Él escucha todo. También las quejas y los enojos de sus hijos. Y no sólo escucha sino que ama escuchar. Ama estar atento, oír bien, oír todo lo que nos pasa...”
No ha de extrañar que en este camino que transitamos como Iglesia Diocesana en estos últimos años, en el contexto de la Asamblea, haya aparecido en más de una ocasión el tema de la escucha.
Porque aprender a escuchar nos permitirá dar el primer paso para que, en nuestras comunidades, se haga realidad la tan anhelada acogida cordial. Quien escucha sana y recrea los vínculos personales, tantas veces lastimados, con el simple bálsamo de reconocer al otro como importante y con algo para decirme. La escucha primerea al diálogo y hace posible el milagro de la empatía que vence distancia y resquemores.
Esta actitud nos librará de algunos peligros que pueden hipotecar nuestro estilo pastoral. El de atrincherarnos como Iglesia, edificando muros que nos impiden ver el horizonte. El peligro de ser Iglesia autorreferencial que acecha todas las encrucijadas de la historia y es capaz de histeriquear con la enfermedad de la internas hasta las mejores iniciativas pastorales. El peligro de empobrecer la catequesis concibiéndola como una mera enseñanza, o un simple adoctrinamiento con conceptos fríos y distantes en el tiempo.
La actitud de la escucha nos ayudará a no traicionar la frescura y fuerza del anuncio kerygmático trastocándolo en una fraguada y aguachenta moralina, que más que la novedad del “Camino” se transforma en fango que ciega y empantana.
Necesitamos ejercitarnos en el escuchar... Para que nuestra acción evangelizadora se enraíce en ese ámbito de la interioridad donde se gesta el verdadero catequista que, más allá de sus actividades, sabe hacer de su ministerio, diakonía del acompañamiento.
Escuchar es más que oír... Esto último está en la línea de la información. Lo primero, en la línea de la comunicación, en la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no es posible un verdadero encuentro. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la siempre más tranquila condición de espectador.
¿Querés como catequista animar verdaderos encuentros de catequesis? ¡Pedí al Señor la gracia de la escucha! Dios te ha llamado a ser catequista, no simple técnico de comunicación. Dios te ha elegido para que hagas presente el calor de la Iglesia Madre, matriz indispensable para que Jesús sea amado y conocido hoy.
Escuchar es también capacidad de compartir preguntas y búsquedas, de hacer camino juntos, de alejarnos de todo complejo de omnipotencia, para unirnos en el trabajo común que se hace peregrinación, pertenencia, pueblo.
No siempre es fácil escuchar. A veces es más cómodo hacerse el sordo, ponerse los walkman para no escuchar a nadie. Con facilidad suplantamos la escucha por el mail, el mensajito y el chateo, y así privamos a la escucha de la realidad de rostros, miradas y abrazos. Podemos también preseleccionar la escucha y escuchar a algunos, lógicamente a los que nos conviene. Nunca faltan en nuestros ambientes eclesiales aduladores que pondrán en nuestro oído justamente lo que nosotros queremos escuchar.
Escuchar es atender, querer entender, valorar, respetar, salvar la proposición ajena… Hay que poner los medios para escuchar bien, para que todos puedan hablar, para que se tenga en cuenta lo que cada uno quiere decir. Hay –en el escuchar– algo martirial, algo de morir a uno mismo que recrea el gesto sagrado del Éxodo: Quítate la sandalias, anda con cuidado, no atropelles. Calla, es tierra sagrada, ¡hay alguien que tiene algo para decir!. ¡Saber escuchar es una gracia muy grande! Es don que hay que pedir y ejercitarse en él.
Siempre me ha llamado la atención que cuando le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento principal, Él responde con la plegaria judía más famosa: la “Shemá. La palabra (shemá), que en hebreo quiere decir “escucha”, le ha dado nombre propio a uno de los textos más importantes de la Sagrada Escritura.
“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor.
Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy.
Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa
y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte.
Átalas a tu mano como un signo,
y que estén como una marca sobre tu frente.”
Deuteronomio 6,4-8
Para el pueblo de Israel esta oración es tan importante que los judíos piadosos la guardan en pequeños rollos que atan sobre su frente o en el brazo cercano al corazón, y constituye la enseñanza inicial y principal que se transmite de padres a hijos, de generación en generación. Detrás de todo ello está la certeza comunicada de generación en generación: la conciencia de que el único modo de aprender y transmitir la Alianza de Dios es éste, escuchando.
Jesús suma a este primer mandamiento otro que lo sigue en importancia:
“...El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
No hay otro mandamiento más grande que estos».”
(Mc. 12, 31)
Escuchar para amar, escuchar para entrar en diálogo y responder; “escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios”, dirá en otras oportunidades para hablar sobre el llamado y la respuesta al amor de Dios. Escuchar y conmoverse será su actitud permanente ante el que sufre. No hay posibilidad de amor a Dios y al prójimo sin esta primera actitud: escucharlos.
En esta misma línea, San Benito inicia su regla monástica, que tanta influencia ha tenido en la vida de la Iglesia: “Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón.” (Regla Benedictina, Prólogo) (1)
San Benito nos sintetiza, en este primer consejo, toda la sabiduría monástica. El verbo original que él utiliza en idioma latín es: “obsculta” que además de “escucha”, significa: “ausculta”, “examina”, “explora”, “observa”, “reconoce”. Esto es escuchar inclinando el oído de nuestro corazón, con una atención que todo lo examina, todo lo observa, y sabe abrirse a todo lo que el Maestro quiere decirle para poder entrar en comunión con Él.
Teniendo en cuenta estas cosas, en este tiempo que nos reconocemos como Iglesia en Asamblea, te invito a que asumas, como parte del ministerio que la Iglesia te ha confiado, la pedagogía del diálogo. Así harás presente, con tus gestos y palabras oportunas, el rostro de la Madre Iglesia, caracterizada por una auténtica actitud dialogal.
Dialogar es estar atento a la Palabra de Dios, y dejarme preguntar por Él; dialogar es anunciar su Buena Noticia y también saber “auscultar” los interrogantes, las dudas, los sufrimientos y las esperanzas de nuestros hermanos, a quienes nos toca acompañar y también a quienes reconocemos como nuestros acompañantes y guías en el camino
Será éste un servicio eclesial muy valioso y un modo concreto de salir al encuentro de los hombres y mujeres de Buenos Aires, que más allá de su condición religiosa, como todo ser humano anhelan y buscan espacios de diálogo verdaderos.
¡Escuchar para hacer posible el diálogo verdadero hoy! A todos los niveles... en todos los ámbitos. Diálogo, encuentro, respeto... constantes de Dios, Trinitario y cercano, que te ha hecho participe de su pedagogía de salvación. No te olvides: como catequista, más que hablar deberás escuchar; estás llamado a dialogar.
María es experta en todo esto. Como nadie hizo de su vida escucha de Dios y mirada pronta a las necesidades de los demás. Que ella nos enseñe a tener los oídos del corazón atentos para poder ser hoy, en esta Buenos Aires convulsionada y pagana, discípulos de Jesús y hermanos de todos.
“El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo,
para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento.
Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.”
(Isaías 50,4-5)
No dejes de rezar por mí para que sea un buen catequista. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide.
Nota:
[1] Aquí San Benito, amante de la Palabra de Dios, hace alusión al Salmo 45,11.
Buenos Aires, Agosto de 2006
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Celebración arquidiocesana del día del migrante
Sept 16, 2006
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en el santuario Madre de los Emigrantes (3 de setiembre de 2006)
El lema que nos reúne hoy “Migrantes: signo y desafío de nuestro tiempo”, se presta para las interpretaciones más diversas, para las generosidades más grandes y para las explotaciones más descaradas.
Es un signo porque te hace salir lo que vos tenés adentro del corazón. Cómo interpretás, qué hermenéutica de la vida tenés en tu corazón, y entonces las interpretaciones más diversas.
Qué tipo de generosidad tenés en tu corazón, y por eso las generosidades más variadas, desde la mezquina hasta la magnánima, la grande. Qué tipo de interés tenés en tu corazón, dónde tenés tu corazón. Y ahí frente a este signo del migrante, aparecen actitudes, personas, que son diversos tipos de explotación.
Hoy nuestro país, que tiene todo de hospitalidad, frente a los migrantes –creo que el noventa por ciento de los que estamos acá tenemos algo de migrante– también enfrenta este signo. Dios te pide, cómo lo interpretás, con qué generosidad lo recibís y con qué mezquindad das lugar a la explotación.
Por eso es un signo, un signo que Jesús nos pone para que cada uno le respondamos .Y cuando rezábamos la oración de inicio, le rezábamos al Señor que nos dé un corazón grande para compartir las fatigas y las esperanzas de los migrantes. Porque el migrante trae problemas, por supuesto siempre trae problemas, siempre. Donde no hay problemas hay muerte y donde hay problema hay vida. Siempre hay problemas. Pero el que se queda mirando solamente al problema como una amenaza, perdió, perdió fecundidad, perdió su integración, perdió grandeza de alma respecto a la hospitalidad. Pero junto con los eventuales problemas que pueda traer, generalmente el migrante trae esperanza en países envejecidos, en culturas que están descascarándose, porque el egoísmo les secó el alma.
El migrante llega y siembra una nueva esperanza, trayéndola a esta tierra para recomenzar su vida, apostando a esa esperanza.
Le pedimos al Espíritu Santo que la siembre en todos los corazones, que la siembre en tantas culturas envejecidas, que necesitan que vengan de otros lados a anunciar esperanza en tantos corazones egoístas, que necesitan que les amplíen el horizonte para dar hospitalidad, en los rincones de esos corazones que son los que necesitan de la ternura y la hospitalidad de aquel que viene de afuera y le siembra esperanza adentro.
El migrante es signo y desafío de nuestro tiempo, que nos desafía no solo en la hospitalidad, nos desafía en dejarnos contagiar de la esperanza que trae y junto con él, avanzar a algo nuevo, seguir andando.
Hoy miramos nuestra patria generosa en la recepción de los migrantes. Pedimos al Señor que le abra esa generosidad y que nunca se deje seducir por el egoísmo y la explotación fácil.
Si miramos al mundo, a tantas culturas envejecidas porque no quieren dar vida a su propia sangre y le pedimos al Señor que esas culturas descascaradas por el bienestar, abran los corazones a la esperanza que les traen los migrantes. El Señor conceda al mundo esta conciencia y esta actitud. Que así sea.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Saber escuchar es abrir paso a acogida cordial en la sociedad
Sept 12, 2006
Al destacar que "saber escuchar es una gracia muy grande", el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, señaló que "esta práctica hay que ejercitarla continuamente" para hacer realidad "la tan anhelada acogida cordial".
BUENOS AIRES, 24 Ago. 06 (ACI).- "Para eso se te exigirá que sepas escuchar y enseñes a escuchar tal como lo hizo Jesús. No simplemente como una actitud que facilita el encuentro entre las personas sino fundamentalmente como un elemento esencial del mensaje revelado", anotó el Purpurado en un carta remitida a los catequistas argentinos por su día.
El Cardenal Bergoglio agradeció también la entrega silenciosa y comprometida de todos los involucrados en el ministerio de la catequesis y los llamó a vivir "la actitud de escucha", que librará "de algunos peligros que pueden hipotecar nuestro estilo pastoral y empobrecer la catequesis concibiéndola como una mera enseñanza, o un simple adoctrinamiento con conceptos fríos y distantes en el tiempo".
"No siempre es fácil escuchar. Es más cómodo hacerse el sordo para no escuchar a nadie ya que con facilidad suplantamos la escucha por el mail, el mensajito y el chateo, y así privamos a la escucha de la realidad de rostros, miradas y abrazos. Podemos también preseleccionar la escucha y escuchar a algunos, lógicamente a los que nos conviene", dijo.
Finalmente, el Arzobispo de Buenos Aires invitó a los catequistas a asumir la pedagogía del diálogo, para de esa manera hacer presente con gestos y palabras oportunas el rostro de la Madre Iglesia, caracterizada por una "auténtica actitud dialogal".
San Cayetano
Aug 09, 2006
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en la fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2006)
(AICA) La lectura del Exodo nos dice algo muy simple y a la vez muy hermoso, muy consolador: Que Dios nos escucha. Que Dios, nuestro Padre, escucha el clamor de su pueblo. Este clamor silencioso de la fila interminable que pasa delante de San Cayetano. Nuestro Padre del Cielo escucha el rumor de nuestros pasos, la oración que vamos musitando en nuestro corazón, a medida que nos acercamos.
Nuestro Padre escucha los sentimientos que nos conmueven, al recordar a nuestros seres queridos, al ver la fe de los otros y sus necesidades, al acordarnos de cosas lindas y cosas tristes que nos han pasado este año… Dios nos escucha.
Él no es como los ídolos, que tienen oídos pero no escuchan. No es como los poderosos, que escuchan lo que les conviene. Él escucha todo. También las quejas y los enojos de sus hijos. Y no sólo escucha sino que ama escuchar. Ama estar atento, oír bien, oír todo lo que nos pasa.
Por eso nos dice Jesús “el Padre sabe bien lo que necesitamos” y no hace falta hablarle mucho. Basta con el Padrenuestro. Porque Él escucha hasta nuestros pensamientos más íntimos. El Evangelio dice que ni un pajarito cae en tierra sin el Padre. Y bien podría ser que diga: “sin que el Padre escuche que cae”.
Hoy venimos a pedir dos gracias: la gracia de “sentirnos escuchados” y la gracia de “estar dispuestos a la escucha”. Con Jesús y san Cayetano queremos aprender a escuchar y a ayudar a nuestros hermanos. Éste es el lema que nos llevaremos en el corazón.
Escuchemos ahora, atentamente, cómo nos habla nuestro Dios en la Sagrada Escritura.
Dice: “Yo soy el Dios de tus padres… y tengo bien vista la opresión de mi pueblo que está en Egipto. He escuchado sus gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, Yo conozco muy bien sus sufrimientos” (Ex 3, 6-7). Nuestro Padre escucha todos nuestros gritos de dolor, pero escucha de manera especial los gritos de dolor provocados por la injusticia : provocados, dice, por los capataces de los Faraones de este mundo. Hay dolores y dolores. Los del salario retenido, los de la falta de trabajo, son de los dolores que claman al cielo. Ya lo dice el Apóstol Santiago: “Miren; el salario que no han pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos” (Sant 5, 4). Los dolores que van con injusticia claman al cielo, porque son dolores que se pueden evitar, simplemente siendo justos, privilegiando al más necesitado, creando trabajo, no robando, no mintiendo, no cobrando de más, no ventajeando...
En el Evangelio del Juicio final también se nos habla de una escucha. Jesús separa las ovejas de las cabras y dice a las ovejitas: “Vengan benditos de mi Padre, reciban el reino en herencia, porque tuve hambre y Ustedes me dieron de comer…”. Los justos le preguntan “Pero ¿cuándo, Señor, te vimos hambriento…?” Y el Señor les responde: “Cada vez que ayudaron al más pequeño de mis hermanos, me estaban ayudando a mí”.
