Homilia de cardenal Julio Terrazas
Aug 12, 2008
Santa Cruz - 10/08/2008.
Mucha gente que los domingos viene a nuestra Catedral, ahora se encuentra en sus hogares, meditando, reflexionando, esperamos que con la finalidad de crear un ambiente de tranquilidad para vivir una jornada en la que al final podamos decir como los apóstoles: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”. Esa sería una finalización extraordinaria de nuestra jornada.
Iniciamos la jornada escuchando al Señor unidos a todos nuestros hermanos en el país, que además de tantos problemas, en algunas partes sufren por el frío, las nevadas, las lluvias; parecería que las tempestades de un la do y del otro no faltan. Es en este momento que la Iglesia nos invita a meditar la forma y la manera en que actúa nuestro Dios: SIEMPRE SOLÍCITO, AMABLE; SIEMPRE DISPUESTO A QUE LA GENTE LO TRATE Y LO COMPRENDA TAL COMO ES, para que no lo confundamos con los que buscan demasiadas dignidades en las coyunturas de la vida y no solucionamos el problema del propio corazón humano, de la dignidad humana.
Quién es este Dios, cómo se presenta? El Señor le dijo a Elías: “Sal fuera”, pues estaba escondido en una cueva, en ese momento pasa el un viento fuerte que parte las rocas, pero el Señor no estaba en el viento; En lo que es el ruido, en lo que destruye no está el Señor. Vino un terremoto, pero el Señor tampoco estaba allí y tras el terremoto hubo un fuego, y allí tampoco estaba el Señor. Que manera tan extraordinaria de presentarse tiene el Señor, porque a veces lo buscamos en las destrucciones, quisiéramos cambiar todo destruyendo; quisiéramos que haya un terremoto que destruyera todo lo malo o lo que nos parece malo a nosotros; quisiéramos que arda aquél que no piensa como nosotros, aquél que busca todas las motivaciones para hacer cenizas a quienes no participan de sus proyectos. En todo eso Elías capta que Dios no estaba presente; pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado y cuando Elías lo oyó se tapó la cara, porque descubrió que allí estaba Dios. Nuestro Dios que viene siempre lleno de misericordia, que viene siempre a nosotros porque quiere caminar con nosotros; prefiere ser como una brisa suave, que sólo lo pueden captar quienes no están ensordecidos por los ruidos de un mundo que prefiere constantemente utilizar la venganza y la bronca, la destrucción, para hacerse una torre de Babel. La torre de Babel ya fue superada hace tiempo Dios actúa en el corazón y en la conciencia.
Quisiera invitar a todos los hermanos de Bolivia que siguen por los MCS esta jornada que por lo menos estas dos horas antes sintamos un Dios que nos ama, que nos dice: Trabajemos juntos, porque no habrá nada duradero si se hace con griteríos, si se hace, quizá, con imposiciones; lo más profundo que podemos realizar en nuestras vidas es descubrir que Dios ama la humildad, la sencillez de corazón, la capacidad de escuchar sin alboroto y sin gritos de guerra. Este es nuestro Dios que aparece claramente manifestado en el evangelio de Mateo: A pesar de las tempestades, de las dificultades, allí está el Señor y casi en forma desconocida, los discípulos no se dan cuenta que es el Señor y tienen miedo. Jesús, después de saciar a la gente manda a los discípulos que se adelanten en la barca y El se queda para despedir a la gente. Los discípulos se fueron, el Señor, luego sube a la montaña para orar, hablar con su Padre, porque su presencia en el mundo no es para imponer sus propias ideas o los planes que puedan sugerirle otros, es para cumplir la voluntad del Padre y esta voluntad El la va conociendo, la va amando más en ese silencio extraordinario, lejos de los bullicios que distraen.
Terminando su oración va al alcance de los discípulos que estaban en problemas, con la tempestad en medio del mar, un viento que iba en contra, se llenaron de espanto y el Señor se aparece caminando, ellos se asustan mucho más, no lo reconocen, piensan que es un fantasma. “Cuando se ven fantasmas la gente se asusta” igual que la nuestra, sobre todo cuando se crean fantasmas y aparecen por todos lados, entra el miedo y ese miedo hay que sacudirlo también hoy en medio de nosotros”. Estaban gritando, pero Jesús les dice: “Animo, soy Yo, no tengan miedo”. Silenciosamente, con voz baja, el Señor dice: “No tengan miedo”.
Esta expresión NO TENGAN MIEDO! En estos días ha estado de moda, Aquí es para quitarse el miedo, para sentirse posesión de Dios, quitarse el miedo para que entre el Dios de la vida y de la libertad en cada hermano, quitarse el miedo no es la bravuconada que dice: “Yo soy mejor que el otro o solamente hacer valer sus aspectos físicos; quitar el miedo no es para asustar, es para dejar que entre la vida, para que seamos poseídos por algo que es mucho más grande: NUESTRO DIOS! Imaginémonos con qué sencillez El quiere entrar en nuestro corazón, en nuestra conciencia, quiere hablar desde el corazón para decirnos Adelante! La tempestad no es lo último, las dificultades no son lo principal, lo más lindo es que sepamos comprender que este Dios nos ama como hijos de un mismo padre que es amor.
Está Pedro, que nos representa a muchísimos: “Si tú eres, Señor, haz que yo camine hacia ti”, haz que yo pase sin incendiarme, sin tener los miedos de tantas tempestades. Esa tentación de Pedro de querer desviarse del grupo para pedirle al Señor una predilección le resulta un poco cara: Cuando sintió la tempestad tuvo miedo y gritó SALVAME, SEÑOR! Y Jesús le tiende la mano y le dice: Por qué has dudado, hombre de poca fe!
Quizá cuando estamos en medio de tantas tormentas, las que vivimos hoy en nuestro país, las que viven otros países, las que llenan de sangre a otras naciones, en lugar de querer ostentar cosas que al Señor no le agrada, querer caminar sobre las aguas, o hacer cualquier cosa que asuste a los otros, tengamos la sencillez de decirle al Señor: SOLAMENTE TÚ PUEDES SALVARNOS! Y El nos decir: ¿y la fe? Esta es una jornada para profundizar nuestra fe, la fe en este nuestro Dios que tiene que estar, si no escrita en libros y papeles, en panfletos; este Dios tiene que estar escrito en nuestro corazón, de allí nadie lo va sacar, allí nadie lo va manipular; allí vamos a sentir que nuestra fe crece en medio de los problemas y las dificultades, y si la fe aumenta irradiamos la esperanza, esa esperanza que levanta, que dignifica, esa esperanza que nos llena de bríos para decir: Superamos, salimos de todos estos problemas no para buscarnos otros y encerrarnos en ellos, sino para trabajar, para que realmente Bolivia sea el espacio donde todos podamos decirle a Jesús TÚ ERES EL CRISTO, TÚ, EL SALVADOR; TÚ, EL REDENTOR, EL LIBERADOR, AQUEL QUE EL PADRE NOS HA MANDADO, para que todo eso que anhelamos Paz, justicia, verdad, lo consigamos entre todos, pero con libertad, porque esa es la finalidad que nos ha dado nuestro Dios.
Animamos, pues a todo nuestro país a escuchar al Señor, que vivamos este día en paz, sin olvidar que debemos comprometernos; que busquemos la justicia sin necesidad de andar ahondando las separaciones, que seamos capaces de respetar a cada uno por lo que es, que sepamos amarlos porque el Señor vive en ellos; que sepamos vivir y construir, en medio de dificultades, ESE ESPACIO DE LIBERTAD QUE NECESITAMOS HOY!.