La parábola del juicio final es la manera que tiene Jesús de decirnos que Dios ha estado atento a toda la historia de la humanidad. Que Él ha escuchado cada vez que algún pobrecito pedía algo. Cada vez que alguien, aunque fuera con voz bajita, como la gente más humilde que pide que casi ni se la oye, cada vez que alguno de sus hijitos ha pedido ayuda, Él ha estado escuchando. Y lo que va a juzgar en nosotros los hombres es si hemos estado atentos junto con Él, si le hemos pedido permiso para escuchar con su oído, para saber bien qué les pasa a nuestros hermanos, para poder ayudarles. O si al revés, nos hemos hecho los sordos, nos hemos puesto los walkman, cosa de no escuchar a nadie. Él escucha y, cuando encuentra gente que tiene el oído atento como el suyo y que responde bien, a esa gente la bendice y le regala el Reino de los cielos.
Esto de la escucha es una gracia muy grande, y hoy se la pedimos a San Cayetano para nuestro pueblo, para todos nosotros: que nos sepamos escuchar. Porque para ayudar a alguien, primero hay que escucharlo. Escuchar qué le pasa, qué necesita. Dejarlo hablar y que él mismo nos explique lo que desea. No basta con ver. A veces las apariencias engañan. Saber escuchar es una gracia muy grande. Fíjense que nuestro Padre del Cielo nos recomienda vivamente una sola cosa, y es que “escuchemos a Jesús, su Hijo”. Ésa es la esperanza del Padre: “escucharán a mi Hijo”. Y Jesús nos dice que cuando escuchamos a nuestros hermanos más pequeños, lo escuchamos a Él.
¿Cómo puede ser que haya gente que diga que Dios no habla, que no se entiende bien lo que quiere decir? Claro, es gente que no escucha a los pobres, a los pequeños, a los que necesitan… Gente que sólo escucha las voces machaconas de la propaganda y de las estadísticas y no tiene oídos para escuchar lo que dice la gente sencilla.
Escuchar no es oír, simplemente. Escuchar es atender, querer entender, valorar, respetar, salvar la proposición ajena… Hay que poner los medios para escuchar bien, para que todos puedan hablar, para que se tenga en cuenta lo que cada uno quiere decir.
La novena de San Cayetano es un ejemplo de escucha. Durante todo el año se trabaja preguntando a la gente qué es lo que más quiere pedir este año, qué es lo que se necesita. Y se reza y se discierne entre todas las peticiones. Así se va formando el lema de la novena.
Porque el Santo es como si fuera un oído especial de nuestro Padre para una petición especial de su pueblo: la del pan y la del trabajo. Los santos son como los oídos de Dios, uno para cada necesidad de su pueblo. Y también nosotros podemos ser santos en este sentido, ser oído de Dios en nuestra familia, en nuestro barrio, en el lugar donde nos movemos y trabajamos. Ser una persona que escucha lo que necesita la gente, pero no sólo para afligirnos o para ir a contarle a otro, sino para juntar todos estos reclamos y contárselos al Señor. Cuántos ya lo hacen trayendo los papelitos y las peticiones de sus familiares a los pies del santo. Además de la propia petición cada uno viene con la de otro que le encomendó por que no podía venir. Bueno, ésa es la escucha que San Cayetano nos enseña y que nosotros aprendemos: estar dispuestos a escuchar como escucha el santo, como escucha nuestro Padre Dios. Escuchar para así poder ayudar: intercediendo y dando una mano.
Que la Virgen nuestra Madre, que es la predilecta de Dios y de su Pueblo en esto de escuchar y pasar mensajes de buenas noticias, reciba nuestros ruegos y nos dé la gracia de sabernos escuchar.
El cardenal Bergoglio llamó a los argentinos a "saber escuchar"
Aug 08, 2006
Los católicos celebraron en diferentes puntos de La Plata. Se realizaron procesiones y misas. En Capital, el cardenal remarcó la necesidad de escuchar al prójimo y "respetar"
(diariohoy.net, 08 Ago 2006) La comunidad católica celebra hoy las fiestas patronales de San Cayetano. En La Plata, los festejos y conmemoraciones comenzaron con celebraciones en el Hogar de Día y el Hospital Italiano la semana pasada. Y ayer en la parroquia de 44, entre 29 y 30.
En la misa principal, celebrada por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, el representante de la Iglesia convocó hoy al pueblo argentino a "saber escucharnos", al oficiar la misa principal de San Cayetano en la basílica de Liniers.
"Para ayudar a alguien hay que escucharlo", afirmó Bergoglio en su homilía y remarcó que "escuchar es atender, valorar y respetar".
En este sentido afirmó que "hoy venimos a pedir dos gracias, primero la gracia de sentirnos escuchados y segundo la gracia de estar dispuestos a escuchar a los demás".
Por otra parte, los fieles platenses se congregaron en la VII Peregrinación Olmos-San Cayetano que arrancó a las 20 de ayer en la parroquia San Benito, en 200 y 44, y culminó en la parroquia del Patrono a la medianoche.
Para hoy, según se informó, están previstas nueve misas a lo largo de la jornada y una procesión con salida del santuario hacia la plaza 19 de Noviembre.
Además, habrá confesiones y bendiciones, tal como ocurre todos los 7 de agosto.
En tanto, en Liniers, un anciano de 82 años sufrió un paro cardiorespiratorio esta madrugada mientras realizaba la fila para ingresar al santuario.
El hecho se registró a las 2:20 de hoy, cuando el hombre, identificado como Julio Héctor Fernández, padeció un paro cardíaco y cayó sobre la vereda en proximidades del santuario.
Desde las 17 de ayer y hasta las 7 de esta mañana el SAME atendió a 15 personas, entre los fieles que se congreraron en el santuario para rezar al patrono del pan y del trabajo.
30º aniversario del fallecimiento de mons. Enrique Angelelli
Aug 08, 2006
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en ocasión del 30º aniversario del fallecimiento de monseñor Enrique Angelelli (Catedral de La Rioja, 4 de agosto de 2006)
(AICA) La primera lectura nos muestra lo que es el diálogo del apóstol Pablo con la Iglesia que él había hecho nacer y que amaba tan entrañablemente. En nuestra vida cristiana, una de las cosas más encantadoras es el diálogo del Pastor con su Iglesia, el diálogo del obispo con su Iglesia y en ese diálogo del obispo con su pueblo se vertebra todo el crecimiento de la Iglesia, todo el caminar de la Iglesia; fuera de ese diálogo se dispersa, o cuando ese diálogo no es suficiente se desorienta. Es un diálogo de amor, un diálogo de conciencia fraternal y paternal a la vez, un diálogo de gracia, un diálogo de reconocimiento al único Señor que convocó a las ovejas y al pastor a la vida cristiana.
No es un diálogo fácil. Pablo les dice, después de ser maltratado e insultado en Filipos -como ustedes ya saben le dieron una flor de paliza- “Dios nos dio la audacia necesaria para anunciar la buena noticia”. Es un diálogo que necesita audacia, coraje, coraje por parte del obispo y coraje por parte del pueblo para escuchar el anuncio evangélico. Para entrar en el seguimiento de Jesucristo hace falta coraje, ese coraje de Dios y a la vez, siendo maltratados e insultados, hace falta aguante, aguante apostólico, ese sobrellevar sobre los hombros todas las dificultades de la vida cotidiana, todas las dificultades de la predicación del Evangelio, todas las dificultades de aquellos –que el mismo Pablo define- enemigos de la cruz de Cristo que quieren que les adulen los oídos y que les digan lo que les guste, que le digan lo que ellos quieren que el Evangelio diga, no lo que dice el Evangelio. Por eso Pablo les dice “yo no estuve con ustedes con palabras de adulación”.
El diálogo tan encantador entre la Iglesia y el Pastor tiene esas dos actitudes tan lindas: coraje para anunciar el Evangelio y aguante para sobrellevar las dificultades que la misma predicación del Evangelio provoca. Porque evidentemente la predicación del Evangelio mueve las aguas y provoca esas actitudes que se repiten siempre a lo largo de la historia en aquellos que no quieren escuchar la palabra de Cristo, provoca el cuestionamiento del predicador, ya comenzó con Jesús, lo cuestionaban, le decían “vos echás a los demonios por poder de los demonios”; provoca el cuestionamiento del que anuncia la palabra, ya sea pastor, ya sea del pueblo, a través de los consabidos métodos de la desinformación, la difamación y la calumnia; como hicieron con Pablo: decían informaciones no exactas de él, lo difamaban y lo calumniaban y Pablo aguantó eso y las comunidades que lo seguían aguantaron con su pastor en ese diálogo tan amoroso.
Es un diálogo del Pastor con las ovejas, las ovejas que conocen la voz del pastor, el santo pueblo fiel de Dios no se equivoca. Alguno me dirá: Padre, está haciendo política. No, no, estoy citando la Lumen Gentium: el santo pueblo fiel de Dios es infalible e in credendo, y cuando el diálogo entre el pastor, el conjunto del pueblo de Dios, el gran pastor, Cristo, el Papa, los Obispos, cuando el diálogo va por el mismo camino no se puede equivocar porque lo asiste el Espíritu Santo. Pero para que el pueblo de Dios no se equivoque tiene que existir ese diálogo, esa lealtad y esa universalidad de todo el santo pueblo fiel de Dios que trasciende las fronteras de una parroquia, de una diócesis, de un país; o sea es ese sentir el Evangelio.
Ese diálogo es universal y las ovejas que conocen la voz del pastor lo distinguen, saben quién es pastor y quién no, quién es mercenario, quién cuando viene el lobo los va a defender y quién se va a escapar, eso lo saben. Por eso Jesús les dice: “mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen”. “Ustedes no lo creen, las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no me creen porque no son de mis ovejas, ustedes no me creen porque no ven lo que hago, porque ya tienen posición tomada” y aquellos que de alguna manera se ponen en contra del pueblo de Dios que sigue el Evangelio, o contra su Pastor, tienen una posición previa tomada fuera del Evangelio y a la luz de esa posición interpretan el Evangelio. No tienen el corazón abierto al llamado de Jesús, como los fariseos.
Quise detenerme en esta cosa tan encantadora y tan linda como es el diálogo entre el Pastor y su pueblo y del pueblo y su Pastor porque lo he visto, lo he visto en muchos pastores y lo he visto aquí.
Por primera vez llegué a La Rioja un día histórico, el 13 de junio de 1973, el día de la pedreada de Anillaco. Veníamos cinco Consultores de Provincia con el Provincial para tener acá varios días de retiro y reflexión a fin de elegir el nuevo Provincial. El 14 de junio, después de esa pedreada al obispo, a los sacerdotes, a las religiosas, a los agentes de pastoral, monseñor Angelelli nos dio el retiro espiritual, a nosotros, al provincial y a los cinco jesuitas y nos introdujo en el discernimiento del Espíritu para ver cuál era la voluntad de Dios. Fueron días inolvidables, días en que recibimos la sabiduría de un pastor que dialogaba con su pueblo y recibimos también las confidencias de las pedradas que recibía ese pueblo y ese pastor, simplemente por seguir el Evangelio.
Me encontré con una Iglesia perseguida, entera, pueblo y pastor. Dos meses después, el 14 de agosto de 1973, siendo ya provincial vine con el padre Arrupe, General de la Compañía. El padre Arrupe había quedado impresionado por la paliza que le habían dado al padre Pucheta en San José, el año anterior, cerca de Famatina y preguntaba por La Rioja. Como venía a hacer la visita canónica a la Argentina, la visita de inspección que hacen los padres generales a la congregación, quedamos en que venía un día a La Rioja. Vinimos desde Córdoba en avioneta y ahí vi otra cosa: Veníamos el padre Arrupe y yo con el padre Di Nillo, y cuando la avioneta llegó a la cabecera de la pista para dirigirse a la central del aeropuerto el piloto recibe un llamado para que se quede ahí.
El obispo viene a buscarnos en un auto y dice: “Hicimos parar la avioneta acá, vayámonos de acá porque afuera, los que hace dos meses hicieron la pedrada de la Costa, están esperando para abuchear. Para abuchear al General de la Compañía de Jesús que venía a visitar a sus jesuitas y obviamente para estar con el obispo, con el pastor y con su pueblo. Esa tarde, en la Casa de la Cultura con el padre General de la Compañía tuvimos una reunión con todos los agentes de pastoral y nos contaron lo que hacían. Me acuerdo la última pregunta que le hicieron: “Dígannos, padre, (era una señora, una riojana guerrera, una mujer que llevaba adelante las cosas de Dios con verdadero coraje) esto que usted ha escuchado ¿es el Concilio Vaticano o no lo es?”. El padre Arrupe contestó: “Esto es lo que quiere la Iglesia desde el Vaticano II”.
Vimos allí el diálogo de un laicado vivo, fuerte con su pastor. El obispo por delicadeza no quiso estar presente en esa reunión para que su pueblo dijera lo que quisiera.
Yo he vivido aquí ese dialogo entre obispo y pastor, un diálogo que fue adelante, un diálogo de amor; había que ver cómo había calado hondo ese diálogo en el corazón del obispo, estaba enamorado hasta tal punto de su pueblo que su corazón de poeta frustrado –como le decíamos en broma- llegó a escribir verdaderos requiebros de amor.
Cómo vivía él el alma de su pueblo:
Honduras de quebradas y silencio,
arenales sedientos y bravíos,
cardonales vigías en horizontes,
llenos de cerros escondidos....
así es el alma de mi pueblo.
Promesante con la fe de peregrino
Caminante incansable de recuerdos,
Alforja cargada de esperanzas,
Con el ritmo del ton ton de las cajas...
Así es el alma de mi pueblo.
Un enamorado de su pueblo que lo acompañaba en el camino, y lo acompañaba hasta las periferias, las periferias geográficas y las existenciales. Recordemos el cariño con que acariciaba a los ancianos, con que buscaba a los pobres y a los enfermos, con el que clamaba por la justicia. Él estaba convencido de que el hombre hecho de barro escondía adentro un proyecto de la Trinidad, un proyecto de Dios: “mezcla de tierra y de cielo, proyecto humano divino en cada hombre se hace rostro y su historia se hace pueblo”, Dios rostro de hombre, historia de pueblo. Dios que camina a lo largo de su pueblo en la historia de salvación, “amor que se hace esperanza en cada dolor del pueblo porque el hombre se hace encuentro en cada historia de pueblo”, “ese amor que se hizo carne en dolor de pueblo”. “Aquí la historia es camino y el hombre siempre un proyecto” y porque el hombre era un proyecto acompañaba a cada hombre, a cada mujer, a cada chico, a cada anciano, a cada persona de su pueblo en este proyecto para que madurara, para que diera lo mejor, para que la gloria de Dios se manifestara en ese rostro que el mismo Dios había amasado y soplado con su espíritu.
Así caminaba con su pueblo hasta las periferias, se dan cuenta qué diálogo había acá entre la Iglesia y su pastor que también era Iglesia.
Como era un hombre de periferia que salía a buscar, que salía al encuentro, porque era un hombre profundamente de encuentro. (lo decía recién, “porque el hombre se hace encuentro en cada historia de pueblo”, hombre de encuentro, hombre de periferias), pudo vislumbrar en ese poema inconcluso de abril del 74, el drama de la patria, pero lo vislumbraba con esperanza, “la patria está engendrando un hijo con sangre y con dolor, lloran los atardeceres esperando que el hijo nazca sin odios y sin rencor, sin odios y con amor, mi tierra está preñada de vida”. Así vivía él la patria, así la quería, preñada de vida. “En esta noche de dolor, esperando que despunte el alba, con un hombre nuevo, Señor.”
Este es el diálogo entre el pastor y su pueblo que yo conocí acá en La Rioja, un diálogo que cada vez fue más perseguido, una Iglesia que fue perseguida, una Iglesia que se fue haciendo sangre, que se llamó Wenceslao, Gabriel, Carlos, testigos de la fe que predicaban y que dieron su sangre para la Iglesia, para el pueblo de Dios por la predicación del Evangelio y finalmente se hace sangre en su pastor. Fue testigo de la fe derramando su sangre.
Pienso que ese día alguno se puso contento, creyó que era su triunfo pero fue la derrota de los adversarios. Uno de los primeros cristianos tenía una frase linda, “sangre de mártires, semilla de cristianos”, sangre de estos hombres que dieron su vida por la predicación del Evangelio es triunfo verdadero y hoy clama por vida, por vida esta Iglesia riojana que hoy es depositaria.
El recuerdo de Wenceslao, Carlos, Gabriel y el obispo Enrique no es una simple memoria encapsulada; es un desafío que hoy nos interpela a que miremos el camino de ellos, hombres que solamente miraron el Evangelio, hombres que recibieron el Evangelio y con libertad. Así nos quiere hoy la patria, hombres y mujeres libres de prejuicios, libres de componendas, libres de ambiciones, libres de ideologías, hombres y mujeres de Evangelio; sólo el Evangelio y, a lo más podemos añadirle un comentario, el que le añadieron Wenceslao, Carlos, Gabriel y el obispo, el comentario de la propia vida.
Que el Señor, por intercesión de su Madre santísima, nos conceda hoy la gracia de la libertad de solo el Evangelio con el comentario de nuestra propia vida. Que así sea.
"Charismatic Catholics and Pentecostal Evangelicals were actors in a gesture undoubtedly considered [by them] as an important step towards Christian unity.
Jul 12, 2006
It was at the III Fraternal Meeting organized by the Creces foundation ([Acronym for] Renewed Communion of Evangelicals in the Holy Spirit) held at the Luna Park Stadium. Its principal orators were the Pope's preacher, the Italian Franciscan Raniero Cantalamessa -- arrived yesterday [T. Note: June 19] to the country to preach a retreat to the bishops - and the Italian pastor, Giovanni Traettino.
(La Nación, 20/6/2006) About 7,000 Catholic and Evangelical faithful participated in the disertations and praises during the entire day led by Marcos Witt, a Mexican preacher that has eight Grammy awards to his name for religious music.
The most emotional moment was the reception given by those present to Cardinal Jorge Bergoglio, who gave a brief salutation and asked, as is his custom, for prayers for his person. The pastors took him seriously. The Cardinal knelt and all present asked for him -- who is, according to those present "one of the prophetic voices of the Nation" - [and] abundance of wisdom.
Bergoglio, who mingled among the people in the stands for two hours prior to his salutation, said that one could begin to see "a reconciled diversity".
Traettino affirmed that the destiny of Charismatics and Pentecostals is "to be a reconciliation factor in the Church and an instrument of unity". He agreed with Cantalamessa when he stated that unity in the Church is not an option, but a reality, "because God is one", and that the recognition of this will require a long road that, since yesterday, they stated, has been shortened."
Corpus Christi
Jun 21, 2006
Homilía de cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires en la Solemnidad del Corpus Christi (17 de junio de 2006).
1. Coronando el tiempo de Pascua celebramos juntos esta fiesta grande del Corpus. El Señor camina junto a nosotros por las calles de Buenos Aires y pone a su Iglesia en la ruta de la Eucaristía cotidiana que hace crecer en nuestros corazones la Esperanza, el anhelo, de la Eucaristía definitiva.
El Evangelio nos pinta con trazos vívidos las circunstancias simples y sorprendentes con las que el Señor quiso rodear los preparativos de la Ultima Cena. A partir de aquella noche santa toda nuestra vida gira en torno a las palabras del amor incondicional de Jesús: “Tomen, coman, esto es mi cuerpo” ¡El Cuerpo y la Sangre del Señor… sacrificio para nosotros!
Junto a los discípulos y a Jesús el evangelio de hoy nos invita a recorrer dos caminos: uno que lleva a la Eucaristía y otro que parte de ella. El que lleva a la Eucaristía es camino de Encuentro. El que parte de ella es camino de Esperanza.
2. El camino que lleva a la Eucaristía comenzó aquel día con una pregunta: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?” Los discípulos le preguntan al Señor y él los envía por la ciudad siguiendo al hombre del cántaro que encontrarán como por casualidad. Es un camino que parece incierto y, sin embargo, es seguro. El Señor los envía a seguir a un desconocido entre la multitud de la gran ciudad… pero tiene todo previsto y planeado. El Maestro sabe hasta el último detalle cómo está arreglado ese piso alto de la hospedería en el que va a entregarse como Pan para la vida del mundo.
Ellos partieron, obedientes en la fe. Quizá cruzando alguna mirada de complicidad al iniciar esta especie de juego de búsqueda del tesoro que les hace el Señor. El Evangelio nos dice que “encontraron todo como Jesús había dicho”. El Señor tenía estas cosas de hacer recorrer un camino incierto para el enviado pero ya previsto por él, de manera que al final se juntaran la experiencia obediencial del discípulo con la sabiduría del Maestro. Lo hizo con Pedro, cuando lo mandó a pescar un pez y sacar de su vientre la moneda para pagar el impuesto. Lo hizo con los discípulos al ordenarles tirar la red a la derecha o contar cuántos panes y peces tenían a mano… “Lo hacía para probarlos porque El ya sabía lo que iba a hacer”, nos dice Juan (Jn 6,6).
Como conmemoramos en la noche de Pascua: algo nuevo ha sucedido en el andar de la humanidad desde el día aquel en que Abram comenzó a caminar en la fe “sin saber a donde iba”. Obedeció y fue justificado. También a nosotros nos pasa lo mismo cuando caminamos siguiendo sus instrucciones como los discípulos, cuando nos dejamos “conducir espiritualmente” por el Señor, los caminos nos llevan a la Eucaristía, al Pan del Encuentro, de la Verdad y la Vida.
3. Luego de darles la Eucaristía el Señor habla de un nuevo camino, un camino que está en continuidad con el anterior pero es de largo aliento porque apunta al Cielo. Es el camino hacia el Banquete celestial que tendrá lugar en la Casa del Padre, ese banquete en el que el mismo Jesús nos sentará a la mesa y nos servirá. Y para señalar que estamos en camino hacia el Reino, el Señor utiliza una imagen: dice que “no beberá más del fruto de la vid hasta que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”. Se abre así un tiempo intermedio, el tiempo de la Iglesia que peregrina hacia el Cielo a donde la precedió su Buen Pastor. Camino de esperanza, camino hacia lo que no vemos pero de lo cual tenemos las primicias en la Eucaristía. Comulgando nos sentimos seguros de que el Señor está y nos espera.
4. Dos caminos, pues, y en ambos es protagonista el Pan. El camino cotidiano, por entre las cosas de todos los días, en medio de la ciudad, que termina en la Eucaristía fraterna, en la misa. Y el camino largo de toda la vida, de la historia entera, que también terminará en la Comunión con el Señor, en el Banquete del cielo, en la Casa del Padre. La Eucaristía es el aliento y la recompensa en ambos caminos.
La Eucaristía cotidiana es el Pan de vida que restaura las fuerzas y pacifica el corazón, el Pan del único Sacrificio, el pan del encuentro. Pero a su vez es Pan de la Esperanza, el Pan partido que abre los ojos para ver con estupor al Resucitado que nos estuvo acompañando de incógnito durante todo el día, durante la vida entera. Pan que enciende el fervor del corazón y hace salir corriendo a la misión en la comunidad grande; Pan ancla que tironea el corazón hacia el cielo y despierta en los hijos pródigos el hambre del Dios más grande, el deseo de la casa Paterna.
5. La certeza de este Pan de vida la tenemos clara. Por eso amamos la Eucaristía y la adoramos. Por eso le damos la primera comunión a nuestros hijos. Las dificultades están en el camino. En lo cotidiano una dificultad puede ser la del desencuentro: que no encontremos al hombre del cántaro –ese cántaro de agua viva, imagen del Espíritu Santo que nos guía- y nos perdamos por las calles de la ciudad, entre las mil circunstancias cambiantes que trae la vida. Y entonces, que el día no termine en la Eucaristía que el Señor nos tiene preparada, sino que por falta de tiempo, por distracción o problemas, el día se termine porque se terminó, rendidos de cansancio, sin referencia a Dios. Si no hay Encuentro con Jesús la vida se nos vuelve inconsistente, va perdiendo sentido. El Señor tiene dispuesta una Eucaristía –un encuentro- cada día, para nosotros, para nuestra familia, para la Iglesia entera. Y nuestro corazón tiene que aprender a adherirse a esta Eucaristía cotidiana –sintetizada en la misa dominical- de modo tal que cada día quede “salvado”, bendecido, convertido en ofrenda agradable, puesto en manos del Padre, como Jesús con su carga de amor y de cruz.
La dificultad del camino largo, el que nos lleva al Reino definitivo, puede ser la desesperanza., cuando “la promesa se diluye en la cotidianeidad de la vida”. Que se nos enfríe el fervor de la esperanza, esa brasa que vuelve cálidos de caridad nuestros gestos cotidianos. Sin ella, también podemos caminar, pero nos vamos volviendo fríos, indiferentes, ensimismados, distantes, excluidores.
Nos dará fuerzas saborear por el camino el Pan de la Esperanza grande, de la Esperanza de un banquete final, de un encuentro con un Padre que nos espera con su abrazo, nos transforma el corazón y la mirada y llena de otro sentido nuestra vida. Cuando Pablo nos dice que tenemos que rezar en todo momento nos está hablando de esta oración: de estar saboreando el Pan de la Esperanza en todo momento. La tentación puede ser la contraria, de estar masticando las uvas agrias y las amarguras de la vida, en vez del pan de Dios; ese pan que María “rumiaba” en su corazón, mirando a su Hijo y mirando la historia de salvación con el gusto de la esperanza.
6 Ella es el gran aliento que el Señor nos da para el Camino. Caminando con ella nuestro pueblo saborea el Pan de la Esperanza, en torno a ella nuestro pueblo come con gusto el Pan del Encuentro, la Eucaristía, Cristo vivo.
Por eso a María le pedimos hoy estas dos gracias: la de comer cada día con nuestros hermanos el Pan del Encuentro en la Eucaristía, y la de caminar por la vida gustando siempre este Pan de la Esperanza grande, el Pan del Cielo. Que ella que le dio su carne al Verbo Eterno para que él pudiera dárnosla a nosotros como alimento de vida eterna, nos despierte el amor por la Eucaristía, por el Cuerpo de Cristo, Pan de Vida.
Niegan que Bergoglio le haya apuntado al Gobierno
Jun 14, 2006
Dos ministros dijeron no haber visto alusiones del Tedéum al poder politico. El cardenal habló de manipulación y prepotencia.
(La Razón, 26 de mayo de 2006) El ministro del Interior, Aníbal Fernández, advirtió hoy que no desea "comprar políticamente" que la homilía que leyó ayer el cardenal Jorge Bergoglio refleje "un choque con la Iglesia, porque no es lo que fue".
Fernández estimó que cuando ayer Bergoglio, en su homilía en la Catedral, fue "definiendo cada una de las bienaventuranzas, habla de un sayo que le cabe a cada uno". La homilía debe interpretarse "como un todo", dijo a radio Rivadavia, y advirtió que no debe leerse "como hizo alguno de sus coleguitas", en alusión a periodistas, a quienes, para él, "les debe caer el sayo ese de los desinformadores mercenarios" que mencionó Bergoglio.
A través de Fernández el Gobierno volvió a negar alusiones directas del cardenal primado de la Argentina al gobierno en sus dichos ayer durante el Tedéum del 25 de Mayo.
Bergoglio, en su homilía, dijo que "el poder y la autoridad nace de la convocatoria a una confianza, no de la manipulación".
INTERNISMOS
El religioso también se preguntó "cuántas veces hemos caído los argentinos en la ''malaventuranza'' del internismo, de la constante exclusión del que creemos contrario, de la difamación y la calumnia como espacio de confrontación y choque".
En otro tramo expresó: "Desdichado el que no se mantiene mansamente en la verdad, el que no sabe en qué cree, el ambiguo, el que cuida a toda costa su espacio e imagen, su pequeño mundito de ambiciones".
"A éste —tarde o temprano— sus miedos le estallarán en agresión, en omnipotencia e improvisación irresponsable. Desdichado el vengativo y el rencoroso, el que busca enemigos y culpables sólo afuera, para no convivir con su amargura y resentimiento, porque con el tiempo se pervertirá, haciendo de estos sentimientos una pseudo-identidad, cuando no un negocio". Y agregó: "La intemperancia y la violencia, en cambio, son inmediatistas, coyunturales, porque nacen de la inseguridad de sí mismo".
Ya ayer por la tarde, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, también desestimó alusiones al Gobierno de parte de Bergoglio: la homilía "estuvo muy bien. Marcó lo correcto y lo malo y nos incentivó a todos a predisponernos a colaborar bien". "Fue una homilía —agregó— para que reflexionemos, como él dijo, y no tiene destinatario específico".
ACLARACION DE LA IGLESIA
Fuentes eclesiásticas también salieron a explicar que el mensaje de Bergoglio "fue para todos los ciudadanos argentinos" y aclararon que fue acortado por el cardenal respecto del publicado en su portal por la Conferencia Episcopal Argentina para hacerlo "más breve".
A través de Bergolgio, la Iglesia llamó a los argentinos a dejarnos "convocar por la fuerza transformadora de la amistad social", al preguntarse "cuántas veces caímos en la malaventuranza del internismo, de la constante exclusión, de la difamación y la calumnia como espacio de confrontación y choque". "Felices si somos perseguidos por querer una Patria donde la reconciliación nos deje vivir, trabajar y preparar un futuro digno", destacó también.
Bergoglio llamó a construir la patria desde las Bienaventuranzas
May 29, 2006
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, llamó a construir la nación desde las Bienaventuranzas que son una suerte de "programa", y exhortó a la "pobreza evangélica" que es "desecha la 'actuación' que sólo procura impresionar" y no necesita de la propaganda "para mostrar lo que hace, ni recurre al juego de fuerzas para imponerse".
Buenos Aires, 25 May. 06 (AICA) "Felices si somos perseguidos por querer una patria donde la reconciliación nos deje vivir, trabajar y preparar un futuro digno para los que nos suceden. Felices si nos oponemos al odio y al permanente enfrentamiento, porque no queremos el caos y el desorden que nos deja rehenes de los imperios. Felices si defendemos la verdad en la que creemos, aunque nos calumnien los mercenarios de la propaganda y la desinformación", subrayó el purpurado porteño en su reflexión por el 25 de Mayo en la catedral metropolitana.
El Primado presidió el Tedeum del que participó el presidente Néstor Kirchner, su esposa, gobernadores, funcionarios de gobierno, y representantes de distintas fuerzas sociales y políticos.
La invocación religiosa por la patria fue concelebrada por los obispos auxiliares de Buenos Aires y contó con la participación del nuncio apostólica, monseñor Adriano Bernardini, y la asistencia de referentes de distintos credos.
El cardenal Bergoglio consideró que seremos realmente "felices" si "construimos un país donde el bien público, la iniciativa individual y la organización comunitaria no pugnen ni se aíslen, sino que entiendan que la sociabilidad y la reciprocidad son la única manera de sobrevivir y, Dios mediante, de crecer ante la amenaza de la disolución".
"Nadie puede llegar a ser grande si no asume su pequeñez. La invitación de las Bienaventuranzas es un llamado que nos apremia desde la realidad de lo que somos, nos entusiasma, lima los desencuentros. Nos encamina en un sendero de grandeza posible, el del espíritu, y cuando el espíritu está pronto todo lo demás se da por añadidura", aseveró.
Texto completo de la homilía
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los mansos, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que lloran, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.” (Mt. 5:1-12)
1. En este día de acción de gracias por la Patria escuchamos el pasaje de las Bienaventuranzas que nos hablan de dicha y de bendición, de horizonte gozoso de ser. Jesús, el “Testigo Veraz” de la alegría de ser porque dio su vida por la bienaventuranza de todos, nos ilumina y nos nutre hoy con su programa. Las Bienaventuranzas el Señor las dijo para todos y, si es verdad que marcan con claridad nuestras zonas de sombra y de pecado, también es verdad que comienzan con una bendición y terminan con una promesa que nos consuela. Dios congregó a su pueblo en torno a la verdad, al bien y a la belleza que proclaman las Bienaventuranzas. Ojalá que al escucharlas no busquemos aplicarlas críticamente a los demás, sino que las recibamos enteras todos, cada uno con corazón simple y abierto, y permitamos que la Palabra nos congregue una vez más, siempre en la esperanza de construir la Nación que nos debemos. En el día de la Patria nos hará bien hacer un breve recorrido por estas Bienaventuranzas; cada uno de nosotros reflexionando pausadamente en ellas y preguntándonos qué significan hoy para mí, no para el que tengo al lado o para el vecino de enfrente. Recorrer las Bienaventuranzas lentamente, en una especie de “cadencia sapiencial”, procurando que su significado me llegue al corazón.
2. Hoy nos sentimos llamados –todos, sin excepción- a confrontarnos con este testimonio que brota del sentimiento íntimo de Jesús. Estamos llamados a una vocación: construir la dicha, unos por los otros: es lo que nos llevaremos de este mundo. En las Bienaventuranzas el Señor nos indica el camino por donde los seres humanos podemos encontrar la felicidad más auténticamente humana y divina. Nos proporciona el espejo donde mirarnos, el que nos deja saber si vamos por el sendero de serenidad, de paz y de sentido en que podemos disfrutar de nuestra existencia en común. La Bienaventuranza es simple y, por eso mismo, es un trayecto por demás exigente y un espejo que no miente. Rehúye al eticismo descomprometido y a la moralina barata.
3. En la conmemoración de las jornadas de Mayo, volvemos a aquellos padres de la Patria quienes, en su gesta, soñaron la bienaventuranza para nuestros pueblos que aspiran a crear ciudadanía. También en aquellos tiempos jugaban las ilusiones… y la pureza de la inspiración de los ideales se entrecruzaba con las ambiciones fáciles, algunas veces oscuras. Después de todo, ello es parte de la historia de todos los pueblos, y no venimos a juzgar ni pretender separar el trigo de la cizaña, sino a celebrar el legado del que nacimos, porque a pesar de las miserias y con ellas, tenemos un hogar. Venimos a celebrar pero no debemos dejar de preguntarnos si sigue siendo vocación nuestra el concretar aquellos deseos de bienaventuranza, si el ser ciudadanos se nos ha devaluado hasta llegar a ser un mero trámite o sigue siendo el llamado hondo a procurar la alegría y la satisfacción de construir juntos un hogar, nuestra Patria.
4. El Señor comienza hablando de la alegría que sólo experimentamos cuando tenemos alma de pobres. En nuestro pueblo más humilde encontramos mucho de esta bienaventuranza: la de los que conocen la riqueza de la solidaridad, la riqueza del compartir lo poco, pero compartirlo; la riqueza del sacrificio diario de un trabajo, a veces inestable y mal pago, pero hecho por amor a los suyos; la riqueza incluso de las propias miserias pero que, vividas con confianza en la Providencia y en la Misericordia de nuestro Padre Dios, alimentan en nuestro pueblo esa grandeza humilde de saber pedir y ofrecer perdón, renunciando al odio y la violencia. Sí, la riqueza de todo pobre y pequeño, cuya fragilidad y vulnerabilidad expuesta le hace conocer la ayuda, la confianza y la amistad sincera que relativiza las distancias. Para ellos, dice Jesús, es “el Reino de los Cielos”; sólo así, imitando esa misericordia de Dios, se obtiene un alma grande capaz de abarcar y comprender, es decir de “obtener”, como dice el Evangelio, misericordia.
5. Necesitamos de la amistad social que cultivan los pobres y los pequeños, la que sólo satisface cuando se da por completo a los otros.
Dios nos libre de la “malaventuranza” de una permanente insatisfacción, del encubrimiento del vacío y la miseria interior con sustitutos de poder, de imagen, de dinero. La pobreza evangélica, en cambio, es creativa, comprende, sostiene y es esperanzada; desecha la “actuación” que sólo procura impresionar; no necesita propaganda para mostrar lo que hace, ni recurre al juego de fuerzas para imponerse. Su poder y autoridad nace de la convocatoria a una confianza, no de la manipulación, el amedrentamiento o la prepotencia.
6. Felices son también los corazones que se “afligen”. Los que lloran por el desgarro entre el deseo de esa plenitud y de esa paz que no se alcanzan y postergan, y un mundo que apuesta a la muerte. Felices los que por esto lloran, y llorando apuestan al amor aunque se encuentren con el dolor de lo imposible o de la impotencia. Esas lágrimas transforman la espera en trabajo en favor de los que necesitan y en siembra para que cosechen las generaciones por venir. Esas lágrimas transforman la espera en solidaridad verdadera y compromiso con el futuro.
Por ello, felices, entonces, los que no juegan con el destino de otros, los que se animan a afrontar el desafío de construir sin exigir ser protagonistas de los resultados, porque no le tienen miedo al tiempo. Felices los que no se rinden a la indolencia de vivir el instante sin importar para qué o a costa de quienes, sino que siempre cultivan a largo plazo lo noble, lo excelente, lo sabio, porque creen más allá de lo inmediato que viven y logran.
7. La “malaventura” es precisamente lo contrario: no aceptar el dolor del tiempo, negarse a la transitoriedad, mostrarse incapaz de aceptarse como uno más del pueblo, uno más de esa larga cadena de esfuerzos continuos que implica construir una nación. Tal vez ésta ha sido una causa de tantas frustraciones y fracasos que nos han llevado a vivir en vilo, en permanente sobresalto. En el hábito de polarizar y excluir, en la recurrencia de crisis o emergencias, los derechos pierden terreno, el sistema se debilita y se lo vacía indirectamente de legitimidad. Los mayores precios son pagados entonces por los más pobres, y crecen las posibilidades de oportunistas y ventajeros.
8. Justamente este apostar al tiempo y no al momento es lo que Jesús ensalza como paciencia o mansedumbre. “Felices los pacientes porque recibirán la tierra en herencia”.
Es bueno recordar que no es manso el cobarde e indolente sino aquel que no necesita imponer su idea, seducir o ilusionar con mentiras, porque confía en la atracción -a la larga irresistible- de la nobleza. Por eso nuestros hermanos hebreos llamaban a la verdad “firmeza” y “fidelidad”: lo que se sostiene y convence porque es contundente, lo que se mantiene a lo largo del tiempo porque es coherente. La intemperancia y la violencia, en cambio, son inmediatistas, coyunturales, porque nacen de la inseguridad de sí mismo. Feliz por eso el manso, el que se mantiene fiel a la verdad y reconoce las contradicciones y las ambigüedades, los dolores y fracasos, no para vivir de ellos, sino para sacar provecho de fortaleza y constancia.
9. Desdichado el que no se mantiene mansamente en la verdad, el que no sabe en qué cree, el ambiguo, el que cuida a toda costa su espacio e imagen, su pequeño mundito de ambiciones. A éste -tarde o temprano- sus miedos le estallarán en agresión, en omnipotencia e improvisación irresponsable. Desdichado el vengativo y el rencoroso, el que busca enemigos y culpables sólo afuera, para no convivir con su amargura y resentimiento, porque con el tiempo se pervertirá, haciendo de estos sentimientos una pseudo-identidad, cuando no un negocio.
¿Cuántas veces hemos caído los argentinos en la “malaventuranza” de no haber sabido conservar tal mansedumbre? En la “malaventuranza” del internismo, de la constante exclusión del que creemos contrario, de la difamación y la calumnia como espacio de confrontación y choque. Desdichadas actitudes que nos encierran en el círculo vicioso de un enfrentamiento sin fin. ¿Cuántos de estos caprichos y arrebatos de salida fácil, de “negocio ya”, de creer que nuestra astucia lo resuelve todo, nos ha costado atraso y miseria? ¿No reflejan acaso nuestra inseguridad prepotente e inmadura?
10. Felices, en cambio, si nos dejamos convocar por la fuerza transformadora de la amistad social, ésa que nuestro pueblo ha cultivado con tantos grupos y culturas que poblaron y pueblan nuestro país. Un pueblo que apuesta al tiempo y que conoce la mansedumbre del trabajo, el talento creativo e investigador, la fiesta y la solidaridad espontánea, un pueblo que supo ganar o “heredar la tierra” en la que vive.
11. Este es el verdadero trabajo por la paz, como dice otra de las Bienaventuranzas, el que incluye y recrea, el que invita a convivir y compartir aun a los que parecen adversarios o son extranjeros. El que piensa del otro: éste no puede ser sino ‘hijo de Dios’; hijo de lo alto en su fe e hijo de esta tierra en su cultura. La paz comienza a afianzarse cuando miramos al otro como hijo de Dios, como hijo de la Patria. Por eso decimos hoy: felices aquellos de nuestros mayores que trabajaron por la paz para nuestros pueblos y se dejaron pacificar por la ley, esa ley que acordamos como sistema de vida y a la que una y otra vez debemos volver a poner en lo más alto de nuestros corazones.
12. íPobre el que burla la ley gracias a la cual subsistimos como sociedad! Ciego y desdichado es, en el fondo de su conciencia, el que lesiona lo que le da dignidad. Aunque parezca vivo y se jacte de gozos efímeros íqué carencia!. La anomia es una “malaventuranza”: esa tentación de “dejar hacer”, de “dejar pasar”, ese descuidar la ley, que llega hasta la pérdida de vidas; esa manera de malvivir sin respetar reglas que nos cuidan, donde sólo sobrevive el pícaro y el coimero, y que nos sumerge en un cono de sombra y desconfianza mutua. Qué dicha en cambio siente uno cuando se hace justicia, cuando sentimos que la ley no fue manipulada, que la justicia no fue sólo para los adeptos, para los que negociaron más o tuvieron peso para exigir, íqué dicha cuando podemos sentir que nuestra patria no es para unos pocos! Los pueblos que a menudo admiramos por su cultura, son los que cultivan sus principios y leyes por siglos, aquellos para los cuales su ethos es sagrado, a pesar de tener flexibilidad frente a los tiempos cambiantes o las presiones de otros pueblos y centros de poder.
13. Qué desventurados en cambio somos cuando malusamos la libertad que nos da la ley para burlarnos de nuestras creencias y convicciones más profundas, cuando despreciamos o ignoramos a nuestros próceres o al legado de nuestro pasado, cuando incluso renegamos de Dios, desentendiéndonos de que en nuestra Carta Magna lo reconocemos “fuente de toda razón y justicia”.
El maduro acatamiento de la ley, en cambio, es el del sabio, el del humilde, el del sensato, el del prudente que sabe que la realidad se transforma a partir y contando con ella, convocando, planificando, convenciendo, no inventando mundos contrapuestos, ni proponiendo saltos al vacío desde equívocos vanguardismos.
14. Éste el camino de los justos; el que emprenden los que tienen hambre y sed de justicia y que, al vivirla, “ya son saciados” como nos dice el Evangelio. Feliz el que cultiva el anhelo de esa justicia que tanto procuramos a lo largo de nuestra historia; anhelo que posiblemente nunca se saciará por completo, pero que nos hace sentir plenos al entregarnos en pos de la mayor equidad. Porque la justicia misma estimula y premia al que arriesga y se desgasta por ella y da oportunidad al que trae esfuerzos genuinos y sólidos.
Feliz el que practica la justicia que distribuye según la dignidad de las personas, según las necesidades que esta dignidad implica, privilegiando a los más desprotegidos y no para los más amigos. Feliz el que tiene hambre y sed de esa justicia que ordena y pacifica, porque “pone límites a” los errores y las faltas, no las justifica; porque contesta el abuso y la corrupción, no la oculta ni encubre; porque ayuda a resolver y no se lava las manos, ni hace leña del árbol caído. Felices nosotros si la apelación a la justicia nos hace arder las entrañas cuando vemos la miseria de millones de personas en el mundo.
15. Desdichados en cambio si no nos quema el corazón ver cómo en las calles, en las mismas puertas de las escuelas de nuestros hijos, se comercian drogas para destruir generaciones, convirtiéndolas en presa fácil del narcotráfico o de los manipuladores de poder. Desdichados porque se paga muy caro el drenaje de la cultura hacia lo superficial y el escándalo marketinero, (expresiones de desprecio de la vivencia espiritual que buscan avivar el vacío); se pagan muy caro la mentiras y la seducción demagógica para transformarnos en simples clientes o consumidores. Abramos los ojos, no es esclavo el que esta encadenado, sino el que no piensa ni tiene convicciones. No se es ciudadano por el solo hecho de votar, sino por la vocación y el empeño construir una Nación solidaria.
16. Felices por eso los limpios de corazón que no temen poner en juego sus ideales, porque aman la pureza de sus convicciones vividas y transmitidas con intensidad sin esperar los aplausos, el relativo juicio de las encuestas o la ocasión favorable de mejores posiciones. No cambian su discurso para acceder a los poderosos ni lo vuelven a desvestir para ganarse el aplauso efímero de las masas. Bienaventurados los limpios de corazón que informan, piensan y hacen pensar sobre estas cosas fundamentales y no nos quieren distraer con hechos secundarios o banales. Los que no entregan su palabra o su silencio a los que dominan, ni quedan atrapados en sus dictados.
17. Bienaventurados los jóvenes limpios de corazón que se juegan por sus deseos nobles y altos, y no se dejan arrastrar por la desilusión de las mentiras y la absurda inmadurez de muchos adultos. Los que se animan al compromiso más puro de un amor que los arraigue en el tiempo, que los haga íntegros por dentro, que los una en un proyecto. Los que no se dejan atomizar por las ocurrencias, las ofertas fáciles o el pasar el momento. Felices si se rebelan por cambiar el mundo y dejan de dormir en la inercia “del no vale la pena”. La bienaventuranza es una apuesta trabajosa, llena de renuncias, de escucha y aprendizaje, de cosecha en el tiempo, pero da una paz incomparable. Felices si seguimos el ejemplo de los que se animan a vivir con coherencia aunque no sean mediáticos.
18. Posiblemente la pureza de un corazón que ama sus convicciones, provoque rechazo y persecución. De hecho, Jesús sufrió el rechazo de nuestra necedad cada vez que removió nuestra maldad más profunda hipócritamente disfrazada. Y sin embargo allí también nos llama a ser felices. Felices los “perseguidos por causa de la justicia” que para Él y para sus compatriotas era la de Dios y su Reino. Y nos llama a la alegría incluso cuando nuestras convicciones coherentes despierten no sólo rechazo, sino calumnias, insultos y persecución.
Por supuesto que no se trata ni de la actitud del temerario que necesita de la rebeldía o del coqueteo con la muerte para sentirse alguien, ni del que exhibe denuncias, protestas o escisiones para sacar réditos personales. Tampoco bendice Jesús la rigidez cobarde del soberbio que utiliza la verdad para no arriesgarse a la misericordia.
La causa no es de opacas idealizaciones, sino de amor: es persecución por El, por su Persona, por la Vida que transmite y, por tanto, por la lucha en favor de todo ser humano y sus derechos. Es lucha por todo bien y verdad que tienda a la plenitud; por el deseo de ser hermanos en esta tierra, es decir, de aceptarnos diferentes en la igualdad.
Felices si somos perseguidos por querer una patria donde la reconciliación nos deje vivir, trabajar y preparar un futuro digno para los que nos suceden. Felices si nos oponemos al odio y al permanente enfrentamiento, porque no queremos el caos y el desorden que nos deja rehenes de los imperios. Felices si defendemos la verdad en la que creemos, aunque nos calumnien los mercenarios de la propaganda y la desinformación.
19. El mismo Jesús sufrió toda clase de injurias e inventos maliciosos, vio cómo facciones rivales se unían contra Él; oyó falsos testimonios de los desinformadores; tuvo defensores imprudentes que ensayaron rigideces y se quedaron con la realidad de su cobardía. Conoció la traición de los que señalaban con la izquierda y cobraban denarios con la derecha.
20. Felices, queridos hermanos, si construimos un país donde el bien público, la iniciativa individual y la organización comunitaria no pugnen ni se aíslen, sino que entiendan que la sociabilidad y la reciprocidad son la única manera de sobrevivir y, Dios mediante, de crecer ante la amenaza de la disolución.
Nadie puede llegar a ser grande si no asume su pequeñez. La invitación de las Bienaventuranzas es un llamado que nos apremia desde la realidad de lo que somos, nos entusiasma, lima los desencuentros. Nos encamina en un sendero de grandeza posible, el del espíritu, y cuando el espíritu está pronto todo lo demás se da por añadidura.
Animémosnos, pues, con el espíritu valiente y pleno de coraje, aun en medio de nuestras pobrezas y limitaciones; y pidámosle a Dios que nos acompañe y fortalezca en la búsqueda de las Bienaventuranzas de todos los argentinos.+
Cardenal argentino apuntó contra estilo del presidente
May 29, 2006
El cardenal primado de Argentina, monseñor Jorge Bergoglio, advirtió el jueves sobre el "internismo" y la "exclusión del que creemos contrario", en un mensaje que pareció destinado a criticar el estilo confrontacional del presidente Néstor Kirchner.
BUENOS AIRES (Associated Press, May. 25, 2006) - Bergoglio formuló estos términos durante el tradicional Tedeum en la Catedral de Buenos Aires, con motivo de un nuevo aniversario de la "Revolución de Mayo" y que coincide con los tres años de gobierno kirchnerista.
Con la presencia del mandatario, la primera dama Cristina Fernández de Kirchner y los ministros del gabinete, Bergoglio habló sobre la "malaventuranza del internismo, de la constante exclusión del que creemos contrario, de la difamación y la calumnia como espacio de confrontación".
"En el hábito de polarizar y excluir ... el sistema se debilita", sostuvo el prelado.
En cada una de sus alocuciones, Kirchner apela a un discurso directo e incisivo, que suele tener como destinatarios a los opositores de su gestión.
Bergoglio, que el año pasado figuró como uno de los candidatos a convertirse en nuevo Papa tras el fallecimiento de Juan Pablo II, también pareció apuntar contra el acto que más tarde iba a encabezar Kirchner para celebrar tres años en el poder.
"La pobreza evangélica ... desecha la actuación que sólo procura impresionar, no necesita propaganda para mostrar lo que hace, ni recurre al juego de fuerzas para imponerse".
Aunque Kirchner había invitado a toda la población, la celebración estaba netamente dominada por el poderoso aparato político y sindical del peronismo, a cuyo sector de centroizquierda pertenece el presidente.
La oposición consideró el acto como una manipulación política de una fecha patria, pero también la plataforma de lanzamiento para la campaña de reelección del mandatario.
Justamente durante ese acto, Kirchner se refirió a aquellos que critican su estilo: "No es que me peleo mucho sino que negocio poco con ciertos intereses que quieren ponerme de rodillas".
El Cardenal Jorge Bergoglio presentó un libro
May 25, 2006
El libro "La América Latina del Siglo XXI", del escritor uruguayo Alberto Methol Ferré, fue presentado por el arzobispo católico de la Ciudad. En el acto estuvo presente el vicepresidente de la nación, Daniel Scioli, diplomáticos y legisladores
(noticiasurbanas.com.ar, 16/05/2006) El arzobispo católico de la Ciudad, Jorge Bergoglio, presentó ayer, en el auditorio del Banco Río de la Ciudad, el libro "La América Latina del Siglo XXI", del escritor uruguayo Alberto Methol Ferré.
Estuvo presentes el vicepresidente de la nación, Daniel Scioli, diplomáticos de Uruguay y Perú, el ex ministro de Educación, Antonoio Salonia, y legisladores de distintos agrupaciones políticas.
Bergoglio definió al auto del libro como un hombre de "conciencia histórica y como un fruto maduro de su pensamiento. En su libro Methol Ferré tiene de una postura gnoseológica avanza a una perspectiva intropológica y se plantea de fondo explícita, el problema de la pertenencia".
Otro de los puntos que cita en su libro es el problema de Dios y la Iglesia y la globalización.
"Hay que atreverse a educar", dijo el cardenal Bergoglio
May 17, 2006
Alumnos de la ciudad de Buenos Aires, en representación de todos sus pares, elaboraron y aprobaron ayer la ley N° 1 del año 2010, que declara la jurisdicción porteña "ciudad educativa" y establece siete puntos destinados a resguardar el derecho de los niños y adolescentes a una educación cada vez mejor, con miras al Bicentenario.
(La Nacion, 28 de abril de 2006) Previamente, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, había oficiado en la Catedral metropolitana la misa por la educación argentina. Su homilía tuvo como tema central la función de socialización de la escuela como creadora del lazo social, que hace que cada persona constituya también una comunidad, un pueblo, una nación. Y destacó: "Hoy más que nunca hay que ser pueblo y atreverse a educar".
La norma elaborada por los propios alumnos fue un signo de cohesión social entre jóvenes de distintas procedencias. La ley se presentó ayer por la mañana en la Plaza de Mayo, luego de la misa presidida por Bergoglio en la Catedral, colmada por alumnos y docentes. Si bien la norma tiene carácter simbólico, posee la fuerza del consenso frente al compromiso asumido por la clase política y los adultos ante los chicos y adolescentes.
"Comuníquese y propáguese; no se archive en el olvido", dice el último artículo de la norma, a manera de claro llamado de atención, luego de señalar en los otros puntos la necesidad de que se acepte y respete la diversidad de credos, de que se promuevan la solidaridad y la justicia social y se generen espacios de diálogo que permitan consolidar un espíritu pluralista.
Durante tres encuentros, catorce delegados, dos de escuelas públicas, dos de establecimientos privados laicos y dos de cinco credos (ortodoxo, católico, islámico, judío y evangélico) elaboraron, discutieron y aprobaron el texto de la ley simbólica que ayer le entregaron al jefe de gobierno porteño, Jorge Telerman.
También estuvieron presentes en la misa y luego en el acto interreligioso en la Plaza de Mayo el vicepresidente Daniel Scioli; el ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus; el ministro del área de la ciudad, Alberto Sileoni; el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri, legisladores porteños y dignatarios de distintas confesiones.
En su homilía, el cardenal Bergoglio se centró en el "desafío de formar personas como ciudadanos solidarios, con sentido histórico y colectivo de comunidad, responsables, desde la raíz de su identidad y autoconciencia del destino común de su pueblo".
El cardenal destacó que la elección de este tema se debe a su "insoslayable centralidad" dentro de la tarea docente y a la necesidad de fortalecer o incluso refundar ese lazo social. También señaló: "Simbólicamente podemos decir que no hay una lengua única, sino la capacidad inédita de entendernos cada uno en la propia lengua, como sucedió en Pentecostés". Expresó que "educar es un gesto de amor", que fue el lema de la convocatoria.
Testimonios y esperanzas
"Estuvimos en el momento de la votación. Aceptar lo que el otro piensa es muy importante", dijo Anahí, de 5° año, de la escuela Atenágoras, al ser consultada por LA NACION sobre la ley que los propios chicos propusieron para la ciudad. Pamela, del mismo colegio, destacó la importancia de dar a conocer que la educación une a los jóvenes.
"Era necesario que los chicos hicieran una ley. Es algo progresista", dijo Lucila, del colegio Santa María de los Angeles. Y su compañera Pamela agregó: "Da esperanzas". A su vez, Zacarías, de 7° grado del Colegio Argentino Arabe, consideró importante la norma para el futuro de la sociedad y para que puedan convivir los distintos credos, y su compañero Farid dijo: "Para que haya una ciudad más culta".
Entre algunos jóvenes, la esperanza por un futuro mejor convivía ayer con cierto escepticismo sobre la posibilidad de ser escuchados por la sociedad. Al respecto, Denis, del colegio Natan Gesang, dijo convencida sobre la ley: "Es un principio; esperamos que sirva".
Il Cardinal Bergoglio invita i Vescovi ad essere “pastori con spirito di pecore”
May 17, 2006
Il Presidente della Conferenza Episcopale Argentina, il Cardinale Jorge Mario Bergoglio, ha pregato Nostra Signora di Luján di illuminare i Vescovi affinché siano “pastori con spirito di pecore” e servano il popolo che “ci mostra le sue necessità, la sua ricerca di Dio, le sue carenze e le sue gioie più profonde, e ci chiede di aiutarlo a trovare e a lasciarsi trovare da Gesù”.
PILAR, mercoledì, 10 maggio 2006 (ZENIT.org).- Nel presiedere questo lunedì la Messa di apertura della 91ª Assemblea Plenaria dell’Episcopato, che si concluderà sabato prossimo, l’Arcivescovo di Buenos Aires ha invitato i suoi fratelli a pregare Dio perché “ci renda più fedeli, più figli suoi, più seguaci di Gesù”.
“Durante le riflessioni di questa settimana cercheremo i modi e le parole per poter realizzare oggi ciò che Isaia proclamava: ‘Irrobustite le mani fiacche, rendere salde le ginocchia vacillanti… Coraggio! Non temete; ecco il vostro Dio… Egli viene a salvarvi’”, ha osservato.
Il porporato ha riconosciuto che “non è sempre facile annunciare queste parole; bisogna cercare, pensare, dialogare, pregare… e tutto questo produce nella nostra vita di pastori quella peculiare fatica del cuore che, come diceva Giovanni Paolo II, sentiva la Vergine nel suo sforzo quotidiano di contemplare i segni di Dio nella vita di suo Figlio”.
“Ella, come prima discepola di Gesù, ci apre questo cammino della fatica pastorale, quella fatica interiore di padre e fratello che vuole che nessuno di quanti gli sono stati affidati si perda. Torniamo ancora una volta con la mente a Luján e nel fedele popolo di Dio, guardandola, chiediamole la grazia di questa fatica interiore che ci appare nella croce di ogni giorno, spesso in chiaroscuri difficili da comprendere o in oscurità che fanno vacillare la speranza”, ha aggiunto.
Il Primate d’Argentina ha avvertito che questa speranza “non può essere negoziata da quanti sono stati costituiti eredi e destinatari in anticipo” “essendo coloro che hanno riposto la propria speranza in Cristo, a lode della sua gloria”, ed ha esortato a “rivolgere nuovamente lo sguardo a nostra Madre, a Colei che – da Cana e nel corso di tutta la storia dei popoli – si è avvicinata ai suoi figli nelle situazioni più diverse per seminare speranza nei cuori”.
“A Lei chiediamo la grazia di essere pastori di speranza, che non si lasciano soffocare dai conflitti e dalle prove; di essere pastori come Paolo, che non esitava ad annunciare Gesù Cristo a costo della propria vita: annuncio di martirio giornaliero, ma che vale la pena”, ha detto.
“A Lei chiediamo la grazia di credere fermamente che ‘la speranza non delude’ e di poter trasmettere questa fede al nostro popolo”, ha infine concluso.
Acusan al cardenal argentino Bergoglio de colaboracionismo en los años de la dictadura
May 17, 2006
El buen nombre de uno de los cardenales más destacados de Argentina -y con gran influencia en el Vaticano al grado de haber sido uno de los papables que estuvo más cerca de disputarle la silla de San Pedro a Ratzinger- ha sido puesto en tela de juicio.
(lacrisis.com.mx, 10-05-2006) Ciudad del Vaticano.- Estamos hablando del arzobispo de Buenos Aires, el cardenal jesuita Jorge Mario Bergoglio, quien se encuentra en el ojo del huracán a raíz de la publicación en Italia de un libro que lo acusa de actos sumamente graves: es decir, de haber denunciado ante los militares argentinos, en los años de la dictadura que azotó a dicho país sudamericano, a numerosos sacerdotes con la acusación de que eran "subversivos".
Dichos sacerdotes fueron catalogados como "subversivos" porque desarrollaban su trabajo pastoral en las ciudades miseria de la capital argentina.
El autor del libro es Horacio Verbitsky, uno de los más destacados periodistas de argentina y colaborador del diario argentino Página 12.
Verbitsky descubrió documentos oficiales de los archivos del Estado argentino en los que se demostrarían las graves acusaciones contra Bergoglio, quien según algunos cronistas del pasado cónclave, estuvo muy cerca de convertirse en Papa, como ya dijimos.
El libro, titulado en italiano L'Isola del silenzio (La isla del silencio), ha sido editado por "Fandango libri" y hace un recuento de las acciones de la Iglesia católica argentina durante los años de la dictadura.
Verbistky -quien ha trabajado por muchos años en la reconstrucción de los hechos de los años oscuros de la dictadura- presentó el libro en Roma y explicó a la agencia italiana Adnkronos su trabajo.
Según el periodista, "Bergoglio fue el más joven Provincial de los Jesuitas en Argentina. Tenía 36 años (en ese entonces) y la Compañía de Jesús cumplía una importante labor -en los primeros años 70- en las comunidades eclesiásticas de base activas en las ciudades perdidas de Buenos Aires.
Estas comunidades -añade Verbitsky - de las que formaban parte varios sacerdotes jesuitas, dependían de Bergoglio como Superior provincial. Bergoglio un mes antes del golpe de Estado pidió a dos sacerdotes, Orlando Yorio y Francisco Jalics, abandonar las comunidades en las que trabajaban.
Los sacerdotes se negaron arguyendo que eso "no era posible por su trabajo a favor de los pobres".
Después del rechazo de los sacerdotes a obedecer, Bergoglio hizo dos cosas, según Verbitsky: "en primer lugar los excluyó de la Compañía de Jesús sin informarles. Después intervino ante el arzobispo de Buenos Aires para que les fuera retirada la autorización para decir misa".
Pocos días después del golpe (el que tuvo lugar el 24 de marzo de 1976, "los dos fueron raptados. La suspensión del derecho a decir misa fue la señal dada a los militares de que los sacerdotes ya no gozaban de la protección de la Iglesia".
Según el periodista argentino, Yorio y Jalics acusan a Bergoglio de haberse estado coludido con los militares y de haberlos señalado como "peligrosos subversivos".
Ambos sacerdotes intercambiaron puntos de vista con otros prelados y confirmaron sus sospechas, añade Verbistky.
"Subversivo es una palabra que en el lenguaje de los militares tenía una amplia connotación que abarcaba todo: desde quienes estaban armados a los profesores universitarios; desde quienes cantaban canciones de protesta a las mujeres que llevaban minifalda; en esa época ser señalado como peligroso subversivo equivalía a una condena de muerte".
Los dos sacerdotes en cuestión presuntamente señalados como "subversivos" por Bergoglio fueron raptados y llevados a la ESMA (Escuela Mécanica de la Marina), una de las cárceles clandestinas de la dictadura argentina más tristemente célebre, por sus torturas y desapariciones. Allí los dos sacerdotes en cuestión fueron torturados y después de seis meses puestos en libertad luego de las presiones ejercidas por el Estado Vaticano.
"Desde aquel día -añade Verbistky- los dos sacerdotes acusan a Bergoglio de haber sido quien los traicionó y denunció. El cardenal por su parte dice que les pidió abandonar las ciudades perdidas porque eran un peligro".
Verbistky publicó en el diario argentino Página 12 las acusaciones de los dos jesuitas así como la versión de Bergoglio. También incluyó documentos de los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina que confirman, asegura el periodista, las versiones que acusan al purpurado jesuita.
Para Verbitsky dichos documentos ponen un punto final en la polémica ya que prueban las acusaciones contra el cardenal Bergoglio.
Uno de los documentos de los que habla el periodista contiene una petición hecha a Bergoglio para pedir ayuda a la autoridad en favor del padre Francisco Jalics. Este último, después de haber sido liberado luego de seis meses de torturas, se marchó a Alemania. Y desde ese país pidió que le renovaran el pasaporte para no poner un pie en Argentina. Bergoglio fungió como puente para hacer la petición y acudió al ministerio de Relaciones exteriores de Argentina.
La petición de Jalics fue rechazada. Una nota del funcionario Anselmo Orcoyen, Director de la oficina de Culto Católico (organismo del Ministerio de relaciones exteriores) explica las razones del rechazo: "Este sacerdote (Jalics) fue un subversivo, que tuvo problemas con sus superiores, y que fue detenido -se dice detenido y no raptado- en la Escuela Mecánica de la Marina". La nota fue descubierta por Verbitsky y en ella se habla como si la detención del sacerdote hubiera sido "legal". Pero lo más revelador, explica el periodista argentino, es que dicha nota concluía diciendo que "la fuente de esta información es el Superior provincial de los jesuitas, padre Bergoglio".
Se trata de un documento de la Dirección del culto, clasificado como 9- 2°, arzobispado de Buenos Aires II documento 10. En la nota -publicada en el libro de Verbitsky, se afirma que tanto Yorio como Jalics habían sido arrestados con la acusación de haber tenido "sospechosos contactos con los guerrilleros".
También se decía que el padre Jalics había "desarrollado actividades disgregadoras en Congregaciones religiosas femeninas" y que los sacerdotes "vivían en una pequeña comunidad que el superior jesuita disolvió en 1976 y que rechazaron obedecer solicitando la salida de la Compañía, recibiendo la expulsión".
Según el periodista, estas informaciones han sido negadas por la totalidad de los obispos de Buenos Aires. Sin embargo todos los documentos, insiste Verbitsky, estaban firmados por Bergoglio. Entrevistado por el periodista, el cardenal ha dicho que "nunca tuvo forma de etiquetar (a los sacerdotes) como guerrilleros o comunistas, entre otras cosas porque nunca creí que lo fueran". Por otro lado Yorio, muerto en el año 2000 en Uruguay y quien jamás se recuperó completamente de las torturas a las que fue sometido, dejó como legado un testimonio.
En una entrevista con Verbistky en 1999 dijo que después de llegar a Roma luego de haber abandonado Argentina "el secretario del General de los jesuitas me abrió los ojos. El padre Gavigna, colombiano, había estado en Argentina y me conocía bien. Me comentó que el embajador argentino ante el Vaticano le había informado que según el gobierno argentino habíamos sido capturados por las Fuerzas armadas porque nuestros superiores eclesiales habían informado al gobierno que al menos uno de nosotros era guerrillero.
Le pedí a Gavigna que lo confirmara por escrito y así lo hizo".
Por último y no menos importante según Verbitsky, fue la actividad política directa que desarrolló Bergoglio en los años de la dictadura en una organización de la derecha peronista que tiene el mismo nombre que una organización rumana que surgió durante los años 20 y 30 del siglo diecinueve. Dicha organización se llama la "Guardia de hierro" de Cornelio Codrenau, y estuvo vinculada al nazifascismo. "Bergoglio formaba pare de esta organización. Cuando ocupó el papel de Provincial de la Compañía de Jesús decidió que las universidades que los jesuitas administraban en Argentina estuvieran ligadas a una asociación privada controlada por la "Guardia de Hierro".
Verbitsky insiste en que Bergoglio todavía mantiene el control de dichas universidades a través de la organización citada.
Según el periodista, Bergoglio se comporta con el típico estilo de un político y tiene frecuentes encuentros con los ministros del gobierno argentino.
Quizá hay algo de verdad en las palabras de Verbitsky, ya que durante el 30 aniversario del golpe de la dictadura, la iglesia argentina publicó un documento que es aparentemente un mea culpa. En dicho documento se afirma que "los hechos del pasado nos hablan de enormes errores contra la vida y la dignidad humana y del desprecio por la ley y las instituciones… y son una ocasión propicia para que como argentinos nos arrepintamos una vez más de nuestros errores y para que asimilemos en la construcción del presente, la enseñanza que nos ofrece la historia".
El cardenal Bergoglio propuso un 'pacto educativo'
May 09, 2006
El cardenal Jorge Bergoglio propuso hoy la creación de un 'pacto educativo' para incluir a los más necesitados, cuando presidió desde la Catedral metropolitana, la Misa por la Educación Argentina, con la presencia de unos 7 mil estudiantes de escuelas porteñas de gestión pública y privadas, evangélicas, judías, católicas, islámicas, ortodoxas y laicas.
(cadena3.com.ar, 27 de Abril de 2006) 'Cuando el pacto entre padres, docentes, personal no docente y el Estado tiran cada uno para su lado, la víctima son los chicos', reveló el cardenal quien se mostró a favor de la creación de 'un pacto educativo' en vistas a la inclusión de los más necesitados.
Después de la misa, se realizó un acto en Plaza de Mayo del que participaron el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, el ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, el de la Ciudad, Alberto Sileoni y legisladores porteños.
Luego de la lectura de la 'Ley número 01 del año 2010' -la primera ley de los 200 años- elaborada por un grupo de estudiantes para el Bicentenario, que apela a la creación de una Ciudad Educativa, se llevó a cabo una oración interreligiosa con los representantes de todos los credos.
'Estamos convencidos de la importancia de esa ley, de la importancia del Bicentenario', indicó el jefe de Gobierno porteño al abrir el acto en el que entregó una bandera de la ciudad para cada escuela que participó de la creación de la norma. Y agregó: 'Gracias a los chicos por lo que nos enseñaron; que van a ser mejores que nosotros y van a ayudarnos a tirar del carro'.
Después llegó el turno del ministro de Educación, Daniel Filmus quien, parafraseando al cardenal Bergoglio, señaló: 'No podemos crecer sin integrar a todos, no podemos educar sin amar'. E indicó: 'En un país donde no siempre las leyes se cumplen, no debiéramos esperar al 2010 para ver si estos preceptos se cumplen'.
Por su parte, el vicepresidente, Daniel Scioli enunció: 'La propuesta que acaban de entregar al jefe de Gobierno es una extraordinaria iniciativa de Buenos Aires de cara al futuro'.
'Para el 2010 tenemos una ciudad educativa, de amor, una ciudad de encuentros', dijo Bergoglio al cierre del acto que concluyó con una suelta de globos que 'significan los sueños de todos los jóvenes'.
Bergoglio llamó a apostar por la esperanza
May 07, 2006
El arzobispo de Buenos Aires presidió anoche los ritos de la vigilia pascual en la Catedral
(La Nacion, 16 de abril de 2006) El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, presidió anoche los ritos de la vigilia pascual en la catedral metropolitana, con los cuales la grey católica celebra la resurrección de Jesucristo.
El purpurado porteño llamó a "apostar por la esperanza" a pesar de "tantas piedras en la vida" de los argentinos, y convocó a la acción frente "a todo lo que es sepulcro y muerte", sin otras precisiones.
"Mi camino, ¿apuesta a la esperanza? ¿busca el encuentro?", preguntó el arzobispo a los cientos de fieles que colmaron la catedral.
El cardenal Bergoglio, que centró la homilía en el relato evangélico de las mujeres frente al sepulcro vacío, recordó que el encuentro personal con Cristo y con los demás es el camino a seguir por los cristianos.
Tras explicar que ese camino "conmueve todo el ser y se deja conmover por el Señor que pasa y le abre el corazón", el purpurado porteño exclamó: "Ojalá tu corazón y el mío estén por esa senda".
"Esta es la mejor manera de desearnos felices Pascuas", aseguró el arzobispo.
Kardinal Bergoglio feierte Märtyrer-Gedenkgottesdienst in Buenos Aires
Apr 27, 2006
In der argentinischen Hauptstadt Buenos Aires wurde zu Beginn der Karwoche im Rahmen eines Festgottesdienstes, dem Kardinal Jorge Bergoglio vorstand, all derer gedacht, denen die Treue zu Jesus Christus wichtiger war als das eigene Leben.
ROM, 14. April 2006 (ZENIT.org).- Die denkwürdige Feier, an der neben Präsident Néstor Kirchner auch zahlreiche andere Vertreter des kirchlichen und öffentlichen Lebens teilnahmen, wurde in der Pfarrei San Patricio in einem Vorort von Buenos Aires abgehalten, der vor dreißig Jahren zum Schauplatz eines barbarischen Verbrechens geworden war: Drei Priester und zwei Seminaristen des Pallottinerordens waren am 4. Juli 1976 von Auftragskillern des damals amtierenden Militärregimes ermordet worden.
Die Mörder drangen gegen Mitternacht in das Pfarrhaus im Vorstadtviertel Belgrano ein, rissen die die Ordensangehörigen aus dem Schlaf gerissen und zwangen sie, sich in einem Zimmer zu versammeln. Dort wurden sie erschossen. Ihre Körper wiesen teilweise bis zu 70 Einschüsse auf (vgl. Bericht von P. Paul Denninger [pdf-Format]). Die Aufklärung des Verbrechens wurde bis zum Jahr 2000 systematisch verhindert.
Kardinal Bergoglio, Vorsitzender der argentinischen Bischofskonferenz, der der Beichtvater von P. Alfredo Kelly, einem dieser Märtyrer, gewesen war, würdigte in seiner Predigt die Haltung derer, die ihr Leben für Jesus und seine Prinzipien hingeben haben und erinnerte die Gottesdienstbesucher daran, dass das Martyrium "die Folge der radikalen Nachfolge Gottes" sei. "Möge das Blutzeugnis all derer, die gestern und heute ihr Leben für den Glauben hingegeben haben, uns allen helfen, in Eintracht miteinander zu leben."
Während der Eucharistiefeier gedachte man aller Blutzeugen des Glaubens. Für jeden Kontinent, in dem Männer und Frauen Christus bis zum Tod nachgefolgt waren, wurde ein Kreuz aufgestellt.
Der amtierende argentinische Präsident Néstor Kirchner, der im vergangen Jahr den Generalrat der Palottiner in Rom besucht hatte, wurde im Anschluss an den Gottesdienst auf eignen Wunsch hin in jenen Raum geführt, in dem der Mord an P. Pedro Dufau, P. Alfredo Kelly und P. Alfredo Leaden sowie an den Priesteramtskandidaten Br. Salvador Barbeito und Br. Emilio Neyra verübt worden war.
Am 8. August des vergangenen Jahres eröffnete Kardinal Bergoglio als Erzbischof von Buenos Aires das Seligsprechungsverfahren für die fünf Pallottiner. Am 21.September 2005 wurde ihnen in der Kirche San Patricio ein Denkmal gesetzt.
Consejos a la Prensa
Apr 24, 2006
Bergoglio: La prensa debe buscar la verdad, la bondad y la belleza.
Buenos Aires, 7 Abr. 06 (AICA) - El arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, afirmó que "la verdad y el bien van siempre acompañados de la belleza", por eso exhortó a la prensa a busar siempre la verdad, la bondad y la belleza, que trascienden la coyuntura y la espectacularidad y que, mansamente, siembran humanidad en los corazones.
"Refundar los vínculos sociales y la amistad social implica, para el comunicador, rescatar del rescoldo de la reserva cultural y espiritual de nuestro pueblo, rescatar y comunicar la memoria y la belleza de nuestros héroes, de nuestros próceres y de nuestros santos", recordó el primado de la Argentina durante la cena mensual de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).
El responsable de la entidad, Gustavo Víttori (El Liltoral, de Santa Fe), dio la bienvenida al purpurado porteño y dijo "reencontrarse con un maestro", dado que Bergoglio fue profesor suyo de la cátedra de Arte en el colegio Inmaculada Concepción, de Santa Fe, cuando era "un joven religioso".
"Desde entonces él ha crecido hasta ser cardenal. Es un intelectual, un humanista parado sobre la piedra firme de la fe y yo sigo siendo un agitado por las dudas cartesianas", admitió el titular de ADEPA, antes de invitar a "Jorge" a iluminar a los hombres de prensa en este tiempo especialmente "complicado" para la sociedad y en el que "nosotros también estamos inmersos en una situación compleja en la que nos hacemos más preguntas hacia adentro que las que formulamos hacia afuera".
El cardenal Bergoglio respondió que Víttori lo introdujo "en el túnel del tiempo" al recordar aquellos años de profesor en Santa Fe, por el año 65, y pidió disculpas por no quedarse a la cena.
Tras recordar que ser comunicador "no es meramente una función", sino que conlleva una "especial dedicación", reiteró que la prensa debe "prestarle atención" a la verdad, por entender que es un tema "insoslayable" para la actividad profesional.
"Quien ama y busca la verdad no permite que se la convierta en mercancía y no deja que se la tergiverse o se la oculte", subrayó, al tiempo que explicó que "así como falsificar la verdad nos aísla, nos separa, nos enfrenta; buscarla nos une, nos acerca, nos aproxima; y encontrarla nos llena de alegría y nos hermana".
El purpurado porteño señaló que "la comunicación, planteada como un espacio comunitario de búsqueda de la verdad, genera bienestar en la comunidad y evita las agresiones. Se mueve entre los conflictos y las situaciones más difíciles sin agregar dramatismo e incomprensiones, con una actitud de respeto por las personas y las instituciones".
También insistió en que "cuando realmente se busca la verdad se lo hace para el bien", porque "no se busca la verdad para dividir, enfrentar, agredir, descalificar, desintegrar", sino para "ser fiel a su vocación y a su conciencia", porque, advirtió, "el comunicador de la verdad parcial, que opta por la parte a costilla del todo, no construye".
El Arzobispo instó, en otro momento de su exposición, a "concretar en su trabajo la realidad de que la verdad, el bien y la belleza son inseparables", y pidió a la prensa "no destruir la projimidad" con noticias que "solo nos hacen exclamar íqué barbaridad! e inmediatamente dar vuelta de página".
Puso de relieve luego las figuras de la beata Madre Teresa de Calcuta y de san Maximiliano Kolbe, prisionero 16.670 en Auschwitz y propuesto por Juan Pablo II como patrono de los periodistas, a quienes consideró como ejemplos de que "se puede mostrar la pobreza y el sufrimiento con belleza y verdad".
"Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza es poner los cimientos de una cultura de la solidaridad y de la amistad social. Es acercarnos. Es hacernos prójimos", concluyó.
Vigilia pascual
Apr 19, 2006
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires durante la Vigilia Pascual (15 de abril de 2006)
El camino de estas mujeres en la mañana del domingo condensa el camino que, ininterrumpidamente, realizó el pueblo de Dios desde el momento en que Abram comenzó su itinerario “sin saber a donde iba” (Hebr. 11:8; Gen. 12:1). ¡Cuantas veces, durante estos siglos, la promesa se diluía en la cotidianeidad de la vida, en las dificultades, en las guerras, en exilios, deportaciones y esclavitud...! Sin embargo el pueblo siguió llevando en sí, tantas veces sin saberlo, el germen de esa victoria prometida. Durante esta noche hemos recorrido someramente aquel camino para reavivar nuestra memoria y, ahora con las mujeres, andamos este trecho de soledad y dolor, de servicio piadoso al Muerto. Ya escuchamos que ellas querían ungir el cuerpo de Jesús y que eran conscientes de la gran dificultad que podría frustrar su intento: la piedra. “Era una piedra muy grande” dice el Evangelio (Mc. 16:4). Y entre lo que querían hacer y la dificultad de la piedra se repite el sino de Abram: van, pero sin saber bien dónde, sin saber si podrán lograr su cometido.
Luego, lo imprevisto. La preocupación de la piedra se desvanece al ver que había sido corrida. La dificultad se vuelve puerta de entrada, la duda aflora en horizonte prometedor... la sorpresa engendra esperanza. La vetustez de la promesa explota en esa juventud que anuncia lo nuevo: “Ustedes buscan a Jesús de Nazareth, el Crucificado. Ha resucitado. No está aquí”. (Mc. 16:6). Lo que era muro e impedimento se transforma en nuevo acceso a otra certeza y a otra esperanza que las pone nuevamente en camino: “Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que Él irá antes que Ustedes a Galilea; allí lo verán, como Él se lo había dicho” (Mc. 16:7).
Y así comienza un nuevo camino, en continuidad con el anterior pero nuevo. “Vayan”, como a Abraham... y también con una promesa “allí lo verán”. Escuchamos recién que estas señoras distaban bastante de estar tranquilas: “salieron corriendo... porque estaban temblando y fuera de sí y... tenían miedo” (Mc. 16:8). Sienten en sí el estupor que produce todo encuentro con el Señor quien, de esta manera, se va acercando a ellas para manifestárseles plenamente.
Dije recién que nosotros, esta noche, hemos hecho memoria del camino grande de nuestro padre Abraham y también del camino chico de María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé. Y me pregunto: ¿qué tal mi camino? ¿Va en dirección de la promesa del encuentro con Jesús resucitado? ¿Se detiene y vuelve atrás ante la dificultad de la piedra?, de las tantas piedras de la vida. ¿O, como los de Emaús, dispara hacia el lado contrario para no tener dificultades con el corazón atrapado? ¿O, como los otros discípulos, prefiero la parálisis, el enclaustramiento, la defensa ante cualquier anuncio, ante horizontes de esperanza? Mi camino ¿apuesta a la esperanza? ¿Busca el encuentro? ¿Sabe del estupor que conmueve todo el ser cuando se deja conmover por el Señor que pasa y le abre el corazón? ¿Por qué camino anda hoy mi corazón?
Tres caminos esta noche: el del pueblo elegido que comenzó con nuestro padre Abraham, dentro de él el de las mujeres que también, como Abraham, van en busca de lo que no saben, y el tuyo: tu camino y mi camino. Los dos primeros sabemos cómo acabaron, en plenitud. Pero el tuyo y el mío ¿por dónde senderea? ¿Camina? ¿Está quieto? ¿Se detiene y vuelve atrás ante la piedra? ¿O se dejó tocar por la noticia y sale corriendo de todo lo que es sepulcro y muerte, sale corriendo temblando y fuera de sí, con miedo porque sintió el escalofrío del anuncio y el estupor de la presencia? Ojalá tu corazón y el mío estén en esta última forma. Es la mejor manera de desearnos felices Pascuas.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 15 de abril de 2006.
Bergoglio lavó los pies de 12 niños
Apr 19, 2006
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, lavó los pies de doce niños con padecimientos graves del Hospital Ricardo Gutiérrez, al repetir el gesto de "amor hasta el final" de Jesucristo en la Última Cena.
Buenos Aires, 17 Abr. 06 (AICA) - "La Iglesia quiere demostrar que todo bautizado tiene que servir a los que sufren, como hizo Jesús que amó hasta el final", dijo el purpurado porteño al explicar el simbolismo de este rito al que definió como "un servicio de entrega a los demás".
El cardenal Bergoglio invitó a los presentes en la capilla del centro asistencial, a que lo ayuden a lavar los pies "con los corazones".
Luego se arrodilló delante de cada uno de los 12 niños -la mayoría en sillas de ruedas, entubados, con barbijos o respiradores artificiales- para lavarles los pies y besárselos, para cumplir -dijo- con el mandato evangélico de visitar a los enfermos.
El Arzobispo se acercó hasta el Hospital para celebrar la misa llamada de la Cena del Señor junto a enfermos, médicos, personal sanitario y familiares de los niños con padecimientos crónicos.
Este es un ritual que el purpurado porteño repite cada Jueves Santo, desde que asumió la conducción pastoral de la Arquidiócesis en febrero de 1998.
Los años anteriores lo hizo con los afectados por el Sida del Hospital Muñiz, los presos de la cárcel de Villa Devoto, la gente alojada en forma temporal en el Hogar San José, las madres que esperaban dar a luz en la Maternidad Sardá y, en dos oportunidades, con los que padecen graves dolencias en el Hospital de Niños "Ricardo Gutiérrez+
Disertación en la asociación de entidades periodísticas argentinas
Apr 19, 2006
Disertación del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (6 de abril de 2006)
Les agradezco la gentil invitación para compartir este momento con Ustedes, personas que trabajan en la comunicación y que, desde un primer momento, están respondiendo a una vocación que se ha ido arraigando en el corazón de cada uno. Ser comunicador no es meramente una función. Va más allá. Se enraiza en ese ámbito de la interioridad donde se gesta el proyecto de vida y se despliega a lo largo del camino de la existencia. Todo hombre y mujer es comunicador pero Ustedes lo son, además, por especial dedicación. Por ello escogí hablar hoy sobre la comunicación tanto en su dimensión humana como también más precisamente en lo que toca a la profesión de Ustedes.
1. La comunicación humana
El fenómeno de la comunicación humana, que en nuestro tiempo ha adquirido una relevancia excepcional, se apoya sobre sorprendentes adelantos tecnológicos pero no es reducible a sólo algo técnico; se trata de un acontecimiento profundamente humano. Los comunicadores cuentan hoy con poderosos medios que les permiten llegar tanto muy lejos en el espacio como también muy profundo en el corazón de los hombres y las mujeres de nuestros pueblos.
Como Ustedes saben bien, no podemos cosificar el gesto comunicador y asemejar al que comunica con el que tira papelitos o reparte volantes en la calle. Comunicar es mucho más que distribuir noticias. Comunicar es la acción de poner algo en común; la comunicación humana entraña establecer vínculos entre las personas. La comunicación social comienza en personas concretas y se dirige a otras personas también concretas y, al establecer relaciones entre ellas, va formando el tejido social sobre el que se construye la vida de la comunidad.
No es suficiente decir que la comunicación es humana cuando se establece entre seres humanos. Fácilmente podemos observar que hay un tipo de comunicación que hace al hombre más plenamente hombre y otras formas que van limitando su capacidad de actuar, sentir y pensar con libertad, con alegría, con creatividad. La comunicación es más humana cuanto más ayuda a los hombres a ser más plenamente humanos.
Y, porque a la Iglesia nada humano le es ajeno, ella observa la comunicación como un fenómeno de extraordinaria importancia; desde el principio de la aparición de los grandes medios ha querido hacer oír su voz sobre estos temas y también ha querido escuchar atentamente la voz de quienes por su experiencia, conocimientos y oficio conocen el mundo de la comunicación. Con humildad la Iglesia quiere ofrecer sus conocimientos y su experiencia a los comunicadores y con sinceridad quiere escucharlos. Creemos que tenemos mucha riqueza para aportarnos mutuamente.
Todos los que estamos aquí sabemos que en este ámbito de la comunicación social se van gestando transformaciones culturales donde las sociedades construyen gran parte de su futuro. De ahí que toda la atención que pongamos en la calidad de la comunicación es poca. No se trata sólo de eficacia, de rating o cantidad de ejemplares vendidos. Es mucho más lo que está en juego. En este mundo que llamamos “de la comunicación” se siembra para un futuro venturoso de comunión o un futuro trágico de desencuentros y rupturas.
2. La verdad
La calidad de la comunicación a la que tanta atención tenemos que prestar está directamente relacionada con un tema insoslayable para todo comunicador: el tema de la verdad. Se trata de una cuestión que merece consideraciones desde diversos puntos de vista: la filosofía, la teología, la filosofía de las ciencias, las ciencias humanas y muchas otras se ocupan de ella. Según los enfoques nos aventuraremos por reflexiones más o menos complejas, pero esa complejidad del tema no nos dispensa de la actitud que se espera siempre de un comunicador: la búsqueda de la verdad. El amor por la verdad.
Los periodistas se presentan siempre ante la sociedad como “buscadores de la verdad”. Quien ama y busca la verdad no permite que se la convierta en mercancía y no deja que se la tergiverse o se la oculte. Además, quien realmente se interesa por la verdad está siempre atento a las reacciones de quienes reciben la información, procura el diálogo, el punto de vista diferente. El que busca la verdad es humilde; sabe que es difícil hallarla y sabe también que es más difícil encontrarla cuando uno la busca en soledad. La verdad se encuentra con otros. La verdad se anuncia con otros. Así como falsificar la verdad nos aísla, nos separa, nos enfrenta; buscarla nos une, nos acerca, nos aproxima; y encontrarla nos llena de alegría y nos hermana.
La comunicación, planteada como un espacio comunitario de búsqueda de la verdad, genera bienestar en la comunidad y evita las agresiones. Se mueve entre los conflictos y las situaciones más difíciles sin agregar dramatismo e incomprensiones, con una actitud de respeto por las personas y las instituciones.
3. El bien
Por ser una actividad humana la comunicación tiene otra dimensión: la persona que realmente quiere entrar en comunicación con otra puede hacerlo impulsado por distintas motivaciones. Aquí entramos en el universo de las actitudes. Las hay integradoras, constructivas... y también las hay de signo contrario. Cuando lo que se busca es la verdad entonces también necesariamente se buscará el bien. La verdad y el bien se potencian entre sí. Cuando realmente se busca la verdad se lo hace para el bien. No se busca la verdad para dividir, enfrentar, agredir, descalificar, desintegrar. Sin duda la publicación de algunas verdades puede generar reacciones y conflictos no menores, pero el buen comunicador no actúa para generar ese conflicto o esa reacción, sino para ser fiel a su vocación y a su conciencia. Impulsado por la verdad y el bien encontrará con idoneidad profesional las palabras y los gestos que permitan decir lo que hay que decir de la manera más cuidadosa y eficaz. El comunicador de la verdad parcial, que opta por la parte a costilla del todo, no construye. No es necesario apartarse de la verdad para destacar lo bueno que hay en las personas. Hasta en las situaciones más conflictivas y dolorosas hay un bien para rescatar. La verdad es bondadosa y nos impulsa hacia el bien. El periodista que busca la verdad busca también lo que es bueno. Es tal la unión que existe entre verdad y bien que podemos afirmar que una verdad no bondadosa es, en el fondo, una bondad no verdadera.
4. La belleza
También es bueno recordar en nuestros días que la verdad y el bien van siempre acompañados de la belleza. Pocas cosas hay más conmovedoramente humanas que la necesidad de belleza que tienen todos los corazones. La comunicación es más humana cuanto más bella. Es cierto que según las culturas se diversifica lo que se considera bello en las distintas comunidades humanas. Pero siguiendo las formas de cada cultura es universal la necesidad y el placer de la belleza. Algo grave e inhumano ocurre si en una comunidad se pierde el gusto por lo que es bello. Una señal de alarma aparece en el horizonte cuando la vulgaridad, la vanidad, lo chabacano, no son vistos como tales sino que pretenden reemplazar a la belleza. Se da entonces ese proceso de banalización de lo humano que termina siendo esencialmente degradante.
El comunicador es sensible a la belleza, la intuye y no confunde lo que es bello con lo que está de moda, o sólo es algo “bonito” o simplemente “prolijo”. Porque es humana, a veces la belleza es trágica, sorprendente, conmovedora; en algunas oportunidades nos empuja a pensar en lo que no queremos o nos muestra el error en el que estamos. Los artistas saben bien que la belleza no sólo es consoladora sino que puede también ser inquietante. Los grandes genios han sabido presentar con belleza las realidades más trágicas y dolorosas de la condición humana.
El gran desafío del comunicador que día a día sale a buscar la verdad para luego contarla a otros, es recordar para sí y concretar en su trabajo la realidad de que la verdad, el bien y la belleza son inseparables.
5. Los medios ¿nos acercan o nos alejan?
Resulta casi un lugar común decir que los medios de comunicación han achicado el mundo, nos han acercado unos a otros. De ahí que sea tan fascinante y poderosa la acción y la influencia de los medios en la sociedad y en la cultura.
Ustedes lo saben muy bien. Esta proximidad puede ayudar a crecer o a desorientar. Los medios pueden recrear las cosas, informándonos sobre la realidad para ayudarnos en el discernimiento de nuestras opciones y decisiones, o pueden crear por el contrario simulaciones virtuales, ilusiones, fantasías y ficciones que también nos mueven a opciones de vida.
Me gusta categorizar este poder que tienen los Medios con el concepto de projimidad. Su fuerza radica en la capacidad de acercarse y de influir en la vida de las personas con un mismo lenguaje globalizado y simultáneo. La categoría de projimidad entraña una tensión bipolar: acercarse - alejarse y -a su vez en su interioridad- también está tensionada por el modo: acercarse bien y acercarse mal. Hay que considerarla en todas sus posibilidades combinadas.
La palabra “prójimo” evoca en el cristiano el recuerdo de la parábola del buen samaritano que todos conocemos. Hoy los medios nos hacen “prójimos” de verdaderas multitudes que están al costado del camino como el hombre de la parábola, apaleados y robados, ante los cuales pasan los periodistas. Los muestran, les dan mensajes, los hacen hablar. Entra en juego aquí la projimidad, el modo de aproximarse. El modo de hacerlo determinará el respeto por la dignidad humana y la capacidad constructiva o destructiva de los medios.
Si aplicamos aquí lo que decíamos sobre el bien, la verdad y la belleza podemos fácilmente descubrir que así como a nivel ético aproximarse bien es aproximarse para ayudar y no para lastimar, a nivel de la verdad aproximarse bien implica transmitir información veraz, y a nivel estético aproximarse bien es comunicar la integridad de una realidad, de manera armónica y con claridad. Aproximarse mal, en cambio, es aproximarse con una estética desintegradora, o con el sofisma, o desde una inteligencia sin talento o con un eticismo sin bondad, lo cual escamotea aspectos del problema, o los manipula creando esa desarmonía que oscurece la realidad, la afea y la denigra.
Cuando las imágenes y las informaciones tienen como único objetivo inducir al consumo o manipular a la gente para aprovecharse de ella, estamos destruyendo la projimidad, alejándonos unos de otros. Esta sensación se tiene muchas veces ante el bombardeo de imágenes seductoras y de noticias desesperanzadoras que nos dejan conmocionados e impotentes para hacer algo positivo. Nos ponen en el lugar de espectadores, no de prójimos. El dolor y la injusticia presentados con una estética desintegradora instala en la sociedad la desesperanza de poder descubrir la verdad y de poder hacer el bien en común.
Cuando la noticia sólo nos hace exclamar “¡que barbaridad!” e inmediatamente dar vuelta la página o cambiar de canal, entonces hemos destruido la projimidad, hemos ensanchado aún más el espacio que nos separa.
Todos los que estamos aquí lo sabemos: hay incluso una manera digna de mostrar el dolor que rescata los valores y las reservas espirituales de un pueblo, que ayuda a superar el mal a fuerza de bien y anima a trabajar hermanados en la voluntad de superación, en la solidaridad, en esa projimidad que nos engrandece abiertos a la verdad y al bien. Se puede mostrar la pobreza y el sufrimiento con belleza y verdad, pues la belleza del amor es alegre sin frivolidad. Pensemos en la belleza de la Madre Teresa de Calcuta cuya luminosidad no proviene de ningún maquillaje ni de ningún efecto especial sino de ese resplandor que tiene la caridad cuando se desgasta cuidando a los más necesitados, ungiéndolos con ese aceite perfumado de su ternura. Cuando pensamos en ella nuestro corazón se llena de una belleza que no proviene de los rasgos físicos o de la estatura de esta mujer sino del resplandor hermoso de la caridad con los pobres y desheredados que la acompaña.
O vayamos a Auschwitz. San Maximiliano María Kolbe, prisionero 16.670, propuesto por Juan Pablo II, por el uso que hizo de los medios de comunicación, como patrono de los periodistas, supo aproximarse a sus compañeros del campo de concentración. Y allí donde estaban los carceleros y verdugos despojando y golpeando, él se hizo prójimo ofreciendo su vida en lugar de un condenado a muerte. Su vida nos señala la dimensión martirial que, necesariamente, tiene toda projimidad.
No es necesario limitarnos a estas personas excepcionales. Hay una hermosura distinta en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y el pan compartido con generosidad aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa desarreglada y casi anciana que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo de la juventud, que tanto exaltan los medios, hay una hermosura extraordinaria en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, esos viejitos que caminan tomados de la mano. Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria; en el trabajo generoso por la felicidad de la familia... comprometidos en el arduo trabajo anónimo y desinteresado de restaurar la amistad social... Hay belleza en la creación, en la infinita ternura y misericordia de Dios, en la ofrenda de la vida en el servicio por amor. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza es poner los cimientos de una cultura de la solidaridad y de la amistad social. Es acercarnos. Es hacernos prójimos.
Refundar hoy los vínculos sociales y la amistad social implica, para el comunicador, rescatar del rescoldo de la reserva cultural y espiritual de nuestro pueblo, rescatar y comunicar la memoria y la belleza de nuestros héroes, de nuestros próceres y de nuestros santos. Esta reserva es el espacio de la cultura, de las artes, espacio fecundo donde la comunidad contempla y narra su historia de familia, donde se reafirma el sentido de pertenencia a partir de los valores encarnados y acuñados en la memoria colectiva. Estos espacios comunitarios de ocio fecundo, cuasi sagrado, son ocupados hoy muchas veces con entretenimientos que no siempre engendran verdadera alegría y gozo. La comunicación meramente puntual, carente de historia, no tiene sentido del tiempo y, consiguientemente, no es creadora de esperanza.
Ustedes son comunicadores. A Ustedes se les plantea este desafío de la projimidad: hacerse prójimo para que –a través de esa comunicación de cercanía- se implante la verdad, la bondad, la belleza, que trascienden la coyuntura y la espectacularidad y que, mansamente, siembran humanidad en los corazones.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 6 de abril de 2006.
Misa cresimal
Apr 19, 2006
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, durante la Misa Crismal (13 de abril de 2006)
La homilía de Jesús fue cortita. “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Sabemos que la cosa siguió. Que fue una homilía muy participada, con exclamaciones de admiración de la gente y frases irónicas, como la del hijo del carpintero… Y también que Jesús provocó a sus paisanos con esas afirmaciones tan tajantes acerca de la mala aceptación de los profetas en su tierra y de los milagros que Dios no podía hacer en su pueblo por su falta de fe. Sabemos que los ánimos se caldearon hasta el punto que querían despeñar a Jesús. Pero que en el clímax de la exasperación el Señor pasó en medio de ellos y se fue a predicar a Cafarnaún.
La inauguración del año de gracia resultó bien desconcertante. Eso sí, la imagen que queda es la de la majestad litúrgica con que se mueve el Señor dominando la escena. Él se levanta a leer la lectura, él concluye el episodio: “pasando por en medio de ellos, seguía su camino”. Aunque la liturgia terminó fuera de la Sinagoga, el final parece una de nuestras salidas de misa por en medio de la gente.
Sucedió como si en pocos instantes se hubiera adelantado y concentrado lo que ocurriría luego a lo largo de la vida pública del Señor: la evangelización de los pobres, los milagros, la aprobación de la gente y después la indignación y el llevarlo a la Cruz y el Señorío de Jesús Resucitado. El Señor hace su anuncio y provoca que se desaten las cosas, sólo que no deja que lo despeñen ahí mismo. Es la inauguración profética del año de gracia. Con sus palabras y gestos y con lo que permitió que hicieran y dijeran los demás, el Señor comienza dramáticamente la misión para la que fue ungido.
El Señor hizo pasar a sus paisanos de la maravilla al rechazo. ¿Por qué? podemos preguntarnos. Primero todos dan testimonio a su favor y se maravillan de las palabras de gracia que salen de sus labios… Pero minutos después lo quieren despeñar. ¿Había necesidad de provocar a su gente? ¿No viene el Ungido a traer una buena noticia a los pobres, a anunciar un año de gracia…? ¿Por qué los desconcierta? Nuestra Señora, que seguramente estaba presente, habrá recordado las palabras del viejo Simeón: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te abrirá el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones" (Lc 1, 34-35).
La bondad con la que Jesús está ungido es un “hoy” tan fuerte, tiene un poder de realización tan intenso que produce contradicción, no permite que las cosas vayan por el camino formal de los buenos modales; hace salir lo que cada uno tiene en el corazón. A algunos, como a nuestra Señora, la presencia de Jesús les abre el alma como con una espada y los unge con su Espíritu derramando en ellos todo su amor. A otros, como a los fariseos, no les permite ocultar su egoísmo ni posponer su bronca, y los vuelve obstinados en su encerramiento. El hoy del Ungido interpela, destapa las ollas, desinstala de posturas tomadas. El Señor anuncia una buena noticia que libera y hace ver. Allí es donde unos se dejan ungir y misionar para ayudar a los demás y otros cierran los ojos y vuelven a su esclavitud, en la que se sienten más cómodos y seguros.
Así vemos que la misión de amor para la cual es ungido el Señor por el Espíritu no la puede cumplir sin desinstalar primero el egoísmo. El Señor viene a anunciar la buena noticia que esperaba la fe, esa buena noticia que nos desinstala haciendo que se desenmascare nuestro escepticismo (ese que siempre piensa “¿pero no es este el hijo de José”?), y que podamos entregarle nuestra fe total; el Señor viene a prestar el servicio de misericordia que nos desinstala de nuestro pecado, y nos pone ante la opción de ser como las viudas y los leprosos de Israel que no se dejaron curar o, por el contrario, como Nahamán el sirio y la viuda de Sarepta que recibieron la sanación; el Señor viene a inaugurar su Reino; con su humildad y mansedumbre nos desinstala de todo sueño cómodo de poder y vanidad eclesiásticos y nos invita a volvernos disponibles, a estar al servicio de los demás.
La palabra y los gestos del Señor liberan y abren los ojos de todos. Nadie queda indiferente. La palabra del Señor siempre hace optar. Y uno, o se convierte y pide ayuda y más luz o se cierra y se adhiere con más fuerza a sus cadenas y tinieblas.
La misión que el Señor realiza no es una tarea externa – yo anuncio y después ustedes vean –; es una misión que a él le implica el don total de sí y a los que lo reciben les implica recibirlo integramente. De allí la unción. La unción es un don total. Sólo puede ungir el que tiene la unción y sólo puede ser ungido el que se anonada y se despoja de sí para poder recibir este don total. Jesús, el Hijo amado, es el Ungido porque lo recibe todo del Padre. El Señor no tiene nada por sí mismo ni hace nada por sí mismo: en él todo es unción recibida y cumplimento de la misión. Así como lo recibe todo, lo da todo mediante el servicio y la entrega de su vida en la Cruz. Para poder recibir un don tan total necesitamos que el Señor nos enseñe a despojarnos de nosotros mismos. a abajarnos, a anonadarnos.
La fe, por ejemplo, es ungir al otro con nuestra confianza y adhesión total, y para ello uno debe despojarse de sus reservas mentales y prejuicios. El pueblo fiel recurría al Señor con esta fe, le brindaba toda su confianza, y por eso el Señor podía ungirlos con su sanación. La caridad también es una unción, es ungir al otro con nuestras obras de misericordia pero practicadas desde el don de nosotros mismos, que supone despojo y entrega: la caridad unge al otro con el don total de sí, no con dar cosas. Y el Señor nos desinstala para poder ungirnos.
El espíritu unge al Señor hoy para realizar su misión hoy, en ese hoy permanente del Reino. La unción es tan total que siempre es hoy, cuando se recibe todo se transforma en hoy. La fe es hoy, la esperanza es hoy, la caridad es hoy, aquí y ahora. No hay lugar para poner nada entre paréntesis. Por eso la necesidad del Señor de desinstalarnos de todo aquello que impide que seamos ungidos hoy para ungir a los demás. La unción sella un hoy que se vuelve permanente, que se hace Iglesia, Asamblea. La unción sella una misión que necesita toda la persona, todos los días, para ir a todas partes a ungir a todos los hombres, con todo el corazón. Por eso la unción es verdaderamente católica, en sentido cuantitativo y cualitativo.
Esta homilía cortita del Señor fue un acto de amor. No una bravuconada. Desinstalar al otro para que se abra a la unción sólo la palabra de amor lo logra. Si algunos sacaron a relucir su odio es porque ya lo tenían dentro. La palabra amorosa de Jesús lo puso de manifiesto y en vez de consolidarse en esa actitud bien podrían haberse arrepentido. Que Dios nos desinstale siempre es un acto de amor. Jesús le está diciendo a su pueblo que, en ese momento, está realizando un milagro más grande que los que realizó en Cafarnaún: está inaugurando el año santo, el año del Ungido que viene a ungir con su Espíritu, el tiempo de gracia. Es tan fuerte la invitación que supera a sus paisanos. No saben qué hacer con él. Ni siquiera lo pueden apedrear. Jesús instaura el Reino mostrándose soberano. Así, desinstalado de todo –incluso de la buena opinión de sus paisanos– comienza a predicar y a hacer real el Reino.
Esta primera homilía de Jesús, con la que Lucas lo hace inaugurar su misión en el ámbito del Templo, fue y sigue siendo dramáticamente desinstaladora. Jesús nos desinstala de toda otra actitud que no sea la de tener los ojos fijos en él. “Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él”, en Jesús, el Testigo Fiel. La carta a los Hebreos expresa esto de manera ejemplar: “también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios” (Hb 12, 1-2).
Le pedimos, pues, estas gracias al Señor:
Que desinstalados del pecado corramos la prueba que se nos propone con los ojos fijos en Jesús. Así como él se desinstaló del gozo que se le proponía para venir a buscarnos a nosotros, sus hijos pródigos, sus ovejitas perdidas.
Que el hoy de Jesús nos desinstale de todos los pasados en los que, a veces por dureza y a veces por comodidad, nos queremos refugiar y de todos los futuros que a veces por ambición y a veces por miedo, pretendemos controlar, y nos sitúe en el hoy del Amor de Dios. Ese amor que, como dice el Papa “es ‘éxtasis’, no en el sentido de arrebato momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí. Porque ‘El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará’” (Lc 17, 33) (DCE 6).
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 13 de abril de 2006.